II

¿Cómo podría estar cómoda cuando estaba sentada en el suelo frío y estaba atada como un pavo de Navidad? En la oscuridad, miró como él encendía la linterna. Viéndolo girarse, lo encaró llena de furia, pero en los ojos oscuros detectó una ligera preocupación que ella consideró un insulto.

_ Gracias por no haber gritado _ dijo él. _ Seria muy grave para un caballero de las Tierra Altas ser obligado a lastimar a una mujer.

¡Petulante! A ella le hubiera gustado poder decir claramente lo que pensaba sobre su pretendida consideración y nobleza.

El hombre se sentó al escritorio otra vez y se inclinó sobre los libros de los registros. Desde donde estaba Amu no podía ver bien lo que él hacia, pero notó que él mojó varias veces una pluma en el tintero. Durante algún tiempo, los únicos sonidos en la habitación eran los raspados de la pluma sobre el pergamino.

A pesar de las ataduras, Amu empezó a relajarse un poco. Todo indicaba que no sería asesinada, lo que ya era una tranquilidad. Y, salvo por la garganta seca y la falta de la circulación en algunos puntos de las muñecas y los tobillos, el hombre no le había hecho nada grave.

Trató de ocupar el tiempo pensando en quién sería el extraño y por qué estaba cambiando cosas en los libros. Hablaba demasiado bien para ser un ladrón común. El abrigo y los pantalones estaban sumamente bien arreglados, destacando su figura alta y delgada. Las botas de montar que le llegaban hasta las rodillas no dejaban lugar a dudas sobre su excelente gusto.

Pero, bien vestido o no, era un criminal rudo, cruel y peligroso. Ya había demostrado eso cuando la amenazó con la daga. Sintiendo su sangre arder, ella estudió el perfil del invasor para poder describirlo a las autoridades. Sin embargo, nunca conseguiría olvidar esa cara, la frente alta cubierta por un flequillo, la barbilla recta y los ojos color azul oscuro. El hombre parecía ser mayor que ella. Si no fuese por la forma en que lo conoció lo podría haber considerado muy guapo, pensó Amu. Pero un hombre tan salvaje y despiadado definitivamente no era parte de sus sueños.

En ese momento, como si él hubiese notado que estaba siendo observado, el desconocido se dio vuelta para mirarla. El la examinó de arriba abajo, captando todos los detalles de su apariencia. Varios mechones se habían caído de la trenza y se escapaban de la gorra de dormir, que estaba torcida y a punto de caerse debido a la mordaza. El camisón estaba levantado por encima de los tobillos, mostrando sus pies y una buena parte de las piernas.

Viendo adonde la mirada del hombre se detenía, Amu irguió la barbilla y lo encaró con la expresión enfadada. El le devolvió una sonrisa.

_ Usted tiene tobillos hermosos.

Amu descubrió que una ráfaga de cólera era suficiente para hacerla ruborizarse de vergüenza. Se apuró a bajar el borde del camisón para cubrirse los pies.

A cambio, solamente recibió una cínica risa. El hombre volvió a ocuparse de lo que escribía. Un rato después, él cerró el libro y comenzó a buscar algo en los cajones. Amu lo vio retirar una bolsa y esparcir su contenido sobre la mesa. Divisó un palo rojo, ella dedujo que era un objeto de metal pequeño que revisó a la luz de la linterna. Era un sello. ¿Sería el de su tío? O el del duque?

El desconocido guardó el sello en un pañuelo y se lo puso en el cinturón. Guardó la bolsa en su sitio y se levantó con un movimiento ágil. Girado sobre sí miró a Amu. Esta vez ella se negó a demostrar el miedo. Aún cuando el hombre se agachó para verificar el amarre y si eran lo suficientemente firmes, ella continuó rígida. Pero, cuando él extendió la mano hacia sus tobillos, Amu apretó los pies con una mirada desafiante.

El no la tocó y exhibió una de sus sonrisas devastadoras.

_ Lamento tener que dejarla así, gata salvaje, pero ya vi de lo que es capaz. _ hizo una pausa y después de poner un dedo bajo la barbilla de Amu, levantó su rostro para verla mejor._ Es una pena que tenga tan poco tiempo esta noche. En otras circunstancias, tal vez me decidiría a profundizar nuestro conocimiento.

Amu lo miró fijamente a los ojos. ¡El desvergonzado estaba coqueteando con ella!

_¿Quiere que le deje la linterna encendida? _ indagó él mientras se levantaba.

¡Arrogante! El malvado estaba muy seguro de que no seria atrapado aún si ella aceptaba dejar una luz mientras él huía. No parecía tener la más mínima preocupación ante la posibilidad de ser identificado. El hombre hizo un gesto burlón para despedirse.

_ Saludos para Toshiro Hinamori. _ una nota juguetona tiño sus palabras, haciéndola temblar de frustración.

Observándolo, Amu juró que ajustaría cuentas con ese sujeto. Cuando su tío su regresara, insistiría al máximo para ver a ese bravucón descortés cazado por todos los soldados del condado de Argyll. De hecho, ¡el duque mismo sería informado sobre lo acontecido con todos los detalles!

Ella estaba haciendo el juramento cuando el hombre saltó por la ventana y cerró el vidrio detrás de él. Amu esperó varios minutos antes de llevar las manos detrás de la cabeza para aflojar la mordaza. El malvado podía regresar. Fue difícil aflojar la tira con las manos atadas, pero finalmente logró hacerlo. Con un suspiro de alivio, arrancó la tira de lana sofocante de su boca y masajeó los labios hinchados.

Estaba extendiendo las manos hacia los tobillos cuando oyó otro sonido de pasos fuera de la casa. Se quedó inmóvil, con el corazón latiendo poderosamente. La ventana chilló otra vez cuando fue abierta.

_ Ikuto, ¿dónde estás? _ el susurro venia acompañado de un brazo que abría el vidrio.

Amu suprimió un grito de terror cuando vio a otro hombre en la ventana. Este era mas bajo, más joven y su pelo era de color cobrizo. El recién llegado la miró con igual sorpresa.

_ Apuesto a que fue Ikuto quien la ató así _ dijo con un acento de las Tierras Altas, que sonó extraño a los oídos de Amu.

_Ikuto.... Entonces ése era el nombre del.... sinvergüenza. ¡A la milicia le va a gustar conocer su identidad!

El muchacho de ojos verdes obviamente percibió el error que había cometido cuando reveló el nombre su cómplice, porque estaba perplejo.

Con una agilidad sorprendente, propia de un deportista, subió y saltó dentro del escritorio, mostrando una parte de sus fuertes piernas bajo una especie de falda escocesa.

_ Oh, no, usted no lo denunciará. ¡Ikuto me cortaría la cabeza! _Dijo con un tono asustado pero lleno de diversión.

_ Bien, si él no se la corta, se la cortaré yo. Debe doler de la misma manera. _ Pensándolo mejor , ella agregó: _ ¿Podría desatarme las manos?.

_ ¿Y usted quién es? _ preguntó el hombre, cautelosamente. A ella le dio la impresión de que no estaba muy dispuesto a ayudar.

_ Soy la sobrina de Toshiro Hinamori, Amu Hinamori. Ahora puede desatarme por favor?

_ Nadie nos dijo que Hinamori tenía una sobrina aquí.

_ ¡Llegué hoy! Ahora venga a soltarme, antes de que empiece a gritar para llamar las milicias.

Por algunos instantes Amu se imaginó que el hombre era retardado, porque se quedó allí, mirando sus muñecas atadas. Sin embargo, él acabó por tomar una rápida decisión. Arrodillándose al lado de ella, tomó la mordaza caída en el suelo.

Amu notó dos cosas en una sola sucesión: Primero dijo algo equivocado y segundo, seria callada a la fuerza otra vez. Sintió la sangre hervir. ¡No podía pasarle de nuevo y tan seguidamente!

Pero no tenía alternativa, porque aunque intentó luchar, él la dominó como si estuviera tratando con un niño y la amordazó con facilidad. Luego, pasó el brazo por su cintura, y se irguió como si fuese a echarla sobre su hombro.

Con falta de aliento y furiosa, Amu golpeó la espalda del joven, pero ninguno causó efecto. Ella se vio obligada a parar con su protesta por un instante, cuando el hombre saltó por la ventana debido al miedo a que se golpeara la cabeza sin querer. Pero, tan pronto como se vio afuera, continuó golpeándolo inútilmente en su espalda. Los gritos fueron decreciendo mientras cruzaron el jardín por la notable falta de oxígeno.

Desistiendo de golpearlo, Amu probó arañándole la espalda, pero el hombre continuó corriendo en dirección a una arboleda. Cuando de reojo divisó a un caballo atado a un tronco, redobló sus esfuerzos por escaparse, retorciéndose y pataleando desesperadamente. En cambio, recibió una palmada en su trasero. Su quejido de indignación fue cortado cuando él la lanzó sobre la silla de montar, boca abajo.

La falta de aire la dejó sin sentido por un instante, pero cuándo su captor le soltó para agarrar las riendas, Amu, tomó impulso con los pies y logró deslizarse del caballo, cayendo de rodillas al suelo. Oyó al hombre farfullar algo sobre los demonios mientras que volvía a acomodarla en la posición anterior en la montura.

El golpe en el estómago que Amu recibió cuando el caballo avanzó, la silenció por unos minutos. Cuando definitivamente recuperó la respiración, empezó a patear la pierna de él, y como respuesta, una mano la presionó contra la silla de montar.

_¡Pare con eso!

Amu, exhausta y adolorida, abandonó la pelea.

Tal vez, debió haber prestado más atención a las palabras de su tía Lulu, quien se refería a sus parientes como los "Highlanders" (N/A: montañeses de las Tierras Altas de Escocia) unos salvajes y groseros. Y ahora, a menos de doce horas de su llegada, estaba siendo raptada por un loco.

No podía decir cuánto tiempo tomó aquella cabalgata. Una maldición violenta llegó a sus labios. No estaba asustada.

Bueno, sí... Más el deseo de arrestar la había superado por completo. Finalmente el caballo redujo la marcha y la cabalgata infernal terminó.

_ Ahora manténgase tranquila y en silencio._ dijo él, con más preocupación que amenaza en su voz. _ A Ikuto no le gustará nada cuando sepa que revelé su nombre o que usted amenazó con llamar a los soldados.

Tambaleante y agotada, Amu se dejo deslizar al suelo y se quedó allí, inmóvil mientras que él desmontaba. Pero, cuando la tomó por el brazo para ayudarla a ponerse de pie, consiguió reunir fuerzas para soltarse.

Apuñalando a su secuestrador con los ojos, ella levantó las muñecas con la intención de intimidarle.

_ Eres un idiota! Un desconsiderado.... ¡Una bestia! ¡Lo veré colgado en la horca por esto!

La manta hacía mucho que se le había caído de los hombros, pero a pesar de estar consciente de su aspecto desarreglado, Amu enfrentó a aquel escocés, lista para la lucha. El hombre la estaba mirando, como si él fuera un tigre y ella un cachorro audaz tratando de morderle los pies.

Fue entonces que Amu percibió que no estaban a solas. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Había otros caballos y el pequeño bosque estaba iluminado con antorchas. Giró la cabeza y sintió su corazón dar un salto cuando vio algunas miradas feroces. El sitio estaba lleno de muchachos, vestidos con ropa escocesa y blandiendo pistolas o espadas.

La visión le enfrió la sangre y en el mismo instante puso fin a todas las ideas románticas que había tenido acerca de los habitantes valientes de las Tierras altas de Escocia. Todos la estaban mirando fijamente, inclusive el malvado del pelo de color azul que había invadido la casa de su tío.

Parecía mucho más cruel, ya que ahora no tenía más rastros de su burla arrogante en la cara. Sus facciones eran oscuras y había una expresión de ira en los ojos que lo hacían más agresivo y fuerte en la opinión de ella.

_ Por todos los demonios, Kukai, ¿qué significa esto?