Lujuria
El amor y
la lujuria van de la mano.
La conciencia y cordura morían
armoniosamente por la excitación creciente, mostrada en cada
caricia. Cayeron sobre la cama sin percatarse del tacto de las suaves
sabanas, estaban tan consumidos por el libido y el calor que apenas
sentían algo más que no fueran sus cuerpos.
Un pequeño
gemido lastimero se desprendió de Argentine al ya no sentir los
labios de Arshes sobre los suyos; este terminaba por susurrarle al
oído, en tono poco audible pero que el ojigris pudo
escuchar.
Deslizo lentamente la mano desde el cuello hasta el
abdomen para meterla confiado bajo la fina y delicada camisa de
Argentine, apreciando la suavidad de su piel y la provocativa
textura.
El ojigris a su vez, se dejaba hacer. Estremeciéndose
por el tacto de las hábiles manos; ocultando su nerviosismo y
extraña timidez mordiéndose el labio inferior y clavando la mirada
en su compañero.
Vio a Arshes acercarse a su pecho, primero
escuchando el fuerte y enloquecedor palpitar del corazón, lo vio
sonreír complacido. Cuantas ganas tenía de maldecirlo en aquel
momento.
Arshes cerró los ojos y mordisqueo los pezones por
encima de la ropa, provocando que se endurecieran por la caliente
saliva que poco a poco empapaba la fina tela. Obviamente logro
arrancarle un gemido de los labios de Argentine, quien se sonrojo de
la excitación y vergüenza empuñando fuertemente las sabanas. Con
un profundo jadeo, dejo caer su cabeza en el hombro del rubio y
empezó a cubrirle el cuello con húmedos besos; para tímidamente
intentar quitarse la camisa.
Arshes sonrió por el gracioso y a la
vez tierno intento, paseaba una de sus manos en el vientre ahora
desnudo, mientras la otra buscaba el pezón para seguir
jugueteando.
Estrecho sus cuerpos aun más.
"Es increíble
ver como te dejas hacer todo esto" murmuro riendo.
Argentine no
respondió: Un silencio triunfal para Arshes, quien seguía
haciéndolo gemir en su oído.
Bajo aun más la mano, introduciéndola tentadoramente por entre la ropa interior, notando la más que evidente erección del joven, quien tomo su mano con firmeza invitándole a tocarle ahogando un gemido ronco. Podría haberle dejado con la miel mojándole los labios, arrebatándole el instante de éxtasis y dejándole un sabor de vergonzosa decepción. Podría haber parado en aquel preciso momento, pues ya había conseguido lo que pretendía.
"Me dejo hacer todo esto y más solo porque eres tú quién me lo hace" Admitió Argentine con leves temblores de un placer extraño y masoquista.
Arshes dejo su pequeño lujurioso juego para mirarlo directamente a sus grises ojos, completamente avergonzado por lo que había acabado de hacer. Pues se había dado cuenta que Argentine lo necesitaba más allá de lo carnal.
