4. Gusto

14 años (seguimos con esas apariencias que engañan)

Hoy he dado mi primer beso.

Yuju (no me veis, pero esto carece de emoción).

Y vosotros os preguntaréis que por qué tan poco entusiasmo, si se supone que debe de ser uno de los momentos más bonitos de mi vida.

Pues veréis, el caso es que ha sido asqueroso y no estoy segura de querer repetirlo. Será la última vez que acepte una cita con un chico si todas van a acabar así, y eso que sólo hemos ido con Anne y unos cuantos más a pasar la tarde a la playa, porque si hubiésemos estado solos igual Michael no se habría esperado hasta la despedida y ya me habría besado mucho antes. No creo que yo hubiese podido resistirlo.

Por eso todavía no he vuelto a casa, estoy demasiado traumatizada y nada preparada para que mi padre sepa lo que ha pasado, porque me conozco demasiado bien como para saber que cuanto más intente no pensar en ello, antes voy a rememorarlo. He decidido volver por mi pie a través del bosque, aunque el resto no parecía muy convencido hasta que Seth les ha dicho que me acompañaría si quería dar un paseo solo para que me dejasen en paz. Menos mal. Seth se ha dado cuenta de que no quería compañía y me ha dejado en cuanto los hemos perdido de vista. Es muy majo, voy a tener que encontrar una forma de darle las gracias por cómo me cuida siempre.

El caso es que estoy aquí sentada, en el que ya lleva un año siendo mi pequeño refugio, envuelta en mi chubasquero y sólo con ganas de estar así por lo menos un par de horas más, aunque sé que no puedo permitírmelo si no quiero que mi madre se muera de un susto y papá saque a todo el mundo en plan redada por todo Forks. Van a volverme loca algún día.

- ¿Nessie?

Me inclino un poco hacia adelante para ver a Jake caminando hacia mí a través de la maleza verde que nos rodea. Se sienta en el otro extremo de mi tronco.

- Hey – digo en voz baja.

- Tienes una cara horrible, ¿estás bien? – pregunta, preocupado.

- Bah…

- ¿Qué te ha pasado? – ahora ya parece divertido por mi inexpresividad.

- No importa, ya hablaré con Alice.

- ¿Y por qué conmigo no? – sus emociones son cambiantes pero intensas, espero. Ahora suena como un niño enfadado por no poder tener su chocolate.

- Bueno – me pongo ligeramente roja y eso es un engorro. Pensé que ya había superado esa fase en que me avergonzaba de las cosas delante de Jake por ser un chico -, son cosas de chicas…

- Imagíname con una falda – propone él.

- No quiero que se rían de mí – admito.

- No me reiré.

- Mentiroso…

- Bueno, igual un poco, pero seguro que puedes soportarlo. Tendrás acceso a toda mi sabiduría – añade, como si eso tuviera que convencerme del todo.

Suspiro. Qué más da, no va a haber quien le aguante si no le digo algo.

- Hoy he dado mi primer beso – él permanece con expresión neutra, a la espera de que añada algo más – y ha sido horrible. No voy a besar a nadie nunca más.

Me lleva unos segundos darme cuenta de que, aunque se sonría, se está riendo de mí a carcajadas por dentro. Parece muy divertido con mis graves problemas existenciales.

- ¿Te ha llenado de babas o…?

- No. Un poco. No es eso, vamos. Es que, yo no sé si es normal, pero… - dejo la frase colgando, insegura.

- ¿No te habrá metido mano? – pregunta, súbitamente serio e incluso algo enfadado.

- ¡No! Si ni siquiera debe de saber dónde ponerla… No, es que… ¿es normal que ahora me sepa la boca a pescado?

Ahora ya sí que se ríe de mí y en mi cara, para más inri.

- ¿Pescado?

Asiento.

- No, no es muy normal, la verdad. ¿No se había lavado los dientes?

- No tiene gracia. – digo, secamente. Yo aquí con un drama personal y él a lo suyo… desde luego, no hay con quién contar – Mira, en los libros siempre dicen que los labios de la otra persona saben a frutas o azúcar o cosas de esas, y mamá y Alice también lo han hablado y aunque tengan sus propia versión de succionadoras de sangre, más o menos coinciden. Yo estoy segura de que ni papá ni tío Jasper ni tú sabéis a pescado.

- Nunca me lo han dicho – admite él -, aunque he besado a pocas chicas, y empecé más tarde que tú – añade, como un reproche amistoso.

- Pero ninguna sabía a pescado.

- No, ninguna.

Suspiro otra vez. Luego me levanto.

- Me voy a casa.

- Te acompaño, no quiero que te pierdas.

- Si debo de conocer este bosque mejor que tú – me burlo, echando a andar a su lado.

Él me dedica una sonrisa traviesa, pero no me replica, y caminamos un buen rato en silencio hasta que llegamos a la puerta de casa. Todas las luces están apagadas y parece vacía, así que papá y mamá deben de estar en casa de los abuelos. Bueno, más tiempo para mí, pienso, poniendo una mano sobre el pomo de la puerta, lista para entrar.

- Vuelves a tener cara preocupada – me reprende tío Jake al verme reflejada en el cristal de la entrada.

- Es que ahora tengo una duda.

- A ver…

- ¿Y si yo también tengo sabor a pescado? – pregunto, llevándome la otra mano a los labios, angustiada.

Tío Jake parece dudar. No sé que se le pasará por la cabeza, porque la sonrisa, esa sonrisa grande, blanca y sincera que se extiende desde su boca a sus ojos, con la que me obsequia cada vez que le hablo de algo, es bastante indefinida. Pero por fin se decide, la amplía un poco más, aunque con un matiz diferente, no sé si algo decepcionado, se inclina hacia mí… y me besa en la frente.

- Si te sirve de consuelo, a mi no me lo parece – me dice, antes de volver por donde me ha acompañado.

Yo me quedo allí parada unos segundos, con la mano aún sobre el picaporte. Después sonrío, sacudo la cabeza y entro a la casa.