Disclaimer: (eso de que duele ponerlo, espero que sea un mito) todo lo que reconozcáis no es mío. Lo demás sí.
05. Olfato
15 años (que se sospechan)
A mí, con el tiempo, lo que más claro me va quedando es que, debajo de esa fachada de familia normal que nos hemos forjado, debemos de ser el cúmulo de personas más raro que ha pisado Forks jamás. Mis padres siempre me han enseñado que todos somos diferentes, y de pequeña esa enseñanza era importante porque necesitaban que guardase silencio en cuanto a lo que pasaba de puertas para adentro (ya sabéis, sangre, gente que no duerme, caza, misteriosos lobos que rondan la casa…), pero ahora lo único que puedo entender es que debemos de ser una panda de lunáticos.
Siempre he oído eso de Para gustos, colores, lo que da a entender de una manera bastante directa que no todos estamos cortados por el mismo patrón. Papá a menudo dice, por ejemplo, que mamá es un caso aparte porque tiene las costumbres más raras del mundo, y mis tías Alice y Rosalie, así como la abuela Esme, muchas veces le apoyan porque parece ser que es verdad que mi madre es un poco peculiar en cuanto a los detalles. Los chicos, salvo el abuelo Carlisle, que por lo general es la voz de la calma y la sabiduría y a veces es tan bueno que es tonto, suelen coincidir en todo: el gusto por los coches, la música o la caza, pero discrepan de sus parejas en muchas cosas, sobre todo cuando de sentimientos va la cosa.
Yo no digo nada, porque si hay alguien diferente en la familia, esa soy yo, y más últimamente. Yo no soy un vampiro. Tampoco una humana. No soy nada, pero estoy un poco en el medio de todo. Bebo sangre, pero el corazón me late, y aunque soy casi tan indestructible como todos ellos, puedo sonrojarme de esa forma que tanta gracia les hace a papá y tío Emmet. Además, soy la más joven, por lo que, como Alice se empeña en recalcar siempre, por lo general tengo las opiniones más sencillas e impulsivas. Mis gustos también son más extraños que los suyos, aunque la principal diferencia radica en una sola cosa: lobos.
Todos en mi familia, unos con más diplomacia que otros, coinciden en que el tío Jake apesta, en el sentido más literal de la expresión. Rosalie nunca se corta a la hora de demostrárselo, y de hecho está encantada de repetirlo siempre que puede, pero papá, por ejemplo, suele limitarse a arrugar la nariz y alejarse lo más posible sin llegar a ser maleducado. Hasta mamá, que siempre adoró a Jacob, tiene problemas para soportar el olor a veces. Y a tío Jake también le pasa a veces a la inversa, y le dan arranques de pestilencia, como él los llama, en los que no puede soportar estar en la casa, por lo que se va al jardín aunque esté nevando.
Yo no puedo entender esas cosas. Tengo el olfato tan desarrollado como cualquiera de ellos y nunca me huele mal. Ninguno. Mi familia huele a calor, a hogar, a algo conocido y protector que me llena la nariz de tranquilidad y cariño, aunque ya sé que la descripción es un poco bizarra. Cuando alguno de ellos me abraza si me encuentro mal, el olor me reconforta y hace que me sienta a gusto y con ganas de hacerme un ovillo y quedarme un poco más en el sitio, disfrutando de la seguridad.
Tío Jake, sin embargo, es un poco diferente. Me gusta también su olor, también es cálido y reconfortante, pero no tiene las mismas connotaciones que Jasper, sin ir más lejos. Jacob huele a madera, a bosque y a libertad, a viento, y me inspira la sensación de que jamás dejaría que me pasase nada, nunca, en la vida. Me siento a gusto con su olor y, lejos de arrugar la nariz y separarme discretamente, hace que quiera estar más cerca y poder captarlo mejor.
A papá le disgusta un poco cuando el tío Jake me abraza, no necesito su don para poder leerlo en su cara claramente. No entiendo el problema, tendría más lógica que se picase cuando lo ve hablando con mamá, que al fin y al cabo estuvo a nada de convertirse en su novia, pero curiosamente ahí nunca tiene ningún problema.
- Hey, Ness.
Tío Jake se desploma a mi lado, sobre el tronco en el que yo también estoy sentada, y nuestros brazos se rozan ligeramente.
- ¿Qué haces? – pregunta, con los ojos cerrados. Parece cansado. Quizás porque son las tres de la mañana.
Es curiosa la diferencia: mis padres pondrían el grito en el cielo si supiesen que estoy en medio del bosque, a estas horas, un día lectivo, pero Jacob parece no ver nada raro en ello y se limita a hablar conmigo como si fuese la hora de comer.
- Pensar.
- Te has aficionado mucho a eso últimamente. –yo sonrío y no digo nada - ¿Y en qué piensas?
- En olores – respondo con sinceridad.
Eso hace que tío Jake abra un ojo y me mire como evaluando mis facultades mentales.
- Eres una tía muy rara.
- Vaya, ya no soy una niña, he adoptado la categoría de tía. Ya me siento casi una igual – me río.
- Sigues siendo un poco niña, pero ya no del todo – replica él y estoy segura de que lo veo sonrojarse un poco. - ¿Por qué olores?
- Sólo me hace gracia como os apestáis unos a otros, pero a mí ninguno me huele mal. Ni siquiera tú en forma de lobo con todo el pelo mojado de la lluvia.
- Tu padre odia ese olor – se ríe él entre dientes.
- Ya, pero a mí me hueles bien – digo bostezando.
Tío Jake no dice nada y, aunque sigue con los ojos cerrados, su expresión es bastante indescifrable. Parece complacido y eso me hace mucha gracia.
- Tú también hueles bien. – admite – Hueles a limón y césped recién cortado.
- ¿Te olería mejor si fuese un lobo? – pregunto, intrigada.
Con eso consigo que abra los dos ojos y me mire fijamente, cavilando sobre mi pregunta. Me sonríe y sus dientes blancos brillan bajo la luz de la luna llena.
- No lo creo. Creo que estás perfecta como estás. Me gusta el césped recién cortado.
Sonrío también. Por mucho que papá diga que Jake es un grandullón arrogante e insoportable con la misma sensibilidad que una berenjena, yo no comparto esa opinión. Tío Jake y yo tenemos muchas conversaciones de este tipo y aún no ha dicho una palabra que fuese una estupidez. Puede bromear, sí, pero…
Se levanta.
- Venga, voy a llevarte a casa – dice, antes de desaparecer unos segundos para volver convertido en un enorme lobo marrón.
Le acaricio el hocico y él cierra los ojos y casi puedo verle sonreír. Me subo a su lomo, agarrándome con cuidado a su cuello, y él hecha a correr. Yo aspiro una gran bocanada de aire y la nariz se me llena de ese olor tan familiar. Huele a madera y a bosque. Y a libertad.
Huele a Jacob.
Me sonrojo un poco en la oscuridad.
ºoºoºoºoºoºoº
Hoy no tengo mucho que decir. Espero que os haya gustado n.n
Besos sobrenaturales
Kira.
pD. los reviews son siempre bienvenidos, lo sabéis, ¿no?
