Me voy a clase. Esperando que os guste….

Kira

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6. Sexto Sentido

16 años

Desde pequeña he tenido que tener cuidado con mi pequeña habilidad especial, como lo llama mi madre. Eso de hacer que los demás vean lo que se te pasa por la cabeza puede llegar a resultar extraño para algunas personas, y aunque hace tiempo que ya superé esa fase de Soy una pobre incomprendida y un bicho raro, de vez en cuando no puedo evitar sentirme un poco apagada por eso de ser diferente y no poder compartirlo.

Tío Jasper es el que mejor capta todo el significado de mi estado de ánimo, quizás porque lo percibe con más intensidad que el resto, y se esfuerza siempre por animarme sutilmente para que los demás no se den cuenta de qué va la cosa, aunque estoy segura de que papá lo sabe y tía Alice también, porque Jasper no tiene secretos con ellos: papá los averigua sin querer y a Alice se lo cuenta todo siempre.

- ¿Qué te pasa?

Como ahora. Jasper sólo ha necesitado que parase cinco minutos por casa para olerse qué es lo que me pasa y venir conmigo a dar un paseo después de intercambiar una mirada con tía Alice.

- Es una tontería, no debería dejar que esto me siguiera pasando – musito yo.

- Renesmee – y es raro, porque todos, siempre, menos mamá, me llaman Nessie -, eres demasiado lista como para molestarte por una tontería.

Se hace el silencio entre nosotros y yo suspiro. Ha venido hasta aquí conmigo, así que algo sí que debe de importarle cómo me sienta.

- Es sólo que me ha dado un bajón al ver hoy a Daniel y Sarah a la salida de clase.

- ¿Por qué?

- Iban cogidos de la mano.

Para cualquiera que nos oyese, yo quedaría de loca neurótica para arriba, porque deprimirme por eso… Pero para mi familia y para mí ese simple gesto tiene más implicaciones de las que se aprecian a simple vista. Por lo general me controlo bastante bien a la hora de dejar traslucir mis habilidades, pero viendo anteriores experiencias en la familia, parece ser que me descontrolaré cuando me enamore por primera vez, y no puedo permitirme eso. Yo supongo que será algo hormonal, pero como no hay nada comprobado, no puedo arriesgarme, lo que significa que no estoy muy segura de qué pasará el día que alguien quiera darme la mano a mí y… bueno, pase lo que pasará. No es sólo el que pueda descubrirme a mí y a mi familia ante otra persona, sino el cómo reaccionará el otro al ver lo que soy capaz de hacer. No es algo muy fácil de asimilar…

Tío Jasper tampoco sabe muy bien qué decir.

- Ness, no creo que vayas a tener problemas con eso. Es tu poder, forma parte de ti, no puedes esconderlo para siempre – dice suavemente.

- Es raro. Vosotros lo tuvisteis más fácil, ya erais vampiros todos cuando os conocisteis, así no hay que preocuparse por las anomalías – protesto en voz baja.

Jasper se ríe entre dientes.

- Yo lo consideraría mi sexto sentido. Para transmitir, en vez de captar – dice, pasándome un brazo por el hombro con cariño.

- No lo hace más sencillo.

- No, pero todo el mundo tiene cinco. Tú deberías sentirte afortunada de tener seis, y la persona que te quiera aprenderá a apreciarlo.

Me quedo algo sorprendida, porque tío Jasper no es muy dado a hablar de esas cosas. Por lo general guarda silencio y es Alice la que pone en palabras lo que ambos piensan. Él habla por miradas.

- Quizás debería buscarme a alguien tan raro como yo – digo con una pequeña sonrisa -. Así no se sorprendería de lo mío.

- Quizás. – admite él misteriosamente – O quizás esté más cerca de lo que tú crees.

Giro el cuello bruscamente para mirarle.

- ¿Alice ha visto algo?

Jasper se ríe.

- No, lo siento. Es sólo una intuición.

Entonces sopla el viento y él arruga la nariz. Un olor familiar se aproxima a nosotros, que, sin que yo me diese cuenta, hemos caminado hasta adentrarnos en la profundidad del bosque.

- ¿Volvemos a casa? – me pregunta.

- No estoy preparada para aguantar a mi padre y su poder cotilla. Ve tú, yo iré en un rato.

Tío Jasper asiente y me besa en la frente antes de salir disparado de regreso a casa.

En cuanto él desaparece, un lobo marrón y grande emerge de entre la vegetación con la lengua colgando por fuera de la boca y acerca su hocico a mí. Estoy segura de que ha oído toda la conversación. Yo pongo mis manos sobre su pelaje y lo acaricio, dejándole ver lo que he visto yo hoy en el colegio y lo mal que me hizo sentir. Él restriega su hocico contra mí en un ademán consolador y nos quedamos ahí sentados un buen rato.

Es agradable saber que mi sexto sentido no asusta a todo el mundo.


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