¡Venga, que ya estamos en la recta final! Sólo quedan 3 viñetas para que se conozca el desenlace, pequeños saltamontes, y ya están escritas. Esta vez he tardado más en publicar porque quería terminar de escribir la tabla, por si luego ya no me daba tiempo por las clases o lo que fuese (por cierto, la universidad me encanta, nunca me cansaré de repetirlo… creo).
En fin, que no os doy más la brasa.
Como siempre, espero que os guste
… y que me lo hagáis saber si es así, ya sabéis (guiño, guiño).
Besos de Jasper/Jacob (Edward me da como no sé qué, pero si queréis…)
Kira
ºoºoºoºoºoºoº
7. Sentido del humor
17 años
- ¡Jacob Black! ¡No vuelvas a hacer eso en tu vida!
El grito de mi madre resuena por todas las habitaciones de la casa, haciendo que algunos de nosotros asomemos la cabeza por las escaleras para ver qué es lo que pasa. Seguramente, tío Jake habrá gastado alguna de sus bromas habituales y mi madre, con la dulzura que la caracteriza se ha encargado de pedirle que no la repita. Son un duo muy curioso, porque aunque se pasan la vida quejándose el uno del otro, en el fondo se caen bien y todo ese cariño que se tenían antes de que mamá se convirtiese en vampiro sigue ahí, enterrado bajo varias capas de instintos sobrenaturales.
Los demás regresan a sus ocupaciones y se olvidan de todo, pero yo bajo las escaleras trotando (estaba en la habitación de mi padre escuchando música, me he propuesto escuchar toda su colección antes de Año Nuevo) para saludar a Jake, y cuando lo hago él me acoge en un abrazo de oso que me levanta del suelo. Parece que el mal humor de mi madre, lo pone a él de bueno.
- Y deja a mi hija en el suelo – añade mi madre, suavizando muy, muy poco la expresión de su rostro.
Tío Jacob se ríe entre dientes y me posa, aunque mantiene el brazo alrededor de mis hombros.
- Entonces… ¿Estás lista ya? – me pregunta.
- Sí, sólo tengo que coger el móvil.
Tanto mi madre como él ponen los ojos en blanco y yo contengo una sonrisa mientras voy a la cocina a por el teléfono. Fue todo idea de mi padre, que siempre ha tenido ademanes sobreprotectores y controladores con tendencia al melodrama y la exageración, en palabras de tía Rosalie. A mí, personalmente, me da igual: mi móvil es de última generación y tiene todo lo que podría tener. Me encanta.
- Venga, vámonos.
Mi madre nos mira.
- ¿Qué vais a hacer? – pregunta, con la voz teñida de desconfianza.
- Vamos al cine – responde Jacob .
- ¿A ver qué?
Yo ruedo los ojos, molesta. Mamá y sus nada de algo para mayores de edad.
- No te preocupes, ningún clasificado. Podemos ver alguna reposición de Blancanieves – me burlo yo, divertida, y veo que Jacob también sonríe.
- Renesmee Carlie Cullen, no te burles de mí – dice mi madre, muy seria.
- Vale, vale – me río.
- Bella, eras más divertida cuando tus colmillos tenían una longitud normal – asegura solemnemente Jacob.
Mi madre no puede evitarlo más y una pequeña sonrisa escapa mientras nosotros nos encaminamos hacia la salida. Una vez fuera, subimos al viejo coche rojo y nos alejamos de la casa Cullen.
La película no está mal, como siempre que yo elijo, nos hemos saltado a la torera las censuras de mi madre y hemos ido a ver una de esas llenas de sangre, vísceras y mutilaciones que son tan graciosas, porque la sangre no es así, aunque nadie capte la sutil diferencia más que nosotros, que nos pasamos la hora y media que dura riéndonos con las palomitas en el regazo.
Una reposición de Abierto hasta el amanecer.
Algo bastante poético para la hija de dos vampiros.
- Bueno, no ha estado mal – dice tío Jacob desperezándose cuando las luces se encienden de nuevo y la gente empieza a salir.
- No sé, me da la sensación de que por el bien de la industria alguien debería hablar con los productores. Es una peli malísima.
- ¡Cómo puedes decir eso! ¡Es un clásico! – replica él, falsamente ofendido, haciéndome reír – No deberías meterte con el rey Tarantino si no quieres tener que pagar las consecuencias – añade, haciendo más grave su voz e intentando parecer amenazador.
- Oh, sí, aterrorizada me tienes – digo yo, escéptica, y voy a levantarme para salir, porque ya nos hemos quedado solos, cuando tira de mi brazo y me sienta de nuevo.
Su cara está a un centímetro escaso de la mía y trago saliva y ese nudo que se me ha hecho en la garganta al sentir su aliento tan cerca de mi cara. Tiene los ojos negros brillantes y cargados de malicia y, de repente, el no saber qué pasará ahora hace que me dé un vuelco el estómago, una sensación de vacío extrañamente placentera. Su mano se posa sobre mi cara y su pulgar recorre mi mejilla, trazando la forma del pómulo y el mentón con suavidad. Si tan solo me inclinase un poco hacia delante, yo…
- Venga, enana, vamos antes de que tu madre piense que te he secuestrado – me dice, separándose y soltando mi cara.
Yo asiento, incapaz todavía de hablar, y saco el móvil para volver a ponerle el sonido cuando me veo reflejada en la pantalla apagada.
Tengo la cara llena de chocolate. Llena.
- ¡Te voy a matar! – rujo, pero él ya está abajo del todo, previsor, y sólo me hace un guiño burlón.
- ¡Vamos, Ness, se supone que tienes más sentido del humor que tu madre! – exclama, antes de que me lance en su persecución con instintos homicidas.
