Sí, soy mala y perversa y lamento haberos hecho esperar. La penúltima viñeta.

Espero que os guste. No os tiréis mucho de los pelos.

Besos,

Kira.

9. Sentido de la moda

18 años

3 horas antes de la fiesta de cumpleaños…

- Hum… ¿Alice?

Está sentada con Jasper viendo una película en el sofá del salón. Ya sabe como acaba, porque debe de haberla visto doscientas veces, pero aun así está totalmente concentrada. Levanta la mirada desde el pecho de Jasper para observarme y yo sonrío. Son realmente tiernos, la verdad es que me dan algo de envidia.

- Que conste que sé que acabarás conmigo, pero como te vas a enfadar si no te lo pido…

La cara de mi tía se ilumina con una sonrisa que recuerda demasiado a la del Joker de Batman y me hace retroceder un par de pasos, pero todo sea por tener contenta a la vidente de la familia. Jasper suspira ligeramente. Hasta él se huele lo que viene.

- ¡Quieres ayuda para vestirte! ¡Siempre fuiste más lista que tu madre! – exclama la pequeña duende, corriendo a mi lado. - ¡Vamos a mi cuarto! – añade, y antes de que me dé cuenta ya me ha subido en brazos hasta su vestidor, que es más grande que toda mi casa. En la habitación de al lado oigo reírse a Carlisle, que creo que una vez más intenta enseñar a Emmet a jugar al ajedrez. Pobre de mí…

Pero Alice ya ha empezado a revolver entre perchas, fundas de ropa, cajones y estanterías repletas de zapatos, y va dejando sobre el sofá de la habitación diferentes combinaciones. Ella sabe que si lo organiza Sarah, no será formal. Lo más serio que se puede esperar de ella es una partida de bolos, pero eso no la detiene. Le encanta vestirme y desvestirme, y maquillarme y peinarme como si fuese una muñeca, y yo me dejo porque así me da tiempo a mí para pensar y por lo menos, la tengo entretenida un rato.

Una risita me saca de mis pensamientos.

- ¿Cómo se te ocurre? – pregunta tía Rosalie, apoyada de brazos cruzados en el marco de la puerta.

- Todavía tengo tres horas hasta la fiesta – me encojo de hombros – y no quería quedarme en casa oyendo a mi padre recordarme que por mucho que él se haya quedado en los diecisiete, yo no tengo que desmadrarme ahora con los dieciocho…

Rosalie pone los ojos en blanco y va a sentarse sobre la alfombra, con las piernas cruzadas.

- Tú padre tiene tendencia a la exageración. Aunque yo no sé si preferiría a Alice en modo turbo…

- Cuando lo vives, te acabas decidiendo – respondo.

Voy a sentarme con ella, pero entonces aparece Alice, que creo que ya se ha dado por satisfecha con el desorden y ahora está dispuesta a usarme de maniquí. Me agarra por los brazos.

- ¡Ah, no! ¡Venga, tienes muchas cosas que probarte!

Y empezamos. Vestidos de noche (Alice, no creo que vaya a conocer al presidente hoy), de cóctel (Es un cumpleaños, no una boda), minifaldas (No creo que tu padre te deje salir así de casa…), camisetas escotadas (Si el chico es un poco alto, seguro que se pone las botas), bailarinas, zapatos de salón, botas de tacón metálico (¡Dios, parezco la novia de Van Helsing!), sandalias bajas, sandalias altas, pañuelos para el cuello (Si te aburres siempre puedes usarlo para ahorcarte), camisas, chalecos…

Huelga decir que me paso dos horas cambiándome porque no combina, me hace culona o es incómodo. Alice refunfuña, se queja, protesta, y Rosalie se ríe y hace sus comentarios sarcásticos de siempre. Emmet y Jasper aparecen en la puerta justo cuando me estoy probando el último modelito de mi tía.

- Ése me gusta – truena la voz de Emmet mientras entra y se sienta junto a Rosalie.

- Es muy simple – se queja Alice.

- Al, va a su cumpleaños, no a conocer al Presidente – Jasper, con tono conciliador, se hace eco de las palabras de Rosalie.

- Como queráis, pero sois unos aguafiestas – gruñe ella, dejándose caer sobre la alfombra con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

- ¿Por qué no te pruebas esto? – pregunta Rosalie, que lleva un buen rato curioseando entre la ropa de Alice que aún está en su sitio.

Yo me encojo de hombros y Jasper y Emmet se giran mientras me cambio. Como si ninguno de los dos me hubiese cambiado nunca un pañal…

- ¡Me gusta! – exclama Rosalie cuando termino de vestirme.

- Y a mí también, me pregunto por qué no lo he sacado antes… - musita Alice, pensativa.

- Estás muy bien, Ness – dice Emmet mientras Jasper asiente.

Genial, atenciones y más atenciones, ¿en qué punto me he convertido en Kate Moss? No entiendo cómo de repente hay tanta gente mirando mi pase de modelos.

Me miro al espejo. Es un vestido sencillo, marrón y blanco, de mangas largas y acampanadas, corto y con un poco de escote. Normal, pero me queda bien, y no es ni de lejos lo más exagerado para mi cumpleaños que me he probado hoy. Me gusta. Me miro los pies y entonces Alice suelta una exclamación y en un microsegundo ya está a mi lado sosteniendo un par de sandalias de cintas de cuero. Esto de que tengamos más o menos la misma constitución es todo un hallazgo. Me las calzo y me giro hacia ella.

- Es genial, gracias – digo y le doy un abrazo.

- Ah, no. Ahora tenemos que peinarte y eso – dice ella y yo suspiro. Era mucho pedir…

Jasper y Emmet se quedan conmigo mientras Alice y Rosalie me alisan el pelo, me lo recogen en una cola de caballo, y después me maquillan. Me dan tema de conversación y se burlan de mis pintas a medio preparar, y cuando las chicas terminan conmigo y yo creo que debo de parecer una muñeca, me miro en el espejo y descubro que, en realidad, soy yo sin muchos adornos. Realmente, tienen un don. Tengo que aprender a hacer eso en algún momento.

- Perfecta – clama Alice, feliz – Hala, lárgate, que Sarah va a llegar en dos minutos. Está a punto de aparecer por el camino.

Suelto una exclamación, me despido de todos con abrazos y bajo corriendo las escaleras mientras me desean que lo pase bien. Antes de salir de casa puedo oír a Alice:

- Espero que aprenda. ¡No podré ocuparme de su vestuario toda la vida! – dice, con tono melodramático.