Que conste que lo hago porque os he cogido cariño que si no… xD
No, la verdad es que quería cerrar la historia y vosotros me habéis dado la excusa perfecta. Os traigo el epílogo, y ahora sí que ya, después de esto, no va a haber más viñetas, porque ya me estoy sacando una de la manga xD
Y os lo quiero dedicar a todos los que me habéis seguido en esta historia, dejándome un review para quejaros de lo lentos que son este par, lo tierno que es Jacob (aw) o lo mucho que queríais que se besasen de una puñetera vez. Gracias, gracias, gracias. En serio.
Yo soy la primera en saber la pereza que da escribir uno de esos, pero son muy motivacionales.
Un beso.
Nos veremos en próximas aventuras.
Kira.
ºoºoºoºoºoºoº
11. Epílogo: Sin sentido
20 años (madura pero bella, claro)
Tengo que admitir que no puedo quejarme. Quizás lo único malo es que la Universidad esté un poco lejos de mi casa, pero hasta eso se soluciona cuando puedes permitirte correr como una centella porque apenas tienes vecinos.
Nos hemos mudado a Alaska, cosa que al abuelo Charlie no le hizo mucha gracia, pero que al final tuvo que aceptar. Carlisle y Esme están trabajando allí de profesores, lo cual es un poco raro, porque su apariencia les permitiría ser incluso alumnos si así lo quisiesen, pero tienen a todo el mundo tan encandilado que no creo que nadie vaya a cuestionarles, la verdad.
Tío Jasper está estudiando Derecho, porque dice que le parece una inmundicia haber peleado en una guerra y dedicarse a traficar con documentaciones falsas y no tener ni puñetera idea de cómo defenderse ante un tribunal, cosa poco probable que necesitemos, pero mejor no tentar a la suerte. Y tía Alice está feliz porque ha encontrado un trabajo que puede hacer en casa: se dedica a diseñar ropa. Y me tiene a mí de conejillo de indias. A veces me dan ganas de matarla…
Tío Emmet y tía Rosalie decidieron que volver a la Universidad otra vez, no era para ellos, y han decidido hacerse un viajecito alrededor del mundo. Oye, los que tienen la suerte de poder, que aprovechen. Yo habría ido con ellos de no ser porque papá y mamá no quisieron dejarme…
Ah, sí, mamá y papá. Creo que es la única parte de mi actual vida que quizás me acabe volviendo loca del todo. Yo estoy en segundo año, ellos también. Y lo de vernos igualados en autoridad y fingida edad en determinados entornos creo que los carcome por dentro. Claro, si alguien me pregunta si iré a la fiesta X ese fin de semana, ellos no pueden decirme que ni de coña, que tengo que estudiar, delante del resto de mis compañeros. Es bastante divertido. Para el mundo exterior, ellos son mis primos y no mis padres. Y mi padre es lo mejor de todo, porque según lo que nos ha contado a mamá y a mí estando de caza, ahora tiene que enfadarse por el doble de pensamientos libidinosos hacia su chicas. Es un posesivo compulsivo, pero merece la pena sólo por ver qué cara se le queda.
¡Mira, mira! Como ahora. Si las miradas matasen, Jeremy ya estaría en el infierno. No es que me caiga especialmente simpático, pero el mal humor de mi padre es más de lo que le deseo a nadie. Si hasta mamá se está partiendo de risa…
Sacudo la cabeza, divertida, y me apuro a recoger mis cosas y salir de clase. Mis padres no se molestan porque no les espere, más bien se burlan silenciosamente, porque cuando la última clase del día acaba, siempre salgo corriendo. Sólo para encontrarme con…
- ¡Enana! – exclama, cogiéndome por la cintura según me planto ante él. Sus ojos negros brillan cálidos y felices. No llevamos nada bien lo de estar separados después de haber estado tan juntos todo el tiempo de toda la vida.
Me besa y sus labios queman sobre los míos. Apenas va abrigado porque dice que no tiene frío y que la ropa le molesta, y yo no digo nada porque en el fondo, cuando estoy con Jake, el disimulo pierde todo su sentido. No me importa lo que puedan pensar o decir, aunque ya tenga una idea aproximada por todas las miradas que recibimos siempre que viene a buscarme. Sólo se lo he presentado a Katrina y Henry, porque en el fondo son los únicos con los que de verdad he trabado amistad aquí, y la verdad es que Jacob se lleva especialmente bien con ellos (que, por cierto, son esa pareja que acaba de salir y nos ha sonreído burlona; estudian Antropología conmigo). Quizás tenga algo que ver ese gusto antinatural y compartido de Kat y Jake por los coches. Nadie lo diría, pero Kat me recuerda mucho a tía Rose, le encanta llenarse de aceite para motor.
- ¿Una clase entretenida? – me pregunta cuando nos separamos (no mucho, sólo lo necesario para poder hablar y vernos las caras a la vez).
- Bastante. Hemos discutido las tradiciones licántropas en las tribus de indígenas americanos. He estado bastante despistada – respondo, con una sonrisa enorme. Acabo de ver salir a Jeremy y sus compañeros del equipo de fútbol y creo que esa mirada me ha taladrado un pulmón. Ay.
- Estáis dando el espectáculo – susurra mamá saliendo de la mano con papá, los últimos, como siempre.
- Cuándo no… - oigo musitar a mi padre.
Les miro con expresión furibunda.
- Ja, y lo dicen los reyes del melodrama – replica Jake. A veces se me olvida que él vivió toda la historia casi con ellos. La verdad es que casi nunca lo hablamos.
- Jeremy piensa que eres demasiado viejo para Nessie – comenta mi padre como golpe de vuelta.
Pero Jake se encoge de hombros.
- Mayor y más sabio. – suspira con resignación mientras yo le miro sorprendida. ¿Dónde está esa agresividad nata suya? – Y más fuerte, así que como se pase un pelo contigo le parto la cara.
Suspiro aliviada. Menos mal, ya pensaba que quizás estaba madurando…
Jake me pasa un brazo por los hombros y me mantiene apretada contra él mientras echamos a andar con mis padres, de vuelta a casa. Seguramente, tanto los abuelos como mis tíos ya estén allí.
- ¿Y tu coche, Jacob? –pregunta papá, deteniéndose ante su idolatrado Volvo.
- Hoy volveremos dando un paseo. Tanya me lo pidió para no sé qué. Prefiero no saberlo, voy a tener que meterle un buen par de manguerazos a la tapicería para quitarle el olor…
La tan esperada mueca escéptica de papá no llega. En vez de eso, mantiene los ojos ligeramente más abiertos de lo normal mientras mira a Jake. Lo que sea que él está pensando, lo tiene lo suficientemente sorprendido como para dejarlo sin palabras y yo los miro a ambos interrogante. Mamá, por el contrario, ya parece de vuelta de todo, me da un beso en la mejilla e insta a mi padre a que se meta al coche y la lleve a casa.
Cuando los vemos perderse por la carretera, Jake tira de mí hacia el pequeño bosque que empieza en la linde de la facultad y vuelve a atraparme en su abrazo.
- ¿De qué iba eso? – pregunto, un poco mosqueada. Lo de ser la última en enterarme no me hace ni puñetera gracia.
- Cosas de chupasangre.
- No me mientas. Seré bajita, pero cabreada me crezco.
- No hace falta que me lo jures – musita él, pero, aun así, no contesta a mi pregunta.
Seguimos caminando en silencio. No tengo ni idea de en qué estará pensando, pero yo sólo puedo preguntarme acerca de eso que tanto me oculta. Me está empezando a poner nerviosa, ¿tan malo es?
Y, de repente, por un momento me paralizo. Jake se detiene y me mira preocupado.
- ¿Pasa algo?
- Ay, no. – gimo.
- ¿No qué?
- ¡No! ¿Es que nadie aprendió nada de la experiencia con mi madre? – protesto en voz baja.
- Me estás empezando a poner nervioso.
- Tú no vas a pedirme que me case contigo ahora, ¿no? – intento asegurarme.
Jake me mira con una expresión tan neutra que sólo me hunde un poco más en la miseria.
- ¿Por qué nadie se da cuenta de que al lado Swan de la familia no le gustan las bodas? ¡Va con los genes! – me quejo, cada vez sintiéndome peor. Con lo sensible que es Jake para algunas cosas… esto no creo que contribuya a mejorar su ego.
Me llevo una mano a la frente intentando calmarme y le miro. Ahora más que preocupado parece asustado y eso ya acaba de minarme la moral del todo. Voy hasta él y me abrazo a su cintura, apoyando todo mi cuerpo en el suyo.
- Por favor, dime algo – le pido.
- Es que… tengo miedo de que me pegues.
Me separo para mirarle y comprobar que habla en serio. ¿Pero qué…?
- ¿De qué hablas? ¿Quieres que me rompa una mano? – pregunto sin entender, y algo en mis palabras le hacer reírse divertido - ¿Qué?
- Nada. De manos rotas deberías preguntarle a tu madre, pero nada más.
Me lo anoto mentalmente. Esa historia sí que quiero oírla.
- ¿Y lo otro?
Jake suspira y me envuelve con sus brazos, aunque yo creo que más bien es una forma de asegurarse de que no me largue corriendo.
- En realidad quería contarte algo.
Guarda silencio unos minutos y yo me pongo en lo peor. ¿Se puede saber qué leches…?
- Tú y yo ya estamos casados.
Vale, eso sí que no me lo esperaba.
- ¿Qué?
- La pulsera que llevas – me miro la muñeca. La pulsera de cuero trenzado lleva ahí toda mi vida, no recuerdo ningún momento en que no la tuviese puesta – es un símbolo quileute de compromiso. Es… es, bueno, como una alianza. En realidad lo que hoy quería explicarte era eso, pero me has hundido un poco el momento.
Yo no sé qué decir. Mamá me dijo que ése fue el primer regalo que Jake me hizo, cuando todavía era un bebé, y lo que de verdad estaba haciendo era casarse conmigo. Hay que joderse (con perdón).
- ¿Te casaste conmigo cuando todavía llevaba pañales y encima sin mi permiso? – hago una síntesis para que termine de confirmármelo.
Jake asiente, nervioso. Por un momento se me olvida el cúmulo de sensaciones para pensar en lo mono que está cuando no sabe lo que va a pasar a continuación. Luego, vuelvo al punto donde me he desviado.
- En algunos países eso es pedofilia – es lo único que barboto.
Hasta a mí me fascina la estupidez tan grande que acabo de decir. Aunque él parece más aliviado, por lo menos no me he largado corriendo y llamándole de todo.
No sé qué pensar, en serio. Debería sentirme molesta porque se hubiese tomado esas libertades cuando yo ni siquiera podía defenderme, pero, en el fondo, la idea me resulta tierna. Quizás no ha sido un modo de intentar atarme a él desde el principio, sino un modo de demostrarme que él estaba atado a mí pasara lo que pasase. Y eso es algo bueno. Estrecho un poco más el abrazo y le beso en el hombro, que es lo que me pilla a la altura. A veces pienso que de verdad se debe de destrozar la espalda cada vez que quiere besarme.
- ¿Estás enfadada? – me pregunta en voz baja. Debe de haber notado mi respiración más calmada, pero no puede verme la cara y eso siempre lo vuelve inquieto.
- No.
- ¿Molesta?
- Tampoco.
- ¿Triste?
- No.
Siento una de sus grandes manazas acariciarme el pelo y su pecho se sacude en un suspiro aliviado mal disimulado.
Y ahora sí que caigo en la cuenta de que es perfecto. Él no, no flipéis, que no deja de ser un tío, pero sí el momento. Estamos en mitad de ninguna parte, completamente solos tanto de cuerpo como de mente, y eso es algo que no se da muy a menudo. En mitad de un bosque como en el que prácticamente ambos nos hemos criado, y estamos juntos.
- ¿En qué estás pensando? - obviamente debe de haber notado cómo me he tensado en sus brazos.
Una sonrisa maliciosa cruza mi cara. No tengo ni idea de qué cara va a poner, pero me separo un poquito para comprobarlo. Esto va a ser entretenido.
- En que no hemos tenido noche de bodas.
Creo que acaba de atragantarse con su propia saliva, ese color rojo no puede ser sano. Me río.
- Oye, tranquilo. Podemos volver a casa con calma y sentarnos un rato en el porche, no hagas nada para lo que no estés preparado. Tampoco quiero que mi padre tenga que defender mi honor. O Leah el tuyo. – bromeo y un ligero matiz burlón tiñe mis palabras. Por lo general suele ser él quien me pone roja a mí, así que es un alivio pillarle desprevenido en algún momento.
Ya estoy dispuesta a seguir caminando cuando él tira de mi mano y me devuelve a la presa que son sus brazos, sin dejarme marchar.
- No voy a quejarme – me sonríe antes de besarme un poquito más fieramente de lo normal. De hecho, bastante más fieramente, porque cuando me doy cuenta ya estamos tirados en el suelo y creo que tengo hormigas en la espalda.
¿Y el frío? Pues ni idea, Jake es como una estufa. Con dobles sentidos y todo. Discretamente, sus manos se deslizan por debajo de mi abrigo y mi camiseta, y todas las caricias y los besos comienzan a volverse más audaces que nunca.
- Tampoco creo que vayan a echarnos de menos por ahora – musita ahogado con los labios contra mi cuello.
Sinceramente, espero que tenga razón, porque creo que esto va para largo…
