NdlT: Waoh! Sí! Soy yo! La verdad es que… he podido acabar la traducción porque:
Ya he acabado el largo y insufrible período de torturas, llamados "exámenes"
Y también he acabado unas más que merecidas vacaciones.
Lallallala! Así que, aquí me tenéis otra vez,… en plena forma! Recuperada… yyyyy
Con Sinistra!!!
Os dejo leer! A disfrutaar!!!!!!
Muchsisisisiisisisisisiisisisisisimas gracias x los reviews, os lo he dicho nunca? soys todos los cielos y soles posibles y por haber!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Y vaaale, prometo actualizar pronto esta vez.
Lalalalal!
Lamentaciones de una ridícula soñadora
Confesiones de Auriga Sinistra
-Parte 23-
Martes, 24 de diciembre de 1991
Sala de profesores
11.40 AM
Esto es antinatural.
Vamos a recapitular un momento, ¿de acuerdo?
Ayer fue un día lleno de hechos extraños y surrealistas. Ya sabes, con aleatorios actos caballerosos por parte ex-novios, y el extrañamente nivel demasiado bajo de maldad sin adulterar por parte de mi madre, que no sería tan de extrañar si no fuera por lo del beso de Snape. Incluso mi vida, que tiende a encantarle exhibir lo grandiosamente-extraña-casi-rozando-lo-surrealista que puede llegar a ser a veces, no suele llegar tan lejos. Sin mencionar que la mayoría de mis colegas presenciaron la última parte. Podría pensarse que estos se habrían sentido tentados a comentarlo, o al menos que, cada vez que entrara en una habitación, dejarían de hablar y pondrían caras de culpabilidad.
En vez de todo eso – nada.
Y me refiero a nada en el nivel más bajo de 'nada'. Mi madre ni siquiera ha abierto la boca. ¡Y tampoco es porque haya estado evitándola compulsivamente! Evitar mi madre es imposible si ella quiere hablar contigo. Después de aproximadamente doce frenéticos minutos contemplando lo difícil que sería cambiar de nombre y huir a Albania, renuncié a este plan. Iba hacia mi inevitable desastre, cuando me encontré a mi madre paseando tan tranquilamente como puedas imaginarte, y me dijo: "Por dios, Auriga, ¿ni siquiera te has molestado en peinarte esta mañana?"
(Lo cual sí hice, muchísimas gracias.)
Yo solo la miré, enmudecida, hasta que aparentemente se cansó de esperar algún tipo de respuesta coherente. "De acuerdo, bueno. Parece que eres inútil sin un grotesco montón de cafeína en tu sistema."
Entonces me trajo otra taza de café, inspeccionó un mechón de mi pelo durante unos segundos, antes de suspirar derrotada, y salir tan tranquilamente como había entrado.
Déjame añadir, Libreta, que estuve así de chillarle: "¿Recuerdas ayer la sesión de morreo, bastante indecente, con nuestro profesor-murciélago hiper-desarrollado?"
De alguna forma, me refrené.
En parte porque todavía no había recuperado el poder del habla.
Pero si le chillé o no, ese no es el tema, Libreta. Ni se acerca. El tema es que está tramando algo – tiene que estar haciéndolo – y, lo que es más, es algo más grande de lo que podría haber imaginado. Me va a calmar con un falso sentido de seguridad, ¡y después me golpeará cuando menos lo espere! Esperará hasta el momento que baje mi guardia, y entonces, oh, entonces… entonces va a destrozarme.
Si Quirrell no se le adelanta.
El intercambio de regalos tendrá lugar dentro de veinte minutos. Y tengo el collar envuelto en un alegre papel con pequeños cervatillos. Incluso hay un lazo a juego, y unas cuantas campanillas, por si acaso. Creo que parece perfectamente inocente y festivo, y no es el tipo de cosa que darías a alguien que podría potencialmente matarte.
Con un poco de suerte, él también lo creerá.
Las campanillas no inspiran ningún tipo de "Sé que eres malvado, ¡y voy a por ti, señor!", ¿no?
Puede que suenen un poco siniestras. Ya sabes, de la misma manera que un coro de niñas pequeñas. Su inocencia es tan feliz y incuestionable que cuando paras a considerarlo, te das cuenta precisamente, ¡lo sospechoso que es! ¿Cómo algo podría parecer tan feliz e incuestionablemente inocente como unas campanillas? ¡Simplemente, no puede ser posible! Y Quirrell, como está familiarizado con todo este tipo de cosas oscuras y mortíferas, ¡se dará cuenta en medio segundo! Y si de alguna cosa estoy segura, es que no sería del todo sensato, asumiendo el hecho de que tengo que proteger mi vida.
De acuerdo. Quizás tenga que deshacerme de esas campanillas.
Por si acaso.
Dormitorios
1.09 PM
Bueno, no ha sido tan traumatizante como anticipé. De hecho, aún estoy viva y sin heridas de gravedad, salvo un dolor bastante molesto en la espalda (cortesía de Snape, cuando, mientras salía, ha chocado contra mí tan brutalmente que me he dado un golpe con el marco de la puerta)
Estaba en medio de la confiscación de las campanillas cuando Trelawney apareció de repente. Estaba anormalmente sonriente, y la primera cosa que dijo fue un vagamente alegre: "¡Auriga! ¿Oyes eso?"
(Ah, el jerez de navidad. Que, por lo que he observado, tiene el mismo efecto que el jerez normal.)
Como la presión era bastante fuerte, y como seguro que ya hemos establecido antes que no trabajo bastante bien con ella, puse las campanillas en la taza de café. "¿Oír el qué?"
"¡Ese ruido de campanillas!" persistió Trelawney.
"Nop, creo que no." Y entonces, gracias a un arranque de genialidad – "puede que fueran tus brazaletes."
Con lo que pensé que era suficiente para callarla. Después de todo, ¡cuando uno lleva cuarenta y dos pulseras y brazaletes cada día, no tiene derecho a observar ningún ruido sospechoso de campanillas!
Trelawney, desde luego, pasa demasiado tiempo entre incienso como para ser capaz de llegar a una conclusión tan básica.
"No creo, querida." dijo, de esa manera tan repelentemente sabelotodo que me recordó un poco a como estaría mi madre si se emborrachara (lo cual nunca, nunca haría). "De hecho, ¡sospecho que ya he encontrado una explicación para este misterioso asunto!"
Me aseguré de mantener la taza muy quieta. "¿y cuál es?"
(Mantener ese grado de confidencialidad con Trelawney fue, por supuesto, un poco innecesario. De veras, no quería tener que sufrir explicándole por qué había quitado las campanillas del regalo de navidad de Quirrell, para después ponerlas en mi café. Con lo maniática que es, no creo que se hubiera creído que añadían sabor.)
"Claramente," dijo Trelawney, ensanchando tanto los ojos que, a través de sus gafas, parecían al menos tres veces más grandes de lo normal, "¡es el trabajo del Ojo Interior! Está bastante ocupado, ya sabes," añadió con tono confidencial. "Ni siquiera quiere descansar en navidad, ¡el pobre!"
Jerez estúpido.
"¿No está el Ojo Interior más inclinado hacia… ver cosas?" me aventuré a decir bastante débilmente.
"¿Eso crees, no?" Trelawney preguntó, con un tono de triunfo jubiloso un tanto raro.
"Er," repliqué, pero gracias a dios fui salvada de ser atrapada en una conversación más profunda gracias a las muy bienvenidas entradas de Flitwick y McGonagall. Entonces, Trelawney empezó a parlotear con McGonagall, y no pude sentir más que alivio. Es muy obvio que Trelawney siempre saca de quicio a Mcgonagall, pero, de veras – si alguien puede manejar Ojos Interiores con poderes de escucha, esa es Minerva McGonagall. Para cuando todo el mundo había llegado, estaban enzarzadas en un total modo de respuestas sardónicas.
Cuando Snape llegó, inmediatamente se dirigió a la esquina más oscura y se estuvo ahí, frunciendo el ceño con los brazos cruzados. Desde luego, normalmente, me siento obligada a criticar lo antisocial y gilipollas que es, pero justo en el momento en que lo vi me sentí abrumada por… ciertas memorias. Memorias tipo-ayer. No porque fueran increíbles, ni ningún tipo de estupidez como esa. Solo porque es el tipo de cosas que no puedes evitar recordar. ¡No era porque fuera Snape quien me besó que me sentía un poco rara! Si cualquiera me hubiera besado con tal espontaneidad y ferocidad (er, en de forma mala), probablemente no podría ser capaz de mantener un contacto visual con él. Si Flitwick, por ejemplo, me hubiera empujado a tal abrazo eléctrico y feroz en frente de la mayoría de nuestros colegas, no estoy segura que tampoco estaría de lo más normal con él.
(Más que nada porque me las hubiera arreglado de alguna forma para matarle de algún modo.)
Así que, sí.
En conclusión, no miré a Snape.
¡De todas formas!
Quirrell fue el último en llegar, y estaba un poco pálido y mustio. Ser el devoto siervo de Voldemort debe ser un poco agotador, supongo. Con todo lo de ser malvado, y eso. Sin mencionar que Herman parece un animal de compañía difícil de cuidar.
Así que, a diferencia de Snape, miré a Quirrell y le sonreí. Oí (sí, oí – Trelawney no es la única con habilidades raras en este departamento) como Snape fruncía más el ceño detrás de mí, y eso me hizo entrar un poco en pánico. Me sentí como si hubiera sido demasiado suave y competente y que no había actuado como alguien perfectamente conocedor de todos los secretos oscuros y retorcidos que se anidaban alrededor de la alma oscura de Slatero Quirrell, pero, en serio, ¿quién sabe? No soy la mejor para juzgar ese tipo de cosas.
Pero entonces Quirrell simplemente me sonrió (bueno, fue más como un tic espástico en la boca) y se hundió en una silla.
Como era de esperar, Dumbledore estuvo totalmente pletórico durante todo el asunto. No parecía estar ni un poco desanimado por el hecho de que Kettleburn le dio unos cuantos libros pesados, o por el hecho de que la tirante sonrisa de McGongall se convirtió decididamente en un destello homicida cuando Trelawney le regaló un libro titulado Actualizar su aura – Combatir su ineptitud hacia el sublime arte de la Adivinación. Tener a Dumbledore ahí fue bastante tranquilizador: Me di cuenta a los quince minutos que parecía muy poco probable que Quirrell se enfadase y me matara estando presente el mejor mago de todos los tiempos.
Por supuesto, aunque sea el mejor-mago-de-todo-los-tiempos, no pareció exactamente planear nada en respecto al destello homicida de McGonagall, pero no creo que sea lo mismo.
De todos modos, di una vuelta por el fondo y esperé a dar su regalo a Quirrell. No pareció importarle; de hecho, parecía como si estuviera hundido en un estupor de cansancio. Eso iba a mi favor, ya que me daba tiempo a fortalecerme un poco. Lo que finalmente me empujó a hacerlo fue echar una mirada a Snape sin-estar-acompañada-de-ningún-pensamiento-de-beso, y encontrarme con él sonriéndome burlonamente con esa eterna expresión de "mujer ridícula y cobarde". La sonrisa burlona desapareció de repente cuando Snape se dio cuenta de que lo estaba mirando, inmediatamente la reemplazó por el más horrible de los cejos fruncidos. Pero el hecho de que esa sonrisa burlona hubiera estado ahí, fue suficiente para mí.
Casi sorprendida por mi propio atrevimiento, hice camino hacia Quirrell, le di unos golpecitos en la espalda, y le di el regalo. "Feliz navidad, Slatero."
"Q-que bonito", dijo, y me sonrió. "¡Unos cervatillos!"
Lo dejó en la mesa y apoyó la mejilla en su mano, y continuó mirando bastante aturdido al espacio infinito.
Lo cual fue bastante maleducado, si me lo preguntas.
"¿Slatero?"
Dio un pequeño salto y me volvió a mirar atentamente. "¿Qué?
"¿Lo vas a abrir?" le animé amablemente.
"¡Ah! S-s-sí, por s-supuesto." hizo un intento bastante miserable de sonrisa antes de coger el regalo. Realizó quizás la más meticulosa desenvuelta de algo que haya podido ver en mi vida (que no son pocas, considerando las veces que he tenido que ver regalos en compañía de mi madre). Digamos que eso no aplacó demasiado mis nervios, Libreta. De hecho, no parecía particularmente interesado en la situación, pero eso no significaba que la tensión no se multiplicara durante los siete minutos y medio que le llevó quitar el papel de envolver. Finalmente, llegó a la caja donde había puesto el collar.
Empezó a mirarme, con una expresión de ¡Q-que bonito, una c-caja!
"Ábrela" le sugerí, con la más cálida de las sonrisas que pude esbozar.
"P-Por s-supuesto."
Abrió la caja, y se reveló el collar al fin. Lo miró durante unos segundos, y entonces me volvió a mirar y me esbozó una sonrisa totalmente desoladora.
"G-gracias."
Y algo en su reacción hizo la situación totalmente anormal. Siempre había pensado que no necesitaría ninguna explicación, pero ¡en serio! Si lo consideras objetivamente – una mujer te da un collar para Navidad. Y además no fue lo suficientemente considerado para decir algo como "¡A Herman l-le encantará!" o "es j-justo su color" – ¡oh, no! Así que no pude evitar sospechar, al menos un poco, que quizás no había ni considerado que era para Herman.
Con lo cual consecuentemente volvía a ser una situación bastante perturbadora.
"No es para ti" le informé rápidamente.
Parpadeó con sorpresa. "¿Q-qué?"
"Es para Herman" añadí, y le esbocé la sonrisa más alegre que pude. "para que se lo ponga."
"Ah" dijo Quirrell, "Que – que b-bonito."
"Sí," acordé contenta. "¡Bonito!"
Y volvió a dejarlo en la mesa, para volver a mirar a la nada.
Y eso, Libreta, fue esencialmente el final.
Aunque sea estúpido, no pude evitar sentirme un poco… bueno, decepcionada. Es solo que… he tenido que sufrir tanto durante el proceso de seleccionar el regalo – lo traté como una cosa de vida o muerte, muchísimas gracias, ¡y no tuvo ni la decencia de reconocer que había entendido que era para su iguana!
Hmf.
Hombres.
Incluso los tipos con más cerebro son completamente inconscientes.
Gracias a dios, el destino decidió hacer algo maravilloso para aliviar el dolor.
"¡Oh, Severus, qué encanto!"
Le vi justo a tiempo para ver como la profesora Trelawney se echaba al cuello el pañuelo que yo había escogido, y cogía bastante desesperadamente una ramita de muérdago que había sido usada para alguno de los regalos y se había quedado en la mesa.
"Profesora Trelawney, su entusiasmo es innecesar— "
Snape se quedó de piedra cuando le besó en la mejilla bastante entusiásticamente (sin mencionar largamente).
"¡Hacía tiempo que quería un nuevo pañuelo!" anunció Trelawney después de despegarse de él, y mirándole encantada. "Creo que esto sugiere cierta conexión, ¿no crees?"
"No." (Tic en el ojo.)
"¡Tonterías! Severus, tu corazón puede ser duro y frío, ¡pero puedo notar el alma apasionada que lo envuelve! Y no importa cuánto intentes ocultarlo." concluyó, no sin un montón horripilante de coquetería, "¡mi Ojo Interior siempre te percibe!"
Destiny du Maurier se hubiera sentido orgullosa.
Snape, sin embargo, no parecía tan impresionado. Al contrario, forzó quizás la sonrisa más repugnante de todos los tiempos antes de cambiar al modo de murciélago hiperdesarrollado enfadado y volara hacia la puerta cuando –
"¡Severus! No querrás aguarnos la fiesta" le llamó Dumbledore, perfectamente agradable, desde donde estaba sentado.
Snape paró, inspiró profundamente unas cuantas veces, y se giró para volver a su esquina de solitud y malestar general.
"Después de todo" no pude resistir murmurar mientras pasaba justo por mi lado "no es como si estuvieras en la posición de criticar a alguien por llevar a cabo esta tradición particular, ¿no es así?"
No estoy segura que pueda a empezar a comprender como uno puede accidentalmente pisar el pie de otra persona cuando el pie de la otra persona está completamente a salvo debajo de una mesa, y por lo tanto, técnicamente fuera del alcance de este. De alguna forma, oh-qué-sorpresa, Snape lo consiguió.
Gilipollas.
De todas formas, salvo mi pobre y adolorido pie, el resto del evento fue bastante bien. Hagrid llegó a media reunión, se disculpó por llegar tarde, y se acercó torpemente a mí. A ver, quiero a Hagrid. De veras. Es muy dulce, y es la única persona que es capaz de hacer reír a McGonagall. Y eso es algo impresionante.
Pero la cosa es que no podía evitar no esperarme el mejor regalo de mi vida de su parte. Me esperaba algún tipo de pasta rompe-dientes, o un Niffler recién nacido (ndlt: un niffler es una criatura del tamaño de un perro, y de hocico puntiagudo, que se siente atraído por las cosas brillantes).
Así que cuando me lo iba a dar, con una sonrisa de oreja a oreja, entré en una fase de aceptar-el-regalo-gentilmente-sin-dejar-nunca-de-sonreír.
"Auriga" dijo radiante, mientras me lo daba. "Felices fiestas."
"Igualmente, Hagrid. ¡Gracias!"
"Creo que te va a encantar," dijo con emoción, haciéndome sentir totalmente fatal. Sin parar de sonreír, desenvolví el regalo y me encontré con—
Un libro.
Pero no cualquier libro: una maravillosa edición de piel de los Sonetos de Shakespeare, con una portada magníficamente diseñada y con las páginas doradas.
Miré a Hagrid, totalmente perpleja.
"¿Te gusta?" preguntó, claramente contento por los seis mil grados de asombro que habían pasado por mi cara.
"Hagrid, ¡es estupendo!" Y entonces, porqué no pude evitar sentir una punzada de curiosidad añadí, "Ni siquiera sabía que sabías que me gustaba Shakespeare"
"En realidad, no," admitió Hagrid "pero-er, un pequeño pajarillo me lo ha dicho."
Posó distraídamente una mirada en dirección a la esquina de solitud y malestar general, y entonces, se fue porque le llamaban Dumbledore y McGonagall.
"Disfrutalo" dijo Hagrid bastante efusivamente, guiñándome el ojo antes de marcharse.
Y, bueno.
La suposición racional sería que Snape le había dicho qué podía regalarme.
Pero…
No. Y no. No dejaré que mi mente vaya por ahí.
Y además, cuando al final acabamos, hizo tal exhibición de entusiasmo por marchar y nunca volver, que casi se abalanza contra mí cuando intentaba salir.
Aunque no de una forma sexy.
No creo.
De hecho, diría que es bastante ofensivo.
Nada que una generosa cantidad de Shakespeare no pueda arreglar.
1.25 PM
Bueno… quizás si Poco ruido y muchas nueces se incluyera en la ecuación.
Pero como no lo está, lo dejaremos en 'insultante'.
Dormitorio
5.49 PM
De acuerdo, supongo que debí haberle dado unas cuantas instrucciones a Wimmy sobre cómo comportarse delante de mi madre.
¿Brincar por mi habitación con un gorro de Santa Claus cantando y bailando un villancico mucho más sugerentemente de lo que se debería? Quizás es el tipo de cosa por lo que debí haberle avisado.
"Auriga" dijo mi madre, elegantemente indignada tan pronto como llegué a la habitación, "quizás deberías pedir otro elfo doméstico."
"¿Qué quieres decir?"
"¡Been an awful good girl, Santa Baby!" (NdlT.: Wimmy está cantando una canción que en su día, cantó Madonna, titulada: "Santa Baby"… lo dejo en inglés, y os lo traduzco a continuación) [He sido una niña muuuy mala, Santa, Baby!] Cantó una voz chirriante que salía del baño. "So hurry down the chimney tonight" [¡Así que entra por esta chimenea esta noche!]
Mi madre me arqueó su perfecta ceja.
"Oh, no te preocupes," dije tan despreocupadamente como pude. "Wimmy es pura palabrería. En realidad, ya sabes, no es que quiera que Santa entre por su chimenea."
Mi madre se aclaró la garganta deliberadamente.
"Solo está propagando la felicidad navideña" le informé, con el tono más racional que se puede utilizar al defender un elfo doméstico de una moralidad cuestionable. "Eso es todo."
"Think of all the fun I've missed!" [¡Piensa en toda la diversión que me he perdido!] Wimmy contribuyó desde el banyo "Think of all the fellas that I haven't kissed!" [¡Piensa en todos los tíos que no he besado!].
"Es un comportamiento muy inapropiado para un elfo doméstico," remarcó mi madre fríamente. "Desde luego, puede que no sea de mi incumbencia, pero desde mi punto de vista, creo que se considera una falta muy grave hacer solo que sus amos se den cuenta de su presencia."
"Dumbledore es un poco… permisivo con los de Hogwarts."
("Santa baby!")
"Y además," no pude evitar añadir, "no lo puedes ver."
Aparentemente, no fue satisfactorio.
"Quizás tendré que mencionárselo a Albus," continuó mi madre, lanzando una terrible mirada en dirección el baño. "No me parece nada apropiado."
"Mamá—"
"Hurry toni-ight!" [¡Ven deprisa esta no-che!]
Hmf.
Si me hace perder mi elfo doméstico, lo pagará. Esta mujer tiene poder para hacerlo.
5.56 PM
¿Por qué aún no ha sacado el tema de Snape morreándome?
Torre de astronomía
6.09 PM
Los gemelos Weasley han pasado gran parte de la tarde persiguiéndome y haciendo ruidos sobre-exagerados de besos, y cada vez que me giraba se escondían en clases vacías o detrás de armaduras.
¿Cómo se supone que se tiene que reaccionar ante tal cosa conservando una actitud madura y profesor-il?
Será mejor que también se lo estén haciendo a Snape. Después de todo, toda esta estúpida situación es por su culpa.
Desde luego, su versión de reaccionar conservando una actitud madura y profesor-il, está relacionada con unos cuantos Hechizos Imperdonables, o por lo menos, una mazmorra oscura y húmeda, en la que nadie puede oírte chillar.
6.11 PM
¿Alguien me puede explicar otra vez porque es un profesor de niños?
Albus Dumbeldore está verdaderamente chiflado.
9.42 PM
Nochebuena resulta bastante solitaria si no tienes nadie con quien pasarla. Incluso mi madre está fuera manteniendo conversaciones intelectuales con McGonagall, y por consiguiente, ha abandonado a su propia hija con la que supuestamente, ¡ha venido para dedicarle todo su tiempo!
Gracias a dios que tenemos a McGonagall.
Supongo que podría bajar a las mazmorras e ir a ver a Snape – ha sido lo bastante considerado como para lanzarme miradas de suficiencia durante toda la cena – pero, de alguna manera, la idea de estar con él sin nadie cerca, no parece nada… prudente.
Después de todo, por algún motivo le llaman el Hombre que Ataca con Esporádicos Besos Salvajes.
9.44 PM
De acuerdo. Yo le llamo el Hombre que Ataca con Esporádicos Besos Salvajes por algún motivo.
O lo que sea.
10.01 PM
No puedo evitar pensar que sería mucho más feliz si pudiera volver a mi habitación y que Wimmy me cantara las serenatas de su completa colección de villancicos con un toque sexual. (Supongo que haría una interpretación de "I Saw Mommy Kissing Santa Claus") [Vi a mamá besándose con Santa Claus]. Pero, conociendo mi suerte, seguramente habrá bebido ponche de huevo, y su borrachera dejará que sus pequeñas manos de elfo doméstico se acerquen a lugares muy inapropiados en el preciso momento en el que mi madre entre en la habitación.
Muchas gracias, pero no.
10.11 PM
Estúpidas tradiciones navideñas.
Miércoles, 25 de diciembre de 1991
Dormitorio
3.49 AM
Hace exactamente una hora y cuarenta y tres minutos, la puerta se abrió de par en par.
No me di cuenta por el simple hecho de que estaba dormida. Lo cual, supongo, no es un muy buen presagio, ya que ¿y si fuera el objetivo de algún malvado y despiadado asesino? Afortunadamente, no fue el caso. En vez de eso, me encontré bastante aturdida siendo despertada a sacudidas por—
Victoria Vector.
Bueno, la primera cosa que se me vino a la mente es que estaba soñando que tenía otra oportunidad para decirle a la Victoria de mi subconsciente de manera mordaz y elocuente, lo que pensaba de ella. Esta teoría, sin embargo, fue desechada cuando por encima del hombro de Victoria vi a mi madre completamente dormida en la otra cama. De ninguna de las maneras, en un sueño tan fantástico en el que yo chillaba a Victoria, podría existir el reino de pesadillas donde mi madre reside.
Así que, me encontré a mi misma mirándola con una expresión de desconcierto irritado. "Victoria, ¿q' narices-haces--?"
"Lo siento" me interrumpió torpemente. He visto pocas cosas tan raras como que salga una disculpa de su boca.
"¿Qué?"
"Lo siento" volvió a decir, esta vez bastante más rápido. "Lo siento mucho. No tenía ningún derecho a mirar tu diario, y tampoco a interferir con Snape y Algernon, y fue muy estúpido por mi parte de no considerar lo que podría pasar. No tengo costumbre de considerar cosas, ¿sabes? – si me viene una idea, y parece que va a funcionar, entonces, tiendo a pensar que va a funcionar, lo cual es el tipo de cosas que piensas cuando has pasado toda tu vida siendo mimada, y bonita, y acostumbrada a que todo vaya exactamente igual a como te gustaría, porque todo el mundo tiende a caer rendido a tus pies."
Pareció darse cuenta que se había ido un poco por las ramas. Afortunadamente para ella, estaba tan semidormida y desorientada que no pude echarle ninguna mirada asesina.
"Pero ese no es el caso, por supuesto que no lo es," dijo Victoria, negando con la cabeza un poco como si con solo hacerlo le ayudara a recordar cuál era el caso. "Es solo que, lo siento, no tuve ningún derecho a hacerte lo que te hice, y sé que debes odiarme a veces porque mi vida es tan perfecta, y tu siempre te suceden cosas horribles, y sé que debe parecer que no me lo tomo en serio, pero es que yo…" Inspiró profundamente y se hundió en los pies de la cama. "No sé tranquilizar a la gente. No sé cómo hacerles sentir mejor. Y me doy cuenta que no es excusa alguna para tratarte tan mal; He sido despreciable, y eso me ha estado carcomiendo durante todo el mes porque te echo de menos, y sé lo equivocada que estaba." Esbozó una débil sonrisa, de aquellas emocionalmente vulnerables, que probablemente podría haber hecho entrar en éxtasis a cualquier hombre que hubiera sido testigo de esta. "Eres la mejor amiga que nunca he tenido."
Después de todo esto, finalmente recuperé el poder del habla. Más o menos.
"¿No se supone que debías estar en Paris?"
"No pude quedarme," confesó. "Es agotador estar rodeada de desalmados y sofisticaciones. Prefiero estar aquí."
Lo cual fue, desde luego, un golpe para los habitantes no-sofisticados de Hogwarts, pero… se lo dejé pasar ya que genuinamente no pareció darse cuenta.
"¿Y tu prometido?"
"Vivirá," dijo de buen humor, poniendo los ojos en blanco. Y entonces, con una sonrisa de preocupación –"Así que, um, por el espíritu navideño… ¿me perdonas?"
Me quedé callada durante un más que satisfaciente período de tiempo, intentando parecer como si le estuviera dando muchas vueltas al asunto, antes de suspirar profundamente. "Oh, de acuerdo."
Se echó a mis brazos de una forma muy no-refinada y no-Victoria, y empezó a reír aliviada. "Gracias a dios. Pensaba que tendría que hacerme amiga de Trelawney durante el resto de mi carrera—"
Mi madre escogió ese momento para dejar un ligero y elegante suspiro y se cambiarse ligeramente de posición.
"Ay, dios." dijo Victoria, apartándose de mi, y mirando en pleno desconcierto. "¿Es esa…?"
"Síp."
"¿Está aquí?"
"Ajá."
"Oh, pobrecita." dijo Victoria, frunciendo el ceño con compasión. "¿Quieres que vaya a ver si puedo sonsacar un montón de aturdidoras cervezas de mantequilla de los elfos domésticos?"
"La cerveza de mantequilla no es aturdidora," protesté.
"Obviamente, nunca te has visto bajo su influencia," dijo con una sonrisita.
Así que, nos fuimos a bajo, y por primera vez, no me importó ir en pijama con un pelo que daba miedo, mientras que ella iba aún con su capa de viaje, totalmente impecable. De veras, no me pareció particularmente importante.
Entonces una idea me vino en medio del corredor.
"Hablando de elfos domésticos," dije "¿qué tuviste que hacer para que Wimmy te dejara entrar en mi habitación?"
Sonrió bastante taimadamente, y decidí que era mejor no saberlo.
Acabo de venir, y siento como la calidez y la dulce confusión de la cerveza de mantequilla se confunde con la alegría de una amistad recuperada, y ya sabes, no puedo evitar sospechar que quizás todo esto de las navidades, no es tan malo.
Feliz navidad, Libreta.
