Bueno, aquí un nuevo capítulo de mi fic.
De todos, este debe ser el que más me entusiasma escribir. Por un lado, porque lo tengo bastante planeado en mi mente; por otro lado, porque AMO la relación que existe entre Cyborg y Raven, y ODIO que no se haya aprovechado tanto en la serie, y que casi no haya fics al respecto (los fics que usan esa relación lo hacen en un plano muy secundario).
- Pronto voy a subir un extra a "De nuevo en tu mente", una especie de precuela para el one-shot.
- Estoy planeando otras dos historias, pero quiero avanzar más con ésta primero, para que después no se me haga un lío de ideas.
- Espero poder actualizar pronto "Niñeros"; aunque no prometo nada, tengo algunas vagas ideas en mi cabeza.
¡R&R!
Rae.-
XXXXXXXXXX
¿HERMANOS?
(Capítulo 3)
El camino se habría paso delante del parabrisas y desaparecía luego de correr por su ventanilla. Raven miraba por el cristal las casas, todas con lindas entradas, césped verde y árboles casi vacíos gracias al otoño. Las vibras eran tranquilas, mucho más de lo que acostumbraba sentir en Jump City. Ya habían pasado seis parques con algunos niños jugando, mucho espacio, mucha paz. Era un típico suburbio, pero no dejaba de ser agradable sentir un poco de calma.
Siguieron andando hacia un destino desconocido, al menos para ella. Cyborg no había dicho ni una palabra, sólo mantenía su vista fija en la carretera, por lo que Raven prefirió no indagar. Cuando el auto finalmente se detuvo, ambos descendieron y ella observó el lugar frente a ambos.
¿Un parque?
La hechicera no comprendía qué había de especial con este parque. Porque lo eligió por sobre los seis que superaron, incluso por aquel que estaba apenas a una calle de la casa que habitaban.
Claro que toda duda se disipó cuando cierto letrero captó su atención.
"-Cementerio Parque-
-Sean bienvenidos-"
Ella tragó duro antes de comenzar a caminar, siguiendo al mayor.
- Supongo que nunca oíste hablar del Central Park, ¿verdad? -inquirió en un momento, viendo cómo Cyborg sonreía sin detener su marcha o contestarle.
'Oh, eso es, Raven. ¡Bromea en un cementerio! ¿Qué rayos ocurre contigo?', Valentía, Inteligencia y Rudeza le gritaban a la vez.
'Lo sé, lo sé. Entré en pánico, ¿de acuerdo? No fastidien'.
Tal vez Cyborg se había equivocado, y ella tampoco era buena para lidiar con ese tipo de situaciones.
Raven comenzó a ver los alrededores. El lugar realmente parecía un parque. El césped prolijo, había árboles por todas partes y bancas de madera cada tanto, así como bebederos para aves, arbustos con flores y un sendero de roca que se ramificaba en todas direcciones.
Lo que más le sorprendió fue ver que, en lugar de lápidas de roca vieja, corroída y de aspecto lúgubre, cada tumba estaba señalada con una pequeña placa en color bronce o plata, que no sobresalía del nivel del suelo, dándole al lugar un aspecto menos sombrío y triste. Bueno para quienes venían a llorar a sus seres queridos, supuso.
En cierto momento Cyborg detuvo su marcha y se quedó mirando algo en el suelo. Raven decidió detenerse un par de metros atrás, dándola espacio. Pudo ver a su compañero hincándose sobre una rodilla sin despegar sus ojos ni un momento de aquel punto ente el césped. Ella sólo se quedó allí, descruzando sus brazos - que habían permanecido enlazados para repeler el frío-, en señal de respeto. Ya se imaginaba lo que ocurría, qué hacían allí, por qué...
Cyborg alzó el rostro sobre su hombro derecho y la miró con suavidad, haciendo un leve asentimiento con la cabeza para indicarle que se acercara. Raven lo hizo sin dudar, con el paso lento y controlado que la caracterizaba, y terminó de rodillas junto a su amigo, leyendo la pequeña placa frente a ambos.
"ELINORE STONE
Brillante científica
Amada esposa y madre
(1962 - 2010)"
- Mi madre -la voz de Cyborg era apenas audible-. Ella era buena. Una... buena madre... Pero supongo que su trabajo siempre fue su mayor orgullo.
Raven volteó a verlo. Él parecía estar lidiando con algunos recuerdos, su vista fija en el la chapa que era opacada por la tierra y el césped que había crecido más de lo normal.
Ella alzó una mano e hizo apenas un pequeño movimiento con sus dedos dejando que unos finos hilos de energía oscura se soltaran, encargándose de emprolijar el pasto y pulir la placa que, al parecer, nadie había limpiado en mucho tiempo. Luego cortó algunas flores del cantero más cercano y las hizo levitar hasta la tumba, enterrando los tallos en la tierra. Con suerte crecerían y le daría algo de vida al lugar, haciéndolo menos doloroso para Cyborg.
Él se puso de pie y giró, alejándose un par de pasos. Raven colocó ambas manos en la tierra y se inclinó hacia adelante, hasta que su frente sintió el césped helado. Cerró sus ojos y se quedó allí algunos segundos meditando, un comportamiento común entre los azarathianos a la hora de mostrar sus respetos hacia un deceso. Finalmente volvió a erguirse, poniéndose de pie con parsimonia y sin despegar la vista de trozo de metal plateado que ahora brillaba reflejando el sol de invierno. Hizo una última reverencia y se despidió, reuniéndose con Cyborg para luego caminar juntos fuera del cementerio.
Una vez en la acera él detuvo su andar, provocando que Raven se detuviera frente a él, observándolo a la expectativa de alguna palabra. Sin embargo, no hubo ninguna. Él simplemente se dejó caer hasta que su frente quedó acomodada en el hombro derecho de la ocultista. Ella se mantuvo inmóvil unos segundos antes de alzar su mano izquierda y colocarla en la parte trasera del cuello de Cyborg, su pulgar apenas tocándole la cabeza.
No dijeron nada, sólo permanecieron en esa posición algunos minutos. Raven podía oír a su compañero ahogando algunos hipidos, negándose a llorar. Inhalaba gran cantidad de aire por su nariz, lo contenía y luego lo soltaba en un largo suspiro; ella podía incluso percibir su ceño frunciéndose y sus músculos tensándose cada vez que el llanto amenazaba con escapar.
- Está bien -susurró. Sólo eso; un mensaje totalmente abierto que Cyborg podría interpretar como mejor le hiciera sentir.
"Está bien llorar", "Todo está bien", "Está bien, tranquilo, no llores". Había muchas posibilidades, y sabía que él elegiría aquella que le fuera de más utilidad.
Cyborg tomó una última bocanada de aire y se incorporó, llevando ambas manos a sus caderas mientras miraba en cualquier dirección, queriendo distraerse y olvidad el escozor en los ojos.
- Bien, creo que ya hubo bastante emoción -dijo con una vaga sonrisa-. ¿Qué te parece si vamos a tomar algo, y te conseguimos un poco de ropa? Te congelarás aquí si sólo usas esa chaqueta.
- Suena bien -respondió Raven, asintiendo.
- Genial, ¡día de compras con la Chica Oscura! Oh, Starfire estará tan celosa -aseguró entre carcajadas, caminando para abrirle la puerta a su compañera.
- Como si no me arrastrara al centro comercial cada semana -sus ojos viraron mientras tomaba asiento en el vehículo.
El mayor dio la vuelta y se puso tras el volante, encendiendo el viejo Camaro para arrancar su viaje con destino a las calles comerciales de New York.
Fueron varias horas, varios vasos de té caliente para llevar, varias tiendas, varios probadores y varias bolsas antes de que ambos Titanes volvieran a casa. Raven ahora era dueña de dos jeans, botas, un par de tennis, chaquetas, sweaters, gorros, bufandas, camisetas, sudaderas y una falda larga; todo sorprendentemente de su agrado. Cyborg había insistido en que tuviera un buen guardarropas que no involucrada los pantalones de su uniforme y ropa de Starfire, y Raven sentía que debía consentirlo.
Si él quería que Raven tuviera ropa, entonces Raven tendría ropa.
Se detuvieron en un mercado de camino y compraron más provisiones para su estadía allí. Cyborg había estimado que sería una semana, si los Titanes no los llamaban por alguna emergencia. Raven no comprendía para qué quedarse tantos días en New York, qué podría tomar tanto tiempo; pero de nuevo, se limitó a respetar la decisión de su compañero.
Llegaron a la casa de Cyborg cuando apenas eran las seis de la tarde, aunque el sol había caído hacía rato. Salieron del auto y Raven fue a abrir la puerta con un par de bolsas en sus manos, mientras el mayor se encargaba de agarrar la decena de bolsas que quedaba en el baúl.
Cuando la entrada se abrió, la hechicera quedó estática.
Las luces estaban encendidas. Ellos no habían dejado ninguna luz encendida.
Tardó un instante de soltar ambas bolsas y colocarse en postura de ataque, ambas manos empuñadas frente a su rostro. Avanzó sólo un par de pasos, barriendo la sala con sus ojos, antes que Cyborg pasara por la puerta y gritara desde el fondo de sus pulmones.
- ¡NANA, ESTAMOS EN CASA!
¿N...Nana?
Sus oídos percibieron el sonido de pasos rápidos por el corredor, y pronto apareció ante ellos una mujer mayor de pelo corto y cano, apenas dos centímetros más alta que Raven, con una falda marrón hasta sus pantorrillas y una camisa floreada que combinaba demasiado con el papel tapiz de la sala. De hecho, la ocultista estaba segura que algunos de los almohadones del sofá estaban forrados con esa misma tela.
Sus ojos estaban tras un par de enormes y gruesas gafas, y de sus orejas pendían unos pesados aretes (imitación de perlas o algo así). Sus uñas largas y almendradas pintadas en blanco perlado, y sus pies cubiertos por unas pantuflas de un horroroso rosado viejo - se camuflaban perfectamente con la alfombra.
- ¡Ay, mi Vicky! -exclamó la anciana, encerrando al joven titán en un poderoso abrazo.
Raven lo miró alzando una ceja, dejando un tácito "¿Vicky?" en su rostro.
- Victor -susurró el mayor.
La ceja se mantuvo en su sitio, ahora acompañada por una cínica media sonrisa. Cyborg tragó duro, recordando que esa fue su misma reacción al conocer el verdadero nombre de Chico Bestia.
- ¡¿Oh, pero quién es esta niña tan hermosa?! -preguntó la mayor soltando a su nieto.
- Nana, ella es Raven; Raven, te presento a mi Nana, Rose Stone -Cyborg chocó sus anillos y deshizo el holograma luego de cerrar la puerta que había quedado olvidada.
- Es un gusto, señora Stone -Raven extendió una mano, esperando estrechar la de la señora.
- Oh no, niña, ¡nada de "señora Stone"! ¡Tú me dices "Nana" o "Nana Rose"!
Antes que la gótica pudiera responder, su cuerpo se veía totalmente prisionero de un abrazo sorprendentemente fuerte para una pequeña anciana.
- Oh, ugh, de... acuerdo -susurró con sus ojos abiertos como platos; el shock de un abrazo era siempre fuerte para ella.
- Nana, ¡Nana, déjala ir!
- ¿Qué te parece una taza de té, mi niña? Estaba justo por servirme una para mí -le preguntó sosteniéndola de los brazos, ignorando totalmente a Cyborg.
- Um, sí, estaría bien. Gracias.
- Perfecto, ¡ahora regreso!
La mujer se fue a la cocina, y Raven pudo ver a su compañero arrojándose en el sofá con su brazo derecho extendido por lo alto del respaldo, mientras apoyaba su codo izquierdo en el apoya-brazos, usándolo para sostener su rostro.
- ¿Debería...? -ella señaló hacia la cocina.
- Nah, ella puede sola. Siéntate, RaeRae.
La hechicera esquivó la mesa de café y se sentó junto a Cyborg, mirando por la ventana.
- Discúlpala -Raven giró a verlo-. Hace tiempo que no la visitaba; está bastante entusiasta.
- No importa -respondió suavemente, negando con la cabeza.
- Iré a ver por qué tarda tanto; seguro se escondió a fumar de nuevo -el hombre de metal se levantó del sofá-. ¡Ah! Ya puedes desactivar los anillos; Nana sabe todo. Sólo chócalos de nuevo.
Raven asintió y vio a su amigo desaparecer dentro de la cocina. Acercó ambos anulares y los chocó entre sí, viendo una luz celestina y luego sus manos nuevamente grises.
- ¡Nana! ¡¿Qué rayos haces fumando?! ¡Esa porquería te matará!
- Ay, por todos los Cielos, ¡tengo setenta y ocho años, Victor! ¡Cualquier cosa puede matarme a esta altura!
Los gritos llegaron hasta la sala y Raven sonrió. No había enojo, era casi gracioso oírlos. Y le daba una calidez aún mayor a la vibra familiar de la casa.
Finalmente ambos Stone salieron nuevamente, Cyborg cargando una charola entre sus manos. En ella, tres tazas de té, un frasco de miel y un pequeño plato con galletas de chocolate.
El mayor volvió a sentarse junto a su amiga, entregándole la taza de té con su respectivo plato y cuchara, y Rose en el sofá frente a ambos.
- ¡Oh, así que así te ves realmente! -exclamó la anciana.
- Um, eh, sí -respondió ella, bajando la taza de sus labios. Era un simple té negro, pero por alguna razón sabía más delicioso que cualquier té negro que hubiese probado. Seguro tenía que ver más con el hecho de quién lo hizo y con cuánta dedicación y cariño, que con la infusión en sí.
- ¡Qué maravilla! Vicky me había dicho sobre tus ojos y tu cabello, pero verlos en persona es totalmente distinto -remarcó Rose antes de beber otro sorbo de té-. Entonces tú eres la maga, ¿verdad?
- Um, sí, podría decirse que lo soy -era definitivamente más sencillo que explicar los pormenores de su sangre demoníaca y sus poderes espirituales y mentales.
- Ay, niña, come una galleta. Eran las favoritas de Vicky; de haber sabido que vendría con compañía, habría hecho más.
Raven asintió antes de coger una galleta y llevarla a su boca. Sus ojos se abrieron más al sentir su sabor.
- Y dime, querida, ¿tú eres la noviecita de mi Vicky?
La galleta bajó por un camino erróneo, ahogándola de pronto. Raven tosió mientras una bombilla de luz en la distancia estallaba. Diablos que la mujer era frontal.
La enorme mano de Cyborg palmeó varias veces su espalda hasta que el ahogo amainó.
- ¡Nana!
- ¿Qué? ¡Sólo preguntaba! ¡Tú nunca me cuentas de tu vida amorosa!
- ¡Porque no tengo vida amorosa, Nana; no hay nada que contar! ¡No puedes andar haciendo esas preguntas e incomodando a las personas!
- Lo siento, niña; ignora las preguntas de esta anciana -Rose sacudió una mano frente a su rostro, restándole importancia al asunto.
- Agh, iré a guardar las compras y a limpiar el vidrio -dijo Cyborg, levantándose del sofá.
- Yo debería...
- No -interrumpió el mayor a Raven-. Tú quédate ahí, eres la invitada. Y tú -dijo, inclinándose hacia su abuela y dándole un beso en la mejilla-, no la pongas más nerviosa, por favor.
Cuando Cyborg se fue a la cocina, el silencio reinó por un minuto. Sólo se oía el segundero de algún reloj perdido entre las estanterías, y los casuales sorbos que ambas mujeres le daban al té.
- ¿Y qué hicieron hoy? ¿Conociste un poco la ciudad? -preguntó de pronto Rose, con toda amabilidad y una sonrisa.
- Um, sí, nosotros... Fuimos a darle respetos a la madre de Cyb-de Victor, y luego hicimos algunas compras.
- ¿Fueron al cementerio...? -preguntó la mayor un poco asombrada, según la ocultista pudo percibir.
- Um, ¿sí?
- Ya veo...
- ¿Ocurre algo? -el tono de voz de la anciana dejó a Raven con más curiosidad de la que podía dominar. Temía que su presencia no fuese bienvenida en el cementerio (la nieta de Lucifer no suele ser buena compañía para los muertos).
- ¿Huh? Oh no, querida, nada de eso; es sólo que... -un suspiro hizo que la voz de Rose fuera un poco más apagada-. Es la primera vez que Victor visita la tumba de su madre.
Raven volvió a bajar la taza de sus labios, apoyándola en un pequeño plato sobre su falda. No hizo comentarios, ya que sabía -o sentía- que la mujer diría más. Y efectivamente hicieron falta un par de segundos para volver a escuchar a la anciana.
- Fue muy difícil para él. No sé cuánto te habrá dicho, pero lo que yo puedo decirte es que le costó mucho llegar a hacer las pases con sus padres, si es que alguna vez las hizo realmente. No me malinterpretes, eran buenos padres; sólo... -suspiró, dejando la taza en la mesa-. Es difícil para un niño nunca ver a sus padres; yo intenté criarlo lo mejor posible, pero nadie reemplaza a los padres.
- Hizo un gran trabajo -confirmó Raven mirando hacia la cocina-. Él es un gran chico.
- Oh, lo sé, mi niña. Pero su vida fue difícil, y siempre tuve miedo de que terminara tomando mala decisiones. Él guardaba mucho rencor hacia ellos. Sus ambiciones y su amor por la ciencia parecían superar el amor que tenían por Vic. No recuerdo si mi Silas fue alguna vez a verlo jugar un partido en el colegio... Yo nunca pude perdonarlo, ¡a mi propio hijo! Estaban tan... obsesionados con esa estúpida ciencia -alzó la vista, que había estado reposada en su falda, y miró a Raven con seriedad-. Está bien amar lo que uno hace, y dedicarle tiempo; pero cuando tus prioridades se mezclan, y los seres que amas pasan a un segundo plano... Ellos eran científicos, luego padres. Supongo que leíste el epitafio de Elinore.
Raven sólo asintió. Recordó que le había llamado la atención leer primero sobre su profesión y luego sobre sus lazos familiares.
- Cuando el amor por trabajo se transforma en obsesión, terminas por perder a quienes te aman y no lo notas hasta que es muy tarde... Victor me contó que ustedes tienen un compañero así -Raven volvió a asentir, pensando en su líder-. Ay, niña. Me llama totalmente frustrado, lanzando maldiciones porque su amigo no sale de su habitación por horas, días... Para él es todo un déjà vu; detesta no poder evitarlo. No quiere que su amigo termine como sus padres: solo, aislado de quienes lo aman.
La hechicera se quedó pensativa, recordando cada vez que Robin se quedó encerrado en su cuarto. Starfire se paraba por horas frente a su puerta, golpeando hasta que las marcas de sus nudillos quedaban de forma permanente en el metal. Chico Bestia prefería ignorarlo, fingir que nada ocurría, aunque Raven percibía que su problema era que no sabía lidiar con lo que le estaba ocurriendo al petirrojo. Ella misma buscaba darle poca importancia, evitar pasar junto a la habitación, evitar pensar en él, aunque realmente no había modo de hacerlo.
De todos, el que peor reaccionaba era Cyborg. Su comida se quemaba, perdía en los video-juegos, estaba siempre de mal humor; y cuando finalmente perdía la paciencia, se paraba frente a la puerta de Robin algunos minutos para gritarle mil insultos y luego simplemente se encerraba en el garaje o se iba con el auto fuera de la isla. Ahora sus comportamientos tenían más sentido.
- Oh, pero no todo es malo, pequeña -Rose interrumpió sus pensamientos con una sonrisa-. Victor me contó mucho de ti, y debo agradecerte.
- ¿A... a mí? -la mayor asintió.
- Has cuidado mucho de mi Vicky, y él se siente feliz por tenerte en su vida -alzó su dedo índice y lo sacudió suavemente en el aire, como si quisiera recordar algo-. Una vez... hace un poco más de un año, él me llamó. Me contó que estaba construyendo una especie de habitación para ti; le pregunté por qué razón y él me dijo... ¿Cómo fue que dijo...? Oh, sí, dijo "Es un cuarto para proteger a Raven. Nana, debo ser honesto. Las cosas se pondrán feas". Le pregunté a qué se refería y respondió "Estamos haciendo todo para evitarlo, pero... será el Fin del Mundo, Nana. Las cosas se pondrán en serio feas" -Raven tragó duro al recordar aquella etapa de sus vidas-. ¡Ay, niña! Mi corazón se detuvo por un instante; más cuando me confesó que el cuarto era sólo para ti, que él quedaría desprotegido. Le dije que huyera, que volviera a casa, que se alejara de Jump City. No era nada personal contra ti, claro, sólo estaba preocupada por él.
- No, la comprendo. Yo también intenté alejarlos de mí.
- Oh, pero cuando se lo dije, ¡se puso como loco! "Jamás (me dijo), jamás me pidas que abandone a Raven. Esta habitación no nos salvará, pero la salvará a ella y es suficiente. Yo me quedaré a su lado hasta el final, ¿entendido?". Él nunca me había hablado así, nunca. Se enfadó tanto conmigo que pasaron otros tres meses hasta que volvió a llamarme, y ahí comprendí cuán importante eras para él.
Raven sólo podía mirarla, sus ojos expandidos y vidriosos. Que Cyborg se hubiese resignado así a morir por ella... Es decir, todo el equipo se había quedado a su lado, pero todos insistían en que nada ocurriría, en que vencerían. Cyborg había sido más realista, advirtiéndole a su abuela sobre la inexorable sentencia de muerte que les esperaba. Él era consciente de las casi nulas posibilidades de salir de ahí con vida, y prefirió protegerla a ella que volver con su familia, su sangre...
- Por eso debo agradecerte. Luego de los problemas con sus padres, a él le costó mucho confiar en las personas. Si su propia sangre pudo ignorarlo durante tanto tiempo... Y cuando se formaron los Titanes me contó sobre todos ustedes, y cómo pudo percibir algo especial en ti desde el primer día, cuando buscabas escapar de ellos. Desde ese momento él no quiso perderte. Sé que no son novios, soy vieja pero no idiota -inquirió con una sonrisa-; tú eres como la hermana que siempre me dijo que quería tener. Me atrevería a decir que confía más en ti que en mí, y eso me alivia: me alivia saber que pudo abrir su corazón de nuevo, y-
Los pasos de Cyborg hicieron eco en la sala, provocando que la mayor se tragara sus últimas palabras.
- Bien, está todo guardado, y... ¡Nana! ¡¿Qué le dijiste a Raven?! -la hechicera lo vio hincarse frente a ella-. Oye, ¿qué ocurrió?
- ¿De qué hablas?
- Hablo de que estás llorando.
- Yo no estoy llorando.
Cyborg pasó un dedo por su mejilla y luego se lo mostró. Efectivamente, estaba húmedo.
- ¿Decías? -inquirió con una media sonrisa.
- Alergias -se limitó a responder, girando la mirada.
- Okay; lo que digas, Chica Oscura.
- Ustedes sepan disculpar a esta anciana -interrumpió Rose, levantándose lentamente de su asiento-, pero estoy algo cansada y me iré a dormir. Siéntete en tu casa, querida -rodeó la mesa de café y llegó hasta los dos jóvenes, abrazándolos y besándolos en las mejillas-. Descansen.
Sin más, la mujer desapareció por el corredor.
- Yo, ugh, lamento que sea tan... efusiva -dijo Cyborg rascándose la nuca-. Intenté explicarle que no debía abrazarte tanto, pero Nana suele ser terca -Raven negó con la cabeza.
- Está bien. Tu abuela me agrada.
- Hmp, es difícil no quererla a pesar de su carácter -secundó el mayor, mirando hacia el corredor-. ¿Cenamos?
- Creo que primero iré a meditar.
- De acuerdo; yo te llamo cuando la comida esté servida.
Ella sólo asintió mientras Cyborg la saludaba con un movimiento de mano y se ocultaba en la cocina. Raven subió las escaleras hasta su cuarto y se encerró allí, manteniendo las luces apagadas para evitar ver todo aquel color beige a su alrededor.
Elevó sus pies del suelo y tomó pose de loto, cerrando sus ojos lentamente para comenzar a meditar. Luego de su visita al cementerio y lo que había oído hacía unos minutos, realmente lo necesitaba si quería seguir entera frente -o junto- a su amigo.
Azarath... Metrion... Zinthos...
Azarath... Metrion... Zinthos...
Azarath... Metrion... Zinthos...
Azara-
Toc-Toc.
Raven abrió un solo ojo y murmuró un "¿Hmm?".
- Lo siento, Rae -dijo Cyborg desde el corredor-. La comida está lista, pero tómate tu tiempo. Sólo quería avisarte.
- Gracias.
Los pies de la hechicera volvieron a tierra firme. No quería hacerlo esperar; desde que emprendieron su misterioso viaje, Raven se había encargado de consentir a Victor con pequeños actos: llegar a tiempo a comer, acceder a sus pedidos, entablar una breve conversación sin indignarse y desaparecer...
Pequeñas tonterías, porque realmente sentía que no podía hacer más que eso.
Se vistió con otra camiseta de Cyborg y uno de sus pantalones de lycra debajo, temiendo que la dueña de casa apareciera y la viera de un modo "poco decente". Por lo general no había nada de malo con su elección de pijama: en la Torre, todos habían visto a los demás miembros del equipo desnudos al menos una vez (para desagrado de Raven), de modo que estaban bastante acostumbrados a andar por el lugar sin prestar atención a sus atuendos; algunos más que otros (Chico Bestia fue enviado a siete dimensiones diferentes por sentarse en el sofá totalmente desnudo en varias ocasiones). No obstante, presentarse ante una mujer de casi 80 años vistiendo sólo la camiseta de su nieto, luego que ella preguntara si eran pareja... Podía prestarse a malos entendidos.
Bajó las escaleras con tranquilidad y entró a la cocina por primera vez, buscando a su amigo.
- ¡Hey! -exclamó el mayor con un delantal lleno de harina.
- Hola... ¿Pizza?
- Súper Pizza -corrigió-. Hongos, tocino, pepperoni, pimientos. Lo que quieras, lo tiene.
Cyborg llevó dos bandejas de pizza a la mesa, indicándole a Raven que acercara un par de platos. Luego se sentaron a comer, de nuevo en silencio.
Raven estaba harta del silencio. Ja, irónico, pero cierto. Raven Roth estaba total y completamente harta del silencio, de no comprenderlo, de no sentirlo cómodo, ameno, tranquilo. Desde que llegaron a New York, el silencio significaba tensión, estrés, dolor, problemas.
- ¿Qué ocurre?
- ¿Huh?
- Llevas cinco minutos cortando ese trozo de pizza -Cyborg señaló con la mirada-, y el plato. Ahora estás cortando la mesa.
Raven soltó ambos cubiertos, viéndose sorprendida y abochornada al notar que los dos quedaron en la misma posición, incrustados en la madera de la mesa.
- Es... -Raven suspiró, usando sus poderes para reparar los daños-. Esto no fue todo, ¿verdad?
- ¿De qué hablas?
- No me trajiste aquí para ir a ver a tu Nana, o para hacer las pases con tu madre. En parte, sí, pero... Hay algo más.
Cyborg se puso de pie y la tomó de una muñeca sin media palabra, arrastrándola escaleras arriba hasta su habitación.
Cuando la puerta se cerró tras ellos, Cyborg la soltó y avanzó un par de pasos sosteniéndose la quijada, antes de voltear a enfrentarla.
- No vinimos aquí para ver a mi madre -confirmó
Raven lo miró esperando más explicación. Si no era por su madre, si no era por su abuela, entonces...
- Estamos aquí por mi padre.
