Hola a todxs!
Les dejo el capítulo 4. Es un poco lenta esta primera parte de la trama, pero es que quiero que cada detalle y matiz emocional quede bien plasmado, y eso implica ser detallista. Si salto de un capítulo al otro y vuelvo a Jump, toda la parte emotiva de la historia se va a haber perdido.
Por eso también me quedó bastante más corto que los anteriores. Realmente es una única escena que da explicación a gran parte de la historia de Cyborg, por eso valoré calidad antes que cantidad, y preferí no irme por las ramas y perder la esencia del cap.
Como sea, espero que les guste, y espero sus comentarios!
Disfruten
Rae.-
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- Los personajes de "Teen Titans" no me pertenecen;
- La historia que leerán a continuación es de mi autoría.
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-CAPÍTULO 4-
Raven se quedó estática, de pie junto a la puerta que acababa de cerrarse. Cyborg caminó hasta dar con su cama y se sentó allí, apoyando los codos sobre sus rodillas, y enterrando el rostro entre sus manos.
Ella quiso preguntar a qué se refería; pero de nuevo -como había ocurrido en los últimos dos días-, supo que sería mejor mantenerse en silencio y esperar, darle tiempo para digerir sus propias emociones antes de compartirlas.
Decidió entonces quitarle el peso de tener dos ojos observándolo sin piedad, y desvió su mirada, dedicándose a estudiar la habitación de Cyb... de Victor Stone. Era un cuarto de proporciones similares al de huéspedes, aunque sus paredes eran de un azul cielo. 'Finalmente, algo que no es beige'. La cama se hallaba en medio del lugar, con el respaldo contra una pared, y enfrentada perfectamente a una pequeña ventana con cortinas azules. Pasando el mueble principal del cuarto había una enorme biblioteca de madera clara atiborrada de enormes libros; por los pocos nombres que Raven logró divisar en la oscuridad, todos eran de química, física y medicina, exceptuando alguno dedicado a la mecánica automotriz y una o dos novelas de ciencia ficción. En el estante superior se exhibían cerca de una decena de trofeos y medallas, todas empolvadas, y fotos de equipos de fútbol donde, supuso, Victor solía jugar.
Contra el muro de la ventana se hallaban dos escritorios: uno con cuatro libros apilados, un microscopio, una lámpara y carpetas llenas de apuntes; el otro tenía una computadora y otras dos pantallas a los lados, mouse, teclado y otros aparatos que Raven no supo definir. Algunos parecían ser parte de una consola de juegos, pero otros se veían más sofisticados.
Por un instante pensó en encender la luz, sintiendo su vista agotarse de tanto querer hurgar en la oscuridad del cuarto, que apenas se iluminaba con la luz de la luna y una luminaria pública que parecía estar ubicada estratégicamente frente a la ventana. De nuevo, optó por mantenerse inactiva. Sus ojos estaban acostumbrados a la oscuridad, no era algo tan necesario.
Observó a Cyborg por el rabillo del ojo, aún en la misma posición que hacía unos diez minutos atrás. Pudo ver que sus baterías estaban bajando, las luces en las celdas portátiles titilando, advirtiendo que era momento de una recarga. Se acercó lentamente y se hincó junto al enorme aparato que él le había enseñado a manejar hacía meses "en caso de emergencias" y lo activó, extendiendo un enorme cable de su interior.
- Cyborg... -el mayor alzó la cara y ella sólo le mostró el cable, dejándole en claro que debía recargarse.
- Oh, sí, gracias -murmuró él mientras Raven volvía a incorporarse, buscando el puerto de carga en su compañero y conectándolo.
Una vez comprobó que todo estaba en orden ella volvió a erguirse, quedando de pie frente a la cama. Miró a su alrededor nuevamente, sintiéndose cada vez más incómoda. Ya había barrido toda la habitación con sus ojos, ¿qué otra cosa podía hacer? Las vibraciones emocionales que permanecían encerradas allí la golpeaban por todos los flancos, eran muy difíciles de ignorar. ¿Y las de Cyborg? El pobre era un torbellino de emociones, y sin quererlo, estaba arrastrando a la ocultista con él.
- Siéntate -Raven volvió en sí al oír la voz de su amigo, que palmeaba un trozo de colchón junto a él.
Ella asintió y se acomodó lentamente, oyendo el chirrido de los resortes que parecían querer vencerse y dejar a ambos Titanes en el suelo. Alzó la vista hacia el muro tras la cama y lo vio empapelado con fotos y pósters de todo tipo: jugadores de básquetball, baseball, fútbol americano, hockey sobre hielo, corredores de autos, algún que otro rapero, fotos suyas con amigos, compañeros, colegas, y varios banderines de diferentes universidades de renombre.
- Lamento el sonido de la cama -la ocultista volvió a ver a su amigo, su línea de pensamientos interrumpida-; estaba preparada para tolerarme hacía unos años, pero los pobres resortes no pueden con el viejo Cy -dijo con una sonrisa vaga.
- Y yo que creí que estaba engordando -respondió ella con voz suave, queriendo aligerar el ambiente pero sin saber hasta qué punto eso sería conveniente.
- No hay forma de engordarte a ti, RaeRae. Créeme, lo intenté.
- Ventajas del metabolismo demoníaco, supongo -simplificó, encogiéndose levemente de hombros.
Ambos se mantuvieron en silencio otro par de minutos, mirando un punto en el suelo de madera. Los dos tenían sus vistas clavadas allí, esperando algo, una señal divina que les mostrara qué debían hacer.
- Lamento... -Raven volteó a verlo nuevamente, aunque él seguía con la vista en el suelo-. Lamento haberte arrastrado hasta aquí, es que... no me gusta hablar de mi padre cerca de Nana, no le hace bien -la hechicera sólo asintió-. Yo... supongo que no puedo seguir dando vueltas en el asunto, ¿verdad?
Él se giró a verla con una sonrisa triste, de resignación. Raven lo observó por unos segundos antes que él suspirara, volviendo la vista al suelo.
- Mi nombre es Victor Stone. Nací aquí, en New York, hace veintiún años. Mis padres... ellos... Silas. Silas y Elinore Stone. Tú no debes conocerlos porque no pasaste mucho tiempo en la Tierra, pero ellos eran dos científicos muy reconocidos; siempre trabajando en cosas importantes y revolucionarias. Vivían para el trabajo, supongo. Eh... No fueron... no fueron malos padres, ellos sólo... -se pasó una mano por el rostro y retomó la explicación, dejando la frase inconclusa-. Yo me crié aquí, con Nana; mis padres se la pasaban en el laboratorio S.T.A.R., donde trabajaban. Nana me enseñó todo lo que sé, y no se la hice fácil: yo quería a mis padres aquí, y mucha veces terminaba riñiendo con ella por eso... Supongo que no pensé que ella también los quería en casa. Como sea, ellos... Intenté llamar su atención, ser "digno" de su atención o lo que sea. Era bueno en deportes, muy bueno. Me llegaron a ofrecer dos becas universitarias completas cuando tenía sólo catorce, imagínate. Pero mi padre siempre dijo que los deportes eran una pérdida de tiempo; que correr tras una pelota y tomarla antes que otra persona no era mérito de nada, o de nada realmente importante, en todo caso. De modo que cuando todavía era un niño empecé a leer los libros que ellos escribieron, aunque realmente no me interesaban en lo más mínimo: sólo quería entender un poco de su mundo, compartir algo con ellos, yo qué sé... Pero terminó pasando algo muy extraño. Y es que con ocho años de edad, había podido internalizar todo el contenido de un libro que estudiantes de ciencias aplicadas tardaban años en comprender. Mis padres no ignoraron eso, obviamente. Comenzaron a hacerme estudios y se encontraron con que su hijo era un pequeño genio.
Raven frunció el ceño, no comprendiendo del todo y Cyborg sólo rió amargamente, negando con la cabeza antes de continuar.
- IQ de 170. Diez puntos más que Albert Einstein, casi setenta puntos sobre la media. Por primera vez los vi orgullosos de mí, aunque en realidad yo no había hecho nada. Comenzaron a prestarme más atención, me compraron juegos y libros que servían para probar mis habilidades, y yo los resolvía incluso cuando no me gustaban, sólo para complacerlos... Pero con el tiempo todo comenzó a irse al demonio. Mis padres decidieron que mi inteligencia era un don que debía ser utilizado "en pos de la humanidad", o lo que sea. Empezaron a llevarme con ellos a los laboratorios para poder estudiarme, analizarme. Me daban algún tipo de acertijo o prueba mental y medían mis ondas cerebrales mientras lo resolvía. Se había vuelto un dolor en el trasero: salía de la escuela e iba directo a S.T.A.R., y me quedaba ahí hasta la madrugada. Me perdí cumpleaños, obras escolares, salidas con amigos. Mi infancia fue todo menos "normal", y no lo noté hasta que crecí más. Cuando tenía como trece años, me harté. Era un conejillo de indias, ¡de mis propios padres! Me usaban para cumplir sus propósitos egoístas. ¿Sabes lo retorcido que es eso? -Cyborg se mordió el labio ante el comentario y volteó a ver a su amiga-. Um, lo siento, quise decir... Agh, entiendes el punto. Como sea, los experimentos eran cada vez más invasivos, mis padres estaban totalmente desquiciados, obsesionados con descubrir más sobre lo que hace al cerebro de un genio ser... bueno, genio. Me cansé, los enfrenté y la relación se quebró: ellos no entendían cómo podía negarle a la Humanidad mi cerebro; ¡pero era mío, por un demonio! Yo nunca pedí nada de eso. Regresé a mi vida normal y empecé a mejorar mi desempeño en los deportes. Mis notas eran buenas, lógicamente, pero nunca le presté suficiente atención a la escuela como para obtener una beca por eso, y Nana no podía costear una universidad, así que supuse que el fútbol iba a ser buena opción, y no me equivoqué. Recibí ofertas de universidades geniales. Pensé que antes de aceptar alguna podría hablar con mis padres, intentar hacer las pases, ya sabes, y pedirles una opinión...
Silencio. Raven comprendió que esa pausa anunciaba el punto donde todo simplemente se cayó a pedazos para él. Puso su pequeña mano en el hombro izquierdo de su amigo mostrándole apoyo, y él la tomó, bajándola hasta su falda y sosteniéndola con fuerza. Pudo escuchar las respiraciones pesadas que salían de Cyborg, su ojo humano cerrándose con una mezcla de tristeza e ira difícil de digerir para ella.
- Ellos... ellos estaban trabajando con un nuevo proyecto. Era una... investigación, sobre portales inter-dimensionales.
- ¿Portales...? -repitió Raven con incredulidad. Ella vivió toda su vida aprendiendo sobre los peligros de los portales. Aún sabiendo manejarlos, los portales intra-dimensionales eran poderosos. Pero los inter-dimensionales... Raven se atrevió a usarlos para viajar de la Tierra a Azarath y de vuelta en pocas ocasiones; no eran seguros, ni siquiera para un azarathiano experto como ella. ¿Humanos sin experiencia previa y sin conocimientos sobre las infinitas posibilidades existentes al abrir un portal hacia otra dimensión...? Receta para el caos.
- Sí; habían descubierto un modo de aislar las cargas iónicas de partículas que... Agh, no es el punto. El punto es... que la ambición sacó lo peor de ellos -Raven sintió su mano siendo presionada con más fuerza-. Decidieron que estaban listos para abrir un portal; me dijeron que sería testigo del avance más grande en toda la Humanidad sobre dimensiones alternativas. Yo... yo intenté persuadirlos, pero... Mi padre siempre fue demasiado orgulloso. El portal se abrió de acuerdo al plan, pero entonces algo, una... cosa extraña salió de allí directo a atacarnos.
Los ojos de Raven se abrieron más, mientras el de Cyborg seguía cerrándose con más y más fuerza.
- No sé qué rayos era, no tuvimos tiempo a reaccionar. Para cuando mi padre logró cerrar el portal, ya era tarde. Había... sangre. Todo dolía, todos gritaban...
Raven notó que su amigo estaba temblando; los recuerdos en su mente definitivamente lo estaban dañando. Presionó su agarre contra la mano masculina, mientras su otra mano volvió a caer en el hombro izquierdo de Cyborg, intentando transmitirle algo de paz, si es que eso era siquiera posible.
- Me desperté cuatro meses después, en esto -asintió con la cabeza, señalando su cuerpo metálico-. Perdí todos mis músculos, casi toda la piel y cada uno de mis huesos (o los que se salvaron) fue recubierto en una aleación especial para poder soportar el peso de mi "nuevo cuerpo" -Cyborg alzó su mano derecha y comenzó a señalar distintas partes de su anatomía-. Laringe. Faringe. Tráquea. Pulmón izquierdo. Diafragma. Esófago. Estómago. Hígado. Riñón derecho. Vejiga. Cuatro metros de intestino delgado. Aurícula derecha. Ojo izquierdo. Oído izquierdo... Todo eso es artificial.
La mano cayó muerta a un lado de la cama y Raven se quedó viéndolo con más dolor del que sabía que podía sentir. Las respiraciones de Cyborg se hicieron más erráticas, sus fosas nasales se expandieron con furia.
- Fui su estúpido experimento. Incluso cuando estaba muriendo, me usó para probar una de sus invenciones, una suerte de soporte vital robótico. Mi mamá... ella no sobrevivió. Según leí después en los informes, mi esperanza de vida con las prótesis era mayor que la de ella. ¡Pero era mi madre! Él... Siempre lo culpé; eligió salvarme sólo para poder probar sus porquerías mecánicas. Pudo haber hecho algo por ella, yo... él... Hubiese podido darnos algo de tiempo a los dos.
Suspiró y llevó su mano libre a los ojos, rascándolos para librar a su lado humano de las lágrimas que amenazaban con salir.
- Ese día nació Cyborg, y murió Victor Stone. Todo quedó como un secreto dentro del laboratorio; el gobierno no seguiría aprobando sus experimentos si se enteraban del potencial riesgo para la gente. Para el resto del mundo, Victor decidió alejarse del legado de sus padres y se fue a medio Oriente, a algún pueblo, no lo sé; Elinore falleció de una cardiopatía congénita y Silas... él siguió trabajando allí. Yo no podía seguir siendo Victor Stone: ninguna universidad me daría una beca, mis partes robóticas me daban ventaja en los deportes. Y aunque lo hubiesen hecho, no habría podido lidiar con la lástima de los demás... Soy un fenómeno, Rae. Una rata de laboratorio de mis propios padres... Como sea, me fui de NY cuando tuve la oportunidad y terminé en California, deambulando hasta encontrar un pequeño apartamento en Jump. Tres o cuatro meses después una bola verde cayó del cielo destruyendo mi vecindario, y los conocí a ustedes -terminó con una media sonrisa sumamente melancólica.
- Cyborg, yo... -Raven abrió y cerró su boca varias veces, no sabiendo qué decir.
- No tienes que decir nada, sé que es bastante difícil de asimilar. Nunca quise decirle a los demás quién era, no quería causarles esto a todos... Y sabía que si Robin llegaba a escuchar mi nombre, ataría los cabos hasta dar con mi historia; ese metro y medio de Sherlock Holmes es bueno en lo que hace -ambos sonrieron-. Yo nunca pedí esto, Rae. Extraño ser humano, sentir más. Las terminales nerviosas que inventó mi padre son buenas, pero no se comparan con las yemas de los dedos, con la piel... Escuchar que mis articulaciones rechinan como bisagras es desagradable; usar aceite en ellas es todavía peor. Extraño dormir; no estar conectado a una batería durante ocho horas -sostuvo el enorme cable mirándolo con pena-, sino dormir, soñar... Extraño soñar, Rae.
Ella lo observó sin responder. ¿Qué le diría? ¿Que ella daría lo que fuera por intercambiar lugares? ¿Que preferiría tener ocho horas de sueño vacío, de puro negro, antes que las tres horas plagadas de pesadillas que ella padecía cada noche? ¿Que envidiaba a Cyborg por no soñar? Se limitó a tragar duro y permanecer calla; cualquier cosa que dijera sería insultante. Incluso si él no lo tomaba como un insulto, para ella sería insultarlo de una forma en la que no era capaz. No ahora, que él estaba abriéndose así.
-Sí, soñar era algo bueno -continuó-, pero incluso eso lo cambiaría por volver a sentirme uno más. La gente me mira como si fuera el efecto especial de una película. Es fruntrante no... no poder pasar desapercibido, no poder encajar...
- Oye -tomó a Cyborg por el mentón y le obligó a mirarla, sonriendo vagamente y hablando en voz baja-. Yo soy un medio demonio, Chico Bestia es verde, Starfire es extraterrestre y Robin es... bueno, Robin. Tú encajas perfectamente.
- Palabras sabias, pequeña Raven -ella puso sentir el escalofrío recorrerla mientras citaba a su amigo. Quién sabría que él la comprendía tan bien, en tantas formas-. Por eso... Por eso estamos aquí. Estuve enfadado con mi madre durante mucho tiempo, pero cuando murió me di cuenta que no podía odiarla, aunque era tarde. Con mi padre pasó lo mismo: me enfadé, me fui de casa, o odié... Pero si no fuese por él, no habría conocido a los Titanes, así que supongo que las cosas no salieron tan mal. Sólo quiero... ya sabes, hacer las pases antes que sea tarde.
Raven asintió, viendo cómo su amigo tomaba la mano que aún reposaba en el mentón metálico y la besaba.
- En serio, en serio lamento haberte arrastrado hasta aquí sin decirte qué diablos ocurría.
- Yo los arrastré a ustedes al Fin del Mundo sin decirles qué Diablo ocurría; supongo que estamos a mano -respondió de forma monocorde.
- ¡JA!¡Y luego Bestita dice que no eres graciosa!
- Mi humor y el coeficiente intelectual de Chico Bestia simplemente no son compatibles.
- Tienes un buen punto, Chica Oscura.
Ambos sonrieron, volviendo la vista hacia el mismo punto en el suelo que habían apreciado quién sabía cuánto tiempo atrás. El cuarto volvió a envolverse por el silencio, aunque esta vez se percibía más cálido, comprensivo. Ya no era incómodo, y a Raven realmente no le habría molestado pasar el resto de la noche sentada allí sin un solo sonido alrededor. Por primera vez desde que llegaron a New York, el silencio era compañero y no enemigo.
- Mañana iré a visitar a mi padre -Cyborg soltó las palabras con cuidado luego de unos minutos de meditación-. Y yo... me gustaría que... si tú... es decir, yo...
-Cyborg -interrumpió en seco la hechicera-. Si tú quieres que vaya, estaré ahí.
- P-pero, si tú no quieres, yo-
- Estaré ahí -reafirmó, asintiendo con la cabeza sólo para darle más peso a sus palabras.
- Gracias -dijo en un suspiro de alivio.
Raven se puso de pie y Cyborg la imitó, aunque ella rápidamente lo frenó y obligó a descender nuevamente.
- Tú estás conectado; yo iré a dormir.
- Hmp, tiene sentido -concedió sonriente, viendo cómo su amiga caminaba hacia la puerta-. Buenas noches, RaeRae.
Raven abrió la puerta y salió al corredor, deteniendo su marcha antes que su cuerpo terminara de desaparecer.
- Descansa... Vicky -contestó con un leve tono burlón, cerrando la puerta tras ella.
Un grito de "¡Oh, vamos!" hizo eco en el pasillo, haciendo que la hechicera sonriera antes de llegar a la habitación que ocupada. Una vez allí, mantuvo las luces apagadas y se dedicó a meditar el resto de la noche.
Algo le hacía creer que Cyborg la necesitaría más que nunca cuando finalmente se encontraran con su padre.
