Bueno, Capítulo 5 de este fic.
Sinceramente me desilusionó un poco ver que casi no estoy recibiendo comentarios. Me hace pensar que la historia no les agrada, no sé. Espero que les guste este cap.
Saludos.
Rae.-
XXXXXXXXXX
-Capítulo 5-
Tu culpa...
Raven abrió lentamente la puerta, luego de haber golpeado incontables veces sin recibir respuesta. El cuarto estaba frío, oscuro, silencioso. Asomó su rostro con cuidado y lo buscó con la mirada.
Tu culpa...
- ¿Cyborg...?
Apenas susurró, pero en ese sepulcral silencio se oyó como un grito. En medio de la oscuridad lo vio, sentado sobre su cama. Sus rostro estaba enterrado entre ambas manos, mientras sus hombros subían y bajaban de forma errática. Lloraba.
Tu culpa...
- ¿Cyborg, qué...?
Se acercó apenas dos pasos, observando con detenimiento la actitud corporal de su compañero.
Tu culpa...
- T-tú...
- ¿Yo...? ¿Qué ocurre? -preguntó con repentina preocupación.
¿Acaso había hecho algo malo? No recordaba nada particularmente malo de esos días -excepto tal vez la infortunada broma en el cementerio-, pero no había modo de malinterpretar las emociones emanadas en esa simple palabra. Frustración, decepción, ira, rencor.
Odio.
- Fuiste... tú...
La voz salía ahogada tras ambas manos de metal. Raven tragó duro, ¿qué había hecho? ¿Qué pudo haber hecho que le provocara tanto dolor? Se sentía miserable y culpable sin siquiera saber la razón. Porque en el fondo sabía que ella sólo acarreaba desgracias, y que aunque no tuviera idea de por qué Cyborg la estaba condenando en ese momento, su odio hacia ella debía ser totalmente justificado.
Tu culpa...
- ¿Q-qué hice...? -nada-. Cyborg, háblame...
Se aproximó otros cuatro pasos y extendió su brazo, pretendiendo tocar de modo sutil el hombro de su amigo y sacarlo así del ensimismamiento. No obstante, su mano jamás llegó a destino.
En un movimiento imperceptible para el ojo humano, la enorme mano de Cyborg había rodeado su muñeca, dejando el pulgar de metal en su pequeña palma, y presionando de modo tal que el dorso de su mano era empujado dolorosamente hacia atrás.
Raven siseó y cerró los ojos con fuerza mientras sus rodillas se flexionaban, siguiendo la ruta que el poder del hombre metálico le ordenaba.
Cuando sus ojos volvieron a abrirse pudo ver a Cyborg de pie frente a ella, que yacía ahora de rodillas en el suelo. Alzó más el rostro hasta encontrar los ojos de su compañero, pero lo que vio le quitó el aliento.
Ambos ojos, tanto el humano como el robótico, destilaban un odio helado que caló hondo en su columna. Los dientes del mayor rechinaban y la fuerza de la mano no amainaba, haciendo que Raven sintiera cómo su circulación se cortaba.
- Fuiste tú -siseó con veneno, mirándola fijamente.
- ¿De... de qué...?
- ¡Fue tu culpa! -gritó con su voz más grave, aquella que ella sólo había oído cuando trataban con enemigos. ¿Acaso Cyborg la veía como a uno?
Tu culpa...
- No... No comprendo...
- ¡Todo esto fue por tu culpa! -volvió a gritar, su ojo humano abarrotado de lágrimas.
Ejerció más y más fuerza hasta que hubo un hueco y simple PLOP, indicando que un hueso se había dislocado. Raven gritó de dolor.
- ¡Tú los mataste!
El grito de dolor fue interrumpido y la hechicera alzó la vista, sus ojos ensanchados en horrorosa sorpresa.
- Yo no maté a nadie... -jadeaba, intentando que el mayor entrara en razón. Un CRAC hizo eco: uno de sus dedos se había roto.
- Lo hiciste... Tú lo hiciste...
Tu culpa...
Tu culpa...
Tu culpa...
No sabía si era el dolor o esas voces que la condenaba con más y más fuerza, pero una jaqueca insoportable se apoderó de ella, haciéndola sentir mareada y febril.
- Yo... no...
Tu culpa...
Tu culpa...
Tu culpa
- ¡Ya basta! ¡Basta!
Su mano libre viajó hasta su sien golpeándola sin piedad, esperando que las voces se callaran.
¡Tu culpa!
¡Tu culpa!
- ¡Cállense! ¡Silencio!
- ¡TÚ ME HICISTE ESTO!
Raven ya no sabía si debía enfocar su atención en la voces o en Cyborg, que la miraba con tanta ira. Nunca había sentido miedo de su amigo hasta ahora... Aunque ya no parecían ser amigos. Ahora él la observaba como si fuese un insecto, un ser despreciable. Como si de pronto no valiera nada.
- ¡Agh! -un grito se ahogó en su garganta, mezcla de todos los dolores físicos y emocionales que le estaban afectando.
- ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! -cuestionó entre dolido y furioso, y Raven pudo sentir la incredulidad, como si él realmente no pudiese creer que ella lo hubiese traicionado de tal forma; aunque aún no comprendía qué había hecho.
- Yo... yo no...
Su vista se nublaba. Ya no podía distinguir a Cyborg en medio de la oscuridad. Luego de unos segundos, con los ojos medio cerrados, pudo divisar aquella luz celestina que ella tan bien conocía. Ésa que ella reparaba de vez en vez, ésa que la había salvado en más de una ocasión y que ahora sería su perdición.
Cyborg contrajo su brazo y armó el cañón, apuntándole directamente.
Tu culpa...
¡Tu culpa!
Tu culpa...
TU CULPA
- Fue tu culpa -sentenció antes de disparar.
Se incorporó jadeando y sudando, y estaba segura de haber oído el final de su propio grito. Su pecho subía y bajaba de forma anormal y exagerada y sus manos temblequeaban cuando las puso frente a su rostro. De pronto quiso patearse a sí misma por creer que sería buena idea dormir un par de horas luego de meditar.
No tuvo tiempo a reaccionar cuando la puerta de su cuarto fue abierta de un golpe y las luces se encendieron, haciendo que cerrara los ojos por reflejo.
- ¡¿Qué, qué?! ¡¿Qué ocurre?!
Un adormilado Cyborg había pateado la puerta e ingresado, apuntando su cañón sónico en todas direcciones. Raven se espantó ante la imagen, su mal sueño resurgiendo en la mente, y terminó llevándose ambas manos a los oídos y cerrando los ojos con fuerza, frente y rodillas juntándose.
No volvió a abrir los ojos hasta que sintió que el colchón se hundía y una mano le tocaba el hombro. Ante el contacto ella se estremeció, y pudo percibir cómo el mayor dudaba en su accionar, temiendo haberla asustado.
- Rae, ¿qué ocurrió?
Bajó sus manos y las ocultó en el pequeño hueco que había formado entre su estómago, piernas y cabeza, observándolas temblar.
- Yo...
- Rae, no te oigo -murmuró él con cuidado-. ¿Puedes...?
La hechicera inspiró profundo por la nariz y alzó el rostro, aunque no se atrevió a mirarlo a los ojos. Realmente temía toparse con esos ojos cargados de odio.
- Yo sólo... -intentó explicarse pero desistió, sintiendo vergüenza de sus propias palabras.
- ¿Una pesadilla? -adivinó su amigo; ella asintió-. ¿Quieres hablar de eso?
Ella no asintió ni negó; sólo clavó su vista en sus manos de nuevo, sorprendiéndose al sentir cómo una más grande las envolvía con delicadeza.
- No voy a presionarte, pero tu pulso está por los cielos, estás pálida, tiemblas y... ¿Eso son lágrimas?
- N-no -dijo con muy poco convencimiento la ocultista.
- De acuerdo -respondió sin creerle-, pero como sea no te ves bien. Así que, si quieres hablar...
- Estaré bien, Cyborg. Gracias -aseguró con la voz un poco más repuesta, aunque su mirar seguía evitando el rostro del mayor.
- Okay... ¿Necesitas algo? -ella negó con la cabeza-. ¿Quieres que me quede o...?
Raven sintió una mezcla de emociones extraña. No quería quedarse sola -algo de por sí sorprendente en ella-, pero tampoco quería quedarse con Cyborg. Por una parte, porque se sentía culpable por haberlo asustado y preocupado; por otra, porque se sentía culpable de hacerlo desvelarse cuando ni siquiera podía verlo a los ojos; y por otro... Realmente se sentía culpable, aunque aún no sabía por qué. Sólo sentía ese nudo en su pecho que la acongojaba y le impedía liberarse de la culpa por algo que no había ocurrido y que ni siquiera comprendía. La culpa que cargó durante aquella pesadilla seguía ahí, latente, y no encontraba modo de quitársela.
Además, y como si fuera poco, realmente temía encontrarse con los ojos de su compañero y percibir alguno de los horribles sentimientos que emanaba durante el sueño. No quería confrontarlo, no podía hacerlo.
- No -finalmente respondió-. Ve.
- Bien; si ocurre algo llámame, aunque si evitaras los gritos de pánico sería mejor, casi me hago en los pantalones -dijo con una vaga sonrisa mientras se levantaba en la cama y despeinaba cariñosamente su cabello-. Descansa.
- Igual -casi cerraba la puerta cuando un llamado escapó de sus labios antes de evitarlo-. Cyborg.
- ¿Mmhm? -gimoteó, asomando su cabeza nuevamente.
Raven se mordió el labio inferior y miró la sábana que sin pensar sostenía fuertemente entre sus manos.
- Si tú... es decir... si tu sintieras que...
- ¿Mmhm...? -repitió el mayor con el ceño fruncido, mostrándose curioso y algo preocupado.
- Si... -repitió, no hallando las palabras. Finalmente suspiró y negó con la cabeza-. Olvídalo.
- ¿Segura? Puedes preguntarme lo que quieras, RaeRae.
Luego de titubear algunos segundos, volvió a intentarlo.
- Si tú... descubrieras algo malo sobre mí... ¿Me odiarías? -logró decirlo, y le dolió más de lo que esperaba.
- No me digas de es Trigon de nuevo. ¡Oh, vamos, viejo! ¡Cada vez que tenemos un poco de paz-! -comenzó a exclamar alzando ambas manos al aire.
- No, no -interrumpió-. No es... él -negó, notando que le era imposible modular el nombre de su padre.
- ¿El dragón loco del libro? ¡¿Ese idiota otra vez?! ¡Rae, por todos los Cielos, aléjate de los libros embrujados! ¡La última vez destrozó media Torre y-!
- No -volvió a cortar el palabrerío de su amigo-. No es nada de eso. Sólo es... hipotético.
- ¿Hipotético? -repitió, ella asintió-. Hmp. ¿Y sería algo muy malo? ¿Así como terriblemente malo? -inquirió alzando su ceja y tomándose la quijada.
- Tal vez... Probablemente... Sí -respondió dudosa, mirando sus piernas bajo las mantas.
- Pues, si en serio fuese algo terriblemente malo...
La frase quedó inconclusa y Raven cerró sus ojos. Era obvio, ¿por qué lo había preguntado siquiera? Sintió la puntada en su pecho al comprender que tarde o temprano él la odiaría. Porque ella acarreaba desgracia, acarreaba perdición; era simple cuestión de tiempo antes que algo terriblemente malo ocurriera por su culpa -si es que no había ocurrido aún- y recibiera el odio de quienes quería.
Un sólo dedo en su mentón la sacó de su tren de pensamientos, y ese mismo dedo la obligó a alzar el rostro, chocando con dos ojos que intentó evitar por los últimos veinte minutos. Para su asombro y alivio, no había ni un atisbo de odio en ellos. En su lugar, ambos reflejaban y acompañaban perfectamente la suave sonrisa que él le estaba ofreciendo.
- Nada, nada haría que yo te odie, pequeña tonta -aseguró, hincado frente a la cama-. ¿Lo entiendes?
Ella suspiró y asintió.
- Bien. No quiero más esas ideas tontas en tu cabeza, Chica Oscura -dijo, golpeteando la sien de Raven con un dedo en lo que se reincorporaba-. Ahora deja de pensar esas cosas y duerme un poco; pronto amanecerá.
- De acuerdo... Descansa.
- Tú igual -se despidió Cyborg, apagando las luces y cerrando finalmente la puerta de la habitación.
XXXXX
La mañana llegó más pronto de lo que esperaba. El sol se filtró por la fina -e inútil- cortina y enseguida la encegueció, haciéndola gruñir vagamente. Bajó los pies al suelo con sus ojos cerrados. Suspiró.
Luego de aquella pesadilla y de resignarse a no poder dormir nuevamente, Raven decidió meditar e intentar calmar a sus emociones, particularmente a Tristeza, que parecía estar siendo carcomida por una culpa inentendible. Sólo murmuraba "lo siento, Cyborg" una y otra vez, aunque ni ella sabía por qué se disculpaba.
Luego de callarla, encadenarla a una roca y amordazarla con el calcetín que Pereza abandonó en la mitad del camino, Raven supuso que podría tener unas horas de paz mental, al menos hasta que la niña de capa gris lograra librarse de sus ataduras.
Para su desgracia, su concentración iba y venía, haciendo de la meditación algo esporádico. Sus emociones mezcladas con aquellas que emanó Cyborg la noche anterior estaban alterándola más de lo necesario, y las repercusiones de eso estaban en el cuarto.
Caminó por la habitación con sus ojos aún cerrados - no se atrevía a ver el resultado de horas de lucha por contener a sus emociones. Sin embargo, cuando su pie golpeó de lleno contra algo y Raven terminó encontrando el suelo con su cara, comprendió que sería difícil mantenerse en negación de los desastres que había hecho durante sus horas de meditación.
Abrió sólo un ojo, esperando que la destrucción fuese menor si la veía así. No tuvo suerte.
La cama se hallaba patas para arriba, las cortinas rasgadas y el pobre y falso Van Gogh había sido apuñalado por un libro que había quedado extrañamente incrustado en la pared, podando la mitad de los girasoles del cuadro. La biblioteca se mantenía en pie aunque ya sin libros; el televisor se salvó de milagro, y su bolso estaba ahora vacío, la ropa colgando de todos lados: el barral de la cortina, las esquinas de la biblioteca, las patas de la cama y la pequeña lámpara del techo. Incluso algo de ropa había viajado hasta el baño, aunque ese anexo parecía haberse salvado del huracán Raven.
Para culminar y darle un aspecto aún más lúgubre, como salido de una película de exorcismos, el papel tapiz de uno de los muros se había despegado, enroscándose hasta quedar como un enorme arrollado contra el zócalo del techo. Simplemente perfecto.
- Oh, por Azar -murmuró totalmente frustrada. Realmente no quería dejar el cuarto en ese estado; le habían ofrecido un lugar donde dormir y ella devolvía una especie de habitación de manicomnio. Era sinceramente vergonzoso.
El sonido de nudillos pesados contra la puerta la descolocó. Aún desde el suelo pudo oír a su compañero girando la perilla y abriéndose paso hacia lo que alguna vez fue el cuarto de huéspedes.
- Buenos días, Rae-woah.
Y "whoa" fue todo lo que pudo modular. Raven tragó duro, sintiéndose de pronto increíblemente pequeña junto a Cyborg. Tal vez porque lo veía desde el suelo, o tal vez porque se sentía como una niña tonta a la que atraparon destruyendo la casa. Tal vez un poco de ambas.
- ¿Mañana difícil? -inquirió el mayor, girando sobre su eje para ver los 360º de caos.
- Podría decirse -respondió sin ganas, finalmente poniéndose de pie.
- ¿Eso es... Cómo clavaste un libro en la pared? -percibió el auténtico asombro en la voz de su amigo, que intentaba sin éxito quitar el tomo del muro.
- Um, yo... Repararé todo -aseguró mientras se palmeaba las piernas, quitándose el polvillo de yeso que tenía ahora impregnado en la ropa.
- Te ayudaré. De todos modos, este viejo cuarto necesitaba una remodelación.
Raven alzó el rostro y vio al Titán, mordiéndose el labio inferior para tragarse la carcajada que amenazaba con salir de su boca. Sus ojos -o el humano, al menos- brillaban con gracia, mirando el enorme desastre en el cuarto. Pudo ver a Cyborg extender una mano hacia el techo, bajando las prendas que colgaban despreocupadas de la lámpara.
- Así que... Raven usa tanga... -comentó con una muy mal fingida inocencia, alzando sus cejas mientras observaba el montón de ropa entre sus manos.
Las prendas rápidamente estallaron, dejando una suerte de confeti de tela lloviendo por todo el lugar.
- ¡Oye, era broma! ¡Sólo tenía un par de jeans y calcetines! -exclamó alzando ambas manos en son de paz antes de finalmente carcajearse.
- Eres un idiota -Raven se cruzó de brazos.
- Lo sé -respondió mientras la risa moría-. Y... ¿Te importaría decirme qué ocurrió aquí?
Raven tragó duro y se giró a reacomodar la cama con sus poderes, sintiendo los ojos de su amigo perforarle la nuca. Él podía darse una idea de lo que había pasado, y de nada servía negarlo... Pero era difícil abrirse, de todas formas.
- Rae... -llamó en tono de advertencia.
- Yo... -fue todo lo que pudo decir.
- ¿Más pesadillas? -ella negó con la cabeza.
- Sólo...
Quería explicarle, pero ¿qué le diría? "Soñé que tú me acusabas de asesinar a alguien, de dañarte, que me odiabas y terminabas matándome, entonces mis emociones se salieron de control y provocaron todo esto". Sí, no, ése no era su estilo.
- Lo lamento -se limitó a disculparse; después de todo, era lo mínimo que podía hacer. Disculparse por el desorden, por despertarlo con su pesadilla, por no ser buena compañía, por tal vez lastimarlo. Ya ni sabía por qué se disculpaba. Era un "lo lamento" general, que abarcaba todas sus inquietudes.
- Hmp, supongo que te la hice difícil anoche... ¿Estás bien?
- Mmhm.
La hechicera hizo un movimiento horizontal con su brazo y barrió el lugar, organizando y limpiando todo. Como resultado, sólo quedaba la cortina rasgada y el cuadro apuñalado; lo demás estaba en su sitio - o en el cesto de basura.
- Okay, eso no fue tan difícil -dijo el mayor mirando el nuevamente habitable cuarto-. Bien, vístete. Iremos a desayunar y luego... -Cyborg tragó duro, acto que para Raven no pasó desapercibido.
- Oye -el mayor bajó su mirada hasta chocar con los ojos violetas-. Todo estará bien.
Él sonrió tristemente antes de negar con la cabeza.
- No -fue lo único que dijo antes de salir del cuarto, dejando a Raven totalmente confundida y con un dolor en el pecho difícil de definir. El rostro de Cyborg había reflejado tal resignación, que ella no pudo evitar sentirse sumamente preocupada.
Se acercaba. El momento de su caída, de esa caída que él había mencionado el día anterior, se estaba acercando. Debía estar lista, no podía abandonarlo ahora.
Se dio un baño y se vistió, colocándose los anillos nuevamente antes de salir del cuarto. Bajó las escaleras para toparse con un Cyborg cien por ciento humano sosteniendo una taza térmica en cada mano. Le extendió una verde a ella.
- Té de jazmín -aclaró brevemente-. Se está haciendo algo tarde; supuse que podríamos desayunar de camino.
¿"Algo tarde"? Apenas eran las 8:30 AM. Raven sin embargo no opuso resistencia, como en los últimos días. Apoyó la enorme taza en la mesa y se abrigó tanto como pudo, viendo el inicio de una nevada por la ventana. Activó sus anillos y volvió a coger su infusión, sintiendo el calor que el jarro metálico transmitía.
- ¿Y tu abuela? -preguntó cuando Cyborg caminaba hacia la puerta; se le hacía extraño que no estuviese cerca para despedirlos.
- Aún duerme. ¿Nos vamos?
- Um, sí, claro.
Ambos salieron de la casa y caminaron hasta el auto; Raven se encargó de desintegrar la escarcha formada en los cristales y ambos ingresaron, soltando pequeñas nubes de aire blanquesino gracias al frío.
Raven gruñó, sosteniendo la taza con ambas manos mientras la apoyaba sobre sus labios, aunque sin beber. Odiaba el frío extremo. Odiaba los climas extremos, en realidad, pero su lado demoníaco era enemigo natural del frío, de modo que no podía evitar sentirse especialmente irritable en esas condiciones.
- Lo lamento, la calefacción está averiada. Iba a repararla, pero... -intentó disculparse el Titán, con un tono algo tenso, totalmente distinto al que usó más temprano. Raven negó con la cabeza.
- No importa.
Cyborg puso ambas manos en el volante y simplemente asintió, su ceño profundamente fruncido. La hechicera no demoró en percibir su tensión, su nerviosismo. El vehículo arrancó y ella quiso preguntar adónde se dirigían, pero se reprimió. Iban a ver a su padre, a Silas Stone. Eso era todo lo que Cyborg le había dicho y, por consiguiente, todo lo que le correspondía saber.
Se sentía extraña e incómoda en esa posición, no obstante. Ella nunca era arrastrada de las narices sin explicación. Ella no permitía que le dijeran que hacer sin comprender en detalle lo que ocurría. Era totalmente nueva esta posición para ella, y aún se estaba acostumbrando a actuar en consecuencia.
La nevada era suave pero constante, nublando la visión del parabrisas cada tanto. Raven sólo se dedicó a mirar al frente, y de vez en cuando al espejo retrovisor, teniendo una imagen completa de la mitad superior del rostro de Cyborg. Frente, cejas, ojos y tabique nasal. Más que suficiente. Podía ver las arrugas en la frente y en el puente de su nariz, sus ojos clavados al exterior y brillando de forma acuosa. Sus cejas formando una pronunciaba "V", aunque de vez en cuando la derecha -aquella que era un mero holograma- parecía dar pequeños saltos, no siguiendo por completo los comandos del hombre metálico.
El reflejo de ese espejo le ayudara a percibir mejor las emociones de su amigo, controlarlo y monitorearlo. Estaba alterado, y hacía sólo un par de días estuvieron cerca de estrellarse por dejarlo conducir en ese estado. Mente perturbada, un automóvil y una carretera nevada eran muy mala combinación.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando Cyborg pisó el freno con ambos pies, la inercia haciendo de las suyas y arrojando la cabeza de Raven hacia el frente en un efecto látigo horriblemente doloroso. El ruido de la bocina la ensordeció, y pudo sentir a su amigo vociferando insultos a otro automóvil que cruzaba frente a ellos con luz verde. Claro que lo que más le molestó fue sentir el ardor de su piel cuando té y café hirviendo cayeron sobre ella, empapándola.
- Cyborg -llamó ella con la monotonía que la caracterizaba, evitando pensar en la ropa arruinada y la piel enrojecida de sus manos.
- ¡¿Qué?! -Cyborg volteó de pronto, mirándola con rabia. La mente de Raven se llenó de malos recuerdos, pero hizo su mejor esfuerzo por dejarlos de lado.
'No es odio, y no es hacia ti. No es odio, y no es hacia ti. Él no te odia.' El mantra parecía no surtir mucho efecto, pero era algo.
- Tal vez deberías dejarme conducir -opinó, señalando el volante con sus ojos. En respuesta las manos del mayor se afirmaron más a él.
- Ni hablar, Chica Oscura; y casi llegamos -dijo, chasqueando su lengua.
- Eso dijiste al ir por Cinderblock, y apenas llegaste vivo a la pelea -retrucó con una ceja alzada.
- Eso... eso fue diferente.
- Cyborg -él la observó con un poco más de suavidad esta vez-. Déjame encargarme.
Él soltó resignadamente el volante y desabrochó su cinturón, saliendo del vehículo. Raven se pasó de asiento y cerró la puerta, esperando que su compañero diera la vuelta y ocupara su lugar como copiloto.
Una vez ambos dentro la hechicera encendió el motor, sintiéndose algo incómoda. El viejo Mustang tenía una caja de cinco cambios y su volante no era hidráulico, a diferencia del auto-T; como resultado, era más duro y difícil de controlar. No obstante lo hizo bastante bien, considerando cuán resentida estaba la piel de sus manos y piernas. Luego las sanaría.
- ¿Hacia dónde?
- Gira a la derecha en la 7ma y continúa hasta Greenbush, luego a la izquierda.
- Bien -así hizo.
- Deberías ver un cartel de "Zona Privada". Allí gira de nuevo a la derecha -ella obedeció-. Ahora sigue por aquí hasta divisar un edificio blanco.
- ¿"Un edificio blanco"? Qué específico -soltó con ironía, paseando su mirada por las edificaciones que había de su lado del auto.
- No lo pasarás por alto -respondió con una mezcla de desdén y desinterés, y la ocultista lo vio fruncir el ceño nuevamente, mirando el tablero del auto en lugar del paisaje urbano.
Raven iba a refutar cuando algo captó su atención. Un enorme, imponente, inmaculado e innovador edificio se alzaba majestuosamente a la distancia. Pero por sobre todo, era blanco.
'Okay, supongo que ése es'.
Estacionó con algo de dificultad y vio el gran cartel de bienvenida en la acera.
S.T.A.R. Labs.
-Bienvenidos-
Su mente comenzó a trabajar. S.T.A.R. era el lugar donde los padres de Cyborg trabajaban, según él le había explicado la noche anterior. De modo que si fueron a buscar a Silas allí, implicaba que él seguía ejerciendo en esos laboratorios que tan malas experiencias dejaron para Victor. Ahora comprendía mejor la razón de su repentino cambio de humor: él realmente no quería estar ahí.
Vio a su amigo adelantarse y lo siguió, notando cómo él se colocaba una credencial en la solapa de su chaqueta. Automáticamente el guardia de seguridad asintió respetuosamente hacia él, pronunciando un formal "señor Stone". Para su desgracia, la reacción que tuvo con Raven fue otra. En un instante la tomó del hombro con innecesaria rudeza y la detuvo, escudriñándola con la mirada.
- ¿Quién es usted?
- Rachel Roth -respondió de la nada, no habiendo premeditado que le predirían identificación.
- Usted no puede pasar -Raven frunció el ceño.
- Yo vengo con él.
- Ese no es mi asunto, niña -dijo empujándola de vuelta fuera del complejo. Raven quiso avanzar y él pasó a tomarla por el brazo, reteniéndola nuevamente. Oh, de pronto sentía la inexorable necesidad de enviarlo a otra dimensión por siquiera haberse atrevido a tocarla.
- Ella viene conmigo -aclaro de pronto Cyborg, volviendo sobre sus pasos. Tomó la muñeca del guardia y la presionó con fuerza, obligándolo a soltarla-. No quiero volver a verte poniéndole un dedo encima -siseó venenosamente.
Él estaba usando su fuerza robótica; más de la necesaria, y mucha más de la recomendable si el sujeto pretendía conservar su mano. Raven lo tomó del antebrazo con suavidad y él volteó a verla, nuevamente sus ojos teñidos de ira. Ella tragó duro.
'No es odio, y no es contra ti. No es odio, y no es contra ti. Él no te odia.'
- Fue suficiente -susurró la hechicera con serenidad aparente.
Cyborg suspiró y soltó al hombre, dando media vuelta y empujando la puerta de cristal.
- Ponle hielo -aconsejó con monotonía Raven aunque no hizo nada por evitar la media sonrisa que le decoró el rostro, sintiendo una pizca de satisfacción al ver a aquel idiota balbuceando maldiciones.
Siguió a Cyborg en silencio por los enormes halls y los eternos corredores, escalera arriba y luego tomando un elevador, para volver a otro piso de corredores. Le recordó vagamente a la Torre: muros metálicos, suelos metálicos, techos metálicos, aspecto frío, cuartos conectados por interminables pasillos y luces fluorescentes; halls enormes aunque con pocos muebles, y ningún tipo de ornamento que diera algo de calidez. Sí, era definitivamente muy similar a la Torre.
En cierto punto, algo se encargó que provocarle un profundo escalofrío en la columna. Volteó, sintiendo una presencia desagradable a su alrededor. Nada. Continuó caminando, la distancia con el joven titán cada vez mayor; de pronto, otro escalofrío. El lugar seguía desierto, a excepción de algún que otro investigador que pasaba de una oficina a otra. Pero ni ellos ni Cyborg parecían inmutarse ante aquello que para Raven resultaba tan evidente.
Sacudió las sensaciones de su cuerpo, convenciéndose de que eran malas energías producto de las malas experiencias que Victor atravesó; sólo su empatía llevada al extremo.
El mal presentimiento no desapareció.
Finalmente llegaron a una puerta con el gafete de "CULTIVOS/SALA DE INVESTIGACIONES".
Entraron a un cuarto con algunas plateadas plagadas de microscopios, tubos de ensayo y demás elementos utilizados en microbiología o medicina. Al fondo había algunos refrigeradores, y a los lados estantes con más tubos y probetas, jeringas y extrañas soluciones de colores llamativos, todo perfectamente sellado y rotulado.
Fuera de eso, no había nada; o más bien, nadie.
Sus manos comenzaron a arder con más fuerza, el hilado de los guantes rozando y quemando la ya hiper-sensibilizada piel de sus dorsos. Los frotó repetidas veces contra el jean, esperando que el escozor cesara. Al contrario terminó por empeorar, contagiando la irritada piel de sus muslos.
'Genial'.
Sus ojos, sin embargo, siguieron cada instante del accionar de su compañero. Cyborg se movió hasta el fondo y abrió un refrigerador, mirando cuidadosamente antes de sacar algo de ahí y volver a cerrarlo. Caminó hasta una estantería y sacó jeringas, guantes y una aguja. Guardó todo en un bolsillo interno de su chaqueta y sin más salió de la habitación, todo bajo la atenta y sorprendida mirada de Raven.
¿Acaso él acababa de robar algo?
Sacudió su cabeza y aceleró el paso hasta quedar a la par de su compañero.
- ¿Qué fue eso?
- ¿Qué? -preguntó él friamente, sin mirarla.
- Eso -una de sus manos señaló el ya lejano cuarto-. ¿Acaso tú...?
Él siguió caminando hasta que un campo negro lo detuvo, y Raven pudo enfrentarlo con severidad.
- ¿Qué tomaste de ahí?
- Es para mi padre.
- ¿Lo robaste?
Los ojos de Cyborg dejaron de reflejar frialdad en ese momento, mostrándose auténticamente sorprendido.
- Rae, ¿en serio crees que...? -dijo con tristeza, mirándola a los ojos. Raven mantuvo el contacto visual, leyéndolo. Para su alivio, no había ni atisbo de mentira en sus vibraciones. Lo que sea que tomó de allí, lo hizo de forma honesta y bajo autorización.
Cerró los ojos y suspiró, moviéndose a un lado para cederle el paso.
- Lo lamento -murmuró mientras montaban el elevador-. Pero estás actuando extraño; sólo quería asegurarme.
- No es tu culpa. Sigo sin decirte muchas cosas, supongo -admitió Cyborg.
Se detuvieron en el sexto piso y Victor retomó la marcha, Raven tras él. Luego de doblar a la izquierda por un corredor, se toparon con una puerta doble color blanco y un cartel de letras plateadas.
-ALA MÉDICA-
'Súper'.
De nuevo, Raven comenzó a caminar dos pasos detrás de su amigo, siguiéndolo nuevamente escaleras arribas y por fríos corredores que apestaban a antiséptico. Había decenas de puertas enumeradas -una especie de clínica para los empleados, supuso-, y podía sentir tantas emociones saliendo de cada cuarto que su cerebro parecía querer estallar. Algunos pocos irradiaban alegría -probablemente personas ya recuperadas-; la mayoría, no obstante, emanaban incertidumbre y temor, nerviosismo y tristeza, pesimismo o resignación.
"Odio los hospitales". La voz de su líder, aquel en el que no había pensado durante los últimos días, hizo eco repentinamente en su cabeza, rememorando una charla que tuvieron luego de haber trasladado a algunos civiles a una clínica, meses atrás. "Odio los hospitales. Parece que pudieras absorber las malas energías. Escuchas los llantos de quienes perdieron a un ser querido desde la otra punta del edificio. El olor a desinfectantes, agua oxigenada y sangre te noquea, y la sensación de desesperanza... Es todo lo que un héroes siempre intenta evitar: las personas a la que no podemos salvar terminan ahí; las familias de quienes no pudimos salvar también terminan ahí, sufriendo. Es un mal recordatorio de mis errores... Definitivamente odio los hospitales".
Y sabía perfectamente a lo que se refería. Aunque ella no había conocido un hospital hasta bien entrado su primer año como Joven Titán, el simple hecho de sobrevolar uno de esos edificios hacía que sus emociones se alteraran. Y ahora (incluso cuando no era un hospital per se), recorriendo cada pasillo, sintiendo cada aura, recolectando cada sentimiento... Podía afirmar que ella también los odiaba.
Nota mental: hospitales y émpatas no combinan.
El escalofrío volvió, más fuerte. Pudo sentir un leve mareo y un oleaje de calor abordándola. Apoyó su costado contra una pared y se dedicó a quitarse el abrigo lentamente.
- ¿Rae? -llamó el mayor, volteando a verla-. ¿Todo en orden?
- Sí, sólo... Necesito un minuto.
Con dificultad se quitó los guantes, sintiendo la lana adherida a la piel quemada. Ouch. Esperaba que ya hubiesen sanado para ese punto, pero su mente no estaba en lo más mínimo calmada o centrada, de modo que tenía sentido la demora.
Raven giró el rostro, mirando el camino que ambos hicieron momentos atrás. Algo o alguien acababa de suspirar en su nuca. Había sido una corriente de aire pequeña y helada que se encargó de erizarle todo el cabello.
Había algo extraño allí, no cabía la menor duda. Sin embargo, sus ojos no percibieron nada, y sus poderes no captaron presencias extrañas.
- ¿Está todo bien?
- Sí -dijo frunciendo el ceño antes de volver a avanzar-. Es sólo... malas energías. Hay algo aquí que me incomoda -chocó miradas con el joven Titán, notando que él parecía no comprender de qué hablaba-. No importa. Sigamos.
Caminaron hasta llegar a una puerta con los números "347" al frente. Cyborg tomó la perilla y suspiró.
- Escucha, Rae, necesito decirte algunas cosas antes de que entremos -ella asintió-. Yo, él... Necesito tu ayuda.
- ¿Con qué?
- No me gusta pedirte esto, pero sé que tus poderes podrían ayudarme, pero me siento como un idiota aprovechándome de ti y-
- Lo haré -Cyborg detuvo su monólogo y la vio a los ojos.
- Pero... ni siquiera sabes lo que necesito.
- Haré lo que pueda -reafirmó con convicción. Pudo ver a Victor inhalando una cantidad sobrehumana de aire, tragándose también algunas lágrimas.
El mayor asintió y pasó a abrir finalmente la puerta. Ambos titanes entraron en la blanca y pulcra habitación y Raven tuvo que reprimir una reacción de sorpresa al ver el lugar.
Un hombre afroamericano de gran porte se hallaba recostado en la cama, su cuerpo parcialmente cubierto con una sábana. De él salían y entraban infinidad de cables y tubos; sonda para el suero, mascarilla para un respirador, monitores cardíacos y cerebrales, y otros más que Raven no sabía identificar.
Ella se aproximó a paso lento, quedando del lado derecho de la cama. Vio a Cyborg moverse hasta quedar del lado contrario. Sus ojos falsamente azules viajaron de pies a cabeza del hombre, deteniéndose en su rostro. Había algo, algo en él que le era familiar - más allá de su increíble parecido con Victor.
- Lo conozco... -susurró, frunciendo el ceño para activar sus memorias.
- ¿Lo recuerdas? -preguntó Cyborg de pronto, haciendo que ella alzara la vista-. Él fue quien nos ayudó a construir la Torre.
Y entonces el "clic" en su cerebro fue automático. Recordó a aquel hombre de bata blanca y gafas que apareció frente al recién formado equipo, enseñando sus planos e ideas para la futura sede de los Jóvenes Titanes. Robin en algún punto preguntó cómo habían conseguido que Silas Stone accediera a abandonar su agenda para ayudarlos, pero nadie respondió.
Recordó también ciertos tics que vio en el mayor y que le eran familiares. Cómo rascaba su calva cuando algo lo dejaba sin palabras, o la forma en que tomaba su quijada al verse pensativo. Claro que jamás las relacionó con Cyborg. ¿Por qué lo habría hecho? Si su reciente compañero nunca había dicho que tuviese padre.
- ¿Por qué no nos dijiste quién era él? -interrogó la hechicera.
- Apenas llevaba un año de la muerte de mamá, y las cosas con él todavía no estaban del todo bien. Cuando vio en las noticias cómo le pateamos el trasero a esos aliens se comunicó y me pidió que le permitiera ayudarnos a armar la Torre, usando varias ideas implementadas en S.T.A.R. -Raven comprendió de pronto por qué el edificio se le hacía tan conocido-, y yo accedí, porque sabía que necesitábamos la ayuda; pero yo no quise presentarme como Victor. Victor ya no existe, Rae.
Raven asintió, no queriendo profundizar más en el tema. Notó que el aire se estaba poniendo pesado gracias a las melancólicas vibraciones de su amigo. Optó por devolver su mirada al hombre aparentemente dormido, alzando una mano para tomar la ficha médica de la pared.
- Rayos, Raven, ¿qué tienes en la mano?
- No es nada -dijo sin prestar atención, leyendo la primera línea del diagnóstico. Una infección no identificada.
Raven comprendió lo que Cyborg quería, y mentalmente agradeció haber optado por meditar la noche anterior. Él quería recuperar a su padre, sanarlo. Debería poner mucho poder para lograrlo, pero daría su mejor esfuerzo.
La carpeta fue robada de sus manos y alzó la vista para ver a su compañero señalándole un pequeño sofá, botiquín en mano. Ella suspiró y tomó asiento, esperando que él se hincara a sus pies.
- "No es nada", ¡son quemaduras de segundo grado! Rayos, Raven, deberías tener más cuidado -gritó en voz baja Cyborg, buscando algún ungüento que ayudara a calmar el dolor.
Rudeza quiso tomar el control y decirle que había sido su culpa por conducir como un loco de remate, pero Raven la detuvo. Lo último que él necesitaba era sentirse culpable. Decidió seguir con su lectura mientras era atendida, buscando quitar su mente del molesto dolor. Hizo levitar la carpeta frente a sus ojos y siguió leyendo las bitácoras de cada médico que visitó a Silas desde que fue internado, dos meses atrás.
* El paciente presenta un cuadro infeccioso de origen desconocido. Se sospecha de un agente virósico, aunque los cultivos no fueron concluyentes. Se le aplican antibióticos para descartar bacterias, sin presentar mejora. Sus lapsos de conciencia son escasos, presentando demencia esporádica.
* El paciente continúa bajo tratamiento. Fueron descartadas bacterias y virus, se avanza sobre hongos. Los antimicóticos, no obstante, no surten efecto. Surgen nuevos síntomas: fiebre convulsa y ceguera parcial del ojo derecho. El equipo decide sedarlo para evitar el estrés físico de las convulsiones.
* El paciente continúa bajo tratamiento. Fueron descartados virus, bacterias y hongos, se trabaja sobre parásitos. Estudios no concluyentes. Hace dos días presentó un paro cardio-respiratorio, aunque fue resucitado sin mayores problemas antes que la falta de oxígeno dañara su cerebro. Se le quitó la anestesia, pero presenta complicaciones en la coordinación de movimientos. Su ojo derecho ya no reacciona a estímulos externos.
* El paciente continúa bajo tratamiento. Parásitos, descartados. Estudios no concluyentes. Fiebre constante, expectoraciones con sangre, delirios ocasionales. Ceguera total. Su oído izquierdo presenta fallas. Dos paros cardio-respiratorios durante la última semana; cerebro comprometido.
* El paciente fue inducido a un estado de coma. Su epidermis presenta quemaduras e irritación de origen desconocido. El conectado a soporte vital. Los tratamientos no dan resultados. Porcentaje de supervivencia estimado: 25%.
* El paciente continúa con soporte vital. Los exámenes siguen sin dar respuestas. Cerebro, corazón, pulmones y riñones, comprometidos. Falta de tono muscular. Rápido desmejoramiento físico. Porcentaje de supervivencia estimado: 10%.
* El paciente continúa con soporte vital. Se le realizan diálisis periódicas para compensar su función renal; sus riñones dejaron de funcionar. Su pulmón derecho está severamente comprometido. Tres paros cardio-respiratorios en la última semana. Porcentaje de supervivencia estimado: 2%.
La carpeta cayó al suelo sin cuidado y Raven tragó duro. No había forma, no existía manera en que pudiese salvarlo. Sus poderes tenían límites, servían para sanar heridas profundas, gripes o dolores fuertes. Pero eran inútiles ante una falla tan masiva. No había forma de elevar ese 2%.
Notó sus manos envueltas en vendaje siendo sostenidas por las dos más grandes de su amigo, y volvió a tragar duro. ¿Cómo se lo diría? ¿Cómo le explicaría a Cyborg que su última esperanza para salvar a su padre era inútil, que seguir ilusionándose era en vano?
Se soltó del agarre y posó sus manos sobre su falda mirándolas con detenimiento, como si ellas pudieran darle una solución para su actual dilema.
- Cyborg... -susurró, sin levantar los ojos-. Lo siento. Mis poderes tienes límites, tú lo sabes. No puedo salvarlo. Aunque lo intente, no puedo hacerlo.
Puco escuchar al hombre de metal suspirando antes de incorporarse sobre sus pies.
- Lo sé -dijo con calma, para su sorpresa-. No es eso lo que necesito de ti.
Raven frunció el ceño, no comprendiendo. Si sabía que ella no podría curarlo, si de hecho él no esperaba que ella lo salvara, ¿entonces qué quería de ella? ¿Qué podía hacer ella para quitarle el dolor a Silas y aliviar la pena de Victor? Si la muerte era inevitable, si lo único piadoso en ese momento para aquel hombre era cortarle su lazo con la vida, ¿entonces qué...?
Y entonces, la respuesta fue clara. Cyborg quería que ella salvara a su padre, pero no esperaba que le devolviera la vida. Él quería que...
Raven alzó el rostro, sus ojos desmesuradamente abiertos.
'No...'
