Hola a todos!
Lamento la demora; de vez en cuando mi vida personal exige que le preste algo de atención.
Este capítulo es un poco más corto (algo de 4300 palabras), pero bueno, espero que les guste!
Prometí que no iba a abandonar este fic y no planeo hacerlo. Tal vez me tome 5 días o tal vez 10 actualizar, pero lo voy a hacer.
Espero sus comentarios!
Rae.-
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-Capítulo 6-
Su boca se abrió y cerró un par de veces sin saber exactamente qué decir. Era simplemente imposible que él le estuviera pidiendo lo que ella creía, pero gracias a los hechos de los últimos días -y más aún de las últimas horas-, tenía motivos para sospechar.
Cyborg sólo la miraba expectante, su vista fría pero cargada de convicción y emociones. Raven supuso que él había estado meditando esta decisión por mucho tiempo, de otro modo jamás habría podido pedirlo con tanta seguridad. También supuso que, si estaba tan seguro y no había marcha atrás, ella debía apoyarlo.
Pero no estaba pidiendo una nimiedad, no era algo que a lo que ella pudiese simplemente acceder. Había pasado su vida entera negándose a caer en costumbres demoníacas, y hacer algo como eso para ella era sucumbir a su lado más odiado; incluso si era por una causa noble, incluso si era totalmente justificado e incluso pedido por su mejor amigo. Incluso si era un acto de piedad hacia un hombre que sufría.
Su moral y más aún su orgullo simplemente le gritaban que no lo hiciera, aunque eso significara defraudar a Victor.
- Cyborg -llamó en un tono de voz calmado que no delataba todo su debate interno-, ¿qué es lo que quieres que haga? -preguntó con cuidado y pausadamente, dejando en claro que era una pregunta per se y no una forma de acceder a lo que fuese que él planeara.
- Rae, yo... -suspiró y bajó el rostro, haciendo que Raven se sintiera aún más perturbada-. Tú lo leíste, él... él no la está pasando bien. Él está sufriendo, Rae, y no puedo permitirlo; aunque hayamos peleado, aunque lo odié en algún momento... No quiero seguir extendiendo su dolor, si el final es inevitable.
Las manos morenas se apoyaron en sus rodillas y ella ahogó un siseo al sentir cómo apretaba su piel quemada. Cyborg bajó aún más el rostro y su espalda comenzó a temblar. Él estaba llorando, estaba sufriendo, y ella en serio quería ayudarlo, pero... pero no así.
- Cyborg, yo dije que te ayudaría, pero si me estás pidiendo lo que creo, entenderás que existe un límite.
- ¿H-huh? -susurró mientras sorbía por la nariz.
- Mis poderes son capaces de lograr lo que quieres, pero soy un demonio. Si lo hago, sufrirá, y su alma irá al Infierno -bajó la vista hasta el suelo a su izquierda; no se atrevía a mirarlo mientras le explicaba lo que ocurriría con su padre si ella se encargaba de acabar con su vida-. Los demonios no son seres piadosos, y aunque yo sea un titán, aunque finja ser... -suspiró y frunció el ceño-. No debes olvidar lo que soy. Sería despertar el lado de mí que reprimo desde que tengo memoria, y no querrás ver a mi mitad demoníaca disfrutando de todo esto.
Cyborg alzó levemente el rostro y Raven sintió ambos ojos clavados en ella. ¿La odiaba por negarse? ¿La odiaba por no querer ayudarlo? ¿Finalmente su sueño era una visión, una simple advertencia de que perdería a su mejor amigo? Cerró sus párpados suavemente esperando un grito, un gruñido, un insulto. Que la llamara traidora, egoísta o desconsiderada.
Jamás habría esperado un abrazo.
Sus ojos volvieron a abrirse como platos al sentir todo su cuerpo aprisionado en los enormes brazos de su compañero. Una mano acariciaba su cabello y la otra sólo estrujaba con fuerza las telas en su espalda. La respiración del hombre metálico chocaba contra su cuello de forma cálida. Toda la tensión de sus músculos se desvaneció lentamente al sentir aquella aura. En cambio, la abordó el alivio.
'Él no te odia', repitió.
Y aunque en esos tres días había recibido más abrazos que en el último mes -o año-, no podía negar que se sentía acogida y apreciada. Debía a agradecer a Azar que el control de sus poderes hubiese mejorado tanto, de lo contrario New York se habría transformado en el nuevo Gran Cañón.
- Rae, yo no te pediría que hagas eso -aclaró susurrando en su oído, antes de tomarla por sus hombros y separarla para verla a los ojos-. No pondría semejante responsabilidad en tus hombros. Yo...
Bajó la vista y se puso de pie. Raven lo vio hurgar en uno de sus bolsillos hasta sacar el pequeño frasco y la jeringa que hacía minutos había tomado del laboratorio.
- Yo lo haré -aseguró con voz temblequeante, mirando los objetos en su mano.
- ¿Qué es eso?
- Belladona. No, en realidad es un extracto, un concentrado de belladona.
- Bella... dona... -susurró Raven frunciendo levemente el ceño.
- Tú sabes lo que es.
Ella alzó sus amatistas con sorpresa. Aunque la voz de Cyborg no había sido ruda, su afirmación había sonado casi... acusatoria. Abrió su boca para retrucar pero el mayor la interrumpió.
- Tienes algunos frascos en tu cuarto, flores disecadas. Para hacer té, supongo -los ojos de Raven se ampliaron.
No podía negarlo. Aunque la amenaza de Trigon ya no existía -o de momento, al menos-, y su profecía había sido vencida, su naturaleza pesimista la obligaba a ser cauta: la infusión de belladona era una forma rápida e indolora de morir; una de las pocas plantas terrestres que crecían en Azarath, y que los monjes habían adoptado para casos de eutanasia. Azar le había enseñado cómo utilizarla bajo la premisa de que, si en algún momento ella se sentía sucumbir a sus instintos demoníacos, si en algún punto de su vida no había otra solución o salvación, acabaría con su existencia de un modo digno e indoloro.
Raven siempre supo que la belladona no la salvaría de la profecía: Trigon cuidaba a su gema. Tomó aquel té una vez y simplemente no hizo efecto, todo proceso químico eliminado por sus poderes curativos y potenciados por los múltiples maleficios que su padre había lanzado para evitar que su portal se suicidara. Tampoco había pensado en utilizarla luego de vencerlo. Sólo era... una mera precaución. Y ciertamente se había olvidado de que aquel frasco seguía perdido entre sus cosas, hasta ese preciso instante en que su compañero lo mencionó.
Creyó que Cyborg la interrogaría al respecto, y estaba lista para darle la explicación más breve, concisa y clara posible, pero él simplemente cambió el tema volviendo su vista al pequeño frasco con líquido rosáceo.
- Es un concentrado bastante efectivo: el té tarda algunos minutos en hacer efecto, pero esto actúa en treinta segundos, y es imperceptible en cualquier análisis.
Victor se quedó viendo el frasco en su mano totalmente ajeno a la realidad. Raven caminó hacia la cama y vio el rostro desmejorado de Silas por unos instantes antes de voltear.
- ¿Qué necesitas que haga? -preguntó, sacando a su amigo del trance.
- Yo... yo sólo quiero saber si él sigue... ahí -asintió hacia el cuerpo de su padre-, y si está de acuerdo con esto. Um, no sé cómo funcionan tus poderes, no logro entenderlos del todo, pero ¿hay alguna forma... existe modo de que puedas... hablar con él o algo?
Raven cerró sus ojos delicadamente y volvió su cabeza hacia el hombre, llevando una de sus manos vendadas hacia el pecho tapado de cables. Frenó a un centímetro de la piel y comenzó a recitar su mantra. Alzó sus párpados para mostrar un par de ojos blancos brillando. "Azarath Metrion Zinthos" apenas se oía, como una respiración. Su mano comenzó a brillar del mismo modo por unos segundos y luego simplemente se detuvo, ante la expectante mirada de Cyborg. Los párpados cayeron.
- Él sigue ahí -afirmó la hechicera mientras abría sus ojos-, y ciertamente podría intentar comunicarme con él.
- Hazlo -pidió con algo de ímpetu, antes de bajar el tono-. Por favor.
- De acuerdo.
La hechicera se puso en pose de loto, levitando a un lado de Silas. Su mano izquierda viajó hasta la calva del hombre, apoyando su pequeño pulgar en el Ajna chakra mientras los cuatro dedos restantes se extendían como patas de araña por toda la frente. Su palma derecha cayó en el pecho cableado, sintiendo el agotado corazón latir. Cerró sus ojos y tomó dos profundas respiraciones.
- Azarath Metrion ¡ZINTHOS!
Abrió sus ojos y se encontró rodeada de blanco. No había horizontes, suelos, cielos, límites; sólo blanco.
- Y yo que creí que odiaba el beige... -murmuró con desagrado sintiendo sus ojos arder por tanto brillo.
Comenzó a caminar con sus ojos entrecerrados, intentando enfocar la vista aunque no tenía sentido que lo hiciera: no había nada allí.
Intentó volar, pero sin éxito. Siguió caminado hasta que, de la nada, una figura pequeña se vio erguida en la distancia. Aceleró su paso y aquella figura se volvió grande y nítida: un sujeto de espaldas, con una calva de brillaba reflejando el blanco del ambiente, y una bata igualmente blanca e inmaculada.
El hombre sólo permanecía allí de pie mirando el suelo bajo sus pies. Murmuraba algunas cosas que Raven pudo identificar como cálculos cuánticos y demás ecuaciones que iban más allá de sus conocimientos. Supuso que, luego de dos meses en ese lugar, ese murmullo constante era lo único que salvaba al alma de Silas de caer en la locura del silencio y vacío constantes. Algo así como lo que hacía el mantra por ella.
Alzó su mano hasta sobre su cabeza -aquel hombre era realmente alto- y tocó su hombro con un dedo, pretendiendo llamar la atención del mayor sin sobresaltarlo.
- ¿Huh?
El señor entrado en sus cincuentas volteó sobre el hombro tocado, mostrando sincero asombro al encontrarse con algo más que blanco a sus espaldas.
- ¿Silas Stone? -preguntó Raven. No porque no supiera quién era, sino porque quería saber si él seguía recordando su propio nombre.
- Uh, sí, soy yo. ¿Y usted es...?
- Una amiga de su hijo, Victor.
- ¡Oh, Vicky! Sí... ¡Oh, sí! Te recuerdo. Tú eres una de los Jóvenes Titanes, ¿verdad? -indagó volteando por completo y señalándola con un dedo.
- Sí. ¿Usted sabe dónde está?
El hombre suspiró rascando su calva. Pudo ver a Cyborg por un instante en aquel reflejo.
- Um, creo que no me había detenido a pensarlo, pero... Imagino que no es nada bueno, ¿cierto? -Raven asintió-. ¿Puedes explicarme qué ocurrió?
Raven se tomó un momento para meditarlo. Realmente no sabía si ella era la mejor persona para explicarle a aquel hombre que estaba por morir, su falta de tacto y delicadeza al hablar hacía que ciertas noticias sonaran algo... rudas viniendo de sus labios.
- Por favor -interrumpió el anciano-. Tu silencio sólo me confirma que lo que sucede es malo. Sé lidiar con malas noticias.
Otros segundos de silencio antes que la hechicera suspirara con resignación. Señaló el "suelo" con su mano, invitando al hombre a tomar asiento.
- Deberíamos sentarnos.
Ambos se ubicaron allí y Raven se dedicó a explicarle su condición detalle por detalle. Cada síntoma, cada tratamiento, cada observación plasmada en aquella carpeta y que su memoria se había encargado de grabar a fuego ahora escapaba de sus labios. Rogó por un momento tener el don de los eufemismos, poder suavizar la realidad u omitir algún que otro detalle escabroso; al menos poder usar sinónimos más sutiles para las palabras más crueles, poder manipular aquella cruda honestidad que la caracterizaba. Sin embargo, eso no pasó. Le contó sobre sus paros cardíacos, sus delirios, su ceguera, la sangre en su orina y vómito, las erupciones, los órganos comprometidos, aquel maldito dos porciento de probabilidad de supervivencia, como si simplemente leyera el informe en voz alta. Para su suerte, tal y como lo había afirmado, Stone parecía estar tolerando el mal diagnóstico bastante bien.
Para cuando terminó Silas volvió a rascar su brillante cráneo.
- Vaya...
- No luce sorprendido -observó Raven con una ceja alzada-. Acabo de hablar de una falla masiva de órganos, de un estado comatoso irreversible, de síntomas y tratamientos que espantarían a cualquiera. Y usted dice "vaya".
Silas suspiró, esta vez tomándose la quijada. Raven sacudió la cabeza levemente cuando la imagen de Cyborg volvió a presentarse. ¿Cómo estaría él allí afuera?
- No lo estoy. Es decir, sí, obviamente es mucho y es increíble que mi cuerpo lo haya resistido hasta este punto, pero considerando mi campo de trabajo, cualquier bacteria o químico experimental podría producir estos efectos.
Silencio. Él miraba el suelo entre ambos, ella tenía sus ojos clavados en él.
- Vic-Cyborg me envió -comentó finalmente la ocultista, notando el pequeño salto en la respiración del mayor (aunque allí no hacía falta respirar realmente).
- ¿Por qué te envió?
- Él quiere asistirlo -se limitó a decir.
- ¿Asistirme...?
- Dijo que usted preferiría una muerte digna, y que quería ahorrarle el dolor.
- ¿Él dijo eso? -ella asintió-. Hmp... Considerando cómo terminó nuestra relación, no me habría sorprendido que me dejara en esa cama convaleciente.
- Usted no conoce a Cyborg en lo absoluto si en serio creyó eso -acusó con voz tranquila, pero frunciendo el ceño de forma acusatoria.
Silas alzó ambas manos en son de paz, negando levemente con la cabeza.
- Oh, no. Sé que él tiene un gran corazón, y la moral para no hacerlo... -bajó las manos y la mirada-. Pero tal vez eso es lo que habría merecido... C-como sea, sigo sin comprender. Si él quería asistirme, ¿qué haces tú aquí, pequeña? ¿Por qué no simplemente lo hizo?
- En primera, no me llame 'pequeña' -advirtió mirándolo de reojo-. Él me envió por dos razones. Por un lado, quería asegurarse de que usted estuviera de acuerdo. Por otro...
Algo no se sentía bien. Cyborg quería disculparse con su padre, pero ¿por qué? Ese hombre le había arruinado la vida, el futuro, sus sueños, su niñez. El simple hecho de pedirle disculpas en nombre de su amigo le hacía quemar la lengua casi tanto como cuando mencionaba en nombre de Dios.
Decidió, no obstante, que si Cyborg se lo había pedido, lo mínimo que podía hacer era cumplir con su favor.
- Él quería disculparse con usted -dijo con una voz carente de emociones.
- Ya veo... -él anciano aclaró su garganta sin saber bien qué responder. ¿Acaso era todo lo que aquel sujeto sabía decir?
- Aunque no tiene motivos para hacerlo -agregó de pronto y antes de siquiera pensarlo.
- ¿Disculpa?
- Usted se encargó de arruinarle la vida de todas las formas posibles. Le robó su niñez, su inocencia, su futuro y su cuerpo -se puso de pie y le lanzó una mirada acusatoria-. Sin su estúpida ambición por experimentar con portales, él ahora estaría en la Universidad. Ustedes los humanos aspiran a más de lo que son capaces de controlar.
Su enojo la había sobrepasado. Se sentía tan identificada con su compañero que no pudo evitar tomárselo personal. Ella solía evitar meterse en asuntos ajenos, emitir opiniones, prefería mantener un lugar neutral de observadora; pero le fue simplemente imposible no ponerse pasional. El hombre se puso de pie con el ceño fruncido, notablemente afectado por aquellas palabras.
- No permitiré que tú vengas a-
- ¡Silencio! ¡Tú, pequeño y mediocre humano, no puedes ordenarme! -su voz se había bajado un par de octavas; en el mundo físico, probablemente todo el laboratorio habría colapsado ante esa reacción. Inhaló profundo y controló sus gritos, volviendo a una voz monótona aunque cargada de veneno-. Usted debería estar de rodillas, rogando por el perdón de su hijo. Humanos patéticos, creyendo que pueden llevarse al mundo por delante sin pagar las consecuencias. Abrir un portal es más de lo que una especie tan débil como la suya puede manejar. Pero usted quiso jugar a ser Dios -chasqueó su lengua ante la mención de la deidad, sintiendo el ardor-, y Victor lidió con las consecuencias de su estúpida ambición, mientras usted salió ileso. En lo que a mí concierne, usted debió acabar en ese cuerpo de metal.
- Pe... pero él ahora es un héroe, ¡más que cualquier humano! ¿Quién no querría algo así?
- De haber podido decidir, yo JAMÁS habría adquirido mis poderes. No puede justificar su accionar con tan idiota argumento. Cyborg dijo que usted no fue mal padre, pero ahora puedo ver que le tuvo demasiada piedad. Y créame, yo sé de malos padres.
Silas tragó duro, abrió y cerró su boca varias veces pero las palabras jamás salieron. Ante el silencio, Raven decidió continuar.
- Él es un Titán porque usted no le dejó otra alternativa. Del mismo modo en que yo lo soy porque mi padre no me dio opción. Cyborg jamás pudo decidir realmente. De haberlo hecho, ahora estaría viviendo su vida como Victor Stone, no conectándose cada noche a una celda de energía y arriesgando su pellejo para salvar a míseras ratas egoístas como usted -se mantuvo callada esperando una respuesta que jamás llegó, de modo que volteó y dio por terminado el encuentro-. Ya cumplí con la tarea encomendada. Entregué el mensaje y recibí su aprobación. No tengo nada que hacer aquí.
Comenzó a caminar el camino por donde anduvo tiempo atrás -o eso creía, considerando que todo se veía exactamente igual-, pero sólo bastaron cuatro pasos para que una mano la tomara por el hombro, deteniéndola. Ella se soltó de un movimiento brusco y volteó sobre su hombro, esperando.
- Yo... tú... tienes razón, en todo.
- Lo sé -dijo con obviedad.
- ¿Puedo... sería mucho pedir si... le dices que lo lamento? Que en serio, en serio lo lamento. Y... que siempre estuve orgulloso de él.
Raven giró sobre sus talones para enfrentar al hombre que parecía querer romper en llanto. Diablos, era tan similar a Cyborg: sus ojos grises, su aparente dureza, sus gestos, su voz, su terquedad, su fragilidad.
Ella asintió.
- Le agradará oírlo.
- Tú eres la híbrida, ¿cierto?
- ... Positivo -ahogó un gruñido ante aquella denominación.
- Yo no recibí noticias de Vic estos años, pero mi madre sí me contó de ti. Tú y mi hijo son muy unidos.
- Podría decirse.
- Necesito pedirte otro favor, aunque sé que en este momento la imagen que tienes de mí no es la mejor...
- Qué observador.
- ... y no tengo derecho a pedirte nada...
- Cierto.
- ... PERO... -alzó su voz en la última palabra, pidiendo de forma tácita que le permitiera hablar-. Quiero pedirte que cuides a mi hijo.
Raven lo observó con extrañeza, frunciendo el entrecejo. ¿Qué cree que ella y los otros hicieron durante todo ese tiempo? Era una estupidez pedir algo así.
- Jamás lo había pensado -soltó con cansancio.
Amagó a retirarse nuevamente y, nuevamente, una mano la detuvo tomándola por su muñeca. Ella miró iracunda el agarre y alzó la vista hacia el hombre, reemplazando su molestia con inquietud. Él se veía realmente perturbado, preocupado. Se soltó con mas delicadeza que la vez anterior e hizo un pequeño movimiento de cabeza, incitándolo a explicarse.
Él tragó duro y pasó una mano por su rostro antes de comenzar.
- Yo nunca estuve ahí para él y me arrepiento por eso, cada minuto de mi vida. Quiero... quiero hacer algo bien, al menos una cosa bien como padre, y siento que lo mejor que puedo hacer ahora es rogarte que lo cuides del modo en que yo no fui capaz. No tengo derecho a pedírtelo, a ponerte este peso a ti, pero sé que él confía en ti más que en nadie: no estarías aquí si no fuese así. Además... sé que tú lo entiendes; como tú misma dijiste, sabes lo que es tener un mal padre, y tener una vida que no pediste.
Raven alzó una ceja y mantuvo el silencio largos segundos, dejando al hombre con la ansiedad de saber si ella realmente tomaría en cuenta su pedido. Finalmente, la ceja bajó y la hechicera asintió.
- Lo haré.
- ¿Es... es en serio? -ni en un millón de años habría esperado una respuesta positiva.
- En mi hogar natal tenemos por costumbre honrar los deseos de quienes mueren, de modo que negarme no es una opción.
Finalmente una lágrima bajó por la morena piel del mayor hasta dar con la comisura de su labio, que se elevaba para formar una sonrisa de gratitud. Raven volvió a asentir, captando el mensaje.
- ¿Por qué intentó abrir un portar interdimensional? -preguntó repentinamente, superada por la necesidad de una justificación para semejante acto de estupidez.
- ¿Intentar? Oh no, yo logré abrirlo -corrigió.
- Bien. ¿Por qué?
- Como bien dijiste, los humanos somos ambiciosos; pero más que eso, somos curiosos: la misma curiosidad que te empujó a preguntar lo que estuviste guardando todo este tiempo.
- Mi curiosidad no pone en riesgo al Universo -retrucó secamente.
- De acuerdo, te lo concedo. Si tuviera que darte un argumento... no podría. No tengo ninguno. De haber sabido cómo acabaría todo... Elinore y Vicky, ellos no merecían lo que les sucedió, y si lo hubiese anticipado, jamás lo habría intentado -chasqueó su lengua y alzó la mirada al cielo-. ¿Puedo preguntarte algo?
- Ya lo hizo... Pero, de acuerdo.
- ¿Qué se siente... poder abrir portales, conocer sitios que para nosotros son imposibles de imaginar? ¿Qué tanto de lo que los humanos hemos teorizado es real?
Raven alzó una ceja y meditó su respuesta unos momentos.
- La teoría del Multiverso es relativamente correcta: existen infinidad de universos, algunos cercanos y similares, otros lejanos e incomparables al nuestro. Abrir un portal no es sencillo, y tiene sus riesgos, como usted bien comprobó -escupió lo último.
- ¿Por qué es relativamente correcta? ¿Cuál es el error? -el hombre pareció evitar pensar en aquel comentario; después de todo, no era menos que la verdad.
- No tomaron en cuenta a seres como mi padre o yo: los humanos suponen que existe una versión de cada uno de ustedes en cada dimensión, y es cierto, pero también existen seres sin réplica. Mi padre es un ser interdimensional, único presente en cada dimensión. Yo, como híbrida, soy parcialmente única: las probabilidades de que exista otra Raven con mis poderes es ínfima, dependiendo de si mi padre buscó a mi madre en algún otro Universo.
- Entiendo...
- Tampoco hablan de los espacios inter-dimensionales; lugares como Azarath, u otras dimensiones únicas como Krîijnat o Dängurus. Son pocas, pero existen. Las leyes básicas de astronomía y física no las influyen.
- Todo esto es tan fascinante... -admitió con la sonrisa de un niño en una dulcería-. De haberte conocido en ese momento, tal vez nada de esto habría ocurrido.
- De haberme conocido en ese momento, esta dimensión ya no existiría. Las cosas ocurren por una razón, o al menos esa es la creencia humana: el Destino.
- Yo prefiero las cosas con explicación científica; el Destino me parece algo inverosímil.
- Y sin embargo hoy está hablando con la nieta de Lucifer, un ser híbrido que casualmente conoció a su hijo, que casualmente fue transformado en un cyborg, porque casualmente fue a visitarlo un día determinado, en un horario determinado -inquirió con sarcasmo.
- Sí, veo la ironía -reflexionó negando con la cabeza-. Ese 17 de julio marcó el destino de todos...
- ¿17 de...? -esa fecha le sonaba tan familiar.
- Gracias -la voz del hombre la interrumpió como un susurro apenas audible.
Silas desapareció en un abrir y cerrar de ojos, su alma al fin en paz y saciada de curiosidad. Raven vio en todas direcciones y, una vez segura de hallarse sola en aquel paisaje blanco, cerró sus ojos y se concentró en reconectar con su cuerpo físico.
Cuando sus párpados se alzaron vio un muro blanco, pero no tan blanco como aquel sitio que dañó sus córneas. El constante "beep" del lector cardíaco a su espalda le indicó que había vuelto a la habitación. Bajó sus pies al suelo y un horrible escalofrío volvió a invadirla, tensando su cuerpo.
- ¿Rae?
Raven sacudió su cabeza levemente para salir del trance de aquel sentimiento y su mirada se topó con Cyborg, sentado en el pequeño sofá que ella había ocupado quién sabía cuánto tiempo atrás.
- Hola -dijo acercándose hasta el asiento.
- ¿Qué te... dijo?
- Dice que lo siente. Que lamenta haberte quitado tu vida como Victor, y que siempre estuvo orgulloso de ti.
Los ojos de Cyborg cayeron hasta el suelo y Raven oyó una y otra vez cómo inhalaba profundamente por la nariz, queriendo tragarse el llanto. El mayor terminó por asentir en silencio.
Fue cerca de un minuto de puro silencio hasta que el florero que reposaba junto a la ventana estalló, dejando que el pequeño ramo de margaritas cayera al suelo.
- ¿Estás bien? -preguntó Cyborg con algo de preocupación.
- Yo... -respondió, mirando el jarrón con desconfianza.
- ¿Qué?
Raven volvió a captar el escalofrío, el aire tibio y helado chocando contra su nuca. Su torso dio un giro abrupto, pero no pudo ver nada. Contuvo la respiración y agudizó sus oídos, pero fue totalmente en vano.
- ¿Qué ocurre? -Cyborg parecía no haber notado nada.
Algo no estaba bien, pero no sabía qué. Permanecieron otro minuto inmóviles, hasta que Raven finalmente se relajó suspirando.
- No importa.
- Lo que tú digas -murmuró el joven titán antes de volver el rostro hacia su padre, gesto que la ocultista notó-. Dio su consentimiento.
- Mmhm.
Raven lo vio ponerse de pie y moverse hasta la cama de su padre, sacando jeringa y químico de su bolsillo. Cargó la inyección a contraluz con sumo cuidado y la golpeteó, quitándole las burbujas de aire. Tomó la sonda y clavó la aguja sin premeditarlo, sin darse el tiempo a dudar o acobardarse. No obstante, su pulgar era simplemente incapaz de presionar el líquido hasta expulsarlo; temblaba mientras permanecía a apenas un centímetro de su objetivo.
Antes de darse cuenta, había apoyado una de sus manos vendadas en el antebrazo de su amigo, queriendo recordarle que no estaba solo. Pudo sentirlo tensándose bajo su toque.
El pulgar cayó y la sonda se tiñó de un suave y acuoso rosa. Estaba hecho.
Raven desconectó los monitores con magia antes que las alarmas aturdieran el ambiente. Cyborg cayó de rodillas llorando contra la cama, finalmente permitiéndose hacerlo. Ella sólo permaneció de pie tras él, recordando la promesa que le había hecho a Silas hacía rato. Alzó su mano para tocarlo y se detuvo dudosa pero él, como si lo hubiese percibido, rotó sobre sus rodillas y se abrazó a su cintura con fuerza, rompiendo en llanto una vez más. Raven sintió sus piernas arder pero no le importó. Apoyó aquella mano suspendida en la cabeza del muchacho, acariciándolo suavemente.
Promesa o no, ella lo protegería.
