Perdón de nuevo por la demora. Mi vida personal me está golpeando por todos los flancos, y no logro hacerme el tiempo para escribir en paz.
Capítulo de 4000 palabras; creo que es el más corto de los que hice hasta ahora.
Intenté recortar y terminar con la experiencia de Cyborg y Raven en New York; ya extraño al resto de los Titanes, y quiero empezar a manejar la dinámica del equipo y sus cambios.

Espero comentarios!

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-Capítulo 7-

Veintisiete. Veintisiete eran los pasos a seguir para llevar a cabo un entierro en Azarath. Veintisiete pasos que involucraban cuestiones como mantener una semana de ayuno, meditaciones especiales, el uso de vestimentas blancas -para ayudar en la purificación del alma-, bañar al fallecido en agua de flores azarathianas con gran poder astral, veinticuatro horas de duelo silencioso, dos semanas de vestimenta de luto, más meditaciones, una gran procesión, un juramento a la persona fallecida por parte de un fiel azarathiano. Entre otros puntos.

Cada uno de los pasos estaba bien enumerado y definido en el capítulo siete del Gran Libro de Azarath, una suerte de atlas sobre la civilización de la cual Raven era oriunda. Ella cargaba con el manuscrito hecho por Azar, y lo guardaba como su reliquia más preciada - una de las pocas posesiones que se trajo con ella de su dimensión.

Raven jamás había presenciado un funeral en la Tierra. La única persona que murió -o algo así- en su entorno fue Terra, pero habría sido imposible trasladar esa estatua hasta un cementerio, mucho más introducirla en un cajón. De todos modos, ya estaba bajo tierra, así que podía considerarse enterrada, ¿verdad?

Ella sabía que, a excepción de unas cuantas sectas religiosas extremadamente ortodoxas, las costumbres humanas para con los muertos eran menos ostentosas y regladas. Sugirió permanecer en el hogar mientras el resto asistía al cementerio, pero Cyborg y Rose insistieron en que los acompañara, argumentando que ella ya era "parte de la familia".

De modo que ahí estaba, de pie a casi diez metros de la fosa. Rose, Victor y unos pocos parientes estaban reunidos junto al ataúd, abrazándose y soltando flores sobre él. Ella prefirió darles espacio. Sin importar que la consideraran familia, la familia per se estaba allí y necesitaban intimidad.

El entierro se llevó a cabo de forma breve, con un cura leyendo la Palabra del Señor y pidiendo para que el alma de Silas ascendiera por el buen camino hacia Su reino. La migraña de Raven al oír tanto sobre Dios la estaba superando.

Era un día helado; el sol poco hacía por entibiar al aire que paseaba acarreando el frío de la nieve que cayó la noche anterior, cuando Raven y Cyborg arribaron a la casa y le informaron a Rose sobre aquello que ella ya sabía de antemano. Siempre era duro despedirse de un ser querido, más aún de un hijo, pero los Stone demostraban tener una fuerza inquebrantable; Rose se apoyaba en Victor y Victor en Rose. Esos lazos familiares a Raven le parecían asombrosos.

La hechicera temió por la reacción de Nana a la noticia: una mujer casi octogenaria descubriendo que su hijo había muerto. Pero le sorprendió saber que ella había decidido junto con su nieto no prolongar la vida y el dolor de Silas, de modo que estaba mentalmente preparada para aquello.

La sensibilizada piel de sus aún vendadas manos reaccionaban con especial molestia al frío ambiente; del mismo modo, sus muslos parecían quemar, como quien adhiere su lengua a un trozo de hielo y luego no puede despegarla -¿a quién puede ocurrírsele hacer tal estupidez?-. No sanaban, y eso la tenía algo alterada. Su piel no mantenía una herida abierta por más de un par de horas; seis o siete si estaba particularmente agotada o su mente no se hallaba en paz. Esta vez, no obstante, ya habían superado hacía rato las 24 horas, y sus quemaduras no desaparecían, ni siquiera disminuían en tamaño o dolor.

A regañadientes tuvo que ocultarse en el baño y usar algunos ungüentos para calmar el ardor, esperando que Cyborg no descubriera que ella le había ocultado parte de las heridas ocasionadas por su pequeño incidente con las infusiones calientes el día anterior.

Su atención de pronto se separó del dolor físico para enfocarla en ahogar en su garganta un enorme bostezo que amenazó con salir a la luz, no queriendo verse irrespetuosa en medio de un velorio.

La pesadilla que tuvo dos noches atrás le había robado valiosas horas de sueño, que sumadas al gasto energético que tuvo para comunicarse con Silas, dieron por su resultado un cuerpo y mente sumamente exhaustos.

Para mejorar la situación, la noche anterior simplemente no durmió; en su lugar, ayudó a Cyborg a organizar todos los pormenores del funeral que se llevaría a cabo al día siguiente, específicamente encargándose de todos los aspectos administrativos y de papelerío al respecto - era increíble cuánta burocracia debía atravesar uno en la Tierra para simplemente morir legalmente.

Y aunque no se quejó -no estaba en su naturaleza armar berrinches-, dos noches sin dormir y un día de mucho estrés dejaron como consecuencia un Nevermore vuelto manicomio. Sus emociones estaban totalmente desorientadas: algunas caminaban sin sentido mientras otras se quedaban dormidas de pie. Inteligencia parecía estar agotada, buscando sin éxito las gafas que portaba sobre su cabeza.

El clon amarillo tenía motivos de más para encontrarse en ese estado. La noche anterior, Raven le había encargado que recopilara toda la información que tuviese sobre el 17 de Julio del 2010, fecha mencionada por Silas durante su encuentro. Inteligencia revolvió en su enorme colección de libros y los leyó uno por uno, pero no obtuvo nada.

Algo, sin embargo, le sonaba tan familiar de esa fecha. La hechicera no podía recordar qué o por qué, y eso la estaba enervando. ¿Qué podía ser tan importante como para que esa simple fecha se le quemara a fuego en el subconsciente, pero a la vez le fuese imposible recordarlo? Ella siempre se había jactado de su buena memoria, pero debía admitir que esto la superaba. Optó por pensar que era alguna estupidez -"si fuese realmente importante, lo recordaría"-, pero no logró convencerse ni por un segundo.

- ¿Rae?

Pestañeó un par de veces y sacudió levemente la cabeza, volviendo a la realidad. ¿En qué momento el cielo azul se había vuelto rojizo?

- ¿Todo en orden? -preguntó en voz baja Cyborg con ambas manos en los bolsillos de su pantalón.

- Sí. ¿Y tu abuela? -notó de pronto que ya no quedaba nadie en el lugar.

- Oh, se fue con tío Joe; van a tener una cena con mis primos.

- ¿No irás?

- No -volteó su rostro hacia el grupo que se alejaba-, ya fue demasiada reunión familiar por hoy. Además, supuse que no te agradarían las grandes reuniones Stone; todo es carne y gritos.

- Yo puedo ir a tu casa sola. Si tú quieres, puedes ir; es tu familia, después de todo.

- En realidad, prefiero ir a casa; necesito un poco de paz... ¿Nos vamos?

Raven volteó hacia su izquierda, viendo que el resto de los Stone ya se habían marchado, y estrujó el morral que colgaba de su hombro.

- Un momento.

La ocultista caminó hacia la parcela bajo la atenta y curiosa mirada de su compañero, dejándose caer sobre sus rodillas en la tierra removida y lodosa. Abrió su cartera y sacó dos velas pequeñas, cuatro inciensos, una bolsa con flores secas -para nada terrestres-, y un enorme tomo azul titulado "Azarath". Colocó dos inciensos a cada lado de la placa que ahora compartían Silas y Elinore, y ambas velas justo sobre ella, encendiendo todo en el proceso.

Sacó un pequeño puñado de flores y las lanzó en la tierra, formando un semicírculo alrededor de ella. El libro fue abierto en el capítulo Siete y se quedó levitando frente a la ocultista. Con todo en posición, llevó ambas manos a la tierra e hizo una profunda reverencia, recitando palabras a para cualquiera habrían sido parte de una lengua muerta; y lo eran en cierta forma: hasta donde sabía, no quedaba ningún azarathiano con vida.

Honrar a los muertos era algo propio de las personas en Azarath. Como bien le había dicho Raven a Silas el día anterior, su cultura tenía tradiciones bastante estrictas al respecto. Eran costumbres que la hechicera se tomaba muy en serio; un modo de recordar y mantener vivo a su pueblo.

Despegó la frente del suelo y extendió su mano izquierda al frente con la palma apuntando a la renovada placa. Su mano derecha entretanto se posicionó en Gyan Mudra(*) verticalmente, dejando que el dorso de su dedo mayor rozara sus labios. Sus ojos se mantuvieron cerrados.

Hilos de energía blanca y pura salieron de sus dedos, cayendo hasta ser absorbidos por la tierra. El aire alrededor de ambos titanes se entibió por un momento, dejando a Cyborg pasmado y a Raven con una sensación de extraña tranquilidad. Cuando el ambiente volvió a su helada normalidad, la hechicera dio por terminado el ritual y abrió sus ojos para ponerse nuevamente de pie, haciendo flotar el libro dentro de su morral.

Luego de una última reverencia, dio media vuelta y caminó hasta su amigo, que la esperaba con un rostro totalmente ilegible.

- ¿Qué... qu-qué fue eso? -preguntó mientras iniciaban su marcha fuera del cementerio.

- Una costumbre de mi mundo -respondió sin detener la marcha o voltear a verlo.

- ¿Para...?

- Asegurar que tus padres estén en paz.

- Oh... ¿Y esa luz que salió de tus dedos?

- Es un juramento de energía.

- ¿Y por qué hiciste un juramento?

- Una costumbre de mi mundo -repitió, haciendo que Cyborg suspirara con resignación.

Raven agradeció que hubiesen llegado al bendito auto. El camino a casa fue silencioso; otra vez ese estúpido silencio que Raven no sabía definir. Vio de reojo a su compañero luego de oírlo bufar por cuarta vez en diez minutos. Su ceño estaba fruncido y sus manos parecían querer arrancar el volante de su sitio; cada dos o tres minutos chasqueaba su lengua con fastidio y tensaba la mandíbula.

Estaba ¿enojado?

Sí, su aura era clara al respecto: estaba enojado; más específicamente, estaba enojado con ella. Cyborg jamás se enfadaba con ella, no desde todo el asunto del Auto-T robado por Gizmo, hace tanto tiempo atrás.

Flashes de la pesadilla la azotaron de pronto, permitiendo que un escalofrío se colara por su columna. Entendió que de nada le serviría hacerse la misteriosa con él respecto a lo ocurrido en el cementerio. Además, aunque no fuese propio de ella dar explicaciones para sus acciones, en este caso involucraban a los padres de Cyborg, y por ende él tenía derecho a comprender qué rayos había ocurrido.

El auto se detuvo frente a la casa Stone y Cyborg abrió su puerta, sólo para ver cómo volvía a cerrarse envuelta en energía oscura.

- ¿Qué ocurre? -preguntó sin voltear a verla.

- Yo debería preguntarte eso. Estás enfadado -afirmó con seriedad y monotonía.

- No es... -suspiró y rascó sus ojos antes de fijar su vista en el paisaje del parabrisas-. No estoy enfadado, es... ajsh, frustración. Es difícil comunicarse contigo, ¿sabes?

- Lo sé -Raven bajó la mirada hacia en morral en su falda y sacó el enorme libro con mucho cuidado-. Página 72.

La hechicera extendió el tomo hacia su amigo, que lo cogió con miedo de romperlo; se veía viejo, gastado, era casi polvo. Él lo abrió en la página indicada, y se encontró con lo que parecía ser un título y muchas ¿palabras? en algún idioma que su disco duro no podía decodificar.

- Muy bien... esto no es inglés -comentó alzando una ceja.

Raven colocó una mano en el libro y recitó su mantra. Los trazos de tinta comenzaron entonces a contraerse y deformarse, enlazándose y separándose de mil formas hasta que los símbolos azarathianos se transformaron en un perfecto texto en inglés. Cyborg leyó el título en voz alta.

- "Capítulo Siete: Ceremonia fúnebre, Purificación del Alma y Juramento de Energía"... ¿Qué es esto?

- Creo que el título es bastante explícito -respondió con sarcasmo la ocultista, para luego morderse la lengua-. Es la costumbre -justificó encogiéndose de hombros, antes de suspirar y empezar su explicación-. En Azarath, la muerte es vista sólo como el último paso hacia la iluminación del alma, y para que una persona pueda descansar en paz, los azarathianos cumplimos con una tradición de 27 pasos... El más importante es el Juramento de Energía.

Raven extendió su mano y pasó tres hojas, señalando el punto que estaba por describir.

- Para que el alma se desligue de sus ataduras terrenales y pueda irse en paz, un azarathiano debe oír su última voluntad y prometer honrarla.

Raven detuvo su breve explicación, oyendo cómo su compañero murmuraba el mismo juramento que ella había pronunciado minutos atrás, en el cementerio.

"Que esta alma encuentre la paz de lo Eterno

Sabiendo que yo, (Raven), cierva de Azarath

Juro por mi alma, y con Azar como testigo

Honrar la voluntad que ha abandonado en el mundo terrenal"

Los ojos de Cyborg se ampliaron, mostrándose totalmente incrédulos ante lo que leían. Alzó sus ojos al frente y luego de los treinta segundos más largos del mundo, giró lentamente hacia ella mirándola con la misma incredulidad.

- Raven... -dijo con la voz áspera, antes de tragar duro para continuar-. ¿Qué... qué te pidió?

Raven tomó el libro entre sus manos, lo cerró y volvió a guardarlo con la parsimonia que la caracterizaba, aunque por dentro su mente era un caos. ¿Le correspondía decirle a Cyborg cuál fue el último deseo de su padre? ¿Sería algo bueno confesárselo? Quizá Cyborg terminaría enfadándose con su padre por poner en sus pequeños hombros la responsabilidad de cuidar de él; o quizá se enfadaría con ella por haber accedido...

Pero tal vez sería peor ocultárselo. Tal vez sería la primera y única prueba que Victor obtendría para saber que Silas lo amaba. De nuevo, Raven había quedado en medio de una situación ajena, con muchas decisiones en sus manos, decisiones que quizá no le correspondía tomar.

- Gracias -la hechicera alzó sus ojos mostrándose desconcertada por el agradecimiento; él se encogió de hombros-. No importa lo que te haya pedido el viejo, eso es algo entre él y tú. Gracias por tomártelo en serio, tanto como para no querer decírmelo.

El mayor simplemente bajó del auto y Raven quedó sinceramente descolocada; tanto que se sobresaltó al oír cómo su compañero abría la puerta del copiloto para dejarla salir. Comenzaron a caminar hacia la casa con el frío del anochecer golpeándolos cada vez más.

- Si no te importa -dijo Cyborg mientras se quitaban los abrigos-, creo que iré a la cama. Necesito...

- Tiempo a solas -culminó la hechicera asintiendo, notando que él parecía sentir algo de culpa por dejarla sin compañía-. Está bien. Descansa.

- Gracias, RaeRae. Tú igual.

El mayor depositó un beso en la coronilla de Raven y desapareció por las escaleras. Ella se dirigió a la cocina y puso a calentar agua: sin los Stone para cocinar, todo lo que ella podía consumir era té o algo ya fabricado y cocinado, como galletas, pan o cereales. No se atrevía a prender una estufa y causar un incendio por recalentar algo de comida, y ya había tenido malas experiencias con los microondas. ¿Cómo iba a saber ella que, para calentar un plato en el microondas, previamente había que quitarle el film envolvente o -incluso peor- el papel aluminio?

Eso no estaba bien especificado en ningún anuncio.

Desactivó sus anillos y sacó la tetera silbante del fuego, preparando un té de laurel(**). Caminó hasta la sala y tomó algún libro que había perdido bajo la mesa de café, hojeándolo sin demasiado interés. El té parecía hacer efecto -gracias a Azar- y el ardor disminuía en su piel. No era mucho, pero al menos podía caminar sin que el roce del jean le incomodara tanto.

Su intención había sido esperar a Rose despierta, pero los últimos días de sueño alterado y estrés le estaban cobrando venganza, y sus párpados no podían mantenerse abiertos. Soltando un bostezo y estirando sus brazos al cielo se puso de pie, lavó su ahora vacía taza y se dirigió a su alcoba a dormir.

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- Fue tu culpa.

¡BOOM!

- ¡AGH!

Volvió a despertar con la sensación de culpa y miedo en su cuerpo; su piel se había erizado y su pecho subía y bajaba a toda velocidad. Volteó a ver el reloj para encontrarse con que eran las 3am, aún bien entrada la noche.

Sólo pasaron cinco segundos antes que la puerta fuese abierta sin cuidado, y el mayor de los Titanes entrara apuntando con su cañón.

- ¿Qué ocur...?

Bajó el arma cuando notó que, como ocurrió la última vez, no había nada ni nadie extraño.

- ¿Otra pesadilla? -ella asintió-. ¿La misma? -volvió a asentir.

Cyborg bostezó y rascó sus ojos con pereza antes de suspirar, dirigiendo su rostro hacia la ocultista pero con sus ojos cerrados del cansancio.

- ¿Y quieres... hablar...? -preguntó a medias, siento interrumpido por otro bostezo. Ella negó con la cabeza.

- Gracias.

- Bien... Entonces iré a... -señaló vagamente hacia la salida- mmhm... seh... Descansa.

- Descansa.

Cyborg salió del cuarto arrastrando sus pies y Raven se dejó caer pesadamente contra la almohada.

¿Qué rayos estaba mal con ella? Había sido la misma pesadilla, exactamente la misma escena, como un déjà vu. Su mente parecía estar bastante perturbada con la idea y simplemente no le dejaba estar en paz.

Luego de dar vueltas en la cama sin lograr recuperar el sueño, bufó y se levantó, alistándose para meditar hasta que amaneciera.

Así fueron los siguientes dos días: pasaba las mañanas con Rose, quien intentó (sin ningún éxito) enseñarle a cocinar siquiera los platillos más básicos. Por la tarde Cyborg hacía acto de presencia, encargándose de la cena. Luego, así como aparecía, el mayor flameaba escaleras arriba, dejando a ambas mujeres solas otra vez. Rose se iba a dormir eventualmente y Raven se mantenía en vela, meditando. Cuando finalmente el sueño la abordaba, se recostaba y se permitía descansar hasta que aquella ridículamente repetitiva pesadilla la hacía despertar, resignándose a meditar hasta el amanecer. Agradecía, no obstante, que ya no despertaba a Victor con sus gritos.

Era obvio que Cyborg estaba pasando por un duelo fuerte, difícil, y ella quería apoyarlo sin estorbar. Decidió que lo mejor que podía hacer durante su estadía era hacerle compañía a Rose, quitándole a su amigo de los hombros el peso de tener que preocuparse por su abuela, y dándole a la mayor algo en qué ocupar sus pensamientos. Rose procuró enseñarle a cocinar, a tejer y a memorizar los repartos de cada telenovela que veía por la tarde, aunque no tuvo suerte con nada. Raven demostró ser un desastre culinario, una desinteresada de la cultura televisiva y una joven poco hábil para las manualidades.

No obstante, varios momentos fueron productivos y agradables para ambas. Raven le enseñó a preparar té con diferentes hierbas según sus propiedades curativas, todas útiles para los dolores y calambres que la anciana sabía tener. A cambio, Rose se esmeró en enseñarle a preparar licores caseros -algo que Raven jamás había probado, pero que ciertamente le gustó luego de un simple sorbo-, y la hechicera pareció aprender rápido.

Cuando finalmente llegó la hora de volver a Jump City, Raven se sorprendió a sí misma sintiéndose afligida por irse y dejar a la mujer en New York. Era una señora amable, aunque con un filoso sentido del humor y un carácter fuerte -de esos que uno preferiría no provocar-, y realmente había llegado a apreciarla mucho.

Cyborg bajó las escaleras con ambos bolsos y Raven tras él, preparándose mentalmente para tele-transportarlos a ambos nuevamente a California. Despidieron a Rose bajo la promesa de que ambos volverían a visitarla lo antes posible; Raven llegó a preguntarle en algún momento de su "tiempo de mujeres" si ella estaba dispuesta a mudarse a California, con el fin de estar más cerca de los Titanes, más cerca de su nieto y también más acompañada y protegida. La anciana respondió que de ningún modo abandonaría su hogar y amistades en New York. Ya tenía su vida resuelta allí, y sabía manejarse bien por sí sola.

Victor se despidió con pocas palabras, pidiéndole que dejara de fumar y se cuidara, y que no dudara en llamarlo por cualquier motivo. Su aura despedía tristeza, el duelo parecía estar consumiéndolo aunque intentara disimularlo. Estaba algo frío, distante. Aunque abrazó a su abuela del mismo modo en que lo había hecho la última semana, la pelivioleta no demoró en notar que aquel abrazo carecía de alma. No porque no amara a su abuela, claro, sino porque en ese momento su espíritu estaba demasiado enfocado en los dolorosos sucesos de los últimos días.

Su tren de pensamientos se cortó cuando sintió los brazos de la anciana rodeándola por los hombros. Ella palmeó suavemente la espalda de Rose y le sonrió con honestidad, asegurando se volverían a verse, y que ella cuidaría de su Vicky.

- Muy bien, Chica Oscura, hora de irnos.

Raven alzó sus manos y recitó su mantra, generando una esfera de luz negra que los absorbió a ambos. Tres o cuatro minutos después, acabaron de pie a orillas de la isla donde su hogar se alzaba.

La hechicera dio dos pasos y gruñó, cerrando sus ojos. Tantas noches sin dormir y tanta energía gastada habían hecho de su cerebro un doloroso terremoto.

- ¿Todo en orden?

- Sí, adelántate -murmuró ella, ondeando su mano para incentivarlo a entrar en la Torre.

- Sí, claro.

Cyborg bufó y volvió en sus pasos. Raven sintió cómo sus pies eran separados del suelo a la fuerza, y de pronto de vio en brazos de su compañero.

- No me entrarás a la Torre de esta forma -aseguró, frunciendo el ceño.

- ¿Oh, no? Mírame.

Raven suspiró y se cruzó de brazos, sabiendo que en ese momento no podría contra la fuerza del mayor. Conforme las puertas eran superada y los pasillos recorridos, emociones diversas la golpeaban con más fuerza de la que podía tolerar.

Alegría, alivio, confianza, esperanza, seguridad, paz,

¿Amor?

La puerta de la sala común se abrió y tres rostros giraron en su dirección.

- ¡BOO-YAH! ¡Y EL DÚO DINÁMICO ESTÁ DE VUELTA!

Raven saltó del susto, cayendo descuidadamente sobre su trasero. Aunque la tristeza seguía allí, Cyborg parecía ser todo un experto en ocultarla de sus compañeros.

- Gracias por eso -gruñó, palpándose los muslos para quitarse la suciedad.

- Lo siento, RaeRae -respondió sonriendo incómodamente.

- Como sea.

- ¡Oh, qué inexplicable alegría me da volver a verlos luego de su repentino viaje personal! -exclamó Starfire, abrazando a ambos titanes hasta quitarles el aire.

- Sí, viejo, esto no era lo mismo sin ustedes. ¡Jugar videojuegos solo es absurdo!

Cyborg no demoró en soltar los bolsos y correr hacia el sofá, lanzándose en un clavado que mandó a volar al cambiante.

- ¡Pues ya no más! ¡Vengo resistiendo las ganas de patear tu verde trasero desde que me fui!

- ¿Cómo fue todo, Cy? -preguntó Robin desde la cocina, tomando un sorbo de café.

- Oh, todo en orden. Ya sabes, papeleríos y cosas por pagar.

- Hmp.

- ¿Y aquí? ¿Cómo estuvo mi ciudad sin sus dos mejores héroes?

- Tranquilo. Plasmus, Doctor Light y Control Freak; nada que no pudiéramos manejar.

- ¡Oh, vamos! ¿Control Freak? ¡Quiero golpearlo desde hace meses! Y RaeRae se habría hecho un festín con Lucesitas -dijo, señalando con su cabeza la la hechicera que, para ese momento, estaba sentada en un extremo del sofá, leyendo.

- Creo que estás sobreestimando a ese idiota -respondió sin alzar la vista. ¿Un festín? Con sólo aparecer, Light se moja los pantalones.

- ¡Oh, pero hay más! ¡Novedades de lo más maravillosas, hermosas y emocionantes!-exclamó Starfire con entusiasmo, arrastrando a Robin hasta ubicarlo frente al televisor.

- Oh, sí, definitivamente hay más -recordó Bestia sacando la lengua en un gesto de asco.

- ¿Más? ¿De qué hablas, Star?

- Nuestro líder Robin me ha solicitado iniciar una relación que va más allá de la amistad, aunque es previa al matrimonio... ¿Cómo has dicho que se llama? -preguntó, volteando al pelinegro mientras tomaba su mano.

- Estamos saliendo -afirmó Robin con una sonrisa antes de besar a la flamante pelirroja a su lado.

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* Gyan Mudra: postura de manos en la meditación, donde las yemas del pulgar e índice se conectan, mientras los otros tres dedos permanecen extendidos.

**El té de laurel es conocido por sus propiedades analgésicas y anti-inflamatorias.