¡PERDÓN POR LA DEMORA!

Mi vida personal adora complicarme las cosas, y a veces no es tan sencillo inspirarme o buscarme el tiempo para escribir más de 20 palabras de corrido.

Respecto a los caps anteriores, intenté que la historia de Cyborg fuese lo más fiel posible a los cómics -adaptando lo mínimo indispensable para que encajara bien con este fic-.

*Victor efectivamente fue un niño superdotado, hijo de dos científicos de STAR.
*Silas abrió un portal del cual surgió una "cosa gris" que los atacó, matando a Elinore y dejando gravemente herido a Victor.
*Silas también ayudó en la construcción de la Torre Titán, y finalmente murió al poco tiempo de haber hecho las pases con su hijo.

Me faltó mencionar que Cyborg tiene un dispositivo de teletransportación en su traje -así llegó a Jump City, en primer lugar-, pero bueno, después usaré ese dato para algún otro capítulo.

Sin más, acá les dejo el Cap. 8.

Espero comentarios!

XXXXXXXXXX

-Capítulo 8-

Tres. Cinco. Siete. Diez segundos. Diez segundos hasta que el par de tórtolos separaron su bocas para respirar. Ellos voltearon a ver a sus amigos para encontrarse con un Cyborg que tenía la quijada por el suelo, un Chico Bestia que se cubría los ojos para evitar el espectáculo, y una Raven que alzaba la ceja con escepticismo.

- ¿Y bien? ¿Qué opinan? -preguntó Robin, pasando una mano por la cintura de su novia.

- Voy a vomitar - respondió la hechicera luego de un par de segundos de silencio.

- Secundo eso -acotó Chico Bestia, alzando una mano mientras mantenía los ojos fuertemente cerrados.

- ¿Sabes lo que significa "secundar"? -inquirió la ocultista, devolviendo su vista al libro.

- ¡Claro que lo sé! Yo... huh...

- Olvídalo.

Los ojos de Raven estaban fijos en su texto, pero no leyó ni una palabra más del mismo. Su cerebro estaba muy ocupado percibiendo un par de ojos enmascarados que prácticamente se encargaban de perforarle la frente. Intentó ignorarlo por casi un minuto, pero finalmente alzó la mirada, manteniendo contacto visual. Su tomo se mantuvo en posición, cubriendo perfectamente el resto de su rostro.

Raven arqueó su ceja, preguntándo tácitamente a su líder por qué la seguía observando. Robin la miró con reprobación, mostrándose molesto por su comentario de hacía rato. La ceja de Raven se alzó aún más, diciéndole que no podía hacer nada al respecto. ¿Qué esperaba? ¿Que se pusiera a saltar de alegría por ver el innecesario intercambio de saliva entre ambos? Robin frunció más el ceño, pero los ojos de Raven se mantuvieron serenos. Aún le parecía increíble la habilidad que ambos tenían para entablar una conversación -o discusión- usando sólo sus cejas.

- Lo que *ahem*, lo que Raven quiso decir es que está feliz por ustedes -intentó explicar Cyborg, sintiendo el aire tensarse entre ambas aves.

- Si hubiese querido decir eso, lo hubiese dicho -aseguró la hechicera en lo que cerraba su libro.

- ¿Es decir que no estás feliz por nosotros, amiga Raven?

Raven vio a su amiga, de quien se había olvidado hasta el momento. Ella esperaba una respuesta con ojos expectantes y brillosos, y un rostro que dejaba en claro que estaba a un 'no' del llanto. No podía lastimarla así; su cruda honestidad y sus amargos comentarios eran muy fuertes para la sensible princesa, y Raven no se sentía en derecho de opacar su actual felicidad.

Suspiró con cansancio, poniéndose de pie.

- Sí lo estoy, Starfire -concedió.

La boca de su compañera se extendió en una gran sonrisa, y juntó ambas manos con ensoñación.

- ¡Qué alivio y alegría oírlo, querida amiga!

La tamareaneana voló a su encuentro y la abrazó, ignorando los gruñidos que provenían de su garganta.

- Suficiente, Star. Déjala respirar -intervino Robin, tomando por un hombro a su novia.

- Oh, sí, lo lamento.

Raven subió nuevamente su capucha y comenzó a caminar.

- ¿Adónde vas? -preguntó Chico Bestia.

- A mi cuarto.

- ¡Pero si recién llegan! ¡Vamos a hacer una fieeesta! -exlamó, tirando sus brazos al aire.

- Luego cuéntenme cómo les fue con eso.

Ella salió de la sala común ignorando los abucheos del cambiante y los ruegos de la princesa para que los acompañara. Comenzó a caminar por los corredores, viendo con cuidado cada detalle de aquella Torre. Cinco días fuera se sentían como cinco meses, y se había mal acostumbrado a la calidez del hogar de Rose. En comparación, la Torre se sentía como una fría caja de aluminio, y aunque a ella jamás le había importado eso, ahora sólo pensaba que algunas fotos o un cambio de color sería bueno. Tal vez reemplazar las luces fluorescente por focos de luz cálida, un cuadro por aquí o por allá, puertas de madera o cualquier otra cosa que permitiera que aquel sitio se sintiera más como el hogar de cinco jóvenes, y menos como un lugar de trabajo sin personalidad, un laboratorio estéril o una prisión.

Llegó a su cuarto y pasó directo al baño, llenando su bañera con agua caliente. Prendió algunas velas e incienso, dejando que el lugar fuese iluminado sólo por las luces del fuego.

Pudo oír pasos pesados por el corredor, y la puerta de la habitación de Cyborg -al final del pasillo- abrirse y cerrarse. Al parecer ella no era la única sin humor para festejar. Luego iría a ver cómo se encontraba su compañero.

- Ugh...

Con desgano se quitó su leotardo y capa, que cayeron al suelo a su alrededor, y lentamente ingresó al agua. Sumergió todo su cuerpo y la mitad de su rostro, luego cerró sus ojos e inhaló profundo.

¿Qué rayos había sido eso? Una ola de incomodidad se apoderó de ella en la sala común, algo extraño que iba más allá de su normal incomodidad al ver actos de afecto. No, esto era diferente.

Sintió su corazón helarse y saltar uno o dos latidos, su estómago retorcerse, sus pulmones detenerse. Una sensación de vértigo que no había vivido ni en sus vuelos más altos, ni en sus caídas libres más escalofriantes. Era una molestia que dolía, y un dolor que molestaba. Algo que no sentía generalmente, una emoción especial y únicamente dedicada a aquella situación, a aquel instante que le tocó vivir.

Objetivamente, podía distinguir enfado, tristeza, resignación, soledad, frustración, molestia. Envidia.

Era émpata, después de todo; de nada servía negar las cosas que sabía que estaba sintiendo. Lo había intentado por demasiado tiempo.

Sin embargo, ni siquiera eso era lo que más le preocupaba, y tampoco fue el motivo principal para retirarse tan rápidamente de la sala común. Peor que sus propias emociones eran aquellas que irradiaba Robin, que, por alguna razón, eran similares.

Había un poco de alegría e ilusión, sí, pero imperceptibles en comparación a la molestia y soberbia, expectativa y frustración que el Chico Maravilla parecía sudar por los poros.

Raven incluso había sentido los ojos del petirrojo posados sobre ella cuando el beso terminó y antes de su breve cruce de miradas, como si él hubiese estado esperando algo, no sabía exactamente qué. Claro que con la máscara eso se transformaba en una mera suposición, pero la hechicera era buena leyendo a las personas.

Le costó demasiado mantener su orgullosa personalidad y dejar su rostro de pócker frente a tal demostración de afecto cuando tantas emocione la abordaron a la vez, pero lo consiguió. Y de forma instantánea pudo sentir un aumento en la frustración de Robin.

- Ugh...

La migraña la estaba matando: noches sin dormir, un largo viaje y tantas emociones propias y ajenas golpeándola formaban un combo difícil de digerir.

Sintió su cabeza caer hacia el frente un par de veces hasta que su nariz se sumergió en el agua, y antes de que pudiese pensarlo, había inhalado agua por la nariz, ahogándose. Sacó el rostro del agua tosiendo y decidió interrumpir su baño e intentar dormir, antes de morir ahogada en su propia bañera como una estúpida. Sería humillante.

Salió del baño con una toalla alrededor de su torso y otra más pequeña con la que se masajeaba el cabello.

TOC. TOC. TOC.

Conocía esos golpes. Fuertes. Pesados. Tranquilos. Pausados.

Quería vestirse rápidamente, pero la puerta simplemente se abrió de modo que ahí estaba, de pie, semidesnuda, enfrentando al mayor de los titanes.

- ¿Qué ocurre? -Cyborg sólo la miró fijamente, alzando su ceja humana-. Sí, tengo una toalla. ¿Dejarás que me vista?

El hombre metálico pasó a un lado de la hechicera, dándose permiso de entrar en la alcoba.

- Parece que no. Sí, entra, gracias por preguntar -ironizó con molestia, cerrando la puerta y volteando-. Ya no estoy en un cuarto de huéspedes; este es mi cuarto, y no puedes entrar cuando se te dé la gana.

- ¿Por qué no me dijiste?

- Me pareció obvio que esta era mi habitación. ¿No viste mi nombre en la puerta?

- No hablo de eso.

- Entonces deberás ser más claro.

Cyborg volteó a verla con su ojos humano brillando, y la hechicera automáticamente bajó la guardia.

- ¿Qué ocurre?

- ¿Por qué no me dijiste? -repitió en un susurro; Raven pudo oír el nudo en su garganta.

- Cyborg, no comprendo de qué hablas -el mayor se mordió el labio inferior y ella alzó ambas manos en son de paz-. Siéntate, cálmate y explícame.

- ¡No quiero sentarme! -exclamó de pronto, provocando un sobresalto en la ocultista, que retrocedió dos pasos.

- De acuerdo... Entonces sólo explícame de qué hablas.

- Hablo del 17 de Julio.

Raven frunció el ceño. ¿Otra vez con eso? Bastante bien le había ido ignorando aquella fecha durante todo el día, para que ahora él la trajera a colación.

- ¿Qué ocurrió el 17 de Julio? -preguntó ella, esperando obtener algún dato útil.

- Tú lo sabes.

- Sé... que el 17 de Julio tu padre abrió el portal. ¿Qué tiene que ver conmigo?

Cyborg sonrió amargamente.

- Ja, ¿en serio? ¿En serio lo preguntas?

- Sí.

- ¡Que fue tu culpa!

- Fue mi culpa que tu padre abriera un portal -repitió con incredulidad-. Tú entiendes que para ese momento yo ni siquiera estaba aquí, y no los conocía.

- Lo sé.

- ¿Entonces qué te hace creer que fue mi culpa?

- Sólo haz memoria, ¿quieres? -dijo con cinismo, golpeteando su sien con un dedo-. ¿Dónde estabas tú ese día? O mejor aún, ¿qué estabas haciendo?

Raven se detuvo a pensar. En el año terrestre 2010, Trigon surgió y destruyó Azarath, su dimensión natal. Azar, queriendo protegerla, la obligó a migrar a la Tierra; hacia Gotham, más específicamente.

- ¿Aquí? -dijo en un tono casi interrogativo, dudando de estar acertando en las fechas.

- Mmhm. Mmhm. Tú abriste un portal y llegaste a nuestra dimensión ese día.

- Sé cómo funciona; sé que abrí un portal. Sigo sin verle la importancia.

- Tú eres la experta en viajes dimensionales aquí. ¿Qué ocurre cuando uno abre un portal inter-dimensional?

Raven frunció el ceño y repasó sus estudios al respecto. Sus ojos viajaron hacia un pequeño libro rojo que descansaba en sus estantes, libro que había dejado olvidado por años, al punto de ni siquiera recordar que lo tenía. Comenzó a balbucear frases desconectadas y palabras que recordaba de aquel tomo, refrescando su memoria.

"Viajes inter-dimensionales... Multiverso... dimensiones alternativas... paredes..."

... Raven...

Se detuvo en aquella palabra, pestañeando rápidamente.

... Raven...

¿Qué ocurría con las paredes dimensionales?

Raven... ¡RAVEN!

La hechicera abrió sus ojos y tomó una enorme bocanada de aire, ahogándose y tosiendo sin piedad. Su mirada logró enfocarse, chocando con el techo de su baño que ahora brillaba con la luz encendida, además de varios puntos de colores que bailaban frente a sus ojos. Sintió la húmeda piel de su cuerpo erizada contra el suelo helado, y algo cubriendo parcialmente su torso -¿una toalla, tal vez?- aunque no hacía nada para evitar las frías corrientes de aire que la golpeaban.

- ¡Maldita sea, Raven! ¿Es que quieres matarme de un susto?

- ¿Huh...?

Su rostro giró hacia la izquierda, viendo al enorme titán sentado a su lado, con la espalda volcada con la pared tras él. Se secaba lo que parecía ser agua o sudor de la frente con una mano, mostrándose agotado; tenía el ceño fruncido y respiraba de forma errática.

- ¿Qué... qué haces aquí?

- ¡Salvándote el trasero! Estaba en mi cuarto cuando me sonó tu alarma -extendió su brazo y le mostró una pantalla con diferentes mediciones-. Tenías el oxígeno por los suelos, la presión baja. Llamé a tu puerta y no contestaste; ¡me metí aquí y te encontré sumergida en la maldita bañera! ¿Qué rayos ocurrió?

Raven se detuvo unos instantes para recordar qué había ocurrido antes que perdiera la consciencia; entonces le vino a la mente la imagen de sí misma quedándose dormida en el agua, y procurando salir para no ahogarse.

Evidentemente, jamás llegó a salir.

- Hmp -murmuró, volviendo su vista al techo-. No lo sé.

No podía admitir que fue tan idiota como para quedarse dormida en el baño. No era propio de ella -ser idiota o admitir sus errores-, y no abandonaría su orgullo ahora.

Se irguió lentamente, usando sus codos como sostén, y luego pasó a tomar un extremo de la tina con la mano derecha, impulsándose hasta que su espalda se acomodó en ella. Su mano libre sostuvo de forma inconsciente la toalla en su sitio, evitando exponer su torso.

Cuando Raven cayó en cuenta de esto, sus ojos se abrieron como platos y el grifo del baño salió disparado.

- Estoy desnuda -afirmó con monotonía viendo sus muslos, mientras el mayor cubría su cabeza con ambas manos para evitar que el grifo volador lo golpeara. Rápidamente y disimuladamente tensó un poco la pequeña tela sobre ella, cubriendo casi totalmente las aún presentes cicatrices de aquellas quemaduras que se hizo en New York y que se negaron a sanar.

- Estabas en la tina, ¿qué esperabas?

- Me. viste. desnuda -siseó. El espejo del baño estalló.

- ¿Qué? ¡No! ¡No, no, no! -negó Victor, apoyando lo dicho con la cabeza y ambas manos-. Lancé una toalla sobre ti antes de sacarte. ¡No! ¡No, no! No vi nada, ¡lo juro por Nana! Yo no, sabes que no lo haría, Rae. ¡No, no! En serio, yo, ¡yo no!

Raven lo oyó tartamudear sin control y vio cómo el rostro del mayor se teñía de rojo -probablemente el suyo también presentaba ese color-, pero, para su alivio, percibió sinceridad en sus palabras.

- Entraste a mi cuarto sin permiso -aseveró, cambiando de tema.

- Yo, ¿eh? S-sí. ¿Preferías morir ahogada en tu tina? -preguntó con una mezcla de sarcasmo y auténtica curiosidad.

- Touché -respondió-. Mi capa.

- ¿Huh? ¡Oh! Oh, sí.

Cyborg se levantó rápidamente y salió del baño. Raven se sostuvo la cabeza con una mano, sintiendo una fuerte jaqueca.

- Raven, ¿qué ocur... Cyborg?

Oh, rayos.

- Hey, Rob -respondió el hombre de metal, y Raven sintió su incomodidad y nerviosismo.

- ¿Qué haces aquí?

- ¿Yo? Oh, yo... No, ¿tú que haces aquí?

- Oí algo romperse... ¿Esa es su capa? -hubo un silencio incómodo, que Cyborg llenó con un aún más incómodo "uh..."-. ¿Está en el baño?

- Sí, pero no-

- ¿Raven?

La hechicera alzó los ojos y vio a su líder pasando por la puerta del baño. Pudo sentir cómo los ojos de Robin la recorrían de arriba a abajo mientras su cerebro trabajaba para comprender lo que ocurría. Claro que la imagen era bastante... abierta a interpretaciones.

Raven estaba desnuda, mojada, con su pelo chorreando, recostada contra la tina, con una toalla igualmente empapada cubriendo lo mínimo indispensable, y compartiendo la habitación con Cyborg.

- Ni te molestes en pensarlo, Boy Blunder. Me desmayé y él apareció -aclaró secamente, anticipando sus pensamientos.

Las manos enguantadas se empuñaron y los labios del Chico Maravilla se presionaron entre sí, formando una fina línea.

- Tuviste suerte -se limitó a decir.

- Tengo a dos sujetos viéndome desnuda en mi baño. Yo no lo llamaría "suerte" -retrucó para luego girar el rostro con algo de bochorno-. Ya disfrutaste la vista, ¿puedes cerrar los ojos?

En ese momento Cyborg pasó por detrás del petirrojo y se acercó a ella, inclinándose y cubriéndola con la capa. La tomó por los hombros y la ayudó a ponerse de pie.

- La llevaré a la enfermería; obviamente el viaje la afectó. La tendré en observación durante la noche.

- Yo nunca accedí a eso.

- Pues me importa un cuerno. ¡Acabas de desmayarte en la tina! ¿Qué sigue? ¿Ahogarte en tu taza de té, o caerte del techo mientras meditas? Muévete, Chica Oscura.

Raven salió del baño con Cyborg siguiéndola de cerca y sosteniendo sus hombros para ayudarla a permanecer estable; Robin detrás de ambos.

El hombre le hizo señas para que se sentara en la cama, colocando otra toalla sobre su cabeza. Tomó sus pequeñas botas y las dejó a un lado de sus pies.

- Sécate, vístete y cálzate. Tienes diez minutos, te estaré esperando en el corredor -Raven gruñó-. Y si no sales, vendré a buscarte -le advirtió, señalándola con un dedo.

- Sí, mamá -contestó con molestia.

- Si necesitas ayuda, puedo llamar a Star para que te asista.

- Yo puedo sola -aseguró Raven, provocando que el hombre metálico asintiera sin verse para nada convencido.

Robin sólo miraba la escena desde un rincón, sus brazos enlazados sobre el torso.

- ¿Qué? -preguntó la hechicera, frotando su pelo con la toalla-. ¿Te quedarás vigilando mientras me visto?

- ¡Claro que no lo hará! -exclamó Cyborg, mirando acusatoriamente al petirrojo.

- Claro que no -reafirmó Robin con seriedad, frunciendo el ceño.

El pelinegro salió de la alcoba, seguido por Cyborg.

- Diez minutos -le recordó a la gótica, antes de cerrar finalmente la puerta.

Raven suspiró, soltando todo el aire que, sin saber, había estado guardando en sus pulmones. Sus músculos se relajaron y sus párpados se cerraron. Con lentitud terminó de secar su cabello y se puso de pie, sintiendo el cuarto inclinarse por algunos momentos. Caminó a paso cauto hasta su clóset y buscó ropa interior y un leotardo limpio.

TOC. TOC. TOC.

La hechicera se sobresaltó, volteando hacia la puerta mientras dejaba caer su cinturón.

- Un minuto, Chica Oscura. ¿Todo en orden?

La puerta se abrió de repente con un WOOSH, dejando ver a un Cyborg cruzado de brazos y tamborileando su pie contra el suelo.

- ¿Y bien?

- Que conste que yo nunca accedí a esto -remarcó la ocultista, terminando de acomodar su capa y saliendo de la habitación.

- Queda anotado.

Una vez en la enfermería, Cyborg encendió las luces y atrajo varios implementos hacia una camilla mientras Raven esperaba con cansancio a que todo simplemente terminara.

- Muy bien. Quítate la ropa, ponte esta bata -le entregó la típica bata de hospital celeste-, y recuéstate.

- No.

- Raven, no me obligues a obligarte -amenazó el mayor, ubicando ambas manos en sus caderas.

La ocultista tragó duro; era difícil no sentirse intimidado frente a alguien de porte de su compañero, y aunque generalmente ella sería la excepción, en ese momento sus energías estaban por los suelos, y se sentía bastante indefensa. Suspiró y se ocultó tras una mampara. Presionó el broche que unía ambas puntas de su capa, soltándola y abandonándola prolijamente en una silla, seguida por su leotardo. Se quitó los zapatos, se puso el camisolín y reapareció en la sala, subiendo a la camilla.

Cyborg tomó su mano izquierda y le colocó un medidor de pulsaciones en el dedo índice.

- ¿Cómo te sientes ahora? -le preguntó mientras sostenía sus párpados abiertos y paseaba una linterna frente a sus ojos, verificando la reacción.

- Ciega.

- Hablo en serio, Rae -la amatista suspiró.

- Cansada, con cefaleas constantes, disminución del apetito y dolor en las costillas.

- Eso puede ser por las compresiones que te hice hace rato... -murmuró él, viendo los oídos de la menor con un otoscopio-. Luego verificaré que no haya fisuras; tal vez me excedí con la fuerza.

- ¿Tú crees? -gruñó ella con molestia y su voz algo rasposa. Sus pulmones aún estaban rencorosos por el ahogo y le costaba hablar recostada.

- ¡Oye! ¿Sabes lo perturbador que fue verte sumergida en esa tina? ¡Y lo que tardaste en reaccionar! Ni siquiera sabía cuánto tiempo llevabas ahí metida. Entré en pánico y no medí mi fuerza, ¿okay? ¡Dame algo de crédito; funcionó! -exclamó Cyborg, lanzando sus brazos en todas direcciones.

Los ojos de Raven se ensancharon. Cyborg no le gritaba nunca; no así, en todo caso. Sonaba espantado, iracundo. Como si, por culpa de ella, hubiese vivido el susto de su vida. La estaba reprendiendo, pero más aún, estaba dejando salir el pánico que, supuso, vivió en los minutos que le costó hacerla despertar.

- Lo siento -murmuró la hechicera con voz áspera, notando cuánto se había alterado su amigo-. No sé lidiar con gente preocupándose por mí.

- Deberías estar acostumbrada a esta altura. Aguanta... -Raven retuvo el aire mientras Cyborg insertaba una aguja en el doblez de su codo, conectándola a una bolsa de suero mientras suspiraba-. Digo, llevamos ¿cuánto? ¿Cinco años aquí? Todos nos cuidamos las espaldas, Rae.

- Lo sé, pero nunca tuve que estar internada. Nunca tuvieron que reanimarme. Nunca creí que lo necesitaría; es parte de ser un demonio.

- Pero también eres humana, Rae. No siempre podrás sanarte sola -la ceja humana de Cyborg señaló sus piernas-. Eres una idiota por no haberme dicho lo de tus piernas.

- Esperaba que sanaran por sí mismas; siempre lo hacen -minimizó ella, encogiéndose de hombros mientras miraba al techo.

- Sí, pero esta vez no lo hicieron, y ahora se infectaron. ¿Por qué eres tan reacia a pedir ayuda?

Raven se mantuvo callada, mirando una estantería azarosa del lugar. Pudo oír a Cyborg expulsando toda su frustración en un suspiro y rascarse los ojos con una mano.

- Iré por los antisépticos, antes que eso empeore.

Cyborg salió por una puerta más pequeña hacia el depósito y regresó con gasas, vendajes y varias botellas. Colocó todo en una charola, bajo la atenta mirada de la ocultista. Ella había sanado algunas heridas del resto del equipo con todo eso, pero sería la primera vez que aplicaría una medicina en su propio cuerpo, y no podía negar que eso la tenía algo nerviosa.

- Okay, voy a usar iodopovidona y alcohol.

Embebió un par de gasas, una con el líquido color óxido y la otra con el transparente. El olor de los desinfectantes le provocaron náuseas, su cuerpo claramente no estaba acostumbrado a lidiar con aquello. Vio cómo Cyborg se colocaba guantes quirúrgicos y un barbijo, previniendo empeorar las ya infectadas heridas.

- Esto va a arder; aguanta...

Las gazas rozaron la grisácea piel de sus muslos y ella mordió su labio inferior, deteniendo un insulto. ¡Por Azar, ardía como mil rayos!

Cuanta más presión generaba Cyborg con sus manos, más ingresaba de aquellos líquidos del demonio en su sistema, y el ardor empeoraba. Raven cerró los ojos y siseó algunas veces, aunque poco a poco se acostumbraba a la sensación. Sus manos -que en algún punto se habían aferrado a las sábanas con todas sus fuerzas- se relajaron, y su ceño profundamente fruncido pasó a estar simplemente... fruncido-como-siempre.

Cyborg tomó una pinza y quitó piel escamada y arruinada, que sólo serviría para iniciar una nueva infección.

- ¡Hmp! -ahogó la hechicera.

Luego de algunos minutos de silencio -tenso, tenso silencio-, Cyborg tomó suavemente los muslos de la hechicera y los elevó, dejando ambas piernas flexionadas.

- Vendaré tus piernas por ahora -explicó mientras envolvía la gaza amarillenta con un vendaje. Raven sólo asintió.

La puerta de la enfermería se abrió rápidamente, dejando ver a dos excitados titanes y a un tercero siendo prácticamente arrastrado del brazo.

- ¡Hey! ¡¿Qué rayos hacen aquí?!

- Mi novio Robin nos informó sobre el extraño accidente de nuestra amiga Raven. Amiga Raven, ¿cómo te sientes?

- Woah, Cy, ¡aléjate de Raven! -gritó el chico verde, viendo la mano de su compañero en la rodilla de la gótica-. ¿Acaso quieres que ella te pateé a otra dimensión por tocarla, viejo? ¡Estás loco!

- Amiga Raven, te prepararé el pudín tamaraneano de Buenos Deseos, ¡para que te recuperes prontamente!

- ¿Qué te parece la enfermería, Rae? ¡Es la primera vez que te veo aquí! Bueno, salvo aquella vez con la Bestia y todo eso... pero ¡hey! Yo te salvé. Como sea, es extraño verte echada en una cama y conectada a tantos cables. ¡Y con ese vestido! -lanzó una carcajada.

- ¿Es tu nuevo uniforme de batalla, amiga Raven? ¡Es glorioso!

- Esa faldita sí que te luce las piernas, RaeRae -comentó BB, alzando sus cejas. Raven sólo gruñía.

- ¡Oye, sabandija, deja de chequearle las piernas! -gritó el mayor mientras lo señalaba de forma amenazante.

- Hey, tranquilo, yo sólo... ¡Woah! ¿Qué rayos le pasó a tu pierna? ¡Se ve asqueroso!

- Ciertamente tiene un aspecto poco agradable y de lo más repulsivo, amiga Raven. Parece la mordida de un Glückennark; ¿por casualidad viste alguna criatura roja, con tres ojos, reptando cerca tuyo últimamente?

- ¡Eso es una porquería! En mi opinión profesional... ¡HAY QUE CORTARTE LA PIERNA! Yo con todo gusto me ofrezco para-

Una bandeja de metal cubierta de energía voló a toda velocidad hacia el rostro de Chico Bestia, interrumpiendo su palabrerío y arrojándolo al suelo sobre su espalda.

Raven se tomó la cabeza con ambas manos, sintiendo su cerebro latir. ¿Por qué demonios debían gritar tanto?

- ¡Muy bien, todos afuera!

Cyborg se cargó a sus dos molestos amigos, uno en cada hombro, y los botó con poca delicadeza fuera de la enfermería, donde siguió gritándoles para que dejaran de molestar.

Raven se mantenía con los ojos cerrados, y el brazo libre de cables cruzándose sobre ellos para bloquear mejor la luz. Estaba realmente cansada y dolorida; sólo quería dormir en paz.

- ¿Qué te ocurrió en las piernas?

Ella sabía que Robin seguía allí. Y si bien había esperado que él la creyera dormida -y así ahorrarse los interrogatorios-, era consciente de que engañar al Chico Maravilla era algo sumamente difícil de lograr.

- Me quemé -respondió sencillamente, sin mover su brazo.

- Tú no te quemas -soltó el petirrojo sin pensar, mostrando su auténtico asombro. ¿Raven había tenido un momento de torpeza?

- Entonces es una ilusión óptica extraordinariamente dolorosa.

Ambos permanecieron en silencio. Él mirando las piernas de su compañera; ella, mirando la piel del antebrazo que cubría sus ojos.

- ¿Disfrutas la vista? -preguntó la hechicera, sintiendo el par de ojos enmascarados atravesando su piel. Él sólo giró el rostro-. ¿Qué quieres aquí, Robin?

- Saber si estás bien.

- De maravilla.

- Estoy hablando en serio, Raven -gruñó el petirrojo-. ¿Por qué tienes que ser así? Hace tiempo eras... diferente.

Raven tragó duro, aunque su postura no varió. Realmente esperaba que el Chico Maravilla no hubiese notado aquel acto que delataba su incomodidad. No podía lidiar con él, no ahora.

- Así fui siempre.

- No es cierto -hizo una pausa, buscando calmar su frustración con un suspiro-. Sólo te pregunté cómo te sentías, y-

- Tengo heridas infectadas, una migraña, mis poderes fallan y casi muero en la tina. Creo que es obvio que no estoy bien. Como sea, Cyborg llenó un informe al respecto; puedes leerlo en lugar de preguntarme. ¿Por qué lo haces?

- Es mi deber saberlo. ¿Está mal que quiera saber cómo estás?

- Tú no quieres saber cómo estoy; tú debes saber cómo estoy. Y para eso, un informe escrito te será más útil.

Robin masajeó su tabique nasal por un momento, exasperándose. ¡De nuevo, lo mismo! Él intentaba acercarse y ella lo evitaba como a una plaga.

- ¿Puedes quitarte el brazo del rostro y hablarme? -no hubo respuesta-. ¡Maldita sea, mírame! -gritó, notando que la respiración de su compañera se sobresaltó por un instante ante el exabrupto.

El sonido de alguien aclarando su garganta descolocó al líder titán, que se giró hacia la puerta de entrada. Allí, Cyborg lo observaba con rostro serio; tal vez más serio de lo recomendable. Del tipo de seriedad que te advierte que estás metiendo la pata, y que poco hace falta para que el hombre de metal te pateé el trasero.

- ¿Todo en orden? -preguntó al pelinegro, para luego observar a la hechicera-. ¿Rae?

- Necesito estar sola -dijo con voz áspera.

- Lo que digas -el mayor se acercó y tomó el hombro del petirrojo-. Ve; yo me encargo de ella.

Robin asintió de mala gana, saliendo de la enfermería con su capa flameando tras él. Una vez solos, Cyborg permaneció largos segundos viendo la puerta, y muchos más observando a su amiga. Su cerebro intentaba procesar qué ocurría entre esos dos, y conseguir respuestas de ellos sería imposible.

- Te sacaré sangre, revisaré tu garganta, terminaré con los vendajes y eso será todo. Pasarás la noche aquí, y vendré a monitorearte cada tres horas. Ahora, necesito tu brazo.

Raven quitó el brazo de su rostro lentamente, volteando el mismo hacia el lado contrario. Sus ojos se clavaron en algún estante, y aunque sintió la aguja en su piel, ni siquiera registró la molestia; su mente estaba más allá.

¿Por qué había hecho eso? ¿Qué le daba derecho de plantearle reclamos ahora? Ella no había "cambiado", sólo se había adaptado. Es lo que todo ser vivo hacer para sobrevivir: adaptarse al nuevo entorno, a las nuevas circunstancias. Pues eso hizo ella, adaptarse a una nueva e inminente situación. Desde que un ruidoso pensamiento del petirrojo irrumpió en su mente, uno donde él se convencía a sí mismo de iniciar una relación con Starfire lo más pronto posible, ella comprendió que debería adaptarse a una nueva etapa, tolerar un gran cambio en su vida.

A Raven no le gustaban los cambios, y no sabía manejarlos del mejor modo.

Así que tal vez sí, se había alejado -aunque no lo admitiría en voz alta-, ¡pero él había sido el primero! Lo suyo fue una simple reacción. Él no aparecía para jugar ajedrez, o para meditar, o para leer un libro. Ya no la esperaba con el té servido por las mañanas, y si ella intentaba retenerlo para conversar durante el desayuno -esperándolo con su café y periódico-, él ponía alguna excusa y se marchaba rápidamente.

¿Pero ella le reclamaba? No. Porque Raven comprendía que parte del proceso de adaptación implicaba dejar de lado las cosas, las personas, que ya no eran elementales. Su amistad, aquella que se reforzó cuando ella lo vio entrar al Infierno para rescatarla, aquella que el lazo entre ambos mantenía única, había pasado a un segundo plano para Robin desde que se propuso usar el viaje a Tokio para confesarse con Starfire.

Raven decidió que lo mejor sería darle espacio. Espacio para pensar en Starfire, para hablar con Starfire, para planear cómo confesarle sus sentimientos a Starfire. Por Azar, había tenido el desagrado de ver un sueño húmedo de Robin con Starfire, ¡claramente, el Chico Maravilla necesaitaba espacio! Raven se negaba a ser un mal tercio en un sitio donde no pertenecía.

Y aunque muy dentro de ella, Alegría mantenía la fe en que Robin notaría la repentina distancia e intentaría enmendar las cosas, la realidad fue otra. Él tenía su cabeza muy ocupada con su nuevo objetivo, y claro que no lo culpaba: ¿quién ocuparía sus pensamientos en un deprimente demonio, cuando una gloriosa princesa guerrera te espera con los brazos abiertos?

Raven no percibió en nigún momento nostalgia por parte de él; no parecía extrañar sus charlas en el sofá, sus tardes en la azotea o sus eternas noches en la sala de investigaciones. Tristeza hizo de las suyas, haciéndola sentir sola y olvidada. Su Orgullo, no obstante, le permitió mantener el desafío implícito con el petirrojo: si él la ignoraría, entonces ella lo ignoraría a él.

Y ahora, luego de casi tres meses sin recordarla, ¿se presentaba y armaba un escándalo, reprochando que ella había cambiado? ¿Por qué no podía simplemente mantenerse lejos, sin hablarle, sin mirarla? Ella creía que ya había superado aquella "ruptura" en su amistad con Robin, pero al parecer sus emociones guardaban mucho rencor.

- ¿Rae?

- ¿Um?

- Dije... que necesito revisar tu garganta -repitió el mayor, mostrándole la linterna en la yema de su dedo índice-. Esto es lo último, te lo prometo.

- Oh, sí...

Raven usó sus manos para impulsarse y erguirse lentamente -los analgésicos del suero la habían dejado levemente agotada, no siendo algo a lo que su cuerpo estuviese acostumbrada-, Cyborg sosteniéndola por la espalda y colocando almohadas tras ella. La hechicera abrió la boda y sintió el sabor amaderado de la paleta sobre su lengua.

- Muy bien, di "aaah" -ella obedeció-. Mmhm... Todo parece estar en orden.

Raven cerró su boca y se quedó semi sentada con las manos sobre su falda, viendo a su compañero organizar y guardar todo en su sitio.

- Rae, ¿qué te ocurre? -preguntó él de pronto con un tono suave, girando el rostro por sobre su hombro mientras estaba de espaldas a la ocultista.

- Si lo supiera, no estaría aquí.

- No hablo de eso -Cyborg giró sobre sus talones-. Tal vez no lo notaste, pero estuviste casi media hora como en otro mundo. Yo te vendé, te revisé, te inyecté, y no reaccionaste. Lo único que hiciste en este tiempo fue suspirar y sorber por la nariz.

- Debo estar cansada -opinó sin mucha certeza.

- Raven, estabas a punto de llorar... ¿Fue algo que dijo Robin?

- N-no.

- ¿Fue algo que hizo? Porque si es así, lo voy a-

- No, yo... no.

- Rae, luego de todo... lo que ocurrió esta semana, deberías saber que puedes confiar en mí.

- Lo sé.

Cyborg suspiró y negó con la cabeza, mientras Raven sólo miraba sus manos.

- Okay, voy a... dejarte descansar. Vendré en tres horas con la comida.

El mayor volteó hacia la salida, y Raven pudo sentir la decepción que emanaba por su aura.

- Cyb... Vic... tor -susurró, como si aquel nombre estuviera prohibido. Cyborg frenó en seco y volteó con sus ojos ensanchados; ella lo sintió auténticamente sorprendido por oír su propio nombre-. ¿Puedes... por un rato...? -intentó preguntar, viendo el suelo a su derecha con algo de bochorno.

- ¿Quieres que me quede, Rae? -ella sólo asintió vagamente, haciéndolo sonreír-. Con todo gusto.

El hombre de metal se sentó en la camilla, junto a las piernas de la hechicera. Ella se mantuvo viendo sus manos, mientras él observaba el suelo, el muro, el techo, la puerta... Era realmente extraño que Raven pidiera compañía, y no sabía bien qué hacer.

- ¿Hay algo que quieras decirme? -preguntó, volteando a verla.

- Yo... no lo sé. No lo entiendo.

- ¿Qué no entiendes?

- A mí. Estoy tan... blanda -Cyborg alzó una ceja ante la peculiar descripción-. Mis emociones, no puedo retenerlas. Las muestro contra mi voluntad. Mi rostro, mi voz, todo delata emociones. Como si ya no pudiera controlarlas.

- Pues, ya va a hacer un año y medio desde todo el asunto de Trigon; es lógico que tengas que empezar a lidiar con tus emociones tarde o temprano.

- Sí, lo sé, pero... Ugh, no me agrada.

- ¿Qué cosa?

- Sentir así, tan... humanamente, tan... libremente -soltó la última palabra con desagrado-. Era más fácil cuando simplemente bloqueaba mis sentimientos. Ahora todo... duele.

- ¿Duele? Hmp... Pues sí, a veces las cosas duelen. Pero a veces también hay cosas buenas, que te hacen feliz. Tal vez aún no tuviste chance de cruzarte con esas buenas cosas.

Raven lo meditó por un momento, notando que sí había tenido momentos felices en ese último tiempo. Pero cuanto más felices fueron aquellos momentos, más le dolían ahora.

- Cuanto más alto es el vuelo, más dolorosa es la caída -murmuró más para sí misma, frunciendo el ceño mientras recordaba aquel refrán que jamás había logrado entender hasta ese momento. Claro que el finísimo oído de Cyborg no había pasado por alto el comentario.

- Okay, un momento, ¿estamos hablando de algo en especial? ¿De alguien en especial? -preguntó, uniendo toda la información en su cerebro.

- Yo... ugh, ¡no lo sé! -exclamó, cubriendo su rostro con ambas manos en frustración.

Cyborg ahogó una risa al ver a su compañera tan molesta; por un momento parecía una adolescente normal lidiando con sus sentimientos.

- Mira. Yo no soy ningún experto ni nada de eso, menos con tus emociones; esas mini-tú de colores me espantan. Pero sé que ya no debes ni puedes seguir ocultando tus sentimientos bajo la alfombra. Deberás trabajar con tus emociones, aprender a entenderlas; intentar, no lo sé, ¿amigarte con ellas? Dales una oportunidad, Rae. No es malo sentir.

- Pero, antes-

- Antes eras otra persona. Sé que crees que ser humano implica ser débil, pero siempre fuiste en parte humana, y creo que nadie se atrevería a catalogarte como "débil". Los humanos no tenemos un control perfecto de nuestras emociones; ellas simplemente... pasan. Y a veces son buenas, otras veces son malas, pero si sigues negando tus sentimientos, te aseguro que será mucho peor. Eres humana, Rae. Acéptalo -Cyborg puso su mano en la rodilla de la ocultista, en un intento por reconfortarla.

- Ya, ugh, ya lo sé, pero no me gusta no tener control. No controlo mi rostro, no controlo mis lagrimales, no controlo mi voz... ¡Es patético! -gruñó con el rostro aún enterrado entre sus manos, negando fervientemente con la cabeza. Cyborg ahogó una carcajada.

- Bienvenida al mundo de los humanos, Rae -respondió él cómicamente, palmeando la rodilla de su amiga.

- No es gracioso.

- Oh, créeme que lo es -asintió él, notando que la menor asomaba sus ojos por entre los dedos y lo miraba con molestia.

- Eres un idiota, Vicky.

- ¡Ooooh! ¡Ese fue un golpe bajo! -exclamó Cyborg, llevándose una mano al pecho y siseando de dolor en un muy melodramático intento por mostrarse apuñalado por aquel apodo.

El mayor lanzó una carcajada y Raven mostró finalmente su rostro, soltando una suave risa totalmente auténtica. Cyborg agradecía ser testigo de aquel extraño e irrepetible hecho, pero más aún, lograr que ella riera así era toda una hazaña.

Cuando el silencio volvió, el ambiente se sentía mucho más ligero. Raven decidió quitarse por un momento el foco de atención (foco que detestaba tener encima), y chequear el estado de su compañero.

- ¿Cómo te sientes? -Cyborg suspiró y rascó su cabeza.

- ¿Tú casi te ahogas en tu tina, y me preguntas a mí cómo estoy? No puedes dejar que los demás simplemente se preocupen por ti, ¿verdad?

- Estás intentando evadir mi pregunta -sentenció con monotonía la hechicera, recibiendo otro suspiro.

- De acuerdo, de acuerdo -alzó ambas manos en rendición antes de dejarlas caer sobre sus rodillas-. Estoy... No lo sé. Cuando llegué creí que estaba bien, pero no pude lidiar con la idea de una fiesta, o juegos, o bromas... Supongo que me lo tomé muy a la ligera.

- Es un duelo; no puedes esperar que el sentimiento se vaya de la noche a la mañana.

- Lo sé, yo... Sólo esperaba ser mejor para ocultarlo, ¿sabes? No quiero... que lo noten.

- Habrá días en los que te sientas mejor, y otros donde no podrás fingir que estás bien. Es normal.

- Sí, yo... Supongo que me apresuré demasiado hoy -admitió, rascando su nuca-. Entré eufórico-

- Y me arrojaste al suelo -recalcó ella.

- Y te arrojé al suelo (lo siento por eso), y comencé a gritar y festejar y... Creo que no estaba listo para tanto.

- Yo puedo ayudarte con eso -murmuró la ocultista con duda.

- ¿Con qué?

- Con tus emociones. A controlarlas o... al menos a sobrellevarlas.

- Gracias, Rae -dijo con una sonrisa, sosteniendo la mano de la híbrida entre la suya-, pero realmente creo que necesito sentir todo esto. Ya sabes, superarlo por mi cuenta.

Raven solamente asintió, comprendiendo a lo que Cyborg se refería.

- Muy bien -anunció, bajándose de la cama-. Iré a prepararte algo de comer. Tú recuéstate y descansa; los antibióticos que te di pueden marearte un poco.

Ayudó a la menor a reacomodarse en la cama, cubriéndola parcialmente con una manta. Revisó una vez más sus sondas y niveles y luego se encargó de cambiar el código de bloqueo de la puerta, asegurándose de que nadie entrara a molestarla sin su supervisión.

Una vez sola, Raven clavó su vista en el blanco techo de la enfermería, meditando sobre la conversación que había tenido. ¿Sería bueno rendirse hacia impulsos humanos tan básicos, impulsos pasionales que eran incentivados por los sentimientos y no por el razonamiento lógico?

¿Haría bien en oír a sus emociones? Y no sólo oírlas, sino que tal vez, ¿prestarles atención?

Quiera o no, no podía negar que -de modo inconsciente- ya estaba dejando que su lado humano se apoderara cada vez más de ella. Reía (una o dos veces, pero lo hacía), tenía conversaciones sobre sentimientos, percibía más emociones recorriéndola que en sus casi veinte años de vida. ¡Sus ojos habían soltado lágrimas! ¡Lágrimas! Había podido entablar conversaciones con personas como Rose o Silas sin insultarlos y desaparecer. Ya no utilizaba los rincones oscuros para ocultarse del mundo, y no sentía tanto desagrado al pasar su tiempo rodeada de personas. Había llegado a comprender y apoyar a Cyborg sin necesidad de usar sus poderes empáticos: todo había sido auténtico, más auténtico que nunca.

Sus emociones estaban despertando, finalmente, y eso le aterraba.

"Deberás trabajar con tus emociones, aprender a entenderlas; intentar, no lo sé, ¿amigarte con ellas? Dales una oportunidad, Rae. No es malo sentir."

Las palabras de Victor resonaron en su mente. Tal vez debería comenzar a trabajar más con sus emociones, aliarse con ellas.

Oh, sería interesante ver en qué se estaba convirtiendo Nevermore.