HOLA A TODXS. Perdón la demora - otra vez. Estoy con una computadora prestada así que no la tengo siempre, por lo que avanzo de a poco en los ratitos que puedo usarla.
En respuesta a la duda de : Sí, de hecho incluso a mí me costó encontrar un modo de excusar lo que le pasaba con sus sueños porque toda su magia en general es bastante confusa, en cuanto a que son muchos poderes mentales, y esos suelen ser los más complejos. La idea es que sus sueños son algo así como advertencias del inconsciente; del mismo modo que soñó con Trigon los días previos a su cumpleaños ya el día en que abrió el portal -aunque esos eran mensajes de su padre-, su mismo inconsciente se encargó de buscar aquella información que ella le había exigido a Inteligencia sobre la fecha de muerte de Elinore, y aunque terminó por descubrir por qué le era familiar, existía cierto "bloqueo", como tantos bloqueos que se dan a ciertos recuerdos o hechos para evitar el trauma por los mismos. Entonces en sus sueños, manifestaciones del inconsciente, su mente intentaba darle pistas que la llevaran a descubrir lo que había ocurrido. ¿Tiene algo de sentido? Jajaja.
Bueno, les dejo -finalmente- el capítulo 10 de mi fic. Espero comentarios!
-Capítulo 10-
Habían sido dos semanas desde que encontró ese maldito libro, y las cosas no parecían mejorar. Quiso contarle la verdad decenas de veces, pero Tristeza se acobardaba, Valentía huía e Inteligencia se veía acorralada por las opciones a barajar: ¿sería positivo para Cyborg saber que, de forma indirecta, ella había sido responsable de todo? ¿Traería más ventajas que desventajas? ¿Tenía sentido que siquiera lo supiera? Es decir, esa información no cambiaba en nada su realidad; él seguiría siendo Cyborg, sus padres seguirían... muertos. Sólo perdería una amiga, y reviviría sus momentos más dolorosos, pero nada productivo saldría de ello.
Claro que Raven también estaba preocupada por lo que ella perdería. La idea de perder a la persona que más la respetaba -más en ese momento, con su líder más cerca de ser rival que amigo-, la atocigaba. ¿Era egoísta decidir qué hacer en base a lo que ella ganaría o perdería? ¿No era egocéntrico tomar esa decisión según lo que fuese de su propia conveniencia? De nuevo, sus emociones eran puro caos y pocas respuestas.
Entretanto, había intentado actuar con normalidad frente al resto (o lo que se puede definir como "normal" en ella): molesta con Chico Bestia, indiferente con Starfire, soberbia con Robin... Pero, ¿cómo actuar con Cyborg?
El mayor, lejos de ser tonto, había notado cada ligero cambio en su comportamiento, y ella lo sabía. Al parecer él temía que Raven volviera a su vieja etapa de encerrarse en su cuarto 24-7, por lo que intentaba integrarla en todas las actividades que hacía: lo acompañaba de compras, lo ayudaba con la comida, reparaban el auto y Raven se encargaba del mantenimiento en los sistemas de Cyborg. Él quería tenerla ocupada, lejos de su turbulenta mente -aunque no comprendía qué le ocurría-, y Raven lo apreciaba, en serio que sí; pero todo eso le hacía sentir una culpa aún mayor al recordar su enorme secreto.
TOC-TOC.
Raven abrió los ojos y bajó los pies al suelo, interrumpiendo su -nada relajante- meditación.
- ¿Qué? -preguntó sin mucho interés mientras con un movimiento de su mano abría mínimamente la puerta.
- Hey, Rae -saludó Chico Bestia, cerrando un ojo mientras el otro huzmeaba por la endija que la gótica abrió.
- No me llames "Rae". ¿Qué quieres?
- Cyborg preparó el desayuno; quiere que estemos todos en la sala -explicó, metiendo su nariz por la abertura para intentar tener un mejor ángulo de visión.
- De acuerdo.
La hechicera cerró la puerta, sonriendo cuando oyó el aullido de dolor de su compañero al quedar con la nariz atrapada en su trampa. Y aunque no quería estar en la situación de enfrentar cuatro pares de ojos a la vez, su estómago dejó muy en claro su postura al lanzar un poderozo gruñido.
Rápidamente tomó la capa que reposaba sobre una silla y se la colocó, cubriendo todo su cuerpo con ella. Sus quemaduras habían sanado por completo, por suerte sin fiebres ni ninguna otra complicación. Sin embargo, aún quedaban algunas cicatrices bastante evidentes en sus manos y, sobre todo, en sus muslos; recordatorios de su mitad humana que poco a poco parecía predominar, no sólo en su mente sino también en su cuerpo.
Decir que sentía "vergüenza" de sus cicatrices era exagerado, pero ciertamente le desagradaba verlas y recordar cuán débil podía llegar a ser.
Cazó el libro rojo y lo guardó, como siempre, bajo su túnica antes de salir de la habitación y recorrer los eternos pasillos hacia el elevador. En los últimos días optó por llevarlo siempre consigo y utilizar cualquier momento libre para estudiarlo, encontrar alguna falla en esa teoría, algún margen de error que la librara de la responsabilida de lo ocurrido - hasta el momento, sin suerte.
Cuando el mecanismo abrió sus puertas para recibirla, tuvo que ver con desagrado la escena romántica desplegada por su líder y su compañera, que se besaban -de foma más dulce que lujuriosa- justo frente a ella.
Como el cliché de una película cursi de baja calidad, la pareja no pareció notar que las puertas se abrieron y mucho menos que alguien los observaba. Sólo cuando Raven aclaró su garganta por segunda vez fue que los tórtolos abrieron los ojos y voltearon hacia la gótica, Starfire con un evidente sonrojo y Robin acomodándose el cuello de su capa.
- Ugh, olvídenlo -dijo con un tinte de asco antes de girar los ojos y voltear-. Tomaré las escaleras.
- ¡Oh, no, amiga Raven! Por favor -Starfire la tomó del hombro, obligándola a detenerse-. Sabemos de tu abersión hacia el contacto físico, y no tendremos muestras explícitas de amor en tu presencia.
La hechicera miró la mano en su hombro y luego, por el rabillo del ojo, el rostro suplicante de su amiga. En esas semanas no había tenido más cruces con Robin - de ningún tipo. De hecho, se había encargado de ignorarlo monumentalmente. Aún tenía asuntos no resueltos en torno a su líder, pero toda la situación con Cyborg era, por mucho, una prioridad para ella.
Pero recién ahora caía en cuenta que, como consecuencia de ignorar a Robin, también había dejado de lado a Starfire. Aunque latosa, chillona y naïve, Starfire aún era su amiga, y podía sentir el auténtico dolor de la tamaraneana al no comprender por qué Raven ya no le hablaba o la invitaba a meditar con ella.
Nada de esto era su culpa: ni las confusiones de Raven, ni los problemas entre ella y Robin. Starfire tenía nada más que buenas intenciones para con todos, y había quedado en medio de un fuego cruzado que no podía entender - que nadie podía entender. La culpa de Raven chispeó al percibir la tristeza de la pelirroja por su distancia.
La hechicera soltó un suspiro y volvió a girarse, dando pasos calmos hasta entrar en el elevador, delante de la pareja y con la vista clavada en los números rojos.
Ese viaje de seis pisos entre los cuartos y la sala común jamás se le había hecho tan largo. ¿Por qué había decidido usar el elevador? ¡Ella podía volar, por todos los cielos! ¡Podía atravesar los malditos muros! Su cerebro estaba cada día más idiota.
Podía sentir dos pares de ojos perforándole la nuca, y lo odiaba: un par la miraban con dulzura, ingenuidad y algo de duda. El otro par, con frialdad, resentimiento y soberbia.
Oía a Starfire enroscando un mechón de pelo en sus dedos y mordizqueándose el labio, indeciza sobre si podía, o debía, iniciar una charla con su compañera.
Para su suerte, las dudas que invadieron a Starfire la mantuvieron callada todo el camino y cuando las puertas finalmente se abrieron, Raven simplemente levitó fuera del elevador sin esperar a la pareja.
No es que no quisiera hablar con Star, pero en serio, en serio no quería hacerlo frente a Robin. Tener esos ojos juzgándola y escudriñando cada uno de sus gestos y respuestas la ponía muy incómoda - mucho más de lo que por sí la dejaba la situación de entablar conversaciones. Para empeorarlo, la inocencia de su amiga podría ponerla en apuros, haciéndole preguntas o soltando comentarios que dejaran a la gótica en una posición aún más incómoda con el líder titán. No porque le debiera explicaciones sobre nada -ella no se explicaba con nadie-, pero Robin sabía leerla muy bien, y podía detectar sus mentiras. ¿Notaría si ella dijera que está bien cuando en realidad su mente está hecha un caos? ¿Si dice que no le ocurre nada cuando tiene decenas de sentimientos indefinidos hacia la mayoría de sus compañeros? No podía arriesgarse a quedar expuesta frente al sujeto que era causante de muchas de sus migrañas - ya no quería abrirse a él.
Raven se sentó en la mesa de comedor y vio pasar a sus compañeros, que tomaron asiento en el sofá. Podría haber jurado que los ojos de Robin se habían clavado en los suyos por un momento, pero con la máscara era difícil asegurarlo. Como sea, él pasó de largo con su novia colgada de su brazo, y Raven prefirió mantener toda la distancia posible del resto.
Últimamente, Raven había vuelto a esa actitud distante, cautelosa. Tenía una posición de observadora en la Torre, sin emitir opiniones o juicios salvo que fuesen enteramente necesario. Incluso en esos casos, sus respuestas solían ser "como sea", "supongo" o "lo que consideren correcto". El resto del equipo esperaba palabras más concretas de la joven azarathiana; era sabido que ella era una de las personas más razonables, maduras y de lógicas en la Torre. Chico Bestia era infantil. Starfire aún no comprendía ni un tercio de la cultura terrestre, y además era demasiado inocente en muchos aspectos. Cyborg era mejor para tratar los problemas peleando que hablando.
Robin era... un necio. Era difícil hacerlo entrar en razón, y sus desiciones solían ser más pasionales que racionales, guiadas por un ciego sentido de la justicia manchado con sus traumas personales - algunos que Raven había conocido por accidente luego de entrar en su mente años atrás.
Era en esos momentos que todos contaban con Raven. Sólo ella solía tener la mente lo suficientemente fría para tomar buenas decisiones, que generalmente eran secundadas por todos sus compañeros. Aún cuando su líder no las siguiera, al menos podría decir "te lo advertí" cuando el petirrojo volviera a la Torre con un ala y su orgullo heridos.
Pero ahora, con su mente hecha un torbellino y sus problemas personales -y humanos- perturbándola, realmente dudaba de su capacidad para tomar cualquier tipo de decisión. Además, tanto contacto humano, tantas relaciones inter-personales habían sido la causa de todos sus problemas; tal vez volver a su antigua personalidad apática y solitaria era la mejor solución. Eso, si Cyborg se lo permitía.
Él parecía estar empecinado en sacar a Raven de su negro cascarón e impedir a toda costa que retomara sus viejas y seguras costumbres. La peor parte era que lo que sea que estuviese haciendo surtía efecto: a Raven le molestaba cada vez más la idea de volver a retraerse en las sombras. Su mitad humana le pedía a gritos entrablar relaciones sociales, conversar, reír, pedir consejos y aconsejar, enfadarse y ser feliz. Estúpida mitad humana y débil.
El desayuno fue relativamente... una porquería. Ella se limitó a beber el té de menta hecho por el titán mayor, sus ojos cerrados o clavados en la infusión. Estaba al tanto de lo que ocurría a su alrededor: Starfire estaba sentada sobre la falda de Robin, quien besaba su hombro y susurraba cosas en su oído, provocando sonrojos y risillas en la princesa; Chico Bestia lanzaba bolitas de tofu con su tenedor hacia la feliz pareja cuando el momento se volvía demasiado empalagoso, y Cyborg los reprendía por estar arruinando su apetito. Parecía que RobStar -como los había llamado alguna revista farandulera de Jump City- era el centro de todas las miradas. Raven, sin embargo, mantuvo su fachada de ignorar lo que ocurría junto a ella. No necesitaba alzar los ojos para saber cuánta saliva estaban intercambiando sus compañeros, y tampoco le era agradable imaginarlo.
- ¡Raveeeeen! -llamó Chico Bestia con un agudo tono de berrinche-. ¡Sepáralooooos!
Ella separó la taza de sus labios y miró al chico verde.
- ¿Por qué yo? -preguntó secamente.
- Pues porque puedes hacer ¡woosh! -juntó ambas palmas y las separó de pronto, mostrando el concepto de separación-, y lanzar a cada uno a una punta de la Torre.
Ella sólo frunció el ceño y volvió a su té, no queriendo gastar aliento en responder estupideces, y especialmente no queriendo involucrarse en aquella escena protagonizada por la feliz pareja.
- ¿Yoohoo, Raven? -llamó el metamorfo, sacudiendo una mano para llamar su atención. Luego se volvió a los novios y bufó-. ¡Oigan, dejen de comerse mutuamente! ¡Qué asco!
Cyborg mantuvo el silencio luego de lanzar sus gritos de disgusto por las demostraciones de cariño en la mesa. Sus ojos pasaban de la pareja a Raven y viseversa, notando cómo la ocultista se tensaba cada vez que Robin acariciaba, besaba o abrazaba a su novia. Él no era ningún tonto, y estaba bastante seguro de que estaba descifrando el malestar sentimental de Raven antes que ella misma.
Raven podía ser experta en muchas cosas -en casi todas las cosas, se corrigió-, pero era novata en materia de emociones. Podía leer las de los demás, incluso sentirlas (el título de émpata no era simple decoración), pero respecto a las propias, la amatista sólo sabía bloquearlas. ¿Entenderlas? ¿Comprender cómo nacieron o de qué modo actuar al respecto? La pobre no tenía idea.
- Rae, ¿te importaría darme una mano en el garage? -preguntó en medio del caótico desayuno, queriendo salvar a la gótica de la incómoda situación y logrando que Robin abandonara la guerra de lenguas con Starfire.
- ¿Puedo ir? Ya no tolero ver tanta saliva -se quejó el chico verde.
- Tú no te acercas a mi garage, Mancha de Césped -advitió, señalándolo de forma amenazante-; sólo RaeRae tiene permiso.
- ¡Oh, viejo! Estos dos siempre se besuquean, y ahora ustedes dos siempre quieren estar "a solas". ¡¿Qué hay de mí?!
- Consíguete un perro -respondió Raven con sarcasmo y una media sonrisa, haciendo que el mayor soltara una carcajada y alzara su mano para chocar los cinco. Ella suspiró derrotada y los chocó sin entusiasmo.
Robin frunció el entrecejo ante el comentario de Raven. ¿Acaso no reprendería a BB por decir tal estupidez, de que ella y Cyborg siempre querían estar a solas? Es decir, al no negarlo, estaba aceptándolo... ¿En serio Cyborg y Raven querían pasar todo su tiempo a solas? ¿Para qué, exactamente?
¿Y por qué rayos esa hipótesis le generaba un sabor amargo en la boca?
- Debemos entrenar, Cyborg -le recordó el petirrojo, interrumpiendo el momento.
- Pueden adelantarse y comenzar sin nosotros, Rob -volteó nuevamente a la hechicera y le sonrió, notando y decidiendo ignorar el ceño fruncido de su líder-. ¿Vienes?
Ella asintió, levantándose de su asiento y dirigiéndose hacia la puerta tras su compañero. Sin embargo, la sala se tiñó de rojo antes que el dúo pudiese salir, y pasa cuando giraron hacia el resto, Robin ya estaba corriendo hacia las computadoras.
- ¿Qué ocurrió?
- No tengo idea -dijo Robin con frustración, mirando las pantallas-. Algo atacó el centro comercial.
- ¿Algo? -preguntó Starfire con preocupación.
- Lo averiguaremos allí. ¡Titanes, en marcha!
Para cuando llegaron a la manzana del centro comercial, el lugar parecía una zona de guerra. Los heridos gemían de dolor, bomberos y policías corrían en todas direcciones con vendajes y sueros y los paramédicos hacían un triaje para decidir a quiénes tratar primero.
- Llegamos tarde -murmuró Raven, frunciendo el ceño ante el horrible escenario.
- Chico Bestia, intenta rastrear lo que sea que estuvo aquí.
El chico verde alzó su nariz al aire y en seguida tomó su garganta con una mano, sintiendo el repentino reflejo de vomitar.
- Es imposible, viejo. Sólo huelo sangre; mucha sangre.
Robin rechinó los dientes y observó el edificio donde habían ingresado. Los seis pisos estaban atravesados por un agujero de casi un metro de diámetro. Desde su ubicación en la planta baja podía ver el cielo gris y sentir algunas gotas de lluvia cayendo sobre él y su equipo.
- Sepárense. Busquen toda la información que puedan, pregunten a cualquier testigo. Raven, ayuda a sanar a los más graves. Star, ayuda a cargar a los heridos. Chico Bestia, busca sobrevivientes atrapados en los pisos superiores. Cyborg, ayuda a desajolar el lugar. Yo iré a la sala de vigilancia.
Todos asintieron y se separaron. Bueno, casi todos.
- ¿Cyborg...?
La hechicera detuvo su vuelo cuando notó al mayor de los titanes manteniendo su posición fija, sus ojos barriendo la escena mientras una mueca de horror se abría paso en sus facciones. Raven bajó al suelo y tomó el brazo de su amigo, sacándolo del trance.
- ¿Eh? -preguntó Cyborg luego de sacudir la cabeza.
- ¿Estás bien? -él tensó su mandíbula pero asintió-. ¿Seguro?
- Sí, sólo... -negó con la cabeza-. No es nada. Iré a las salas de cine a desalojar; suerte.
Raven asintió y lo vigiló mientras corría escaleras abajo, sabiendo que algo de todo esto lo había afectado - de forma distinta que al resto, en todo caso.
Decidida a averiguarlo luego y concentrarse en su tarea ahora, voló hacia la acera, donde los heridos eran recostados unos junto a otros hasta que el espacio para deambular era mínimo. Su rostro se contrajo con dolor al sentir las emociones de todos los civiles, tanto los tendidos en el suelo como los familiares que lloraban alrededor.
Cerca de la esquina yacían cuerpos cubiertos en su totalidad por mantas; personas que no llegaron a salvar. Su corazón saltó un par de latidos y sus ojos se acuaron al ver a los paramédicos cabizbajos cubriendo un pequeño cuerpo, de no más de un metro de estatura.
- N.N. femenino... -el oficial que llenaba el informe suspiró con tristeza, quitándose la gorra para rascar su calva cabeza antes de volver a colocársela y seguir escribiendo-. Edad estimada... Tres años.
La hechicera cerró sus ojos con fuerza empujando las lágrima nuevamente hacia adentro y sacudió la cabeza, dejando de oír la rasposa voz del policía. No. Ella debía enfocarse en ayudar a cuantos pudiera, salvar todas las vidas que fuesen posibles. De nada serviría quedarse flotando sin hacer nada, sucumbiendo a emociones humanas e inútiles.
Rápidamente se acercó al primer paramédico que vio y preguntó por el sargento a cargo, que casualmente resultó ser aquel hombre calvo que oyó momentos atrás.
- ¿Sargento Carlson? -llamó cuando se hubo acercado lo suficiente.
El hombre que se giró para ver quién le llamaba estaba entrado en sus 50 (tal vez más cerca de los 60 años), con su calva y una barba candado tupida y grisácea y un par de ojos cafés bajo gruesas cejas negras. De gran porte, espalda ancha y dos cabezas más alto que la hechicera, el hombre sabía dejar un aura intimidante a pesar de su avanzada edad.
- Soy Raven, miembro de los Jóvenes Titanes -se presentó, extendiendo su mano para estrecharla con el oficial.
- Oh, sí. Es un gusto, señorita Raven -el mayor correspondió al saludo con un fuerte apretón que Raven supo equiparar-; aunque hubiese preferido no conocerla que hacerlo... en esta situación -Raven asintió.
- Hace tiempo que no ocurre algo de esta magnitud, no en Jump City... -su rostro barrió nuevamente el escenario junto a ellos, notando que el número de heridos aumentada-. Ayudaré a tratar a los heridos, y transportarlos al hospital de ser necesario.
- Eso será de gran ayuda, señorita Titán -asintió el sargento con aquella voz que lo delataba como un fumador de toda la vida.
- ¿Tiene idea de qué fue lo que ocurrió? -el hombre negó con la cabeza.
- Estamos barajando algunas teorías, pero nada confirmado.
Raven frunció el ceño, su cerebro trabajando para dar con las diferentes posibilidades. Su parte analítica y experta en logística no demoró en pensar varias opciones.
No por nada, sus habilidades de análisis criminalístico eran equiparables a las del protegé de Batman (aunque el egocéntrico petirrojo no quisiera admitirlo).
- Primero hablamos de un robo a gran escala -continuó el sargento ante el silencio de la bruja-, pero-
- No se llevaron nada, ni tomaron rehenes -terminó ella-. ¿Terrorismo?
- También trabajamos esa posibilidad. De todas formas, seguimos intentado recabar información; ningún testigo ha podido dar datos claros sobre qué o quién atacó aquí -Raven alzó una ceja con incredulidad.
- ¿Nadie pudo ver lo que sea que cayó del cielo y atravesó los seis pisos del edificio? Resulta difícil de creer.
- Lo sé, pero todos coinciden en que era demasiado veloz. Lo que hemos confirmado es que aquel hueco en los techos es de salida, no de entrada.
- ¿De salida? ¿Y cómo entró?
- Aún estamos investigando -el teléfono en su cinturón comenzó a sonar, obligándolos a interrumpir el diálogo-. Deberemos interrumpir nuestra conversación, por ahora -le entregó a Raven una tarjeta con su número telefónico-. Cuento con usted, señorita Titán. Con su permiso.
Mientras el sargento atendía su llamado, Raven no perdió más tiempo y corrió hacia la fila de heridos, atendiendo a tantos como sus poderes le permitían. Acomodó extremidades dislocadas, logró remediar fracturas leves y detuvo algunos sangrados internos de forma temporal, al menos hasta que llegaran a una clínica para recibir los tratamientos correspondientes. Sus poderes tenían límites, y había algunas cosas que no podía hacer: ciertamente no podía sanar una herida interna de forma permanente, o soldar un fémur que asomaba por entre la ropa producto de una fractura expuesta. Pulmones colapsados, órganos estallados y huesos pulverizados; poco podía hacer en esos casos.
Si al menos podía aliviar el dolor de aquellas personas a las que no podía sanar, sería suficiente.
En cierto punto, luego de suturar un corte en el cráneo de una anciana, usó su muñeca para limpiar el sudor que perlaba su frente, y recién entonces alzó su vista al cielo; cielo que no había visto desde que comenzó con su tarea.
Estaba atardeciendo. Llevaba fácilmente seis o siete horas allí, y ni siquiera lo había notado. La cantidad de personas en la esquina aumentó considerablemente, y aunque sabía que ella no era capaz de salvarlos a todos, no pudo evitar sentir que podría haber hecho más.
'Siempre se puede hacer más'. Robin solía decir eso cuando una misión no salía del todo bien, o cuando alguien (civil o titán), salía herido.
Su rostro se volvió repentinamente sobre su hombro, sintiendo un par de ojos clavados en ella. Cuando miró alrededor, todos seguían demasiado ensimismados en sus tareas como para prestarle el más mínimo de atención a la bruja.
Esa sensación de ser observada, similar a la que sintió en el hospital de NY un mes atrás, la había abordado en cuanto pisó en centro comercial, y con el paso de las horas no hizo más que empeorar. No podía ver nada, pero percibía algo extraño; y sus instintos no solían traicionarla.
Su comunicador la sacó del trance en que su aparente paranoia la había metido, obligándola a bajar a Tierra. Lo buscó en su cinturón y lo sacó, notando cómo lo teñía de rojo gracias a la sangre ajena en sus manos.
- Aquí, Raven -respondió de forma casi ausente.
- Raven, ¿lograste averiguar algo sobre lo que sucedió aquí? -ella negó con la cebeza.
- No. Los que estaban... en condiciones de responder, hablaron de una cosa atacándolos, pero nadie pudo definirlo; dicen que se movía demasiado rápido.
- Demonios. Las cámaras no captaron nada más que movimientos borrosos. ¿Qué rayos es esto...? -Robin frunció el ceño mientras hablaba consigo mismo, y luego pareció recordar que estaba con el comunicador en mano-. De acuerdo. Nos encontraremos contigo en un momento.
Raven cerró su T-comunicador sin más y lo guardó, volviendo a extender ambas manos frente a su rostro para verlas. La cantidad de sangre que las cubría subía por sus brazos hasta los codos, habiendo arremangado las mangas de su leotardo para trabajar de forma más cómoda. Asimismo, su cabello estaba ahora recogido de cualquier forma con una tira de tela que había cortado de su capa, la cual había desprendido y cortado en decenas de tiras cuando los vendajes de las ambulancias se acabaron.
Sus rodillas estaban cubiertas de lodo y sangre, y su rostro terminó contagiándose de la suciedad rojiza-amarronada cada vez que la hechicera limpiaba el sudor o corría un cabello de su cara. El agua de la lluvia chorreaba por todo su cuerpo, cayendo al suelo con un tono casi rosado.
En resumidas cuentas, Raven era un desastre. Desalineada, sucia y sudada, expuesta al frío que enrojecía su nariz y mejillas, pero sufriendo el calor que producía la adrenalina de la situación. Sin embargo, eso no se comparaba con el horrible desastre que era su interior.
De pie en la mitad de la acera, mirando a la nada mientras a su alrededor seguían corriendo para subir a las últimas personas de a dos o tres por ambulancia. A la distancia, la esquina a la que no quería acercarse, donde la cantidad de cuerpos había aumentado a una docena y el camión de Policía Científica. El olor a sangre, los gritos que oyó de forma constante durante horas y las olas de emociones que la chocaban sin piedad la dejaron totalmente desorientada, mirando al infinito con sus ojos desolados y húmedos, sus brazos colgando vencidos a los lados de su cuerpo.
Para cuando vio al resto del equipo salir del edificio -todos algo sucios por el ollín y los escombros, aunque se veían mucho mejor que ella- su mundo había comenzado a dar vueltas y todo se veía distorcionados y pendulando en un suelo que parecía balancearse.
- ¡Amiga Raven! -pudo oír a la tamaraneana que ondeaba su mano mientras se acercaban, pero las voces estaban ahogadas por un zumbido que amenazaba con desgarrarle el cerebro.
- ¿Raven? -preguntó con cuidado su líder una vez estuvieron frente a ella.
Decir que parecía un fantasma no era exagerado. Su piel se veía de papel y su equilibrio era tan débil que parecía que la hechicera se volaría con la más leve brisa.
- Oye, Rae, ¿estás bien? -preguntó Cyborg, abriéndose paso entre los demás y tomándola por un hombro. Ella asintió vagamente.
- No es mía -aclaró, refiriéndose a la sangre-. Yo... necesito un baño -la bruja abrió y cerró su boca varias veces, lamiendo sus resecos labios y sintiendo lo pastoso de su paladar.
- Te entiendo -asintió Chico Bestia, que también estaba seriamente perturbado por tanto olor a carne.
Los Titanes iniciaron su marcha hacia el auto, abatidos y frustrados, y en total silencio regresaron a la Torre. Raven salió del auto y comenzó a caminar hacia las escaleras, no queriendo esperar -ni ver- a nadie. Subió los 23 pisos de escaleras a paso lento y cansado, incapaz de usar otra pizca de sus poderes.
Abrió la puerta de la azotea y el viento costero la golpeó con fuerza, obligándola a encogerse de hombros. Siguió caminando hasta el borde de la terraza y se quedó ahí, sus ojos clavados en la ciudad pero no viendo nada realmente. Bloqueó sus sentidos y se quedó allí, de pie.
Las imágenes del día la acosaban, la migraña la estaba matando. Sólo oía gritos y sirenas y llantos, sentía el olor a sangre -influenciado por toda la que tenía pegada al cuerpo- y veía los rostros contraídos con dolor y las heridas espantosas con las que había tenido que lidiar.
Vio bolsas grises.
Su cerebro empezó a recapitular, obligándose a pensar qué pudo haber hecho mejor, de qué modo podría haberlos salvado a todos.
Empuñó sus manos y lanzó un grito de impotencia al cielo mientras chispas de energía oscura saltaban en todas direcciones. Su puño derecho se incrustó de un golpe contra la columna a su lado, provocando una grieta en el cemento. Detrás de él, el izquierdo. Derecho. Izquierdo. Derecho. Izquierdo. La columnda -ahora perdiendo polvillo de cemento y con un agujero cada vez más grande- comenzaba a teñirse del rojo que desprendían los nudillos de la ocultista, pero ella ni siquiera lo sentía. Sólo seguía gritando, gruñendo y golpeando.
- ¡Raven!
Ella ni siquiera pudo responder, aún con el rostro contraído y sus ojos enfocados en la destruída columna cuando sintió una mano envolviendo su puño izquierdo, deteniendo el impacto. En reflejo, lanzó su puño derecho en dirección a quien la detuvo, pero de nuevo Cyborg pudo contener el golpe, manteniendo los brazos tensos cuando sintió cómo su compañera gruñía y forcejeaba, intentando zafarse o al menos golpearlo por haberla interrumpido.
- Cálmate.
- ¡Suéltame!
Un tentáculo de energía golpeó la muñeca de Cyborg pero fue casi imperceptible, ya que la energía de Raven estaba prácticamente drenada de su cuerpo.
- Raven, detente -ordenó con seriedad.
- ¡¿Por qué?! -escupió, mirando al mayor mientras al fin liberaba una de sus manos y le lanzaba un puñetazo que él no logró esquivar.
Cuando la soltó por ambas manos para tomarse su golpeada quijada, Raven giró sobre su eje, lanzando una patada que provocó un nuevo hoyo en la columna, y luego simplemente se quedó de pie, sus hombros hacia adelante y sus brazos colgando de forma muerta. Con las piernas separadas y su respiración errática, la ocultista clavó sus ojos en el suelo y comenzó a rechinar los dientes.
- ¿Por qué? -repitió en un susurro amargo y furioso.
Cyborg se mantuvo de pie frente a su amiga, mirándola con seriedad.
- No siempre se puede salvar a todos, Rae.
- ¡Eso es basura! -gritó, abordada por alguna especie de crisis emocional humana.
- Lo es, pero no deja de ser cierto -ella cerró los ojos con fuerza y volvió a empuñar las manos-. Sé que es... es una mierda... Pero es la realidad.
Raven se mantuvo quieta, sus ojos adheridos al suelo. Podía ver la punta de los pies de su compañero y sus propias huellas, la sangre vieja humedeciéndose con la lluvia y volviendo a manchar todo a su paso. Sintió la mano de Cyborg tomarla por la nuca y tirar de ella suavemente, haciendo que su frente quedara adherida al pecho de metal. Ella posó sus manos en la cintura del mayor, palmas abiertas. No sabía si estaba correspondiendo a la caricia o simplemente ayudando a mantener su estabilidad; tal vez una mezcla de ambas.
- Ahora sabes lo que tuve que vivir... -susurró de pronto en su oído de forma casi cínica, provocándole escalofríos en su piel mojada con el aliento tibio.
Los ojos de Raven se ensancharon y alzó su rostro de pronto, mirando a Cyborg con una mezcla de shock y miedo. Él sólo estaba con los ojos cerrados y el rostro aparentemente relajado - triste, frustrado, dolido, pero sin enfado, sin odio. Ella se preguntó si lo que había oído fue real hasta que el pulgar de Cyborg empezó a hacer pequeños movimientos circulares entre su pelo sucio y mal amarrado, obligándola a soltar el aire que había estado conteniendo en el pecho.
Sólo había sido su imaginación.
No es odio, y no es contra ti. Él no te odia, se repetía sin parar.
- ¿Vamos para adentro? -preguntó él con voz suave-. Tú debes darte un baño y yo tengo que ver cómo están tus dedos después de esa estupidez; debo admitir que tienes un buen gancho, RaeRae -dijo con una vaga sonrisa, aunque manteniendo el tono sereno.
- Lo siento -susurró ella, avergonzada por su exhabrupto digno de un adolescente humano sin control.
- Está bien. A veces es bueno soltar algunos golpes para liberar la frustración -respondió apoyando su boca en la empapada coronilla de la bruja-. Pero la próxima vez, usa una bolsa de boxeo -ella asintió y escuchó un casto beso siendo depositado en su cabeza.
El mayor se separóde ella e hizo un además de dejarla pasar primero. Raven comenzó a caminar hacia el interior de la Torre, su mente revolucionada por su última alusinación - estaba teniendo muchas, demasiadas en ese tiempo. La culpa se estaba volviendo demasiado pesada y la estaba volviendo literalmente loca.
Idiota, sólo dile la verdad, se reprendió mentalmente; él no te odia.
Y aunque su voz repetía una y otra vez "él no te odia", un susurro suave pero aterrador le repetía otra palabra, aquella que la paralizaba.
Él no te odia... aún.
