PERDÓN.
Perdón, perdón, perdón por la demora. Soy de lo peor, ya lo sé.
No sé hace cuánto no subo un capítulo ni quiero saberlo; sólo me haría ahogar más en mi vergüenza.
Ojalá la espera haya valido la pena y les guste este capítulo.
- Capítulo 11-
Esa semana fue agotadora y frustrante de todas las formas posibles. Robin se había mantenido encerrado en la sala de investigaciones por jornadas de 16 o 20 horas, interrumpiendo su trabajo sólo para ir al baño - por suerte había decidido instalar una cafetera en su oficina hacía tiempo.
Starfire decayó con el paso de los días: el primer día que Robin desapareció, ella se mantuvo alejada. Lo conocía bien, sabía que no podría sacarlo de esa sala ni con su fuerza alienígena, y que enfrentarlo sólo sería traer problemas a su relación. Además, ella sabía y entendía que la prioridad era encontrar lo que sea que hubiese provocado semejante incidente, y se lo tomaba tan en serio como los demás.
Cuando llegó el tercer día, sin embargo, su espíritu comenzó a debilitarse.
No sólo no veía a su novio Robin más que en los breves momentos en que se lo cruzaba de camino al baño, sino que además debía lidiar con la idea de verlo debilitarse al mismo tiempo que su peor cara -aquella obsesiva y oscura- salía a la luz. Con cada hora que pasaba sin resultados, el rostro de su pareja se contraía más y más en una mueca que mezclaba odio y frustración.
Al cuarto día, su corazón sintió una fea punzada.
Starfire no era muy conocedora de los modismos terrestres, eso todos lo sabían. Pero, por lo que su mismo novio le había estado diciendo días atrás -antes de que la catástrofe se desatara- era costumbre celebrar cada vez que la pareja alcanzaba un nuevo mes de relación. Una cita, un paseo, algún obsequio o al menos darse el momento para conmemorar aquella especial fecha.
Sin embargo, ese cuarto día, que casualmente caía para su primer mes de relación, la princesa tamaraneana supo que no existiría festejo, ni cita, ni celebración de ningún tipo.
Ella lo comprendía. Eran héroes, existía un orden de prioridades. Pero no pudo evitar sentirse lastimada por aquel descuido de su pareja. Ese dolor provocaba que se quedara muchas veces ensimismada, mirando al suelo o abrazándose a sí misma mientras se preguntaba qué podría hacer para mejorar la situación.
- ¿Starfire?
Raven apenas llegaba a la Torre cuando la vio. Había pasado sus días escapándose y yendo al hospital, donde ayudaba a sanar a los heridos. Ella la había pasado mal intentando cargar con la culpa que sentía, y decidió ocuparse personalmente del cuidado de quienes habían sobrevivido a aquel extraño y fatal hecho.
Era inmensamente agotador: drenaba todas sus energías sanando heridas y calmando dolores, horas de día y de noche paseando por los corredores del Jump City General, absorbiendo las emociones de enfermos, heridos y familiares. Maldición, cada día odiaba más los hospitales.
Se escabulló por los corredores de la Torre con una enorme mochila en su hombro, cargada con mudas de su uniforme y objetos de aseo personal - para ahorrar tiempo y no tener que volvet a la Torra todas las noches, los pacientes solían prestarle el baño de las habitaciones, donde ella se aseaba y cambiaba antes de continuar con sus auto-organizadas guardias.
Su idea había sido llegar a su habitación y dormir, dormir como no lo había hecho en los últimos tres días, antes de que alguien la detuviera a preguntarle dónde había estado la última semana. Sin embargo, cuando vio a Starfire de pie en la mitad del pasillo con su vista perdida en el suelo, no pudo simplemente ignorarla.
- ¿Um?
- ¿Todo en orden? -preguntó, acercándose un par de pasos.
- ¿Oh? Oh, sí, amiga Raven; eso supongo.
- ¿Supones? -inquirió con una ceja alzada.
- Mmhm. Es solo... -Raven esperó pacientemente que su compañera retomara la palabra-. Amiga Raven, ¿crees que Robin me quiere? -la hechicera frunció el ceño.
- ¿Por qué, tú crees que no? -retrucó, no pudiendo evitar al punzada en su pecho al estar hablando sobre su líder.
- Es sólo que... -Starfire se abrazó a sí misma, mirando al suelo por un momento-. Yo no soy una experta en la cultura terrestre; en sus costumbres románticas. Robin me informó sobre estos festejos mensuales en una relación, pero... -los enormes ojos verdes de la tamaraneana volvieron a posarse en los de Raven-. ¿Es normal que la otra persona los olvide? ¿No significa eso que Robin ya no me quiere?
La ocultista tragó duro; realmente jamás habría imaginado que en su vida daría consejos amorosos - ella de todas las personas, era la más inexperimentada. Su único consejo podía ser "jamás te enamores de un libro mágico". Fuera de eso, sus conocimientos eran simplemente nulos.
Sin embargo, por más desorientada que estuviese en el campo romántico, conocía suficiente sobre sentimientos para poder dar una respuesta más o menos reconfortante.
- Starfire, Robin es... complicado. No creo que los estándares de otras relaciones terrestres funciones con ustedes: tú eres alienígena y él un ex sidekick con trastornos obsesivos y problemas de manejo de ira. Estoy segura de que no fue su intención olvidarlo, y que no debes tomarlo como un parámetro para saber si aún te quiere o no. Él... -Raven tragó saliva antes de terminar la frase, llevándose con ella varios sentimientos-. Él te eligió a ti, Starfire.
¿Que si le dolía estar hablando en pos de la relación entre su mejor amiga y su líder? Sí. Le dolía demasiado por alguna razón. Pero Starfire era la persona más amable y maravillosa que Raven había conocido en su vida, y no merecía menos que su apoyo en lo que fuese. Podía tolerar el dolor por ella, lo valía.
Para cuando Raven terminó de exponer su argumento, Starfire miraba al suelo nuevamente, con una sonrisa suave en el rostro y sus manos enlazadas frente a ella.
- Tú pareces comprenderlo muy bien -dijo, y la amatista casi pudo sentir algo de rubor en sus mejillas.
- Es parte de ser émpata, supongo -respondió sin querer darle importancia al asunto.
- Yo creo que es más que eso. Tú en serio te preocupas por él, amiga Raven. Lo entiendes de formas que yo jamás podré llegar a imaginar -el silencio se instauró por unos segundos, cuando la hechicera no supo qué responder-. ¿Puedo hacer otra pregunta? -Raven asintió.
- Adelante.
- ¿Por qué tú y mi novio Robin dejaron de hablarse? ¿Fue mi culpa?
- ¿Qué? No. No, nosotros... -ahora fue su turno de mirar al suelo, sabiendo que ni ella misma tenía una respuesta clara-. Sólo nos distanciamos.
- Oh... Pero tú lo extrañas -la gótica suspiró.
- Las personas vienen, las personas se van. No tiene sentido preocuparse por eso -la princesa tamaraneana tapó su boca con una mano, soltando una risilla suave.
- Lo mismo dijiste cuando nuestro amigo Cyborg se fue, y sin embargo puedo ver que no creíste en tus propias palabras... Mi novio Robin a veces puede ser ¿cómo le llaman? Un patán... Cometer errores y hacernos enfadar... Pero en serio espero que no haya hecho nada para lastimarte intencionalmente -Raven negó con la cabeza.
- No. Supongo que simplemente encontramos algo de incompatibilidad entre nosotros; como amigos, quiero decir -aclaró, temiendo que Starfire encontrara un segundo significado a sus palabras. Para su sorpresa, la tamarenana la veía a los ojos con una mirada algo triste, pero también cargada de piedad y tibieza hacia ella.
- Yo creo que es exactamente lo contrario -murmuró la pelirroja con una sonrisa, casi como si supiera algo sobre ella que la misma Raven ignoraba.
- ¿Disculpa? -Stafire negó con la cabeza.
- No fue nada, sólo un pensamiento -aseguró con una gran y brillante sonrisa-. Iré a descansar, y tú deberías hacer lo mismo, amiga Raven.
La gótica sólo asintió, sintiéndose rápidamente aprisionada entre los fuertes y cálidos brazos de su compañera. La escuchó susurrar un "gracias" en su oído y no pudo evitar sonreír al saber que su amiga se sentía reconfortada, que ella había podido reconfortarla.
Cuando Starfire finalmente la soltó y desapareció doblando en una esquina de la laberíntica torre, Raven dio la vuelta por el corredor por el que había venido, alejándose de su añorada habitación.
Comenzó a caminar a paso rápido, demasiado agotada para usar sus poderes, y llegó luego de cortos minutos a su destino, golpeando con fuerza la puerta.
- Sé que estás ahí. Abre.
- Estoy ocupado -se oyó desde dentro del cuarto.
Raven gruñó y uso otro poco de su magia, atravesando el muro al instante. Sintió un mareo fuerte luego de eso, pero lo reprimió concentrándose en lo que había ido a hacer allí.
- Siempre estás ocupado -retrucó.
- Algo mató una docena de personas allá, Raven. ¿Y tú esperas que no esté ocupado? -dijo mientras seguía escribiendo de espaldas a ella.
- Espero que la próxima vez que le cuentes a Starfire sobre los aniversarios terrestres, realmente aparezcas en el tuyo en lugar de dejarla plantada y llena de dudas en la mitad de un pasillo.
Pudo sentir cómo la pluma de Robin dejaba de escribir, mientras él susurraba un "demonios". La hechicera sólo se cruzó de brazos con reprobación.
- Lo olvidé.
- Eso supuse.
- ¿Cómo está?
- Apenas logré convencerla de que tú no dejaste de quererla; y créeme, por muy poco, lo sentí -respondió mientras el petirrojo pasaba una mano por su pelo con frustración-. Así que deja de ser una patética excusa de novio y atiéndela como merece. Elegiste al ser más sensible y puro del planeta; no puedes actuar de esta forma, no con ella.
La silla de escritorio giró un cuarto de vuelta, dejando ver el perfil de Robin, que ahora clavaba sus ojos en el suelo con sus antebrazos caídos en los soportes.
- Lo haré.
- Más te vale. La próxima vez vendré con un castigo, no con una advertencia.
Raven dio media vuelta para irse cuando lo oyó, con una voz cargada de duda y enfado por estar atentando contra su orgullo.
- Gracias.
Ella giró el rostro por sobre su hombro, viendo el muro a su lado en lugar de a su compañero, ex amigo.
- Hago esto por Starfire, tenlo presente. Ella no merece ser infeliz por tu culpa; si vuelves a lastimarla, lo lamentarás -dijo tajante antes de abandonar la sala de investigaciones.
La puerta se cerró en su espalda y Raven automáticamente soltó todo el aire que había mantenido en sus pulmones durante aquella tensa conversación con su líder. Cerró sus ojos y suspiró, sintiendo cómo su presión bajaba y el mareo volvía.
- ¿Por qué me sigues? -preguntó sin abrir los ojos.
- Llevas casi una semana sin aparecer por aquí -Cyborg se irguió, separandose del muro donde se había mantenido apoyado, y descruzó sus brazos y piernas para acercarse a su compañera-. Sólo quería vigilar que fueras a dormir -no estaba diciendo toda la verdad, podía sentirlo. Tenía motivos ocultos para espiarla, pero estaba demasiado agotada para indagar al respecto.
- Hmp. ¿Y cuánto escuchaste? -ella abrió los ojos, viendo el brillo de su óptica robot en medio del oscuro corredor. También percibió cómo él se encogía de hombros.
- Algo. Hiciste un buen trabajo con Star -Raven desvió su mirada hacia el final del pasillo.
- Supongo.
El aire entre ambos titanes se enfrió, y Raven pudo percibir cómo las emociones de su amigo se transformaban en una fusión de preocupación, molestia y frustración. Por reflejo, ella volteó hacia la puerta del estudio antes de suspirar. Su mano viajó rápidamente a su estómago cuando un rugido lo invadió, haciéndola fruncir los labios con algo de vergüenza.
- Muy bien, tenemos dos opciones: o me acompañas a la cocina y llenamos ese estómago, o te llevo la cena a tu cuarto... y llenamos ese estómago -repitió el mayor, señalando el abdomen de su compañera.
- Ugh... cocina -asintió, caminando tras Cyborg. Sabía que si esperaba en su habitación se dormiría antes de siquiera tocar la almohada.
Raven veía la espalda de Cyborg mientras sus dedos trazaban el borde del vaso con agua frente a ella. Él no parecía tener problemas cocinando en la oscuridad - su vista provablemente estaba perfeccionada para trabajar sin luz. Raven observaba cómo se movía con acertividad de un punto al otro, cortando vegetales y mezclando todo en una sartén, moviéndola enérgicamente por el mango y provocando que todos los ingredientes volaran por el aire y volvieran a caer, sin que nada tocara el suelo. No podía negar que siempre admiró cómo Cyborg parecía otra persona en la cocina, cuánto parecía disfrutarlo. No sólo era hábil (algo que ya de por si admiraba y envidiaba), sino que se podía ver que su mente se iba de todos los problemas en esos momentos. Era su cable a tierra y, ahora que conocía su historia, comprendía que era su mayor conexión con Victor Stone.
Rose se pasó los días contando anécdotas del pequeño Vicky, aprendiendo a cocinar con su abuela. Había algo especial en la cocina, algo que ni siquiera el garage podía ofrecerle. Un lazo con su pasado y con su nostalgia.
Con todo eso que Raven se había encargado de arrebatarle.
- Oye.
- ¿Eh? -Raven alzó los ojos de la espalda de Cyborg y se encontró con su rostro asomándose por sobre un hombro.
- Sé que soy irresistible, pero siento que estás perforándome los pulmones con tus ojos, Chica Oscura -comentó con una sonrisa mientras volvía a su tarea, moviendo la comida con una espátula.
Raven no pudo evitar soltar un pequeño ronquido, algo similar a una sonrisa burlona.
- ¿Qué tanto piensas? -ella negó con la cabeza antes de beber un sorbo de agua.
- Nada importante.
- Okay, si tú lo dices... -culminó el mayor con un tono divertido pero que dejaba en claro que no le creía una palabra.
Raven se acomodó en su banqueta mientras Cyborg le acercaba la cena, tomando los extremos de su capa para protegerse mejor del frío.
- Muy bien, para la dama oscura un perfecto y delicioso ¡Cy-melette de vegetales!
El plato fue puesto frente a ella y no pudo evitar morder su labio mientras empuñaba el tenedor. Luego de tantos días sin comer, ese omelette se veía demasiado tentador; eso sin mencionar lo bien que olía.
- Espera, espera, espera -interrumpió Cyborg, metiendo su mano entre el platillo y el tenedor que iba directo a él. Raven alzó los ojos con molestia.
- Si no quieres este tenedor en tu ojo, mueve. la. mano. -siseó.
- ¡Woah! -exclamó, alzando ambas manos en son de paz aunque una de ellas ya cargaba con el plato de la ocultista-. Ven -dijo, haciendo un movimiento de cabeza-. Está helado aquí y la cena te pateará el estómago así; vamos al sofá.
Raven gruñó pero aceptó la propuesta. Ni siquiera sabía qué hora de la madrugada era, pero la torre de metal no era buena para mantener el calor, y por la noche las temperaturas bajaban considerablemente. Si a eso se le sumaba el invierno que acababa de comenzar, el resultado era vivir en un enorme refrigerador.
Cyborg dejó la cena de ambos en la mesa de café e indicó a la hechicera que tomara asiento, desapareciendo hacia un lado de la sala. Raven se acomodó justo cuando el hombre de metal regresaba con una manta colgada en su brazo. Se sentó junto a ella, extendiendo la manta sobre ambos mientras la ocultista hacía levitar los platos hasta ellos.
El omelette estaba cien veces mejor de lo que esperaba. Todo lo que cocinaba Cyborg era genial, pero su falta de alimento le hizo disfrutar los sabores de otra forma.
- Hnm -gimoteó Cyborg mientras terminaba de tragar su último bocado e intentaba llamar la atención de su amiga-. ¿Qué rayos estuviste haciendo esta semana? -Raven envió ambos platos nuevamente a la mesa y suspiró. Sabía que le tocaría oír un sermón.
- Estuve ayudando en el hospital.
Automáticamente retrajo ambas piernas sobre el sofá, juntando las rodillas con su pecho y logrando cubrir sus helados pies con la manta. Apoyó el mentón en las rodillas y se quedó viendo el gigantezco ventanal que daba a a la ciudad.
- Rae -suspiró Cyborg, masajeándose los ojos y el tabique nasal con algo de cansancio-, entiendo que quieras ayudar, o que necesites ayudar, pero esto es una locura. Llevas cuánto, ¿cuatro días sin aparecer? Sin dormir o comer. Necesitas descanso, imagino que estuviste usando tus poderes hasta el hartazgo. ¿Qué haremos que viene algún súper-idiota y tenemos que salir a pelear? Apenas logré engañar a Robin cuando preguntaba donde estabas; si llega a enterarse que estuviste toda la semana allá en lugar de entrenarte y que encima estás agotando tus poderes, se va a volver loco. Y con razón; no puedes quedar vulnerable allá afuera, Rae.
- Lo sé -fue todo lo que respondió, moviéndose lentamente para lograr que la manta subiera hasta sus hombros. Sus ojos viajaron hasta el suelo y la voz le salió en un susurro que Cyborg apenas logró escuchar.
El mayor se movió algunos centímetros, eliminando la ya corta distancia entre ambos, y pasó uno de sus brazos por los hombros de la gótica, atrayéndola hacia él hasta que su cabeza quedó acomodada en el pecho metálico. Raven no sabía cómo reaccionar a tan íntimo contacto, pero había algo en Cyborg que le permitía bajar la guardiar y aceptarlo. Pudo sentir el mentón de su compañero sobre su cabeza. Algo en toda esa situación la obligó a abrir su boca y decir más de lo que planeaba.
- Robin cree que fue mi culpa.
Cyborg detuvo en seco sus caricias, empuñando la mano libre y tomando una buena cantidad de aire por la nariz para contener las ganas de buscar a su líder y pedirle explicaciones. En su lugar, prefirió indagar sobre el tema con su amiga.
- ¿Él dijo algo al respecto?
- Soy émpata -respondió con obviedad-; no necesito que nadie diga nada al respecto. Sólo lo sé.
Cyborg suspiró; a veces olvidaban cuán fácil Raven podía leerlos si no se cuidaban. Y si ella estaba lidiando con la culpa por lo que ocurrió, sentir que alguien le daba la razón ciertamente sería un problema. Sobre todo si ese alguien era Robin.
- Es lo más coherente.
- ¿Qué? No. No, Rae, no digas tonterías -negó él, apretando más el pequeño cuerpo de su amiga.
- Doce personas, Cyborg. Nunca llegamos ni a la mitad de muertos en todos estos años. Y yo estaba ahí, era mi tarea, y no pude-
- Nadie habría podido salvarlos, Rae. Si no fuese por ti, casi todos los que se recuperan en el hospital estarían en la morgue -aseguró, frotando su brazo sobre la manta para reconfortarla.
- Si hubiera meditado esa mañana... Si hubiera meditado más la noche anterior, habría tenido más energía, habría podido centrar mi poder -balbuceó, cerrando sus puños en la manta bajo la atenta mirada del mayor-. Habría podido lidiar con heridas más graves, o haber hecho un portal para llevarlos al hospital y que no esperaran las ambulancias. Podría haber ganado más tiempo para ellos y los habrían visto doctores reales y no sólo paramédicos y bomber-
- Shh -silenció Cyborg, pasando el dorso de su dedo índice por la mejilla de Raven y sintiéndola tensarse por un momento. Jamás la había oído balbucear sin control, exteriorizando el caos que eran sus pensamientos. Y aunque no le molestaba oírla (en absoluto) y le agradaba saber que confiaba en él cuando necesitaba un descanso de su personaje siempre centrado, tuvo que detenerla cuando la mesa de café se vio envuelta en energía oscura y empezó a levitar de forma inestable, temblando a un par de centímetros del suelo. Lo último que necesitaban era que la gótica se sintiera totalmente expuesta.
Raven por mero reflejo cerró sus ojos al sentir la caricia, tragándose las lágrimas que ya estaban a punto de salir. Su respiración se volvió más lenta y sonora, y no necesitó más de medio minuto para caer profundamente dormida.
Cyborg siguió pasando su dedo sobre la mejilla de su compañera, interrumpiendo la acción sólo para tirar de la manta y cubrirla por completo; esa chica estaba congelada a pesar de que la sangre demoníaca solía causarle una temperatura corporal superior a lo normal; aunque claro que la falta de comida y descanso jugaban un papel importante en eso.
- ¿Qué voy a hacer contigo, Chica Oscura...? -susurró, viendo el rostro dormido de la menor.
Luego de chequear sus celdas de energía -totalmente cargadas- decidió no arriesgarse a mover y despertar a Raven, de modo que recostó su cabeza en el respaldo del sofá y cerró su ojo humano. Reclinó su cuerpo hacia un lado, quedando en una posición bastante incómoda (con su espalda básicamente suspendida en el aire), pero permitiendo a Raven recostarse mejor. Ya bastante duro era dormir sobre una superficia de metal; si a eso le sumabas el estar parcialmente sentada, el resultado sería muy doloroso.
La puerta de la sala se abrió y Cyborg volteó el rostro, abriendo su ojo.
- Hey -saludó en un susurro.
- Hey -devolvió su líder, abriendo el refrigerador. Tomó algo de queso y carne, buscó un trozo de pan y se armó un improvisado sandwich.
- ¿Algún avance? -Robin reposó sus caderas en la encimera, con sus ojos adehiros al suelo frente a él.
- No -dijo mientras tragaba un bocado de comida.
La gravedad hizo que uno de los brazos de Raven cayera alrededor de la cintura de Cyborg, su mano colgando fuera del sofá. Cyborg la tomó con cuidado y la reacomodó en su pecho, manteniéndola aprisionada dentro de su propia mano.
- ¿Qué haces aq-es Raven? -el hombre de metal asintió con seriedad.
- Tuvo un par de días duros -susurró mientras movía un mechón de pelo del rostro de su compañera, soltando una media sonrisa cuando vio cómo su nariz se movía para aliviar las cosquillas.
- Hmp -Robin apoyó su espalda en la isla de la cocina, viendo su sandwich con el ceño fruncido antes de darle otro bocado-. Fueron días malos para todos.
Cyborg frunció el ceño, recordando lo hablado con Raven y respondió, aún con sus ojos clavados en la hechicera.
- Tal vez; pero algunos pueden lidiar mejor que otros con lo que pasó.
- ¿Qué quieres decir? -preguntó Robin con una ceja alzada, dejando su aperitivo olvidado sobre la isla.
- Deberías tener más cuidado con lo que piensas cerca de ella, Rob -dijo con calma pero en tono de advertencia-. No es bueno saber que tu líder te culpa por lo que pasó.
- ¿De qué-? Yo no-eso no es-
- Lo que digas -Cyborg volteó finalmente hacia su amigo con el ceño fruncido y la mirada dura-. Tú y yo sabemos que Batman te enseñó cómo bloquear a un psíquico, y que Raven no vio nada que tú no quisieses que viera. Y créeme, ella lo sabe tan bien como yo.
Robin frunció el entrecejo y chasqueó la lengua.
- Sólo estaba-
- Enfadado, lo sé. Pero últimamente haces demasiadas estupideces cuando te enfadas, y por alguna razón esas estupideces parecen siempre estar dirigidas directamente a Raven -Cyborg volteó a verlo con seriedad-. ¿Hay alguna razón para eso?
- Sí -respondió Robin sin esperar ni un segundo, manteniendo una batalla de miradas con el mayor de los titanes-. Ella está distraída. Desde que volvieron de ese viaje Raven no es la misma, y eso nos perjudica a todos.
- Hmp. Hace tiempo que Raven no es la misma, pero dudo que tenga que ver con el viaje -retrucó Cyborg, su tono algo más duro de lo pretendido.
- ¿Disculpa? ¿Insinúas que es mi culpa? -Cyborg suspiró con cansancio y su voz se relajó.
- Rob, no busco discutir. Puede que Raven esté dispersa o lo que sea, pero eso no justifica que la castigues por lo que pasó con esa gente; sabes que ella es bastante buena castigándose a sí misma, y también sabes que aprecia demasiado tu opinión -pudo escuchar algo como un ronquido irónico de parte del petirrojo, pero decidió ignorarlo-. Haremos lo siguiente: yo me encargaré de cuidar a Raven, y tú te encargarás de hacer tu trabajo como líder. ¿De acuerdo?
- De acuerdo -respondió el pelinegro antes de tomar el resto de su comida y salir de la sala común.
Cyborg vio la pueta cerrarse y negó con la cabeza, suspirando con gran frustración. Sintió a Raven balbucear entre sueños palabras incomprensibles y la envolvió entre sus dos brazos hasta que los pequeños espamos se calmaron.
- ¿Cómo rayos puede gustarte ese sujeto, Rae...? -preguntó cuando dejó un beso entre la mata de cabello violáceo.
Sabiendo que no recibiría una respuesta, su cabeza volvió a reclinarse sobre el respaldo del sofá y poco a poco se dejó sumergir en su simulador de sueño.
