Secuestro
Por KlaraDlK
CAPITULO 9: Des pues de la tormenta… ¿sale el sol?
-¿Que ven? Ya tienen lo que querían, ¡lárguense!- grito Horo sacándolos a todos del cuarto. Ellos solo hicieron caso y salieron casi espantados de la habitación. El ultimo en salir fue el jefe y luego Horo que iba detrás de el. Cerró la puerta asegurándose de que no volvieran a tocar a sus ahora dos tesoros.
-¿Ahora si me vas a decir quien jodidos eres?
-Estas mal si piensas que en serio te lo voy a decir.
-Lo voy a saber porque lo voy a saber. – dijo Horo abalanzándose sobre la mascara del hombre, quien solo saco la pistola y le pego un fuerte golpe con la culata de esta haciendo que Horo cayera al piso.
-Vuelves a hacer eso y te mueres. – le grito el tipo arreglándose de nuevo la mascara de la cara.
-¡Váyanse!- le dijo enfurecido. El hombre solo se dio la vuelta y bajo las gradas. Horo se levanto y entro de nuevo a la habitación donde había dejado a las chicas. Pilika estaba cubriendo con las sabanas a Tamao quien en serio había quedado completamente agotada.
-Pobrecita…- dijo Pili con lágrimas en los ojos- No puedo creer que haya aceptado todo esto por salvarme.
-Si. Eso demuestra que te quiere mucho.- le dijo Horo, sentándose junto a ella.-Ya no llores hermanita.
*-*-*-*-*-*
Eran las 8 de la mañana. Cinco minutos después de que Horo entro en la habitación los rufianes se habían largado, dejando solo la ropa.
Horo se encontraba sentado en la cocina mirando los granos de café adentro de su tasa, confiando en que las niñas estaban arriba durmiendo. No podía creer todo lo que había sucedido. Había hecho a Tamao suya y ahora se encontraba mas perdido que nunca. No entendía si habían sido las dichosas hormonas o que jodidos las que habían provocado que el sintiera que Tamao era lo que había estado buscando.
Abrió los ojos, estaba desnuda sobre una cama solo cubierta por unas sabanas, cuando recordó todo lo que había sucedido la noche anterior. Derramo un par de lágrimas de tristeza, pero de repente se acordó de algo que la inquieto mucho. No entendía porque pero al estar con Horo hubiera podido jurar que era la mujer mas feliz del mundo. Se escondió debajo de las sabanas volviendo a llorar cuando escucho que alguien abría la puerta del cuarto. Sabia que era el, así que no quiso salir de su escondite. El podía escuchar sus sollozos. Se sentó en la cama y luego se acostó junto a ella. Podía ver un par de cabellos rosa salir de entre las sabanas. Puso su mano sobre la cabeza de la chica, jugando con sus cabellos. Luego de un rato la chica dejo de llorar. El le descubrió la cara y la pudo ver estaba rojo como un tomate. Se veía tan linda así. Buscaba a aquel par de perlas rosadas que lo habían hechizado la noche anterior pero ella los escondía.
-Tamao…- le dijo dándole un beso en la frente abrazándola a lo que ella solo correspondió acomodándose en el pecho del chico.- ¿Como estas?- pregunto esperando confirmar lo que sospechaba.
-Estoy confundida…- le contesto sin esperar que el entendiera su respuesta.
-Yo también…- dijo haciendo que con esta respuesta la chica lo volteara a ver.
-¿En serio? – pregunto incrédula.
-Si… Es que pues anoche cuando… tu y yo… Pues… No se…
-Yo tampoco estoy segura…- contesto ella.
-Es que no se si fueron las cochinas hormonas o que pero…
-Yo también he estado pensando en lo mismo.
-No se si es verdad pero cuando te veía a los ojos y te besaba…. Sentía como si…
-Todo fuera… perfecto.
-Si…- contesto casi instantáneamente.
Se vieron sorprendidos el uno al otro. Aparentemente si era verdad lo que pensaban. Y había una sola manera de saberlo. Lentamente sus labios se toparon en un inocente beso. Se separaron y se encontraron otra vez con una mirada enamorada. Se besaron otra vez, esta vez con mas pasión.
-Ah…- suspiro el peliazul separándose de la chica quien se volvio a acomodar en su pecho.
-¿Horo?- pregunto ella.
-¿Si?
-Es que también estuve pensando en otra cosa.
-¿Que sucede?
-Por favor, créeme que espero que no sea así pero…
-¿Que sucede?- dijo el al escuchar como la voz de la chica se había quebrado en las ultimas palabras que había pronunciado.
-Es que anoche, cuando lo hicimos… no usamos nada para protegernos. Tengo miedo de que…
-Tamao…- dijo el interrumpiendo a su joven amada, la hizo levantar la mirada una vez mas y la beso suavemente- no tengas miedo. Pase lo que pase, nunca te dejaría… -Ella solo se aferro mas al pecho del chico sollozando, el beso su frente.
A eso de las 10 de la mañana, salieron a la estación de policía para denunciar el suceso. Llamaron a los padres de los 3 chicos. Los primeros en llegar fueron los padres de Horo y Pili por que ya venían de regreso de su viaje, una hora mas tarde llego la mama de Tamao, quien no había sido localizada tan fácilmente, pues andaba de compras y sin el celular en el mercado.
Los padres de Horo y Pili se sorprendieron pero comprendieron la situación. Por en cambio la madre de Tamao no la tomo muy bien.
-¡Que! ¡Como es posible!- dijo ella al escuchar lo sucedido, levanto a Tamao de la silla donde estaba sentada junto a Horo-Horo. –¡Pervertido, sucio, desgraciado!- le grito a la señora.
-¡Señora Tamamura!- le dijo la señora Usui – Por favor comprenda que no fue culpa de los chicos lo sucedido. Un loco pervertido se metió a la casa y los obligó a hacer esas cosas. La señora Tamamura empezó a llorar y corrió a abrazar a su hija. -Mi hija, mi nena…- decía la señora sollozando.
Pasaron unas horas en lo que revisaban a Tamao, a Horo y a Pili, tomaron sus declaraciones y luego los enviaron a casa pero les dijeron que estuvieran pendientes del telefono.
Los Usui decidieron irse a un hotel mientras conseguian vender su casa y comprar otra. Querian olvidar todo lo sucedido ahí ademas de que era lo mejor para despistar un poco al enemigo. Tambien estaban arreglando investigaciones para encontrar por su parte a la gente que había hecho semejante cosa. Tamao se fue con su mamá quien no paraba de verla y llorar, ni siquiera Tamao estaba así de triste, de deprimida.
Pasaron unos dias cuando Tamao recibio una llamada de la policia donde la citaban.
-Tenemos informacion que le interesara mucho. Por favor presentese esta tarde a la 1.-dijo el hombre y colgo.
Cuando llegaron Tamao y su madre fueron guiadas hasta una sala. Ahí estaban Horo-Horo, Pilika y sus padres. Pilika vio a Horo y se sonrojo. Horo-Horo desvio la mirada hacia el piso cuando sintio la penetrante mirada de la mama de Tamao. Pilika camino para saludar a su amiga y se sento junto a ella para poder platicar un momento. La señora Tammamura se sento frente a Horo quien intentaba concentrarse en ver al piso. Pero no podia, la madre de Tamao, volteaba a ver a Horo-Horo a cada momento. El solo esquivaba sus miradas con miedo. La señora lo miraba de una manera hasta cierto punto despectiva, y el lo entendía: el había sido el que había hecho de su nena una mujer. En eso tocaron la puerta.
-Horo-Horo Usui, Tamao Tamamura vengan por favor.- dijo una mujer entrando en la habitación. Él se paro de inmediato y ella fue sacada de Su conversación al escuchar su nombre. Se levanto y camino hacia la puerta.
-¿Puedo ir con ellos?- dijo la señora Tamamura.
-No, disculpe es que necesitamos hablar solo con ellos dos.- Tamao le sonrió a su madre como diciendo que no se preocupara que todo estaría bien. Entonces esta también le sonrió y se volvió a sentar en su lugar mientras perdían sus rastros al cerrar la puerta.
-¡Ay gracias a Kami! No se cuento tiempo mas hubiera soportado que tu mamá me viera con esos ojos como llenos de odio. – le dijo mientras caminaban.
-Si, me imagino. Yo por eso mejor me puse a hablar con Pili. – contesto felisona.
-Esperen aquí por favor, en un momento los atenderán.- dijo la señora dejándolos solos enfrente de una oficina. Entonces se sentaron a esperar.
-Estuve pensando en ti esta semana...-dijo Tamao moviendo nerviosamente sus manos sobre su regazo. Horo tomó una de sus manos y la beso.
-A mi tambien me hiciste falta Tamao. – ella sonrio y se abrazaron.
- ¿Que crees que nos quieran decir?- pregunto Tamao.
-No tengo idea.- contesto sin poder saber. Justo en ese momento se abrió la puerta de la oficina.
-Muchachos, por favor entren.- dijo un hombre de bata blanca al que supusieron seria un doctor. Entraron en la oficina, al ver lo que adentro Tamao apretó fuerte la mano de Horo sospechando lo que vendría... y el también la apretó.
