¡¡Hola!!
Espero me disculpen por la tardanza, culpen a la escuela y mi nuevo y largo One-Shoot en el que he estado trabajando.
Aquí les dejo otro pedacito de mi linda historia :).
Disclaimer: J.k. Rowling en su totalidad. /Escenarios y personajes.
Trama: ValerieMalfoyCullenHale Original.
Little Lies
-¡Mírate!- le grito ella, la chica no podía creer que Ron hubiera estado con otra, que la hubiera traicionado.- ¿Con quién estuviste?, ¡Dímelo por favor!-
-Con Lavender Brown- dijo avergonzado y arrepentido, pero firme a lo que había hecho.
-¿Con la zorra esa no?, me decepcionas Ron… Y creo que todo termina aquí…- le dijo y se fue llorando a su habitación.
Despertó de golpe sobre su cama, completamente cubierta por las cobijas y bañada en sudor frío. No sabía desde dónde todo aquello había sido un sueño, y esperaba que aquel tramo que acababa de ver fuer eso, un sueño. Tenía mucha sed y moría de ganas por ver a Ron, así que se levantó y en pijamas bajó las escaleras buscando en la oscuridad la entrada al dormitorio de chicos, pero en vez de eso, encontró la chimenea encendida y a un muchacho de porte atlético pero ahora desganado pelirrojo que miraba el fuego. No se percató de la presencia de ella así que la chica lo llamó.
-Ron…- dijo ella, mientras el chico sobresaltado volteaba y la miraba con dolor. Ella caminó la pequeña distancia que había desde donde se encontraba hasta el sillón y se sentó a su lado. Cabizbajo y sin mirarla a la cara se dirijo hacia ella.
-Hola Princesa- y después de haberlo dicho miró de nuevo a la chimenea que emanaba una calidez excepcional.
-Oh, Ron…- dijo Hermione para luego abalanzársele en un abrazo. El chico se lo devolvió con la misma tristeza. Había comenzado a llorar, no soportaba el dolor en el pecho. Y el chico por su parte solo había despedido una lágrima; Hermione no podía soportarlo, ya había tenido esa pesadilla dos veces, perder a Ron hubiera sido lo peor, y ahora se daba cuenta de que sí, que amaba a Ron. –Fue horrible Ron, fue espantoso- balbuceo entre sollozos Hermione.
-¿Qué pasó Hermione?- le preguntó preocupado.
-Una pesadilla, tú… Tú me eras infiel, co-on Laven-der Br-ro-own- dijo Hermione mirándolo fijamente y luego frotándose los ojos- y luego terminábamos… y...y…- no pudo seguir.
-Yo… Hermione, yo nunca te haría eso, y yo también tuve una pesadilla- le dijo el muchacho con el rostro desencajado y mirándola a los ojos. La chica se quedó en silencio como una respuesta al muchacho.- Soñé que tu… me dejabas por Mclaggen, y eso no puedo soportarlo... yo no podría…- dijo él, mirando fijamente los ojos de Hermione en los que se perdía, su profundidad y su sufrimiento se veían reflejados en ellos, y Hermione perdida en los suyos y en sus pensamientos, mirando la melancolía que brotaba de los ojos de Ron, no en forma de lágrimas sino en forma de puñales que le rompían el corazón. Se quedó callado, esperando que Hermione le dijera algo, ella se trató de calmar un poco consiguiendo dejar de sollozar, pero él habló antes de que ella pensara siquiera en hacerlo.- Hermione, ¿Tu quieres dejarme?- le preguntó esta vez mirándola fijamente a la cara.
-¡NO RON!- exclamó- ¡Claro que No!- volviendo a abrazarlo y el colocando sus manos en la espalda de la muchacha.
-Tu-tu te mereces a alguien mejor que yo- le dijo, compadeciéndose de sí mismo.
-Tu Ron, Tu eres lo mejor que me ha podido dar la vida, deja de plantearte ese tipo de cosas, porque a ti es al que quiero- dijo ella, Hermione no podía sentirse más segura que con Ron, ese pelirrojo que le daba los mejores abrazos que jamás había recibido. El sólo se quedó callado pensando, pero pensaba en que pasaría si esa opinión era cambiada. Quería quedarse con ella por siempre, pero ¿qué pasaría si ella cambiara de opinión?, eso era lo que temía. Ella se acurrucó en su pecho, y prendada a su cuello se quedó dormida; él contempló sus posibilidades, o quedarse dormido con ella allí o llevarla en brazos a su habitación. La segunda era más segura, así que la tomó en brazos y subió con cuarenta y cuatro kilos las escaleras, peso que no hacía que sintiera esfuerzo. La colocó sobre su cama y la cubrió con las cobijas, para luego después de depositarle un beso en una de sus sienes intentar marcharse.
-Ron, Ron no te vayas- susurró ella –No me dejes sola, no me dejes- volvió a susurrar. El muchacho se sentó a su lado en el suelo y sujeto su mano, quedándose tontamente dormido a su lado. Tres horas más tarde, fue despertado por un chillido proveniente de una de las compañeras de dormitorio de Hermione, que asustada por la presencia del chico se cubrió hasta la cabeza con la cobija, lo que avisó a éste de que ya era hora de irse a su propio dormitorio, donde Harry se preguntaría si había pasado la noche ahí si él no estaba en su cama. Se sentía lleno, seguro y amado… Sabía ahora lo que era el amor. Lo que no era tan falso, ya que Hermione lo quería y mucho.
Hermione lo quería de alguna forma; había reaccionado de esa manera a aquella pesadilla porque no gustaba de sentirse traicionada, ni en sueños. En toda la noche no volvió a soñar, ni ella ni Ronald; solo durmieron plácidamente pensando el uno en el otro. El muchacho no podía creer que después de todo fuera novio de Hermione Granger y ella era la última pieza de su rompecabezas; Pero algo intrigaba al muchacho: las desapariciones de Hermione. La chica se había desaparecido la noche de la fiesta en busca de "algo", y esa misma noche, no lo había esperado antes de irse a dormir a que llegara de su turno de prefecto; simplemente se fue a dormir como si nada.
Draco estaba abatido y mal. Quería saber quién había osado en matar a su madre a mandato de Voldemort para aniquilarlo él mismo. Además, tenía que olvidar a Hermione, ya que aunque la amara, ella no demostraba quererlo en absoluto. Pronto se habría casado con Astoria Greengrass, a pedido de su madre; pero ahora que estaba muerta no pensaba seguir órdenes de nadie; ni del mismísimo Voldemort. Además no gustaba de ser niñero, ya que la chica es cuatro años menor que él. Ahora tendría que unirse a la legión de perdedores que le besan los pies al Señor Tenebroso si quería vivir. Su padre se volvía loco en Azkaban y la muerte de Narcissa Malfoy lo trastornaría aun más. Draco Malfoy, por primera vez se sentía realmente solo. Tenía problemas con Zabini y Parkinson, ya no eran los chicos que conocía; estaban cada vez más cambiados, mucho más cínicos y calculadores que él. No podía ni con su alma. Draco Malfoy te nía que volver a ser el de antes, un verdadero Malfoy.
Hermione despertó en la mañana y sintió su mano vacía, la gran mano de Ron ya no la sujetaba. No importó mucho, ya que supuso que era para evitarse algún berrinche de alguna de sus compañeras. Se dio una ducha y se colocó el uniforme; se dispuso a bajar las escaleras cuando terminó de arreglar su esponjado cabello y al llegar a la escalera, vio la embobada mirada de su novio que la esperaba sonriente. Hermione le dio un corto roce de labios para luego sujetar su mano y guiarlo al gran comedor. Ella disfrutaba cada momento que pasaba con él, era el nuevo Ronald Weasley que tanto le atraía el que llevaba de la mano. El chico del que siempre recibió bromas y palabras entre amigos ahora le decía cosas al oído y la escoltaba al Gran Comedor, era tratada como princesa por su príncipe de cabellera roja y armadura que la protegía de todo. Ella siempre lo había ayudado con lo que necesitara y ahora se sentía bien consigo misma; ese era su lugar. Se sentaron a desayunar y como algo inoportuno llegó Pidwidgeon con una carta para Ron. Mejor dicho dos vociferadores para Ron.
-¡Ron!- gritaba la voz de Fred y luego reía- felicidades hermano, espero que cuides de ella o, mejor dicho… que ella cuide de ti- seguía riendo Fred hasta que George lo interrumpió.
-No, enserio Ron... Felicidades y mi más sincero sentido pésame a Hermione- seguían riendo los gemelos más escandalosos que Hermione conocían, pero la hacía reír y a Ron también, al fin y al cabo eran sus cuñados, o dos de seis que ya se había ganado.
De los demás no podía decirse nada, ya Ginny estaba enterada y si los demás no lo sabían era porque no habían hablado con Molly Weasley, que era la más eufórica y emocionada que hablaba por el otro vociferador. Diciendo que les enviaría regalos; sus regalos tejidos a mano que siempre mantenían a los amigos de Ronald y Ginny Weasley calientitos.
En torno a Hermione; ella no tenía Hermanos, pero sus primos eran como eso, unos hermanos para ella. Decidió escribirle a Joseph, de cabello oscuro liso, alto y de tés clara con ojos color zafiro. Su casa, su casa de verano era donde siempre pasaba los veranos, pero esta vez no pudo, ya que había sido invitada por la propia Molly Weasley por carta a su casa, La Madriguera a pasar el verano con sus amigos y había aceptado gustosa, así que solo había podido pasar dos semanas en casa de Joseph, sumada también Rachel su otra prima. Además detestaba que ellos no fueran hechiceros como ella.
-Ron, ¿Tienes un trozo de pergamino?- le preguntó la muchacha.
-Sí, aquí tienes- le dijo acercándole un rollo entero, del cual ella retiró un trozo y tomó una pluma que a Ron le sobraba en ese momento y se dispuso a escribir.
-
Querido Joe.
Primo, ¿Cómo te encuentras?; lamento no haber podido pasar el verano completo con ustedes. Estoy apenadísima. Pero no te escribo solo para contarte eso, también para darte la noticia de que estoy saliendo con el chico que te dije me gustaba y con el que pasé todo el verano.
Muchos besos a ti y a Rachel, los extraño demasiado.
Hermione Granger
-
Luego colocó el trozo de pergamino envuelto por otro pedazo de papel que había doblado como sobre, le pidió permiso a Ron de utilizar a su lechuza y al este dar respuesta afirmativa lo ató a la patita de Pidwidgeon, esperando a que Joe lo recibiera ese mismo día.
-Discúlpame Hermione por la imprudencia, pero ¿A quién le escribías?- le dijo Ron con un tonito exageradamente presumido que hizo reír a Hermione.
-Ahh, a mi primo Joe- dijo ella.
-No se preocupe, su secreto está guardado- dijo de nuevo con el mismo gracioso tono. – ¿Deseaggia acomañagme a las afueggas de la escuela a dag un lindo paseo?- le preguntó él de nuevo con un tono un poco francés.
-Comienzas a hablar como Fleurrrr- dijo ella risueña- y claro que me encantaría acompañagglooo- le dijo exagerando la última palabra.
Y salieron del Gran Comedor sujetos por sus manos y en dirección a donde la vida los llevara por los extensos pasillos del castillo. No tenían clases a primera hora, así que solo fueron y se sentaron en el pasto frente al lago, sólo a charlar. Tuvieron una hora así, diciendo cosas incoherentes y besándose de vez en cuando. Hasta que sólo quedaban quince minutos para entrar a pociones.
-Vamos Ron, se hace tarde- dijo Hermione levantándose del pasto; a Severus Snape no dejaría de gustarle la idea de bajarle puntos a Gryffindor y comprobar que Slytherin era mejor que su casa. Además eran prefectos, ¿de qué otra manera darían el ejemplo?.
Caminaron rápidamente hasta las mazmorras, el aula de pociones no se encontraba tan lejos como ella pensaba. Se sentaron y veinte minutos más tarde, el Profesor Snape ya estaba en el aula.
Pasó una semana sin que nada cambiara. Hermione le daba vueltas al asunto cada día; y cada noche se había acercado al lugar en donde había charlado por última vez con Malfoy, ahora la atraía; no podía pasar por el pasillo que daba a aquel lugar sin ver hacia él. Ya varias veces había vuelto a soñar con el muchacho; era lo más extraño que experimentaba desde que había compartido aquel sueño con él. Y por encima de todo estaba que no podía saber la verdad, debatía en su interior si creerle que la amaba o si simplemente fuera un juego. Por sobre todo, le daba curiosidad qué estaría pensando el rubio, que le estaría pasando por la cabeza, qué hacía, qué comía; todo era confuso. Comenzaba a perder interés en Ron, aunque lo amara, ya no le parecían sus besos algo majestuoso; cada vez que se besaban, recordaba la noche con Malfoy, y trataba de hacerse la idea de que era una ilusión y una mentira. Además sabía que amaba a Ron tanto como él a ella y Hermione amaba perderse en sus ojos tan profundos como el mar, oír su voz tan infantil y sus abrazos de oso.
Le habló sobre las intenciones de Harry con su hermana, y él simplemente no dijo nada; Solo sabía que eso se vendría y sabía que su hermana no lo quería de la misma manera. La castaña ahora era un libro abierto con él, pero la sentía distante y alejada de su persona, como si ocultara algo y Hermione sentía lo mismo, como si Ron le estuviera ocultando algo y algo importante, ambos querían saber qué pensaba el otro en cada momento, pero no podían. Hermione lo amaba, pero a Ron parecía no serle suficiente.
A Harry el tiempo se le pasaba muy lento, ese "Tiempo" que Ginny le había pedido se le hacía eterno, pero de igual forma él la esperaría. En todo el tiempo que pasó, no se separó de ella para nada, solo para dormir e ir a clase; la acompañó por los pasillos hacia sus clases y le llevaba los libros; no podía haber otro muchacho tan caballeroso como él en todo Hogwarts. Y se veía a la chica contenta, animada, aunque la ruptura aun le doliera. Pero Harry siempre trataba de sacarle esa sonrisa tan hermosa que tenía y la chica se estaba acostumbrando. Claramente, llevaba una semana sin Dean Thomas, pero se daba cuenta de que su obsesión por Harry, que daba por muerta y había dejado en el pasado ahora regresaba a cobrárselas. Era Harry, esas orbes color esmeralda que la sumían en el delirio cuando la miraban a los suyos cafés. Después de la práctica de Quiditch, en la que le dio demasiadas vueltas a las ventajas y desventajas de Harry Potter, lo que implicaba sentirse atraída por el mejor amigo de su hermano y las graciosas caras que pondría si los encontrara besándose, además de lo que implicaba gustarle al capitán del equipo, es decir, colocársele en bandeja de plata a todos los chismosos del colegio y ser propensa a insultos de parte de muchas de sus compañeras. Pero eso podía irse al inodoro si quería, Ginevra Weasley era decidida y tenía su carácter, podía soportar cualquier insulto sintiéndose mal solo por ellos. Entró decidida al vestuario de chicos luego de la elección del equipo en donde quedo como cazadora. Cuando había dado unos cuantos pasos llamó.
-¿Harry?-
-¿Ginny?- preguntó al reconocer su voz -¿Qué haces aquí?-
-Necesitaba hablar contigo- le dijo ella, siguiendo su voz por los extensos pasillos.
-¿Es sobre la elección del equipo?- le preguntó nervioso; un tanto nerviosa, la chica se adentró más en el vestuario y lo encontró, con el cabello húmedo, sin gafas y con el torso descubierto sólo cubierto por el pantalón que ahora le sentaba muy bien a parecer cambiado de la muchacha; al quedar completamente a la vista del chico sus orbes verdes se conectaron con las cafés de ella.
-No… no es sobre eso- le aclaró la chica mirando sus zapatos. Tragó saliva- es, es sobre nosotros y he estado pensando en lo que hablamos la otra noche- dijo temerosa.
-¿Sobre… nosotros?- preguntó interesado mientras se colocaba la camisa y la corbata color dorado y rojo.
-Sí, sobre nosotros- dijo aclarando su garganta y tratando de no derrumbarse frente a Harry.
-Ginny… ¿Tu querrías ser mi novia?- le preguntó emocionado.
-Si Harry, si quiero…- dijo ella. La cara de Harry casi se ponía verde, se le había olvidado respirar. Se acercó peligrosamente para robarle un beso fugaz y abrasarla fuerte; Quería una probadita de todo lo que les tocaría.
-Harry…- dijo ella volviendo en sí, mirándolo a los ojos de nuevo – No... No podemos mostrarnos así de repente por el colegio como novios… Tu… yo creo que deberías hablar con Ron primero, no quiero que pierdan esa amistad que tienen por mi culpa- cuando terminó miró sus zapatos.
-Tienes toda la razón Ginevra- le dijo él.
-¡Sabes que no me gusta que me digan Ginevra! ¡Harry!- le dijo rozando su mano en la cara del chico.
Draco Malfoy volvía a ser el mismo de antes, arrogante, prepotente, presumido, orgulloso, mentiroso y lleno de odio hacía cada habitante del mundo mágico sumado a cada muggle que viviera en la tierra. Estaba deprimido y triste al estilo Malfoy: callado y misterioso. Su corazón ya se convertía en piedra de lo frío que estaba. Ya definitivamente no era el Draco de aquella noche, ahora era frío y despiadado. Pensaba conseguir al asesino de su madre y matarlo con sus propias manos además de conseguir a la autora de sus pesadillas para torturarla. Pensó en las mil y un manera de torturar a ambos en cada clase que tuvo ese día. Ahora extrañaba demasiado a su madre; y aunque su sombra lo siguiera, no era lo mismo.
Decidió moverse y salir de su habitación por un rato sin antes percatarse de la hora que daba el enorme reloj en la pared; la hora de la cena. Atravesó la concurrida sala común y con las manos en los bolsillos cruzo todo el castillo para llegar al Gran Comedor. A estar en la puerta divisó a Pansy Parkinson en la mesa de las serpientes; no le dio gusto verla en lo más absoluto, tenía casi tres días acosándolo por los pasillos del castillo y ya no soportaba su actitud. Solo se acercó al borde de la mesa para tomar dos manzanas verdes del tazón que se aproximaba más al borde. Salió de allí en busca de un tranquilo lugar en el cual pensar y comer su apetitosa y limitada cena. Caminó no más de dos pasillos en busca de un lugar tranquilo y se encontró con el lugar de la verdad, donde había comenzado a perder la virginidad y con la "prohibida" que tanto lo atraía y a la vez odiaba. Absorto en sus pensamientos e inconscientemente se sentó en el lugar en donde ahora pasaba tres valiosas horas del día y donde siempre daba con el paradero de Granger. Comenzó a comer una de sus manzanas, y rápidamente soltó el corazón en el pasto para comenzar con la otra. Sumido en su odio, sus pensamientos, sus pros y contras y arrancando trozos de manzana con sus blancos dientes no se había percatado de que tenía compañía.
Crujió de nuevo la manzana ante el mordisco del rubio.
-No es saludable dejar de comer, Malfoy- dijo la voz de la discordia, la sabelotodo que tanto lo confundía.
-No creo que lo que yo haga sea de tu incumbencia… Granger- dijo el muchacho con un toque de orgullo y prepotencia.
-Tienes toda la razón, Malfoy- dijo ella, luego se levantó y dijo- mejor me voy-
-Dije que no te incumbe, no que te vayas- le aclaró calmado pero a la defensiva, con sus ojos color mercurio la miró mientras volvía a sentarse y terminó con la verde manzana que en su mano tenía hace no menos de diez segundos; tenían más o menos medio metro de distancia entre los dos.
-Malfoy, ¿Por qué nos hacemos esto?- le preguntó ella.
-No creo estar haciéndole nada a nadie- le aclaro el altanero muchacho, rodando los ojos y mirando hacia otro lado.
Silencio.
-¿Recuerdas algo del sueño?- le preguntó la chica, estaba dispuesta a conseguir respuestas.
-¿Qué quieres de mí, Granger?- le pregunto el chico, estaba en lo cierto, no sabía qué demonios quería la castaña.
-Hoy me toca a mi exigir respuestas, Malfoy- le dijo con suspicacia.
-No quiero darte respuestas- le dijo el muchacho.
-Malfoy- pauso haciendo ademán de stress- tu no cambias… Y yo no debí venir- dijo la chica.
-¿Qué?, ¿No tienes permiso?- le pregunto divertido pero con semblante de seriedad.
-Definitivamente, tú no cambias… No debí creer nada de lo que me habías dicho- dijo ella a punto de llorar pero el chico no lo notó en lo absoluto.
-Todo lo que te dije hace noches es cierto, todo…- le dijo sin mirarla a la cara, comenzaba a hacer frío; pues estar a mediados de Diciembre no era la mejor época para esta a las nueve de la noche en las afueras del castillo. Por suerte ambos traían abrigo.
-No… no te creo Malfoy- le dijo ella, casi en sollozo.
-Pues por más que te cueste, es la realidad- le dijo el muchacho, más sereno que nunca.
-Yo… yo, Malfoy, yo creo que…- se detuvo y sintió la tibiez de sus lágrimas correr por sus ojos, luego sintió y de improvisto el pulgar delgado de Malfoy secó una de sus lagrimas y tomó su barbilla y la volteó hacia sí.
-Granger, eres tú. Tú eres lo único que poseo, lo único que tengo y lo único que me queda-le aclaró el muchacho.
-No digas eso… Malfoy, no soy lo unic…- la chica fue interrumpida por Draco.
-Sí, es cierto… No tengo familia, mi Madre murió asesinada, mi padre se vuelve loco en Azkaban y soy hijo único… Tu, eres tú lo único que tengo, lo que me queda… y no voy a dejar que eso cambie jamás…- le aclaró el muchacho y lo decía en serio. La castaña lo abrazó fuerte y él la abrazó con delicadeza sobrenatural.
-Pero… Malfoy, tu…tu, yo no soy lo único que te queda…, y-y Zabini, ¿Él no era tu amigo?- le preguntó la castaña al separarse de él.
-Él Zabini que crees conocer no es nada comparado con el real…-pausó- el real es calculador, autoritario, déspota y solo tiene amigos si éstos tienen suficiente dinero para llenar sus bolsillos… Yo no soy así, y no lo quiero como amigo- le dijo Malfoy, abriéndole su corazón completamente como un libro a Hermione.
Silencio.
Hermione aun lloraba, Draco con su dedo índice volvió a tomar la barbilla de la castaña para que lo mirara a los ojos y viera lo verídico que era el asunto.
-¿Lo ves?, eres lo único que tengo- aseveró el rubio platinado.
-Yo… Malfoy, yo venía con un propósito… Había pensado y creo que… Yo te amo Malfoy- le declaró Hermione. La cara de Draco se iluminó disimuladamente; Draco se acercó lentamente y le depositó un tierno beso en los labios. –Pero, yo no puedo herir a Ron, no me lo permitiría.-
-No se Granger, soy celoso… -dijo en broma para aligerar la presión del ambiente.
- Dame una semana- le dijo ella, señalando con el dedo índice en ademan a un numero UNO. –Pero tengo una cosa que preguntarte… ¿Estás comprometido?, Malfoy-
-No, mi compromiso quedó anulado con la muerte de mi madre- dijo mirando el rostro de Hermione que se iluminaba notablemente. La chica hizo ademán de besarle, pero antes de que pudiera, el muchacho le dijo: -Hermione, te amo- el rostro de Hermione estaba de fiesta, iluminada al oír su nombre producirse desde la garganta del rubio.
-Y yo a ti Draco- dijo ella sorprendiendo al rubio al pronunciar su nombre.
-Yo no sé qué haría si no existieras, si ya hubieras desistido a todo el maltrato de Voldemort hacia ti y tus amigos, no sé qué haría si no hubiéramos tenido aquel sueño que fue la chispa que me llevó a ti... Hermione, si tu no me quisieras ya hubiera muerto… si no te amara... estaría vacio- le declaró Draco y la miró a los ojos.
Ella lo besó tiernamente.
-Debo irme- le dijo la castaña.
-Pero… ¿A dónde?- le preguntó el celoso rubio.
-Debo encontrarme con… Ron- le dijo cabizbaja, no quería separarse de él ni un solo segundo.
-¿Debes?...- le preguntó de nuevo.
-Sí… Queremos que todo esté normal hasta mañana ¿no?- le preguntó con una sonrisa de medio lado.
-Te Amo- dijo él.
-Malfoy… Yo también – le dijo ella dedicándole una sonrisa que solo él conocía.
-Nos vemos mañana- afirmó el rubio.
-Temprano en la mañana- dijo ella, dándole un pequeño beso en la mejilla.
-¿Aquí?- le preguntó él.
-Sí, aquí frente al lago…- dijo ella.
-Buenas noches, Granger- le dijo cortésmente divertido.
-Buenas noches, Malfoy- dijo ella igual de divertida y se fue por el pasillo principal.
