Hola!

Lamento actualizar tan tarde, pues las pruebas finales han estado fuertes y necesitaba estudiar.

Sorry.

Aquí tienen uno de mis últimos capítulos de Nunca Pensé; como ven se está acabando, pero viene su secuela: Remember December. Con mucho cariño para todos los que gustan de leerme. Mucho amor está plasmado en este cap y el siguiente. Besos a todos.

Disclaimer: No me pertenecen los personajes ni escenarios. Como verán, la mente maestra y diosa de la creatividad J.K Rowling los poseerá por siempre.

Trama: ValerieMalfoyCullenHale Original.

Dile No a la piratería.

Situaciones

- Buenas noches, Granger - le dijo cortésmente divertido.

- Buenas noches, Malfoy - dijo ella igual de divertida y se fue por el pasillo principal.

Caminó apresurada hasta llegar a la biblioteca, donde tendría lugar su encuentro con Ron. Pensaba en las mil y un maneras de zafarse de Ronald Weasley; no quería lastimarlo, pero ya no lo amaba tanto como antes. Entró a la biblioteca y tomo tres libros, lo que normalmente tomaría en una tarde libre, solo para no parecer extraña ante la bibliotecaria que la conoce de memoria. Se sentó y fingió comenzar el primero, no sabía ni de qué rayos se trataba pero poco le importó; solo fingió cuando su mente y su corazón estaban desbocados por el encuentro con su enemigo y su amor perdido. Respiró profundo e intento devolver su corazón a su estado normal y su respiración comenzó a acompasarse a medida que el tiempo concurría. Minutos después apareció Ron, con su cara despreocupada que tanto la llenaba de ternura; lo observó fijamente a los ojos. Azules como el océano y profundos; algo que la dejaba muda.

- Hola Hermione - dijo Ron.

- Hola Ron - saludó Hermione amablemente a su novio.

Se le acercó y sintió la inquietud de la castaña y su nerviosismo; su corazón iba a mil por hora y eso lo notó el pelirrojo de inmediato. La castaña le dio un tierno abrazo y él contestó de la misma manera.

- ¿Te pasa algo, Princesa? - le dijo Ron muy bajito, murmurando en su oído y causándole un escalofrío. Y esto le hizo sentir culpa, pues haber estado casi una hora con Malfoy y haberle dicho que lo amaba no era algo tan fácil y tan tierno cuando sabía que tenía a Ron y que le había sido infiel.

- No Ron, para nada - le mintió descaradamente.

- Bueno, ¿vienes? - le pregunto despreocupado, confiando ciegamente en ella. Le extendió su mano y ella la tomó con culpa. Caminaron de ese modo, en silencio y sin mirarse a la cara; no porque el chico no quisiera, sino por la vergüenza que sentía la castaña. Justo frente a esa armadura se sentaban las noches que se veían fuera de la sala común; a Ron no le gustaba expresarse alrededor de tanta gente, además le parecía especial hacer eso a solas. Se sentaron en el banco de siempre y de su bolsillo sacó un pergamino arrugado. Se lo entregó en las manos a la castaña quien lo abrió de inmediato. Lo leyó para sí misma:

- Hermione, Te Amo - decía el pergamino arrugado y lleno de su casi inteligible caligrafía y los manchones de tinta. Una manera de expresar lo que sentía, también culpa... ¿Por qué sería? - Ron… - dijo emocionada mientras lagrimas traviesas bajaban por sus mejillas- Yo también-

- Ehmm - se aclaró la garganta- ¿Te gusta?- dijo mirando hacia otro lado.

- ¿Qué si me gusta?, déjame pensar - dijo haciéndose la indecisa – Me encanta, Ron… Es hermoso, ¿sabes? -le dio un beso en la mejilla que hizo que sus sangre dejara de fluir para concentrarse en sus mejillas.

- Yo… Bueno… -dijo, estaba tan avergonzado que las palabras no salían. Ya lo había expresado todo a través de aquel trozo de pergamino. Hermione no sabía que haría, estaba tan confundida. Sabiendo que era lo único que le quedaba a Malfoy y lo más especial para Ron, no tenía escapatoria.

Ron buscó sus labios con la mirada, y ella se perdió de nuevo en sus profundos ojos. Jamás le había parecido tan dulce y tierno. Tan tiernamente infantil rostro la llenaba de alegría, de timidez, de corazón y sentía cuanto lo quería, pero solo como amigo; aunque también lo amara. Ron se perdía en la belleza del rostro de la castaña, sus bucles castaños y sus rosadas mejillas y labios. Embriagantes sus labios… sus labios.

La besó, la besó como nunca antes lo había hecho por inseguridad. Se sintió mal, la culpa la estaba matando. Se sentía vacía, no tenía aquella parte del corazón que le faltaba y como apellido llevaba Malfoy. Salió del trance después de que de algún modo tenía que respirar, y perdía el aliento.

- Hermione - dijo Ron, separándose de ella, sentía que no podía respirar, ese aroma a canela y vainilla a veces llegaban a causarle otro tipo de sentimientos no muy santos.

- ¿Si…? - preguntó ella aun embobada.

- Ya es tarde, pasa la media noche -dijo él y la cara de Hermione se desencajó. Tenía que levantarse temprano para ver a Malfoy.

- ¡Vamos o no podremos dormir nada! - exclamó la castaña al tiempo que lo tomaba de la mano y lo arrastraba consigo hacía el final del pasillo, para que solo al cruzar a la derecha se encontraran frente a un pasadizo.

- Buenas noches, Princesa - le dijo Ron cuando ya se encontraban en la sala común. Tímido y ruborizado le dio un beso en la mejilla.

- Buenas noches, Ron - le dijo ella y se le acercó para rozar sus labios con los propios. Así mismo, subió las escaleras para con la misma ropa que tenía, caer a los brazos de Morfeo justo cuando pudo escurrirse por las sábanas y colocar la cabeza en la almohada.

Ocho horas. Despertó rápidamente recordando la cita que tenía a las cinco treinta de la madrugada. Miró el reloj despertador, ¡no podía ser!, ¡las once de la mañana!... Corrió al baño y se dio una ducha sumamente rápida, al salir se vistió a toda prisa. No le costó mucho llegar al lago, pero el rubio seguía allí.


Draco se despertó justo a las cinco treinta de la madrugada. Voló con rapidez de la cama hasta el baño, bañándose rápidamente y vistiéndose. No salió del cuarto sin antes pasar su mano por el lacio rubio platinado cabello y ver el reloj de nuevo.

Corrió todo el castillo, desde las mazmorras hasta el lago y se arregló al notar que la chica no había llegado. Esperanzado, esperó y esperó. Nada; la chica no llegaba y daban las seis.

Siete, Ocho…

Nueve, Diez…

Once… y media.

Se levantó del pasto irritado. Cuando pensaba que la muchacha era una "Sangre Sucia de mierda" y que "lo había dejado plantado por estar con el traidor a la sangre y comadreja Weasley", la chica apareció frente a él, cabizbaja.

- Dra… co - dijo avergonzada por su error.

- No vuelvas a pronunciar mi nombre en tu vida, Granger - le dijo frívolo y desafiante, sin siquiera mirarla a la cara.

- Yo… yo me quedé dormida… yo –dijo Hermione buscando palabras para una excusa.

- Tu jugaste conmigo, creo haber sido claro anoche, eres lo único que me queda y me perteneces; pero tu juegas con todos por igual; y apuesto a que no dejaste a Weasley anoche, ni lo dejarás; eres demasiado cobarde –dijo, sus ojos se humedecieron de la impotencia.

- Malfoy.. yo, yo… Yo te amo, pero dame tiempo, yo voy a dejar a Ron, lo prometo… pero anoche no pude…- le dijo ella llorando desconsoladamente.

- Granger, ya es tarde; y no valdría la pena, no eres tan valiente; es más, una Sangre sucia como tú no debería pasearse por esté castillo; las personas como tu deberían no tener magia –espetó el rubio, solo salía veneno de sus labios. – Además, ¿quién te crees tú para dirigirme la palabra? ¿ahh?... Insignificante Sangre Sucia ¡Inmunda! –ahora un grupo de estudiantes estaba mirándolos fijamente; esperando a que sacaran sus varitas. Pero no ocurrió. Draco se fue con una salida dramática en el momento en que Harry apareció en el paisaje.

Hermione seguía llorando, pero
Harry ya la había tomado por el brazo y la había arrastrado lejos de allí. Hacía la sala común, pero se detuvieron afuera en un banco. Libres de Ginny y Ron, que se encontraban o con sus amigas o estudiando para Transformaciones.

-¿Qué ocurre?- preguntó Harry preocupado.

-Na…da…-dijo Hermione entre sollozos.

-Que estés llorando no significa "nada", vamos dímelo- dijo Harry severamente.

-No pue-do de-cir-lo- dijo Hermione.

-¡Habla Hermione!- exigió Harry, pero lo único que logro fue hacer que llorara más fuerte- ¿Qué te hizo Malfoy?-

-¡Él no me hizo nada!- exclamó ella.

-Hermione o me dices o te enveneno con Veritaserum- la amenazó Harry.

-No puedo Ha-rry, fui yo la culpable; yo hice todo- dijo Hermione.

-¿Qué dices?- dijo el ojiverde atónito.

- Yo comencé a insultarlo y amonestarlo para abusar de mi poder como Prefecta, pero él me dijo cosas aun peores- dijo llorando. Lo miró, y luego cubrió su rostro con ambas manos para tapar sus lágrimas.

- No te creo… mejor vamos a la cocina, ahora necesitas un Té- razonó Harry.

La tomó del brazo y la arrastró consigo hasta las cocinas. Harry consiguió que Dobby le trajera dos banquitos y preparara algo de Té, sin decirle luego en secreto que al de Hermione le colocara Veritaserum, sabía que la chica no le diría todo por sí sola. Necesitaba la ayuda de una poción. Cuando ya llevaba la mitad de la taza y había parado un poco el constante sollozo, decidió comenzar con el interrogatorio.

-Ahora que estás más calmada, dime ¿qué pasó?- exigió Harry.

-Fue mi culpa, Harry; yo quiero mucho a Ron, pero no puedo vivir sin Malfoy…-pausó y pensó en lo que acababa de pronunciar, la mirada atónita de Harry le revelaba todo, Veritaserum. –Espera… no fue lo que quise decir… ¿Porqué dije eso?- se recriminó la castaña.

-¿Estás engañando a Ron?- exclamó Harry ganándose las miradas de los elfos domésticos que ahí trabajaban.

-No Harry, yo lo amo… Pero no se qué fue lo que me pasó- dijo ella explicándole a Harry. –Todo cambió luego de- de la fiesta- dijo con voz temblorosa.

-Bueno, ¿qué ocurrió luego de la fiesta?- preguntó Harry preocupado.

-Yo…yo… Me acosté con él; con Malfoy- se llevó las manos a la cara, se moría de vergüenza por dentro, no quería confesarle eso al moreno.

-¿Qué tu qué?- preguntó Harry, atónito. La vena de su sien palpitaba de la rabia.

-Si Harry; yo lo hice… Cuando tú estabas ya borracho y destruido por Ginny… yo fui en busca de ella y lo encontré en el lago… Pensaba amonestarlo, pero cuando me acerqué, me confesó que Voldemort ha matado a su madre…- dijo Hermione a duras penas.

-¿Te acostaste con él porque su madre había sido asesinada?- le preguntó con tono hiriente.

-No Harry; él tenía una botella de Whisky de fuego encima y yo unas cuantas cervezas de mantequilla… No fue intencional… -dijo serena.

-¿No pudiste detenerlo?, que razonable- afirmó Harry.

-¿Podrías por lo menos dejar de hablarme en ese tono?, me arrepiento ¿sí?; también deseo que nunca hubiera sucedido…- dijo Hermione ahora intranquila.

-Es que no puedo creer que lo hayas hecho, es una situación en la que nunca hubiese querido verte- explicó el moreno.

-¿Qué pasaría si en vez de ser yo, fuera Ginny?, ¿La interrogarías?, No… Te conozco lo suficiente como para decir que no lo harías- dijo Hermione mirándolo directamente a los ojos.

-Yo creía conocerte- dijo Harry mirando en otra dirección.

-¿Cuántas veces tengo que decirte que me arrepiento?, ¿ahh?.. Aun no me dejas terminar- dijo Hermione ardida. Harry nunca le había dicho algo tan hiriente como aquello.

-Discúlpame Hermione- dijo Harry y ella no pudo evitar recordar el sueño que por mala suerte compartió con el rubio pretencioso, prepotente, necio y testarudo como él solo, Malfoy. Aquel que acababa de dejarla.

-No te preocupes Harry; te conozco y sé que lo haces porque me quieres- hizo una pausa- como a las seis de la mañana me desperté; y caminé suave hasta llegar a la sala común y así engañar a Ron… tuve que hacerlo Harry; yo nunca he querido herirlo… Yo lo amo-dijo. Harry veía como lágrimas inundaban el rostro de la castaña.

-En eso fuiste sabia… ¿Pero no crees que en algún momento tendrás que decirle toda la verdad?- preguntó Harry tomando su mentón para que lo mirara a los ojos.

-Iba a intentar decírselo hoy, pero todo dio un vuelco anoche- explicó la castaña.

-¿Qué ocurrió anoche?- preguntó Harry

-Anoche, Malfoy… me dijo que me había estado buscando... Y charlamos… y le confesé que también lo quiero- dijo haciendo una mueca de dolor ante la cara roja de ira de Harry. –Me hiciste confesarlo así que ahora escúchame; y me dijo... Me dijo que yo… que yo soy lo único que le queda; yo, yo solo pude pensar que Ron no me necesitaba cómo me necesitaba Malfoy…- pausó para respirar- Pensé en dejar a Ron… Pero después me di cuenta que lo amo inmensamente y que no quiero hacerlo sufrir…- terminó con tristeza la castaña comenzado a sollozar.

-Veamos, entonces… ¿Dejarás a Ron?- preguntó- me parece lo más justo-

-No lo sé Harry… eso creo… No me permito tener a uno sin tener al otro; es un poco egoísta e irracional…- dijo Hermione calmando sus lágrimas y bajando revoluciones.

-Bueno; haz lo que te diga esto- dijo Harry señalando su corazón. La castaña sonrió ante el infantil gesto de su amigo- y ya verás que todo saldrá bien-


Draco Malfoy se encontraba en su Habitación; acababa de cerrar la puerta tras él y ya todo estaba patas arriba. Los muebles lanzados de un lado a otro, el papel tapiz de las paredes rasgado y el dosel de su cama partido a la mitad por la fuerza del Bombarda que acababa de lanzarle. Se aflojaba la corbata y se quitaba la túnica al tiempo que entraba a la ducha; se dio un baño que logró enfriar su rabia y congelar su destrozado corazón hasta que consiguiera una cura.

Salió de allí con la toalla envuelta en la cintura y revisó su armario, ya abierto de par en par. Sacó una camisa negra, un pantalón negro y el saco que hacía juego. Se colocó la ropa interior y el pantalón para verse en el espejo. Su escultural abdomen de adonis y se piel pálida lo hacían lucir sobrenatural; cualquier muggle que lo hubiera visto así hubiera pensado que era de otra dimensión o de otro mundo. Vampiro quizás. Con una mano que pasó por su humedecido cabello, lo peinó hacia atrás y sonrió tristemente al espejo. Tenía que sacarse a Granger de la cabeza de alguna forma y lo lograría. Se bañó en perfume, y luego se colocó la camisa y sobre ésta el saco. Los zapatos hacían juego perfectamente con el saco y lo demás. Salió de allí y encontró a la persona que lo ayudaría. Zabini estaba sentado en la sala común de Slytherin tranquilamente con una pinta muy parecida.

Se acercó y con el mentón en alto lo miró a la cara. De inmediato, Blaise capto la indirecta.

-¿Con que quieres algo de sucia diversión, no?... Draco- preguntó con una sonrisa de medio lado.

-¿Cómo en los viejos tiempos?- preguntó Draco.

-Como en los viejos tiempos, amigo- dijo Blaise. Lo que no se esperaba era que Draco ya no lo consideraba su amigo.

Caminaron rápidamente en la misma dirección hasta quedar en frente de una pared vacía, donde comenzó a aparecerse una puerta grande. Al terminar su estruendosa aparición, Blaise y Draco entraron. Tenía un aire lujoso. Mesas transparentes de vidrio con sillas caras pero con pinta de Lounge llenaba el lugar. Una barra, una tarima. Era un simple club nocturno al estilo en que solo los Slytherins podrían pagar. No daban entrada a ninguna otra casa. Pero allí se divertía.

Más de una chica había perdido su virginidad ahí. Más de una. Con alguno de los seguidores del Príncipe de Slytherin; y una que otra que diera la talla, se había llevado su noche de besos mojados con el propio Príncipe. Allí era donde se encontraba la diversión. Allí era donde meramente los Slytherins iban a tener sucia diversión; fumar, beber. Sexo. No cabía duda de que era el lugar más sucio que pudiera poseer Hogwarts y no en el sentido de suciedad exactamente. Fácilmente traían el licor desde "Cabeza de Puerco" y la comida era cocinada por algunos elfos de las casa de Zabini y Nott. Nunca los habían descubierto. Vincent Crabbe y Gregory Goyle siempre estaban a las afueras impidiendo la entrada a cualquier mequetrefe de alguna otra casa.

No era un lugar para confiados; cualquier cosa podía pasar en ese horrible lugar.

Draco se encontraba sentado en uno de los sillones, su vestimenta hacía juego con el gris color de las paredes. Blaise lo observó con autosuficiencia; el lugar lo había redecorado él y a Draco parecía gustarle.

-¿Es el regreso?- preguntó Blaise. Draco asintió levemente sin dirigirla una mirada. Pensativo.

-Corre la voz… Trae la bebida- ordenó Draco. Aun no lo miraba.

-Todo listo; supuse que sería el regreso después de la escenita que le montaste a Granger e hice todo antes de que lo ordenaras- dijo seriamente; ahora el miraba al horizonte y Draco lo miraba a él.

-Está bien; ahora tengo cosas que hacer… Nos vemos al anochecer- dijo Draco. Al instante, ya estaba en la entrada dejándolo solo en aquel Lounge. No supe que hizo en realidad.


Ron Weasley se encontraba caminando por el castillo. Su suéter de rayas lo hacía lucir Navideño y su rostro iba con el nublado clima, triste. Tenía una verdad que no debe ser revelada entre los labios y necesitaba una manera de descargar su culpa y remordimiento. Aun no se que tenía que decir; solo sé que estaba a punto de soltárselo a alguien y no pudo más que meterse la lengua en el bolsillo.

Caminó por los pasillos aun más desganado y cabizbajo de lo normal. Sin ganas de aparentar que su ánimo estaba bien, pues no era así. Intentó ser pesimista. Tuvo pensamientos suicidas, pero los borró rápidamente. No quería pasar a la otra vida. Siguió su camino hasta que a lo lejos vio su cabellera platinada; casi blanca como la nieve, pero ligeramente rubia. Su piel porcelana daban aires de grandeza y angelicalmente sus movimientos libres, frescos lo apasionaban irrevocablemente. La que alguna vez creyó lunática, la que tenía aires locos y sangre extrañamente pura.

La siguió con la mirada, hasta que vio la cara de sufrimiento que tenía su hermana, sentada en un banco mirándola. Caminó acercándose a las dos chicas de quinto que hablaban de vez en cuando entre sí. La pelirroja al verlo, puso cara de pocos amigos, intentando ignorarlo.

-¿Qué haces aquí Ron?- preguntó seria la pelirroja.

-Necesito hablar contigo- dijo él.

-Es lo que menos necesito- dijo ella. Luna se había escabullido dejándolos solos.

-Ginevra Weasley; si no quieres hablar por lo menos escúchame- dijo el pelirrojo.

-Está bien, Ron… Dime- le dijo ella mirando sus tristes ojos.

-Necesito saber si de verdad quieres a Harry… Él no se merece sufrir por que hayas salido con él por lástima Ginny- dijo en susurro.

-Yo.. yo no sé qué hacer… Ron; y sinceramente.. No creo que vinieras solo para preguntarme eso- dijo ella extrañada. ¿A su hermano que rayos le importaba, si siempre la hacían sufrir?, no se lo explicaba.

-No, en realidad vengo a pedirte un consejo- dijo Ron.- Y a contarte algo que tengo horas que quiero decirlo… Tienes que ser la primera en saberlo- se estaba desquiciando, no podía guardárselo más- Yo, yo me acosté con otra; con… con..- Ron tartamudeaba y balbuceaba cosas que Ginny no entendía en lo absoluto.

-Vamos a otro lugar Ron; puede haber algún mirón- dijo Ginny ayudándolo a levantarse y llevándolo del antebrazo hasta una parte más alejada del castillo, perdiéndose entre la verdura.


Hermione estaba esperando a Ron desde hacían dos horas para decirle algo importante. Tenía que confesarle; por un demonio que tenía que hacerlo. Se cansó de esperarlo y subió a su dormitorio. Cerró la puerta estruendosamente tras de sí y caminó rápidamente hacía donde su baúl se encontraba. Introdujo su mano hasta el fondo y extrajo dos libretas de color marrón, llenas de notas. Las notas, eran basura. Producto de un estúpido sueño que quiso jamás volviera. Las aventó al suelo. Sacó su varita de el pantalón y con una mano temblorosa las señaló.

-Wingardium Leviosa- cuando hubieron estado a una prudente distancia del suelo, pronunció- Incendio-

Las cenizas comenzaron a inundar el lugar, así que con una ráfaga de viento que hizo salir de su varita las limpió y las hizo salir por la ventana. Cerró la ventana y se dirijo al baño, quitándose la ropa con rápidez y entrando a la tibia ducha. No quería seguir llorando, ya no. Estaba harta. Le dolían los párpados, la nariz y sobre todo el alma. Salió luego de estar media hora bajo la regadera. Se colocó un vestido sumamente corto, color azul metálico. Unos tacos negros un poco altos. Dejó su húmedo cabello suelto y salió de allí sin dejar de llevarse su varita que había dejado en el buró. Caminó algunos pasillos hasta que en un banco cerca del lago encontró a Ron, solo. Se le acercó lentamente y lo miró aterrada. No sabía cuál sería su reacción ante la ruptura, pues no era de lo más bonito que te confesaran que te habían engañado.

Se sentó a su lado; sin mirarlo siquiera. Y mirando fijamente al horizonte, él saludo.

-Hola Hermione- dijo serio con voz apagada.

-Hola Ronald- dijo ella. Sintiéndose culpable. El muchacho se acercó peligrosamente y le depositó un tierno beso en los labios.

-¿Qué fue eso?- preguntó como si no supiera que era un beso.

-Un beso- dijo y luego suspiró.

-Ronald…-dijo buscando las palabras para no herirlo completamente.

-Hermione, sé a qué vienes, te confieso que me libras de un gran peso… Pero, ¡bésame como jamás lo habías hecho! ¡Danos nuestro beso de despedida! ¡El último!- rogó el pelirrojo. Hermione no pudo más con la culpa y comenzó a besarlo, tomándolo del rostro y entrelazando sus manos en su rojizo cabello, él tomándola por la cintura con ímpetu. Sus labios quemaban los del otro y no tenían comparación. Ese beso estaba cargado de culpa. Culpa que no podía borrarse. Se separó, Ron no pudo más. Pero Hermione estaba sedienta y buscó sus labios con la mirada para luego fundirlos con los suyos sin recibir resistencia a cambio. Ron la levantó en brazos aun besándola y la llevo hasta un aula vacía y abandonada cerca de allí. Al cerrar la puerta tras de sí, Hermione saco su varita del vestido y movió la mano con nerviosismo mientras aun se besaban. Conjurando cualquier cantidad de hechizos protectores, aun en sus brazos. Cuando Ron vio la posibilidad, la depositó en el frió mármol que pisaban y ella lo abrazó acorralándolo contra una pared. Besando sus labios como si no hubiera mañana; acariciando su rostro suave lleno con pequitas que le quitaban el sueño. Aun estaba enamorada de Ron, no podía evitarlo. El tímido muchacho tenía las manos en el aire. No recordaba nada de la noche en que la engaño ni cómo actuar.

-Haz esto- dijo señalándole como quitar lentamente cada botón de su vestido, pero cuando el comenzaba a hacerlo ella lo detuvo. Abotonó el botón que él había logrado zafar y luego lo tomo por la muñeca, halándolo hacia unas sillas polvorientas que estaban al otro lado de la sala abandonada. Sacudió ambas sillas y luego. Se sentó en una invitando a Ron a sentarse en la otra. Lo miró a los ojos seriamente. Leía sus pensamientos. Estaba aterrado.

-Ronald- dijo la castaña- Yo quisiera contarte todo… Tienes que saberlo-

-Y tú debes saber lo que pasó conmigo- dijo el pelirrojo.

-Yo me arrepiento mucho; pero te fui infiel… No fue mi intensión- el pelirrojo no cambió su serio semblante. La chica se sorprendió con aquel hecho.

-Yo también- dijo él. La chica no quiso, pero lágrimas brotaron inconscientemente de sus ojos. Trato de aferrarse a la idea de que fuera una broma de mal gusto. Pero el semblante de Ron lo decía todo. Era cierto.- y me arrepiento inmensamente-

-¿Con quién?- dijeron al unísono, con voz temblorosa ambos.

-Lavender Brown-

-Draco Malfoy-

Se asombraron. Ron no creía que lo hubiera engañado con ese hurón botador. Y ella no creía que la hubiese engañado con Lavender Brown, con esa voz chillona que la caracterizaba.

-No puedo creerlo- dijo Ron; consternado.

-Pues yo tampoco- dijo ella.

-¿Borracha?- preguntó Ron.

-Halloween… Cuando me fui- dijo cabizbaja.

-Nos fuimos, porque salí atrás de ti. Solo que me atrapó…- no continuo. No quería darle detalles hirientes.

-Siento haberte engañado- dijo ella mirándolo a los ojos.

-No lo hiciste; sabía que lo habías hecho desde un principio. Solo que me hice el tonto para ver qué pasaba- dijo Ron. Necesitaba de un abrazo fuerte. Y Hermione se lo dio.

-Creo que estamos a mano- afirmó Hermione.

-Eso creo- dijo él.

-¿Y ahora?; Quieres a otra ¿cierto?- preguntó Hermione.

-¿Y tú?; Amas a Malfoy ¿cierto?- preguntó Ron. Contestando claramente la pregunta de Hermione.

-Bueno…-dijo ella y para cambiar el tema, pronunció- No es Brown ¿cierto?-

-No… Lovegood- le dijo el pelirrojo.

-¿Seguimos siendo los mejores amigos?- preguntó Hermione.

-Los mejores- afirmo Ron.

-Ahh, siento haberte asustado esta noche- dijo ella cabizbaja.

-No lo hiciste.- dijo él.

Silencio absoluto.

-Hermione; por lo que más quieras bésame- le dijo él pelirrojo mirándola serio.

Ella lo beso. Lento. El momento pasaba rápido; el muchacho la había levantado y colocado sobre su regazo. Besándola; acariciándose…. Disfrutando, que era lo peor del asunto. La chica coloco sus brazos alrededor del atlético cuello del pelirrojo y lo beso introduciendo más su lengua en sus bocas. Él la tomaba de la cadera, acariciándola. La chica alcanzó a librarse de su camiseta y a besar sus pectorales mientras el muchacho acariciaba sus muslos y subía cada vez más su vestido acariciándola suavemente.

La chica entró en razón y se separo. Se acomodó el vestido que ahora llevaba sobre su abdomen y lo miró ceñuda. Caminó lento y antes de salir casi resbala con los tacos negros que llevaba; saco su varita de nuevo y conjuró los contra-hechizos para poder salir del lugar rápidamente. Ron se colocó la camisa tan rápido como pudo y salió en su busca. Pero cuando entró al pasillo, ya no había nadie, como si un pasadizo se la hubiese tragado. Corrió algunos pasillos en su búsqueda, pero no la encontró.

Hermione corrió algunos pasillos y se quito ambos zapatos para lograr aquello. Molesta con sí misma por verse en aquella situación con Ron no era nada bueno, y menos si ya no eran nada.

Escuchaba un murmullo cercano, pero bajo. Lo siguió a medida en que se convertía en una música semi electrónica y llegó a la pared que se conocía desde el año en que practico encantamientos en esa sala con el Ejército de Dumbledore. La Sala de Menesteres estaba ocupada.

Mil veces colocó el pensamiento en su cabeza. "Muéstrame qué hay dentro" hasta que por un demonio la puerta apareció. Entró en una especie de Bar clandestino donde al parecer había licor y muchas chicas de Slytherin vendiéndose a los muchachos. Caminó hasta la barra más cercana y se sentó en un banco. Un alumno de séptimo; Ravenclaw servía las bebidas, y ella necesitaba olvidar lo que acababa de ocurrir. Lo llamó haciendo señas con una mano y a causa del ruido, tuvo que decirle al oído que le trajera una cerveza de mantequilla. Después de severos minutos, apareció el moreno con su copa. Se la entregó y espero a que la muchacha pagara. En ese momento divisó al escuálido muchacho que estaba sentado a su lado, bebiendo también. Era moreno, de ojos verdes y tez blanca; aire aristocrático. Theodore Nott.

-Yo pago- dijo cerca de ella para que pudiera escucharlo. Pero hizo caso omiso y siguió buscando los pocos galeones que tenía encima. –He dicho que yo pago- exclamó el moreno y ella simplemente hizo caso. El moreno hizo señas al ravenclaw de que lo añadiera a su cuenta. Comenzó a beber su cerveza y miró al moreno de reojo.

-¿Qué hace una chica tan madura y cuerda como tú, en un lugar como éste?- preguntó interesado.

-Lo mismo que tu, por lo que veo- le dijo ella. Golpe bajo.

-Muy astuta, Granger… Pero no tanto. Trato de decir que ¿cómo llegaste a parar aquí?- dijo Nott.

- No lo sé, me entro curiosidad, y entré- dijo ella mirándolo al rostro.

-¿Llorabas?- preguntó el moreno.

-Sí – afirmó la castaña.

-¿Por qué?- preguntó el moreno.

-Acabo de terminar con mi novio…- dijo ella para no parecer descortés aunque no fuera de su incumbencia.

-Suerte con eso- dijo él.

Desde otro lado, un muchacho de piel oscura los miraba divertido. Zabini divisó su cabellera de leona desde que había entrado. Y solo quiso pasar un rato de diversión poniendo a su queridísimo amigo Malfoy en una situación poco común,

-Oye, Malfoy- dijo para llamar su atención.

-¿Si?- pregunto el rubio.

-Adivina quién está con Nott- le dijo con una sonrisa macabra.

-¿Quién?- preguntó Draco.

-Granger- pronunció Blaise y el mundo de Draco se vino abajo. Tomo una silla vacía y se subió a ella. Observando cómo charlaba con Nott. Caminó rápido hacia ellos, entre la multitud. Llegando un poco más tarde de lo que se esperaba. Al estar frente a ellos, saludo a Nott como si fuera su mejor amigo de toda la vida y le pidió cordialmente que le prestara a Hermione. Ella lo miraba aterrada. La jaloneó del brazo, fuertemente hacia afuera. Aun sosteniendo su brazo y recibiendo algunas palmadas en la espalda de parte de ella que no le dolían en lo absoluto, la llevó hasta un aula vacía cerca de su ubicación inicial.

Al entrar, hizo algunos conjuros y cuando ella hizo oposición e intentó zafarse de su agarre, la aventó al suelo para humillarla; su brazo estaba completamente adolorido al igual que su trasero y su integridad. ¿Quién se creía Malfoy?, no era nada suyo para estarla llevando a ninguna parte. Lo fulminó con la mirada. Él la miró de igual forma.

-Déjame salir- le exigió la castaña.

-¡No!- dijo, lanzando encantamientos insonoros al aula. -¿Quién te crees? ¿Ahh, Granger?- hizo una pausa para que la castaña respondiera- Responde, te he dicho- gritó desquiciado.

-Y si no, ¿Qué?-dijo ella. Sacándolo de sus casillas.

-Pienso matarte- dijo él, tan frio como un cubo de hielo.

-Malfoy, deja de engañarte. Tú me dejaste y yo deje a Ron; estoy soltera y puedo hacer lo que me plazca- dijo Hermione astutamente. Fue la gota que estuvo a punto de derramar el vaso.

-Te equivocas, sabelotodo. Tu eres mía, aquí me perteneces y en cualquier parte del mundo; Tu me PERTENECES- grito Draco.

-No soy propiedad de nadie; ahora déjame salir- exigió la castaña.

-No Granger- dijo e hizo una pausa. Se acercó a ella y estaba a escasos centímetros de su rostro, la punta de su varita estaba en la yugular de Hermione- No te vas de aquí hasta que lo aceptes-

-Primero muerta- exclamó ella y le escupió justo en la nariz. Draco se levantó y la apuntó con la varita.

-Avada Keda..-


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VMCH