Capítulo final.

Luego les dejo un Epilogo Jugoso que ya les preparé.

Muchos Besos! Por favor se les agradece dejar uno que otro Review.

Disclaimer: J.K Rowling; alabemos su creatividad.

Trama: ValerieMalfoyCullenHale Original.

1&- "Fireflies"- Owl City.

2&- "Turn Right"- Jonas Brothers.

¡Draco, no te vayas!

-Primero muerta- exclamó ella y le escupió justo en la nariz. Draco se levantó y la apuntó con la varita.

-Avada Keda..-

No continuó. El muchacho había levantado su varita para aniquilarla. No pudo, cayó de rodillas al suelo, dejando volar su varita por los aires y colocando sus manos en la cabeza, como evitando que explotara. Detalló el rostro aterrado de su acompañante y le dolió cada lágrima que ella derramó por él. Ella no podía ni creerlo, si alguien se lo fuese contado hubiese reído a carcajadas; ¿Malfoy mato a Granger? Hubiese sido bochornoso creer aquello si fuera un rumor. Pero no; tuvo la muerte frente a sus ojos, subestimó demasiado al rubio. Brinco sobre él de repente, en una especie de abrazo que el rubio recibió sin resistencia pero con asombro y estupefacción.

-Draco… yo te perdono; no..- balbuceaba la castaña y boqueaba como pez fuera del agua. Comenzó a sollozar en el hombro del rubio.

-Granger, suéltame… Intenté matarte; no merezco tu perdón; vete… vete de aquí- exigió el rubio pero ella no se deshizo de su agarre. Y él no opuso resistencia.

- Draco no me iré, no sé por qué intentaste hacerlo, pero supongo es por el cariño que me tienes… Yo te perdono Draco; te perdono- seguía repitiendo la castaña. El parecía estar en otro planeta. Ella lloraba aun abrazada a él.

Con ambas manos tomo el rostro de Draco para que la observara directamente, y sin pensarlo le zampó un beso apasionado. La tomo por la cintura y supo que la poseía, que era suya al fin y al cabo. Ella lo tomaba fuerte por la nuca, como si se fuera a separar de ella, sin saber que era lo último que quería el muchacho. Se besaban; pero el sollozo de Hermione terminó con aquel beso cuando ya no tenía aire en los pulmones para respirar. No pudo ahogarlo más y se separó, soltando otro mar de lágrimas. No quería sentir pánico, ni incertidumbre, ni dolor. Solo tenía ojos y tiempo para el rubio que la amaba a morir.

-Draco- dijo ella llamando su atención, pero él no reaccionaba. No la miraba. – Draco mírame- dijo ella volviendo a tomar su rostro con ambas manos. La miró directo a los ojos, cafés.-Draco, no podemos alejarnos el uno de-de-del otro. No-no me lo permito…no te permito que te-te-te aleje-s-s-s de mi… ¿Entendido?- preguntó, sollozando; sosteniendo el rostro pesado del rubio entre sus delgadas manos.

-¡NO!- dijo debatiendo ensimismado- Soy tu muerte Granger; soy capaz de matarte… ¿es que acaso no lo entiendes?- dijo el rubio.

-No es que no lo entienda, porque conozco tus capacidades… Pero no me importa, no me permito estar alejada de ti; no, no y no…-dijo ella y cuando el muchacho se dirigía a refutar, la castaña le colocó el dedo índice sobre sus delgados labios, susurrando "Shhh". –Draco, no me voy a alejar de ti ni por todo el dinero que Gringotts tenga guardado, ni por la joya más hermosa del universo; porque tú eres mi diamante en bruto y si no accedes a que me queda, me verás en Azkaban por algún secuestro- dijo seria.

-Granger, soy tu muerte… tu final- dijo y despacio quitó ambas manos de la castaña de su rostro.

-Sin embargo, yo soy tu principio y te saqué de lo más profundo del infierno y no quiero que regreses a él- dijo lentamente Hermione.

-Trate de matarte- replicó Draco. Etiquetándose como mala persona.

-Te dije que no me interesa… Draco, no me importa que trataras de matarme ni que te unas a Voldemort, ya no me importa… Tú me perteneces, ¿comprendes?- decía Hermione, él la escuchaba perfectamente.

-¡NO! Granger; no… tu lo eres todo para mi, te pertenezco y me perteneces… Pero soy capaz de dispones de tu vida en cualquier momento y por eso estás en peligro… Por ende, debes alejarte de mí.- dijo Draco; tomo su varita del suelo y la metió en el bolsillo de su saco.

-Sin ti moriré y sin mi morirás- dijo ella como si fuera tan simple como eso. Tomo la mano del rubio y la entrelazó con la suya. El Rubio veía sus manos con dolor. –Malfoy, estamos juntos en esto; vivos o muertos nos seguiremos queriendo- le explicó la castaña. El rubio pareció estar a gusto con sus manos entrelazadas y pensativo volvió su rostro hacia Hermione.

-Juntos en esto- dijo meditando la frase de Hermione- vivos o muertos; Hasta el final Granger, hasta el final- repitió.

Ella conmovida le dio un vivido beso que les recordó cuanto se querían y luego se acurrucó en su pecho cual niña pequeña. Sintió un calor que lo llenaba. Por vez primera sentía calor como aquel. Tan fresco, libre de mal y de remordimientos. Rememoró su vida, rememoró el sueño. Él que no sabía si en realidad estuvo despierto. Mientras que ella vivía el ahora, disfrutando de la cálida y porcelanada piel del muchacho. Abrazándolo, sintiéndose segura. El muchacho se separó de ella un poco para que sus orbes grises se conectaran directamente con las cafés de ella, que ya no lloraban. Estaban hinchados, pero aun así eran hermosos. Ella quiso comenzar a decirle cosas tiernas, importantes.

-Draco, quiero estar contigo; no lo podrás impedir… Nada ni nadie lo hará- dijo la castaña y lo miró detenidamente.

-No hay impedimentos, Granger- dijo el rubio- Tú eres mía y yo soy todo tuyo- afirmó. Fijó sus ojos en los de ella de nuevo y sonrió de medio lado- ¿Cierto?- esa palabra hizo que el cerebro de Hermione emitiera un inaudible CRAK y captara que estaba viviéndolo y no soñándolo.

-¿Qué va a ocurrir con esto?- preguntó preocupada.- No encuentro solución, no puedo estar lejos de ti ni un minuto… NO- exclamó ella.

-No hay solución Granger, esto debe ser un secreto… Por nuestro bien- dijo Draco preocupado por su bienestar.

-¿Te enlistaste ya?- preguntó Hermione con cara de horror.

-No, pero es este invierno; no hemos recibido llamado aun- dijo él. Vio el horror que se anidaba en el rostro de la castaña y beso su frente para que se tranquilizara un poco.

-No regresarás a la escuela, ¿cierto?- preguntó la castaña. El rubio asintió mientras observaba sus entrelazadas manos.

-No, no pienso regresar jamás- dijo y le causó un escalofrío que lleno de pies a cabeza la espalda de Hermione.

Ella lo miró detenidamente.

-Prométeme…- dijo ella y pausó; en la oscuridad que había se oyó claramente su sollozo-que no te vas a morir; que no vas a dejarte matar pase lo que pase; no te vas a casar; no me vas a olvidad… Prométeme todo, Draco Malfoy, porque tú eres mío y de nadie más- dijo respirando profundo para no sollozar, pero no lo logró. El rubio la atrajo hacia sí y ella lloró desconsoladamente en su pecho; mojando su camisa. Tomo su varita del saco que se quitaba para colocarlo en los hombros de la castaña que moría de frio, y conjuró otros hechizos más fuertes para que nadie pudiera entrar a interrumpirlos.

-Me quedan muy pocos días en Hogwarts… - sopesó el rubio mirándola tristemente en la oscuridad. Hermione detallaba lo trágica e irónica que era la vida; lo que más quería le era otorgado y se lo arrebataban de aquella abrupta forma. Odiaba que la vida la dejara a la deriva, sintiéndose completamente sola y con un frío que calaba sus huesos. El lamentaba no poder escapar con ella por el mundo, protegerla a toda costa y más que a su propia vida era lo que quería. Pero era imposible.
Se miraron a los ojos y los hinchados lagrimales de Hermione desecharon otro par, el rubio pasó su brazo por los hombros de la castaña, con delicadeza.

-Te amo, Draco- dijo ella y soltó una risita irónica- creo que lo he dicho demasiado-

-Yo nunca lo digo- dijo y luego pensó algo- Pero un gesto vale más que mil palabras; o eso fue lo que escuche- dijo haciéndose el despistado. Fue muy lindo lo que dijo y Hermione se sintió aun más a gusto. Besó una de sus sienes.

-Draco…-dijo la muchacha cuando el levantó sus labios de su sien.

-¿Si, Granger?- preguntó interesado.

-Me gustaría que me dijeras por mi nombre- dijo ella.

-Está bien, Hermione… ¿tengo recompensa?- preguntó con una sonrisa de medio lado; ella responde con un beso en los labios dulce y tierno.

Pasaron minutos de nuevo, en que ninguno de los dos podía hablar, pues la lengua del otro estaba recorriendo su boca. Besos que jamás olvidarían. Dulces como la miel y agrios como el limón, prohibidos en su totalidad. No importaba. Morfeo comenzó a batallar contra los ojos de Hermione. Que se cerraban de vez en cuando.

-Draco…- dijo con voz débil.

-¿Qué?- preguntó el rubio.

-No me dejes; si me amas… no me abandones- dijo y cuando terminó de pronunciarlo cayó rendida en el regazo de Draco.. El sueño que tenía era profundo. Draco acariciaba sus bucles castaños en la oscuridad. Trataba de dormir, pero el pensar en que tal vez jamás volvería a tenerla así de cerca lo atormentaba. Pensó las mil y un maneras de no abandonarla, de no dejarla sola por completo. Deseaba que Voldemort no hubiese regresado, que estuviese muerto, en el infierno quemándose. Pero no. La realidad era otra. Diferente. Muy diferente. Varias horas después, sin pegar un ojo, sintió como Hermione restregaba sus manos contra sus ojos, al parecer había logrado dormir bien mientras él estaba completamente atormentado. Se levantó e introdujo su delgada mano en el bolsillo de su vestido, sacó dos dulces de limón y le entregó uno en sus manos.

-¿Qué es?- preguntó el rubio.

-Pruébalo- le dijo ella mirándolo directamente a los ojos con semblante serio.

-No es veneno, ¿o sí?- bromeó el muchacho con una sonrisa tan Malfoy que hizo derretirse a Hermione.

-¿Para qué envenenar a la persona que más amo en todo el mundo?- preguntó astutamente, sacándole risas entre dientes al rubio. El rubio estaba estupefacto, y sin querer sus mejillas se habían coloreado. La chica tocaba cada vez más y más profundo en su corazón y se sabía las canciones que tocaba su alma al derecho y al revés.

-Yo también te amo, Granger- dijo mirándola fijamente a los ojos.

-Vamos cómelo- dijo ella alentándolo e introduciendo el propio en su boca.- No lo muerdas, tiene poción dentro, desvanece el cansancio y te recupera ocho horas de sueño sin efectos secundarios- afirmó orgullosa.

-¿Cómo haces eso?- dijo el rubio para luego introducir el dulce a su boca.

-¿Hacer qué?- preguntó la castaña. Afligida lo tomo por la mano, entrelazándola con la propia,

-Pensar en todo… ¿Cómo sabías que ibas a necesitar dos en vez de uno?; ¿Cómo logras cautivarme solo con un gesto?; ¿Cómo logras que te ame y te odie al mismo tiempo?- dijo el rubio y ella se sorprendió.

-No lo sé, siempre soy yo misma-dijo encogiéndose de hombros.

-Granger, nunca pensé que quedaríamos así, juntos- confesó el rubio- Pensé que siempre estaría enamorado yo solo…-

-Ni yo; nunca pensé en nosotros, como un "nosotros"; Es mágico Malfoy, es especial-le dijo la castaña y luego el rubio le robó un fugaz beso. Observó el reloj de pulsera y debía irse; compromisos con su padrino.

-Debo irme- avisó el rubio y el rostro de Hermione se oscureció.

-¿A dónde?- preguntó rápidamente mientras el rubio quitaba con delicadeza el saco de los hombros de Hermione y se lo colocaba.

-Snape me dijo anoche que necesitaba verme el día de hoy a las seis en su despacho y son las cinco cincuenta- explicó rápido.

-Nos vemos en el lago- ordenó ella.

-Si no estás allí, te sacaré de tu sala común y sabes que puedo fácilmente engañar a la dama gorda- dijo y le tomo por el rostro delicadamente. La acercó a él y le besó la frente.

Corrió dejándola sola en el aula hacia el despacho de su padrino en las mazmorras, y se quedó sin aliento al llegar allí, solo en ese momento. Tocó la puerta. "Pase" dijo la voz de su padrino.

Entró y el no lo miró, estaba ocupado en un papeleo sobre su escritorio. Le entregó un pequeño pergamino dentro de un sobre. La marca que sellaba el sobre, era de su mansión.

La abrió rápidamente y comenzó a leer.

-

Señor Malfoy.

Le escribe su amo, esperando que usted y sus compañeros se presenten el día de hoy a Malfoy Manor para realizar su iniciación. Dé aviso a Nott, Parkinson y Zabini. Tres de la tarde; sea puntual a su llamado.

Lord Voldemort.

-

Draco no se había desmoronado de milagro. Snape lo vio palidecerse y esbozó una sonrisa macabra.

-Estoy orgulloso de ti, ahijado- le informó, su cabello grasiento y negro caía sobre su cara como siempre lo hacía.

-Voy por los demás- dijo el rubio levantándose rápido. –Gracias por avisar, padrino- le agradeció y desapareció por la puerta. Caminó en dirección a la sala común y encontró a las tres personas que venía a buscar. Pansy lloraba y Theodore la consolaba, mientras Blaise los miraba con asco.

-¿Qué ocurre?- preguntó el rubio.

-¿Qué? ¿No recibiste la carta?- preguntó irónico Blaise.

-Sí, si la recibí; pensé que no la habían recibido.- dijo él.
-La primera en recibirla fue Pansy, luego fue llorando hasta mi dormitorio y nos sentamos aquí a esperar a que alguno de ustedes apareciera- dijo Theodore, abrazado a la única chica que estaba con ellos.

-Empaquen- ordenó Draco,

Se fue directo a su dormitorio y se encerró allí. Buscando la manera de decirle a Hermione que se iba ese día. Buscó entre sus cosas el regalo que le daría a Hermione para que jamás lo olvidara, para estar siempre presente. No consiguió nada. Buscó en su baúl, en el baño. Pensó en darle el diamante que tenía y se colocaba como piercing en su oreja izquierda. Pero no. No valía nada. Mirándose en el espejo, pasó una mano por su rubio cabello para llevarlo hacia atrás y allí estaba.

-¡Perfecto!- dijo cuando se le ocurrió la idea. En su mano reposaba una sortija en forma de serpiente con pequeñas esmeraldas incrustadas como ojitos. Su madre se lo había regalado el día que regresaba al tercer año. Dentro de él estaba grabado su nombre. "Draco Lucius Malfoy" Era el único amuleto que le quedaba para recordar a su madre. Pero quería dárselo. Corrió a su escritorio tomando un trozo de pergamino y una pluma que mojó en el tintero. Comenzó a garabatear palabras, pero nada quedaba bien, arrugó el papel y lo lanzó al suelo. Se levantó y dejó todo lo demás allí. ¿De qué servía escribir palabras si era mejor decirlas? Se preguntó.

Salió en dirección al pasillo principal, y a lo lejos visualizó a su víctima. Un chicuelo de segundo estaba caminando de lo más normal. Regordete de mejillas rosadas y cabello castaño liso. Tenía la espalda cuadrada, digna de algunos años de disciplinas como yudo o natación. Además, no era tan bajito como los demás estudiantes de su año. Al parecer intimidaba a algunos enclenques. Pero Draco supo que podía con él. Se acercó a él desafiante y el chicuelo se asustó. Anthony Mctavisch no era un chico valiente pero si leal y por eso estaba en Hufflepuff.

-¡Oye tu!- dijo Draco con su voz completamente de serpiente.- Busca a Hermione Granger y dile que el profesor Binns la espera en su despacho- ordenó.

El chicuelo salió corriendo en busca de Hermione.


El chico corrió y corrió por los pasillos, siguiendo la orden del rubio, buscaba a la alta y delgada castaña, nerviosa; se encontraba sentada en el pasto, frente al lago en el que lo había conocido más a fondo, donde supo la noticia de que su madre había muerto. Tenía el maquillaje corrido, el cabello alborotado y el vestido de la noche anterior. No importaba, solo importaba Draco, que era todo para ella y que sabía no la abandonaría jamás. Lo amaba, lo amaba con locura y no podía evitarlo. Pues con cada palabra, con cada roce, con cada beso se enamoraba más y más. No quería perderlo, no. Moriría y ahora se lo imaginaba. Tomaría veneno si él moría. Se clavaría una daga en el pecho o simplemente se cortaría las venas para morir lentamente desangrada. Pues si él moría, también era su fin, un triste final. Distraída, no se percató de que un chicuelo de bufanda amarilla y negra y gafas se le había acercado, jadeando. Cayó de bruces al suelo en busca de oxígeno, ella esta vez lo ayudó.

-¿Her- Hermi- one Gran-n-ger?- preguntó entre soplidos.

-Sí, la misma- dijo ella y el chico ahora reparó en la imagen de la muchacha. Su cabello desordenado, el maquillaje corrido y no tenía el uniforme.

-Te espera el profesor Binns en su despacho, lo ha dicho Draco Malfoy- al decir esto, la cara de la castaña se iluminó.

-Ohh, gracias Anthony- dijo ella agradecida levantándose de un tirón.

-Creo que deberías arreglarte un poco, parece que haz batallado con el cepillo y te ha ganado por fault- dijo el regordete en idioma baseball que ella entendió.

-Ohh, gracias- dijo, sacó su varita y toco su cabello, al instante ya se veía menor.

-Ahh y tu cara también- dijo el moreno. Ella hizo el mismo procedimiento con su cara y se echó a correr antes de que el chico siguiera reteniéndola allí. O se burlara de su rudimentaria vestimenta de la noche anterior. Corrió y corrió, hasta llegar a aquel iluminado pasillo que estaba desolado. Pasó desapercibida y siguió caminando, en busca de aquellos cabellos rubios que la volvían loca. No lo encontraba a simple vista. Sintió como dos fuertes brazos la ceñían por la espalda y un rostro se introducía en su cabello aspirando su aroma a vainilla.

1&

Sintió su aliento contra su cuello y desde ese momento supo que era Draco.

-Hola, Preciosa- dijo su varonil voz. Aterciopelada.

-Hola, Draco- dijo la voz de ella al reconocerlo inconfundiblemente. Se dio media vuelta aun entre sus brazos y lo abrazó fuerte, mientras él depositaba un suave beso en su frente. Ella se separó un poco y depositó un beso en sus labios, suave y apasionadamente. Él respondió. Lo llenaba, aquel aroma a vainilla no paraba de impregnarse en su ropa y sus besos con sabor a fresas no dejaban de embriagarlo ni lo harían jamás.

-Debo darte una mala noticia- avisó el rubio cuando separó aquel beso. La tomo de la mano y la guió hasta la banca de cemento que estaba más cercana.

-Oh, no-dijo ella imaginando que podía ser. Error. Dijo el pensamiento en voz alta.

-Oh, si… es lo que piensas- dijo él; conocía perfectamente su consciente y subconsciente. Y sabía que ella había pensado lo mismo, mortífagos. – Debo irme a las tres de la tarde del día de hoy- no pensó en que ella reaccionaría de aquella forma. De los ojos de Hermione brotaron lágrimas tan inmediatamente que parecía que las hubiera estado aguantando desde la primera palabra que el rubio había dicho, no hubo tiempo de pensar sino de actuar. La abrazó fuerte. Lloró contra su pecho, llenando de lágrimas saladas su camisa, no importaba. Balbuceó cosas como: "NO; NO; NO" y "No pensé que sería tan pronto" y por sobre todo, la que más le llegó al fondo a Draco fue "Draco, no te vayas; no me dejes aquí sola".

-No quiero, pero si me quieres con vida… debo- dijo cuando ella calmó un poco sus revoluciones.- Por eso quiero darte esto.- ahora sacaba el anillo en forma de serpiente con esmeraldas incrustadas. Tomó con sus manos la mano izquierda de la castaña, para depositar el anillo en su dedo anular. Hermione boqueaba como pez fuera del agua.- Cásate conmigo- exigió el rubio- No hoy, no mañana. Cuando todo esto termine, cásate conmigo-

-Draco- dijo estupefacta- sí, claro que sí- exclamó.

-Prométeme tu amor, Granger- dijo Draco mirándola a los ojos. Ella aun lloraba.

-Soy tuya y tu mío- dijo ella sosteniendo su cara mientras lloraba. El rubio retiró las manos de ella delicadamente para que no tuviera vergüenza de llorar frente a él. Pensó un momento y luego se llevó las manos al cuello. Deshizo el broche de la cadena que traía puesta. La plata brillaba. Colgaba de ella un corazón mediano, su nombre estaba grabado de un lado y ella lo abrió. Hizo un movimiento de varita y colocó una foto de Draco en la otra mitad del relicario. Ahora tenía una foto suya y una de él dentro. Tomó la mano del rubio y la abrió. Allí depositó la cadena con el relicario y luego le cerró la mano. Lo abrazó luego, transmitiéndole sentimientos mediante sus sollozos y hipidos.

-No llores más por mí, Granger- le exigió el rubio.

-No pueedo deeteneermee- dijo ella. –Pero, prométeme que vas a poder con eso; prométeme que no me olvidarás… No mueras; siempre te esperaré- dijo ella, ya los sollozos no podía contenerlos más y soltó varios fuertes.

-Lo prometo- dijo serio.

-Malfoy, me quiero casar contigo- le informó la castaña.

-Y yo contigo, Granger- le informó él.

-¿Van contigo Parkinson, Zabini y Nott?- preguntó ella cambiando un poco el tema.

-Si- dijo él.

La chica seguía llorando a grifo abierto.

-No llores, Hermione- dijo Draco; pronunciando su delicado nombre. El más hermoso de todos, eso era lo que él pensaba.

-Gracias- pronunció ella.

-¿Por qué?- preguntó intrigado.

-Por decir mi nombre, Draco- dijo ella. Lo miró fijamente a sus grises orbes y él a sus cafés. Se perdieron un rato en silencio, hasta que el rubio acortó distancia y rozó sus labios con los propios.

-Ohh, ¿te gusta que diga Hermione?- preguntó él divertido.

-Sí, demasiado- dijo ella y se sonrojó de vergüenza.

El rubio miró su reloj de pulsera y se levantó de un tirón.

-Debo irme, es tarde. Tengo que hablar con ellos, nos vemos a las dos en la sala de menesteres… solo pide que te muestre en dónde estoy.- dijo el rubio y se fue caminando a zancadas hacía su sala común.

Se topó con varios estudiantes atravesados en el camino, pero llegó rápidamente a las mazmorras.

Al entrar observó a Pansy, llorando, salir del dormitorio de chicas y la abrazó de manera fraternal. La llevó por la cintura hasta el dormitorio de chicos y a su cuarto, que compartía ahora con Zabini y Nott. Ella se sentó sobre la cama de Theodore y le dio un beso en los labios, salado por las lágrimas de la morena que se colaban por sus labios.

-Nott, Zabini, Pansy… Snape me ha estado entregando clandestinamente algunas pociones y ungüentos para cualquier emergencia; solo sé que con eso nos dejarán curar nuestras heridas. A lo muggle- Zabini bufó- y para Pansy, sobre todo- terminó Draco.

-Tenemos que agradecerle- dijo la morena.

-Te dolerá- dijo Blaise amargamente, a propósito. Recibió coléricas miradas de Nott y Draco y luego dijo –Tiene que saberlo, de algún modo-

-No llores, Pansy- dijo Therodore como caballero y ella se acurrucó en su pecho.

-En fin, a las dos treinta estén en la sala de menesteres; partiremos por el armario. Ya enviearon sus baúles, supongo- dijo él. Error. No habían hecho baúles aun, por lo menos los muchachos no. La de Pansy ya estaba lista.

-La mía está lista pero no la he enviado.- dijo Pansy calmada.

-Accio baúl de Pansy- dijo Theodore al instante. Por la puerta principal llegó el baúl y lo golpeó en el pecho, lanzándolo al suelo. Se levantó con cuidado verificando no tener ninguna fractura ni contusión. Y no, no había ningún hueso roto.

Zabini colocó su baúl al lado de donde se encontraba el de Pansy y luego Nott. Draco fue el último en colocarlo. Theodore y Pansy volvieron a besarse y Blaise los miró con asco. Al instante y cuando Pansy se dio cuenta, le vació su vaso de agua sobre la cabeza. Haciendo que su expresión cambiara de repente y que gritara improperios como "Maldita Zorra, ¿Qué te ocurre?"Theodore saltó a darle cara y golpearlo pero Draco se colocó en medio para detenerlos.

-Zabini, Nott… Estamos juntos en esto; no quiero peleas, ¿entendido?- dijo Draco con decisión y autoridad. Theodore se echó para atrás sólo porque Pansy lo tomo por un brazo y lo jaloneó.

-Tus deseos son órdenes- dijo resignado y sarcástico Zabini. Draco lo miró ceñudo.

-¿Es que acaso tienes que ser así todo el tiempo?, Imbécil- dijo Pansy ardida por completo. Estuvo a punto de si quiera imaginarse como golpearlo o zamparle una bofetada; pero se desvanecieron sus pensamientos al oír la voz del moreno.

-¿No puedes callarte la boca por alguna vez en tu insípida vida? ¿O es que no tienes el dinero suficiente? ¿Ahh, Parkinson?- dijo Blaise y luego hizo una pausa- ¿Acaso Nott no te satisface lo suficiente y por eso sigues chillando?, Zorra- sonrió de medio lado como solo él sabía y Pansy se le echó encima entre golpes y bofetadas, arañó sus brazos fuerte y con una uña le hizo una herida profunda. Cuando Theodore trató de separarla de un tirón, se vio introducido en la batalla, cubriéndose entre las patadas de Pansy y los improperios que le gritaba Blaise.

-¡Basta!- gritó Draco. Todos se detuvieron y Pansy ayudó a Theodore a levantarse. -¡Dejen de actuar como unos niños en este instante!-

Todos miraron el piso, como si hubiese algo interesante en sus zapatos.

-¿Desayunaron ya?-preguntó exasperado el rubio; el único que ahora tenía autoridad.

-Draco, por Merlín… Son las ocho de la mañana- dijo Pansy, razonable. Error. Lo dijo sarcásticamente y Draco rodó los ojos.

-Vamos- dijo Theodore. –Comamos como si no hubiese mañana; no creo que tengamos tiempo de tener un almuerzo- dijo desesperanzado.

Ellos siguieron a Draco que era el que había salido de primero del dormitorio de los chicos. Caminaron hasta el gran comedor casi en una fila; pero no totalmente. Zabini se fue solo por su lado, aruñado y magullado. Entraron y Draco buscó con la mirada a la castaña, que poco después entró ya después de una ducha; s notaba por su húmedo cabello y u aroma lo impregnaba aunque estuvieran a más de diez metros de distancia.


Hermione estaba sola.

Cuando llegó a su dormitorio, fue directo al baño y se dio una merecida ducha. Sacó todos los restos de polvo que su vestido tenía y que se había pegado a su cuerpo. Caminó lento cuando ya tenía el uniforme puesto y se dirijo al Gran Comedor, tenía un hambre que podía matarla. Cuando entró al lugar, observó por inercia la mesa de las serpientes, y allí estaba, observándola sigilosamente, como un felino. Ella supuso que era porque estaba con sus compañeros, o si no… Lo había mordido un gato radiactivo.

Se sentó sola, pues aun no había rastros de sus amigos o por lo menos de Harry y Luna. Luna, ahora le tenía algo de recelo; Ron se había enamorado de ella y Ron significaba algo aun.

Comió lo más que pudo, aunque no quería. Su estómago lo exigía, pues no había estado allí para le cena.

Cuando terminó, salió al pasillo y se fue también por inercia al banco frente al despacho del profesor Binns. Allí se sentó un buen rato. Se le hizo corto. Pensó en las mil y una cosas que le podrían pasar a su rubio. Pensó en él en sí. Estaba irrevocablemente enamorada de él. No quería que se fuera; no quería perderlo. Tenía miedo. No de otra mujer, no de perderlo, no de verse engañada. No. Tenía miedo de que él muriese. Al pensar en Voldemort un escalofrío recorrió su espalda. Pensó en la fallecida Narcissa Malfoy; y en el desalmado de su marido. Recordó al traidor de Peter Pettigrew y le hirvió la sangre.

La traición de ese tipo no era perdonable. Le llegó un mal sabor a la boca. Tampoco Bellatrix Lestrange tenía perdón. Después de matar al padrino de Harry, y ahora recibía sospechas de ella misma sobre la muerte de la madre de Draco. Draco.

Pensó en Ron y su familia; que estaba en peligro solo y solamente porque a sus hijos menores les dio por juntarse con el pequeño chico de ojos verdes, piel clara y la cicatriz en forma de relámpago que hacía quince años había sido atacado por Lord Voldemort. Otro escalofrío recorrió su espalda. Y pensó en todo lo que se había metido al hacerse su amiga también. Observó el anillo que Draco le había regalado. Aun tenía el aroma de su cuerpo, su suave y varonil perfume. Observó su reloj de pulsera, ¡dos y media de la tarde!.

2&

Corrió como pudo, corrió con ambos pies. Error, tropezó y cayó de bruces al suelo. Se rompió el labio inferior. No le importó el dolor, llegaría a la sala.

Cuando estuvo al frente de su ubicación, recordó lo que dijo Draco y comenzó a desearlo.

"Muéstrame dónde se encuentra Draco Malfoy" Allí comenzó a aparecer una puerta gigantesca, cuando entró cerró la puerta con mucho cuidado. Comenzó a escuchar voces, no las podía reconocer, y aun no escuchaba la de Draco.

Se escuchaban sollozos de una chica, fuertes y algunos hipidos.

"No pueden verte llorar, Pansy" dijo la voz profunda de un muchacho.

"Pero… No puedo pa-r-rar" dijo la que ahora se reconocía como Pansy Parkinson.

"Detente" exigió otra voz, más ronca y profunda; se escuchaba molesta.

"Es hora" dijo su voz, esa voz. Su corazón se aceleró cuando la hubo escuchado, detallando cada sentimiento impregnado en esas dos palabras. Aterciopelada, prepotente y autoritaria, como él solía serlo.

Lágrimas brotaron de sus ojos, ahogando su corazón. Oyó el crujir de lo que parecía ser una puerta. Lastimó sus oídos. Su corazón se aceleró aun más. Trató de calmar sus sollozos para pasar desapercibida. Una tétrica voz de una mujer comenzó a reír desquiciadamente. Recordó el encuentro en la sala de las profecías. Era la asesina de Sirius.

"¡Bastardos!"Exclamó su férrea y odiosa voz "Vamos, no pongan esas caras largas; deberían estar felices de que por fin conocerán en persona a su amo" dijo. Como si conocer a Voldemort sería su mayor ambición. Desesperada se movió un poco para tratar de ver la escena y lo consiguió. Por un orificio veía claramente todo. El rostro de Draco era algo aterrador. No tenía expresión alguna. Y ahora reconocía a los otros que lo acompañaban. También Greyback estaba allí. Sigiloso vigilaba toda la escena. "Vamos hijos de perra; caminen" dijo de nuevo su voz desbordando su completa locura y dañándola sin querer o queriendo. No lo supo en realidad.

Todos pasaron y Draco fue el último en entrar seguido por Greyback. Hermione corrió a alcanzarlo, no le importaba que la mataran, la torturaran o cualquier cosa que le hicieran, pero ya era demasiado tarde.

La puerta se había cerrado tras ellos. "No… no…no" pensó.

-¡DRACO, NO TE VAYAS!- exclamó en un grito ahogado. Sus ojos botaban lágrimas como grifos abiertos. Y su corazón se despedazaba en millones de pedazos. Draco no podía haberse marchado; no.

Si se había marchado. Se había ido para siempre y no se había despedido de él.

Una parte de ella había desaparecido. Se alejaba de ella más y más. Temía haberlo perdido para siempre. Temía no poder casarse con él; le apenaba haberlo dejado ir así. De esa fría manera.

Se había ido.

Estaba sola.

Ya lo extrañaba; lo extrañaba desde que le había dicho que se marchaba.

Dudaba de su relación; de su supervivencia.

El adiós; no podía ser el adiós.

"Este amor que nunca pensé no puede terminar; no así" pensaron sus entrañas.


Y éste queridos lectores, es el final.

Los quiero mucho; sigan leyéndome!

Reviews.

Pronto les deposito mi epílogo. Y espero pronto hacerles llegar la continuación de esta maravillosa historia. Esperen a ver que ocurre y no se hagan conclusiones apresuradas, podrían cometer errores.

Besos.