Virgil y yo nos dirigimos hacia la sala y lleguemos cuando las luces aun estaban encendidas. Nos sentamos en la última fina, que estaba vacía.

- Vaya! Sabes que opino? – dijo Virgil.

- El que? – pregunté con curiosidad.

- Que han hecho todo esto a posta para dejarnos a solas.

- Y porque piensas eso?

- Me he dado cuenta de que Maria te guiñaba un ojo. Además, Renesmee odia las películas bélicas.

- Puedo contarte un secreto?

- Claro, Lucy. Sabes que puedes confiar en mi, verdad?

- Si, lo se, verás. En realidad yo esperaba que esto sucediera.

- El que?

- Que viniéramos solos.

- Yo también lo esperaba. – dijo Virgil con una sonrisa en los labios.

- Porque? – le pregunté en un susurro.

Virgil me miró un largo rato a los ojos y, sin decir una palabra, se acercó a mí y me besó apasionadamente.

Me quedé paralizada a la vez que él se acercaba más a mí. Entonces logré reaccionar y le devolví el beso, acariciando su pelo. Tan suave….

Estuvimos así lo que pareció una eternidad, pero apenas fueron unos minutos de felicidad.

Virgil separó sus labios de los míos y volvió a sentarse bien en su sitio.

Yo no sabía como reaccionar en ese momento. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue acariciar su mano, que tenía sobre su pierna. Él respondió cogiéndome la mano, se volvió hacia mí y me sonrió.

- De verdad quieres ver esta película? – me preguntó, sonriéndome de nuevo e hipnotizándome con su mirada.

- En realidad no.

- Quieres salir a tomar el aire?

- Si – respondí a la vez que me levantaba.

Sin soltarme la mano, se levantó y me llevó hacia fuera de la sala.

- Te llevaré a un lugar que te va a encantar.

Nos fuimos de los cines corriendo. Cogidos aun de la mano, me llevó hacia los jardines que había detrás del edificio.

- Esto es precioso. – dije al ver toda esa belleza.

- Verdad que si? Me encanta venir aquí. Poca gente conoce este lugar. Quería que lo vieras.

- Me encanta.

Virgil me sonrió, puso sus manos sobre mis mejillas y me besó nuevamente.

Estuvimos un buen rato besándonos. Virgil se separó de mi, me cogió de la mano y me condujo hacia unos bancos de piedra blanca. Nos sentamos y, sin dejar de acariciar mi mano, comenzó a hablar.

- Hace tiempo que quiero decirte algo, pero no me atrevía. Pero con lo que ha sucedido hoy… tengo más valor para pedirte… bueno, si quieres ser mi novia.

Me quedé sin saber como reaccionar. Quería decirle que si, pero no me salían las palabras.

- Bueno, si necesitas pensártelo… - dijo Virgil con tristeza en la voz.

- No, no. Quiero decir, que no necesito pensármelo. Es solo que me has pillado desprevenida. Hace mucho tiempo que me gustas.

- Tu a mi también, Lucy.

Sin pensármelo dos veces, me lancé a su cuello y lo besé.

Virgil pareció sorprendido, pero me devolvió el beso y acarició mi espalda desnuda.

Estuvimos el los jardines una hora, y llegado el momento de volver, nos marchamos cogidos de la mano hacia las taquillas, donde habíamos quedado con los demás.

- Que les diremos a los demás cuando nos vean? – pregunté a Virgil, sin dejar de mirar sus grandes ojos verdes.

- No creo que debamos decir nada. Creo que se ve a la legua. – dijo riendo- no pienso separarme de ti.

Estuvimos esperando cerca de diez minutos, hasta que aparecieron Milo y Maria, que venían sonrientes cogidos de la mano. Diez minutos más tarde llegó el resto del grupo.

Todos se quedaron mirándonos, sorprendidos. Excepto Renesmee y Maria, que sonrieron al vernos.

Nos fuimos todos juntos a cenar y más tarde nos fuimos a una discoteca que inauguraba esa noche. Nos lo pasamos muy bien esa noche, pasé toda la noche bailando con Virgil y con Renesmee.

Tardamos en darnos cuenta de la hora que era. Ya daban las tres de la mañana y decidimos que ya era hora de marcharse. Milo y Maria se quedaron bailando en el centro de la pista de baile.

Virgil nos fue llevando, uno a uno, a nuestras respectivas casas. Los primeros en llegar fueron Russel y Laura. Renesmee era la siguiente. Virgil aparcó delante de la mansión de los Cullen. Los tres nos bajamos del coche y Renesmee se dirigió hacia la casa de sus abuelos. Cuando estuvo en la puerta, nos saludó con la mano a modo de despedida.

Cuando Renesmee hubo entrado en la casa, Virgil volvió a cogerme de la mano y me acompañó a mi casa, que estaba a cinco minutos de allí.

Una vez estuvimos en la puerta de mi casa, Virgil rodeó mi cintura con sus brazos.

- Lo he pasado muy bien. – me dijo acercando su cara a la mía.

- Yo también lo he pasado muy bien. – le dije a la vez que rodeaba su cuello con mis brazos.

- Que te parece si lo repetimos mañana?

- Me encantaría, pero mañana es el cumpleaños de Billy.

- Ah! Es cierto. Pero podemos quedar un rato, no?

- Claro que si. – dijo contenta de que no se hubiera rendido.

Nos dimos un breve beso y nos despedimos.

- Mañana te llamo, vale? – me dijo a la vez que se dirigía hacia su coche.

En cuanto el coche de Virgil desapareció de mi campo de visión, entré en casa. Parecía que estuviera flotando. Acaso podía haber algo en este mundo que pudiera estropear este día tan perfecto?

Entré en el salón, bailando y allí me encontré con Jasper, que estaba hablando con mi abuelo. En cuanto me oyeron entrar, se volvieron hacia mi.

- Llegas tarde – dijo mi abuelo con voz preocupada.

- Si, lo se. Lo siento abuelo. Es que al final nos entretuvimos. Se que por lo menos tenía que haber llamado. – le dije, avergonzada, sin levantar la vista del suelo.

- Tranquila. Ven, acércate.

Me dirigí hacia ellos y Jasper me indicó que me sentara a su lado. Así lo hice.

- Lucy, no me andaré por las ramas. Alice ha tenido una visión.

- Que? Ha pasado algo? Que ha pasado, que ha visto? – pregunté mirando primero a Jasper, y después a mi abuelo.

- Lucy. Pronto vas a marcharte muy lejos de aquí.

-Que? Porque? Que pasa? – ya me estaba poniendo histérica.

Ambos se miraron seriamente y cuando volvieron la vista hacia mi, se pusieron a reír.

- Te vas a Florida!! – grito mi abuelo, abrazándome con fuerza.

- Que? De verdad? – no podía creérmelo.

- Acabo de ver la carta en el buzón. No la he abierto.

- Y Alice me ha visto en la universidad de Florida?

- Si, y te ha visto muy bien acompañada.

- Dios mío! Dios mío! – dije saltando por todo el salón y abrazándoles a los dos.

- Relájate Lucy, por favor. – dijo Jasper sonriendo.

- No puedo, tengo que llamar a mamá y a la abuela, a Renesmee, a… , bueno, a todos mis amigos!

- Lucy, son las cuatro de la mañana. No puedes esperar unas horas?

- No se si podré. Puedo ir a ver a Renesmee?

- Claro. – dijo mi abuelo.

Salí corriendo de la casa y me dirigí hacia el buzón, en busca de la carta, la abrí y me cercioré de que realmente me habían aceptado en la universidad de Florida. Riendo y bailando me dispuse a ir a ver a Renesmee.