Me quedé un rato allí, pensando en lo que había sucedido.

Virgil y yo. Sus besos, sus caricias. Renesmee embarazada. Jacob frágil como un niño. Me sorprendió mucho ver ese lado suyo. Todo el amor que sentía hacia Renesmee…

Me dirigí a casa pensando en todo ello. Maria había vuelto. Vaya coincidencia más terrorífica.

Ring, ring.

Mi móvil comenzó a sonar. Quien podía llamarme a esas horas?

- Diga?

- Lucy! Hola, soy Maria.

- Que? – grité por la sorpresa de oír ese nombre. Sacudí la cabeza y deseché la loca idea de quien me llamaba era Maria, la vampiresa.

- Milo no se encuentra bien y yo no se conducir. He llamado a Virgil, pero no contesta.

- Como has conseguido mi numero?

- Laura me dio vuestros números cuando estábamos cenando.

- Que le pasa a Milo?

- No lo se. Pero no quiere ir al médico. Creo que es algo grave, no para de temblar.

- Donde estáis ahora?

- Estamos en el aparcamiento de la discoteca.

- No os mováis. Voy enseguida.

- Gracias, date prisa.

Colgué el teléfono y fui corriendo hacia mi coche.

Apreté el acelerador con fuerza y me dirigí a toda velocidad hacia la discoteca, donde hacia tan solo una hora tan buenos momentos pasé junto a Virgil y Renesmee.

Cuando llegué, vi a Milo tumbado en el suelo y Maria sentada a su lado, abrazándolo.

Aparqué de cualquier manera y salí del coche a toda prisa.

- Que ha pasado? – pregunté a gritos a la vez que corría hacia ellos.

- No lo se. Salimos a tomar un poco el aire, fui a buscar una cosa al coche y, cuando volví, lo encontré así.

- Tranquila, vamos. Iremos al hospital.

Maria y yo cogimos a Milo y lo llevemos hacia el coche. No paraba de temblar. De repente me di cuenta de que Milo estaba sangrando.

- Está sangrando! Maria, está Milo herido?

- No lo se. Yo no le e visto ninguna herida!

- Venga, mételo en el coche. – dije abriendo la puerta trasera del coche, mientras me acomodaba en el asiento del conductor. Maria se sentó al lado de Milo, y cuando se hubo puesto el cinturón, apreté el acelerador con fuerza y marchamos a toda velocidad hacia el hospital.

Llegamos al hospital en menos de diez minutos.

En cuanto nos vieron llegar, cargando a Milo entre las dos, un par de enfermeras se acercaron a nosotras, mientras que otra se encargaba de acercar una camilla.

- Maria, quédate aquí un momento. – le dije ayudándola a sentarse en una de las sillas de la sala de espera.

Corrí por los pasillos hasta que encontré a la persona que estaba buscando.

- Dr. Cullen! – grité, aun corriendo por los pasillos, llamando la atención de todos.

- Lucy, que haces aquí? Ocurre algo?

- Creo que han mordido a Milo!

- Que?

- Un amigo mío. Creo que le ha mordido un vampiro.

- Donde está?

- En urgencias. No sabía que hacer.

- Tranquila. Yo me encargaré. Has hecho bien en traerlo, Lucy.

Carlisle, me cogió de la mano y, juntos, fuimos hacia la camilla en la que estaba Milo. Maria estaba a su lado. También estaba temblando, pero de terror.

- Yo me encargo de él. – dijo Carlisle a las enfermeras poniéndose unos guantes y una mascarilla. – vosotras dos, salid de aquí. – nos dijo a Maria y a mi, apartándonos y llevando la camilla hacia una de las habitaciones libres.

Su mirada lo decía todo. Milo había sido mordido por un vampiro, y Maria había tenido mucha suerte de haberse salvado.

Maria y yo volvimos a la sala de espera. Pasaron un par de horas y Carlisle todavía no había dado señales de vida. Que estaría pasando?

- Ya no aguanto más! Voy a ver que pasa. – dijo Maria, que se había levantado de la silla y había empezado a andar en dirección a la habitación donde estaba Milo.

Yo me levanté corriendo y fui tras ella. La cogí del brazo y tiré de ella, de nuevo hacia la sala de espera.

- Maria, tranquila.

- Como que tranquila?! No puedo tranquilizarme!

- Ya lo se. Pero Milo está con Carlisle y él es el mejor médico. Se pondrá bien, ya lo verás.

- Pero…

- Hagamos una cosa. Nos acercamos a la habitación, llamamos a la puerta y preguntamos a ver que tal está, vale?

- Vale. – me dijo cogiéndome la mano con fuerza.

- Vaya! Que mano más fría! – exclamé de sorpresa.

- Si. El aire acondicionado me está helando.

Juntas nos dirigimos hacia la sala y, justo en ese momento, salía Carlisle. Nos miró y advertí una sonrisa bajo la mascarilla.

- Todo ha ido bien. Milo estará bien en unas horas. Ahora está durmiendo, pero de aquí un rato podréis entrar a verle.

Maria pareció no reaccionar. Al cabo de un momento comenzó a saltar y a abrazarme.

- Lucy, puedes acompañarme? – me preguntó Carlisle con voz preocupada.

- Claro.

- Deberías ir a recepción a rellenar unos papeles. – dijo Carlisle, dirigiéndose a Maria.

Ésta lo abrazó.

- Gracias por todo.

- De nada.

Maria se marchó rápidamente por el pasillo.

- Que ocurre dr. Cullen?

- Tenías razón, Lucy. A tu amigo le ha mordido un vampiro. Por suerte lo has traído pronto y la ponzoña no ha llegado a hacer efecto. Me ha costado, pero al final logré sacarle todo el veneno.

- Gracias a dios. Pero como ha podido suceder esto?

- No lo se Lucy. Donde estaba la chica en el momento del ataque?

- Fue al coche un momento.

- Pues tubo mucha suerte. – dijo en un tono extraño, como si sucediera algo más y no me lo quisiera contar.

- Si.

- Quieres entrar a verle?

- No debería entrar antes Maria?

- Mejor que pases tu a verle.

- Vale.

Entré en la habitación. Milo estaba dormido en la cama, magullado y con restos de sangre seca en el brazo. Tenía una marca. Una herida como la que tenía la madre de Renesmee. Parecía una media luna.

- Lucy?

- Levanté la vista y vi a Milo. Había abierto los ojos y me estaba mirando.

- Si, soy yo. Como estás?

- Fatal – dijo con una sonrisa en los labios.

- Pues yo te veo bastante bien. Que ha pasado? Recuerdas alguna cosa?

- Si, lo recuerdo todo perfectamente. Llevo un buen rato dándole vueltas al asunto.

Toc toc.

Maria entró en la habitación. Se abalanzó sobre Milo y comenzó a besarle.

- Tranquila cariño, estoy bien.

- Estaba muy preocupada.

- Bueno, ya pasó todo. Estoy en plena forma.

- Tienes hambre? Necesitas algo?

- De momento estoy bien.

- Que pasó, amor? Creí que no llegaríamos a tiempo. – dijo Maria abrazando de nuevo a Milo.

- La verdad es que no recuerdo nada. Lo intento pero no logro ver nada en claro. Creo que esos momentos no era yo mismo. Había bebido bastante, lo cual no ayuda mucho a recordar.

- Bueno, tranquilo. Lo importante es que estás aquí y que estás bien. Sabes que? Voy a traerte una cosa que te encantará.

Dicho esto, Maria se incorporó y salió a toda prisa de la habitación con una amplia sonrisa.