Ring, Ring.
Mi teléfono comenzó a sonar. Quien podía ser? Habría pasado algo?
- Diga? Ah! Hola doctor Cullen. Perdona, quería decir Carlisle. Vale.
Carlisle me pidió que pusiera el manos libres, quería hablarnos a todos. Así lo hice.
- Hola chicos, soy Carlisle. Milo, como te encuentras?
- Mucho mejor, gracias. Ya apenas noto nada. Solo noto la herida un poco fría.
- Tranquilo, eso es normal. Chicos, siento mucho lo que le ha sucedido a vuestro amigo. Renesmee, tus sospechas pueden ser ciertas.
- Doctor Cullen, señor, soy Virgil Jonson, el hermano de Milo.
- Hola Virgil.
- Milo me ha contado lo sucedido con Maria. Con lo de las sospechas de Renesmee quería decir que fue ella quien causó el accidente? Maria mató a Russ?
- Eso es lo que creemos.
- Yo la mato! – gritó de repente Virgil. Se levantó y salió a toda velocidad de la casa.
- Traedlo aquí. Si Maria se encuentra con él puede ser peligroso – dijo Carlisle con voz preocupada antes de colgar.
Yo salí corriendo tras él, con el móvil de la mano.
- Virgil, vuelve! Puede ser peligroso! – grité corriendo tras Virgil.
- Lucy, no me sigas. Voy a ir a por ella!
Seguí corriendo hasta ponerme delante de él y le barré el paso. Puse mis manos sobre su pecho, intentando que no diera un paso más.
- Virgil, no vayas. Puedes morir!
- No me importa.
Todo mi mundo cayó a mis pies. Me desplomé y caí de rodillas al suelo. Un fuerte dolor me impedía respirar. Sentía como si mi corazón estuviera siendo estrujado por una mano invisible.
- Lucy, que te pasa?
Intenté hablar, pero no me salía la voz. El simple hecho de hacer el intento me causaba más dolor.
- Lucy! Por favor! Ayudadme! Milo, Renesmee!
- Apenas podía oír la voz de Virgil. Parecía tan lejana…
- Lucy, respira por favor.
Noté como alguien me cogía en brazos. Sentí un cálido abrazo. Algo me mojaba la cara. Cerré los ojos para poder coger fuerzas. Poco a poco pude oír mejor lo que sucedía a mí alrededor. Pude notar un leve movimiento, como si estuviéramos en un coche. Pude abrir los ojos y vi a Virgil, me tenía abrazada contra su pecho. A penas pude oír lo que decía.
- Lucy, te pondrás bien.
Solo con oír su voz el dolor se iba apagando. Levanté la vista y miré a Virgil a la cara. Tenía los ojos muy rojos. Parecía que hubiera estado llorando. Por mi? Eso me reconfortó, por muy egoísta que pudiera parecer.
Cada vez podía respirar un poco mejor, pero todavía no podía hablar, no tenía fuerzas.
El coche se detuvo de repente. Oí como las puertas delanteras se abrieron, pero nadie abrió las traseras. Nos quedamos solos Virgil y yo. Podía como susurraba mi nombre sin cesar.
De repente, la puerta que tenía a mi lado se abrió y alguien entró en el coche, sentándose a mi lado. Noté sus frías manos sobre mi piel. Noté como los brazos de Virgil me abandonaban.
Quise resistirme, abrazarme a él, pero apenas tenía fuerzas para mantener los ojos abiertos.
Miré hacia mi lado y vi a Carlisle. Habíamos vuelto a casa?
- Lucy, como te encuentras? Puedes hablar? – me preguntó enfocándome con una pequeña linterna hacía los ojos.
- Si - dije con dificultad – estoy bien – cerré los ojos de nuevo. Me encontraba mejor pero continuaba estando cansada. Oí a Carlisle hablar con Virgil, que había cogido mi mano y la estrechaba con suavidad entre las suyas.
- Lucy ha sufrido un ataque de ansiedad. Ha pasado algo que haya podido ponerla nerviosa?
- No. No se. Yo me marché de casa y Lucy me siguió – dijo con voz nerviosa.
Virgil permaneció unos segundo en silencio. Pareció llegar a una conclusión.
- Le dije que iba a buscar a Maria.
- Solo eso? Es extraño. – dijo Carlisle pensativo.
- Bueno, me dijo que no fuera. Que podría morir. Entonces yo le dije que eso no me importaba.
- Ya entiendo. Lucy te quiere demasiado. Últimamente ha estado muy nerviosa, debido a lo sucedido últimamente, y tus palabras fueron la gota que colmó el vaso.
- No lo entiendo…
- Lucy sabe lo peligroso que es todo éste asunto y no quiere que sufras ningún daño.
- Yo tampoco quiero que le suceda nada malo. Me moriría. Daría mi vida por ella.
- Lo se. Venga, vámonos a dentro. Creo que Lucy ya se encuentra mejor. Ya respira con más tranquilidad. – dijo Carlisle abriendo la puerta del coche y saliendo al exterior.
- Lucy, despierta. – dijo Virgil, dándome un cálido beso en la frente.
Abrí los ojos de nuevo y me incorporé, sentándome pegada a Virgil. Me volví y vi que Virgil estaba mirándome fijamente.
- No vuelvas a hacerme algo así, vale? – dijo abrazándome de nuevo – casi me muero al verte así.
- Dijiste que no te importaba – le dije sollozando – dijiste que…
- Lucy, lo siento. Estaba cabreado, fue algo impulsivo.
- No vuelvas a hacerlo.
- No volveré a separarme de ti. – dijo Virgil mirándome a la cara y me dio la noticia que yo ya conocía. – después de dos años sabáticos, voy a volver a estudiar. Me han aceptado en la universidad de Florida.
- A mi también me han aceptado en Florida.
Virgil me abrazó de nuevo y nos besamos apasionadamente.
Toc, toc.
La puerta se abrió de repente.
- Vengo a buscar a la enferma! – dijo a gritos una voz detrás de mi.
Sin que me diera tiempo a reaccionar, unas manos me cogieron por la cintura y me sacaron del coche.
- Vamos. Los enfermos deben estar en la cama. – dijo Emmet llevándome sobre su hombro.
Intenté deshacerme de él, pataleando en el aire y dándole con los puños en la espalda, pero fue inútil.
De repente noté el suelo bajo mis pies. Me había dejado en el suelo, pero aun me sujetaba. Me miró fija y seriamente, escrutando mi rostro.
- Yo no te veo enferma. Bueno, tal vez tengas un poco de mala cara, pero eso ya es algo normal.
- Emmet! Ya estoy bien. No ha sido nada y ahora déjame ir.
- No se no se.
- Emmet!
- Bueno, te dejo. Pero te estaré vigilando – dijo con una sonrisa – cuando menos te lo esperes!
Emmet se marchó lentamente hacia la casa. Me di la vuelta y vi a Virgil partiéndose de la risa.
- No tiene gracia – dije enfadada.
- Ya veo que no te aburres nunca.
- Porque no has hecho nada? – pregunté indignada pero feliz de ver sonreír de nuevo a Virgil.
- Pero tu le has mirado bien? Ese tío es enorme! Me hubiera hecho papilla de un solo manotazo.
Se acercó a mí y me dio un breve pero intenso beso. Rodeó mi cintura con su brazo y nos dirigimos hacia la casa, donde supuse, todos nos estarían esperando. Y no me equivocaba.
Cuando entramos en la casa todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y se giraron a mirarnos.
Todos se quedaron quietos como estatuas, salvo tres personas que se acercaron a nosotros. Mi madre, mi abuela y mi abuelo.
- Virgil, te presento a parte de mi familia. Clara, Johana y Lucas.
Los tres estrecharon sus manos con la de Virgil. Mientras los cuatro estaban hablando, levanté la mirada en busca de Seth, y en cuanto lo vi fui a por él. Le cogí de la mano y lo llevé hacia donde estaba Virgil.
- Virgil, te presento a Seth. Es el novio de Clara. También forma parte de la familia, aunque él no lo crea.
Ambos estrecharon sus manos mientras se presentaban. Seth me miró y me sonrió.
- Atención todos – dijo Emmet, llamando la atención de todos los presentes – ese de ahí es Virgil. Es el hermano de Milo.
Todos saludaron a Virgil y éste levantó la mano a modo de saludo.
- Virgil también es el novio de la pequeña Lucy.
- Emmet! – grité, ruborizándome.
- Acaso es mentira?
Oí como todos reían por lo bajo. Miré a Virgil, también se había puesto rojo pero parecía estar disfrutando del momento.
Acto seguido, Carlisle nos dirigió a todos hacia el jardín trasero de la casa. Por fin hacía un poco de calor. Carlisle dio un paso adelante, con Esme a su lado, poniéndose ante todos. Para sorpresa de todos, fue Esme quien habló.
