Milo y Seth se marcharon juntos en un coche, mientras que Jacob y Rosalie se marcharon en otro, tras despedirse de sus respectivas parejas.
Virgil cogió mi mano y la besó.
- Y que hacemos ahora? – me preguntó Virgil sin saber muy bien cual era su lugar en esa guerra.
- Vamos a mi casa? Quiero presentarte a mi familia como es debido. – dije al ver que mi madre y mis abuelos ya no estaban en la casa de los Cullen.
Nos marchamos hacia casa. Como suponía, mi familia estaba allí, aunque faltaba un miembro, Seth. Entramos y nos acomodamos en unas de las butacas del salón, delante del sofá en el que estaban sentados los tres.
- Virgil. Te presento a mi madre, Clara y éstos son mis abuelos; Lucas y Johana. – dije señalando a cada uno a la vez que les nombraba.
- Vaya! – exclamó Virgil, mientras se levantaba y estrechaba la mano a cada uno.
- Si. No somos una familia corriente. Dijo mi abuela sonriente.
Nos pasamos buena parte de la tarde hablando. Notaba como mi madre estaba un poco ausente, pensando en Seth, obviamente. De repente se levantó.
- Creo que deberíamos marcharnos.
- A donde? – pregunté alarmada por la urgencia que detecté en su voz.
- A comprar, que tú y yo no nos alimentamos del aire. – me dijo sonriendo.
Virgil rió y los tres se marcharon, dejándonos a solas a Virgil y a mí.
- Lucy, estoy flipando.
- Por?
- Por todo. Tu abuelo no parece mayor que yo. Y tu madre y tu abuela parecen tus hermanas.
- Sabes lo que significa?
- Vampiros. Pero tu madre…
- Mi madre que?
- Está embarazada, y te tuvo a ti.
- Ah! Mi abuela era humana cuando tuvo a mi madre. Mi madre es solo medio vampiro.
- Por eso se ve tan joven? No envejece?
- Exacto.
- Y tu?
- Yo que?
- Envejecerás?
- Por el momento así lo hago. Creo que el gen vampiro va desapareciendo. Aunque tengo un poco más de velocidad y fuerza que la gente normal.
- Uff, mejor.
- Porque?
- Porque quiero que envejezcamos juntos.
Me ruboricé y bajé la vista. Que majo.
- Yo también quiero eso – dije en apenas un susurro.
Se hizo el silencio, bastante incómodo por cierto. Levanté la vista y vi a Virgil, mirándome fijamente. Se acercó y me besó. Cogí su mano y tiré de él escaleras arriba y entramos corriendo a mi habitación.
Una vez estuvimos dentro, volvimos a besarnos.
Notaba como sus dedos recorrían mi espalda, levantándome suavemente la camiseta mientras yo hacía lo mismo con la suya. Se separó de mí con rapidez, se quitó la camiseta y terminó de quitarme la mía. Nunca me había dado cuenta de lo musculoso que era. Puse mis manos sobre su pecho, sobre su corazón.
De repente, y sin esperármelo, pasó su brazo por detrás de mis piernas y me levantó del suelo. Me llevó en brazos hacia la cama y me dejó sobre ésta con delicadeza. Él se tumbó a mi lado.
- Crees que es el mejor momento? – preguntó Virgil mientras paseaba sus dedos sobre mi vientre y mi rostro.
- No lo se. – le dije en un suspiro. – solo se que quiero estar contigo.
- Yo también, pero no se… con todo lo que está sucediendo…
- Ya, te entiendo. No importa. Cuando llegue el momento. – dije dándole un breve beso en los labios.
Entendía perfectamente sus motivos. Hacia tan solo unas horas que su mejor amigo había muerto.
Me puse a horcajadas sobre él y besé su pecho.
- No me hagas esto. No podré resistirme. – me dijo con su preciosa sonrisa y poniendo sus manos en mi cintura.
- Venga, vamos. – dije mientras me levantaba e iba en busca de mi camiseta, que estaba bajo la ventana. Me agaché a recogerla y, en cuanto me levanté vi algo que me heló la sangre.
En el jardín, delante de mi casa, había una mujer, cuyos rasgos latino podían distinguirse bajo su blanca piel. Estaba mirando fijamente en mi dirección, sonriendo. Sus ojos brillaban de ira.
- Que pasa? – dijo Virgil, poniéndose su camiseta y acercándose a mi. En cuanto llegó a mi lado miró en la misma dirección que yo. Se quedó petrificado.
En ese mismo momento sonó el timbre. No podía moverme. Mis pies no obedecían a mi cabeza.
- Ve a abrir, yo estaré atento. Si hace el más mínimo movimiento, te aviso. – me dijo Virgil sin dejar de mirar por la ventana
- Vale.
Acabé de ponerme la camiseta y bajé corriendo las escaleras. Abrí la puerta y…
- Hola Lucy.
- Hola Laura. Que haces aquí? Estás bien? – pregunté al ver la mala cara que tenía. Estaba pálida y tenía los ojos rojos. Había estado llorando, como es natural.
- Estoy mejor, gracias.
- Ay! Perdóname – dije aun delante de la puerta y apartándome para abrirle paso – pasa, vamos a sentarnos.
Nos dirigimos hacia el salón y nos sentamos en el sofá.
- Sabes algo más sobre lo sucedido? – le pregunté cogiendo su mano y estrechándola entre las mías.
- Si. Acaban de decirme que Russ fue mordido por un animal.
- Qué?! – pregunté gritando.
- Han encontrado arañazos en el asiento delantero del coche.
No me lo podía creer. Podría ser cosa de Maria?
- Laura. Debes marcharte a casa. No es que te esté echando, pero es lo más seguro para ti en éstos momentos.
- Pero… - dijo Laura sin entender nada.
- Pasaré luego por tu casa y te lo contaré todo.
- Vale.
Nos dirigimos hacia la puerta cuando de repente oí un grito.
- No abráis la puerta!! – gritó Virgil, bajando a toda prisa por las escaleras.
Era demasiado tarde. Laura ya había abierto la puerta, dispuesta a salir cuando de repente vimos quien nos esperaba.
Maria nos miró sonrientes y entró en la casa. Virgil y yo nos quedamos paralizados. Miré a Maria con ira. Sus ojos ya no eran rojos.
Laura nos miró a los tres, confusa. Obviamente, no entendía nuestra reacción.
- Una casa muy bonita – dijo Maria sonriendo de nuevo.
- Es que ocurre algo? – preguntó Laura retrocediendo hacia la puerta.
- Querida Laura, ven. No pasa nada – dijo dulcemente, sentándose en el sofá.
Sin pensármelo dos veces, me situé delante de Laura, barrándole el paso.
- No te acerques a ella – dije en voz baja, aunque sabía que Maria me había oído.
Lo que ocurrió en ese momento sucedió muy deprisa. Maria se puso en pie y en menos de un segundo estuvo a mi lado y me lanzó contra la pared. Virgil, que intentó evitar que Maria me atacara, recibió un puñetazo en el estómago y fue lanzada contra una ventana. El cristal se rompió y Virgil la atravesó, cayendo al jardín, inconsciente.
Intenté levantarme del suelo, pero pronto me di cuenta de que estaba herida. Había caído sobre una mesita de madera que decoraba el salón, la cual se había roto bajo mi peso. Tenía clavado un trozo de madera en el costado. Lo cogí y tiré de él, lo cual provocó más dolor y más sangre.
Intenté levantarme de nuevo y vi como Maria tenía sujeta a Laura con las manos a su espalda. Vi el terror grabado en los ojos de Laura, mirándome, segundos antes de que Maria acercara sus labios al cuello de mi amiga y, tras mirarme, la mordió.
El dolor y la escena que tenía ante mi me paralizaron. De repente un gran estruendo azotó el salón de mi casa y vi como la puerta saltaba por los aires. A duras penas pude ver tres borrosas figuras entrar en la casa, cuando mis ojos se cerraron y me desmayé.
Fui notando con alivio que el dolor causado por mis heridas se iba calmando.
Es que acaso he muerto? Se ha acabado el dolor y el sufrimiento?
- Lucy?
- Virgil, tranquilo. Lucy está bien. Deberías echarte un rato. Has recibido unos buenos golpes. – dijo una voz conocida. Su tono melódico estaba cubierto por un tono de miedo y preocupación.
- Estoy bien.
Intenté abrir los ojos, pero había demasiada luz.
- La luz… - dije en apenas un susurro.
- Lucy? Que dice, cariño? – dijo una voz maternal. Era Esme. Noté su fría mano sobre mi frente.
- Apagad la luz – conseguí decir con un poco más de fuerza.
- Alice, apaga la luz. Ya vemos con la luz del exterior.
- Vale, ya voy.
Cuando Alice apagó la luz pude abrir los ojos. Vi cuatro figuras borrosas que miraban en mi dirección.
- Mamá?
- Lucy, cariño. Tu madre vendrá pronto. – dijo Esme poniendo su mano sobre la mía.
- No logro ver con claridad.
- Tranquila Lucy. El doctor Cullen vendrá enseguida a verte. – dijo la figura que identifiqué como Virgil.
- No hace falta. Me voy encontrando mejor.
- Lucy, soy Alice. Estoy aquí con Jasper. Vamos a llevarte a tu dormitorio para que descanses. Si quieres después puedes llamar a Carlisle.
- Vale.
Ambos me cogieron y me llevaron escaleras arriba. Una vez estuvimos en mi dormitorio, me dejaron sobre la cama suavemente.
Tres de las borrosas figuras se marcharon, no sin antes darme cada uno un beso en la frente.
- Lucy – dijo la persona que quedaba en el dormitorio, tumbándose en la cama a mi lado, abrazándome con sus cálidos brazos.
- Virgil?
- Si. Estás un poco mejor? – dijo mientras acariciaba mi mejilla con el dorso de su mano.
- La ha convertido, verdad? – pregunté abriendo del todo los ojos y viendo la cara afectada de Virgil.
- No lo se. Tu tío Jasper cree que si.
- Que ocurrió cuando llegaron?- Por lo que me han contado, pillaron a Maria mordiendo a Laura y, antes de que pudieran hacer nada, se marchó, llevándose a Laura consigo. Salió por la ventana por la que me había lanzado. Así fue como me encontraron.
- Todo esto es culpa mía.
- Como va a ser culpa tuya?
- Cuando vi a Maria por primera vez tuve la impresión de que la conocía de algo. Yo sabía de la existencia de Maria y no pensé en que podían ser la misma persona.
- Lucy, de eso hace ya muchos años. Como ibas a acordarte?
- No lo se – contesté en un susurro, acurrucándome contra su pecho, escuchando el latido de su corazón.
- Lucy, todo acabará bien. En el caso de que Laura sea ahora un vampiro, podría vivir con su familia.
- Ya…
- Lucy – dijo Virgil levantando suavemente mi cara y mirándome a los ojos. – te quiero. Hoy he pasado mucho miedo, pensé que te había perdido. Si te pasara algo…
- Acabaremos con ella.
- Eso espero – dijo comenzando a besarme suavemente.
