Capitulo VI

—Kagome.

La aludida apretó fuertemente los parpados y negó con la cabeza repetidas veces hasta expresar un quejido. Juraba que hasta el propio Kami-Sama podía sentir y compadecerse de su dolor.

—Kagome.

¡Oh, no! No iba abrir los ojos, se negaba rotundamente a observarlo fijamente a él o al lugar donde aquel youkai había clavado el día anterior sus colmillos. No quería saber a qué grado se encontraba dañada, y él no iba a obligarla así el mundo se cayera sobre ella.

—Kagome.

El youkai lobo frente a ella estaba comenzando a impacientarse, había arrastrado su nombre entre dientes, y a pesar de que continuaba con los ojos cerrados aquello no le impedía poder sentir la mirada de él molesta sobre ella. Se le estaba comenzando a erizar los cabellos de la nuca, no sabía cuánto tiempo más soportaría la mirada de Kouga sin atreverse a devolvérsela o a soltar nuevamente un quejido.

—Te estas comportando como una pequeña.

Kagome hizo una mueca de enfado ante las palabras de su acompañante y deseó con todas las fuerzas que Kouga tuviera el mismo rosario que Inuyasha para poder sentarlo. Ese comentario se asemejaba más a la personalidad del hanyou, no a la personalidad del youkai frente a ella; aunque no podía negar que la idea de sentar a Kouga no era sumamente graciosa.

Su mueca de enfado dio paso a una sonrisa ligera que con dificultad trato de contener.

—¿Qué es lo gracioso?

Kouga ya se había enfadado por completo y en parte tenía razón. Seguramente pensaba que se estaba burlando de él, aunque también eso en parte era, pero no como se lo estaba imaginando. Además desde hacia unos diez minutos se encontraba martirizando al pobre youkai con su negativa a abrir los ojos.

Kouga al parecer tenía una santa paciencia, aunque sea para con ella; pero toda paciencia llegaba a su fin.

—Mmm, nada —le respondió ella aún con la imagen mental de Kouga estrellándose estrepitosamente contra el suelo. Nunca le había agradado usar el conjuro del rosario, pero había ocasiones que eran exclusivamente necesarias—, absolutamente nada.

Escuchó como él suspiraba de forma resignada, ¿Tan cansado podía estar de ella?

—Abre los ojos —pidió mientras sujetaba delicadamente el brazo lastimado de la miko. Kagome buscó deshacerse del agarre pero él la sujeto con firmeza—. Te dije que quedarías como nueva, ahora sólo tienes que abrir tus ojos y comprobar que es cierto.

Le costaba imaginar que en esta época ajena a los avances en la medicina y tecnología pudiera quedar sin ninguna secuela o cicatriz como en la suya. Sólo era una simple y débil humana, como otras veces Inuyasha la había llamado, y su cuerpo no se regeneraba ni era resistente como el de los demonios.

Aún podía sentir el dolor que comenzaba poco a poco a disiparse y el tacto de Kouga en la zona, aquellos podían ser principios de una buena señal. El que pudiera sentir era todo un milagro.

—No temas, Kagome, estoy aquí. Aquí contigo.

Las palabras del joven youkai lobo, por lo menos joven para sus ojos, eran tan ciertas, tan verdaderas que la llenaban de una emoción inimaginable. Kouga no sólo la había rescatado y curado sino que cumplió su palabra de permanecer a su lado. Él veló por ella para que nada pudiera sucederle. Él no faltaba a su palabra o a sus promesas. ¿Por qué jamás había visto a Kouga?

Ahora conocía la respuesta, o por lo menos lograba comprenderla. Inuyasha la había encandilado, de la misma forma que sucede si el sol se contempla de frente; sus ojos sólo podían observarlo a él, y ahora cuando una sombra cubría parte de ese fulgor centellante podía notar mas allá; notar lo que siempre estuvo frente a sus ojos, al alcance de su mano.

Estaba notando a Kouga, al verdadero Kouga.

Dubitativa sus ojos poco a poco se abrieron. La sonrisa satisfecha de él fue en lo primero que reparó ante que sus ojos, que por alguna extraña razón le pareció percibir un brillo especial en ellos.

—Hola —lo saludó en un murmullo que le resulto tan intimo y privado que comenzó a sentir el característico calor y cosquilleo en las mejillas—. ¿Molesto? —se atrevió a preguntar, aunque el rostro de su acompañante dejaba sin valor su pregunta. Kouga negó despacio—. Eso es bueno.

—¿Continuaras retrasando el momento o serás buena miko y comprobaras mis palabras?

El que Kouga comenzara a conocerla demasiado no sabía si tenía que hacerla sentir incomodada o sorprendida.

—¿Buena miko? —indagó dubitativa y Kouga en respuesta levanto una ceja escéptico. Suspiró—. Buena miko.

Suspiró hondamente y sus pulmones se llenaron de oxigeno mezclado con un fuerte olor a algún tipo de ¿incienso?, su garganta le pico gracias a la mezcla pero trago fuertemente mientras exhalaba por la nariz casi la misma cantidad de aire del ambiente que había tomado.

Sus labios se abrieron levemente por la sorpresa al notar como solo dos pequeñas marcas, que fácilmente podían comparárselas con una moneda pequeña, era lo único que estaba en su brazo. Abrió y cerró su mano repetidas veces mientas movía su brazo.

¡Nada! No había malestar alguno, ni le costaba moverlo en algún ángulo o dirección. Su brazo había quedado tal y como Kouga se lo había dicho…estaba como nuevo, como si nunca hubiera sido atacada. Si no fuera por aquellas dos pequeñas marcas podía jurar que su ataque era producto de alguna pesadilla o que su mente muy imaginativa le jugaba malas pasadas.

Se llevó rápidamente una mano a la garganta, y tuvo que contener el grito que quiso escaparse por su boca al notar que tampoco había signo alguno del pasado ataque. ¡Por Kami-Sama! Era increíble, absolutamente increíble

—Las pequeñas marcas terminaran de desaparecer hoy, el veneno que porta esa especie de youkai en los colmillos puede ser letal si no se extrae de inmediato —sujetó nuevamente el brazo de ella y volvió a inspeccionarlo con cautela. Llevaba casi veinticuatro horas inspeccionando su brazo en busca de algún signo que demostrara la clara señal del veneno aún en el cuerpo, pero nada había pasado—. Sigo asombrado por la forma que involuntariamente catalizaste el veneno.

—¿Catalizar el veneno? —comentó en un siseo y vio a Kouga asentir mientras la yema de su dedo índice unía la dos pequeñas marcas de su brazo. Ligeramente templó ante el escalofrío que le causo la sutil caricia

—Te encontré rápidamente, a solo unos metros del cuerpo muerto del youkai —observó como la mujer abría los ojos en sorpresa y parecía tratar de recordar levemente el hecho del día anterior—. Tu brazo se encontraba completamente fracturado y era claro el lugar donde el youkai había clavado sus colmillos. La sangre que brotaba de tu brazo era la respuesta. Pero como miko que eres tú cuerpo intento purificar el veneno, como si fuera una energía maligna.

—¿Cómo es que ahora puedo moverlo? —Kouga la soltó e inmediatamente se sujetó el anterior brazo lastimado con la otra mano apretándolo casi dolorosamente contra las costillas como si quisiera protegerlo—. Recuerdo que dijiste curarme con tus propios remedios medicinales.

El youkai se sobó la nuca con una de sus manos y apoyó la cabeza contra la fría y dura pared de la cueva.

—Al igual que los humanos nuestro clan por los menos es lo suficientemente acto para curarse, en caso que lo necesitase —aclaró—. Una de las características que separa a tu especie de la mía, Kagome, es que vivimos mas tiempo y aquello hace la diferencia.

—El poder vivir tanto tiempo los hace una especie de acreedores de conocimientos que nosotros carecemos.

—Algo así, Kagome…algo así —asintió cerrando los ojos. Se había pasado toda la noche en vigilia del frágil cuerpo femenino, ahora su musculatura se estaba relajando y el cansancio acumulado estaba comenzando a pesarle—. No nos llamaría acreedores, solemos encontrar el conocimiento de forma casual, en algún intento por salvar nuestra vida.

—¿Es por eso que sabes cómo dejar "como nuevo" mi brazo?

El joven youkai sonrió cansadamente en respuesta a la pregunta. Kagome estiró una de sus manos hasta el dormitabundo youkai frente a ella conteniendo la respiración conforme a más su mano se acercaba hasta la mejilla izquierda de él. Atrapó entre sus dientes el labio inferior ante el repentino deseo de sentir nuevamente el tacto de él, aunque esta vez sea ella quien le proporcione esa anhelada caricia que necesitaba.

Sus sentimientos estaba comenzando a sacudirse con violencia y todo por la presencia de Kouga, era tan grato estar a su lado, se sentía tan plena; como si nada le faltara, como si con Kouga hubiera encontrado algo que no sabía estar buscando.

La estaba haciendo actuar de una forma tan impulsiva que en vez de comenzar a pesarle la hacia sentir libre, como si no tuviera que reprimir sus sentimientos y acciones con él aunque ellos derivaran en falsas ilusiones que podría formarse el demonio que ahora había comenzado a respirar tranquilamente.

Ella no quería que Kouga sufriera por su culpa, pero tampoco podía ponerle un alto a sus gestos inconscientes porque su mente o razón no la escuchaban y parecían burlarse de ella.

Antes de que sus dedos rozaran la mejilla de él se alejó rápidamente con la mirada gacha y perdida en sus pensamientos. Se colocó frente a él, sobre el improvisado lecho que había armado para ella, y la espalda contra la pared llevando sus rodillas contra su pecho. Ver el rostro pacifico de Kouga le causaba tranquilidad a sus ya sensibles sentimientos por ambos flancos. Por un lado el deseo irrefrenable de su alma por olvidar aquello que le causaba dolor, y por el otro la fuerza que esta misma ejercía para aferrarse a lo único que le daba por el momento una pizca de felicidad y contención.

Pero que él la observara, que la protegiera, que la cuidara, que se preocupara por ella o que solo se disponga a estar en silencio a su lado lograba que todo a su pies se sacudiera y olvidara el tiempo que pasaba a su lado, como si fuera eterno.

—¿Qué me sucede? —soltó en un murmullo ahogado y las imágenes de Kouga junta a ella pasaron por su mente como un relámpago formando lágrimas en sus ojos. Tragó con fuerza y contuvó un sollozo.

El youkai que tiempo atrás la reclamaba como su propiedad, él que seguía discutiendo con fuerza con Inuyasha, él que la protegía a costa de su vida propia, él que cuidaba de ella, él que se conformada con ser sólo un buen amigo; ese mismo youkai que conocía desde hacia tres años pero que tanto había madurado y cambiado, ese mismo estaba empezando a despertar en ella sentimientos que ya no podían encajonarse en una sola palabra…

Amistad.

Cuando despertó los rayos de sol que marcaban el mediodía dieron en el perfil de su rostro. Pestañeó varias veces para poder aclarar su turbia visión. Se encontraba completamente relajada, su cuerpo ya se había recuperado por completo.

—Kouga —llamó al youkai elevando un poco su tono de voz al no verlo, como unas horas atrás, dormir frente a ella. ¿Dónde estaría? Parecía realmente cansado horas antes.

Se levantó arreglándose la falda con una mano y sosteniéndose de la pared con la otra, había a unos metros de ella las cenizas de un fuego extinto que seguramente Kouga prendió cuando la rescató y la trajo a esta cueva para curarla. También aún podía sentir el olor a incienso en el ambiente e impregnado con mayor fuerza en su ropa.

Era un aroma bastante fuerte.

Ladeó un poco el rostro exclamando un gemido de molesta y cerrando levemente los ojos cuando la claridad golpeo su rostro al salir de la cueva. Cuando los volvió a abrir, solo pasados unos segundos, su vista ya se había acostumbrado al cambio de luz.

—Que bueno que ya despertaste.

El tono animado de él y la sonrisa gentil en su rostro lograron que se sonrojara por unos efímeros instantes. Frunció el ceño al notar a Kouga sostener algo tras su espalda gracias a una soga que pasaba sobre su hombro derecho y la mantenía sujeta sobre su pecho con la misma mano.

—¿Qué traes? —se atrevió a preguntarle presa de la curiosidad, como su propio hermano hacia con ella. Lo único que comenzaba a faltarle y se sumara a su cambio era volver a la etapa de los por qué.

Kouga agrandó la sonrisa en el rostro y dejó caer sin ningún esfuerzo y delicadeza lo que cargaba tras su espalda. El golpe fue casi sordo, eran bastantes kilos lo que lograría producir un ruido como aquel.

—La última vez supe que pasaste hambre, Kagome —comentó, recordando aquella vez donde la miko pasó una semana con él. La sacerdotisa casi había palidecido al verse descubierta—. Es por eso que no pasara lo mismo.

Kouga se portaba tan atento con ella, la trataba con tanto cariño que era imposible pensar que alguna vez un demonio como él pudiera detestar a los humanos.

—No tenías porque pescar toda esa cantidad —observó casi con los ojos como platos la considerable montaña de pescado. Ella no se comería todo eso, estaba loco si esperaba que se los comiera. ¡Era humana! su apetito también era diferente al de ellos.

—Hakkaku y Ginta ayudaron también.

¡Oh! Hacia tiempo que no los veía a ninguno de los dos. Después que dejó la manda de Kouga no había vuelto a saber de ellos, sabían que estaban bien sino Kouga estaría desesperado; pero comenzaba a molestarse consigo misma por alejar al líder del clan de los lobos de los únicos sobrevivientes que quedaban luego de que Naraku eliminara a todos tres años atrás. De seguro ellos estaban detestándola.

—¿Qué te sucede? —preguntó rápidamente Kouga con voz preocupada sosteniendo la barbilla de ella con una de sus manos. Kagome tuvo que pestañar varias veces para darse cuenta que él estaba junto a ella y no a solo unos metros como anteriormente—. Algo te preocupa, ¿es el chucho ese?

El brillo que horas antes puedo ver en los ojos del demonio ahora parecía haberse apagado con solo pronunciar uno de los tantos calificativos que él tenia para Inuyasha. El dolor que sintió al instante en su pecho al notar los celestes ojos del demonio oscurecerse la condujo a una nueva reacción involuntaria.

Lo abrazó fuertemente, pasando ambos brazos por su cintura y escondiendo el rostro en su pecho. Lo abrazó de tal manera que pudiera aclarar sus dudas, darle una respuesta igual de involuntaria que sus acciones; y mientras más sus brazos hacían presión sobre la cintura masculina esa punzada lacerante de dolor en su pecho disminuía lentamente.

—No estoy pensando en él —susurró contra su pecho y cerró los ojos fuertemente. El abrazo que aún el demonio no había podido responder parecía para ella como si intentara aferrarce a la figura de él antes de que desapareciera para siempre, antes de que dejara de existir y la volviera a lejar sola.

Tenía la leve sensación que cualquier movimiento en falso la volvería a alejar de este Kouga que se estaba permitiendo conocer y querer abiertamente.

El demonio la separó con cuidado de su cuerpo, Kagome miró abiertamente la mueca en el rostro de Kouga que intentaba asemejarse al de una sonrisa que no era forzada, pero algo en la dureza de sus facciones le decía que estaba costándole regalarle aquella sonrisa comprensible y tranquilizadora.

—De seguro debes tener hambre —intentó bromear mediante una carcajada, pero la mujer frente a el sabía que era alguna especie de evasiva—. Voy a prepararte algo para que comas, necesitas recuperar fuerzas.

Aunque quiso, Kagome no puedo retenerlo con alguna palabra o sujetarlo simplemente de alguno de sus brazos. El youkai no había respondido su abrazo y lo que era peor es la forma con que había zanjado el tema para darlo por cerrado por completo, y que por su naturaleza de llegar por mas doloroso que sea hasta el fondo de todo no darle algún margen siquiera para cuestionar su comportamiento.

Eso sólo le dejaba en claro que él intentaba protegerse de ella y de los sentimientos que pudiera despertar en el demonio. Estaba siendo demasiado egoísta con Kouga reteniéndolo de esa forma a su lado, estaba casi utilizándolo sin importar lo que él pudiera pensar.

¡Era como si los sentimientos de él no le importaban!

Se llevó ambas manos al rostro y sintió un nuevo dolor en su pecho, más fuerte que el anterior. Sabía que iba a dolerle de la misma forma que le dolía las propias traiciones de Inuyasha, pero tenía que hacerlo no solo por el bienestar del youkai sino por el suyo propio.

Las dudas se colaban en su mente y hasta no aclararlas no podría seguir adelante.

Estaba decidido, cuando volviera junto al grupo se marcharía a su época para ver a su familia y despejar sus pensamientos. También porque al regresar intensivamente, algo que hace unos días había resuelto, comenzaría un entrenamiento para dejar de ser una carga; este último ataque que casi le cuesta la vida le había hecho abrir por completo los ojos.

Sus manos cayeron pesadamente y contempló la figura masculina del youkai a lo lejos con una semi sonrisa.

Era lo menos que podía hacer por él. Kouga la había protegido y ella lo protegería a él hasta que aclara los sentimientos que empezaban a coexistir en ella.

La tarde paso ante sus ojos con absoluta calma, una calma que le resultaba extraña para la época en la que se encontraba. Ambos habían almorzado en silencio algunos de los pescados que Kouga cazó temprano en la mañana y ella no se preocupó por la llegada de Inuyasha. Él nunca sabría en que lugar se encontraba.

Luego de aquello que ella había denominado para sus adentros un "incidente" lo de aquella mañana, Kouga sació su curiosidad cuando se atrevió a preguntar porque cada vez que se agotaba un incienso volvia rápidamente a encender otro en la cueva y la hacia permanecer varios minutos dentro de la misma, incluso el mismo los pasaba.

El parecer los youkai no solo sabían como curar algunas clases de heridas sino que también tenían sus propios trucos a la hora de ocultar su aroma para otros demonios o semi demonios.

Kouga le había dicho que solo en casos extremos se utilizaba aquello, él sabia que plantas seleccionar para que juntas lograran el efecto deseado ya que una sola planta no cumplía la función. Diferentes hierbas juntas y mezcladas en iguales partes eran la causante de que el olfato de los youkai no rastreara el aroma que deseaban.

Las marcas en forma de moneda pequeña en su brazo eran un mal recuerdo. Estaba lista para volver junto a sus amigos y para instante en su época.

También estaba lista para enfrentarse a la ira del hanyou cuando la viera regresar.

No pudo replicar la iniciativa de Kouga en acompañarla por su seguridad, aunque si se negó a subir sobre su espalda cuando él se lo ofreció en un tono neutro. A su paso tardarían un poco más en llegar, pero era lo mejor para ambos.

—Kouga —había caminado medio metro delante de él cuando éste se detuvo frente a una gran hilera de árboles que ella por los años podía reconocer cuando estaban cerca de la aldea de la anciana Kaede. El grupo había decidido regresar—. Gracias por todo.

Ella le regaló una sonrisa tímida con la vista en la inicio de su cuello. No se atrevía a mirarlo a la cara, no después de lo de esta mañana. Los rayos de sol estaban comenzando a perderse en el horizonte y la noche estaba casi sobre ellos y todo el Sengoku.

Por lo que les tomo llegar a la aldea supuso que la cueva donde anteriormente se encontraban estaba mucho más cerca de la primera que del lugar donde la habían atacado.

El silencio comenzaba a prolongarse y volverse incomodo, y la sensación de pánico que estaba formándose en ella no le servían para calmar sus sensibles nervios tan característicos.

Unas pasos sobre la hierba acercándose a ella, un cuerpo acortar la distancia y unos labios posarse sobre su mejilla haciendo levemente presión por un momento para luego separarse fue todo lo que sintió antes de levantar la vista y encontrarse completamente sola sin señales del youkai lobo.

Su mano sin su autorización se posó sobre su mejilla mientras una sonrisa complaciente dibujaba su rostro al tiempo que se giraba sobre sus talones y comenzaba a caminar sola hacia la aldea pero con una cálida y gratificante sensación en todo su cuerpo.

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Un golpe.

Le había dicho a su madre que sólo necesitaba descansar un poco, que se encontraba cansada. El Sengoku llegaba a cansarla.

Dos golpes.

Tal vez no era buena mintiendo o no era tan fácil como decían, aunque tal vez el problema era que ella era demasiado "legible".

Tres golpes.

¡¿Es que no la dejarían un momento a solas? No sabía si enfadarse con ella, con su madre o si largarse a llorar. Se estaba mordiendo su labio inferior y el agua en sus ojos amenazaba con mojar sus mejillas en cualquier momento. El nudo en su garganta le había impedido hablarle con claridad a su madre cuando le dijo solamente que necesitaba descansar, que mañana le hablaría de todo lo que ella quisiera saber.

—Kagome, ¿te encuentras bien?

Esa era la clara e inconfundible voz preocupada de su madre del otro lado de la puerta de su habitación. Contuvo un jadeo y rezó que las sábanas de su cama la cubrieran lo suficiente para transportarla a otro lugar.

—¿Hija?

Dejó de respirar por un momento cuando el picaporte de la puerta se movió, pero la puerta por suerte no hizo ningún intento por moverse. No recordaba haberle puesto el seguro pero se felicito así misma mentalmente.

Escuchó luego los pasos de su madre alejándose escaleras abajo y volvió a respirar tranquila acomodándose mejor en su mullida cama. Estaba segura de no poder cerrar los ojos por unas cuantas horas esa noche, y mucho menos cuando los recuerdos de las últimas palabras de él no la abandonarían.

«—¡Porque no voy a perderte!»

¿Cómo olvidarlo entonces? ¿Cómo olvidarlo a él y las palabras que le había gritado a unos metros del pozo antes de darle la espalda? ¿Cómo olvidar la calidez de sus brazos cuando la estrecho al volverla a ver? Ella se había preparado para su furia, para el enojo iracundo de su acompaño de viajes pero sólo obtuvo aquello.

Un abrazo protector y completamente sincero. Un abrazo que lograba hacer temblar su alma y volver hacer débil ante él.

¿Por qué tenia que amarlo de la forma desmedida con que lo hacia? ¿Por qué volvía a torturarla?

El Inuyasha que le pronunciado esas palabras volvería a desvanecerse pronto y por eso esta vez no volvería hacerse ilusiones. Su meta era olvidarlo y por mucho que le costara lograría su cometido. Cuando todo acabara, Naraku muerto y los fragmentos de Shikon recuperados, volvería a su época sin sentir que dejaba del otro lado del pozo parte de ella misma. Claro que extrañaría a sus amigos y las aventuras, pero tenía que ser honesta consigo misma, ella no pertenecía a esa época y era mejor que nada la uniera a ella.

No quería pensar en el final de Inuyasha, no quería imaginarlo cumplir su promesa. Aún le dolía demasiado profundo.

Y estaba comenzarlo a dolerle al ser consiente que cuando acabara todo también se tendría que despedir de Kouga. Tendría que dejar de verlo y ese, ese vago pensamiento estaba comenzando a atormentarla de la misma forma que lo hacia sobre dejar de ver a Inuyasha.

Tenía horas libres ahora de regreso en su época y, pese a la vorágine de sentimientos contradictorios en ella, tenía que ser honesta consigo misma. En la oscuridad de su habitación, recostada sobre su cama y cubierta de pies a cabeza, con los ojos cerrados y un ritmo de respiración normal había nombrado aquello que deseaba averiguar en su época aunque podían ser conclusiones apresuradas.

Ella estaba enamorándose de Kouga y nadie podría cambiarlo ahora.

Continuara...


Lamento tanto la demora. Para los que pudieron ver el pequeño aviso que logre poner ayer sabrán el porque y para los que no en resumen tuve en principio inconvenientes para ingresar a mi cuenta, después un problema personal que me dejo varios días alejada de una computadora y ayer cuando pude volver me encuentro con que si puedo ingresar a la cuenta pero que tengo problemas para subir los documentos. Eso fue genial ¬¬

Si pensaron que dejaría el fic a la mitad despreocupense porque no soy de ese tipo, aunque me tarde un año entero voy a terminar de subirlo...Gracias por todos los lindos reviews del capítulo anterior y a los que leen, espero que pudieran entenderme no estaba en mis planes demorarme sin previo aviso pero hay cosas que se escapan de las manos.

Besos y cuidence mucho.

Lis-Sama