Capítulo IX
Solo Kami sabía la forma que encararía aquello.
Llevaba dos días dándole vueltas al asunto, llevaba dos días sin dormir. Cuando la idea había llegado a su cabeza sólo se limito a sonreír mentalmente abstrayéndose por unos momentos de la realidad. Por eso había preferido tomarse las cosas con calma y meditar verdaderamente el asunto.
Esta vez el motivo de su partida era diferente pero, de igual modo, sentía que estaba alejándose de sus obligaciones primordiales. Sin ella en el grupo no habría quien viera o sintiera los fragmentos, mucho menos purificarlos con un simple toque de su mano.
La búsqueda y recolección de los fragmentos era lo primordial, y uno de los lazos que la mantenía atada al grupo; pero tampoco podía seguir en el mismo cuando era ella y sus propias emociones las que se habían transformado en una bomba de tiempo capaz de acabar con cualquiera a su alrededor.
No podía y no debía volver a exponer a sus amigos de cara a la muerte a pesar de convivir con ella día tras días.
Todos los detalles estaban planeados, hasta el más mínimo; sólo le restaba tomar valor.
Acomodó al durmiente Shipou en su regazo, que murmuró algo entre sueños e hizo un pequeño mohín de enfado. Le sonrió con ternura. Le traía cierto aire de paz velar sus sueños, observarlo dormir tan plácidamente sin problemas. Admiraba la fortaleza del pequeño niño.
—Creo… —carraspeó un poco al notar el leve temblor de su voz. Era más difícil de lo que pensaba—, creo que será mejor que me vaya.
Tres pares de ojos, de diferente color, se cernieron sobre ella al instante. De todos, Inuyasha parecía el más atento a las próximas palabras que soltaría. Sabía que él no iba a preguntarle un por qué, por lo menos no por el momento.
—Presiento que será la mejor para todos —soltó apresuradamente excusándose—. No me marchare definitivamente.
—¿Entonces por qué lo haces? —preguntó Sango con claras evidencias de intentar comprender el repentino comportamiento de su amiga—. Si te marchas a tu época…
—No me marcharía a mi época.
El repentino silencio que había dejado sus palabras en el ambiente le resulto incomodo. Sango intercambió una fugar mirada con el monje Miroku, y éste por el rabillo del ojo observó el rostro impoluto del hanyou. Parecía un poema. La mezcla de incredulidad, tristeza y furia en sus ojos era equilibrada.
Él, mejor que todos, sabía a que otro lugar podía acudir Kagome si se trataba de no ir a su época.
—Lo veo innecesario —continuó la exterminadora, cortando el incomodo silencio que se había formado—. No tienes porque marcharte, Kagome.
—Pienso que la señorita Kagome está en lo correcto.
Todos, incluso Inuyasha que luego de las últimas palabras de la miko no había dejado de mirarla, observaron el semblante calmado y meditabundo del monje.
—Déjenme explicarle —pidió contemplando el rostro de la sacerdotisa—, creo llegar a comprender sus razones a la perfección y, pese a la negativa de algunos presentes —arrastró la última palabra y sus ojos se movieron rápido al rostro del hanyou para luego desviarlo igual de rápido—, no podemos ser egoístas y exponerla a un peligro al cual no podemos ayudarla.
La frente de Inuyasha se pobló de arrugas y las aletas de su nariz se extendieron al inspirar sonoramente.
—Gracias —sonrió Kagome levemente. Era importante para ella saber la opinión de todos. Miró a Sango con suplica—. Sango, ¿tú…?
—Tal vez no sea lo mejor, pero se nota que lo necesitas.
La voz de la exterminadora era casi de completa resignación, muy en el fondo y pese a las palabras convincentes del monje, pensaba que aquello era una locura. Igual Kagome contaba con su voto de confianza.
—Inuyasha, ¿y tú que…?
—Kef, has lo que se te venga en gana.
El hanyou fue una figura difusa de color rojo y plata a la vista de los presentes. Atravesó la esterilla de la puerta interrumpiendo abruptamente la pregunta de Kagome y gruñendo la respuesta.
La miko no se atrevió a seguirlo, no había nada más que él o ella pudieran decir. Las cosas ya estaban claras y su decisión estaba tomada. Le pesara o no a Inuyasha, ella se marcharía un tiempo con Kouga.
Le dolía lastimarlo pero era lo mejor. Inconscientemente se dijo que era lo mejor.
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—Podrías llevarte a Kirara.
Una sola palabra más y terminaría siendo seducida por la idea.
—No es necesario.
—¿Estás segura?
Sus labios formaron una línea. Mentalmente, y una parte de ella misma, le decía que estaba actuado como una cobarde; estaba huyendo del problema, pero ¿cómo huir del problema cuando uno mismo lo era?
—Completamente…
Sango contuvó un suspiro mientras sus brazos caían con desgana, ya había hecho todo lo que estaba al alcance de sus manos; de ahora en adelante solo su amiga tomaría las riendas de cómo quería llevar su vida. Hasta un punto estaba actuando drásticamente, Kagome no se marchaba definitivamente, ni muchos menos se marchaban a su época donde ella no tenía acceso. Se marchaba con el youkai lobo.
—La anciana Kaede cree que es una locura —le resultaba raro decir el nombre de la anciana sacerdotisa protectora de la aldea, pero todo se debía a que estaba interponiendo el bienestar de su amiga—. Igualmente lo único que le importa es que continúes con el entrenamiento.
—Sango… —su voz se llenó de cierta persuasión y un tinte cansino. No quería más discusiones, no quería más peleas—, saluda a todos de mi parte.
—Nos vemos donde acordamos.
Kagome dio dos pasos hacia atrás antes de girar sobre si misma. Otra vez estaba lejos de sus amigos, otra vez estaba huyendo de Inuyasha. Las circunstancias eran otras, el momento también era otro, pero al final de cuenta todo podía encasillarse en una sola palabra….Daño.
No había un daño sentimental, o por lo menos uno que él no pudiera superar, había un daño físico que tenía que evitar. Evitaría dañar a Inuyasha, evitaría que sus sentimientos muchas veces dañados tomaran su cuerpo sin control para lastimarlo.
Era la única forma que conocía viable para protegerlo, y protegerse a ella misma.
Él estaba herido, lo había lastimado con su decisión de acompañar a Kouga por un tiempo; le había mostrado en cierta forma que no era capaz de protegerla, por lo menos de ella misma. Su pecho parecía estar siendo desgarrado pero también parecía estar siendo curado. Pensar que aún se dividía entre la enfermedad y la cura, entre Inuyasha y Kouga, y entre si amaba o no a este último. Todo, absolutamente todo le estaba resultando inverosímil.
Es por ello, que de momento, la parte de ella que buscaba la verdad en sus sentimientos iba a estar bajo una especie de sueño profundo. Lo primordial ahora era controlar sus poderes, lo importante era ondear dentro de ella misma y tomar sólo los sentimientos "buenos" para convertirlos en su fuente de energía.
Aún sin estar segura del lugar al que se estaba dirigiendo sus pies parecían conocer el camino que ella no podía ver en su mente pero, sobre todo, a pesar del candado auto-impuesto a sus dudas y nuevos sentimientos, ellos parecieron aflorar de su reciente letargo cuando una ventisca de aire rozo el costado izquierdo de su cuerpo al pasar por su lado y terminar de dejar a unos diez pasos de su poción la figura masculina que inconscientemente ansiaba volver a ver pronto.
Ambos se sonrieron al mismo tiempo, como si hubiera sido hace años que se hubieran regalado la última sonrisa.
Kagome sabía que con Kouga sobrara las palabras, había aprendido a leerla como un libro abierto y por eso no le extraño ver como él extendía su mano hasta ella para que la tomara y pudiera subirse a su espalda.
El youkai lobo había vuelto a salvarla como aquella primera noche.
Ante ella se abría un largo y arduo camino. Tenía que fortalecerse, y esperaba que Inuyasha lograra por fin comprenderla, mucho más ahora que se encontraba solo para meditar abiertamente sobre el tema.
Conociéndolo como lo conocía tal vez ahora se estaría arrepintiendo de no haberse despedido de ella, o de negarse a dirigirle la palabra luego de que saliera de la cabaña de la anciana Kaede la pasada noche.
Le había dolido y aún le dolía, pero entendía su postura y lo que sea que estuviera pasando en estos momentos por su mente. Jamás podría fantasear con el amor del hanyou, pero si podía fantasear con un cariño que más que fantasía era verdadero y que ni siquiera el recuerdo de Kikyo podía con él. Se había ganado un pequeño lugar en su testarudo corazón.
Tomó entre sus manos la mano del youkai completamente segura de sus acciones y dispuesta a enfrentar lo que sucediera.
Tenía una meta he iba a cumplirla
Continuara...
Lamento la demora y lo corto del capítulo, pero entre en una desgana total de escritura; mas que desgana esuna falta de inspiración con respecto a este fic. Por un momento pense en pausarlo, pero sabia que si lo hacia lo mas probable es que terminara inconcluso y quien sabe cuando pueda terminarlo. Tengo ideas para un nuevo proyecto que voy a tomármelo con completa calma; además porque la trama tengo la sensacion que va hacer un poco rebuscada. Me meto en cosas complicadas.
Así que bueno, el fic novoy a pausarlo pero si voy a demorarme en subir los próximos capítulos. Igualmente no pienso que paselos veinte caps, aunque todavía no estoy segura en si de cuantos va a tener en definitiva. Otra vez lamento las molestias y gracias por los reviews, alertas, etc...especialmente por el apoyo.
Cuidence mucho y nos estamos leyendo. Tal vez los sorprenda y vuelva antes de lo esperado XP
Lis
