Capitulo XI
Era tan, pero tan estúpida. Si fuera por ella misma se golpearía. ¿Qué paso por su mente en ese momento para hacer lo que hizo? ¿Qué maldito impulso la había llevado a besar a Kouga? ¡A Kouga!
Para colmo había salido huyendo como una niña.
Apretó los dientes para no gritar y se derrumbó a los pies de un árbol. Sola, enfurecida, histérica y…perdida. Suspiró y nuevamente sintió el escozor de las lágrimas en sus ojos aún humedecidos por el reciente llanto. Cuando estaba junto a Kouga siempre actuaba más de la cuenta llevada por los impulsos, por hacerlo sentir bien cuando lo veía triste, por hacerle saber que ella estaba para él como él lo había estado para ella desde ¿siempre?
Sí, Kouga había estado para ella desde siempre porque la amaba y ella a él lo… lo ¿amaba?
No, no tenía aún la respuesta; pero se sentía atada a él, unida de una forma que nunca pensó estarlo con el youkai, porque nunca había tenido ojos para otro que no fuera Inuyasha. Cuando la mascara cayó, el sueño termino y ahí con la realidad golpeándola vio más haya del hanyou. Descubrió a Kouga, al verdadero. Se dejo querer y quiso; y en una vorágine de hechos que escaparon de su control termino ligada sentimentalmente al youkai lobo. Sentimientos que no entendía, pero eran fuertes; lo suficientemente fuertes como para sentir la decepción más grande o la paz más grande.
A estas alturas era imposible negar el lugar que Kouga se había ganado en su corazón. Estaba ahí, aferrándose con sus garras a la espera de que ella pueda entender lo que sentía. De interpretar y poner en palabras lo que sentía por él.
—Kouga… —suspiró su nombre y el frío del pronto anochecer le caló los huesos.
Se abrazó a sí misma sintiéndose tan pequeña y vulnerable con ella misma como hace solo unos momentos, cuando se encontraba en los brazos del demonio. No quería estar sola, no quería pensar. Ahora de pronto de la nada se encontraba con el tiempo suficiente a su disposición para cavilar, pensar no solo en Kouga sino también en Inuyasha.
Otro suspiro escapó por entre medio de sus labios, y en una acción que tenía desde pequeña escondió la cabeza entre sus piernas.
Ahora él estaba junto a Kikyo. Ahora ella formaba parte del grupo ocupando su lugar.
Soltó una risa triste y mordaz al ver con que facilidad el hanyou podía reemplazarla. Ella se había ido para no lastimarlo, y él le pagaba de esa manera…Buscando una reemplazante para su puesto.
Con los últimos resquicios de fuerza se levanto. No tenía la menor idea de dónde estaba pero tampoco se iba a quedar toda la noche en ese lugar. No era una cobarde e iba a darle la cara a sus problemas. Dio un paso hacia delante y cuando estaba por dar el siguiente un brazo se ciñó alrededor de su cintura desde la espalda mientras que una mano tapaba su boca. Al momento siguiente estaba suspendida en el aire junto al cuerpo caliente que la tenía sujeta.
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Miroku entró impaciente dentro de la pequeña edificación, siguiéndole los pasos a los recién llegados. Las caras de la exterminadora, la miko y el youaki no eran para nada buenas en el momento de su regreso. Sin más palabras habían pasado por su lado cabizbajos y cada uno metido en sus asuntos. Algo había sucedido con la señorita Kagome.
Sango ayudo a que la anciana Kaede tomara asiento. Los años estaban pasando su cuota en el anciano cuerpo que parecía más debilitado día a día. La anciana le dio una sonrisa al recién llegado monje comprendiendo lo que pasaba por su mente.
—Los años pasan —musitó sintiendo la pesadez casi extrema de su cuerpo. Sango se sentó a su lado y ella le agradeció el gesto—. ¿Dónde esta Inuyasha?
Miroku comprendió la mirada intensa de la sacerdotisa, su pregunta tenía un tono casual pero había algo mas que le era fácil entender.
—No se ha aparecido en todo el día.
Kaede se sumió en sus pensamientos. El comportamiento del hanyou y el regreso de su hermana a la aldea era extraño. Kikyo ya no era la misma, ese cuerpo podía tener su imagen, pero jamás volvería a ser su hermana, por mas que le pesara su hermana había fallecido hace un poco mas de cincuenta años, y su despertar sólo había sido un desafortunado juego del destino. Esa alma que vagaba en busca de venganza no era ni siquiera el reflejo de su hermana.
Inuyasha estaba pegado como una sombra a aquella Kikyo, iba donde ella iba. Siempre la seguía con ojos juiciosos, como si esperara que ella hiciera algo. Esa era la impresión que tenía. Inuyasha estaba esperando que Kikyo actuara.
Si el hanyou no estaba quería decir que su hermana tampoco.
La exterminadora tomó al pequeño Shipou en brazos antes de reincorporarse, comprendiendo que sobraba en ese momento en aquel lugar. Había cosas que como exterminadora no podía comprender. Miroku podía comprender mejor a Kaede, ambos necesita un poco de privacidad.
El monje le dio una última mirada a Sango cuando ésta pasó por su lado, ella se la devolvió y le desconcertó un momento ver como levemente le sonreía. Ella lo comprendía.
—¿Cómo se encuentra la señorita Kagome? —se atrevió a preguntar Miroku ahora que se encontraban solos.
—El joven Kouga está cuidando de ella —respondió pausadamente—. Sus sentimientos hacia ella son fuertes y verdaderos.
Miroku asintió.
—La ama a pesar de saber que solo tiene ojos para Inuyasha.
—Dudo que en este momento sea así —los ojos del monje se abrieron un poco mirándola con asombro. Aún era un hombre muy joven y todavía le faltaba tanto para descubrir y entender acerca de los sentimientos—. Inuyasha ha dañado mucho a Kagome a lo largo de estos años. Ella a encontrado un refugio en Kouga —asintió a su palabras—. No sé en que momento las cosas llegaron a cambiar tanto, pero se nota que el lazo que une a esos dos jóvenes es fuerte.
—Esta queriendo decir que es posible que…
—Efectivamente… —afirmó, sin permitir que Miroku pudiera completar la frase—, que Kagome quiera a Kouga como más que un simple amigo o un posible refugio. Tal vez fue así en un principio, pero ahora las cosas han cambiado —le asombrara saber hasta qué punto las cosas habían cambiado—. Inuyasha está perdiendo el amor de Kagome, y llegara un momento que será irreparable.
A Miroku no le gustaba para nada el tono de la última frase, estaba más que claro que Inuyasha no renuncia tan fácilmente a la señorita como era de esperarse. Aún intentaban comprender los sentimientos del hanyou que en algunas épocas parecían volcarse en favor a la joven muchacha, y en otras a su antiguo amor. El hanyou sentía algo por la sacerdotisa del futuro, de eso podían estar todos seguros, pero era demasiado testarudo y orgulloso para admitirlo, ni siquiera podía admitirlo para sí mismo.
Jamás en toda su vida había visto una forma igual de defender un demonio a una humana, y lo había visto junto a Inuyasha. Cuando se conocieron incluso la había querido defender de él.
No, el hanyou no iba a permitir que eso sucediera y dudaba que con él los métodos diplomáticos dieran resultados. Una pronta batalla entre el jefe del clan de los lobos y su amigo se avecinaba. Si Inuyasha llegaba a perder el control sería peligroso para todos, no solo para el youkai lobo. No sabía de qué forma era capaz de reaccionar el semi demonio.
Aunque, ahora también, estaba la llegada de la sacerdotisa Kikyo en manos del propio Inuyasha. Nadie se había atrevido a cuestionarlo, ni siquiera el pequeño Shipou que sintió como si él mismo estuviera traicionando a Kagome.
Los últimos meses habían sido de completa tirantes entre la joven sacerdotisa del futuro y el hanyou. Había pasado algo que llevo a quebrar la relación, ni siquiera Sango lo sabía con exactitud.
Había tanto que pensar y tan pocas maneras de actuar.
—También lo creo así —aseguró la anciana al estar de acuerdo con las palabras silenciosas de su acompañante. Miroku ni siquiera había hablado, pero sus dudas eran las de ella; las de todos—. No sé de que manera podemos actuar… —suspiró pesadamente meneando la cabeza—, aunque pienso que lo mejor es enfrentar a Inuyasha primero, luego hablare con mi hermana.
—Inuyasha se ha mostrado irascible últimamente. Cualquier pequeño comentario de más lo molesta.
—Está así desde la partida de Kagome, es por eso que no comprendo el afán de dejar a Kikyo en la aldea.
—Inuyasha siente que le debe la vida a la señorita Kikyo —siseó bajo tomando asiento frente a la anciana—; ese es el motivo por el cual eternamente está atado a ella.
—No, ese no es motivo —negó rotundamente mientras dejaba que la duda de su voz hiciera mella en la mente de su interlocutor. Había algo más, podía sentirlo—. Inuyasha trajo a mi hermana por otro motivo. Kikyo no puede arrebatarle la vida a Inuyasha, no le pertenece —su voz se volvió lúgubre, y por un momento sus ojos se oscurecieron. Ese ser que llevaba la imagen de su hermana no debería existir—. Hay algo por lo cual Inuyasha la quiere cerca.
Miroku la contempló en silencio sin saber qué decir, la anciana Kaede no tenía sus buenos años por nada. Era una mujer demasiado sabia, una mujer que ahora mostraba un semblante de completa inquietud.
—Él ya no siente nada por mi hermana —concluyó la mujer de avanzada edad con voz monocorde antes de sumirse en sus cavilaciones nuevamente.
El monje meditó las palabras, tratando de unirlas con las imágenes de sus recuerdos como si fueran piezas de rompecabezas. Tal vez Kaede tenía razón, Inuyasha ya no amaba a Kikyo y el único sentimiento que podía unirlo era el de una deuda que según la anciana no debería ni siquiera existir. La señorita Kikyo no podía pedir el alma del hanyou en compensación, ella no había muerto por él al fin y al cabo. Sólo era un alma en pena que ansiaba vengarse de la persona que decía haberle profesado amor cuando estaba con vida.
Si iban a actuar tendrían que hacerlo con sumo cuidado.
Miroku se levantó de inmediato y la anciana Kaede pese a su edad también lo hizo. Un escalofrío les recorrió la columna en el mismo instante en que un grito profundo y ahogado se dejaba escuchar.
Ambos podían sentirlo, una oscura presencia demoníaca estaba sobre la aldea.
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—¡Bájame! —Demandó ella con voz potente casi fuera de si, tratando inútilmente de soltarse mientras su captor seguía saltando de árbol en árbol arrascándola a quien sabe dónde.
—Nunca debí destaparte la boca.
La voz de él, a su pesar, le causó un colapso nervioso. Tanto… tanto tiempo que no lo oía, así de profunda, de demandante y potente. Socarrona algunas veces, con aquel tinte de superioridad como el dueño. Mentalmente se maldijo por ser vulnerable. ¡Por Kami si la estaba literalmente secuestrando! Todavía no sabía cómo había dado con ella, y lo peor de todo es ¿qué hacia aquí?
—Si no me bajas en este instante te prometo que soy capaz de…
—¿De sentarme? —preguntó mordaz mirándola levemente. Flexionó sus rodillas para tomar un nuevo impulso y volvió a saltar aterrizando en la rama más próxima. Una nueva oleada de enfado llego a su nariz—. Vamos inténtalo… —la retó esta vez sin mirarla, sabiendo de ante mano que ella estaba mordiéndose el labio inferior por la furia—. Te aseguro que la caída será interesante.
Kagome lo maldijo queriendo ver la cara de él estrellada contra el piso desde esa altura. Si lo sentaba iba a precipitarse contra el suelo desde aproximadamente siete metros, solo que estaba vez ella lo acompañaría. No era una buena idea.
Maldito él, y dos veces maldito por tenerla sujeta como la tenía.
—Eres una buena chica, se nota que recapacitas.
En un ataque de furia le clavó las uñas en el brazo que la tenía sujeta desde la cintura. Las clavó con fuerza, sabiendo que a comparación de la de él era insignificante; pero por lo menos iba a molestarlo. No iba a permitir que la tratara como quisiera.
Él gruñó levemente al sentir las diez uñas femeninas clavarse en su brazo, la apretó más contra su cuerpo e hizo el férreo agarre más fuerte. La reacción femenina ante eso fue inminente. Ella clavó las uñas más fuerte aín.
Kagome sintió como él nuevamente tomaba impulso para alcanzar la rama del próximo árbol. Ambos se elevaron por los aires cuando él dio un gran salto, más alto de todos los que hasta ahora había dado. Pensó que de esa manera llegarían con más facilidad, pero el estomago se le contrajó cuando sintió que el brazo que la mantenía sujeta desde la cintura perdía las fuerzas comenzándola a soltar.
Gritó, dos octavas más alto de lo normal, cuando su cuerpo por la maldita ley de gravedad se precipitaba hacia abajo; y no solo eso sino que también él, a pesar del impulso ,no había podía alcanzar la rama.
Una mano se cerró con fuerza envolviendo su muñeca justo a tiempo, jalándola hacia arriba sin ningún cuidado de un tiron. Él le paso un brazo otra vez sobre la cintura y la sostuvo desde ahí como antes. Kagome se aferró a su pecho con fuerza, cerrando los ojos y respirando aún agitada.
Estaban suspendidos en el aire. Inuyasha sosteniéndola a ella con un brazo y sujetando la rama sobre su cabeza con la mano libre para no caer.
—Sujeta mi cuello —le ordenó siendo obedecido al instante. Kagome envolvió su cuello con ambos brazos y se apago más a él. La sujeto más fuerte—. ¿Lista?
Ella abrió los ojos sin comprender el motivo de la pregunta.
—¿Para qué?
La sonrisa que le devolvió le contrajo nuevamente el estomago, antes de que pudiera replicar o repetirle la pregunta Inuyasha había soltado la rama. Le pareció que caían en cámara lenta, pero eso no impidió que nuevamente el grito que escapo de sus labios la afectara.
—¿Te encuentras bien? —preguntó preocupado al bulto femenino que sostenía la parte de su haori desde el pecho con fuerza desmedida escondido la cabeza—. Ya paso todo Kagome.
Dubitativa aún, abrió primero un ojo y después el otro. Ya no podía sentir la sensación del aire golpeando su cuerpo en plena caída. Inuyasha tenía razón, todo había pasado ya. Estaban ilesos.
—Sí…sí… —afirmó agitada volteando levemente el rostro para verlo. No supo en que momento el hanyou en plena caída la había sujetado desde las piernas y ahora la mantenía agarrada estilo nupcial. Tampoco sabía en que momento todo concluyo aterrizando sanos y salvos.
La bajó con delicadeza, sosteniéndola solo un momento más desde la cintura por miedo a que se tambaleara y perdiera el equilibrio. Estaba completamente pálida, casi mortuoria. A él le había parecido divertido escarmentarla por haberle clavado las uñas con ahínco, nunca pensó en que Kagome pudiera tomárselo así.
Sintió que Inuyasha por fin la soltaba, aún el corazón le corría de prisa pero por suerte su respiración se había normalizado. Ya todo había pasado.
El miedo de su experiencia fatídica estaba comenzando a dejarlo de lado ahora que contemplaba el rostro masculino más tranquila. La rabia volvía a ella golpeándola fuertemente.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó despectiva poniendo sus brazos en jara.
Inuyasha la miró primero asombrado y luego furioso. Su cambio repentino lo había sorprendido pero ahora que escuchaba como lo cuestionaba no podía reaccionar a sus palabras de otra forma.
—Tenemos que hablar —sentenció firmemente y la observo con rudeza. Hacia un mes y medio que no se veían y ella lo recibía así. No entendía ni siquiera porque demonios se preocupaba por ella.
Kagome alzó una ceja, internamente sintiéndose un poco intimidada por la rudeza de su mirada y palabras, pero ella no tenía nada que hablar con él. ¿Acaso venia a decirle en la cara que Kikyo ahora formaba parte del grupo? Era pasarse de la raya, era ser completamente descarado y cínico.
—No, no tenemos —dio un paso hacia atrás esquivando por poco la mano de Inuyasha que quería posarse sobre ella—. Lo que tengas que decirme ya está dicho. Regreso con Kouga.
Se giró sobre sus talones. Iba a salir de ahí como sea, aunque no supiera donde se encontraba; pero no iba a permanecer al lado de Inuyasha por mucho más tiempo.
—Ni lo sueñes, pequeña —la rodeó con ambos brazos desde la espalda, sosteniéndola como hace unos momentos de la cintura. El cuerpo de la sacerdotisa se amoldó el suyo en un respingo—. Si te digo que tenemos que hablar es porque tenemos que hablar —susurró en su oído y notó al instante el cuerpo duro de ella como una tabla—; tienes que escucharme te guste o no.
—¿Vas a obligarme? —cuestionó ladeando el rostro y mirándolo a los ojos.
Se estremeció de pies a cabeza cuando observó el brillo en los ojos del semi demonio, la intensidad con que la miraba, tan profundos y claros en medio de la noche. No, se negaba a ser tan débil. Se negaba a flaquear nuevamente.
—Kagome yo…
—Suélteme…por favor —le suplicó con voz queda. Poco a poco sus brazos dejaron de apresarla hasta soltarla finalmente. Pensó haber visto dolor en sus ojos pero prefirió no meditar más el asunto. Se volteó despacio para volver a enfrentarlo, aumentando un poco la distancia entre ambos. Aspiro profundamente y dejó que las palabras fluyeran—. Si vienes a decirme que Kikyo esta en al grupo ya lo se.
Las palabras de la miko no tuvieron respuesta. Se miraron en silencio tratando de entender las reacciones del otro. Había tanto que Inuyasha quería decirle, un infierno había pasado sin ella; sin sus continuas peleas o sonrisas. Notaba la fortaleza en ella, el cambio que estaba ocurriendo en la no tan niña sacerdotisa. Kagome no era la misma joven de hace solo un mes y medio atrás. Estaba cambiada, levemente cambiada.
—No venia a decirte eso, suponía que ya lo sabias —sus ojos recorrieron su rostro esperando alguna nueva reacción, pero no obtuvo nada—. Tenemos que hablar de otra cosa.
La seguridad en sus palabras estaba incomodando un poco a la miko, parecía que él digitaba su vida. Decidía en que momento tenía que hablar con él o no. Hacia tiempo que tenían una charla pendiente. Ahora, después de todo, él consideraba que era necesario. Si no era por Kikyo ¿Por qué era?
—No lo creo, Inuyasha. Entre nosotros esta todo dicho —sus palabras le sonaron a una replicada de una relación terminara—. Es decir, no creo que tengamos de que hablar más de lo de Kikyo. Ahora ella forma parte del grupo, yo ahora estoy con Kouga y creo que…
—Tú no estas con ese apestoso lobo —le escupió fieramente. Ella no podía estar con él. Ella no podía dejarlo—. Sólo convives con él por tu obstinación a entrenarte.
—Mi entrenamiento es solo una excusa para estar con Kouga.
Inuyasha la miró como si se tratara de un espejismo pronto a desaparecer. La aseveración de sus palabras no podían ser ciertas. Ella no podía haber deseado marcharse con Kouga.
—Yo opte por quedarme con él. Yo quería quedarme con él —sus palabras parecían perderse ante los ojos incrédulos del hanyou. Estaba esperando alguna reacción por parte de Inuyasha. Él sólo se quedaba ahí observándola—. No quería apartarme del grupo…no quería irme de tu lado —le sonrió con melancolía acercándose un paso—; lo que hemos vivido estos meses no es bueno para ninguno de los dos… —ella sujetó el brazo de él mientras lo contemplaba. El brazo que varias semanas atrás le había dañado—, tú mismo pudiste verlo y sentirlo.
Inuyasha posó su mano libre sobre la de ella, nunca era tan demostrativo con Kagome; nunca lo había sido con ninguna mujer en toda su vida. Ella volvió a sonreír quedamente pero no lo miro a los ojos, sólo contempló la unión de la mano masculina de él sobre la suya.
—¿Te fuiste por mi?
—¿Por qué otra cosa crees que me iría? —inquirió con un tinte burlón y cariñoso—. No soporto lastimarte, Inuyasha —sus ojos se clavaron nuevamente en los de él—, pero…pero ya no tiene importancia, ¿a que has venido, Inuyasha?
Ella volvió a su poción original, poniendo entre ellos un muro invisible. Definitivamente Kagome estaba cambiada. No pudo evitar pensar que el mayor causante de su cambio era él, desde que todo parecía habérsele escapado de sus manos la miko poco a poco se había ido alejando. Por egoísta que sonase la quería cerca, la quería junto a él como en los viejos tiempos.
No quería que Kagome pasara un segundo mas junto al lobo sarnoso.
—Tienes que volver al grupo —la exigencia que había en su voz era notable, pero no le importo a él mismo también casi sonar desesperado. No podía soportar un segundo más sin ella. Mucho menos ahora.
Kagome negó despacio, tomándose su tiempo.
—Mi entrenamiento aún no termina —le informó con tranquilidad—. Kaede cree que ya no hay inconvenientes para que pueda regresar, pero yo no lo creo así.
—No comprendes, Kagome —la sujetó por ambos hombros sorprendiendo a la miko que lo miró con los ojos abiertos de par en par. Ella no se había esperado ese movimiento—. Necesito que regreses.
Kagome pestañó repetidas veces intentando comprender la efusividad y aseveración en sus palabras. La mirada del hanyou era fija y ferviente sobre la de ella, con un brillo extraño que no lograba comprender. Las manos de Inuyasha levemente temblaban sobre sus hombros.
—Inuyasha ¿qué suce…?
El rostro masculino frente a ella se endureció, contrayendo los músculos, incapaz de animarse a terminar la pregunta. Inuyasha la soltó y volteo el rostro hacia atrás gruñendo al instante
-La aldea-Musito ronco-Naraku esta en la aldea
La miko sintió como su corazón se detenía en su pecho al escuchar aquel nombre. Se estremeció, cuando en efecto, pudo captar la esencia de aquel despreciable ser. No solo podía sentir la esencia de Naraku, sino que también todo lo que la rodeaba.
Las palabras entre la sacerdotisa y el hanyou sobraron. Inuyasha la cargó sobre su espalda sin perder más tiempo. Kagome se sujetó fuertemente de él mientras se concentraba al máximo. Lo que estaba sintiendo le provocaba un vacío inminente en el estomago. No era un buen presentimiento.
La carrera frenética del semi demonio parecía nunca detenerse. Era absurdo preguntarle cuan lejos se encontraban de la aldea de Kaede. Solo era perder tiempo.
De pronto todo ante sus ojos fue caos, absolutamente caos.
Inuyasha se detuvó en el lugar, estático al igual que ella observando sin poder creerlo. Kagome se bajó posesionándose a su lado, viendo una parte del desastre; tal vez el cuatro mas lúgubre.
No habían llegado a tiempo…
Sin mas preámbulos los ojos de Kagome se llenaron de lágrimas cuando observó, sin reparar en el resto de los heridos a su alrededor, el rostro pálido y sin vida por la reciente muerte del cuerpo que se encontraba a solo unos metros.
Continuara...
No voy a comenzar las N/T como en cada capítulo. Hoy voy a romper una de las reglas del sitio por lo que tengo entendido: Mejor que nadie se a que pareja enfoque este fic, como bien se me intento aclarar, y también mejor que nadie se como un fic puede mutar a lo largo del proceso de creación. Se tiene una idea primigenia en mente, una base de la cual se empieza; pero a lo largo de los capítulos surgen nuevas ideas, nuevos interrogantes y uno comienza a jugar con los personajes; a ponerse en la piel de ellos e intentarlos casi llevarlos a la realidad. El personaje evoluciona a lo largo de la historia, y uno evoluciona con ella. Se los deja decidir, actuar; como si tuvieran autonomía propia...Se los hace vivir. En lo que a mí respecta un fic es rico por su trama, por como el autor/ra desarrolle los hechos a lo largo del mismo, no porque el personaje "X" no se quedo con el personaje "Y". Si autor logra demostrar perfectamente porque "X" se queda con "Z", es algo digno de verse. No siempre se tiene que seguir un patrón y encajonarnos en una sola lectura. Debemos aprender a leer mas haya de lo que leemos. Particularmente soy fan de INUxKAG, pero he aprendido a leer otras parejas porque encontré interesante, novedosa y bien desarrollada la trama y los personajes. Como un ej puedo citar uno de los fics que se encuentran en mis favoritos, donde la pareja es MIROKUxKAG. No voy a obligar absolutamente a nadie a leer este fic, el que desee dejar de hacerlo en cualquier momento es libre. Cada uno opta que y como leer.
Pido enormemente disculpas a todos aquellos que se sintieron ofendidos por este comentario. Mi idea no es abrír un debate sobre esto, sino exponer mi opinión en respuesta a un review. Leo y atesoro, literalmente, cada uno de sus reviews como si fueran los últimos; es por ello que gracias a todas aquellas personas que se toman su tiempo en dejar uno. También a las personas que leen.
Disculpas nuevamente...
PD:Si desean pueden pasarte por una nueva serie de drables que estoy subiendo. Una especie de auto desafió para mi.
Lis-Sama
