Capitulo XIII

Con mas interrogantes que respuestas se sumió en sus propias cavilaciones.

El ambiente tenso de la última reunión había dado paso al libre escrutinio, de ella misma y el resto, hacia Inuyasha. Su forma de comportarse era tan extraña, tan fuera de sí. Inuyasha nunca se había comportado bajo los cánones de una persona normal, pero esto ya era pasarse de los límites soportables.

No tenía conclusiones, solo conjeturas que no le parecían demasiado fiables. No se había atrevido a comentar con respecto al tema a Sango, o al monje Miroku tal vez. Era fácil de saber que todos, incluso hasta Kouga, estaban intentando dilucidar que había provocado la reacción en Inuyasha hacia solo tres días atrás.

Igualmente el extraño comportamiento del semi demonio no era el tema fundamental por el que todos estaban preocupados.

Había llego la hora de abandonar la aldea.

Era un hecho que Ginta y Hakkaku se quedarían al cuidado de ésta, y que el resto de ellos saldrían en la búsqueda del último fragmento siguiendo lo única pista que tenían. El panorama no era para nada favorable, las posibilidades de encontrar ellos primeros el fragmento estaba por debajo de lo que ella suponía un cincuenta porciento si estuviera analizando algo en su época. No eran buenas noticias pero no dejaría que la llama de esperanza en su interior se apagara.

Después de tantas muertes, de tantas luchas, después de todos los momentos vividos a lo largo de tres años estaban en el preludio del final. No podían dar marcha atrás a pesar de todos ser plenamente conscientes que se estaban jugando el tesoro más preciado que tenían…Sus propias vidas.

Tal vez el destino había estado de su lado aquellos tres años, regalándoles la existencia hasta este momento donde por fin sus vidas se decidían. Estaría en ellos salir victoriosos de la próxima batalla.

La sombra de la misma estaba sobre ellos amenazándolos continuamente. Kaede sólo había resultado ser una victima más de la crueldad de un ser como Naraku.

Por Kaede y por todas aquellas vidas que había visto con sus ojos padecer es que no dejaría que él completa la perla.

Hacia tiempo que no era una chiquilla, y este mundo lleno de guerras y desengaños la habían hecho madurar en este último tiempo de un solo golpe en varios aspectos.

Su mano se apoyó sobre la pared de madera, no para sostenerse sino para transmitirle al objeto inanimado aquello que nacía de su ser y estaba encomendado hacia el cuerpo de la anciana que ya no estaba en este mundo.

Mas haya de sus recuerdos, aquello palpable era lo único que quedaba de ella.

No la defraudaría ni tampoco se defraudaría a si misma. Le mostraría que era mucho más que una simple reencarnación. Le mostraría que podía valerse por si misma teniendo su luz propia.

Ella era un ser con autonomía propia, un ser propio.

Ella no era el reflejo de nadie.

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—¿No deseas que te lleve?

La pregunta de Kouga la sobresaltó un poco, estaba concentrada en sentir las presencias a su alrededor que no era plenamente consciente del cuerpo a su lado. Sabía que estaba ahí porque podía sentirlo, pero no le estaba prestando atención a sus palabras. Definitivamente la había tomado por sorpresa.

—Despreocúpate, me encuentro perfectamente —dijo ella sin más, volviéndose a concentrar al máximo; intentando si era posible extender su radio de búsqueda.

Inconscientemente una de sus manos se cerró sobre el brazo del demonio a su lado buscando un punto de apoyo para poder sostenerse. Las piernas le temblaban y estaba jadeando forzosamente. Un siseó se escapo de sus labios y en ese preciso instante Kouga la sostuvo apoyando su cuerpo sobre su pecho.

—¡Kagome!

Lo escuchó llamarla preocupado pero no podía responderle. Un agudo dolor en su pecho le impedía hacerlo. Se arqueó hacia delante apretando fuertemente los parpados y jadeando nuevamente.

Sentía el dolor agudo de una herida hecha con alguna arma blanca, para después experimentar sobre la misma el ardiente dolor que solo podía provocar un hierro al rojo vivo.

Gritó, y a sus gritos se le sumaron un torrente de voces que repetía su nombre una y otra vez.

—¡Que la sueltes ahora mismo!

Una fuerte mano tiró de ella y la alejó de Kouga con facilidad. Se precipitó hacia delante sin ser consciente muy bien de lo que sucedida. Lo único que le importaba era calmar aquel dolor que aumentaba cada vez más. Sus ojos pronto se llenaron de lágrimas mientras se mordía los labios para no gritar. Las voces que la rodeaban se habían callado al instante.

—¡No!

Algo ajeno a ella estaba pasando, pero solo podía sentir que era una especie de marioneta en los nuevos brazos que la tenían sujeta.

Arqueó la espalda sin saber como era que ahora tras ella sentía una superficie dura. Volvió a gritar y una de sus manos se cerró sobre la ropa que cubría aquella zona de dolor. Una mano atrapo su muñeca y la alejó bruscamente. Se removió inquieta.

¿Cuánto más podría soportar aquella tortura?

—¡Haz algo!

El gruñido y la amenaza en la voz que le sonaba demasiado cercana la hicieron abrir levemente los ojos. Era como observar a través de una película.

—¡Kikyo!

Prefería morir ahora mismo si tenía que experimentar por un segundo más esto.

Tembló bruscamente y un nuevo gemido se le escapó a boca jara sin poder contenerlo. Poco a poco pareció que todo en su mente comenzaba a recobrar el sentido perdido. El dolor menguaba hasta convertirse en un calor inexistente mientras inhalaba sonoramente al tan preciado aire.

Se sintió completamente sin fuerzas, como si se las hubieran arrebatado.

—¿Kagome?

Se obligó a pestañar varias veces al reconocer la voz. La película que hasta solo unos momentos había cubierto sus ojos le mostraba una imagen nítida.

¿Qué hacia en brazos de Inuyasha?

—Estás bien…estás bien —escondió su rostro en el cuello de ella, apretándola un poco más contra su cuerpo. Kagome era tan frágil.

La tomó por sorpresa de tal forma que no se había atrevido a soltar ni siquiera un quejido, tampoco tenía fuerzas para hacerlo. Contempló en silencio las hebras color plata que levemente resplandecían por la luz del atardecer sobre su rostro.

¿Cómo era posible que Inuyasha estuviera con ella? Él estaba viajando junto a Kikyo en la misma dirección que ellos, solo que por un camino diferente.

Tampoco había señales de ninguno de sus otros compañeros. ¿Dónde estaban?

No comprendió de dónde saco las fuerzas para llevar una de sus manos sobre la cabeza del hanyou y acariciarla lentamente, enredando entre sus dedos las hebras de aquel sedoso pelo.

Ninguno de los dos fue consciente de cuando tiempo permanecieron así.

Inuyasha sabía que le debía respuestas, demasiadas respuestas a preguntas que ella aún no le había formulado.

La relación entre ellos había cambiado tanto que aún no comprendía en que momento había sucedido. Tal vez si lo sabía pero él se negaba a pensar en aquello. Lo único que importaba era el presente que poco a poco se acababa.

En una parte muy escondida de la coraza que Kagome armo contra él, estaba ese cariño que siempre veía a través de sus ojos. Ahora tenía que compartir por un poco de su tiempo y de su cariño.

Las cosas eran diferentes. Kouga se había formado su propio lugar en el corazón de la miko, sanando las heridas que él se empecino en crear preso de su orgullo, testarudez y celos.

La imagen de ella abrazada a él, buscando el refugio de sus brazos para pasar la pena reciente era una imagen que lo atormentaba cada vez que se encontraba solo con sus pensamientos.

Él había caído producto de un juego, un vil engaño; pero él mismo se forjó con sus propias manos poco a poco el camino durante tres años, y se lo siguió forjando luego de aquella noche donde Kagome había huido.

Por segunda vez en su vida se sintió traicionado cuando ella prefirió irse con el youkai lobo, desatando una serie de acontecimientos que solo provocaron que Kagome se alejara cada vez mas de él.

Ella ya no confiaba de la misma forma en él, pero sabía que aún era una persona importante en su vida, aunque se negaba a aceptar el papel que Kouga jugaba ahora.

A él solo le quedaba ahora velar por ella, como siempre lo había hecho. Solo que esta vez aceptando por fin sus sentimientos.

Iba a protegerla aunque ella no quisiera y aunque no supiera.

Tal vez esta era la única promesa que le llegaría a cumplir.

Pero, aún sabiendo que estaba mal, no estaba dispuesto a renunciar a ella a pesar que todo estuviera mezclado; a pesar que la había herido hasta el cansancio una y otra vez.

No iba a permitir que ella lo olvidara.

Dejó de sentir aquella sutil caricia sobre su cabeza. Kagome se había quedado dormida.

Se levantó sin mucho esfuerzo con ella en brazos y contempló con furia la figura femenina que se había atrevido otra vez a regresar a su lado.

Kikyo observó a su reencarnación en brazos del hanyou, hizo una mueca de fastidio sin importarle el aura que Inuyasha estaba desprendiendo. Tenía que reconocer que aquella niña había sido bien entrenada por su hermana, ninguna sacerdotisa hubiera soportado consciente más de la cuenta aquel conjuro.

No le causaba gracias tener que llegar a esos extremos, pero era la única forma de hacerlo entender. Si no era por las buenas, entonces seria por las malas. Inuyasha no iba jugar con ella.

—Espero que mantengas tu promesa, Inuyasha —sentenció fríamente mientras lo miraba marcharse.

Faltaba poco, tan poco.

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Le gustase o no al semi demonio había llegado el momento de rendir cuentas.

Lo sucedido en la tarde había colmado por completo la paciencia de Miroku. Había sido muy complaciente al soportar el extraño comportamiento de Inuyasha. Pero ya no más.

Usando su báculo para reincorporarse con facilidad se encaminó hacía el árbol donde el temperamental hanyou observaba en silencio como Sango atendía a la aún inconsciente joven.

—¿Qué quieres, monje? —inquirió Inuyasha cuando tuvo suficientemente cerca a Miroku para poder susurrarle.

El monje frunció el entrecejo.

—A lo largo de estos años soy el que menos te ha juzgado —su voz también salio en su siseo bajo para evitar que la exterminadora pudiera escuchar sus palabras—. Tú eres el único que sabe lo que sucedió con la señorita Kagome esta tarde. Tus actitudes te delatan amigo.

Los ojos de Inuyasha observaron al cuerpo femenino de la miko. Claro que lo sabía, mejor que nadie lo sabía; pero era algo que escapaba de él. Sólo había un modo de proteger a Kagome y este era.

—Yo no sé nada.

—Mientes, Inuyasha —dijo enfadado. Por primera vez estaba completamente enfadado con él—. El joven Kouga ni siquiera objetó cuando arrebataste a la señorita Kagome de sus brazos —los ojos del hanyou se volvieron a centrar en él—; todos nos dimos cuenta de tu casi transformación hace solo un par de días y la desesperación que hoy mostraste.

Inuyasha lo contempló con furia. Odiaba saber cuan observador y entrometido podía llegar a volverse Miroku. Él ya sabía lo que intentaba ocultar. Ahora más que nunca deseaba entretenerse peleando con Kouga, pero al parecer el lobo no tenía intención alguna de llevar esto a otro plano. Tal vez por pedido de la propia Kagome era que así se comportaba, o solo porque ahora sabía que estaba en igual de condiciones.

Lo miraba largamente y no se atrevía a nada más. Él estaba esperando algo, aunque sea una palabra o acción para encontrar la escusa suficiente y enfrentarse con Kouga.

Sólo conseguía las miradas de él y, como en este momento, que se marchara del lado de la sacerdotisa cuando estaba él nuevamente cerca de Kagome.

—Termina de una vez lo que viniste a decirme, Miroku.

Los ojos azules lo miraron con intensidad alzando un poco mas la barbilla.

—¿Cuánto tiene que ver la señorita Kikyo en todo esto?

Ahí estaba la bendita pregunta que ni él mismo quería responderse. Era tan largo y complicado de explicar, pero a la vez tan corto y simple. Kikyo siempre influida en su vida y recién ahora había descubierto que influida con mayor fuerza en la vida de otra persona.

Ya no podía explicarle a Kagome lo sucedido, era demasiado tarde para hacerlo y sobre todo en vano. No podía cambiar el hecho que desencadeno el alejamiento de la miko, pero si podía cambiarlo de ahora en adelante.

Miroku palmeó el hombro de su amigo al ver la mirada de éste. Lo había comprendido sin mas palabras de por medio.

—Te compadezco, Inuyasha.

En otro momento hubiera destrozado con sus propias manos a cualquier humano que lo compadeciera; pero hoy no era cualquier momento.

Le había prometido una corta vida y su alma a Kikyo en cambio de la vida de Kagome.

No, no era cualquier momento.

Continuara...


Dos cap bien y uno en que lucho con mi imaginación. Hay caps que fluyen solos y otros que cuestan enormemente sacarlos adelante. La tristeza no tiene fin u.u

Para los que no comprendieron la actitud de Inu en el cap anterior fue provocada al sentir el aura de Kikyo, a ella le estaba gruñendo defendiendo a Kagome.

Les recomiendo cualquier fics de mi brujita loca Agatha. Muchos de sus fics andan pululando por esta pág, pero recientemente esta con "Lazos de Sangre". Bríndenle todo su apoyo n.n

Antes de irme gracias por cada uno de sus significativos reviews, vi caras nuevas y otras ya viejas jejejeje.

Cuidense mucho y nos estamos leyendo en "Moments" o por acá. Espero que el próximo cap no me cueste tanto hacer.

Lis