Aparcó frente a la casa familiar, aquella de la que había huido con dieciséis años harta de la monotonía de aquel lugar, sin nada mejor que hacer los fines de semana que hacer excursiones a la montaña o coquetear con los chicos que conoces de siempre. Agradecía que Naruto la hubiese sacado de aquel pueblucho al que ahora volvía casi doce años después, su padre nunca la había perdonado y siempre que podía la echaba en cara eso, desde que él había muerto casi no hablaba con nadie a parte de su madre, su hermana Shizune, casada y con hijos la había tachado de zorra, ¡si solo había habido un hombre en toda su vida! Suspiró una vez más y tocó la puerta interior sin mucho interés, al poco rato salió una mujer rubia de ojos azules vestida con una bata que se quedó sorprendida al verla.

— ¿Sakura? —preguntó dudosa.

—Madre… —susurró.

— ¡Sakura, hija! —gritó abalanzándose sobre ella.

Permanecieron unos segundos en el porche abrazabas mientras lloraban por el reencuentro, luego, su madre se separó de ella y la miró inquisidoramente, paseó la mirada por el lugar y al no ver al rubio de acompañante suspiró aliviada, la tendió la entrada y Sakura entró callada hasta el saloncito hogareño, algunos muebles habían cambiado pero la casa seguía tal y como la recordaba, con las paredes amarillentas y el suelo de madera negruzca por los años. Se sentó en el sofá de tapiz marrón y aguardó a su madre se sentase en su mecedora de mimbre.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó Tsunade con seriedad.

—Me han despedido y he roto con Naruto —informó mirando la chimenea encendida.

Algo que no la gustaba de ese lugar era el frío nocturno a pesar de ser verano.

—Me lo imaginaba al no verte con él, supongo que esta no es una visita de cortesía —dedujo.

—No tengo otro lugar al que ir —se encogió de hombros.

—No te preocupes, todos te recibirán con los brazos abiertos y Shizune tendrá que aceptarlo quiera o no —la tranquilizó— la verdad es que no me lo esperaba, Naruto parecía un buen chico.

—Y lo era hasta que le pillé siéndome infiel —contestó.

—Vaya, típico de los tipos como él, que pena… en fin —suspiró— puedes quedarte aquí hasta que decidas marcharte de nuevo, tu habitación está algo abandonada pero sigue como siempre, ahora que lo pienso, ¿Dónde está tu equipaje?

—No he traído nada a parte de mi coche y la tarjeta del banco —contestó esquiva.

—Ya veo, bueno, deberías descansar, has conducido mucho, mañana hablaremos, yo tengo turno de mañana así que volveré para la hora de comer.

Sakura asintió y siguió a su madre hasta su habitación, como había dicho, estaba igual que siempre, con la cama de plumón, los posters de sus antiguos grupos favoritos de adolescente, el armario blanco y el escritorio heredado de su hermana mayor, olía a cerrado y el polvo se acumulaba pero no la importó, abrió un poco la ventana y se dio cuenta de que Tsunade la había dejado intimidad, agradecida, buscó en los cajones de la cómoda y extrajo un pijama verde algo pasado y con bolillas, se lo puso y se metió en la cama. Estando a solas con sus pensamientos no pudo evitar llorar en silencio echando de menos su vida perfecta, se durmió antes de darse cuenta.

Sobre las diez de la mañana se despertó de sopetón a causa del alto volumen de la casa vecina, abrió los ojos con pereza y molestia por la luz que se colaba de la ventana sin persiana y que por suerte no la daba directamente en la cara, se permitió tomarse tres cafés altos en cafeína para poder funcionar como una persona normal, luego volvió a vestirse con la misma ropa del día anterior, cosa que era la primera vez en su vida que hacía pero que tampoco la molestó tanto como pensó que haría, y salió de la casa en dirección a la tienda de ropa más decente del lugar, para su suerte habían construido un pequeño centro comercial en el centro del pueblo, donde antiguamente se encontraba el cine de coches, por lo menos habían hecho algo productivo en todos estos años.

Aparcó en la parte trasera, entre un montón de coches más viejos que el suyo, la mayoría camionetas de chapa, y se deslizó sin prisa al interior del comercial. Tenía que admitir que era bastante cuco el sitio, había fuentecillas y bancos de mármol por todas partes y había algunas tiendas de renombre como Springfield o NewYorker, dentro de la categoría cutre claro. Entró en una tienda llamada Espirit, una marca alemana que era bastante conocida por Europa, se compró varios jerséis de verano y camisetas, unos cuantos vaqueros y shorts, algunas deportivas y ropa interior. Salió bastante cargada de la tienda y paró a tomar el almuerzo, en un principio iba a entrar en el Starbucks pero rechazó la idea casi de inmediato, por el contrario entró en una cafetería parecida a la que tenía Temari y se tomó un zumo de naranja natural con un donut de chocolate. Ya iba de camino al coche cuando vio de casualidad la cartelera del cine, le llamó la atención Quarantine, versión americana de una famosa película de terror española, decidió que la vería en cuanto tuviese oportunidad, la encantan las pelis de miedo.

Casi era la hora de comer y no tenía hambre especialmente pero tenía que hablar con su madre y decidir de una vez a que se dedicaría de momento, volvió a casa con prisa y aparcó en la acera de la casa, al salir del coche se fijó en el Ford Mustang del 77 amarillo, con la raya negra, y asintió satisfecha con su buen gusto, aunque ella prefería el Mustang del 78 en negro, pero la dolió de sobremanera ver que perdía agua, seguramente algún manguito picado ya que esos coches no suelen dar problemas graves. Suspiró antes de apartar definitivamente la vista de ese caballo salvaje y sacó la llave de la piedra falsa con cuidado de que nadie la viese, abrió con dificultad las dos puertas pues iba cargada como una borrica con tantas bolsas, guardó la ropa en el armario y después bajó a la cocina para ver que podía preparar, no pudo evitar sonreír con nostalgia al ver que la nevera se encontraba, como siempre, atestada de cervezas de lata, huevos y carne de aspecto dudoso, incluso la leche parecía cortada.

El timbre la asustó y se dio con el pico de la campana extractora en la cabeza, gritó un "ya voy" mientras cerraba la nevera y anduvo hacia la puerta, abrió la puerta maciza y se sorprendió al ver a un hombre que rondaría su edad en la puerta con un taperware en las manos. Bien, estaba preparada para enfrentarse a su madre de mal humor por el cansancio y estrés del hospital, a un vecino cotilla, a un viejo compañero e incluso a un zombi asesino, pero para nada estaba preparada para enfrentarse a semejante dios del sexo que se alzaba ante sus verdes ojos. Para cualquiera no sería más que otro chico guapo, de pelo negriazulado y ojos oscuros y afilados hechizantes con facciones divinas y cuerpo de infarto, alto como un roble y fibroso y musculado cual adonis y piel blanca y pulcra como el mármol blanco, además añadiendo que exponía de tal manera su fisionomía con unos vaqueros ajustados a sus fuertes piernas de mostrenco y el pecho al descubierto en la típica escena erótica que cualquier ama de casa soñaría. Sin embargo, el joven no parecía nada sorprendido con la presencia de la pelirrosa, la miraba esperando a que dijese algo o se apartara de la puerta para dejarle entrar, frunció el ceño con irritación y sus músculos se tensaron maravillosamente a la vista de Sakura. Reaccionó al poco tiempo saliendo de su ensimismamiento con un pinchazo en el corazón, producto de su reticencia consciente a enamorarse de nuevo de un total desconocido.

— ¿Quién eres? —preguntó en su momento de lucidez.

—El vecino de al lado —contestó— ¿me vas a dejar pasar o vas a seguir babeando? —preguntó mosqueado.

Sakura reaccionó.

— ¡No estaba babeando! —Replicó abochornada y ofendida por su descaro— simplemente estaba tratando se saber si te reconocía —se excusó.

Él sonrió con cinismo.

—Ya claro, ¿puedo pasar? —preguntó de nuevo.

—No, ¿Por qué quieres entrar? —preguntó desconfiada.

"¿No pensará violarme o algo así?" se preguntó analizándolo con la mirada.

—Solo quiero calentarme la comida, estoy re-instalando la instalación eléctrica en mi casa y no puedo usar la luz. —le explicó con cansancio.

—No te creo —contestó.

—Por el amor de dios… —refunfuñó poniendo los ojos en blanco.

— ¡Sasuke! —gritó Tsunade cerrando la puerta del Ford Mondeo plateado. — ¿qué haces en la puerta? ¡Pasa hombre, pasa!

—Es lo que intento Tsunade, pero su hija no me deja pasar

—Venga pasad —ordenó.

Entraron hasta la cocina y Sasuke metió su taper en el microondas, cogió una cerveza de la nevera y se fue a salón a ver la tele mientras esperaba, Sakura encaró a su madre pidiendo una explicación.

—Él es nuestro vecino, se mudó hace dos años, viene a casa a comer, a ducharse y a entretenerse un rato mientras no trabaja o no está arreglando la luz de su casa, a veces me corta el césped —agregó.

— ¿Qué clase de madre calenturienta eres? —preguntó divertida.

—Oh vamos, no hay nada de malo de ayudarse entre vecinos, además me hace compañía —explicó.

Sonó el timbre del microondas y Sasuke apareció como una bala a por su comida, se iba a marchar con ella pero Tsunade le detuvo y le convenció para que tirase esas sobras y tomase barbacoa con ellas. Mientras Sasuke iba haciendo la carne, Tsunade y Sakura estaban reunidas en la cocina hablando de los trabajos que podía escoger.

—No pienso trabajar en el BurgerKing ni en mis peores pesadillas —rechazó.

— ¿Paseadora de perros? —preguntó su madre mirando el papel.

—Me dan alergia —contestó como si fuese obvio.

— ¿Y… mecánica? —dijo con una sonrisa.

— ¿Estás de broma? —preguntó incrédula.

—He hablado con Kakashi y dice que le encantará tener a su vieja aprendiz de nuevo correteando por el desguace —sonrió satisfecha.

— ¡¿En el desguace de Kakashi?! —Saltó de la silla— oh dios, ¡claro que acepto! —dijo feliz.

—Te espera a las ocho, mañana mismo empiezas.

Sakura se contuvo de ponerse a saltar como una niña, se sentó de nuevo en la silla con un aclaramiento de garganta, Sasuke asomó la cabeza por la puerta del jardín y anunció que la comida ya estaba hecha, detuvo a su madre por el brazo antes de que ella se levantase y se acercó para preguntarla algo.

— ¿Cómo sabe que soy tu hija? —Tsunade se ruborizó levemente.

—Le he hablado mucho de ti —contestó abochornada.

— ¡La comida se va a quedar fría! —insistió Sasuke desde el jardín.

—Vamos, no querrás ver a Sasuke enfadado —advirtió Tsunade poniéndose en pie.

Siguió a Tsunade hasta el jardín donde tomaron asiento en una especie de mesa que hay en los merenderos, de esas de madera con los bancos soldados, Sakura miró la carne con el ceño fruncido, estaba totalmente quemada ¿cómo podía comerse algo así?

— ¿Tienes alguna queja? —preguntó Sasuke tomando un costillar de cerdo, probablemente.

—No, ninguna —respondió dedicándole una sonrisa de lo más falsa.

"Desde luego, lo que tiene de guapo lo tiene de insoportable" pensó tomando una chuleta de cerdo poco echa. Mientras comían, Tsunade le contaba a Sakura los últimos cotilleos del lugar, quien no estaba para nada interesada en ese tipo de noticias divulgadas por un par de mujeres amargadas, pero cuando tocaron un tema de adulterio no pudo evitar que una mueca de desolación y dolor cruzase su cara. Mientras observaba la carne que mordisqueaba sin ver nada realmente, cavilaba en su interior, o mejor dicho, repasaba los hechos acontecidos hasta el momento, pensar que lo de Hinata y Naruto tenía tiempo ya, era seguramente lo más probable pero no lo más seguro, conociéndolo, quizás fuese parte de una venganza por arruinar la cena pero ¿y si Naruto solo era una víctima como ella misma que había caído en las garras de es arpía? Sakura sacudió la cabeza, ¿ahora iba a intentar disculparle? Estaba enamorada, no ciega, está más que comprobado que si uno no quiere dos no pueden.

De pronto el hambre abandonó su cuerpo y fue sustituido por un sentimiento de desolación y autocompasión. La voz de Tsunade se escuchaba lejana y la suya propia salía casi sin vida de su garganta, algo la decía que Sasuke la estaba mirando intensamente pero en esos momentos no tenía ninguna fuerza para levantar la cabeza y fulminarle, apretó los labios con frustración cuando una oleada de lágrimas se agolpó en sus ojos y sintió ahogarse sin aire, ¿Cuándo había dejado de respirar? Suspiró un par de veces y decidió que necesitaba unos momentos a solas para poder desahogarse y recomponer la máscara de falsa felicidad e indiferencia que la había cubierto desde que abandonó Michigan.

—No tengo hambre —dijo dejando la chuleta a medio comer y sin levantar la mirada del suelo.

Tsunade observó preocupada como abandonaba el jardín con los hombros hundidos y andar torpe, parecía destrozada internamente y podía entenderla, acababa de dejar toda una vida atrás en menos de 24 horas. Suspiró y vio que el vecino la encaraba con varias interrogantes en sus ojos pero que no expresaría gracias a su orgullo.

—Problemas de desamor Sasuke, problemas del corazón… —contestó en un murmullo.

Siguieron comiendo el resto del tiempo en silencio, mientras tanto Sakura, sentada en la cama, miraba abatida la foto de su colgante, en ella se les veía sonriendo abrazados, con el tiempo detenido, solo existían ellos dos, nada más, ni los problemas, ni el dinero, ni las familias, solo su amor. Apretó los ojos y los labios mientras un jadeo escapaba de su garganta y las lágrimas se precipitaban raudas por sus mejillas, empapando el pantalón vaquero para desaparecer poco después, se dejó caer de lado en la cama apretando el colgante entre sus manos de nudillos blancos llorando sin hacer sonido alguno. ¿Por qué se había torcido todo? ¿Cuando dejaron de amarse con locura para solo amarse con cariño? ¿Por qué se habían dejado llevar a ese extremo? ¿Es que las promesas de amor eterno no valían nada? ¿Todo lo que la había prometido no eran más que mentiras? Aún podía recordar aquella tarde de verano con el sol poniente, recorriendo la carretera con los uniformes del instituto, riendo y gritando como aves libres, el aire cálido acariciando sus brazos en torno a su cuello, meciendo su cabello rubio y la sonrisa radiante y sincera que ambos se habían dedicado antes de besarse por primera vez, como dos chiquillos enamorados cuya única preocupación era la de divertirse y estudiar.

Echaba de menos aquellos días y sabía que por más que los añorase no volverían nunca, no fue una niña con grandes aspiraciones, solo buscaba amor verdadero y promesas que nunca se cumplirían. De pronto comenzó a reír oscuramente, que tonta había sido, el amor no es más que una alianza de intereses entre dos individuos y cuando esos intereses se ven cumplidos, vuelan como los pétalos de cerezo hasta posarse en el suelo, donde su única opción es marchitarse poco a poco hasta desaparecer por completo.

—Pero yo voy a pisotear esos pétalos marchitos Naruto y te juro que nunca más volveré a enamorarme… porque voy a cortar todos los árboles de cerezo que vea. ¿Irónico no? Teniendo en cuenta que me llamo Sakura…


Azrael: woaaa que bien que os guste n.n el domingo el siguiente cap XD animo! muchos reviews quiero esta vez :D