Capitulo 5: La boda.
POV Bella.
Estos días estuve pensando en verdad que era lo que sentía hacia Edward, raro de mi, eso hacia que en las noches no pudiera conciliar el sueño, tenía las ojeras mas marcadas y mi piel era más pálida, ya que no salía mucho. Hace una semana fue la boda de mi mejor amiga, Alice. Tuve que ir en compañía de el, por desgracia, no la pasamos toda la fiesta sentados en la mesa con nuestros padres, hasta que Edward me saco a bailar y yo a regañadientes tuve que aceptar, odiaba bailar, además, no sabia bailar bien tenia dos pies izquierdos, pero el me sostenía con tanta fuerza que ni me movía, solo dejaba que el me moviera. Esa noche fue cuando comencé a pensar en el tanto, que me enfermaba. No podía sacarme de la cabeza su sonrisa torcida, sus ojos verdes viéndome. Hace unos días Rosalie regreso de viaje de bodas, le conté que me casaría con Edward y al igual que todos ella se alegro más que yo, yo solo sonreía fingidamente. Alice y Rosalie, estuvieron junto a mi cuando llego mi vestido de novia, no quería no verlo, quería ahorrarme las ganas de vomitar. Lo tuve que ver, ya que Alice lo escogió junto con mi madre y sería descortés no verlo y hacerlas feliz por un momento. Era blanco como la nieve, era escotado, sin tirantes ni nada, me quede con los ojos como platos. De hay en mas estaba lindo, los encajes que llevaba en los bordes de abajo le quedaban muy bien al vestido esponjoso y largo. Después del sufrimiento de ver el vestido llego uno peor. Otro estupido regalo de El encantador Prometido de Bella. Era un collar muy extraño, el más raro que hayan visto mis ojos, pero aun así era hermoso, no podía engañarme me encanto el collar. Era de oro blanco, me lo probé, me quedaba muy bien, parecía que tuviera una bufanda con plumas pequeñas. Debió de haber gastado mucho dinero en el. Por que tenía piedras de swarovski y diamantes. En estos días, además de pensar, me la pasaba viendo el anillo que me había dado Edward, brillaba tanto como sus ojos cuando me propuso matrimonio falso. ¿Brillaba tanto como sus ojos? Bella por Dios.
Odiaba tanto que Alice y Rosalie se alegraran, siempre que me veían con un nuevo regalo de Edward, ellas saltaban de alegría, ya ni yo. Ayer, me hicieron una súper despedida de soltera en una de las casas de la familia de Alice, me divertí tanto –Nótese el sarcasmo-. Me hicieron probarme tantos vestidos, cosa que me caía súper mal cuando mi madre me llevaba a comprar ropa. Me probé mas de cuarenta vestidos, todos me los regalaron, estaban lindos, pero ¿Tenia que probármelos? ¿Acaso no saben que puedo hacer eso otro día? O que mínimo ¿Me los pusiera después de estar casada con aquella sanguijuela? Para terminar mí súper noche –nótese el sarcasmo- me hicieron tantos peinados, con tantas peinetas diferentes que hasta mi cabello se arto de tanto estarlo cepillando. Alice dijo que debía probarme todo antes de la boda para que todo saliera a la perfección y no hacer esperar al novio, Ja, como si me importara. Solo suspiraba tratando de soportar las ganas de gritarles todo el enojo que traía por la fiesta, nunca me gustaron las fiestas y menos una en la que me festejan mis últimos días de soltería.
Camine como zombi en mi casa, con todo y el estupido camisón que tanto odio, todos me miraron extrañados ya que en unas horas seria la boda, lo único que en verdad esperaba era ya estar casada y largarme de mi casa, aunque, estaría en un peor infierno pero… ¿Qué era peor? ¿Tener una madre incomprensiva? ¿Unas amigas desquiciadas? O ¿Un idiota como esposo? La verdad no lo sabia, pero en cuanto mas rápido me fuera de casa mejor para mi. Aunque no podría imaginar vivir con Edward, ¿será igual de enfadoso que mi madre? Seguía dando vueltas por la planta de arriba de mi residencia, no sabia que hacer, tenia miedo. Eso era raro de mi, nunca sentía miedo hasta ahora, debía seguir actuando para que nadie se de cuenta de que le estoy tomando un poco de cariño a Edward, tenia que notarse que era real pero al mismo tiempo no, tenia que verse bien, era lo que importaba. Mi madre salio toda alborotada de su recamara, se había puesto un vestido viejo que no se ponía en años, era de color lila. Se acerco hacia mi dando brincos yo hice una sonrisa fingida y ella me abrazo.
-Hoy es el gran día Isabella.
-¿Cuántas veces tengo que decirte que me digas Bella?-Últimamente me molestaba que me dijeran Isabella, supongo que de tanto escuchar ese nombre me harte. Ella me sonrió tímidamente y depuse la cambio por una más entusiasta, esas sonrisas entusiastas me hacían vomitar en mi mente.
-Bueno…Bella, hoy es el gran día-sonreí con alegría fingida, como siempre.
-Si, hoy es el gran día-dije sarcásticamente.
-Déjate de estupideces y vamos a arreglarte que se nos hará tarde y Edward puede molestarse, y ya no habría boda y…
-¿No que nos íbamos a dejar de estupideces?-dije con un aire juguetón, por primera vez en estas ultimas semanas ella se reía de las cosas que decía de mala gana. Caminamos hasta mi recamara, mi madre seguía sonriendo.-Madre.
-¿Si?
-¿No has sabido nada de Jacob?-Jacob, que lo conocí una vez que fuimos a Madrid, por unos deberes que tenia mi padre con Billy, el papá de Jacob. Hace tiempo que no lo veía, se podría decir que el es mi único amigo hombre, claro que no sea novio de mis amigas. Se había vuelto como mi hermanito pequeño. Su piel era morena, mejor dicho dorada, tenía los ojos negros y el cabello lacio y negro. El es dos años menor que yo.-Siquiera ¿lo invitaste a mi boda?
-Creo que si Edward te ve llevándote mejor con Jacob que con el, se pondría celoso y los celos son malos en un matrimonio.
-Eso quiere decir que no lo invitaste-dije mordiéndome el labio inferior para no gritarle mas cosas. Saco mí vestido de la caja blanca y lo puso en la cama.
-Vete a bañar-dijo en seco y yo le obedecí por primera vez en esta semana.
Cerré las cortinas de mi baño, abrí el agua caliente, me quite el camisón horroroso y me metí a la tina. El agua estaba deliciosa, me hubiera gustado quedarme todo el día allí sin ninguna preocupación, presión o miradas alegres por cosas que a mi, ni en lo mas mínimo me importaba. Volviendo a pensar en Jake, ahora la única posibilidad de que el viniera a verme, era que Charlie le hubiera mandado una carta a Billy diciendo que vinieran. Sonreí ante la posibilidad de ver a mi hermanito, que hace exactamente cuatro años no se nada de el. Un estupido grito de mi madre me hizo enojarme de nuevo. Un estupido "Isabella, apúrate".
-¿Cuántas veces debo decirte que me digas Bella?-grite furiosa.
-Cállate y apúrale, se nos hará tarde.
-Como si me importara-dije con mi voz normal y viendo fulminante a la puerta.
-¿Qué dijiste?
-Nada-bufe y salí de la tina, me enrollé la toalla y salí del baño. El piso quedo todo mojado con mis pisadas y mi cabello que soltaba chorros de agua. Me seque en mi recamara, estaba sola con mi madre. Me puse mi ropa interior y después el vestido, mi madre me ayudó a abrochármelo, vérmelo puesto me encanto aun mas.
-Señora Swan, la llaman abajo-dijo Elizabeth, una de nuestras sirvientas.-Señorita Swan que linda se ve.
-Ya te he dicho que me digas Bella-dije con una sonrisa apagada-Muchas gracias Liz.
-Ahora voy Elizabeth-Mi madre se levanto de mi mecedora y se fue detrás de Liz, me quede sola viéndome al espejo de cuerpo completo que estaba en mi recamara. Sonreí cuando me vi con el vestido. Escuche una voz cantarina que no escuchaba desde hace unos años, se parecía a la de Lucia Cygnus. Una amiga de Italia. Sonreí ante la idea de verla de nuevo, después de tantos años. Después escuche mas voces, estas parecían de otro país, ¿Sakura? ¿Seria posible que Sakura Takishima y Lucia Cygnus estuvieran aquí? Que alegría, mínimo algo bueno saldría de toda esta cosa de la boda. Di vueltas y el vestido se movía junto conmigo cosa que me encanto más. Grite de alegría. Sentí una presencia y al voltear ahí estaban, mis dos mejores amigas habían venido a verme, habían cambiado mucho desde la ultima vez que la vi. Todas teníamos diez años cuando nos conocimos en la empresa que abrieron nuestros padres. Lucia, ya estaba más alta que yo, con la piel blanca como la cal, sus facciones del rostro ya no eran las de una niña, su cabello rojizo y rizado caía adornando su hombro derecho, no se diga sus ojos, dos hermosos zafiros incrustados en ellos. Sakura, seguía teniendo los mismos rasgos orientales y el rostro de una niñita, se veía muy linda aun así. Su piel también era blanca como la de Lucia. Su cabello era lacio y de color cobrizo, ella lo llevaba suelto y le llegaba debajo de los hombros. Mis dos grandes amigas. Las tres gritamos de alegría, al vernos juntas después de siete años, hicimos el abrazo de grupo y después brincamos como locas.
-Que linda te vez-dijeron las dos al unísono.
-Gracias, ustedes también.-Les dije con una gran sonrisa, cosa que ya no hacia seguido.
-En cuanto supe, deje todo lo que estaba haciendo en Hiroshima y me vine directo para acá, muchas felicidades Bella.-dijo Sakura.
-Igualmente, nunca creímos que te fueras a casar, eso es raro…viniendo de ti.-dijo Lucia con la mirada perdida, yo hice una mueca.
-Lo se, pero bueno cuéntenme… ¿que han hecho?-dije cambiando mi cara por una mejor.
-Creo que su emotiva platica debe esperar-dijo mi madre entrando a mi recamara con una caja mas pequeña en sus manos.
-Es un regalo de nosotras dos-dijo Lucia con una resplandeciente sonrisa.
-Gracias-dije devolviéndole la sonrisa.
-Esperemos que te guste-dijo Sakura.
Tome la cajita de las manos de mi madre, le quite el pequeño listón plateado y le quite la tapa a la caja. Al quitar la tapa, quedo al descubierto una hermosa peineta con una flor de obelisco de color blanco de porcelana, estaba hermosa sonreí muy felizmente, y cuando volví la mirada para verlas ya no estaban en mi recamara, ahora estaba sola con mi madre, de nuevo. Me senté en la banca de mi peinador de color verde menta ya un poco viejo, vi mi rostro en el espejo y cerré los ojos esperando a que mi madre comenzara a peinarme. Otra vez mi cabello estaba harto de tanto cepillarlo, y no solo el, también yo. Al final solo sentí la peineta del lado derecho de mi cabeza.
-Mira que linda te vez-dijo mi madre, escuche que dejo el cepillo en el peinador. Abrí los ojos y cuando me vi, abrí los ojos como platos. Renee si sabia de esas cosas, me había levantado un poco el cabello para que tuviera más volumen y la peineta me quedaba estupenda, le dedique una sonrisa y ella me la devolvió entusiasmadamente.-Ire a ver quien llego.
-Esta bien-cuando dije eso, ella ya no estaba en mi recamara. Me quede sola de nuevo, salí un poco de mi recamara y escuché una voz de hombre, apostaría a que es otro amigo de Charlie que no conozco. No le di importancia y regrese a mi recamara. Vi la caja azul rey en el que estaba el regalo que me había hecho Edward, el collar extraño pero hermoso. Abrí la caja y saque el collar.
-¿Me lo pondré?-me pregunte a mi misma en voz alta.
-Con cualquier cosa que te pongas lucirás hermosa-Una voz un poco infantil pero mayor resonó en mis oídos, voltee para ver quien era y ahí lo vi.
-Jacob-grite de alegría, corrí hacia el y lo abrace lo mas fuerte que pude-Que bueno que viniste-dije aun teniéndolo aprisionado en mis brazos.-Cuanto has cambiado- dije viéndolo de nuevo.
-Tu también, ahora estas más vieja-enarque una ceja y lo fulmine con la mirada.
-Y tu pareces boxeador jubilado-dije cruzando los brazos y riéndome de que ahora tenia mas musculatura.
-Creo que deberías seguir arreglándote, Renee no se veía muy feliz de dejarte sola en tu recamara-dijo viendo por la puerta como si no debería estar en mi recamara.- ¿Quieres que te ayude a ponértelo?
-Si, gracias-le di el collar y me puse de espaldas para que me lo abrochara, hizo mi cabello a un lado y me puso el collar.
-Que lindo collar ¿Regalo de bodas?
-Uno de los tantos…-dije enojada y con la mirada perdida en su reflejo del espejo.
-Bella…-dijo agachando la cabeza, yo sonreí y espere a que el hablara-Quería decirte que…
-Isabella, deja de hablar y vamonos, la carroza que Edward compro para la boda ya esta aquí.
-Claro mamá-dije a regañadientes, salí de mi recamara caminando a zancadas enormes, mi madre iba detrás de mi.
-A Edward le gustara mucho la idea de que hayas usado el collar que te regalo.-la escuche decir con su entusiasmo que me enfermaba.-Será un lindo detalle.
Suspire, para intentar bajarme el enojo y baje las escaleras tomándome del barandal, cuando iba en el ultimo escalón vi un fotógrafo con una de esas anticuadas cámaras fotográficas he hice una mueca y volví a suspirar, mi padre sonrió y me señalo que hiciera lo mismo, sonreí lo mas entusiasmada posible y me salí caminando lo mas rápido que pude para evitarme otra fotografía. Cuando salí vi una carroza blanca de ella tiraban seis caballos blancos formados de dos en dos, deje los ojos como platos ¿Esto es lo que Edward hace por mi? Sonreí y después cambie mi rostro. Me subí a la carroza y me senté en el asiento de color vino. La carroza comenzó a andar y yo puse cara de pánico cuando todos los ciudadanos de Paris me miraban con una gran sonrisa pintada en sus rostros. Llegamos a la catedral, suspire de nuevo y el chofer se bajo de su asiento para abrirme la puerta y ayudarme a bajar, tropecé al intentar bajar, si no hubiera sido por el chofer me caigo en la acera. Camine unos cuantos pasos hasta la entrada, no me había dado cuenta que por donde caminaba había una alfombra roja como la sangre que llegaba hasta el altar de la iglesia, donde alcanzaba a ver la silueta de mi querido Edward, Dios Bella ¿Cómo puedes decir semejante estupidez? Mi madre que sin darme cuenta estaba enseguida de mí, me dio un ramo con obeliscos blancos.
-Es…mi flor…favorita-dije con una gran sonrisa, al ver los obeliscos.
-Edward las escogió.
Tome el ramo con fuerza y en eso mi padre me toma del brazo.
-Felicidades Is…perdón Bella.-me alegraba que me dijera Bella, yo le sonreí.-Estas muy hermosa hija-una pequeña lagrima callo de uno de sus ojos.
-Papá, por Dios, no llores-le dije con una sonrisa burlona.
Mi padre me llevó hasta donde Edward se encontraba, en todas las bancas había adornos con obeliscos blancos. Edward me extendió la mano y me dedico una de esas sonrisas torcidas que tanto me…Cállate Bella. Tome la mano de Edward y mi padre me soltó el brazo. Edward hizo círculos con su pulgar en mi mano y yo sentí que me sonroje.
-Lindo collar-me susurro.
-Linda camisa-dije en un susurro como el, se rió ante mi estupida respuesta.
Todo iba de maravilla, la mejor actuación de mi vida se podría decir, cuando llegamos a la parte del si acepto fue cuando me puse mas nerviosa.
-Isabella Marie Swan Dwyer, aceptas a Edward Anthony Cullen Platt como tu esposo…
-Acepto-dije con una sonrisa sin ver a los ojos al sacerdote o a Edward.
-Edward Anthony Cullen Platt, aceptas a Isabella Marie Swan Dwyer como tu esposa…
-Para toda la vida.
Espero que el capitulo haya sido de su agrado n_n !! .96 es Sakura :) (por si no te diste cuenta ari -.- XD ) los quiero mucho atte: Megumi Masen Cullen.
