Tal y como se los prometí a mi amigo Nopiltze y a mi adorada pekerarita, les traigo el noveno capítulo antes de lo esperado. Les advierto que esta vez si me dí un viajesote y creo que se me pasó un poquitín la mano, a ver que opinan. Ya saben que El Tigre es propiedad de Jorge R. Gutiérrez y Sandra Equihua, se cuidan.

Strigoi

Capítulo 9: Masacre

Frida acababa de abrir la ventana de la oficina de su padre y ahora se disponía a salir por esta. Debía ser muy cuidadosa para evitar caer y lastimarse en serio. Dudaba que esa altura pudiera matarla, pero seguramente le dejaría más de un hueso roto.

Manny ya antes había logrado entrar a ese lugar fácilmente en el pasado, mas él contaba con sus poderes de El Tigre y Frida no, por lo que para ella se trataba de una tarea titánica. En verdad detestaba tener que escapar de ese modo pero la situación lo ameritaba.

Tenía que llegar cuanto antes a la casa del macho para detener una desgracia. Sabía que si Emiliano iniciaba si plan definitivamente lo perdería, ya fuera como víctima de Manny o como el siguiente Strigoi en cuestión. Poco después finalmente había logrado llegar al suelo y ahora solo debía correr lo más rápido que pudiera para llegar a tiempo.

La niña recorrió varias calles sudando y jadeando por el cansancio, le dolía el pecho por el esfuerzo pero aún así no se detuvo. Simplemente no podía descansar hasta que todo eso se hubiera resuelto. Mientras corría, escuchó la inconfundible voz de su amigo Davi.

El chico la había visto y ahora corría alegremente a su lado curioso por aquello que parecía importarle tanto a Frida en ese momento. Al verlo, Frida intentó acelerar el paso peor era inútil, estaba demasiado agotada y Davi terminó alcanzándola.

-Hola Frida- saludó el chico.

-Ahora no, Davi- dijo Frida cortante y sin dejar de avanzar.

-¿A dónde vas?-

-No es tu problema-

-¿Puedo acompañarte?- preguntó Davi.

-No-

-Vamos, Frida… ¿Y Manny?-

-¡Aléjate!- gritó Frida haciendo que el muchacho retrocediera asustado.

Frida continuó su camino pero se detuvo unos cuantos pasos después, Davi no merecía que lo trataran así, solo era un niño ingenuo que no tenía la menor idea de lo que estaba sucediendo. Frida regresó y tomó a Davi por los hombros mirándolo con cariño.

-Lo siento, Davi… no eres tu el problema… pero ahora no puedes venir. Es por tu bien- dijo Frida justo antes de retomar el camino y dejando a su amigo de pie en media calle mirándola confundido.

Mientras tanto, en la casa del macho. El pequeño batallón de Emiliano acababa de entrar en el edificio y ahora subía sigilosamente las escaleras hasta el último piso. Todo estaba oscuro y desolado, al parecer los vecinos habían escapado de ahí… o algo peor.

Todos llevaban sus linternas tratando de ver por donde caminaban aunque las penumbras ahogaban la luz. Las ventanas habían sido cubiertas por mantas y muebles de tal modo que todo estaba demasiado oscuro.

Emiliano estaba lleno de un sentimiento de temor y adrenalina, sabía que esa cosa los estaba vigilando y que no tardarían en atacar. Así mismo sabía que más de uno de sus acompañantes se estaban muriendo de miedo, eso sí, continuaban a pesar de todo.

-Tengan cuidado- susurró Emiliano –No sabemos lo que esté tramando-

Los demás asintieron dándole a entender que habían comprendido sus indicaciones. Por lo que el jefe de policía siguió con su explicación –Tan pronto lleguemos al que era el hogar de los Rivera encenderemos las lámparas más potentes, alumbraremos el lugar y buscaremos al monstruo… Mendoza, ¿Quién trae las lámparas?-

-Las trae Ramírez, jefe- contestó Mendoza.

-Bien… Ramírez, al frente- ordenó Emiliano, mas su orden no fue cumplida. ¡Ramírez!, ¡Ven acá!... ¿donde está Ramírez?-

-Estaba detrás de mí, jefe- contestó Frade, el oficial que estaba en último lugar de la fila.

Todos intercambiaron miradas de angustia ante la desaparición del oficial Ramírez. Algo dentro de ellos les gritaba que salieron corriendo de ahí mientras podían hacerlo.

-Tranquilos… el muy cobarde debió arrepentiré y regresar sin que nos diéramos cuentas. Ya después me encargaré de él… sigan adelante- ordenó Emiliano.

Los demás obedecieron y continuaron la marcha, la mayoría de ellos más por obligación que por otra cosa. Subían y subían escaleras agudizando el oído para percibir algún movimiento extraño, mas no escuchaban nada. Ya estaban a escasos pisos de su objetivo cuando Hernández, uno de los oficiales del medio, logró divisar algo.

-Jefe Suárez… arriba hay alguien- susurró.

Emiliano lo escuchó y levantó la mirada. Al hacerlo descubrió que efectivamente había alguien en la parte de arriba asomándose a donde ellos estaban. No lograba verlo a detalle pero su silueta era clara. No se movía ni hacía ruido, pero era más que obvio que se había dado cuenta de su presencia y que los estaba vigilando.

Todos se pararon en seco intercambiando miradas con ese tipo. Emiliano se aferró a su revólver mientras pensaba que hacer.

-Rivera- susurró poco antes de dar su siguiente orden –Quédense aquí… yo iré a ver de quien se trata, si ven cualquier movimiento en falso habrán fuego-

Dicho esto continuó su camino llegando poco tiempo después hasta el último piso, donde se encontraba el espía. Este parecía no haberse dado cuenta de la presencia de Emiliano ya que seguía mirando hacia abajo, hacia los temerosos policías.

Con paso lento pero constante, Emiliano avanzó hasta quedar a pocos metros de él. Tomó su arma y apuntó listo para tirar del gatillo.

-¡Policía!- exclamó –Identifíquese-

La orden había sido clara y desafiante, mas el espía ni siquiera volteó a mirarlo. Emiliano repitió la orden pero con el mismo resultado. Algunos segundos después decidió usar la fuerza y sin más se abalanzó sobre él sujetando sus manos y poniéndole la pistola en la cabeza.

Los otros oficiales al ver esto siguieron subiendo más confiados y decididos a ayudar a su jefe. Emiliano interrogaba a ese individuo pero sin respuesta, fue cuando el adulto se dio cuenta de algo… esa persona no estaba con vida.

Los oficiales llegaron a su lado y Emiliano les indicó que se quedaran quietos, que no había por qué temer.

-Tranquilos, no es un enemigo- explicó Emiliano –Pobre hombre, debió ser uno de los vecinos que no lograron salir a tiempo-

Frade alumbró entonces el cuerpo con su linterna deslumbrando a todos con un pequeño objeto metálico adherido a la ropa del difunto.

¿Qué es eso?- preguntó Frade a la vez que se acercaba y lo tomaba en sus manos. De repente su mirada se ensombreció y se llenó de terror.

-¿Qué tienes, Frade?- preguntó Emiliano.

Frade le mostró entonces el objeto a Emiliano y por fin vio que era lo que pasaba. Se trataba de una placa de policía con las palabras "Oficial Ramírez" escritas en él. Inmediatamente después alumbraron la cara del cadáver y comprobaron con horror que era su compañero el que yacía ahí, muerto y con una expresión de miedo como si algo lo hubiera atacado.

Hubo unos segundos de silencio, la calma antes de la tormenta. De repente, Jiménez, un joven policía rompió esa quietud.

-¡Vámonos de aquí!- gritó Jiménez comenzando a correr escaleras abajo.

-¡Espera, Jiménez!- ordenó Emiliano pero el oficial no pudo ni siquiera responder, ya que frente a todos una sombra se abalanzó sobre él y lo envistió haciéndolo caer por el hueco de las escaleras. Un grito de terror se escuchó, luego un fuerte golpe y al final silencio. Jiménez acaba de perecer.

Emiliano y los otros policías abrieron fuego con dirección a la sombra que había atacado a Jiménez victimas del pánico y la desesperación. Hernández pateó la puerta que daba a la antigua residencia Rivera logrando que esta cediera y todos pudieran entrar, era el único medio de escape.

-¡Quédense juntos!- ordenó Emiliano pero sin saber si los otros le estaban poniendo atención. Los cinco oficiales que le quedaban se colocaron junto a él sin parar de disparar hacia la puerta de entrada, mas la sombra se había esfumado.

Suárez, Hernández, Frade, Quintanar, Mendoza y Gómez ahora estaban atrapados sin que nadie pudiera escucharlos ni mucho menos ayudarlos. Las manos de todos temblaban por el miedo y sudaban frío. Nuevamente ese incomodo y peligroso silencio se escuchaba.

-Tranquilos- susurró Emiliano – Somos más que él, podemos vencerlo-

-S…s…siem…pre…a…sus o…o…ordenes, jefe- contestó Gómez temblando por el susto.

Estar ahí era horrible, era como una casa del terror pero esta vez con un peligro mortal acechándolos. Lo más importante ahora era mantener la calma y concentrarse. No obstante, era muy difícil lograrlo.

-Jefe- susurró Hernández.

-¿Qué ocurre?- preguntó Emiliano.

-Creo que lo vi…si… ¡Ahí está!, ¡AHHHHHHHHHH!- gritó Hernández haciendo que todos sus compañeros lo miraran encontrándose con la horrenda figura del Strigoi sujetando a Hernández del cuello con una mano y con la otra literalmente atravesándole el pecho.

-¡No!- gritó Quintanar con los ojos lagrimosos por ver a su amigo morir lentamente. Entonces tomó su arme y siguió disparando como un desesperado, mas el Strigoi era rápido y antes de que las balas llegaran a él logró quitarse.

Por desgracia apara todos, el monstruo estaba justo enfrente de Frade y las balas que iban dirigidas para él terminaron impactándose contra el oficial matándolo casi al instante.

-¡Quintanar, no dispares!- gritó Emiliano.

-¡Lo siento, jefe, lo siento!- gritó Quintanar aterrado y apenado como un niño que acaba de romper el jarrón favorito de su madre.

-¡Cuidado!- gritó Gómez al ver lo que estaba por ocurrir. Por desgracia antes de que ninguno pudiera reaccionar, Quintanar ya se encontraba tirado en el suelo partido por la mitad.

¡Demonios!, ¡Gómez, Mendoza!, ¡Síganme!- exclamó Emiliano.

Ambos obedecieron y corrieron junto a su jefe. Ahora los tres encaraban al Strigoi, la bestia más diabólica que jamás hubieran visto.

Emiliano miró al monstruo a los ojos reconociendo una cicatriz en uno de ellos. No cabía duda, se trataba de Manny. A su vez, Manny también había reconocido a Emiliano y ahora una sonrisa maligna se había dibujado en su monstruosa cara.

-jajajajajaja, ahora si te tengo Suárez- rió Manny con una voz muy distinta a la de él.

-¡Rivera!, ¡Siempre supe que serías un problema pero no de este grado!, ¡Te ordeno que te detengas!- exclamó Emiliano.

-jejeje, no, viejo. De hecho a ti te tengo preparado un trato especial por todas las veces que no me dejaste estar con Frida-

-Si de verdad te importa mi hija termina con todo esto-

-Lo haré, jajajajajajajaja- se burló Manny a la vez que sujetaba algo en su cintura. Emiliano bajó la mirada y vio con terror el cinturón de El Tigre aún en poder de Manny.

-¡No!, ¡Deténganlo!- gritó Emiliano sabiendo que si giraba de la hebilla las consecuencias serían catastróficas.

Gómez y Mendoza dispararon a Manny logrando que alejara las garras de la hebilla e hiriendo lo un poco. El Strigoi soltó un fuerte rugido y de un movimiento rápido degolló a Mendoza y aplastó a Gómez. Al final solo quedó Emiliano.

-¡No dejaré que lo hagas!- gritó.

Justo ene se momento Frida acababa de llegar a la escena horrorizada por los cadáveres y la imagen de su padre peleando con Manny. Mas lo peor aún faltaba, ya que Manny le dio un zarpazo a Emiliano fracturándole el brazo e inmovilizándolo para usar su arma.

-jajajajaja, ahora si morirás- rió Manny listo para actuar.

-¡No!, ¡Rivera!, ¡No lo hagas!-

Era tarde, Manny ya había girado su hebilla y entonces un resplandor rojo inundó toda la sala. Frida y Emiliano tuvieron que cerrar los ojos para impedir que les lastimara la vista. Una vez que la luz roja desapareció encontraron a un Strigoi de aspecto mucho más malévolo. No había aparecido ningún traje de héroe felino, mas bien el monstruo parecía haber adquirido características de un inmenso tigre dientes de sable.

-¡Eeeeeeel Tigreeeeee!, jajajajajajajajaja- exclamó Manny listo para dar el golpe final.

-No, no, ¡Nooooooo!, ¡Manny nooooooooo!- gritó Frida aterrorizada.

Continuará...

Jejeje, el proximo capítulo será el gran final. Se cuidan.