CAPITULO II

Desde que era pequeña siempre he querido ser profesora, tanto porque los niños son mi verdadera pasión como porque transmitir el conocimiento a los más pequeños es reconfortante. Para alguien como yo que siempre ha sacado las mejores notas, el poder formar desde la más tierna infancia a los niños es algo muy interesante, y lo pude descubrir el año pasado cuando empecé a impartir docencia a niños de seis años. Esas pequeñas personitas se empapan de todo lo que se les dice, su mente inocente capta perfectamente la esencia de lo que se les quiere transmitir.

Hoy empiezo de nuevo las clases, empiezo mi segundo año de docencia con los mismos nervios que hace un año. Todavía quedan unas pocas horas para que se terminen mis vacaciones, son las seis de la mañana y la hora perfecta para levantarme y salir a correr. Sin hacer ruido me pongo mis pantalones de chándal, los que me pongo para ir al gimnasio, una camiseta con una sudadera de Oxford University y unas bambas. Antes de salir de mi habitación cojo el ipod, es esencial correr con música para poder olvidarme de todo durante un rato, para disfrutar de cómo mi pulso se acelera y crece en mi la adrenalina que hace tanto no aparece.

— Parece que las viejas costumbres nunca se abandonan— escucho la voz de mi compañero de piso, la voz de Harry

— ¿Y tú que haces despierto a estas horas?— pregunto intentando recuperarme del susto que me ha dado— Me has dado un susto de muerte

— Me ha tocado turno de noche y he llegado hace un rato. Tenía hambre y me he hecho algo de comer antes de irme a dormir hasta el mediodía

Después de darle una colleja, porque casi hace que me de un infarto, salgo de nuestro piso sin decir nada. A veces es exasperante convivir con Harry aunque lo quiera, no por nada lo considero mi hermano y no por nada él nos salvó a todos de Voldemort. El recordar la guerra del mundo mágico hace que recuerde el porque decidí dejarlo, el porque tomé la decisión de volver a convivir con las personas muggles, las personas como mis padres. Hace casi ocho años que todo terminó, tanto la guerra como mi relación con Ron, la cual no pasó de unos pocos besos tontos y algunos arrumacos. Al dejar lo que tenía con mi amigo pelirrojo y ver que mi verdadera vocación era la de enseñar, decidí volver al mundo muggle. A los veinte años terminé magisterio, y al terminar comencé a estudiar la licenciatura de química que terminé el año pasado con 24 años. Las dos las saqué con las mejores notas posibles, fui la primera de mi promoción a pesar de que el último año de química lo tuve que alternar con mi trabajo en el colegio.

— Tome, señorita Granger— escucho a través de mis auriculares del ipod— Me acaba de llegar la revista que tanto le gusta

— Gracias, John— contesto al hombre de unos sesenta años que tiene a pocos metros de mi piso un estanco donde vende revista, periódicos, chicles y cientos de cosas más— Después vendré a por la revista

Sigo corriendo después de la pequeña interrupción del señor Smith, un gran hombre conmigo aunque no así con Harry al que tiene manía, se debe de pensar que somos pareja o algo por el estilo. A decir verdad todos mis compañeros de colegio, y los de Harry en el cuerpo de bomberos, se piensan que estamos juntos aunque nosotros digamos que solamente somos amigos. Nadie entenderá nunca la relación que tengo con Harry, el profundo cariño que le tengo, y nadie lo hará porque no han vivido las cosas que hemos vivido los dos juntos, la lucha de siete años contra Voldemort es imposible de hacérsela comprender a nadie. Sonrío al pensar en mi amigo, en como un día hace tres años llamó a mi puerta con solamente una maleta para pedirme asilo, todo porque había roto con Ginny y no tenía donde vivir. Desde entonces yo le ayudé en todo, sobretodo en intentar buscar un trabajo para que mantuviera su mente ocupada.

Miro mi reloj y me doy cuenta que ya son casi las siete, que tengo que volver a casa para ducharme, desayunar e irme a coger el metro para empezar de nuevo a trabajar. En diez minutos estoy abriendo la puerta del piso y entrando en el cuarto de baño, una ducha rápida y en diez minutos ya estoy secando mi pelo con mi varita, más rápido y menos ruidoso que el secador. Para el primer día decido ponerme unos tejanos de pitillo azules, unas botas negras y una camisa a cuadros negra y roja. Al mirarme al espejo veo que voy apropiada pero a la vez informal, no quiero que los niños pequeños se asusten al conocerme.

Para desayunar me preparo un poco de leche con cereales, y termino justo cuando el reloj del comedor marca que ya son las ocho. Rápidamente me lavo los dientes, cojo mi chaquetón de tela hasta la mitad de los muslos, el bolso con doscientas mil cosas y las llaves de casa. Al caminar hasta el metro tengo que pasar por el estanco del señor Smith, donde entro para coger la revista y comprar algunas chucherías que daré a mis nuevos alumnos.

— Ten un buen día, señorita Granger— se despide de mi el bonachón señor Smith

— Lo mismo te deseo John

Después salgo y en medio minuto llego ya a la parada de metro de Gloucester Road, donde cojo la línea azul hasta Picadilly. El tiempo que tardo en llegar me lo paso ojeando la revista de últimos descubrimientos en el ámbito de la ciencia. Casi me paso de parada al estar tan centrada en la lectura de la revista, aunque en el último momento salgo y tranquilamente camino hasta salir de la estación. El colegio está a dos calles pero al salir ya me encuentro con bastantes niños, algunas madres me saludan porque me conocen de verme por el patio.

— Mamá no quiero ir al cole

El escuchar como un niño dice eso me hace sonreír, parece que el síndrome post-vacacional va a estar muy presente en el primer día. El año pasado no venía preparada para los lloros de los de primero pero este año ya si, solamente deseo que no sean muchos los que lloren al separarse de sus madres en un sitio que no conocen.

Al llegar a la puerta del colegio inspiro profundamente y disfruto de ver de nuevo a niños en él, no me había dado cuenta de lo que extrañaba el movimiento de los alumnos en el patio. No se porque pero antes de entrar mi mirada se posa en un hombre de unos cuarenta y tanto años, va con unos tejanos y una americana. Cuando dejo de mirar su ropa y miro su cara, mi prodigiosa mente se enciende y aunque piensa que es imposible solamente hace falta un gesto suyo para saber que es él, es Severus Snape.

— Mira, ahí viene Dirk. Ves a saludarlo — escucho como le dice a un niño

Escuchar su voz, aunque más rasgada y profunda de lo que recordaba, me hace quedarme por un eterno segundo sin respiración. Después de que todos lo creyéramos muerto ahora me lo encuentro con un hijo y además parece que bastante más feliz, aunque tampoco es difícil con lo amargado que era cuando daba pociones en Hogwarts. Decidida a volver a hablar con él saco de mi bolso un cuaderno y una pluma estilográfica para simular el típico choque fortuito, porque si no es así no me veo con fuerzas para afrontar el encuentro de otra manera. Justo antes de notar su cuerpo contra el mío veo como una mujer lo saluda de forma educada, y hasta alegre.

— Lo siento— digo viendo que él se agacha amablemente a recoger el cuaderno del profesorado que se me ha caído, además de la pluma estilográfica

— No ha sido nada pero otra vez mira más por donde va— escucho como dice con un tono mucho menos arisco y borde que antaño, un tono con menos odio

Antes de que pueda mirarme, de que me pueda reconocer y entre en pánico porque seguramente es lo que pasará, mira al que es su hijo. Ese niño tiene los mismos ojos negros que Snape, aunque el pelo castaño sea seguramente de la madre. Tras mirar al niño que estaba preocupado por si su padre se había hecho daño, Severus me mira y yo sonrío de forma arrepentida por el "fortuito" choque.

— Lo siento Severus— susurro para que únicamente él escuche la disculpa

— No hay problema Granger— responde de una forma inconsciente

Al darse cuenta de lo que ha dicho, de quien soy yo, él se queda estupefacto. Como esperaba ha entrado en un estado de pánico por tenerme delante que es bastante entendible, yo lo he pasado hace unos minutos cuando lo he reconocido. Mientras, él está sin reaccionar yo observo su ahora leve barba y su pelo más corto. Nunca antes había mirado a Snape como hombre, antes siempre lo había mirado como profesor, y tengo que afirmar que con la edad ha mejorado considerablemente. El vestir como un muggle lo favorece y eso de llevar una leve barba también, no es que sea un hombre guapo pero si que lo está más que cuando era el espía en las filas de Voldemort.

— ¿Qué haces tú aquí?— me cuestiona de forma seria

— Soy profesora de este colegio. Desde el año pasado doy clase a los de primer año— respondo con una sonrisa afable para intentar que se relaje y comprenda que ahora ya no somos profesor y alumna

— ¿Vas a ser mi profesora?— escucho que me cuestiona el pequeño hijo de Snape

— Sí vas a ir a primero entonces sí— respondo— Mi nombre es Hermione Granger— termino de decir, presentándome

— El mío es Liam Prince, encantado— dice presentándose de una forma arrebatadoramente encantadora

Una sonrisa aparece en mi rostro ante semejante monada de niño, si no fuera porque se que es hijo de Snape no lo adivinaría jamás. Un instinto de protección nace en mi interior hacia ese niño, al que veo vulnerable pero a la vez también noto que es como su padre.

— ¿De que conoces a mi papá?— me pregunta el encantador Liam mientras yo saludo a las otras dos mujeres que ahí allí, con sus dos hijos— ¿También conociste a mi mamá?

Antes de que pueda contestar algo al respecto de que conozco a Severus, o de que no tengo ni idea quien es su madre, mi antiguo profesor es el que toma la palabra para responder a las dos preguntas de su hijo.

— Ella fue mi alumna, Liam— contesta con su voz rasgada, grave y completamente hipnótica— Antes de conocer a tu madre yo daba clases y la señorita Granger me tuvo como profesor, fue una alumna muy brillante y espero que tú lo seas tanto o más que ella

La determinación que brilla en los ojos del pequeño es increíble, aunque tanto Snape como yo sepamos que será imposible que por el momento llegue a ser más brillante que lo que fui en Hogwarts yo, la mejor en muchos años. Además que no hay nada equiparable a pociones, transformaciones o defensa, ni tampoco a un Trol o un Extraordinario.

— Me tengo que ir a abrir la tienda. Pórtate bien y disfruta de tú primer día en el colegio de los mayores— dice Severus despidiéndose de su hijo con un beso en la frente, que es realmente emotivo— Y eso también va por vosotros dos— añade ahora mirando a los otros dos niños que están al lado de Liam, los cuales parece que son sus amigos

— Seremos buenos Severus— contestan los dos con unas sonrisillas que hacen que sus madres rían suavemente y que en la cara de mi antiguo profesor aparezca una leve sonrisa

Después de que los niños hayan puesto sus sonrisa de no haber roto un plato en la vida, esa que conozco tan bien de cuando se pelean y o rompen algo, pero después nadie ha sido, Severus se despide de las dos madres y los niños. Al pasar por mi lado se para un leve instante porque yo me despido de él y Snape me devuelve en un susurro, que me eriza la piel, la educada despedida.

— Ten un buen día, Severus

— Lo mismo para usted, Granger— contesta— No haga pagar a mi hijo lo injusto que fui con usted en Hogwarts— acaba susurrando en mi oído logrando que su presencia acelere mi pulso y mi piel se erice

— No lo haré, tranquilo—respondo también en un susurro después de recuperarme del momento de cercanía— Cuidaré de Liam

Parece que con mis palabras se queda tranquilo, sabe que mi palabra de gryffindor es real y que cuando prometo algo soy leal hasta el final. Al pensar en el cumplimiento de una promesa viene a la mente la que le hizo él a Lily, por la que casi muere varias veces para proteger a Harry y la que le costó la cicatriz que tiene en la garganta. Maldita Nagini por casi acabar con la vida del hombre más valiente que he conocido jamás, aunque tampoco parece que le haya ido mal en estos ocho años que lo creía muerto.

— ¿Y vosotros dos como os llamáis?— pregunto a los amigos de Liam una vez he perdido de vista a Severus

— Yo, Dirk— responde uno de los dos niños

— Y yo Isaac

Les sonrío a los dos y pienso que éste va a ser un buen curso con el hijo de Severus, viéndolo a él diariamente. Antes de que quiera pensar que significa eso, les digo a Dirk e Isaac que se despidan de sus madres porque es hora de empezar las clases. Liam coge mi mano mientras ve como sus amigos se despiden de sus madres, noto como su carita tiene una pena y sus ojos un poco de envidia por lo que están haciendo los otros dos pequeños. El verlo triste me hace sentirme afectada, no se porque pero este niño se que es diferente a todos los que he conocido, se que no voy a poder verlo jamás con daño porque voy a querer curarlo.

— A tu padre no le gustaría verte triste

— No se lo digas, porfa— me pide de forma tierna e inocente— No quiero que mi papá también esté triste porque mi mamá está en el cielo

Si no fuera porque lo acabo de conocer y estamos en pleno patio, donde los profesores me conocen, ya le estaría abrazando. El enterarme de que su madre está muerta hace que todavía admire más a mi antiguo profesor, sacar él solo adelante a un niño tan pequeño es admirable. Cuando él me preguntó si conocía a su madre lo que me había imaginado es que Severus estaría divorciado de su mujer, no que estaría viudo.

Al sentir como Dirk e Isaac ya se han despedido de sus madres, que están medio llorando, agito mi cabeza levemente para quitar de mis pensamientos cosas como las que estoy pensando. Al ver como sus amigos ya están a su lado, Liam suelta mi mano para ir jugando con ellos hacia el interior del edificio donde estarán las clases.

— Niños, niñas sentaros— pido al entrar y ver a los pequeños ya en clase, algunos con lágrimas rodando por sus mejillas

Todos me hacen caso y cogen asiento en las sillas que más les han gustado o las que les han quedado por no ser demasiado rápidos. Veo como Liam se sienta al lado de una niña rubia que tiene los ojos rojos, sus amigos están justo detrás. Con una sonrisa camino hasta la mesa e intento infundar confianza, que desde el principio todos se sientan seguros y se olviden que ya no están con sus madres.

— Mi nombre es Hermione Granger, soy vuestra profesora y espero que todos seamos amigos

Después de mi presentación, pido quien quiere ser el primero en decir como se llama y explicar un poco lo que le gusta. Como parece que nadie quiere al final es el hijo de Severus quien se anima, parece que es un valiente aunque se note que tiene vergüenza. Para darle un poco más de apoyo, que no se sienta tan cohibido me sitúo a su lado.

— Soy Liam Prince— dice el pequeño— Mi papá se llama Severus y es el mejor papá del mundo, cuida de mi y tiene una tienda muy chula que sirve para curar a la gente. Me gusta jugar al fútbol, quiero un perrito pero mi papá no me quiere comprar y siempre veo Bob Esponja— termina de decir de una vez

Le pongo una mano en el hombro para transmitirle que ha estado muy bien, que ya puede estar tranquilo. Después de la primera presentación, de ver que no ha pasado nada, los demás se animan y después de los tres primeros ya se empiezan a solapar unas voces encima de las otras. Este año la clase es bastante pequeña, tengo quince alumnos, con nueve niños y seis niñas. Al terminar la presentación les propongo que pinten lo que ellos quieran, que colgaremos sus dibujos en las paredes de la clase.

— Profe, ¿puedo pintarte?— me pregunta un niño llamado Charlie

— Si eso es lo que quieres, claro que puedes

Dejo que los pequeños empiecen a pintar mientras comparten los colores, unos cono los otros. Sentada en mi mesa me fijo como ya han dejado la vergüenza a un lado, ahora todos empiezan a hablar con los demás. Las niñas y los niños parece que se van a llevar bien, por el momento ninguno ha estirado las coletas de ninguna de sus compañeras, y eso ya es algo positivo porque el año pasado pasó eso en el minuto uno. Mi mirada de una forma inconsciente al encontrarse con la figura de Liam se detiene, lo observo sin pestañear y me doy cuenta que se parece más de lo que había pensado a su padre. Además de tener los ojos negros, también tiene movimientos típicos de un Snape.

— Ya estoy— escucho la voz de una niña que se llama Loren

— Está muy bien, te ha quedado muy bonito— le respondo amablemente dejando de mirar al pequeño Prince— Por haber dibujado un caballo tan bonito te voy a dar un caramelo

Los ojos de la niña se iluminan al ver que le doy un caramelo, los demás al ver el premio aceleran para tener ellos también el caramelo. En menos de diez minutos ya tengo todos los dibujos, los cuales cuando se terminen los caramelos y chucherías procederemos a colgar en las paredes, para que durante todo el año adornen la clase.

— Ha quedado preciosa la clase, seguro que los demás profesores querrán que daros clase pero no les pienso dejar

Los niños se ríen ante mis palabras y mis determinados gestos, parece que me ven como si fuera un caballero andante capaz de todo para proteger lo que es mío.

Al mirar mi reloj veo que ya es la hora de salir, el primer día ha terminado y se me ha pasado volando. Les pido a mis alumnos que recojan todo y se queden sentados en su sitio, que tiene que sonar la campana para que podamos salir. Una vez escuchamos el ruido, pido que se coloquen de dos en dos detrás de mi, quiero que entiendan que hasta que no me obedezcan al pie de la letra no voy a moverme porque ante todo hay que enseñarlos, ser su amiga pero ante todo su guía en este año de entrada en el colegio.

— Muy bien, ahora que estáis todos listos vamos a salir

Caminamos por el pasillos hasta llegar al patio, donde antes de que pueda despedirme los niños ya están siendo abrazados casi hasta la asfixia por sus madres. Parece que el sufrimiento es más por parte de las adultas que de sus hijos, él único que no está sufriendo esa falta de aire es Liam. El pequeño hijo de Severus está mirando si ve a su padre pero no lo localiza, por eso cuando siente su mano detrás pega un salto asustado

— Papá, no hagas eso— se queja al ver una sonrisa socarrona de Severus— Eres malo

— Entonces si soy malo no te voy a dar las galletas que te he traído que tanto te gustan, y que nunca te dejo comer antes de la comida— dice con un tono socarrón sacando de su americana unas Oreo, enseñándoselas a su hijo, y volviéndoselas a guardar

Yo, que estoy al lado del niño, estoy mirando la escena con una gran sonrisa por como se está comportando Severus y por el ceño fruncido de Liam. Parece que mi antiguo profesor, el siempre seco y recto, ha aprendido a gastar bromas y parece que su hijo no sabe aceptarlas demasiado bien.

— No eres malo, Severus— intervengo— eres perverso

La mirada de advertencia que recibo no me hace ningún efecto, estoy demasiado acostumbrada a sus miradas de verdadero odio. Así que obviando completamente la poco cariñosa mirada le sonrío ampliamente, a lo que él de una forma no intencional responde aunque cuando se da cuenta de lo que ha hecho se vuelve a quedar serio.

— Despídete de tu profesora

— Hasta mañana, Hermione— se despide de mi Liam mientras rodea el cuello de su padre con sus brazos para que lo lleve él

Severus se resigna a tener que llevar en brazos a su encantado hijo, quien ha conseguido las Oreo y se las va comiendo mientras apoya su cabeza en los hombros de su padre. Verlos marchar de semejante forma es encantador, sobretodo porque Liam me saca la lengua graciosamente sin que Severus se de cuenta al estar de espaldas a nosotros dos. No se lo que me impulsa a caminar hasta la puerta del colegio, el caso es que lo hago, y espero hasta que ellos se pierden de mi vista aunque no al final de la calle sino que en una portería. Apoyada en la puerta es como me encuentra Harry, que ha aparecido de repente delante de mi, con sus preciosos ojos verdes a dos centímetros de los míos.

— ¿Me estás intentando seducir?— pregunto contenta de verlo pero a la vez molesta porque se ha interpuesto en mi campo de visión

— Si quisiera seducirte me metería en tu cama cada noche y te haría el amor lentamente— me responde pícaramente en un susurro contra mi oído

— HARRY— grito dándole golpes en el pecho y consiguiendo arrancarle una carcajada a mi mejor amigo— Deja de bromear con eso, no quiero que todos aquí piensen que somos pareja

— Todos lo piensan ya Hermione, acéptalo y vive con los chismorreos de tus compañeros de trabajo. Yo he aceptado que mis compañeros de trabajo me envidien porque se piensan que me acuesto contigo, los tienes a todos locos por tus huesos y eso es la fantasía de cualquier mujer, que un grupo de bomberos esté dispuesto a apagar tu fuego interno

De nuevo la insoportable carcajada de mi bromista amigo, quien después de vencer a Voldemort y liberarse de la opresiva relación de varios años con Ginny por fin vive. Cada día está más suelto y yo cada día soporto menos sus bromitas, sobretodo en el ámbito sexual.

— ¿Y qué tal el primer día?— pregunta rodeando mis hombros con su brazo y haciéndome caminar en dirección al metro— ¿Te han tocado niños buenecitos o tienes a pequeños diablillos que a la que te descuides te van a quemar la clase?

— Son un encanto, Harry— respondo con aire soñador al recordar a mis pequeños alumnos— Han estado muy obedientes, sobretodo Liam

— Ya tienes un consentido, eso no puede ser Herm— me reclama mi amigo— Es una desventaja para los demás

— Tú no lo conoces, es un niño encantador. Además que el pobre no tiene madre y se nota que la extraña aunque su padre lo adora, vamos que daría su vida por él sin dudarlo

— ¿A ti te ha gustado el padre o el hijo?

Ante la pregunta de mi amigo un furioso color rojo aparece en mis mejillas y mis orejas, seguramente que si me pudiera ver ahora mismo me parecería al pelo pelirrojo de los Weasley. Como decirle a Harry que ese hombre es Severus Snape, al que considera muerto y por el cual lloró durante bastantes días después de vencer a Voldemort, no puedo decírselo así de golpe

— El niño es un encanto y el padre se nota que lo protege, solamente eso.

— Resumiendo: te gusta el padre, te lo quieres tirar y así ser la madrastra del niño para consentirlo y achucharlo a todas horas— dice Harry— Y no me digas que no porque te conozco muy bien y ese sonrojo no es de indignación, si lo hubiera sido ya me habrías empezado a gritar

Como no voy a poder conseguir hacerle cambiar de idea lo dejo pasar, ya se cansará de burlarse de mi cuando yo me burle de él al pedirme lo más caro del restaurante al que me lleve a comer. Porque si Harry ha venido a buscarme es para que vayamos a comer por ahí y así evitarnos el tener que ir a hacer la compra y después el cocinar.

TBC...

Segundo capítulo, éste desde el punto de vista de Hermione para que se vea un poco las dos partes. Nuestra jovencita Herm ya ha fijado su atención en Severus, aunque ella no lo acepte todavía (es muy pronto) pero ahí tiene a Harry que es su Pepito Grillo particular.

Un saludo, espero que os haya gustado el capítulo y gracias a las 7 personas que dejasteis un comentario en el primer capítulo, siempre es de agradecer saber lo que parece la idea inicial, si gusta o no gusta.