CAPITULO V

Hace una semana que me acosté con mi antigua alumna, Hermione Granger, y no me puedo quitar de la cabeza ese momento por más que lo intente. Durante las últimas 7 noches he rememorado nuestro encuentro, la forma en que me dejé llevar.

— Papá, date prisa— escucho que me dice Liam impaciente desde la entrada

Dejo a un lado el pensar en Granger, en como mantuvimos sexo durante toda la noche, primero en el sofá y después en la cama, y salgo de mi habitación preparado para pasar la tarde del sábado fuera de casa con Becca, Dirk e Isaac. El tener que pasar la tarde acompañado por tres niños y una mujer me apetece tanto como mandarme un Cruciatus, pero Becca ha conseguido entradas para ir a ver el Arsenal contra el Chelsea y si no lo llevo mi hijo me odiará de por vida, aunque podría habérselo dejado a Becca como ha hecho Margaret con Isaac.

— Ya estoy, Liam— contesto saliendo de la habitación con la chaqueta negra de pana ya puesta— No seas tan impaciente— regaño a mi hijo

Ahora mismo está tan excitado al ir por primera vez a ver un partido del Arsenal que no me presta atención. Una vez le he ayudado a ponerse el abrigo encima de su sudadera roja con el nombre de Fábregas detrás, salimos y caminamos hasta el metro de Picadilly. Liam casi va dando saltitos por la calle, hablando sin parar de lo guay que es que la mamá de Dirk los haya invitado a ver a su equipo. Mi mente deja de escuchar las palabras de mi excitado hijo, mi mente vuelve a evocar esas pequeñas manos recorriendo mi pecho, acariciando mis cicatrices.

— Papá, papá— escucho que llama mi hijo tirando para abajo de mi mano, a la que va agarrado— Tienes que comprarme un disfraz para Halloween

— Todavía quedan dos semanas, ya te lo compraré

— Un traje de pirata, con parche y pata de palo— pide con una sonrisa de oreja a oreja

— ¿Y no preferirías ir de Shakespeare?— pregunto no deseando comprarle eso a mi hijo, el verlo de pirata no es algo que me haga especial ilusión

— Hablas muy raro papá— me contesta mi hijo mientras entramos en el vagón de metro y nos sentamos— Pirata, papá, pirata

Asiento con la cabeza y él me abraza ocultando su cabeza en mi pecho. Acaricio su espalda, lentamente y con mucha suavidad durante todo el trayecto hasta la estación Arsenal, en la que hemos quedado con los amigos de mi hijo y con Becca. Liam al ver a Dirk e Isaac se suelta de mi mano y corre hasta ellos, al verlos choca su mano y amplia su sonrisa. Los tres niños llevan la misma sudadera aunque con diferentes nombres, Van Persie y Walcott. La madre de Dirk camina hasta donde están los niños y besa la frente de mi pequeño con mucha suavidad.

— Te queda muy bien la sudadera, cielo

— Me la ha comprado mi papá— contesta Liam

Los cinco salimos de la estación de metro y caminamos hasta el Emirates Stadium rodeados de una marea humana de muggles con sus camisetas rojas, y también de muchas azules pertenecientes al Chelsea. Nunca hubiera pensado que tantas personas pudieran perder su tiempo yendo a semejante acto, si el Señor Oscuro todavía existiera este sería un lugar que le encantaría por la cantidad de muertes que podría sumar en su casillero.

— No sabía que te gustara el fútbol, Severus— escucho la voz de Becca a mi lado

— No me gusta— respondo secamente— pero se que a Liam le hace mucha ilusión— termino de contestar

— Eres un padrazo— susurra la madre de Dirk apretando levemente mi brazo y sonriéndome— Liam tiene suerte de tenerte, cualquier otro hombre en tu posición no hubiera sobrellevado tan bien lo de Katherine

Odio que ha tenido que nombrar a la madre de mi hijo, odio que lo haya hecho porque los remordimientos de haber mancillado su memoria al acostarme con Granger vuelven a aparecer. No puedo seguir así, no puedo pensar en mi antigua alumna o me acabaré volviendo loco. He estado durante toda la semana evitando lo máximo posible verla para no pensar en como acaricié su precioso cuerpo desnudo, en como besé sus pequeños pero firmes pechos o en como saboreé su sexo antes de penetrarla lenta y rítmicamente unas veces, fuerte y rápidas otras.

— He traído unos sadwiches por si tenéis hambre— comenta Becca a los niños mientras entramos al estadio y nos dirigimos a los que son nuestros asientos— Que si coméis las porquerías que venden aquí luego os dolerá la barriga

Los tres niños asienten con la cabeza conformes, deseando llegar al lugar desde donde podrán ver todo el partido. Al llegar a los asientos que tenemos puedo ver que el partido despierta mucha expectación porque el estadio está llenándose rápidamente, con muchas familias con hijos para mi sorpresa.

— Mira papá, es Hermione— me avisa Liam señalando varios asientos a la derecha y arriba

Realmente el mundo no puede ser tan cruel, el destino no puede quererme tan poco como para burlarse de mi de una manera tan despiadada. Granger está unos cuantos metros más allá con una Coca Cola en sus manos y con un chico de su edad hablándole al oído, lo que me faltaba es que encima tuviera que soportar ver como un niñato le come la oreja delante de mi a Granger.

— Su novio es muy guapo— escucho decir a Becca sentada a mi lado y mirando la escena que yo también estoy mirando

— La profe tiene novio, la profe tiene novio— empiezan a cantar los tres niños felices aunque de forma burlona

Pocos minutos después empieza el partido y toda la atención de la gente se centra en los 22 hombres que están corriendo detrás de un balón para darle patadas y meterlo en la portería contraria. Es una pena que esos gañanes, la mayoría de ellos casi analfabetos, sean los ídolos de mi hijo y de sus amigos pero así es el mundo muggle que idolatra a inútiles, aunque en el mundo mágico adoran a Potter que es igual de inútil, tampoco hay mucha diferencia.

La primera parte del partido se me hace eterna, ni las torturas del Señor Oscuras me parecieron nunca tan largas. De vez en cuando Becca me susurra alguna cosa al oído, porque con todo lo que grita la gente sino no escucharía sus palabras. Varias veces he tenido que luchar contra mi propio cuerpo para evitar girarme y mirar a Granger con ése imbécil, a quien ella le atrae.

— Como no gane el Arsenal creo que nuestros hijos esta noche no van a cenar— comenta riendo Becca

— Tengo que hacer que Liam se interese por cosas importantes, que deje de gustarle esto— contesto serio

— Severus es un niño, sus ídolos ahora no van a ser Einstein o Conan Doyle

Se que la madre de Dirk tiene razón pero eso no quita de que vaya a intentarlo. Cuando el arbitro pita la media parte suspiro y me levanto del asiento, necesito estirar mis piernas. Con la excusa de que necesito ir un momento al baño dejo a mi hijo con sus amigos y Becca.

— No tardes papá, que te perderás la segunda parte

Nada me gustaría más que poder no tener que soportar otros 45 minutos de tortura, pero a mi hijo le digo que enseguida vuelvo. Salgo de las gradas y camino por los pasillos del estadio en dirección a ninguna parte, únicamente deseando desaparecerme de allí pero siendo imposible porque soy un maldito squib. Pensando en que ya no soy un mago digno, lamentándome de mi penosa existencia, no me doy cuenta de hacia donde voy hasta que me choco contra otra persona, que coincidencias de esta miserable vida es Granger. La sonrisa de ella al verme se hace enorme, sobretodo porque mis brazos como acto reflejo rodean su cintura para evitar que caiga al suelo.

— Severus— susurra realmente entusiasmada y apretando más su cuerpo contra el mío— No sabía que te gustaba el fútbol— añade

— Y no me gusta, Granger— contesto dejando de rodear su cintura, dándome cuenta de donde estamos y que ella está con otro— He venido con Liam

— ¿Lo has dejado solo?— me pregunta frunciendo el ceño

— No soy tan irresponsable y zoquete como Weasley o Potter— respondo— Está con Becca, la madre de Dirk

Noto como su sonrisa se borra al nombrar a la madre del amigo de mi hijo, la razón no la comprendo y tampoco tengo demasiadas ganas de comprenderla. Ahora que ya he dejado de tocarla, y puedo volver a pensar correctamente, me doy cuenta de que está matándome con la mirada el acompañante al partido de mi Granger. El pensamiento de llamarla MI Granger me asalta y no me lo puedo creer que piense en ella como mía. No es hasta que escucho un fuerte carraspeo que vuelvo al mundo real y a ver la mano tendida del joven chico.

— Encantado, mi nombre es James Riley

Miro de arriba abajo a ese niñato que me quiere asesinar con la mirada, algo que sinceramente me importa bien poco. Su mano sigue esperando a ser apretada por mi pero eso no va a suceder, no pienso tocar a ese muggle que comparte tiempo con Granger.

— Severus Prince— contesto secamente— Y ahora si me disculpan debo volver con mi hijo y mis acompañantes, un placer verla Granger

Sin esperar a nada más me giro y camino de nuevo hacia el lugar que estoy ocupando con mi hijo y nuestros acompañantes. Después de girar una esquina en la que hay unas escaleras que bajan a las gradas noto como alguien me coge del brazo, al girarme veo que es Granger con las mejillas rojas y la respiración entrecortada, parece que ha venido corriendo detrás de mi.

— Severus— susurra ahora agarrándome de la mano y metiéndome por una puerta que hay cerca

El lugar donde entramos es una habitación minúscula llena de cubos y de serpentinas del Arsenal. No me da tiempo a ver nada más porque ya tengo a Granger besándome desesperada contra la puerta, este lado de loba y leona que tiene mi antigua alumna es realmente atrayente.

— Granger, Granger— intento decir— para, para— pido sin lograr que deje de besar mi cuello y colar sus manos bajo mi camisa

— Te necesito Severus, no puedo aguantar un segundo más sin que me vuelvas a hacer tuya

— Granger, esto es patético— digo separándome de ella y mirándola a los ojos ardientes en llamas— Estar aquí en un zulo besándonos como dos proscritos mientras yo debería de estar con mi hijo, y tú con tu acompañante

— Si no me hubieras estado evitando toda la semana— responde— No sabes lo que he necesitado que me besaras, que me hicieras tuya todas las noches

Esta mujer, porque ya es una mujer y no una niña, me está volviendo loco y eso es algo que no puedo permitirme. Ahora soy padre, soy un hombre responsable, no puedo ir haciendo niñerías y besándome por los rincones como si tuviera de nuevo quince años.

Sin decir nada más salgo del zulo y me dirijo a donde está Liam con sus amigos. Al verme llegar, Becca me mira de una forma en la que se que está pensando donde demonios he estado. Centro mi atención en mi hijo, quien está sentado en su asiento comiendo un sándwich mientras mira como ataca su equipo. Por el momento el partido va 0 a 0 pero espero que termine en victoria del Arsenal para que Liam esté contento durante varios días.

— ¿Dónde te has metido, Severus?— pregunta la madre de Dirk mientras con una mano me quita una pelusa de la chaqueta de pana

— Este sitio está asqueroso, los baños deberían de estar precintados— contesto de forma cortante sin ganas de hablar del tema

Becca se ha dado cuenta que no estoy de humor y que no quiero tocar el tema, así que lo olvida y se centra en el partido aunque su mano descansa en mi brazo. Durante los 45 minutos de la segunda parte mi mente solamente puede pensar en ella, en Granger, esa maldita mocosa que con sus besos y caricias logran que no pueda olvidarla. El único momento de esos 45 minutos en que salgo de mis pensamientos es cuando el Arsenal mete un gol que todos empiezan a gritar, y en que por la emoción del momento la madre de Dirk me abraza efusivamente.

— Papá, hemos ganado, hemos ganado— dice eufórico Liam mientras vamos saliendo del estadio

— Ya lo he visto, hijo— respondo cogiéndolo en brazos para evitar que se lo lleve la marea humana que está saliendo

— ¿Pueden venir a jugar a casa Dirk e Isaac un rato?

La forma lastimera en que me lo pide Liam hace que acepte, a pesar de que no tengo ningunas ganas de tener a tres niños correteando por mi casa. Los dos amigos de mi hijo empiezan a saltar emocionados alrededor mío diciendo que soy muy guay.

— Pero solamente un rato— añado sabiendo que al final se quedarán a cenar porque eso ya ha pasado en incontables ocasiones

El trayecto de vuelta en el metro es realmente angustioso, demasiadas personas eufóricas que hacen más complicado que no se nos pierda ninguno de los tres niños, a pesar de que Becca ha hecho como yo y ha cargado a su hijo en brazos. La mano de Isaac se coge a la mía. El amigo de mi hijo ha venido con nosotros porque su madre quería pasar una tarde y noche a solas con su pareja, y claro como tanto Becca como yo somos unos solterones sin remedio, pues nos ha tocado cuidar de él en el partido de fútbol.

Al llegar a casa mando a los tres niños a lavarse las manos y a la madre de Dirk le ofrezco algo de beber mientras se pone cómoda en el sofá. Antes de ir a la cocina llevo el abrigo y el bolso de Becca a la habitación, ante todo hay que mostrar buena educación con las mujeres.

— Papá, ¿dónde están mis coches?— pregunta mi hijo entrando en la habitación

— En el segundo cajón de debajo de tu cama— contesto quitándome la chaqueta y saliendo al salón

En el sofá viendo la televisión están nuestros invitados, sentados tranquilamente los niños mientras Becca les acaricia a ambos suavemente el pelo. Mi mente vuela y recuerda a Granger sentada en el sofá abrazando a Liam mientras veían la película de Buscando a Nemo.

— Para celebrar la victoria os voy a dar un buen vaso de batido de fresa y plátano, el preferido de los tres— digo conociendo los gustos de los tres mocosos a la perfección

Voy a la cocina, de la cual vuelvo con tres vasos de batido y un café corto de leche con tres cucharadas de azúcar para Becca. Hace ya varios años que conozco a la mujer y se como le gustan este tipo de cosas, se como se las servía Katherine cuando venía a casa con Dirk.

Al terminar su bebida, mi hijo y sus dos amigos van corriendo para la habitación. El salón queda en un silencio únicamente roto por el sonido que sale de la televisión. La incomodidad de la situación se nota cada vez más, hasta el punto que se hace insoportable y me levanto para ver que están haciendo los niños. Realmente no entiendo nada, no se como puede ser que haya soportado sin pestañear momentos con el Señor Oscuro mucho peores y ahora me incomode compartir espacio con la madre de un amigo de Liam, cuando nunca antes me había sentido así. Todo esto es culpa de la aparición de Granger en mi vida, si ella no hubiera aparecido de nuevo en mi vida todo sería mucho más fácil, no tendría ganas de tocarla a cada segundo y seguiría centrado en mi habitual apatía únicamente rota por las alegrías que me da mi hijo.

Escucho el sonido de la puerta, alguien está llamando. Becca me dice que ya va ella a abrir, que no me preocupe y que siga vigilando a los niños. Tras comprobar durante unos segundos que Liam, Dirk e Isaac están jugando tranquilos con los coches, voy a ver quien ha llamado a la puerta. En la entrada me encuentro con Granger, quien mira sin su habitual sonrisa a mi invitada.

— Severus, no sabía que habías invitado a Hermione a merendar— comenta Becca mirándome al verme aparecer

— Y no la he invitado— respondo sin mirarla, fijando mi mirada únicamente en mi antigua alumna— No se que hace aquí

De nuevo noto como la madre de Dirk me coge del brazo y como la mirada de mi antigua alumna se nubla. Granger solamente tarda unos segundos en cambiar su seria expresión por otra mucho más pícara y peligrosa, no se que trama pero se que es algo que no me va a gustar. Da unos pasos entrando en casa y sin decir ni media palabra une sus labios con los míos frente la mirada de incredulidad de Becca.

— No me hace falta invitación para venir a ver a Severus, quizás a ti si pero a mi no— comenta agarrando la mano de la madre de su alumno y soltándola de mi brazo

Si no fuera porque se que es imposible pensaría que Granger está celosa porque piensa que entre Becca y yo puede existir algo, una idea completamente inimaginable ya que no veo a la madre de Dirk como nada más que como una persona que me ayuda con Liam siempre que puede.

— ¿Por qué no me lo habías dicho?— me pregunta ahora la madre del amigo de mi hijo

— No tengo porque hablar de mi vida privada contigo, Becca

Parece que con mi frase sentencio la situación, con ella acepto que entre Granger y yo hay algo más. Una tenue sonrisa aparece en los labios de la madre de Dirk, que después de eso me abraza y me susurra al oído que está feliz porque yo haya encontrado a alguien tras lo de Katherine. Cuando Granger piensa que ya es demasiado tiempo el que he estado abrazado a la otra mujer carraspea y nos separa. El sentido de posesión que tiene la antigua gryffindor es excesivamente alto a pesar de que no somos pareja, ni somos nada.

— ¿Y quién era el chico con el que has estado en el partido?

— Un amigo— responde cortante mi antigua alumna a la madre de uno de sus alumnos

La madre de Dirk nos deja solos en la entrada, ahora es ella la que va a la habitación de Liam para ver como están los tres pequeños. Nos deja unos momentos de intimidad que presiente nos van a ir bien.

— ¿Qué hace ella aquí?— cuestiona mi antigua alumna celosa y rodeando mi cuello con sus brazos— Te toca demasiado, la forma en que te ha abrazado en el gol del Arsenal no es normal

— Granger no se que pretendes, realmente no lo comprendo— digo suavemente besando sus labios

— Tenerte a ti solamente para mi, que ninguna otra mujer pueda tocarte como lo hago yo— responde besándome y acariciando mi cuello

Con mucha fuerza de voluntad me separo de esa joven sabelotodo que me tiene cada vez más hipnotizado, no se que me da cada vez que me toca o que me besa. Dejándola en medio del pasillo vuelvo al salón, donde ahora están todos mis invitados y mi pequeño. Los niños al ver aparecer a Hermione sonríen y van a saludarla.

— Te hemos visto con tu novio, señorita— canturrea Isaac

Los tres niños empiezan a decir La profe tiene novio, la profe tiene novio. Una risa escapa de los labios de Becca al ver a los tres pequeños decir eso mientras Granger intenta decirles que no era su novio, que únicamente era un amigo que la había invitado al fútbol.

— Niños dejar en paz a la profesora— intervengo— Si es, o no es, su novio no tiene que importarnos— termino de decir

— Dirk, Isaac— llama Becca— ya es hora de irnos para casa a cenar y de dejar tranquilo a Severus. ¿Quieres venir a dormir a casa esta noche, Liam?

Los ojos de mi hijo se iluminan, casi tanto como lo hacen los de Granger, y yo se que no me voy a poder negar. Por un lado agradezco que mi "amiga" vaya a llevarse a mi hijo una noche pero por el otro se que lo hace para dejarme a solas con Granger y no me gusta, no me gusta en lo más mínimo que sepa lo que despierta mi antigua alumna en mi.

— Papi, por favor, deja que vaya a casa de Dirk a dormir— me suplica mi pequeño juntando las manos— Me portaré bien, lo prometo

Cinco pares de ojos se centran en mi, en mi respuesta a una petición formulada de semejante forma lastimera. Al final, después de dar un trágico suspiro, acepto a que vaya a dormir a casa de uno de sus mejores amigos.

— Por esta vez puedes ir, pero ya sabes que si Becca me dice que no te has portado bien no te dejaré ver Bob Esponja en todo un mes— advierto mortalmente serio

Los tres niños saltan contentos con mi respuesta y se preparan para irse. Voy a mi habitación y cojo tanto el abrigo como el bolso de la madre de Dirk. Una vez ya están preparados para marcharse beso la frente de mi hijo y le vuelvo a advertir que se porte bien. Al cerrar la puerta noto como unas manos me rodean por la espalda.

— Tenemos toda la noche para nosotros solos— escucho su voz contra mi oído— Debemos aprovecharlo

— ¿Jugando al parchís?— contesto de forma irónica girándome y mirándola directamente a los ojos

— Mejor al monopoly— responde ella de la misma manera con una espectacular sonrisa

Mis manos empiezan a desabrochar la camisa de ella mientras noto como sus manos se posan en mi trasero. Sin prisa vamos caminando a trompicones hasta la habitación, hasta la cama. Antes de tumbarla le quito la camisa dejando su torso perfecto al descubierto.

— Severus, tócame— pide recostada en la cama viendo como la estoy devorando con la mirada— Tócame, bésame, lámeme entera y muérdeme

A cada palabra que va diciendo lo va haciendo de forma más provocativa, más sexual, tocándose para mi. El ver como su mano se cuela bajo su ropa interior, que ella misma se está dando placer, hace que me vuelva loco. En menos de un segundo me desabrocho el pantalón y mi duro miembro reclama hundirse entre las piernas de esa mujer preciosa que se está masturbando para mi

— Granger— gimo tumbándome encima suyo y penetrándola de una sola vez

Las embestidas empiezan lentas, quiero hacerla suplicar y hacerla pagar por todo lo que ella me está afectando, porque su recuerdo no me ha dejado dormir ninguna de estas últimas noches. Y las súplicas llegan pocas envestidas más tarde.

— Más rápido, por favor, Severus— pide gimiendo como una loca, enrollando sus piernas en mi cadera, clavando sus uñas en mi espalda y moviéndose para intentar darle más velocidad

— No sea impaciente, Granger...tenemos toda la noche

TBC...

Quinto capítulo, en el que Severus está que no puede dejar de pensar en Hermione y la noche que pasaron. El estadio de fútbol, Herm marcando el territorio frente a Becca y otra noche de pasión. De todo un poco que muestra como una vez que se tocan ya no pueden dejar de hacerlo.

Un saludo y gracias por leer la historia, sois muy amables.