CAPITULO VII

Soy viudo, desahogo sexual de una mujer 20 años menor que yo, y tengo un hijo de 6 años. Nunca en mi vida cuando trabajaba en Hogwarts me hubiera llegado a imaginar que me enamoraría de una mujer, quien me daría un hijo, y que después de su muerte me estaría tirando a Granger. Lo que tengo ahora mismo con mi antigua alumna no se lo que es, tampoco quiero pensarlo.

— Estás muy guapo, Severus— escucho su voz suave detrás de mi

— No hace falta que me ensalces para seguir teniendo sexo— susurro con una leve sonrisa ladeada girándome

Un traje negro, una camisa verde oscura, una corbata negra, un elegante anorak y el pelo recogido en una leve coleta. Esta es la forma en que he ido al colegio de mi hijo para su fiesta de Halloween, ésa a la que no quiero asistir pero que como me pasó con el partido del Arsenal he tenido que tragarme mi orgullo para hacer feliz a Liam. Ése pequeño que está encantado de ir disfrazado de pirata con su parche en el ojo y su pata de palo, según él es el nuevo Jack Sparrow.

— Una tarde realmente encantadora— comento con sarcasmo— Rodeado de niños hiperactivos disfrazados, y de marujas que no dejan de hablar de temas insustanciales mientras sueltan risitas idiotas

— Debo de seguir saludando a los demás padres

Tras estas palabras Granger se va y yo me dirijo a donde están Margaret y Becca, las dos se están riendo de alguna cosa que no llego a comprender hasta que veo a Isaac y a Dirk. Los dos mejores amigos de mi hijo también van de piratas, ellos no llevan ni parche ni pata de palo, a diferencia de Liam, lo que si tienen son sombreros y espadas de plástico.

— Parece que aquí llega el tercer pirata— dice Margaret con una sonrisa al mirar el aspecto de mi hijo— y el importante ejecutivo— añade mirándome tan arreglado

— Nada de bromas, Margaret— advierto dejando bien claro que no estoy de humor, que el estar allí no es algo que me agrade

— Que carácter, cualquiera diría que estás teniendo sexo— susurra la madre de Isaac tranquilamente con una sonrisa en sus labios

Mi mirada se centra en ella durante un segundo, después va hasta los ojos de Becca, quien me está mirando con otra sonrisa leve. Se lo ha contado, ahora las dos mujeres lo saben. A duras penas contengo la rabia que me está recorriendo, cierro mis manos y aprieto fuertemente mis puños. No voy a dar el espectáculo por mi hijo, porque no quiero que los padres de los demás compañeros piensen que soy la mitad de siniestro que en realidad soy. Tardo unos segundos en tranquilizarme, mis manos dejan de apretarse y los nudillos dejan de estar blancos. Antes de coger por el brazo a Becca, y sacarla "amablemente" de la clase, miro que Liam esté jugando con sus amigos y compañeros de clase.

— Ahora volvemos— susurro haciendo que la madre de Dirk salga de la clase conmigo

Caminamos hasta el final del pasillo en silencio, ambos sabemos que estoy muy cabreado y que como digamos algo antes de llegar a un lugar sin gente se va a armar un buen lío. Mientras caminamos pienso en la suerte que ha tenido Becca de conocerme ahora, si lo hubiera hecho en el mundo mágico no habría salido indemne por contar algo tan personal mío, el sufrimiento de la maldición Cruciatus lo hubiera vivido en sus propias carnes. Al torcer a la izquierda la primera puerta que encontramos es un baño que está desocupado.

— Entra— ordeno con voz suave pero amenazadora

La mujer de unos treinta o treinta y cinco años me hace caso, parece que se ha dado cuenta que es mejor no tentar más a su suerte. Al entrar detrás de ella cierro con el seguro, nadie nos va a molestar en la interesante charla que vamos a tener y en la que me va a contar porque va aireando mi vida.

Becca me sostiene la mirada sin amedrentarse, parece que el que mi mirada esté aniquilándola no surge ningún efecto en ella. La tenue sonrisa que tenía en sus labios la sigue teniendo, no varía ni un milímetro.

— No era mi intención contar que te estás acostando con la profesora de nuestros hijos— empieza a hablar tranquila acercándose a mi y aflojándome un poco el nudo de la corbata— Estaba conversando con Margaret de Liam, de la buena labor que estás haciendo como padre y de repente surgió que estabas con ella, nada más. No tienes porque tomártelo tan mal

— Nadie tiene derecho a airear mi vida privada, y eso te incluye a ti— susurro mirándola directamente a los ojos— Agradezco que os preocupéis por mi hijo pero no deseo que habléis de mi vida

— Katherine estaría feliz de que estés rehaciendo tu vida con alguien como Hermione

Esas palabras han logrado que mi rostro se suavice levemente, que pase del más absoluto enfado a la culpa que siempre siento después de acostarme con Hermione. Pensar que la madre de Liam estaría feliz de que esté con otra persona, aunque solo sea en el ámbito sexual, y que vuelva a rehacer mi vida es algo que no se me habría ocurrido. En mi pesimismo y autoculpa jamás se me habría ocurrido pensar que ella se alegraría por mi, que estaría deseando fuera feliz de nuevo, aunque conociendo el buen corazón que tenía seguro que realmente vería a Granger con buenos ojos.

— Y ahora que ya te he pedido perdón lo mejor será que volvamos a estar con Margaret, con nuestros hijos— habla Becca sacándome de mis pensamientos— Además no quiero que una mujer más joven que yo me asesine con la mirada por haber desaparecido con el hombre del que está enamorada— termina de decir como si tal cosa la madre de Dirk

Ante las últimas palabras me quedo más tieso que al recibir un Petrificus Totalus, no puede ser que haya escuchado lo que creo que he escuchado.

— ¿Ena...morada?— cuestiono temblando y en un susurro muy débil

La mirada de esa mujer que tengo delante es de sorpresa, parece que sí que sabía lo que Granger supuestamente siente por mi.

— Hombres, sois tan obtusos para todo— contesta con un bufido de indignación— Se nota a leguas que ella realmente está enamorada de ti: por como te mira, por la forma en que te sonríe, por como es de posesiva, y por como cuida de Liam— termina de enumerar saliendo del baño

No puede ser que Granger esté enamorada de mi, no puede ser verdad. Pensar en que mi antigua alumna siente algo tan fuerte por mi hace que empiece a sentir demasiado calor, hace que comience a ahogarme. Abro un grifo y con agua helada me mojo la cara y el cuello, me desabrocho el primer botón de la camisa y me aflojo todavía más el nudo de la corbata. Estoy entrando en un ataque de pánico porque la mujer con la que comparto relaciones sexuales siente algo más, porque nuestros escarceos para ella significan más de lo que he llegado a imaginar. La idea de que Becca pueda estar equivocada no se me cruza por la mente, ella es una mujer y supongo que distinguirá perfectamente éstas cosas.

— No puede ser, no puede ser— me repito intentando tranquilizarme— No puede ser

Permanezco cinco minutos más en el baño, se que no puedo esconderme más como un cobarde. Vuelvo a arreglarme como si no hubiera estado a punto de sufrir un ataque de ansiedad, ante todo no mostrar la turbación y el pánico que me ha hecho sentir semejante confesión de una mujer respecto a los sentimientos de otra. Caminando muy lentamente me dirijo al aula donde está mi hijo, Granger y el resto de la humanidad. Si ya pensaba que nada podía ir peor me equivocaba, al llegar a la puerta veo dentro de la clase a Potter. El hijo de Lily está rodeando con su brazo la cintura de Granger, los dos están conversando muy alegres sin darse cuenta todavía de mi presencia en la puerta.

— Papá— escucho la voz de mi hijo corriendo en mi dirección

— ¿Qué tal te lo estás pasando?— pregunto agachándome para quedar a la altura de Liam y haciendo el esfuerzo de sonreírle, no quiero que se de cuenta de que algo va mal, realmente muy mal

— Muy bien, papá— contesta— Dirk e Isaac tienen envidia de mi parche y de mi pata de palo— responde con una gran sonrisa

La sonrisa de mi hijo hace que olvide el pánico sentido hace unos minutos. No tengo porque angustiarme por Granger, lo único importante en mi vida es Liam y siempre será él. Ahora que he vuelto a recuperar el sentido común, que he vuelto a establecer las prioridades que con semejantes palabras de Becca había perdido, estoy mejor.

— Dentro de un poco nos iremos para casa, así que ves a jugar con tus amigos hasta que nos marchemos

— ¿Podré ir a pedir caramelos por las casa esta noche?— me pregunta antes de irse

— Después de cenar si estás despierto— prometo

Con su enorme sonrisa, y después de darme un abrazo, entra de nuevo a su clase. Yo decido quedarme en el pasillo, me siento mejor sin estar rodeado de gente y sabiendo que Potter puede verme en cualquier momento. Camino unos metros por el pasillo hasta llegar a una ventana, que me deja ver como en el exterior está comenzando a llover suavemente. Ver caer la lluvia me hace entrar en una especie de hipnotismo, logra que sienta una tranquilidad no demasiado normal.

— Parece que alguien está llorando allí arriba— escucho su voz tranquila a mi lado

— Granger, no estoy de humor— aviso— No me molestes

Mi antigua alumna no dice nada pero si que entrelaza una mano suya con la mía, es un gesto tierno e íntimo, demasiado íntimo en un lugar tan público como en el que estamos. Intentando no ser demasiado brusco, no deseando volver a ser un hijo de puta con Granger, me suelto y decido que debo hablar con ella. Carraspeo, dejo de mirar la lluvia caer, y me giro para quedar frente a frente con ella. Noto que en su mirada hay preocupación y celos, noto que Becca tenía razón en su afirmación sobre los sentimientos de Granger.

— Tenemos que hablar— susurro muy cerca de su oído— Esta noche en mi casa, cuando te hayas librado de Potter

Noto su mano agarrando mi corbata, acercándome más a ella y deseando que le bese el cuello. Logro mantenerme cuerdo pensando en que ella está enamorada de mi, en que no puedo seguir con esto para no dañarla más, porque aunque yo no siento lo mismo he llegado a apreciarla y no quiero que sufra más por mi culpa.

— ¿Qué pasa Severus?— responde con un tono que sabe algo va mal— ¿Es por la madre de Dirk?

Antes de que logre separarme completamente, ella une sus labios con los míos y yo vuelvo a sentirme bien. No se que tiene Granger pero el contacto con ella siempre logra que deje de sentirme un desgraciado, es como una cura que necesito para sentir que realmente queda algo bueno en mi.

— No pasa nada Granger, únicamente necesito hablar con alguien y tú eres la única con la que puedo— respondo suavemente después de romper el beso— No creo que nadie más me tomara enserio si hablara de magia, varitas y un castillo— bromeo intentando aligerar el peso que se había instalado en mi antigua alumna al escuchar mis palabras

— Pensé que no querías volver a hablar de magia— responde alzando una ceja sin creerse lo que le estoy contando

— Esta noche a las 9 te espero, Granger— sentencio sin decir nada más

Camino hasta dentro del aula y hago que Liam se despida de sus amigos, aunque no tenga demasiadas ganas de irse. Con un movimiento de cabeza digo adiós a Margaret y Becca, quienes me sonríen a modo de despedida. Al salir por la puerta nos encontramos con Granger que está a punto de entrar, mi hijo al verla la abraza y ella le da un beso en la frente.

— Estás muy guapo de pirata, Liam— dice agachándose y dándole una sonrisa

— Mi papá me ha comprado el disfraz, es el mejor— contesta mi pequeño— Y esta noche me llevará a pedir caramelos

— Si sigue lloviendo no podremos ir a por caramelos— advierto cogiendo su mano y sacándolo al pasillo

Cargo a mi hijo en brazos y le pongo por encima mi anorak, para evitar que se moje en el corto trayecto hasta casa. La lluvia cae sobre mi cuerpo, mojándome la chaqueta del traje y toda la cara goteando agua. Por la calle no hay nadie, todos están en sus casas disfrutando del cálido ambiente y no de la gélida temperatura debido a la tormenta que se está creando.

Al llegar a casa, y dejar a Liam en el suelo, me quito la chaqueta y me intento secar un poco la cara. Mi hijo ha llegado completamente seco gracias a la protección que le ha brindado mi anorak, que está completamente empapado pero que ha servido para evitar el seguro catarro del pirata que ya está corriendo a su habitación.

— Liam, voy a darme un baño, no destroces nada— advierto al pasar por delante su habitación

Lentamente me voy desanudando la corbata, desabrochando la camisa tras quitarme la chaqueta, me desanudo los zapatos para después quitarme los calcetines. Únicamente con los pantalones puestos entro en el baño y enciendo la bañera, tranquilamente espero a que el agua se caliente y que la bañera se llene. Justo cuando estoy a punto de quitarme los pantalones y los boxers veo a Liam en la puerta, mirándome con carita de adoración.

— ¿Puedo bañarme contigo, papi?— pregunta con vergüenza porque semejante petición es de niño pequeño y no de seis años

— Ven aquí, pirata— respondo con una sincera sonrisa estirando mis brazos desnudos en su dirección

Mi hijo corre hasta donde estoy yo y oculta su cabeza en mi desnudo torso. Después de unos segundos lo separo de mi y le empiezo a quitar el disfraz, él se quita el parche del ojo y la pata de palo. Una vez ya está desnudo entra en la bañera, yo sigo su ejemplo y primero los pantalones para después hacer lo mismo con los boxers.

— Papá, te quiero— escucho la voz de mi hijo al entrar en la bañera— Gracias

— ¿Por qué? — pregunto sin entender porque me está agradeciendo mi pequeño después de decirme que me quiere

— Por cuidarme y por quererme

Sus palabras hacen que mi corazón se deshaga, que toda la negrura que tiene desparezca. Las palabras de mi hijo de 6 años me han dejado completamente sin palabras, parece que después de todo no lo estoy haciendo tan mal. Sin darme cuenta una traicionera lágrima escapa de mis ojos, la que hace que sea humano y que demuestra lo mucho que quiero a mi pequeño, lo mejor que me ha dado esta vida y que me dio Katherine.

— Soy tu padre, no tienes que agradecerme nada— susurro abrazándolo y acariciando su pelo mojado— Tu madre desde el cielo te sigue queriendo y cuidando

— Hecho de menos a mamá— contesta triste— quiero que vuelva

— Eso es imposible Liam, sabes que no la volveremos a ver aunque siempre esté con nosotros y que la llevemos aquí— termino de decir tocando su pecho donde está el corazón

Mi hijo me ha convertido en todo un sentimental, un tonto sentimental que nada tiene que ver con el desgraciado Snape del mundo mágico, ése que mató a inocentes por juntarse con quien no debía. Pasamos un rato tranquilos en la bañera, Liam abrazado a mi y yo tocándole el pelo mojado y besándole la frente. El agua está perfecta, nuestros cuerpos se están quedando tan arrugados como pasas, y eso es lo que me hace notar mi hijo.

— Papá somos un par de pasas arrugadas— dice enseñándome su mano y poniendo una cara de disgusto

— Será mejor que nos enjabonemos, nos aclaremos y salgamos ya

Enjabono el pelo de Liam con champú, después mientras él está limpiándose con su esponja yo me lavo el pelo. Un par de minutos más tarde, ya limpios, salimos de la bañera. Cojo mi albornoz verde oscuro y enrollo en una toalla a mi hijo. Lo cargo en brazos y lo llevo hasta su habitación, donde él coge sus calzoncillos de Bob Esponja y yo saco su pijama de Spiderman. Sonrió de medio lado al pensar en lo absurdo que es estar poniéndole a mi hijo un pijama de un superhéroe inventado por un muggle, que se ha hecho millonario por la creación.

— Ahora espera a que me ponga yo también el pijama— digo— Que después te secaré el pelo, no vaya a ser que te pongas malo y tengas que quedarte en la cama muchos días

— No quiero ponerme malo— me contesta sentándose en la cama y acariciando su manta— Esperaré aquí, papá

Vuelvo a mi habitación para quitarme el albornoz y ponerme un pijama negro de seda que tengo, los primeros botones los dejo sin abrochar porque dentro de casa hace calor debido a la calefacción. Con una toalla secándome el pelo entro en la habitación de mi hijo, quien está igual que como lo dejé hace unos segundos.

Una vez le seco el pelo y me lo seco yo también, voy a la cocina para ver que prepararé para esta noche. Un poco de pescado a la plancha con un acompañamiento de un revuelto de patatas y salsa suave de zanahoria.

— La cena está casi lista— aviso media hora después a Liam saliendo de la cocina— Ven a por los vasos

Obedientemente coge dos vasos y los va a poner encima de la mesa, después vuelve y coge los cubiertos. Los platos los llevo yo con la cena puesta. Ambos empezamos a comer tranquilamente, con el sonido de la tormenta de fondo.

Unos golpes en la puerta hacen que me levante y vaya a mirar quien es. En la puerta me encuentro con Granger, está chorreando y temblando de frío. La hago pasar hasta el salón, donde mi pequeño se extraña al ver a su profesora en semejante estado.

— Será mejor que te des una ducha caliente antes de que cojas una neumonía— advierto abriendo la puerta de mi habitación para que entre al baño

Ella no dice nada, acepta encantada el poder entrar en calor de alguna forma. Mientras ella se quita la ropa mojada y logra que su cuerpo vuelva de nuevo a entrar en calor yo le dejo una camisa encima de la cama, supongo que llegará para cubrirle hasta la mitad de las piernas.

— ¿Qué hace la profe en casa?— pregunta mi hijo

— La he invitado yo, necesito hablar con ella de unas cosas— digo poniendo otro plato en la mesa— Tu profesora es alguien a la que conozco desde hace mucho tiempo, Liam

— ¿Sois amigos?— pregunta ahora con inocencia mi pequeño

— Sí, podría decirse que ella y yo somos amigos

Parece que con esa respuesta se queda satisfecho, bendita inocencia la de los niños pequeños. Él sigue comiendo sin darse cuenta de nada, piensa que solo es amistad algo que realmente no se como calificar. Granger hace que sea mejor persona, logra que mi interior arda cuando toco su piel, y consigue que tenga remordimientos por no poder darle lo que ella espera que le de. Lo que me está haciendo sentir es algo realmente que no se como calificar, no es nada que haya sentido antes. Lo que sentí por Lily ahora puedo afirmar que era algo platónico, lo que sentí por Katherine era amor del que cualquiera desearía tener, pero lo que Granger está haciendo en mi no se lo que es.

— Toma, profe— escucho a mi hijo darle el secador a Granger que está saliendo de la habitación con mi camisa puesta— Si no te secas pronto el pelo te pondrás mala

La forma en que dice todo es tan sumamente encantadora que me cuesta creer que una persona tan inocente sea hijo mío, que nunca he sido buena persona. Los ojos de Granger se vuelven medio acuosos por semejante detalle de mi hijo, pero se recupera y acepta el objeto con una gran sonrisa y un gran abrazo, ese que suelen dar las madres a sus hijos cuando están orgullosos de ellos, ese abrazo que yo nunca tuve con mi madre pero que veo como se lo dan Becca y Margaret a Dirk e Isaac.

— Gracias por evitar que me ponga enferma, eres todo un caballero— contesta sin dejar de abrazarlo

— Eres amiga de mi papá, tengo que cuidarte profesora— dice con una gran sonrisa sin separarse de ese abrazo que necesita tanto

— Liam, deja que Granger cene y se acomode— pido con una voz muy suave— Ves a lavarte los dientes y a la cama, que hoy ha sido un día muy largo para un pirata como tú

Mi hijo no se queja, acepta mi orden y se dirige al baño para lavarse los dientes y vaciar su vejiga antes de ir a dormir. Mi antigua alumna, y muy apetecible mujer actualmente, mira como mi pequeño me obedece y se queda asombrada. Todavía se asombra más cuando después de obedecerme vuelve a donde estamos y le da un beso en la mejilla

— Buenas noches, profe

— Buenas noches, cielo— responde ella tras recuperarse de lo que acaba de hacer mi pequeño— Duerme bien

— Mi papá me protege— dice ahora él para venir hasta mi y darme un beso en la mejilla

— Descansa, pirata, que yo velaré tus sueños

Con una gran sonrisa, y los ojos medio cerrados del sueño, Liam camina arrastrándose hasta su habitación. Voy a arroparlo y a apagarle la luz, para que se sienta realmente cómodo durmiendo y que no sienta tanto la tormenta. Al salir me encuentro a Granger cenando lo que he cocinado, parece que le está gustando.

— Esto está delicioso, Severus

— No te esperaba con la tormenta— digo sentándome a su lado

— Habíamos quedado y yo nunca falto a una cita con alguien tan importante— contesta sonriendo al terminar de comer

Me levanto y recojo su plato, lo llevo a la cocina y vuelvo al salón donde ella está conectando el secador para utilizarlo. Se sienta en el sofá y empieza a secar su castaño cabello, ese que cuando era mi alumna parecía un estropajo y que ahora ha conseguido domar. Sin darme cuenta camino hasta donde ella está sentada, le agarro el secador y ella se gira sorprendida.

— Déjame a mi, Granger— susurro contra su oído

Ella cede a mi petición, noto como le tiembla la mano y como su cuerpo está temblando. Me sitúo detrás de ella y empiezo con mi labor de evitar que mi antigua alumna se enferme. Tocar su cabello es relajante, y más por los suaves gemidos que se le escapan de entre los labios. El verla así, tan vulnerable, haga que quiera protegerla de todo y de todos, un sentimiento de protección nace en mi al tenerla de semejante manera entre mis brazos. Mis labios empiezan a dar suaves besos por su cuello y por su oreja, quiero que sepa que podrá contar siempre conmigo porque me importa, porque en dos meses ha conseguido lo que no consiguió en siete años, que la vea como un ser humano y no como una insufrible sabelotodo.

— Granger— susurro contra su oído mientras una de mis manos toca su húmedo cabello para con la otra darle calor con el secador

— ¿Sí?— contesta en un ronroneo

— ¿Estás enamorada de mi?— pregunto sin dejar de besar su cuello y de secar su pelo

— Sí— responde de forma inconsciente sin darse cuenta hasta unos segundos más tarde de lo que ha dicho

Al darse cuenta se separa de mi, se gira y me mira con cara de espanto. La cojo por un brazo suavemente y evito que se separe más, esta conversación es realmente necesaria para ambos y la vamos a tener.

— Severus, yo... — empieza a decir bajando su cabeza avergonzada

El verla de nuevo como una niña de once años me hace sonreír levemente, me hace recordar cuando en mis clases estaba todo el tiempo con la mano levantada y yo le quitaba puntos a su casa por sabelotodo. Muy suavemente alzo con mi mano su barbilla, para que me mire a los ojos.

— Hermione— digo suavemente— tenemos que hablar

— Se que tú no sientes lo mismo— se apresura a decir ella nerviosa sin darse cuenta de que por primera vez la he llamado por su nombre, no por su apellido

— No quiero lastimarte— empiezo a decir— Yo todavía sigo amando a la madre de Liam— confieso— Pero ahora has aparecido tú y has logrado que cuando estoy contigo me olvide de Katherine

— Para mi nunca ha sido solo sexo, Severus— susurra mirándome a los ojos— En Hogwarts siempre te admiré y ahora me he enamorado de ti, del hombre y padre que eres

Beso sus labios suavemente, quiero mostrarle que para mi aunque no sepa que ha sido tampoco ha sido solo sexo. Me separo de ella y la miro a los ojos que tiene entrecerrados, parece que ha disfrutado del contacto.

— Siento no poder quererte como lo haces tú conmigo— me disculpo rodeándola con un brazo por los hombros y acercándola a mi

— Se que acabarás haciéndolo— responde ahora Granger muy convencida

— Tan sabelotodo como siempre, loba Granger— ronroneo contra su oído— Y yo no soy quien para llevar la contraría a la alumna más inteligente de Hogwarts del último siglo— termino de decir carcajeándome contra su oído

TBC...

Séptimo capítulo, el cuarto desde el punto de vista de Severus. Aquí con un poco más de sentimiento y no tanta pasión, que aquí la cosa va al revés y se empieza con sexo para terminar en sentimientos xD. Capítulo en que Liam ha sido más encanto que nunca, en que la cosa parece que va para delante y gracias a la confesión de Becca xD.

Un saludo, gracias por leer la historia y por comentar, sois muy amables.