CAPITULO 5
Bella compuso un rostro alegre durante el resto del día, fingiendo con toda su alma que el hecho de que Edward Masen la hubiera rechazado no le importaba en absoluto. Y sin embargo, le resultaba desolador. Era tímida con la mayoría de los hombres, pero Edward le había hecho salir de su caparazón, haciéndola sentirse femenina. Por eso se iba acercando demasiado a el, como si no pudiera esperar para que la rodeara con sus brazos y la besara. Nunca había sido tan directa con nadie.
Por supuesto, sabía que no era bonita ni deseable. Además, Edward era mucho mayor que ella, y seguramente le gustaban las mujeres bellas y sofisticadas que sabían como comportarse. Tal vez no fuera el jefe del rancho, pero llevaba un buen coche y seguramente ganaba un buen sueldo. Además, era muy guapo y encantador. La había salvado de Mike Newton y le había conseguido un aumento de sueldo y un ascenso. Seguramente se abría llevado el susto de su vida cuando se acerco a el como si tuviera algún derecho. Seguía avergonzada cuando salió aquella tarde del almacén.
-¿Te ocurre algo, Bella?- le pregunto Seth Clearwater mientras cerraban.
Ella lo miro y forzó una sonrisa.
-No, señor, nada en absoluto. Ha sido un día largo-.
-Se trata de Newton, ¿verdad?- le pregunto el. –Estas preocupada por tener que declarar-.
Bella se alegro de tener una excusa para parecer tan apesadumbrada.
-Supongo que me agobia un poco- confeso.
Seth suspiro.
-Bella, es una desgracia que haya hombre como en el mundo. Pero si no testificas, se saldrá con la suya. La razón por la que has tenido problemas con el es por que otra pobre chica no se atrevió a enfrentarse a Newton delante de un jurado. Ella lo dejo pasar. Si lo hubiera condenado por acoso sexual, seguramente ahora estaría en la cárcel. Y habría impedido que te atacara a ti-.
Bella estaba de acuerdo.
-Supongo que eso s cierto. Es solo que… hay hombres que creen que una mujer los esta provocando por el mero hecho de mirarlos-.
-Lose. Pero ese no es el caso. Edward testificara y contara lo que vio. Estará allí para apoyarte-.
Pero eso no hacia que se sintiera mejor, por que probablemente Edward pensaría ahora que ella acosaba a los hombres, teniendo en cuenta el modo en que la había rechazado. Pero no podía contarle eso al señor Clearwater.
-Ahora vete a casa, cena bien y deja de preocuparte- le dijo el con una sonrisa. –Todo saldrá bien-.
Bella dejo escapar un suspiro y sonrió.
-Me recuerda usted a mi abuelo. El siempre me decía que todo iba a salir muy bien si sabíamos esperar. Era la persona más paciente que he conocido.
-Yo no soy paciente- Seth se rio. –Pero estoy de acuerdo con tu abuelo. El tiempo lo cura todo-.
-Ojala- murmuro ella. –Buenas noches, señor Clearwater. Hasta mañana-.
Bella se metió en la vieja furgoneta que su abuelo, le había dejado en herencia y condujo hasta su casa. Aparco al lado de la vieja y desvencijada casa y la observo durante un instante antes de subir al porche. Necesitaba muchas reformas. El tejado tenía goteras, faltaba un tablón el porche. Los escalones estaban empezando a hundirse y al menos había dos ventanas rotas. Recordó lo que Edward había dicho sobre las mejorías que estaban haciendo en el rancho McCarty, que no estaba tan mal como su casa. La angustiaba pensar que iba hacer cuando llegara el invierno. El último invierno había conseguido llenar a duras penas un tercio del tanque de propano que proporcionaba calefacción a la casa. Había dos calefactores pequeños en ambos dormitorios y una estufa en el salón. Tenían que racionarlo cuidadosamente, así durante los meses mas fríos utilizaban mantas y trataban de ahorrar. Al parecer, aquel año el precio del combustible iba a subir el doble.
Bella no quería pensar en los obstáculos que la esperaban, sobre todo el empeoramiento de la salud de su madre. Si el medico le prescribía mas medicinas, en nada de tiempo estaría hasta el cuello.
Pero decidió que tenía que dejar de pensar en esas cosas. La gente era más importante que el dinero. El problema era que ella suponía la única fuente de ingresos. Ahora iba a verse envuelta en un problema judicial y era posible que el jefe de Edward se enterara y no quisiera que una persona con tantos escándalos trabajara en su almacén. Y peor todavía, Edward podía contarle lo lanzada que había sido a aquel día con el. Bella no podía olvidarse de lo enfadado que estaba cuando se marcho de allí.
Justo cuando había empezado a subir los escalones, los cielos se abrieron y comenzó a llover a cantaros. No había tiempo que perder. En el techo había tres grandes agujeros. Uno estaba justo encima de la televisión, que era la única fuente de entretenimiento de su madre. El aparato tenía casi veinte años y el color no era bueno, pero había sobrevivido desde que Bella era bebe.
-¡Hola!- saludo al entrar.
-¡Esta lloviendo, cariño!- grito su madre desde el dormitorio.
-¡Lo sé, estoy en ello!-.
Bella se precipito a buscar el barreño de plástico que había debajo del fregadero y corrió hacia el salón justo a tiempo de impedir que las gotas cayeran sobre el aparato. Era demasiado grande y pesado para pudiera moverlo ella sola. Su madre no podía levantar ningún peso, y Ángela era muy pequeña. Lo único que podía hacer Bella era protegerla. Dejo el barreño encima y exhaló un suspiro aliviado.
-¡No te olvides de la gotera de la cocina!- volvió a gritar la señora Swan. Tenía la voz muy ronca.
Bella se estremeció. Parecía como si sufriera de bronquitis, y se pregunto como iba a convencerla para que se metiera en la furgoneta si se ponía peor y tenia que llevarla al pueblo a ver al doctor Bates. Tal vez el medico pudiera ir a visitarla a casa. Era un buen hombre y sabía lo obstinada que era su madre.
Bella termino de proteger la casa con todo tipo de barreños y ollas. El sonido de las gotas en el metal y el plástico creaban un ritmo alegre.
Luego asomo la cabeza en el dormitorio d su madre.
-¿Has tenido un mal día?- le pregunto con dulzura.
-Me duele cuando toso-.
Bella se sintió todavía peor.
-Llamare al doctor Bates-.
-¡No!- su madre se detuvo y volvió a toser. –Tengo antibióticos, Bella, Y ya he utilizado hoy la maquina de oxigeno- aseguro con suavidad. –Solo necesito un poco de jarabe para la tos. Esta en la encimera de la cocina-.
La señora Swan sonrió con esfuerzo.
-Intenta no preocuparte mucho, cariño- le pidió. –La vida es así. No podemos hacer nada-.
Bella se mordió el labio inferior y asintió mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.
-Vamos, vamos- la señora Swan extendió sus delicados brazos. Bella corrió a la cama a refugiarse en ellos con mucho cuidado de no aplastar el frágil pecho de su madre. La joven lloro y lloro.
-No voy a morirme todavía- le prometió la señora Swan. –Antes tengo que ver como Ángela termina el instituto-.
Era una broma fija que tenían entre ellas desde hacia tiempo. Normalmente se reían las dos, pero Bella no tenia ganas en ese momento. Su vida se complicaba a cada hora que pasaba.
-Hoy hemos tenido visita- dijo su madre. –Adivina quien ha venido-.
Bella se seco las lágrimas y tomo asiento, sonriendo atreves de las lagrimas.
-¿Quien?-.
-¿Te acuerdas de Jacob, el hijo de Billy Black? Te gustaba cuando tenías quince años-.
En la memoria de Bella se dibujo un vago retrato de un muchacho alto, delgado, con los ojos y el cabello obscuro que nunca se fijaba en ella.
-Sí-.
-Ha venido a verte- le dijo su madre. –Ha estado en el ejército, sirviendo en el extranjero. Esta aquí de visita y quería decirte hola. Le he dicho que venga a cenar- concluyo sonriendo.
Bella contuvo el aliento.
-¿A cenar?- se quedo muy quieta. –Pero solo tenemos estofado, y apenas nos alcanza para nosotras-.
La señora Swan se rio con aspereza.
-Dijo que iba a traer pollo asado con patatas y galletas con miel de Seattle. Podemos calentarlo en el horno si se enfría en el camino-.
-¿Un pollo de verdad?- pregunto Bella abriendo mucho los ojos ante la perspectiva de comer proteína. Ellas solían comer estofado y sopas con muy poca carne por que era muy cara. -¿Y galletas con miel?-.
-Creo que le di la impresión de estar muerta de hambre- aseguro la señora Swan. –no tuve valor de decirle que no. Fue muy persuasivo- dijo con una sonrisa angelical.
-Eres una granuja- bromeó su hija.
-Bueno, yo tenía mucha hambre. El estaba hablando de lo que había cenado su tía y el anoche y yo mencione que se me había olvidado el sabor el pollo. Entonces se ofreció a traer la cena. ¿Qué podía decirle yo?-.
Bella se inclino y abrazo a su madre con cariño.
-Al menos comerás bien una vez esta semana- murmuro. –Y Ángela también. Por cierto, ¿Dónde esta?-.
-En su cuarto, haciendo los deberes- respondió la mujer. –Estudia mucho. Tenemos que encontrar la manera de enviarla a la universidad-.
-Lo conseguiremos- prometió Bella. –Sus calificaciones probablemente serán tan altas que conseguirá becas. Es muy buena estudiante-.
-Deberías de ponerte un par de vaqueros bonitos y una camisa limpia- le aconsejo su madre. –Jacob es un joven muy guapo y no esta saliendo con nadie-.
-¿Se lo preguntaste?- exclamo Bella horrorizada.
-Se lo pregunte con mucha educación-.
-¡Mamá!-.
-No deberías descartar aun posible pretendiente- bromeo. Pero luego se puso seria. –Ya se que te gusta el señor Masen, Bella, pero hay algo en el…-.
A Bella se le cayó el alma a los pies. Su madre solía acertar de pleno en sus corazonadas.
-¿Crees que es un criminal o algo así?-.
-No seas tonta, por supuesto que no. Solo quiero decir que parece fuera de lugar aquí- continuo la señora Swan. –Es inteligente y sofisticado y no actúa como los vaqueros que trabajan aquí, ¿no te has dado cuenta? Es el tipo de hombre que se sentiría en casa en un entorno elegante. Esta muy bien educado y va impecable-.
-Me conto que algún día quiere convertirse en encargado de rancho- le confeso Bella. –Seguramente se esfuerza por crear una imagen que pueda impresionar a la gente-.
-Podría ser. Pero creo que hay algo más en el de lo que muestra-.
-Tu y tu intuición- bromeo Bella.
-Tú también la tienes- le recordó su madre. –Es nuestra conocida capacidad premonitoria. Mi abuela también la tenía. Podía ver lo que iba a suceder con antelación- frunció el ceño. –Hizo una predicción que no tenia sentido. Y sigue sin tenerlo-.
-¿Qué dijo?-.
-Me dijo que yo seria pobre, pero que mi hija viviría como una reina- se rio. –Lo siento, cariño, pero no parece que eso vaya a suceder-.
-Todo el mundo puede cometer alguno que otro error- admitió Bella.
-En cualquier caso, ve a vestirte. Le dije a Jacob que cenábamos a las seis-.
Bella sonrió.
-Me arreglare, pero no servirá de nada. Seguiré pareciéndome a mi misma, no una reina-.
-El aspecto se estropea. La personalidad, no- le recordó su madre-.
Bella suspiro.
-No hay muchos hombres jóvenes que estén buscando una personalidad-.
-Puede que sea el primero. ¡Date prisa!-.
Jacob era un hombre de facciones duras, alto, fuerte y muy educado. Sonrió a Bella y le clavo los obscuros ojos en la cara mientras se sentaba a la mesa con las dos mujeres y la niña. Estaba sirviendo como cabo en una unidad del ejercito en Afganistán, les conto. Era especialista en comunicaciones, aunque también se le daba bien arreglar motores-.
-¿Las cosas están muy mal por haya?- pregunto la señora Swan, que había conseguido sentarse a la mesa con ayuda de Jacob.
-Sí, pero estamos haciendo progresos- aseguro el joven.
-¿Tienes que dispara a la gente?- quiso saber Ángela.
-¡Ángela!- exclamo Bella.
-Intentamos no hacerlo- le contesto Jacob a la niña con una sonrisa. –Pero ha beses nos disparan a nosotros. Estamos acampando en lo alto de las montañas, en zona de terroristas-.
-Debe de ser aterrador- comento Bella.
-Lo es- respondió Jacob con sinceridad. –Pero nosotros cumplimos con lo que nos han mandado y tratamos de no pensar en el peligro- miro a Ángela y volvió a sonreír. –Hay muchos niños alrededor de nuestro campamento. Nos piden caramelos y galletas-.
-¿También hay niñas?- quiso saber Ángela.
-No, no se ven muchas- respondió el. –Tienen costumbres muy diferentes a las nuestras. Las niñas se quedan con las madres y los niños van por hay con los padres-.
-A mi también me gustaría estar con mi padres- dijo Ángela con tristeza. –Pero se ha marchado-.
-Murió- susurro Bella, y Jacob asintió rápidamente.
-Tomate otra taza de café, Jacob- le pidió la señora Swan.
-Gracias. Esta muy bueno-.
Bella había racionado el suficiente como para hacer una cafetera. Era muy caro y raramente lo bebían, pero su madre le había dicho que a Jacob le encantaba el café y, después de todo, había contribuido a la comida.
Después de cenar se reunieron entorno a la televisión para ver las noticias. Poco después Jacob consulto el reloj y dijo que tenía que regresar a Seattle por que su tía quería que la llevara al cine y el le había prometido que lo haría.
-Pero me gustaría volver antes de reincorporarme a mi misión- les dijo. –He pasado un rato muy agradable esta noche-.
-Nosotras también- dijo Bella. –Vuelve cuando quieras-.
-La próxima vez te aremos unos deliciosos macarrones con queso- se ofreció la señora Swan.
Jacob vacilo un instante.
-¿Les importaría si colaboro con el queso?- pregunto. –Hay un tipo en particular que es el que me gusta-.
Ellas entendieron lo que quería decir, pero fingieron que no. Tenia que resultar obvio que eran pobres.
-Eso seria muy amable de tu parte- dijo la señora Swan con genuino agradecimiento.
-Sera un placer- contesto el. –Bella, ¿me acompañas a la puerta?-.
-Claro-.
Bella lo acompaño hasta la camioneta. Jacob se dio la vuelta antes de subir.
-Mi tía tiene una prima que vive aquí. Dice que tu madre esta muy mal- dijo.
-Cáncer de pulmón- respondió ella.
-Si hay algo que yo pudiera hacer, lo que sea…-.
-Eres muy amable, pero nos vamos arreglando- sonrió Bella. –Gracias por el pollo. Se me había olvidado su sabor- añadió imitando a su madre.
El se rio ante su sinceridad.
-Siempre has tenido mucho sentido del humor, Bella-.
-Es más fácil reír que llorar- aseguro ella.
-Eso dicen. Mañana por la tarde me pasare por aquí, si te parece bien, para decirte cuando estoy libre. Mi tía me ha embarcado en una rueda de obligaciones sociales sin fin-.
-Puedes llamarme por teléfono- sugirió Bella.
-Prefiero venir- insistió el. –Así me escapo de tomar el te con una de las amigas de mi tía que tiene una hija soltera-.
-¿Estas huyendo del matrimonio?- pregunto Bella con una sonrisa.
-Eso parece- respondió Jacob apretando los labios. -¿Tu estas con alguien?-.
-No- contesto ella con un suspiro. -¿Y tú?-.
-Ojala lo estuviera- aseguro el encogiéndose de hombros. –Pero ella es la novia de mi mejor amigo-.
Bella se relajo. No estaba buscando una mujer.
-Yo estoy viviendo algo parecido. Solo que el no tiene novia, que yo sepa-.
-¿Y no le gustas?-.
-Al parecer, no-.
-Fíjate que casualidad. Dos compañeros de sufrimiento que se encuentran por casualidad-.
-Así es la vida-.
-Sí- Jacob la miro con ternura. -¿Sabes que? En el instituto era tan tímido que nunca tuve el valor de preguntarte si querías salir conmigo. Me habría gustado. Siempre estabas alegre, sonriendo. Me asías sentir bien-.
Aquello era sorprendente. Bella lo recordaba como un chico distante y estirado que no parecía darse cuenta que ella existía.
-Yo también era tímida- le contesto. –Pero aprendí a disimular-.
-El ejercito me enseño a mi a hacerlo- aseguro Jacob. –Este hombre que te gusta… ¿es alguien de por aquí?-.
Ella suspiro.
-Lo cierto es que es el capataz de un rancho. El hombre para el que trabaja, uno de los hermanos Cullen, ha comprado el rancho McCarty-.
-He oído hablar de ellos- asintió Jacob. –Viven en Phoenix. Uno de sus trabajadores estuvo en mi unidad. Dijo que era el mejor lugar en el que había trabajado nunca. Yo me estoy sacando un titulo en el ejército. Cuando me licencie entrare como aprendiz en un taller mecánico de Seattle, y con un poco de suerte algún día seré socio del dueño. Me encanta arreglar motores-.
Bella lo miro un instante.
-Ojala puedas arreglar el mío- dijo. –Echa humo negro-.
-¿Cuántos años tiene?- pregunto Jacob con curiosidad.
-Unos veinte-.
-Seguramente necesitara cambiar el motor completo- respondió el sin vacilar. –Tal y como están hoy los precios, te compensa mas venderlo para chatarra y comprarte uno nuevo-.
-Eso es imposible- aseguro Bella. –Necesitamos hasta el último peso que yo llevo a casa-.
-¿No has pensado en mudarte a Chicago? Allí podrías encontrar un trabajo mejor-.
-Tendría que llevarme Ángela y a mi mamá conmigo- respondió ella. –Y tendrá que alquilar un sitio para vivir. Aquí al menos tenemos un techo-.
Jacob frunció el ceño.
-Tienes un buen lió- redijo con simpatía.
-Así es. Pero amo a mi familia- añadió. –Preferiría estar con ellas que ser millonaria-.
Los obscuros ojos de Jacob se cruzaron con los suyos.
-Eres una buena chica, Bella. Ojala te hubiera conocido mejor antes de cruzarme con la novia de mi mejor amigo-.
-Ojala te hubiera conocido yo mejor a ti antes de que Edward Masen apareciera en el pueblo- Bella suspiro. –En cualquier caso, me encantaría ser tu amiga. Podemos llorar el uno en el hombro del otro. Y, si me das tu dirección, te escribiré cuando vuelvas a tu misio-.
A Jacob se le ilumino el rostro.
-Eso me encantaría. Me ayudara a despistar a mi amigo. Me pillo mirando la foto de su novia demasiado tiempo-.
-Te mandare una foto mía. Se ofreció Bella. –Puedes decirle que su novia te recordaba a mi-.
Jacob alzo las cejas.
-No seria ninguna mentira. Se parecen bastante: tiene el cabello y los ojos color chocolate. ¿Harías eso por mi?-.
-Por supuesto que si- aseguro la joven. -¿Para que están los amigos?-.
El sonrió.
-Dile a tu familia buenas noches de mi parte. Vendré mañana-.
Bella también sonrió.
-Te estaré esperando-.
Jacob se despidió agitando la mano y se puso en marcha. Ella lo vio irse recordó que todavía quedaba algo de pollo. Tenia que darse prisa en entrar y guardarlo antes de que Ángela comiera demasiado. Si estiraba aquel pollo, podrían comer carne casi toda la semana.
Edward Cullen había pasado un fin de semana muy agradable con su hermano, Rosalie y las niñas. Le vino bien librarse del constante dolor de cabeza provocado por las reformas y estar con la familia, pero tenia que regresar a Forks y arreglar las cosas con Bella. Debió encontrar un modo mas sutil de mantener las distancias mientras se acomodaba a su cambiante relación. La joven había palidecido cuando la aparto. Edward odio tener que dejarla con aquella impresión, pero el deseo súbito que sintió por ella lo había sorprendido he incomodado. No fue lo suficiente fuerte como para volver y enfrentarse a ellas hasta que fue capaz de ocultar sus sentimientos.
Tenia que haber algún modo de arreglar las cosa con ella. Pensaría en algo en el camino de regreso a Forks, se dijo. Bella tenía un corazón de oro y sabía que no le gustaría rencor.
Pero cuando entro en el almacén el lunes por la mañana, se llevo un susto. Bella estaba apoyada en el mostrador, sonriéndole encantada a un joven muy atractivo vestido con pantalones y camisa vaquera.
Si no veía mal, el chico le estaba agarrando la mano. Edward sintió en su interior una explosión de dolor y resentimiento. Bella le había puesto las manos en el pecho y lo había mirado con sus cálidos ojos color chocolate, y Edward la había deseado hasta la locura. Y ahora estaba habiendo lo mismo con otro hombre, un hombre mas joven. ¿Acaso era una seductora sin corazón?
Edward se acerco al mostrador y se dio cuenta que el muchacho no parecía en absoluto molesto por su presencia.
-Hola, Bella- la saludo con frialdad. -¿Ha llegado esa mezcla especial de pienso que te pedí que encargaras?-.
-Lo voy a comprobar, señor Masen- respondió ella educadamente y con una sonrisa.
Entro en la parte de atrás del almacén para comprobar el último pedido que acababa de llegar por la mañana. Se sentía muy orgullosa de si misma por haber sido capaz de disimular que le temblaban las piernas. Edward Masen tenía un efecto devastador sobre sus emociones. Pero el no la quería a su lado, y mas le valía recordarlo. Era una bendición que Jacob hubiera ido ese día al almacén. Tal vez Edward pudiera pensar que tenia otros intereses y que no lo perseguía a el.
-Buenos días- le dijo Edward al joven. –Soy Edward Masen, el supervisor del viejo rancho McCarty-.
El muchacho sonrió y le tendió la mano.
-Soy Jacob Black. Bella y yo fuimos juntos al instituto-.
Edward le estrecho la mano.
-Encantado de conocerte-.
-Lo mismo digo-.
Edward miro hacia las estanterías con aire indiferente.
-¿Trabajas por aquí?- pregunto como quien no quiere la cosa.
-No, estoy en el ejercito- respondió el muchacho, sorprendiendo a Edward. –Estoy destinado en el extranjero, pero me han dado un permiso de dos semanas y he venido a estar con mi tía en Seattle-.
Los ojos verdes de Edward se cruzaron con la mirada obscura del muchacho.
-Eso esta bastante lejos de aquí-.
-Sí, ya lo se- respondió Jacob con naturalidad. –Pero le prometí a Bella que iríamos un día al cine y esta noche estoy libre. He venido a preguntarle si quiere venir conmigo-.
Pues aquí estoy una vez mas espero y les guste. ¡Ha! No se olviden de dejarme un reviews y de pasar a visitar mi otro fic.
