CAPITULO 6

El muchacho estaba en el ejército y salía con Bella. Edward se sintió incomodo tratando de sacarle información. Se pregunto si Jacob estaría seriamente interesado en Bella, pero no tenía derecho a preguntárselo. Ella estaba revisando algunas facturas. Edward la observo en silencio con una mezcla de curiosidad y celos.

Bella necesito unos minutos para calmarse los nervios, pero lo consiguió. Alzo los ojos cuando Edward se acerco al mostrador.

-El pedido llegara el viernes- dijo con el tono más profesional y educado del que fue capaz de articular. –Pero si quieres puedo decirle al señor Clearwater que llame para que lo envíen antes-.

-No hace falta- aseguro Edward con brusquedad y tratando de no mirarla directamente a los ojos. Bella tenía el rostro sonrojado y sin duda se sentía inquieta. Debido seguramente al joven que estaba en el mostrador, pensó molesto. –De acuerdo, entonces vendré a principios de la semana que viene, o enviare a alguien-.

Se despidió de Jacob con una inclinación de cabeza y salió del almacén sin mirar a Bella.

Jacob apretó los labios y se dio cuenta de que ella se había sonrojado.

-Así, que es el-murmuro. –Parece que muerde más de lo que puede masticar-.

-¿Qué quieres decir?-.

-Nada- respondió el joven, pensaba para sus adentros que Edward parecía un hombre que había olvidado mas cosas sobre las mujeres de las que Bella llegaría a saber de los hombres.

Masen tenía un aspecto demasiado sofisticado para ser ganadero, y sin duda estaba acostumbrado a dar órdenes. Bella era demasiado joven y muy poco sofisticada.

-¿Qué me dices d lo del cine?- le pregunto cambiando de tema. –Hoy estrenan tres películas-.

Fueron a la única sala de multi-cines del pueblo. Escogieron una película de dibujos animados que les gusto mucho. Bella se quedo preocupada dejando a su madre y a Ángela solas, pero la señora Swan se negó a que sacrificara su noche. Cuando Jacob la llevo después a casa, se despidió de ella con un beso en la mejilla-.

-Eres una gran chica, Bella. Ojala…-.

-Si, ojala- respondió ella leyéndole el pensamiento. –Pero aveses la vida tiene otros planes. ¿Cuándo tienes que volver a incorporarte al servicio?-.

-Dentro de una semana, pero mi tía tiene cada minuto de mi tiempo planificado- Jacob se puso muy serio. –Si alguna vez necesitas ayuda, confió en que me la pidas. Hare lo que pueda por ti-.

Bella le sonrió.

-Lo se. Gracias, Jacob. Yo te diría lo mismo, pero no se en que podría ayudarte-.

-Te enviare mi dirección- dijo el. –Puedes enviarme esa foto para tranquilizar a mi amigo-.

-Lo hare, no lo dudes- aseguro Bella riéndose.

-Te llamare antes de irme. Cuídate-.

-Tu también-.

Jacob se marcho de hay en su camioneta. Bella se acerco despacio al porche y entro en casa. Aun no había entrado al salón cuando se dio cuenta de que una de las voces que se escuchaban era la de un hombre.

Edward Masen la miro desde el sofá, donde estaba sentado con su madre. Se dio cuenta de que la señora Swan sonreía de manera misteriosa.

-El señor Masen ha venido a ver como me encontraba. ¿No es un encanto?- le pregunto a su hija.

-Si, lo es- contesto Bella con educación.

-¿Te has divertido?- le pregunto Edward. No sonreía.

-Si- respondió ella. –Era una película de dibujos animados-.

-Para niños- murmuro el. Algo en sus ojos verde provoco que a Bella le diera un vuelco el corazón.

-Todos somos niños en el corazón. Seguro que se refería a eso, ¿verdad, señor Masen?- pregunto la señora Swan con dulzura.

-Por supuesto- se apresuro el a responder sonriéndole. –A mi también me gustan-.

-Jacob va a telefonear antes de marcharse al extranjero- le comento Bella a su madre.

-Es un muchacho muy amable- aseguro la señora Swan sonriendo. -¿Le gustaría tomar algo de beber, señor Masen? Bella podría hacer café-.

Edward consulto su reloj.

-Tengo que irme. Pero gracias de todas maneras. Solo quería asegurarme de que estaba bien- le dijo a la señora sonriendo. –El… amigo de Bella menciono que iba a llevarla al cine, así que pensé que se quedaría aquí sola-.

Bella le dirigió una mirada helada.

-Le deje a mi madre el móvil por si ocurría cualquier cosa- dijo con sequedad.

-Si, así es- se apresuro a decir la señora Swan. –Me cuida mucho. Yo insistí en que saliera con Jacob. Hace dos o tres años que Bella no sale de noche-.

Edward se revolvió incomodo.

-Ella no quiere dejarme nunca sola- continuo la señora Swan. –Pero no es justo para ella. Es demasiada responsabilidad para su edad-.

-Nunca me ha importado- la interrumpió su hija. –Te quiero-.

-Ya lo se, cariño, pero deberías conocer a jóvenes agradables. Algún día te casaras y tendrás hijos. No puedes pasarte toda la vida pegada a una anciana enferma y a una niña-.

-Por favor- dijo Bella herida. –No quiero pensar en casarme hasta dentro de muchos años-.

El rostro de la señora Swan demostraba preocupación.

-No tendrías que haberte quedado sola para afrontar esto- se lamento. –Si al menos tu padre hubiera… Bueno, nosotras no pudimos hacer nada-.

-Acompañare al señor Masen a la puerta- se ofreció Bella. Parecía dispuesta a arrastrarlo hasta la puerta antes de permitir que su madre siguiera haciéndole pasar semejante vergüenza.

-¿Me marcho?- pregunto Edward.

-Parece que si- respondió Bella haciéndose a un lado y señalando la puerta de entrada con la cabeza.

-En ese caso, buenas noches- dijo el sonriéndole a la señora Swan. –Espero que sepa que puede llamarme cuando necesite ayuda. No estoy en el ejército, pero también puedo ser útil-.

-Por aquí señor Masen- lo interrumpió Bella con énfasis agarrándolo firmemente del brazo.

-Buenas noches, señor Masen- se despidió su madre. –Gracias por venir-.

-De nada- Edward siguió a Bella hasta el porche. Ella cerro la puerta y Edward alzo las cejas. -¿Por qué cierras? ¿Es que vas a darme un beso de buenas noches y no quieres que tu madre lo vea?-.

Ella se sonrojo.

-¡No te besaría por nada del mundo!-.

Edward jugueteo con el sombrero de ala ancha que tenia entre las manos.

-Ese soldado parece un buen chico- comento. –Responsable. No muy maduro todavía, pero ya crecerá-.

Bella sentía deseos de golpearlo.

-Pertenece a uno de los cuerpos de elite del ejército- le recordó. –Ha participado en misiones en el extranjero-.

Edward alzo las cejas.

-¿Ese es uno de los requisitos que les pides a los hombres con los que sales? ¿Qué sepan esquivar balas?-.

-¡Yo nunca he dicho nada semejante!- exclamo ella.

-Puede ser una buena habilidad, esquivar objetos… Quiero decir, si eres de esas mujeres a las que les gusta arrojar sartenes y cosas así a los hombres-.

-Yo nunca he lanzado nada aun hombre- afirmo Bella tajante. –Pero si quieres entrar en mi cocina, podría hacer una excepción contigo-.

Edward sonrió. Estaba seguro de que no le hablaba así a su amigo el soldado. Bella tenia agallas, y a el le gustaba comprobar que era capaz de hacerla enfadar.

-¿Qué clase de olla estas pensando tirarme?- la reto.

-Cualquiera hecha de acero- murmuro Bella. –Aun que seguro que me la abollas-.

-No tengo la cabeza tan dura-.

Edward dio un paso para acercarse y observo divertido su reacción. Estaba claro que la ponía nerviosa.

Se puso el sombrero en la cabeza y lo hecho hacia atrás. Puso uno de sus largos brazos alrededor de la cintura de Bella y la atrajo hacia si.

-Tienes valor- murmuro con la vista clavada en su boca. –No te arredras ante los problemas ni las responsabilidades. Eso me gusta-.

-No… no debería abrazarme así- protesto ella débilmente.

-¿Por qué no? Eres suave y dulce y me gusta como hueles- Edward comenzó a inclinar la cabeza. –Creo que también me va a gustar tu sabor-.

Edward no necesitaba un manual para darse cuenta de lo inocente que era. Le encantaba el modo en que lo agarraba, casi con miedo, y lentamente apoyo la boca contra los labios ligeramente abiertos y cálidos de Bella.

-Nada fuerte- susurro mientras su boca jugueteaba con la suya. –Todavía es muy pronto para eso. Relájate. Tu relájate, Bella. Es como bailar despacio-.

La boca de Edward cubrió la suya suavemente, abriéndole despacio los labios, tentándolos para permitir una lenta incursión. Las manos de Bella se relajaron y dejaron agarrarle los brazos con tanta fuerza mientras el ritmo lento comenzaba a aumentar los latidos de su corazón y su respiración sonaba áspera y agitada. Edward era muy bueno haciendo aquello, pensó algo mareada. Sabía perfectamente como hacer que se estremeciera de emoción. Jugueteaba con su labio inferior, mordisqueándolo y lamiéndolo hasta que ella se puso de puntillas u exhalo un gemido de frustración, buscando mas pasión.

Edward mordió el labio inferior.

-Quieres mas, ¿verdad cariño?- le susurro con voz ronca.-Yo también. Aguanta-.

Bella le deslizo las manos por los anchos hombros mientras hundía la boca en la suya con avidez. Abrió los labios con estremecimiento, cerrando los ojos.

Era una sensación tan dulce que Bella gimo ante la ardiente pasión que encendía en ella. Nunca había sentido como su cuerpo se estremecía de aquella manera cuando un hombre la abrazaba. Nunca la habían besado tan apasionadamente y con tanta sabiduría. Rodeo con mas fuerza el cuello de Edward con los brazos mientras el la apretaba poderosamente contra su cuerpo, como si también hubiera perdido el control.

Un minuto más tarde, Edward recupero la cordura. Bella solo tenía diecinueve años. Trabajaba para el, aun que ella no lo supiera. Pertenecían a mundos completamente distintos ¿Qué diablos estaba haciendo?

Se aparto bruscamente de ella. Los ojos verdes le brillaban de emoción y le temblaban ligeramente las manos cuando trato de recuperar el control de la respiración. Los celos que sentía por el soldado le habían colocado en la posición que había intentado evitar al marcharse del pueblo durante el fin de semana. Ahora tenia que apechugar con las consecuencias.

Bella se quedo donde estaba mirándolo con ojos soñadores y el rostro sonrojado por el placer de aquel impetuoso intercambio.

-Esto ha sido un error- dijo Edward con brusquedad soltándola.

-¿Estas seguro?- pregunto ella mareada.

-Si, lo estoy-.

-Entonces, ¿Por qué lo has hecho?- quiso saber Bella.

Tenia que pensar en una respuesta adecuada, y el cerebro no le funcionaba del todo bien. La había apartado de si en su último encuentro y se sintió culpable por ello. Ahora no sabía como salir de aquella situación.

-Quien sabe- dijo con pesadumbre. –Tal vez sea la luna llena-.

Ella lo miro con gesto sombrío.

-No hay luna llena. Esta en cuarto creciente-.

-La luna es la luna- respondió Edward con obstinación.

-Esa es tu excusa y te agarras a ella- aseguro Bella.

Edward se le quedo mirando. Le remordía la conciencia.

-Tienes diecinueve años, Bella- dijo finalmente. –Yo tengo treinta y uno-.

Ella parpadeo.

-¿Qué me quieres decir con eso?-.

-Te quiero decir que eres demasiado joven para mí. Y no solo en edad-.

Bella alzo las cejas.

-No resulta precisamente fácil adquirir experiencia cuando vives en un pueblo pequeño y tienes que mantener a tu familia-.

Edward apretó los dientes.

-No me refiero a eso-.

Ella alzo la mano.

-Hoy has tomado demasiado café y la cafeína te ha hecho saltar sobre mujeres que no esperabas-.

Edward frunció el ceño.

-No he tomado demasiado café-.

-Entonces debe tratarse de mi excepcional belleza o de mi encanto sin igual- aseguro Bella cruzándose de brazos y esperando a que el saliera con alguna teoría alternativa.

Edward se calo el sombrero hasta los ojos.

-Ha sido como un ramalazo-.

-Vaya, es el cumplido mas bonito que me han dicho en mi vida- murmuro. –Estabas solo y yo era la única mujer a mano-.

-Lo eras – espeto el.

-¡Vaya! Bueno, también esta la señora Harmon, que vive a un kilometro de aquí-.

-¿La señora Harmon?-.

-Si. Su marido falleció hace quince años. Tiene cincuenta, pero lleva faldas ajustadas y mucho maquillaje. No esta mal-.

-N o estoy desesperado-.

-Debes de estarlo, para ponerte a ligar con niñas de diecinueve años- lo ataco Bella.

-¡No estaba ligando!- aseguro el alzando las manos.

Ella le dirigió una mirada sarcástica.

-Bueno, tal vez si- reconoció Edward encogiéndose de hombros. –Tengo conciencia. Eso es lo que ocurre-.

Así que esa era la razón por la que la había rechazado en el almacén. Bella sintió que se le animaba el alma. El problema no era que la encontraba poco atractiva; solo que pensaba que era demasiado joven.

-Cumplo veinte el mes que viene-dijo ella.

No sirvió de mucho.

-Yo cumpliré treinta y dos dentro de dos-.

-Bueno, durante un mes tendremos casi la misma edad- bromeo Bella.

El se rio brevemente.

-Doce años es mucha diferencia-.

-No lo es en una visión general- señalo Bella.

Edward no contesto.

-Gracias por pasar a ver como estaba mi madre- dijo ella. –Es muy amable de tu parte-.

El se encogió de hombros.

-Quería comprobar si el soldado te gustaba-.

-¿Perdona?-.

-Ni siquiera te dio un beso de buenas noches-.

-Eso es por que esta enamorada de la novia de su mejor amigo-.

-¿En serio?- pregunto Edward con expresión radiante.

-Yo solo soy alguien con quien poder hablar de ella- le aseguro. –Y esa es la razón por la que no salgo mucho, a menos que un hombre quiera hablarme del amor de su vida y pedirme consejo-.

Bella se le quedo mirando unos instantes antes de decir:

-Supongo que tu no tendrás problemas sentimentales, ¿verdad?-.

-Lo cierto es que si. Estoy intentando no tener una relación poco adecuada con cierta mujer-.

-Oh, ya veo- respondió ella sonriéndole.

Edward se acerco un poco mas y jugueteo con uno de los mechones de su cabello.

-Supongo que no le aria daño a nadie si salgo por hay contigo de vez en cuando. Nada serio- añadió con firmeza. –No estoy buscando una amante-.

-Me alegro, por que no tengo intención de serlo- contesto Bella.

-Eso me anima- aseguro el con una sonrisa. –Me alegra ver que tienes suficiente fuerza de voluntad para que no perdamos ninguno la cabeza-.

-Tengo a mi madre- replico Bella-, que te dispararía a los pies si sospecha que me estas llevando a una vida de pecado. Es muy religiosa. Ojala pudiera hacer lago para ayudarla mas-.

-Quererla es probablemente lo que mas la ayude- aseguro Edward antes de inclinarse y besarla suavemente en los labios. –Hasta mañana-.

Comenzó a descender los escalones, se detuvo y se giro para mirarla.

-¿Seguro que lo del soldado no es nada serio?-.

-Seguro- respondió ella sonriendo.

Edward inclino el sombrero hacia un lado y sonrió también.

-De acuerdo-.

Edward pasó una mala noche recordando lo dulce que era besar a Bella. Llevaba semanas luchando con aquella atracción, y había terminado perdiendo. Era demasiado joven para el. Lo sabía. Pero por otro lado, era independiente. Fuerte. Acostumbrada a las responsabilidades. Llevaba años siendo la cabeza de familia, la que llevaba el pan a casa.

Y además, Edward se sentía demasiado atraído hacia ella como para dejarla marchar. Se estaba arriesgando. Pero se había arriesgado en otras ocasiones de su vida por mujeres que estaban muy por debajo de Bella. No haría daño a nadie si iba despacio y veía hacia donde lo llevaba aquello. Después de todo, podía marcharse cuando quisiera, se dijo. El problema iba a ser la distancia que los separaba socialmente. Bella no sabia que el había crecido en medio del lujo, que sus padres estaban relacionados con la mayoría de las casas reales de Europa, que su hermano y el se habían hecho famosos en el mundo entero por sus toros de raza. Estaba acostumbrado a alojarse en hoteles de cinco estrellas, a comer en los mejores restaurantes y a viajar en las limusinas en cada ciudad que visitaba. Viajaba en primera clase. Tenía todo y era sofisticado. Bella estaba acostumbrada a un pueblo pequeño. No entendería su mundo. Probablemente no seria capaz de ajustarse a el.

Pero se estaba planteando problemas que todavía no se habían dado. No estaba enamorado de Bella ni sentía la necesidad de correr hacia el altar de su mano, se dijo. Solo iba a salir con ella un par de veces. Tal vez la besara de vez en cuando. Nada que no pudiera controlar. Le haría compañía mientras montaba el nuevo rancho. Cuando tuviera que marcharse, le diría la verdad. Sonaba sencillo. Era sencillo, se aseguro a si mismo. No era más que otra chica, otra relación superficial.

La disfrutaría mientras durara.

Se fue a dormir finalmente tras haber resuelto todos los problemas en su cabeza.

Al día siguiente, Edward regreso al almacén con otra lista, esta vez de cosas que iba a necesitar para la casa. Estaba deseando ver a Bella otra vez. El recuerdo de aquel beso le había provocado sueños picantes.

Pero cuando llego, se encontró con Seth Clearwater en el mostrador. Parecía preocupado. Edward espero a que el hombre terminara de despachar a su cliente y luego se acerco.

-¿Dónde esta Bella?- pregunto.

-Me llamo desde su casa- aseguro Seth consternado. –Su madre se puso muy mal. Tuvieron que llamar a una ambulancia y llevársela al hospital más cercano. Bella estaba llorando-.

Seth estaba hablando solo, por que Edward ya había salido por la puerta.

Encontró a Bella y a la pequeña Ángela en la sala de espera de urgencias, abrazadas y tristes. Cuando lo vieron entrar, las dos corrieron a sus brazos en busca de consuelo.

Edward se sintió raro. Era la primera vez que se sentía importante para alguien que no fuera de su círculo familiar. Se sentía necesitado.

-Cuéntame que ha pasado- susurro al oído de Bella mientras abrazaba a las dos.

Ella se retiro un poco y se limpio los ojos con la manga de la blusa. Estaba claro que no había dormido.

-Tiro su baso de agua, en caso contrario no me habría dado cuenta de que algo iba mal. Corrió a ver que había ocurrido y la encontré respirando con dificultad. Estaba tan mal que llame al doctor Bates a toda prisa. El envió una ambulancia y se puso en contacto con el equipo de oncólogos del hospital. Llevan con ella dos horas. Nadie nos ha dicho nada-.

Edward las ayudo a sentarse.

-Quédense aquí- dijo con dulzura. –Averiguare que esta ocurriendo-.

Bella dudaba mucho que a un vaquero, aunque fuera capataz, le facilitaran más información que a la propia familia del paciente, pero sonrió.

-Gracias-.

El se giro y avanzó con decisión por el pasillo.