CAPITULO 8

Bella se giro y vio al mismísimo Jacob acercándose hacia ellos con su uniforme completo, con botas militares y boina. Estaba muy guapo.

-Jacob- dijo Bella con afecto acercándose a saludarlo. -¿Cómo has sabido que estábamos aquí?-.

El la abrazo suavemente.

-Tengo una prima que trabaja aquí. Recordó que había ido a verte y que te apellidabas Swan. ¿Cómo esta tu madre?-.

-Acaba de salir de la operación. El pronóstico es bueno. Edward averiguo que había un fondo que lo paga todo, ¿no es increíble? ¡No sabia que hubiera un programa así aquí!-.

Jacob sabía que no lo había. Miro a Edward y, a pesar de esa actitud antipática que tenía, le sonrió. Fue lo suficientemente rápido para darse cuenta de que Edward había intercedido de manera muy generosa por la madre de Bella y que no quería que nadie lo supiera.

-Es muy amable por tu parte haber echo eso por ellas- aseguro diciéndole a Edward con los ojos muchas cosas que Bella no vio.

Edward se relajo un poco. Tal vez el muchacho fuera competencia, pero tenia el corazón en su sitio. Bella le había dicho que era un amigo, pero Jacob debía de importarle mucho ella para haber ido directo al hospital cuando se entero de lo de su madre.

-Son buena gente- se limito a decir.

-Si, lo son-reconoció Jacob. Se giro para mirar a Bella mientras Edward se quedaba enfurruñado.

-Gracias por venir a vernos- le dijo ella.

-Ojala pudiera quedarme- respondió Jacob. –Pero tengo que reincorporarme a mi misión. Voy camino al aeropuerto-.

-Que tengas un buen vuelo de regreso- le dijo Bella. –Cuídate-.

-Lo mimo digo. Y no te olvides de enviarme esa fotografía-.

-No lo olvidare. Hasta pronto, Jacob-.

-Hasta pronto- se inclino para darle un beso en la mejilla, sonrió a regañadientes a Edward y se marcho.

-¿Qué fotografía?- pregunto con agresividad.

-No es para el- dijo Bella, encantada de verlo celoso. –Es para que la vea su mejor amigo-.

Edward no se quedo muy convencido. Pero justo cuando iba a preguntarle, entro el cirujano en la sala de espera con una sonrisa.

Le estrecho la mano a Edward y se giro hacia Bella.

-Tu madre esta muy bien. Ahora mismo se esta recuperando y luego la llevaremos a la sala de cuidados intensivos. Solo durante un par de días- añadió rápidamente cuando Bella palideció. –Es el procedimiento normal. Queremos vigilarla día y noche hasta que se estabilice-.

-¿Podemos entrar a verla Ángela y yo?- pregunto Bella. -¿Y Edward?- añadió señalando hacia el hombre que tenia al lado.

El cirujano vacilo.

-¿Has visto alguna vez a alguien que acaba de salir de una operación, muchacha?-pregunto con cariño.

-Bueno, si, al tío abuelo Charlie… aun que solo lo vi de reojo. ¿Por que?-.

-Los pacientes recién operados están blancos como la cera. Tienen tubos por todas partes y están conectados a maquinas. Puede impresionar si no estas preparada para ella-.

-Mamá vivirá gracias a usted- dijo Bella sonriendo. –Seguro que esta guapísima. Las máquinas no me importan, la ayudan a vivir, ¿verdad?-.

El cirujano también sonrió. Su optimismo resultaba contagioso.

-De acuerdo. Los dejare pasar cinco minutos, no mas- afirmo. –Les avisare en cuanto la traslademos a la unidad de cuidados intensivos-.

-Gracias de todo corazón- dijo Bella.

-Es mi trabajo-respondió el cirujano.

-Debe ser el trabajo más gratificante del mundo- insistió ella. –Yo nunca le he salvado la vida a nadie, pero debe ser maravilloso-.

Cuando el cirujano se hubo marchado, Edward la miro muy serio.

-Yo salve la vida de un hombre en una ocasión-.

-¿Ah, si? ¿Cómo fue?- pregunto Bella.

-Le lance un bate de beisbol y falle-.

-¡Oh, tonto!- Bella lo rodeo con sus brazos y apoyo la cabeza en su pecho. –Eres maravilloso-.

El le acaricio el obscuro cabello. Ángela sonreía por encima de la cabeza de su hermana con expresión feliz. A pesar del dramatismo de la situación, aquel era uno de los mejores días de la vida de Edward. Nunca se había sentido necesario.

A Bella se le permitió entrar en la unidad de cuidados intensivos el tiempo necesario para ver a su madre y quedarse un instante a su lado, Edward estaba a su lado. Bella se sentía insegura a pesar de las esperanzas que le había dado, y se agarro de la mano de Edward como si tuviera miedo de caerse sin su apoyo.

Se quedo mirando la blanca e inmóvil figura que había sobre la cama. Las maquinas soltaban pitidos. El respirador automático emitía extraños sonidos mientras insuflaba aire en el inmóvil cuerpo de su madre. Su pecho subía y bajaba muy despacio.

-Esta viva- susurro Edward. –Se va a poner bien y volverá a casa convertida en una mujer diferente-.

Bella lo miro con los ojos llenos de lágrimas.

-Es solo que… la quiero mucho-.

Edward sonrió con ternura y la beso en la frente.

-Ella también te quiere, cariño. Se va a poner bien-.

Bella exhalo un suspiro y trato de controlar sus emociones. Se seco las lágrimas.

-Si-.

Se acerco mas a la cama y se inclino sobre su madre.

Recordó cuando era una niña había tenido un virus que la dejo débil y casi deshidratada. Su madre había estado a su lado en la cama dándole líquidos durante todo el día. Le ponía paños húmedos y le susurraba que la quería mucho, que todo iba a salir bien.

-Todo va a Salir bien, mamá-susurro besándole la pálida frente. –Te queremos mucho y pronto volverás a casa-.

La señora Swan no respondió, pero movió la mano casi imperceptiblemente. Edward apretó la mano de Bella.

-¿Has visto eso?- le pregunto con una sonrisa. –Te ha oído-.

-Claro que si- respondió la joven.

Tres días mas tarde, la señora Swan estaba incorporada incorporada en la cama comiendo gelatina. Estaba débil y dolorida, pero sonreía.

-¿No te lo había dicho?- la reprendió Edward. –Es demasiado fuerte como para que una cosita menor como una operación acabe con ella-.

La señora Swan sonrió.

-Has sido muy bueno con nosotras, Edward- dijo. Su voz resultaba todavía mas ronca debido a la respiración artificial, pero sonaba alegre. –Bella me ha dicho del palacio al que las has llevado a Ángela y a ella-.

-No es ningún palacio- bromeo el. –No es más que un lugar para dormir. Pero ser atento va con el cargo- aseguro metiéndose las manos en los bolsillos. –Formo parte de la familia. Ella lo dijo- concluyo señalando a Bella.

-Es verdad- reconoció ella.

Edward la miro de un modo que la hizo sonrojarse. Entonces el disimulo su turbación soltando una risa nerviosa.

Durante las semanas que siguieron, Edward dividió su tiempo entre los tratamientos de la señora Swan en Seattle y la creciente responsabilidad del nuevo rancho, que ya estaba comenzando a tomar forma. La cuadra ya estaba levantada, con sus relucientes pasillos de ladrillos y los establos con puertas de metal. El corral tenía vallas blancas entrelazadas con cables eléctricos ocultos. Los pastos se habían sembrado con semillas antiguas de hierba con la que Edward estaba experimentando. El precio del maíz estaba por las nubes debido a la subida de carburantes. Los rancheros buscaban nuevas formas de alimentar a sus ganados, así que utilizaban semillas de praderas tradicionales junto con suplementos vitamínicos. Edward había mandado a construir un gigantesco silo de hormigón para guardar el grano que recolectaran a finales de verano. Reformar por completo aquel lugar era un trabajo monumental. Edward delegaba todo lo que podía, pero había decisiones que debía tomarlas el.

Por otra parte, se puso en marcha el juicio contra Mike Newton. Se llevaron acabo las investigaciones por parte tanto del fiscal de distrito como del abogado defensor de oficio. Bella fue interrogada por ambas partes. Sus preguntas la hicieron sentirse inquieta y nerviosa. El abogado defensor parecía creer que ella se le había insinuado al señor Newton. Eso le dolió.

Se lo conto a Edward cuando paso el viernes por la noche después de cenar por su casa para ver como seguía la señora Swan. No había pasado por el almacén en toda la semana debido a sus compromisos en el rancho.

-Me dejara como una fulana barata delante del tribunal- protesto. –Eso dejara mal también a mi madre y a Ángela-.

-Decir la verdad no dejara mal a nadie, querida- protesto la señora Swan. Estaba sentada en el salón cosiendo. Un gorro tejido le cubría la cabeza. El pelo había comenzado a caérsele por la radioterapia, pero no había permitido que eso la hundiese. Tejió una docena de gorros en diferentes colores y estilos.

-Deberías escuchar a tu madre- estuvo de acuerdo Edward. No dejes que se salga con la suya, Bella. No fue culpa tuya-.

-El abogado hizo que pareciera que si. El ayudante del fiscal del distrito que me entrevisto me pregunto que clase de ropa llevaba a trabajar y le dije que pantalones vaqueros y camisa, y de las largas. El sonrió y me dijo que no habría importado ni aunque llevara biquini. Dijo que el señor Newton no tenía por que hacerme sentir incomoda en mi lugar de trabajo, independientemente de la ropa que llevara.

-Me gusta ese ayudante de fiscal- aseguro Edward. -Tiene mucha energía. Algún día terminara en el puesto de fiscal general. Dicen que tiene el record de condenas en los dos años que lleva en el circuito judicial-.

-Espero que haga sentir al señor Newton tan incomodo como el abogado de oficio me hizo sentir a mi- aseguro Bella dolida. Se froto los brazos desnudos, como si pensar en el juicio le hiciera sentir frio. –No se si voy a ser capaz de sentarme delante de un jurado y contar lo que ocurrió-.

-Piensa que la mayoría de los miembros del jurado será seguramente gente que conoces de toda la vida- la interrumpió la señora Swan.

-esa es otra- suspiro Bella. –El abogado defensor esta intentando que el juicio se celebre en Seattle, por que dice que el señor Newton no podría tener un juicio justo aquí-.+-

Edward frunció el ceño. Eso cambiaba las cosas.

Pero el testificaría, igual que Bella. Con suerte, Newton se llevaría su merecido. Edward sabia a ciencia cierta que si el no hubiera intervenido, las cosa habrían ido mas lejos.

El día en que ese hombre llego al pueblo, fue un día aciago para Forks- aseguro la señora Swan. –Bella llegaba a casa todos los días sintiéndose muy triste-.

-Deberías haber llamado al dueño haberte quejado- intervino Edward.

Ella torció el gesto.

-No me atreví. El dueño no me conocía mucho, y temía que creyera que me estaba inventando cuentos del señor Newton por que quería quedarme con su puesto de trabajo-.

_Ya esta hecho, pero tu no eres así, Bella- insistió Edward. –El habría investigado y lo hubiera sabido-.

Ella suspiro.

-Ahora ya es agua pasada- replico con tristeza. –Se que llevarlo ante los tribunales es lo correcto. Pero, ¿y si sale libre y va a por mi, o por mamá o por Ángela en busca de venganza?- pregunto horrorizada.

-Si lo hace, será la peor decisión de su vida, te lo prometo- aseguro Edward. Sus ojos verdes brillaban peligrosamente. –Y en cuanto a lo de salir sin cargos, si eso llegara a ocurrir por algún milagro, presentarías una demanda civil por daños y perjuicios y yo te la financiaría-.

-Supe que eras un buen hombre desde la primera vez que te vi- aseguro la señora Swan.

Bella le sonreía. Se sentía protegida y segura. Se sonrojo cuando Edward se giro para mirarla con una expresión tan intensa que l dio un vuelco en el corazón.

-¿Por qué tiene que ser tan complicada la vida?- pregunto transcurridos unos instantes.

Edward se encogió de hombros.

-Me supera, cielo- respondió poniéndose de pie sin darse cuenta de que aquella palabra cariñosa había vuelto a hacer sonrojar a Bella. –Pero así son las cosas. Tengo que volver al rancho- dijo consultando el reloj. –Mañana me pasare otra vez por aquí. Podemos ir a ver una película si te apetece-.

Bella sonrió.

-Me encantaría- miro a su madre y vacilo.

-Tengo el teléfono móvil- señalo la señora Swan. –Y Ángela esta aquí-.

-Fuiste al cine con el soldado y no pusiste tantos inconvenientes- murmuro Edward.

La señora Swan sonrió. Aquello eran celos. Bella pareció darse cuenta también, por que se le iluminaron los ojos.

-No estoy poniendo inconvenientes- aseguro ella. –Y me encanta ir al cine-.

-De acuerdo- dijo entonces Edward. –Estaré aquí sobre las seis. El restaurante chino que acabn de abrir tiene muy buena comida. Podría traer algo y cenaremos aquí antes de irnos-.

Ellas vacilaron antes de aceptar. Había echo ya tanto por la familia…

-Es comida china, no joyas- dijo el. –Gano un buen sueldo y no bebo, no fumo, no juego ni voy con mujeres de mala reputación-.

La señora Swan y Bella sonrieron.

-De acuerdo- dijo la joven. –Pero cuando me haga rica y famosa por mis habilidades como dependienta, te lo devolveré todo-.

Edward se rio.

-Trato hecho-.

La comida china consistió en una gran cantidad de platos, muchos de los cuales podrían guardarse en la nevera y así tendrían comida para las tres el fin de semana. Sabían que Edward lo había hecho adrede, pero no volvieron a quejarse. Tenía un gran corazón y quería ayudarlas.

Después de cenar, Edward ayudo a Bella a subir a la cabina de su camioneta y después entro el. Todavía avía algo de luz, pero el sol comenzaba a ponerse formando un haz de brillantes colores. Era como una sinfonía de rojos, naranjas y amarillos contra la silueta de las montañas a la distancia.

-Esto es precioso- dijo Bella observando el atardecer. –No me gustaría vivir en ningún otro lugar-.

Edward la miro. Sentía nostalgia de Phoenix vez en cuando, pero a el también le gustaba Forks. Era un lugar pequeño y acogedor con gente amable y rodeado de campo abierto. Se podía conducir durante kilómetros y kilómetros sin cruzarse con otro coche o ver siquiera otra casa.

-¿vamos a ir a las multisalas del pueblo?- le pregunto a Edward.

El sonrió como un niño.

-No- contesto. –He encontrado un motocine al aire libre justo a las afueras del pueblo. El dueño lo reinauguro hace apenas un mes. Dijo que era el cine al que iba de pequeño y que ya era hora de devolverlo a la vida. No se si será capaz de mantenerlo abierto durante mucho tiempo, pero pensé que podíamos echarle un vistazo.

-Guau- exclamo Bella. –He leído cobre ellos en las novelas-.

-Yo también, pero nunca he estado en uno. Nuestro tío solía hablar de ellos. Esto esta en medio de un prado de vacas. El ganado pasta por hay-.

Ella se rio encantada.

-Estas viendo una película con las ventanillas abiertas y una vaca mete la cabeza en tu coche- dijo.

-No me sorprendería-.

-Me gustan las vacas. No me importaría-.

-A mi tampoco. He estado toda mi vida rodeado de ganado-aseguro Edward satisfecho. –Me gustan mucho los animales. En el rancho vamos a tener también caballos. Puedes venir a montar cuando quieras y llevar a Ángela-.

-Tengo que enseñarle a montar- dijo Bella. –Nunca ha subido a un caballo, y a mí también tendrás que darme algunas clases. Hace mucho que no monto-.

Edward la miro con cariño.

-Me encantaría-.

El motocine estaba en un prado despejado que había a un par de kilómetros de la autopista. Había una marquesina con el nombre de la película que iban a poner. Era de ciencia ficción, sobre un carguero espacial y su valiente tripulación que se enfrentaban a un imperio tecnológico. Siguieron por una polvorienta carretera rodeada de arboles hasta llegar al prado.

Había espacio para unos veinte coches, y ya había seis frente a la gran pantalla en blanco. Un adolecente que se parecía mucho al dueño del cine, al que Edward conocía, y que probablemente fuera su hijo, vendía las entradas.

Edward detuvo la camioneta en un espacio que había libre, apago el motor y miro a su alrededor divertido.

-Lo único que falta es un puesto de bebidas y pizzas y un cuarto de baño- murmuro. –Tal vez lo ponga si el motocine tiene éxito-.

-Se esta bien así, sin todo eso- aseguro ella mirando a su alrededor.

-Si, es verdad-.

Edward bajo las dos ventanillas y estiro la mano hacia el altavoz que tenia al lado. La encendió y subió el volumen justo cuando se iluminaba la pantalla con los mensajes de bienvenida.

-¡Esto es estupendo!- se rio Bella encendiendo el altavoz a su lado.

-¿Verdad que si?-.

Edward dejo el sombrero en la parte de atrás de la camioneta, se desabrocho el cinturón de seguridad y luego hizo lo mismo con el de Bella antes de pasarle el largo brazo por la espalda y apoyarle la mejilla en el pelo.

-¿No estamos mejor así?- murmuro sonriendo.

Ella le coloco una mano en la pechera de la camisa mientras se acorrucaba en el con un suspiro.

-Mucho mejor-.

La primera parte de la película fue divertidísima. Pero no la vieron terminar. Edward había mirado el rostro feliz de Bella bajo la parpadeante luz de la pantalla y el deseo creció en el como una marea ardiente. Había pasado bastante tiempo desde que sintió la suave boca de Bella bajo sus labios, y tenia hambre de ella. Desde que la conocía no había vuelto a sentir el más mínimo interés por otras mujeres. Solo estaba Bella.

La agarro suavemente del pelo para girarle la cara hacia la suya.

-¿Esto es todo lo que quieres, Bella?- le pregunto con dulzura. -¿Vivir en un pueblo pequeño y trabajar en un almacén de piensos? ¿No echaras de menos saber lo que es ir a la universidad o trabajar en una gran ciudad y conocer gente sofisticada?- le pregunto con solemnidad.

Los ojos de Bella buscaron los suyos.

-¿Y por que iba a desear eso?- le pregunto con genuino interés.

-Eres muy joven, y esto es lo único que conoces-.

-El señor Barten, que lleva el concesionario de coches, nació en Forks y nunca en toda su vida ha salido del condado- le conto. –Esta casado con la señorita Jane desde que el tenia dieciocho años y ella dieciséis. Tiene cinco hijos-.

Edward frunció el ceño.

-¿Qué intentas decirme?-.

-Te estoy contando como vive la gente de aquí- contesto Bella con sencillez. –No tenemos gustos extravagantes. Somos gente de pueblo. Nos casamos. Tenemos hijos. Nos hacemos viejos viendo crecer a nuestros nietos. Luego nos morimos. Nos entierran aquí. Tenemos un campo precioso por el que podemos pasear y en el que pasta el ganado. Tenemos arroyos claros y sin contaminar y cielos azules. Nos sentamos en el porche cuando obscurece a escuchar el canto de los grillos en verano. Si alguien enferma, los vecinos acuden en su ayuda. Si alguien muere, consuelan a los familiares. Aquí en Forks tenemos todo lo que necesitamos y queremos.

Bella inclino la cabeza hacia un lado.

-¿Qué puede ofrecerme una ciudad en comparación a todo esto?- añadió.

Edward se le quedo mirando sin hablar. Nunca había visto las cosas de aquella manera. A el le encantaba Phoenix, pero había ido ala universidad y había viajado por todo el mundo. Tenía opciones. Bella no. Por otro lado, las razones que había expuesto para explicar por que era feliz donde vivía resultaban muy maduras. En el ambiente de Edward había gente que ni siquiera sabia quien era ni donde estaba el lugar.

-¿En que estas pensando?- pregunto Bella.

-En que eres un alma madura dentro de un cuerpo joven- respondió el.

Ella rio.

-Eso me dice mi madre todo el tiempo-.

-Y tiene razón. Así que eres feliz viviendo aquí. ¿Y si obtuvieras una beca y pudieras ir a la universidad a estudiar lo que quisieras?-.

-¿Y quien se ocuparía de mamá y Ángela?-.

-La mayoría de las mujeres estarían mas interesadas en su carrera profesional que en estar atadas a responsabilidades familiares-.

-Ya me he dado cuenta- suspiro Bella. –Una noche vi una entrevista en la televisión de una mujer de éxito. Se había cambiado tres veces de ciudad en un solo año en busca de un trabajo que la satisficiera. Estaba divorciada y tenía un hijo de ocho años. Yo me pregunte que le parecería a el haber estado en tres escuelas diferentes en un mismo año para que ella pudiera sentirse satisfecha-.

Edward frunció el ceño.

-Los niños se adaptan-.

-Por supuesto que si- replico Bella. –La mayoría se adapta a vivir solo con uno de los padres por que mucha gente se divorcia, o se adapta a formar de repente parte de la familia de otras personas. Se adaptan a que sus padres trabajen sin parar y estén demasiado cansados para jugar con ellos o para hablar cuando salen del colegio. Se les anima también a participar en todo tipo de actividades extra escolares, y así tienes beisbol, futbol y teatro cuando no están estudiando.

Bella de acerco mas a Edward.

-Entonces, ¿Cuándo tienen tiempo los padres para llegar a conocer a sus hijos? Hoy en día todo el mundo esta muy ocupado. He oído que hay niños que incluso tienen que mandarles mensajes de texto a sus padres para quedar con ellos-.

Edward suspiro.

-Supongo que a mi hermano y a mi nos protegieron de todo aquello. Nuestro tío nos mantuvo siempre cerca del rancho. Practicábamos deporte y teníamos muchas tareas que hacer en el rancho. No contábamos con teléfonos móviles ni coche. Siempre comíamos juntos y la mayoría de las noches nos entreteníamos con algún juego de mesa o salíamos fuera con los telescopios a observar las estrellas. Tampoco era un gran aficionado a las actividades extra escolares. Decía que eran una mala influencia, por que en nuestro colegio había niños de la ciudad que, según el, tenían una moralidad escandalosa.

Bella se rio.

-Eso era lo que me decía mi mamá de algunos niños de mi clase- torció el gesto. –Supongo que e estado muy protegida. Tengo teléfono móvil, pero no se como mandar mensajes de texto-.

-Yo te enseñare- aseguro con una sonrisa. –Envió muchos-.

-Seguro que tu teléfono hace muchas cosas más a parte de llamar-.

-Tiene internet, películas, música, deportes y correo electrónico-.

-¡Vaya! El mío solo sirve para llamar-.

Edward se rio. Estaba completamente fuera del mundo. Pero le encantaba que fuera así. Se le borro la sonrisa del rostro al mirar sus dulces ojos.

-Supongo que el futuro me ofrece garantías- dijo como para si mismo mientras se inclinaba despacio. –Llevo aquí cinco minutos sentado recordando lo dulces que saben tus labios bajo mi boca, Bella- susurro mientras la abría. –Te deseo como un muchacho-.

Mientras hablaba, la coloco sobre su regazo y la beso con pación lenta y creciente. Le desabrocho los botones de la blusa y deslizo una mano dentro de su sujetador con una maestría que la dejo sin respiración.

Le acarició el duro pezón con movimientos lentos y seductores mientras se alimentaba de su boca, hasta que la hizo gemir y arquearse contra el.

Bella sentía que le ardía la piel. Se moría por que Edward le quitara la blusa y todo lo que llevaba abajo. Quería sentir sus labios. Era una locura. Pero escuchar el latido de su propio corazón, sentir el deseo que iba creciendo en su cuerpo virgen. Nunca antes había deseado a un hombre. Ahora lo deseaba a el con un abandono que contradecía todos los razonamientos de protesta de su cuerpo. Edward alzo la cabeza, frustrado, y miro a su alrededor en la obscuridad. La escena de la pantalla no proyectaba mucha luz. Nadie podía verlos. Volvió a inclinar la cabeza y subió el sujetador y la camisa de Bella hasta la barbilla. Sus ojos dieron con sus senos y se estremeció de deseo al contemplarlos.

Ella se inclino débilmente, animándolo. Edward se metió muy despacio uno de sus pechos en la boca, tirando suavemente de el mientras su lengua exploraba el duro pezón hasta arrancarle a Bella un gemido.

Aquel gemido lo animo. Su boca se volvió más brusca. El brazo que tenia detrás de Bella se volvió de acero. Deslizo la mano libre por su vientre desnudo hasta la apertura de sus pantalones vaqueros. Estaba tan excitado que se le olvido incluso donde estaban.

Hasta que noto algo húmedo y áspero en la cara.

Edward tardo un minuto en darse cuenta de que no era, no podía ser, la boca de Bella. Estaba muy húmeda. Hizo un esfuerzo por levantar la cabeza y abrió los ojos. La enorme cabeza de una vaca se asomaba por la ventanilla abierta de la camioneta.

Lo estaba lamiendo.

Bueno aquí estoy de nuevo y de contrabando ya que aun no termino mis exámenes.

Espero les guste y les informo que ya estamos por terminar el fic.

No olviden dejarme un reviews.