CAPÍTULO 13 - SENTIMIENTO
Hola ……
Como siempre, los saludo mis amigos con toda la emoción del mundo…
Dándoles la bienvenida a uno de los capítulos más cursis de este fanfic que es más SÁDICO Y PERVERSO que romántico.
Sin más…..
Disfruten del surgimiento de un nuevo sentimiento en un corazón tan sádico que se está destruyendo de la escasez de amor. . .
Pero que hoy está lleno de paz con él mismo….
Si le hubiesen mostrado una foto en donde se plasmara el instante que acontecía en este momento en el parque, hubiese jurado que el pequeño arrastrando el balón, riendo desesperado y persiguiendo a un cachorrito que trataba de morderle sin éxito, era él hace más de 20 años.
Y entonces el corazón se le partió en más de mil pedazos, luego se volvió a armar, pero sólo para que él niño que veían sus ojos se quedara allí y por primera vez tuvo una en su rostro una sonrisa que no era producto del cinismo que le caracterizaba a diario, era una sonrisa de tranquilidad.
Era una sonrisa de amor, de puro amor y paternidad.
Entonces se recostó en el auto con cuidado suspirando y sintiendo lentamente como el aire le pasaba despacio por los pulmones sin rabia o dolor.
No creyó cuando Itachi le dijo que era igual a él.
No dio crédito a sus ojos cuando frente a su lujoso auto, inesperadamente pasó corriendo sin siquiera mirar con un balón en la mano y pasando su manita por el orillo de su puerta tan rápido que sólo una corriente en su cuerpo delató la cercanía.
Tan sólo 20 centímetros de donde él estaba, pasó riendo estrepitosamente, mientras un hombre de cabellos rubios lo cuidaba con enorme cariño.
Sin duda, el pequeño tenía muy buen humor porque no borró la sonrisa en ningún momento mientras le vio.
Ese hombre, le acariciaba los cabellos y le daba pequeños empujones para que corriera tras la pelota sin miedo, ya que en ocasiones se acobardaba por unos charcos en el piso.
El destino es curioso y a veces, sin buscarlo coloca aquello que nos pertenece en el sitio adecuado para que lo tomemos.
Sabía que en ese parque venía en ocasiones Matt, pero no pensó encontrárselo tan rápidamente.
¿Quién era ese hombre que tomaba con tanta propiedad y paternalismo robado la mano de su hijo?
Él hombre que le acompañara en cada una de sus travesuras, en cada uno de sus juegos debía ser él, su verdadero padre. No cualquiera.
Pensó un poco y sintió un poco celos de su propio hijo, si, celos de tener a un padre que estuviera dispuesto a ser lo que fuese necesario para tenerlo a su lado y cuidarlo.
Así como él pensaba hacer.
Pero entonces, cada vez que ese monstruoso animal en que se había convertido el cachorro al tratar de morder a ….. Oh si … de morder a su hijo, el corazón se le paralizaba hasta el desespero, pero debía soportar los impulsos que le empujaban para que tomara al pequeño y lo dejara sano y salvo en su enorme mansión.
Más pensaba eso cuando en verdad no sabía si padecía el mismo mal que él y en esos momentos le azotaba esa situación.
Podría herirse, lastimarse o algo peor.
Le daría absolutamente todo lo que a él le negaron, y esta vez no hablaba de dinero, no hablaba de riquezas, negocios o fortuna o todo lo que él tenía, hablaba de darle todo el amor, el cariño que su padre tradujo en golpes y desprecios.
Hablaba de quererlo, porque simplemente ya lo hacía.
Lo empezó a querer apenas le vio.
Lo empezó a querer apenas supo que existía y aún más porque ella, Sakura era su madre.
No debía mentirse, si la madre fuese otra mujer, lo amaría, pero no le interesaría tanto darle una familia.
Una familia con ella.
Aunque ella se entregara a ese imbécil, muerto estaba mejor, porque si estuviera vivo él sería el usurpador padre de su hijo.
Si el viviera, le habría arrebatado el amor de pequeño y en verdad, no sabía que hubiera llegado a hacer para desquitarse eso.
Tomó una pequeña caja de cigarrillos y mordiendo con cuidado uno de ellos, sacó de la guantera un pequeño encendedor de bordes dorados que le envió Itachi para su último cumpleaños.
Bajó la mirada y con la mano derecha cubrió el cigarro del viento para poder disfrutar de un pequeño aliciente a lo que antes era su loca vida llena de excesos.
El cigarrillo no era lo mismo, pero le calmaba cuando estaba ansioso, hace mucho tiempo que no lo estaba, pero un hijo era un buen motivo.
De pronto, un auto color azul oscuro, uno no muy costoso se atravesó entre él y el paisaje que disfrutaba.
Estuvo a punto de mandar al demonio al inoportuno conductor, cuando del auto vio salir a una persona que bien conocía.
Sintió una pesadez en el pecho y un vació en medio del alma, era ella, la madre de su hijo, que con los brazos abiertos se acercaba con cuidado a un pequeño que corría para corresponder el saludo con prisa.
- Mami - gritó emocionado - mami, mi tío Naruto me compró un helado y me compró un cachorro.
- ¿Un cachorro? - dijo sin creérselo - Naruto ¿Le compraste un cachorrito que no va a poder cuidar y que yo tampoco? - y miró enojadamente a su querido hermano.
- Vamos, preciosa - susurró Naruto - soy tu hermano mayor y se lo que te conviene y le conviene a Matt. A mi amado sobrino le conviene este cachorrito - guiñándole el ojo a Matt que le sonreía malicioso y abrazaba a su madre manipuladoramente.
Entonces, Sasuke descubrió como ese hombre rubio era el famoso hermano por el cual ella accedió a mantener relaciones con él.
Así que en parte, era responsable de la existencia de Matt.
Sonrió un poco con cinismo y pensó en lo que se le pasaría a ese hombre por la cabeza si supiera lo que le hizo esa vez a su hermana ¿Cuándo le besó hasta la sombra esa noche?
Ella fue suya y con un hijo confirmaba la voluntad del destino en mantenerlo juntos.
- Creo que trataría de matarme - y soltó una pequeña carcajada para evitar ser notado por ellos.
Y luego los ojos se posaron en el pequeño que apretaba con picardía las mejillas de su mamá.
- Te extrañé mami – sonrió con ternura – y hoy me comporté muy bien en el colegio, como te dije ya no me metí en problemas – y le abrazó.
- Lo sé – dijo Sakura – por eso te voy a llevar al centro comercial a comer helado.
Entonces su pequeño hijo era igual a él y le gustaba meterse de vez en cuando en algunos problemas.
Naruto alzó al cachorro y la pelota, y con un abrazo forzado saludó a Sakura con un beso en la frente.
- Vamos Sakura – susurró – yo también quiero un helado.
- Si Naruto – sonrió nuevamente – vamos todos. Y tú vas a cuidar de ese cachorrito, de lo contrario duermes con él en la calle.
Fue así que les vio montar en ese viejo auto y salir lejos de su presencia.
Allí, quedándose atrás de su hijo y de una mujer a la cual podría decirse quería a su manera más que a nadie, se sintió un poco solo, porque hubiera querido ser él quien los llevara de la mano, todos como una familia de verdad.
Pero eso sería más adelante, pronto ellos dos serían su familia y nadie, absolutamente nadie se lo iba a impedir.
Las tardes, luego de las 5, era el único momento en que podía descansar de las citas que día tras día le mantenían tan ocupada como para cuidar con más esmero a su pequeño hijo Matt.
- Oh, mi pequeño Matthew, espero que algún día entiendas lo que hago para que puedas tener un buen futuro. Si pudiera pasar contigo un poco más de tiempo, acompañarte al colegio o llevarte al parque, sería una mujer muy feliz.
No era que se culpara demasiado o que lo hiciera alguna de las personas que en algún momento le brindó la mano para servir de apoyo, pero si no fuera porque necesitaba el dinero ya hubiese renunciado y abierto un consultorio propio.
Sacó con cuidado la bata que le cubría el torso, además de la imagen de un cuerpo hermoso disimulado por ropas anchas y serias para ser tan joven.
¿Los motivos? Los hombres habían dejado mella en su cuerpo y en su alma, mejor dicho, un hombre dejó mella, una muy profunda y dolorosa para ser sincera.
Aún recordaba con rabia más que desconsuelo los momentos en que su hijo fue concebido sin su consentimiento, pero se culpaba porque podía sentir muy bien el enorme placer que en un momento ese hombre le dio al tratarla con delicadeza y morbo.
Porque para ella el sexo no era algún pecado o motivo de vergüenza, asumía que la noche con Sasuke fue un negocio.
Pero el contexto en que se desarrolló todo lo hacía más difícil, más cuando recordaba la noche que había pasado con Sai, en donde en verdad se sintió amada en cuerpo y alma.
Un sentimiento que no volvió a tener porque ella no había podido intimar de nuevo con algún otro hombre.
¿Pretendientes? …..
Existía una enorme lista de los cuales ninguno le había interesado en verdad… aunque tampoco alguno se ganó el difícil afecto de Naruto y mucho menos el temperamental modo de ser que implicaba Matthew.
Bien que a veces logró desquiciar a muchos de sus pretendientes, y ella podría colocar las manos en el fuego por su pequeño hijo, de no ser porque le conocía muy bien y…. bien que podría enloquecer a cualquiera si se lo proponía…
Menos a ella… era un buen niño con ella…
Tuvo uno que otro pretendiente que logró llevarla a la cama, pero nunca pudo consumar una relación sexual, nunca pudo dejar de ver en cada uno de los hombres la cara de Sasuke convertirse en Sai y luego suspirar moribundo.
Era como permanecer en un letargo eterno….
Un recuerdo que estaba con ella por siempre.
Soltó el abrigo y quedó con una pequeña camisa deportiva, que le servía de cómplice para los momentos de descanso en que podía escapar de la monotonía y obligación que le implicaba ser médico.
Sintió unos pasos tras ella y con desgano siguió al pensar que era la enfermera de turno.
- He, chica – alcanzó a decir con los ojos cerrados y estirando a más no poder sus brazos hacia atrás- deja las cosas sobre el escritorio, luego de un pequeño descanso las reviso y por favor no me pases más pacientes por el día de hoy. En verdad me siento algo cansada, muy cansada en verdad y me espera una larga noche con un pequeño gritón que no puede aceptar que no es no - y riendo cansinamente sin siquiera abrir los ojos - pero supongo que eso implica ser madre ¿No lo crees Hinata?
- Eso supongo – escuchó una voz masculina tras ella que roncamente se acercaba sigilosamente y con cuidado – por lo menos una buena madre, pero estoy casi convencido de que eso lo ha heredado por parte de mi familia – y se paró justo frente el escritorio.
Su cerebro no tuvo que procesar demasiado, no se movió y con la respiración entrecortada, susurró un nombre que creyó jamás en la vida volver a escuchar de alguna persona que guardara cierto afecto por ella, ahora menos escucharlo del motivo de sus desgracias en el pasado.
Se levantó despacio y cuando se sintió con el valor necesario le dio la cara para verle por primera vez justo a los ojos sin algún tipo de temor.
Con desprecio y con desconfianza.
Los años transformaron a una mujer racional en una persona fuerte, decidida y con la capacidad de enfrentar al mayor de sus temores: Sasuke Uchiha.
Sin embargo, lo que escuchó no le gustó para nada y mucho menos lo que vio, cuando notó que el hombre demacrado un poco por los vicios que guardaba en la memoria, era un hombre por lo menos en su aspecto totalmente diferente y serio.
Su cabello estaba más largo, le cubría un poco la frente y la mirada. El cuerpo era más formado y se notaba que se había cuidado, porque se veía más fuerte. Notó su rostro, estaba limpio, sus labios no estaban resecos y sus ojos no tenían señal de drogas o alcohol en su sistema.
Como doctora podía decir que Sasuke Uchiha no tenía ningún problema físico, por lo menos a una primera mirada.
Ella pasó sobre su hermoso rostro y cuerpo, llegó hasta lo que podría ser la conciencia de Sasuke y notó que en verdad ella sí tenía problemas, porque él también había cambiado, era alguien que inspiraba temor y un poco de respeto tras un costoso traje de diseñador y una mirada serena y seria.
Se veía bien…
Se veía sano…….
Entonces, cuando su mente proceso eso, fue que empezó a temblar un poco y le cayó tímida una gota de sudor por la sien.
Una gota que fue seguida por una lágrima que se desapareció con uno de sus dedos, pero que fue seguida por otra en desconsideración.
- Sasuke Uchiha – dijo suavemente como si sólo ella quisiera escuchar ese nombre.
- Estás muy hermosa Sakura – dijo caballeroso y con una mirada que recorrió la figura de su acompañante con un poco de morbo mal disimulado, aunque corregido al notar el temblor de los brazos que se apretaban en lo que él en su profesión reconocía, como puro miedo.
- No sé de qué hablas – mintió - ¿Acaso por tu mente se ha pasado que el hijo que tuve con Sai meses después que te fuiste era tuyo? – mintió más – El no podría ser hijo tuyo para nada – completó volteando para no verle a la cara, nunca había sido una buena mentirosa y menos cuando tenía miedo.
- Eres muy hermosa – siguió – pero ¿Acaso crees que me puedes engañar de esa manera tan infantil? – y rodeó el escritorio para llegar a ella cuidadosamente.
- Ese niño no es tuyo – siguió – mi hijo no es fruto de una violación.
- No recuerdo que haya sido exactamente una violación ¿O sí? – repitió cuando estaba frente a ella a tan sólo centímetros de su cuerpo.
Fue allí que recordó lo bien que se sentía estar tan cerca de ella, pasar delicadamente sus manos por cada poro de ese cuerpo terso y hermoso, pero su mirada exhaustiva fue interrumpida por un reclamo.
- No exactamente, pero tampoco fue fruto del amor ¿O sí? – le recriminó fuerte y directo al rostro.
- El sexo no es siempre por amor, querida Sakura. Esa vez, es posible que no haya sido de tu parte con amor hacia mí, pero si por amor a tu hermano y ¿Acaso quien dijo que yo no tenía amor ese día? – continuó mientras se acercaba un poco más - ¿Quién dice que no tengo amor concentrado para ti en el fondo de mi alma? ¿O que nunca lo tuve? No puedes saberlo linda niña – susurró con cuidado al bajar la tira de su pequeña camisa.
- Aléjate de mí y de mi hijo - gritó ella dando tres torpes pasos hacia atrás que la hicieron tropezar con un cajón lleno de archivos que acababa de revisar con cuidado – no eres un hombre bueno.
- - No soy un hombre bueno - susurró – tal vez en eso tengas un poco de razón – y le volvió a alcanzar para subir con cuidado la tira que había bajado y cuando el terminó de ubicar en el lugar que le correspondía le besó el hombro con delicadeza dejándola confundida y para qué negarlo un poco sonrojada por el deseo que Sasuke expresaba en cada uno de sus movimientos delicados y felinos que bien recordaba enloquecían a sus compañeras de clase en la Universidad – en verdad Sakura, sé muy bien que Sai murió el mismo día en me fui, sé muy bien que el pequeño es tan parecido a mí que todas las lenguas de este lugar se deben haber desgastado en contar en cómo te acostabas conmigo y con Sai por esas épocas, pero lamentablemente no estaba para aclarar esos malentendidos, mi linda Sakura – y sonrió victorioso como siempre lo hacía – les habría dicho que eras solamente de mi propiedad una y otra vez.
- Está bien – comentó resignada – sería estúpido decir que ese niño no es tuyo nuevamente, pero sólo se parece a ti en su aspecto, él es un niño bueno, no como tú. ¿Además, quién te dice que no HICE EL AMOR con Sai? ¿Quién te dice que eres el único hombre que me ha tocado? Pero si que te crees la gran cosa, que petulante eres. Además, ha habido muchos hombres luego de Sai.
- No soy un hombre muy bueno, ya lo sabes, pero lo que no sabes es soy el tipo de hombre que debo ser para conseguir lo que es mío. Soy el padre de Matt y mi hijo pronto estará conmigo. Además no te hagas la perdida que no te queda, ya averigüé toda tu vida y no te creo, y con lo de tu novio, te puedo perdonar que hayas intimado con él, sólo porque yo no soy un santo después de todo. Igual las cosas de ahora en adelante las cosas van a cambiar.
- ¿Acaso qué pretendes hacer? – se le acercó torturada con unas lágrimas en los ojos – me vas a quitar a mi pequeño hijo. No puedes, él es mi bebé – y se dejó caer en la silla que antes le proporcionó un pequeño descanso, antes que el tormento regresara a su vida.
- En verdad – dijo con un poco de calma – no pretendo quitarte a nuestro hijo – susurró mientras bajaba a la altura de la chica – no sé muy bien cómo cuidar a un niño y por lo visto lo has hecho bien – y se acercó un poco hasta el rostro de la afectada madre – quiero que te cases conmigo y que se vengan a vivir a mi casa.
- No – dijo ella retadoramente – me violas, me embarazas y ahora pretendes jugar a la familia feliz. No, no cuentes con lo que nunca te has ganado – y siguió replicando - ni Matty o yo, lo aceptaríamos.
- A Matt, a ¡Mi hijo!, no lo metas en esto – dijo furioso – con mi hijo me entenderé yo – y bajando ya más suave a una temerosa Sakura – esto es entre tú y yo, si lo quisiera te lo quitaría – amenazó – tengo los medios y las posibilidades, pero quiero tenerlos a los dos.
Ella le iba a seguir con sus recursos, pero no contaba con que él, Sasuke Uchiha, no respetara las distancias y en un descuido le agarrara del rostro y le besara con fuerza en un descuido.
Al principio no entendía que pasaba, pero sus labios delicados le empezaron a responder los suaves movimientos que repetía periódicamente con su lengua justo en un punto que le daba enorme placer.
Sólo que cuando recordó la situación en que estaba, se alejó, lo empujó y le abofeteó con tal fuerza que una marca quedaría allí por muchos minutos.
Y entonces no contaba con que su acto fuese asumido por él con la mayor de las risas, como si una niña pequeña le hiciera pataleta a una acción adulta, aún así el tener temor por las represarías al principio, no estaba infundado, porque él, se acercó con fuerza y tomándola de los brazos le volvió a besar sin posibilidad de alejarse ahora del agarre.
En su interior sintió algo que había dejado de ser suyo por mucho tiempo, el placer y aunque quería que el se alejara, esa frustración por considerarse débil le hacía hervir la sangre y querer matarlo allí mismo.
Pero cuando pequeños síntomas de placer se le asomaban ante cada toque delicado y brusco confusos en un vaivén de movimientos, repetía la misma acción que hizo en la noche que se entregó por primera vez, le atraía hacia ella.
- Podría jurar que no sabes besar – dijo él con descaro – pero eso lo arreglamos después.
- Estúpido hombre egocéntrico – le gritó ella molesta – no tendrás lo que quieres.
- Debes saber preciosa, que tarde o temprano vas a entender que en verdad te amo y que estoy dispuesto a hacer lo que sea por tenerte a mi lado – le dijo burlón y con tal convicción que logró asustar a su oponente – aunque que obligarte a entenderlo.
Le soltó con cuidado y cuando dijo esas palabras, se volvió a acercar a ella y con cuidado le besó la mejilla y le acomodó la ropa.
- Sakura, no intentes irte de aquí, lo sabré de inmediato y apenas pongas un pie fuera de la ciudad una carta en donde se pide la custodia del niño que sin compasión ocultaste a mi vida, por más de cuatro años.
- No me quites a mi bebé Sasuke - le dijo ella ya perdiendo el orgullo y dejándose caer al piso - él es lo que más quiero en la vida y si lo alejas de mí, yo no sabré que hacer, porque en verdad me moriría. Por favor - ya llorando.
- Sakura - dijo él acercándose con cuidado a ella - soy una persona diferente y la que me quitó el disfrutar de mi hijo fuiste tú. No sabes lo que soy capaz de hacer para conservarlo y ganarme su cariño. Incluso si implica dominarte por completo hasta que aceptes ver lo que soy ahora.
- No, él es mi pequeñito - y continuó nerviosa.
- No se diga más - dijo mientras se levantaba y le colocaba a ella sobre la silla - ten en claro dos cosas, la primera, no te voy a alejar de él. La segunda, prepárate porque en dos semanas es la boda. Las cosas estarán dispuestas, sólo tienes que llegar a la iglesia y por supuesto, luego tu vida será muy diferente.
En realidad Sakura sólo pensaba en lo que se le venía encima.
- Y ten en claro que no es un matrimonio ficticio, necesito que cumplas todas las funciones de una esposa, inclusive compartir mi cama.
- No me pienso acostar contigo Sasuke - dijo ella tajando aún ida en la proposición.
- Eso lo veremos - sonrió - por ahora debo decirte algo, soy hemofílico ¿Supongo lo que eso implica para el pequeño Matt? - dijo serio - ¿Tú estas sana o sufres de algo parecido?
- Por Dios - dijo reaccionando preocupada - pero no - y respirando - lo recuerdo, me hice esos estudios hace tiempo por casualidad en la Universidad, estoy sana.
Y entonces en ese momento, cuando vio en los ojos de Sasuke un grado de preocupación real por el que era el motivo de su vida, creyó que aunque ella no estuviese dispuesta a ceder en nada, por lo menos, era sincero.
Por lo menos en parte, por lo menos tenía un poquito de sentimientos.
