Konniciwa! Finalmente traigo la tercera parte del fic (sé que les dije que iba a ser de tres capítulos, pero la verdad la computadora de mi casa se descompuso, y no pude escribir más T_T;

así que el final lo subiré en un cuarto capítulo, tipo epilogo. Espero hacerlo esta semana para que sepan cómo termina esta historia).

Este capítulo esta corto; espero les guste.

Muchas gracias a: jessy moon 15, RukiaAikoChoEmi, kaname, Airi-Hyuga y Yue Motou de Cifer por sus reviews; de verdad que me animan un montón a continuar escribiendo; y me alegran cuando ando depre; gracias *un abrazo y un besote* :D

Disclaimer: Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen; son de TK

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Reencuentro


Invierno…

Una estación hermosa, llena de pureza y felicidad para aquellas personas que están con el ser amado, un momento en el que los hombres se ven como hermanos, y la felicidad inunda los corazones...

Para Hitsugaya Toushiro eso no era el invierno; para aquel joven esa época era: Oscuridad, soledad, angustia, dolor…

Han pasado 3 meses desde la ausencia de aquella mujer que le arrebato el corazón; desde que ella se marchó. Aquel libro decía que la morena volvería al terminar el invierno. Él creía en eso, por ello la esperaba pacientemente; aunque por dentro las ansias lo carcomieran día a día.

La blanca y suave frialdad que cubría todo fue desasiéndose lentamente, gota a gota; hasta dejar únicamente partículas de esa agua cayendo de las hojas, los lagos y ríos ahora descongelados dejaban ver su majestuosidad; pero todo eso era opaco para el ojiesmeralda.

Aquel día en que inicio la primavera; se observa una luz entre plata y dorado que cubre una de las más profundas partes del bosque; el peliblanco corre hacia el origen de aquel resplandor; y al llegar observa a una joven de ojos violetas, parada viendo hacia el cielo, susurrando palabras al viento con una expresión de gratitud.

Él la contempla, ahora trae puesto un vestido blanco con tonos azules y verdes de tirantes, y unos zapatos blancos, su cabello igual que siempre con ese flequillo rebelde que cae sobre su faz.

Ella se percata de su presencia después de hablar con el espíritu del bosque; voltea a verlo, y observa como esta parado con esa elegancia y frialdad que le caracteriza, pero a su vez unas gotas de sudor caen de su rostro, su mirada refleja impaciencia, ansias, anhelo… tantas cosas que es difícil describir; y aquella camisa monocromática que usa le hace ver muy atractivo, además de esos jeans negros semi-pegados. La mujer deja salir un suspiro; al tiempo en que el hombre se le acerca con premura.

― ¡Hola! ― saluda ella con ojos brillantes; pero seriamente.

― Mm… ― él le observa mientras sus cejas se encorvan un poco; ella le mira confundida y antes de poder decir más; siente como es abrazada fuertemente por aquel hombre que ama. Las palabras no son necesarias cuando los corazones se conectan, y este es uno de esos casos; ambos únicamente disfrutan de ese momento en la tranquilidad del bosque.

...

Una vez en la cabaña, Rukia le explicó su situación, y como es que le quedaba poco tiempo de vida; era lo menos que debía saber; no quería hacerlo sufrir y él debía de saber para estar preparado y en vez de gastar el tiempo con ella, buscar a su amada.

― Y bueno…, al parecer esta es mi ultima estancia en la tierra ―los ojos de él se abrían incrédulamente y con enfado― deberías de buscar a Hinamori-san, seguramente si confiesas tus sentimientos ella te elija ― expresaba con tristeza.

― No ― negó firmemente y con cierta frialdad y enfado.

― ¿Eh? Pero tú… la quieres ― Hitsugaya rodó los ojos. Pacientemente preguntó.

― ¿Por qué piensas eso?

― Un mes antes de que me fuera, me dijiste que amabas a alguien… y …

Suspiro y le vio fijamente ― Si, amo a mi ama de llaves

― Ah… ― no había entendido, hasta que repentinamente comenzó a abrir y cerrar los ojos con rapidez ― ¿ah? mm…

Las dudas fueron desechas en el momento en que él le tomo de la cintura, besándola tiernamente, saboreando sus labios, lamiéndolos; hasta introducir su lengua y explorar la cavidad húmeda de la chica como si se tratase de un suculento platillo; sino fuera por la falta de aire, ninguno se hubiera separado.

Ambos seres sonrojados, uno menos que la otra; observándose con un brillo en sus ojos, y aceptándose con las miradas; así cada uno de ellos entendió los sentimientos del otro; por que el amor no son palabras; sino hechos formulados en acciones.


Estaciones


La primavera pasó, y los jóvenes amantes intentaban aprovechar el tiempo que les quedaba juntos; saliendo a pasear por los alrededores, aprendiendo de los gustos y la vida del otro; visitando el pueblo, pero jamás salieron de aquel lugar; pues la chica no podía alejarse de aquella cabaña y los alrededores; y el pueblo era uno de los pocos lugares lejanos a los que le estaba permitido ir sin afectarle.

El verano llegó, esa época calurosa que les permitió sentir lo que es disfrutar del medio ambiente; y a Rukia mostrar sus atributos femeninos, no porque lo deseará, pero como la flor que era, no soportaba el calor; así que un día sin proponérselo cautivo nuevamente al joven de ojos esmeralda.

Aquel día el calor veraniego estaba a su máxima expresión; la mujer necesitaba de agua, sentía secarse por dentro, pero no quería preocupar a su pareja; así que optó por salir rumbo al bosque, pues nunca nadie iba por esos rumbos.

La muchacha dejó su habitación presurosamente, una vez en el bosque se dirigió hacia un lago creado por una cascada que brindaba una hermosa vista; una vez ahí, se despojó de sus prendas y se adentro lentamente al agua verde-azulada, producto del fondo rocoso y los reflejos luminosos del ambiente.

Por su parte Hitsugaya se dirigió al cuarto de la chica para percatarse de su ausencia; se preocupó y corrió a buscarla, primero a los alrededores, mientras pensaba 'aún no es tiempo, todavía no es invierno'; así llegó al bosque, y al escuchar el sonido relajante del agua, se acerco cautelosamente.

Lo que vio le cautivo; pues la mujer que buscaba se encontraba frente a sus ojos, cubierta por el agua; '¡Oh! Kami, ¿de qué privilegio goza el agua que él no?'; frunció un poco el seño, pero continuó su andar mientras su mirada se suavizaba; se acercó a una de las orillas, y acomodó se en una piedra sentado observando sin hacer ruido alguno; la muchacha nadaba libremente, con elegancia, con suavidad; como si el agua fuera una parte de ella; como si fuera un complemento de su ser; y esa expresión que emanaba la joven era simplemente cautivadora.

Sonrió sin percatarse que lo hacía; pero después hizo una mueca de dolor.

Rukia… ―suspiró con ternura y pesar.

¿Dime? ― preguntó la joven con las mejillas sonrosadas, viéndole fijamente sin salir a la superficie.

Eso descolocó al chico, que se levanto de golpe. Él la veía con timidez, volteaba a otro lado, mientras murmuraba un "¿hace cuánto notaste mi presencia?".

Cuando dijiste mi nombre ― contesto sin salir del agua. Toushiro guardo silencio.

Le apenaba estar así con la joven; ¿qué si era un joven de 20 años con las hormonas en el aire y en época de verano?; aún así conservaba su inocencia y no quería quedar mal con su amada. Ni que pensará mal de él; menos después de saber que ella murió a causa de no querer ser tocada por aquel hombre que forzaba aquel matrimonio. Repentinamente ira corrió en su ser, pero se apaciguo rápidamente al sentir unos pequeños brazos húmedos abrazarlo por la espalda, y aquellos pechos femeninos chocar con la misma.

N-No te sientas mal… perdóname…

Ambos sabían a qué se debía ese perdón; y era a la forma en que ella le dejaría, sin nada que dejarle, excepto sus recuerdos juntos; el suspiro mentalmente y volteo hacia donde ella se encontraba. Luego se arrepintió al ver que la chica seguía desnuda y se giró con presuroso pidiendo una disculpa.

O-Ok ― respondió ella, mientras se colocaba nuevamente sus prendas totalmente apenada.

Así paso aquel día; luego ambos se vieron a los ojos, ella se rió y el junto sus cejas en forma de molestia para ocultar su pena.

El otoño llegó, las hojas caían paulatinamente al frío y amarilloso pasto que cubría el lugar; así como las esperanzas de ambos jóvenes y los árboles se marchitaban así como su tiempo juntos.

En ese tiempo los dos pasaban más tiempo juntos que el usual; incluso en las noches los amantes se demostraban sus sentimientos; uniéndose en un solo ser, al saber que no tendrían un mañana; anhelándose mutuamente sabiendo del vació que sentirían después; pero sobre todo amándose sin inhibiciones; porque el tiempo era su enemigo y los separaría sin piedad.

El invierno se acercaba cada vez más y con el; la despedida.

― ¿Estás segura que no revivirás? ― preguntó el roncamente.

― Si…, el espíritu me lo dijo, mi alma fue demasiado débil para aguantar más.

― No es verdad, si tu alma fuera débil; jamás hubieras sacrificado tu ser por mi causa; gracias…

La afonía de la noche reino; ambos esperaban caer el primer copo de nieve; el aire frio se hacia presente cada vez más cerca; ambos amantes se tomaban de las manos, una luz apareció y mirándolos con tristeza les dijo.

― Es tiempo.

Los jóvenes se observaron por instantes; hasta que ella se sintió desfallecer y sin avisó alguno, comenzó a caer, soltando la mano del chico.

El espíritu observaba la escena con pesar; ningún ente espiritual que provenga de la naturaleza es malo, y ese ser no lo era, es sólo que ese había sido du deber; únicamente cumplía su función en este mundo, sabía del amor de aquellos dos, así como de su sufrimiento, pero aún así; nada podía hacer.

Hitsugaya le tomo por la cintura, observándola más débil cada vez; se hincó para acomodarla en sus brazos, tocó una de sus mejillas con dulzura, mirando como aquella fémina figura comenzaba a desaparecer. Se aferraba a ella, como si eso impidiera su partida, más sabía que todo intento era fútil; las lagrimas no salían, se quedaron atoradas en su garganta; ella no podía hablar, sus fuerzas le habían abandonado, únicamente con la mirada le expreso un silencioso "te amo"; y él le apretó más.

La chica comenzó a ser un ente de luz, y como si de partículas luminosas se tratase, desapareció entre los dedos bronceados de aquel joven, dejándolo solo en la oscuridad de la noche.

Lo único que se posó en una de sus manos fue un copo de nieve; el primero de aquel invierno. El que le informaba que ella ya no estaba, que le había dejado, y jamás regresaría a su lado.

A sus veinte años de edad, días antes de cumplir veintiuno; Hitsugaya Toushiro perdió a la persona que había amado.


Soy mala por dejarlo así; pero de verdad no pude escribir más (lo hice en mi trabajo u_u). Una disculpa; espero les haya gustado (aunque este triste).

Pido perdón por el Ooc de los personajes.

Gracias por leer este fic; por su apoyo y paciencia; nos vemos esta semana (a más tardar sábado con la continuación) :D

Cuídense.

jeje, se me olvidaba (tonta de mi); ¿reviews? por favor

Ahora sí; Ja ne!