Hola de nuevo u//uU… etto… pues la verdad me quería disculpar por tanto tiempo sin publicar, la verdad ya había considerado cerrar la cuenta en fanfiction y dejar de publicar, pero pudieron más las ganas de escribir…así que por favor, excúsenme (otra vez) la larga ausencia…

Yo Pecador

Capitulo 8º

En muchas ocasiones no pensamos sobre las consecuencias de nuestros actos, pensamos que todo se soluciona con una disculpa o que el tiempo todo lo cura, pero en ocasiones un solo acto es capaz de acabar con la confianza, una simple palabra rasga el alma y deja una herida que o termina de cicatrizar y un evento convierte los recuerdos felices en tortuosas imágenes. Incluso pueden no ser nuestras palabras o acciones, a veces la intervención de terceros resulta más destructora que nuestros errores, en otras ocasiones no son más que azares del destino…

Destruir es fácil, lo difícil es crear algo bueno. Las cosas malas siempre llegan de manera sencilla, en cambio las buenas parecen esconderse y no querer salir. Esa es la historia de Sabaku no Gaara, pocas alegrías, muchas tristezas. En ocasiones le era fácil preguntarse si Dios lo odiaba, lo cual era algo irónico para un sacerdote, pero ¿Qué más podía ser?, todo lo bueno que le ocurría terminaba por traerle desgracias… o más bien, ¿Era el Diablo quien lo odiaba?, eso quizás tenía un poco más de sentido, en especial luego de que el mismo diablo lo miraba a la cara, lo insultaba, se burlaba de él y lo tentaba.

…Tentación…

…la tentación lleva al pecado…

… El pecado conduce al castigo…

…El castigo trae consigo la ruina…

- ¿No te sería más fácil matarme, Sasuke? – Decía el pelirrojo al azabache que tenía en frente – Mátame y termina con esto

- ¿Bromeas?, si te mato no sería divertido, Gaara – Aquel hombre seguía luciendo la misma mirada siniestra, a pesar de las vendas que cubrían su ojo morado

- Entonces… simplemente déjala fuera de esto – A pesar de que ella no quería verlo, él velaba por ella, por Matsuri

- No, eso sería igual de aburrido – Sasuke seguía con ese todo socarrón que tanto estresaba a su acompañante

Te pasaste de la raya, Uchiha… sabes que eso es peligroso – El joven se pasaba las manos por la desordenada cabellera de manera ansiosa. Tenía motivos de sobra para estar temeroso – A eso no puedes controlarlo… hasta el diablo le teme a algo

No le temo, eres tú quien teme. Ahora si me disculpas, necesito terminar de llenar unos documentos – Gaara se levantó rápidamente y salió de la oficina de aquel tipo.

La iglesia estaba casi vacía, siempre era así los lunes. Se sentó pesadamente en una de las viejas bancas de madera y miró el crucifijo que colgaba encima del altar. Apretó las manos tratando de no soltar alguna injuria contra el Dios al que servía, y era tan difícil… estaba enojado con Dios, con la vida, con Sasuke, con Matsuri y hasta con él mismo…. En especial con él mismo. No podía sacarse la imagen de su cabeza: Él golpeaba a la chica, ella lo miraba aterrada y se alejaba tras insultarlo.

- Dios… ¿Qué hice? – Preguntaba en voz baja evitando así que las ancianitas que rezaban el rosario escucharan – Dime, ¿Qué? – suspiró, necesitaba respuestas y aquella estatua de yeso no se las daría… pero aunque fuera una señal – No te ofendas, pero dudo que seas toda bondad

- ¡Hey, Gaara! – La inconfundible voz de Naruto lo sacó de sus pensamientos – Por favor, no me digas que te has convertido en uno de esos curas locos que tienen visiones'ttebayo

- Ten un poco de respeto, estás en una iglesia – Gruño el de cabello color grana mientras se levantaba

- Sigues molesto por lo ocurrido – Afirmó el rubio siguiéndolo por el pasillo

- Sí… sólo que ella es tan tonta, no quiere escucharme

- Lo de hace un mes fue muy confuso, no terminé de entender lo que paso'ttebayo

Ya te lo dije, Uchiha me provocó, reaccioné, terminé en la cárcel y golpeé a Matsuri

- Pero… ¿por qué la golpeaste?... creí que ella y tú… ya sabes, iban en serio

- ¿No te parece eso tonto?, soy sacerdote, ella una niñita caprichosa y tonta… claramente no iba en serio… como lo tuyo con aquel – La seguridad de la casa cural les permitía hablar con un poco más de libertad, pero igual era conveniente mantener bajo el tono de voz

- ¡No tienes porque meter una cosa con la otra! – El rubio se ruborizó ante la mención de aquel, a pesar de todo, le costaba hablar de que tenía relaciones con un hombre, más aun explicar como era que podía estar loco por una mujer al mismo tiempo

- Pero es lo mismo

- No, la diferencia es que en mi caso ninguno saldrá lastimado… aquí en cambio sí – El Uzumaki cerró los ojos con fuerza, nervioso – Sasuke-teme se pasó está vez

- Eso mismo opino – Contestó Gaara. Un incomodo silencio se formó entre ellos dos, el típico mutismo que antecede a una declaración difícil

- No he visto a Matsuri desde hace mucho – Escupió Naruto, tan rápidamente que las palabras se atropellaron unas con las otras – Temo que algo le ocurriera

Otro silencio, ahora de meditación. Gaara trataba de entender lo que Naruto le decía, pero le costaba mucho, desde ese día todo le costaba el doble de trabajo. Paseó su mirada por los jardines de la casa cural, vio lo de siempre: sacerdotes paseándose, las aves en sus jaulas cantando, un nubarrón que anunciaba una tormenta…

- A la izquierda – Dijo el rubio. Gaara torció los ojos hacia donde él decía, y ahí estaba, lo único a lo que el demonio podría temerle, a parte de Dios

- Orochimaru – Dijo mecánicamente al verlo pasar. Aquel hombre era seguramente la segunda cosa que más odiaba en el planeta

- Matsuri estaba ayudando con la catequesis, para las primeras comuniones… pero hace semanas que no viene

- ¿Crees que le haya hecho algo?

- Lo dudo, ella ya no es una niña – Era asqueroso, pero cierto. Ese tipo no se interesaría en una mujer de la edad de Matsuri

- ¿Dónde está entonces?

- No tengo idea - Sin pistas, era horrible estar así. Ella podía estar en cualquier parte, lejos, cerca… ¿Quién podía saberlo con certeza?

Durante la noche el vacío que generaba ella era peor. Gaara rodaba en su cama tratando de pensar en cómo solucionar cada evento que llegaba de manera tan esporádica. Familia, amigos, enemigos, amores… todo parecía volverse, transformarse de alegría a tristeza. Pero esa noche, más que en las anteriores, el pelirrojo no pudo dormir. SI tan sólo supiera donde estaba ella, qué era lo que hacia o si era feliz, si supiera eso, entonces hubiera podido estar calmado, pero no sabía nada.

Ella tampoco sabía nada de él, apenas y lo había visto cuando iba a la iglesia para la catequesis. Insistía en que no le importaba, que él era el pasado, y que vivir en el pasado era muy peligroso, puedes ser dejado atrás junto a los recuerdos. Sin embargo él era su presente, aunque no quisiera admitirlo.

-Quizás… ya no deba ir de nuevo a ese lugar – Se dijo Ella antes de dormir. Matsuri estaba sumamente confundida, le costaba entender cómo podía seguir sintiendo algo así por quien la había lastimado – Parecía triste – Pensó. Recordar la mirada de Gaara en ese momento le estremecía. Desde que lo había visto por primera vez le había parecido alguien distinto, primero muy frío, luego muy maduro, después alguien centrado, pero ahora le parecía que él vivía atormentado. - ¡Basta Matsuri!, no pienses en eso – Se regañó – Deja de pensar en él… ya Sasuke te lo advirtió, es una persona de dos caras, no puedes confiar en lo que te muestra… ya – A pesar de lo que decía, se sentía culpable, le costaba respirar y varias lágrimas se asomaban a su rostro.

El manto de la noche cubría la ciudad y la sumergía en las sombras, para muchos significaban cosas distintas. Para los amantes era la noche perfecta para estar a solas en un momento íntimo, un beso, un abrazo, cualquier muestra de afecto sería ideal. Para quienes regresaban del trabajo era un momento ideal para descansar, dejarse caer en la cama y no pensar en nada más. Aquellos que preferían festejar se podían cobijar en la agitada parte de la ciudad donde nunca se duerme, las discotecas, bares, casas de citas y miradores eran los escenarios que preferían. Pero para quienes estaban melancólicos, confundidos o tristes, aquellas tinieblas sólo daban lugar a un sinnúmero de pesadillas, quimeras de la infancia que retornaban para atormentarlos, voces de la culpa que agobia, los llantos de las hadas, el recuerdo constante de un presente miserable y un futuro incierto.

Hasta las almas manchadas de pecado encontraban esa noche algo en que pensar, la paz nocturna era perfecta para pensar, planear o simplemente regocijarse del daño ya causado. Tinieblas, es lo único visible en ese tipo de almas, pero eso si se da una mirada superficial, porque en el fondo siempre hay algo, un aspecto que genera compasión, o tan siquiera un motivo.