Díganlo con toda libertad, soy una condenada escritora con problemas con la responsabilidad y que actualiza cada que hay cuaresma en año bisiesto, pero, seriamente les presento mis más sinceras disculpas, es que simplemente no sabía cómo seguir el fict, pero bueno, aquí les dejo el capítulo 9 y si quieren mandarme insultos y regaños, adelante u///u, espero ansiosa por sugerencias porque tengo un bloqueo creativo realmente terrible y el poder actualizar se lo debo a una mezcla de "mental" y "Cold Case"… como compensación por la espera, publicaré un capítulo larguito (ojo, no llega a "largo")
Yo Pecador
Capítulo 9º
Gaara seguía dándole vueltas al mismo asunto, todavía no lograba encontrar una solución a los problemas más recientes en su vida. Matsuri no contestaba el teléfono, y aquel sonido repetitivo del timbre lo volvía loco. Sólo esperaba que todo estuviera bien, que la sádica jugarreta de Sasuke no la metiera en ningún lió, especialmente porque aquel macabro juego implicaba al único ser que despreciaba más que al Uchiha: Orochimaru.
Insistió una vez más con la llamada, la última antes de ir a celebrar la misa dominical de las tres de la tarde.
- Todavía no contesta, ¿Verdad? – Dijo Sakura al notar que el pelirrojo seguía escuchando el teléfono. El chico ya tenía las orejas rojas de tanto escuchar.
-No – Contestó él con sequedad. No le importaba si decía que era grosero, sólo le interesaba que le contestaran al otro lado de la línea.
-Deberías ir a verla… me preocupa que no apareciera por estos días – Sakura se acercó un poco a su oyente, pero se detuvo al notar la mirada colérica que le dedicaba.
-Interesante el que lo diga la que apoya al que inició todo esto – Sin importar lo tonto que sonase, Gaara le había tomado saña a la chica, puesto que sabía cuan estrecha era su relación con el párroco.
-Escúchame, Gaara, sé que crees que Sasuke es malo, pero lo conozco y… - El chico frunció el ceño al escuchar a la peli rosa hablar con aquel lastimero tono. Detestaba que lo trataran como al malo de la historia
-Se acuesta con Naruto – Escupió, en parte por querer cambiar de tema, y en parte porque deseaba dejar muda a la muy entrometida. La hirió profundamente, ella ya se lo suponía pero… pero no era momento de venirse abajo. La chica reunió fuerzas y le contestó:
-No ha salido de su casa en tres días –Sakura frunció el seño y miró fijo al hombre que ocultaba su intriga tras una máscara de indiferencia –. Matsuri no sale o contesta el teléfono…
-Ése, al parecer, ya no es mi problema – Contestó el joven sacerdote mientras se levantaba y daba por terminada la charla. Era un mentiroso, sí era su problema, hacía no más unos segundos estaba dándose golpes contra las paredes porque ella no le contestaba el teléfono y ahora tenía el descaro de desentenderse del asunto. El maldito orgullo lo consumía, no aceptaría jamás que sin ella estaba solo…otra vez.
Necesitaba aire fresco, pero toda la ciudad parecía contaminada de un gas toxico que sólo él captaba, además la misa estaba por iniciar, aunque no sentía muchos deseos de celebrarla. Toda la ceremonia se le antojó molesta, monótona y sin gracia. Los cantos de los feligreses eran una especie de réquiem atónico y sin belleza, y a pesar de que el sol brillara con todas sus fuerzas, la oscuridad era palpable y el espacio que debería ocupar la castaña, justo al lado de la estatua de Jesús de Nazaret, al frente de las velitas que paulatinamente se encenderían, diagonal al vitral de San Judas.
Desviaba la mirada constantemente hacia aquel lugar, como si de un momento a otro ella fuera a aparecer, pero sólo estaba una niñita de vestido azul meneando los pies que no tocaban el suelo debido a la altura del banco. La ceremonia terminó sin ningún altibajo más, ni siquiera la presencia del párroco que tanto detestaba. Últimamente Sasuke Uchiha no pasaba mucho tiempo en la iglesia, tampoco en el colegio, pero algo le decía al pelirrojo que en nada se relacionaba con Matsuri. Se acercó al banco donde ella debió estar sentada y recordó cómo había iniciado todo, cuando la había espiado por el rabillo del ojo para saber si se quedaría mucho o no, cuando la siguió disimuladamente hasta el confesionario, cuando el efecto dominó se desató. La niñita seguía por ahí, pero no en la banca, sino frente a las velitas, con su madre. Estaba llorando, al parecer la vela no quería encenderse y la chiquilla estaba realmente frustrada. Gaara se levantó y tomó la cerilla sin mucho interés, la acercó a la velita de la niña y la encendió sin dificultad, pero era porque ya conocía las corrientes de aire del edificio.
Se quedó un rato más sentado ahí, sin pensar o hacer mucho, pidiendo claridad en sus pensamientos. No sabía si ir a verla o seguir con su vida y muy seguramente no lo sabría de inmediato, pero era mejor empezar a meditar correctamente si quería llegar a algo.
Cerró los ojos y creyó verla, pero sólo era un recuerdo viejo de cuando la conoció, de cuando la descubrió llorando y espantada de la vida que llevaba.
O, posiblemente, sin él saberlo, la respuesta a sus largas reflexiones había llegado finalmente.
Matsuri se había quedado dormida por unos minutos tan cortos que más pareció un parpadeo. No tenía noción del tiempo, no sabía si era de día o de noche y no le interesaba saberlo. Se pasó las manos por las muñecas nuevamente e hizo un recorrido por su torso, como siempre que se despertaba de una pesadilla, como comprobando si realmente estaba en el lugar y tiempo presente. Pensaba en Gaara, en cuánto deseaba llamarlo, pero no podía, su confianza en los seres humanos, si es que tal cosa existía, se había desvanecido. Lloraba en silencio, recordaba esas manos que la acariciaban y los labios que la llenaban de besos, la mirada fría que se llenaba de calor al tenerla debajo suyo y la sensación de tenerlo en su cama. Suspiró y soltó otro quejido leve, realmente necesitaba a Gaara en ése instante.
Pero ninguno de los dos cedía tan fácilmente a sus impulsos, mucho menos si recordaban las palabras y acciones del otro. Seguían insistiendo tercamente en pensar que lo mejor era mantener las distancias, o simplemente les faltaban fuerzas para llamarse y salir de aquel túnel en el que estaban.
-No sería mala idea que fueras a verla – Gaara levantó la mirada, era Sasuke quien le hablaba.
-¿de aquí a cuando te interesa? – Preguntó secamente, sin mostrar nada en su voz.
-Si Sakura desapareciera por tres días, iría a verla. Si Hinata no contestara el teléfono, Naruto la buscaría. Si Matsuri no da la cara, es porque algo pasa – El azabache dedicó una mirada fría al pelirrojo, aun llevaba las gafas para leer y un ejemplar de "Verónica Decide Morir" en sus manos.
-No confío en tus consejos – Respondió Gaara mientras miraba la llama de la vela que había encendido, que flaqueaba como si el viento sólo la afectara a ella.
-Escucha, Gaara, antes de que me arrepienta de lo que digo: Ve a su casa, ahora mismo – El tono de urgencia del Uchiha dejó estupefacto al del tatuaje en su rostro y recordó las múltiples peleas que tubo con él.
Alguna vez le había dicho a Sasuke que, tarde que temprano, las cosas se saldrían de su control, especialmente si involucraba terceros en su jueguito macabro. En algún momento imaginó al Uchiha desesperado pidiendo ayuda porque la bola de nieve ya no se detenía y no le cabía en las manos, y repetidas veces se preguntó si cuando dejara de sentirse Diablo y recordara que es humano, con capacidades limitadas y poco poder, querría arreglar las cosas.
-¿Qué le ocurrió a Matsuri? – Preguntó, y con el final de aquella pregunta, finalizó la vida del fuego en frente de la estatua de Jesús de Nazaret.
Fuera no era muy tarde, tampoco muy temprano y el cielo no mostraba un tono en especial. No hacía frío ni calor, pero la cantidad de personas que transitaban era impresionante, sin embargo le era difícil diferenciar rostros en aquel momento. Cada persona no era más que una sombra, las sombras borrones en el asfalto, las voces murmullos, estaba aislado, simplemente sabía que tenía que llegar pronto a un lugar determinado y no le importaba nada más. El edificio donde Matsuri tenía su apartamento era grande, lleno de minúsculos bloques donde apenas podía vivir una persona muy incómodamente. La fachada se mostraba totalmente estéril, poco llamativa y apenas decorada con una planta agonizante.
Tocó la puerta fingiendo calma, no fuera a alarmar a los vecinos o peor, que lo viera una de esas viejas chismosas que iban a la iglesia para ponerse al día de los últimos escándalos. Golpeó un poco más fuerte, pero no se escuchaba nada dentro del apartamento, así que tomó la llave que Matsuri le había dado hace tiempo y rogó porque la chica no hubiera decidido cambiar la cerradura. Cuando la puerta cedió dejó escapar un aroma asqueroso de orines, sudor y otras cosas que el chico no pudo identificar. Estaba oscuro y el ambiente estaba muy cargado, era difícil entrar sin sentirse aturdido.
Llamó a la castaña un par de veces antes de entrar, avisando que el que llegaba no era un extraño ni tampoco algo peligroso, aunque por la falta de movimiento del lugar dedujo que eso no era un problema. Tropezó con la correspondencia acumulada y con otras cosas que no pudo diferenciar en medio del desorden, parecía que por ahí hubiese pasado un huracán. Finalmente llegó a la alcoba de la mujer, que apestaba más que todo el lugar, y la encontró acostada en posición fetal sobre un fétido colchón del que provenían los hediondos efluvios que le atacaban la nariz. Se acercó con cuidado de no asustarla, hablándole suave para no alterarla. La vio temblar y murmurar algo, pero su voz no lo alcanzó.
¿Qué era todo esto? ¿Qué había pasado?... Matsuri era desordenada pero no una cerda, además le gustaban los espacios iluminados y al recibir visitas era un encanto, entonces ¿Qué hacía tirada en su cama? Y principalmente ¿hace cuanto no se levantaba de ahí?
Ni siquiera intentó encender las luces, ya había visto el recibo sin pagar entre la correspondencia y no quería perder el tiempo. Se inclinó para verle la cara a la muchacha e inmediatamente lo atacaron unas nauseas fuertísimas que le hicieron pensar le vomitaría en la cara a Matsuri, pero se contuvo y retiró el cabello del rostro de la joven. Ella seguía murmurando y sus ojos estaban fuera de órbita, así que la tocó para verificar que no tuviera fiebre, y justo al posar su mano en la piel blanca de la sien, ella soltó un chillido ahogado, como si acabaran de despertarla de un largo sueño. Se incorporó de un salto en la cama y miró al sacerdote como quien no termina de creerse las cosas, lo examinó con cuidado para confirmar que ésta vez no fuera una alucinación. Estaba agitada y muy delgada, era evidente que no comía en días y tampoco dormía bien.
Él tocó su rostro con cierto miedo, la encontraba tan frágil que pensó por unos instantes la rompería si ejercía mucha presión.
-Matsuri, ¿qué pasó? – Dijo, entre preocupado e iracundo, mientras recorría con la mirada el colchón. Con la poca luz no se podía ver bien, pero estaba claro que esa cosa era un asco. Esperó la respuesta de la chica, pero todo lo que consiguió fue un estallido de llanto y un abrazó débil, puesto que las fuerzas le faltaban. Matsuri no olía nada bien, pero no le importaba, sólo quería prestarle el consuelo que necesitara. Insistió con la pregunta, pero nada.
-No, no puedo – Murmuró ella mientras se agarraba como podía al hombre. Lo extrañaba tanto, lo necesitaba tanto.
-¿Qué pasó?
-"Calladita, calladita, nadie tiene que saberlo" – Dijo mecánicamente para después tratar de calmarse. Gaara dedujo que esas no eran palabras de ella, pero aparentemente no le sacaría mucho.
-Vamos a un hospital, ahora – ordenó en un tono que no aceptaba contradicciones y levantó a Matsuri de la cama como pudo. La ropa de la chica olía a orines y sudor, no se la había quitado en mucho, mucho tiempo.
Cuando salieron de la casa, Gaara se aseguró de cubrirle los ojos a la chica para que el sol no la hiriera, y se sorprendió al notar que aún con el poco tiempo en la oscuridad, la luz le fastidiaba. Maldijo el no tener un auto a la mano, no pensó el ello al salir corriendo de la iglesia, así que se regresó a regañadientes a la entrada y sentó a la chica en una silla cercana, mientras él llamaría a Naruto para que los recogiera tan pronto como fuera posible (Lo cual significaba "Ya, o te meto una patada que te reacomoda los intestinos") y en menos de media hora en rubio ya los estaba llevando al hospital más cercano.
Era desesperante no saber qué hacer o cómo ayudar, la impotencia ante una situación crítica ponía en evidencia la falta de control que podía tener el pelirrojo sobre sí mismo y sobretodo lo inestable que era. Naruto no pudo terminar de contar las palabrotas que lanzó su amigo a los otros conductores y prefirió no escuchar las que murmuraba cuando los médicos le dijeron que tenía que dejar a Matsuri en sus manos y esperar fuera hasta que los exámenes terminaran.
El pelirrojo estaba nervioso, y eso significaba que su humor no era el mejor. Las venas de la sien le palpitaban tan fuertes que su tatuaje pareció cobrar vida propia. Sus ojos no tenían brillo, Naruto temió que el pelirrojo volviera a su antiguo "yo" que era capaz de todo cuando se enojaba, y fue por eso que al verlo salir del hospital sin decir palabra alguna sólo atinó a hacer una llamada telefónica rápida, y rogar a Dios que estuviera equivocado.
Dentro de la capilla, en la oficina del obispo, Sasuke Uchiha recién colgaba el teléfono. Suspiró, no se había equivocado y Gaara había corrido al apartamento. Se inclinó en la silla y sostuvo su cabeza, sintiendo un fuerte dolor pasarle por el medio. Las voces dentro de él no se callaban, unas lo acusaban, otras lo animaban y había una que simplemente se lamentaba, la que más se oía. Sacudió la cabeza tratando de apartar sus pensamientos de él y respiró hondo para calmarse. Esperaba a su destino, esperaba que Gaara entrara por esa puerta tarde o temprano y lo confrontara, estaba listo y sabía que era un hijo de perra que merecía todo lo que le pasaba.
-No, no es verdad y lo sabes – Murmuró alguien al Azabache. Detestaba la compañía de esa persona, pero lo necesitaba o caería en una total locura, o al menos eso sentía.
-No te engañes, soy eso y mucho más – Se quitó las gafas y cubrió sus ojos con sus manos, reclinando a cabeza hacia atrás –. Sólo espero morirme pronto, así termino con ésta tontería
-No hables así, no eres tan débil – podía sonar como un frío regaño, pero en el fondo Sasuke Uchiha sabía que esas palabras se las decían con todo el amor posible –. No quiero qu te mueras tan pronto, Sasuke
Repentinamente entró a quien esperaba. Gaara había hecho un tiempo record entre el hospital y la capilla, muy seguramente rompiendo varias normas de tránsito, pero eso no era importante. Lo importante era que estaba ahí, listo para hacer lo que tenía en mente hace tiempo e impulsado por un alud de ira incontenible. Culpaba al obispo de lo ocurrido, no tenía pruebas o tan siquiera un idea de qué había ocasionado el colapso de Matsuri, sólo sabía y entendía que Sasuke Uchiha era el culpable, que Sasuke Uchiha tubo el poder de impedirlo, y que Sasuke Uchiha debía pagar por ello.
El azabache miró sin interés la navaja automática que el pelirrojo llevaba en la mano, ni siquiera se molestó en levantarse de la silla. Gaara se acercó a toda velocidad hasta el escritorio del hombre y colocó el filo del arma en frente de su ojo, sin tocarlo pero con toda la intención de hacerlo… pero primero, respuestas, necesitaba respuestas. Necesitaba saber porqué él, porqué ella, porqué todo esto.
-¡GAARA! – El grito casi lo deja sordo, por así decirlo. La mujer había entrado sin hacer ruido y le había bajado la mano al pelirrojo, logrando así que apenas se hiciera un pequeño corte en el rostro de Sasuke, nada a comparación de lo que el de ojos aguamarina tenía planeado – Gaara, así no arreglaras nada
-Suéltame, Sakura, o te mando al infierno junto a éste tipo – Amenazó en un tono aterrador el pelirrojo, un tono que sólo se dejaba escuchar cuando el deseo de venganza le sobrepasaba todo raciocinio.
-Gaara, escúchame, por favor – Sakura estaba espantada, pero no podía retroceder, de hacerlo Sasuke terminaría muerto –. Sé que crees que él tiene la culpa de todo, pero tienes que entender que no es así
-¿Quién si no él?... tú misma sabes qué cosas ha hecho y de lo que es capaz, no ha estado presente en días…tiene que ser…
-Eso tiene sentido, pero no puede ser verdad – La extraña coz que irrumpió en la estancia llamó la atención de todos. Sólo Uno de ellos se quedó inmóvil al ver entrar al extraño como si nada pasara.
-¿Qué quiere y quién es usted? – Dijo Gaara sin dejar de forcejear con Sakura por liberar su brazo.
-Kakashi Hatake, psiquiatra – Se presentó el hombre mientras enseñaba una tarjeta al que estaba armado. Gaara lo inspeccionó de arriba a bajo, tenía el cabello plateado, los ojos negros y una cicatriz que le atravesaba el ojo izquierdo. No tenía pinta de psiquiatra, pero él tampoco tenía pinta de cura –. Si quieres puedo confirmar que los días en que Sasuke Uchiha estuvo ausente no pudo cometer ningún crimen, mucho menos lastimar a alguien…
Gaara bajó lentamente el arma, pero no la soltó, lo que menos necesitaba era otra noche en la cárcel y ése era un regalo que una chica de ojos verdes armada le podía dar sin problemas. Podía estar enojado, pero era una persona buena y si podía evitar asesinar a alguien, lo haría. El psiquiatra se acercó y tomó asiento sin mostrar temor alguno y le pidió a Gaara que hiciera lo mismo, pero el chico se negó. El mayor miró a Sasuke e hizo una pregunta sencilla con la mirada, a lo que el azabache asintió sin mostrar emoción alguna.
-Verás, chico – Comenzó el Hatake.
-Gaara, me llamo Gaara – Corrigió. Detestaba que se refirieran a él como un chiquillo.
-De acuerdo, Gaara, lo que trato de decirte es que Sasuke pasó esos días conmigo
-¿Qué es amante tuyo también? – Escupió el pelirrojo con ironía.
-No, yo trato su caso, eso es todo – Respondió Kakashi, sin alterarse en absoluto. Era sorprendente lo calmado que era ése hombre.
-¿Caso?
-Kakashi es el psiquiatra de Sasuke – Aclaró Sakura –, lo trata desde hace años… aunque nunca me ha dicho de qué…
-Gaara, lo que necesitas saber es que Sasuke ha estado interno estos días, apenas le dimos de alta hoy…- Gaara abrió los ojos y soltó el arma inmediatamente. Si estaba interno, no pudo lastimar a Matsuri… o al menos en ése tiempo –. Sasuke está enfermo, pero no es agresivo, así que puedo darte mi palabra de que no tuvo nada que ver con lo de tu amiga…
-Usted no ha visto de lo que es capaz
-Oh, sí lo he visto – Afirmó con naturalidad el psiquiatra –, lo he visto desde hace años…
-¿qué tiene Sasuke exactamente? – Preguntó el pelirrojo con desconfianza. Todo eso podía ser un montaje y lo sabía.
-Bueno, si Sasuke me permite decirlo… - El doctor no podía romper la confidencialidad medico-paciente, a menos que el Uchiha lo autorizara, cosa que hizo con un simple asentimiento – Es un caso curioso, mezcla dos problemas realmente peligrosos que se desarrollaron en dos momentos diferentes… pero si quieres, puedo ilustrarlo mejor en mi consultorio
-Lo dudo mucho – El móvil de Gaara sonó en aquel instante, al parecer ya tenían los resultados de las pruebas que le habían hecho a Matsuri – Me lo explicará camino al hospital, y vienen todos, ¿entendido?
-Claro, no hay problema – Contestó Kakashi, Sakura apenas logró asentir y Sasuke los siguió sin decir palabra alguna.
Por cuestiones de seguridad, Sakura fue quien condujo todo el trayecto, lo cual desesperaba de sobremanera al pelirrojo quien quería romper su marca anterior en aquel trayecto. Los semáforos eran una molestia cuando estaba estresado.
-Ahora, hable – Ordenó el sacerdote mientras se pasaba las manos por la cabeza.
-Verás, durante su infancia Sasuke desarrolló esquizofrenia – Explicó Kakashi –, empezó con un accidente… supongo que sabes que Sasuke no es hijo único, ¿verdad? – Gaara asintió mientras recordaba una foto que estaba sobre el escritorio del aludido. La imagen mostraba a dos chicos muy parecidos, el menor era Sasuke a eso de los nueve años y el otro no sabía quién era, pero siempre dio por sentado que era su hermano mayor, eso al menos por unos catorce años.
-No sé su nombre, pero lo he visto en una foto y alguna vez lo mencionó, según sé su relación no es muy buena – Contestó Gaara mientras rememoraba las charlas viejas con Sasuke.
-Actualmente no pueden tener relación alguna – Afirmó el mayor – porque Itachi Uchiha, el hermano de Sasuke, murió hace muchos años…– El pelirrojo tuvo que tragarse el asombro para no sentir lástima por el Uchiha. No se atrevía a imaginar lo duro que era perder a un hermano.
-La foto que viste, fue la última que nos tomamos – Aclaró Sasuke en un hilo de voz –. Prefiero no dar datos de cómo murió… pero… desde ése día… lo veo…
-Cuando Sasuke deja de consumir en orden su medicina suele mezclar la realidad con sus fantasías, pero mientras siga las reglas es consciente de lo que hace
-Insinúa que ve a su hermano pidiéndole que lastime a todo el que se le acerca – Preguntó Gaara justo cuando el semáforo daba luz verde.
-Todo lo contrario, las alucinaciones con Itachi le piden que se detenga, generalmente, otras veces charlan o van juntos a su anterior casa y cuando lo encuentro está viviendo en un mundo donde él y su hermano están viviendo juntos… lo que ocasiona el comportamiento destructivo es otra cosa
-¿qué?
-Un desorden narcisista de la personalidad que desarrolló en sus años de instituto debido a los problemas que tenía con sus compañeros y al hecho de que se sentía traicionado por la mayoría de sus amistades… eso generó que desarrollara ese trastorno como medio de autodefensa, así que suele dejar de importarle el bienestar de las personas cuando desea algo y suele sentirse "todopoderoso"… aunque es algo que aún no termino de determinar, ya que alguien con ése problema suele comportarse así sólo si saca algún beneficio, pero Sasuke no me habla de eso
-Ni lo haré – Completó el azabache, cabizbajo. En su mirada había mucha tristeza, estaba sumamente melancólico –, pero te garantizo, Gaara, que cuando me doy cuenta de lo que he hecho…
-No hables más, es suficiente para mí – Gaara se mordió la lengua tras decir eso. No podía dejar de odiar al tipo, pero ya sabía que no era culpa suya y en su fuero interno algo gritaba que sus motivos tendría.
Llegaron al hospital e inmediatamente buscaron a Naruto, quien no ocultó su alegría al comprobar que Sasuke estaba vivo y que Kakashi los acompañaba, eso significaba que Gaara ya sabía la verdad sobre el Uchiha y el agua se calmaba por el momento. Llamaron a la doctora y ésta les atendió sin chistar, dándoles un reporte completo de la saludo de Matsuri. Tenía desnutrición y estaba en estado de shock, además un psicoanalista detectó una depresión bastante grave y decidió que un psiquiatra la debía recetar. Además de eso estaba deshidratada y por poco le fallaban los riñones, menos mal Gaara la había encontrado rápidamente.
-Una cosa más – Dijo la doctora, no sin cierto recelo. Todos la miraron con intriga y preocupación.
-Shizune, dilo – Animó Kakashi, quien al parecer ya conocía a la doctora.
-Entre los exámenes tanto físicos como psicológicos que le hicimos encontramos algo… que posiblemente no les agradará saber…
