Bueno, no sé si aún existan personas con la paciencia para seguir éste fict que abandoné por tanto tiempo, de ser así, se los agradezco enormemente.

Dejo el onceavo y último capítulo de "Yo pecador" (Sí, es el final, ni yo me lo creo OoO). Aproveché estos días que he estado enferma en casa para pensar bien el final y revisar otra vez sus comentarios, se podría decir que tengo tres finales para esto… ¿Final feliz? ¿Final trágico? ¿Algo agridulce?... supongo que ya lo averiguaremos en cuanto lleguemos al último párrafo de...

Yo Pecador

Capítulo 11º

-Se acabó - Dijo el pelirrojo con su voz temblorosa de ira. En una mano sostenía la ropa del ser que más odiaba en el planeta entero, en la otra el arma que acabaría de una buena vez con todo. Miró su rostro iracundo reflejado en la mirada de horror de aquella criatura y se repitió en voz baja un "que Dios me perdone" antes de bajar su brazo.

¿Cómo? ¿Cómo era posible que un error tan llegara tan lejos? Sabía que había estado mal tomar a esa chica en plena iglesia, sabía que había sido peor tratarla como lo hizo y desprotegerla… pero era impensable que lo que inició como un chantaje por parte de un tipo con problemas mentales se convirtiera en… eso.

Y todo había llegado a éste punto decisivo, con arma en mano y con el culpable en la otra, era tan simple cobrar su venganza, todo lo que tenía que hacer era asegurarse de que ese tipo jamás abriera sus ojos nuevamente. Quizás así podría ver nuevamente a Matsuri directo a los ojos sin sentir vergüenza.

Hacía seis meses que no la veía… seis largos meses… tanto tiempo conteniendo tanta rabia, tanto tiempo con el recuerdo de su sonrisa borrada de su rostro y de sus ojos opacados por la desesperación. La última vez que había hablado con ella, había sido en el hospital siquiátrico, se había vuelto necesario internarla luego de aquel ataque tan atroz y repulsivo. Ella aún le temía a los cuchillos, tenían que dejarle la comida lista para ingerir sólo con tenedor y cuchara.

Pero ¿qué había sido de él esos seis meses? Fácil, una vida de días largos, noches cortas, pasar el día haciendo nada en un apartamento copado de personas. Tanto él como Sasuke y Naruto habían decidido abandonar la orden, eran fugitivos del vaticano viviendo donde nadie les conocía como sacerdotes. Naruto había conseguido un empleo no muy bien pago sacando fotocopias en una empresa y Sasuke estaba de mesero en un café cercano. Tenían suerte de que Hinata les ayudara con el arriendo y de que Sakura les advirtiera cuando alguien de su cede estaba por ir a la zona donde ellos se encontraban.

Y antes de eso, estaban las visitas al hospital, las que canceló cuando ya no soportó más. El último día de Matsuri interna por sus lesiones había sido soleado y todos parecían felices por vera salir, sin embargo la doctora interrumpió su alegría y, mirándolos con tal seriedad que por poco pensaron la chica moriría, dijo que Matsuri necesitaba ayuda psicológica y que lo mejor era internarla. Tras eso, explicó la serie de incidentes que habían tenido con ella, los gritos a media noche, el terror cuando alguien abría las ventanas, el mutismo absoluto en el que estaba sumida.

Tanto tiempo callada, ya ni siquiera decía las palabras de siempre "calladita, calladita, nadie tiene que saberlo", ni eso salía de su boca, sólo se quedaba en silencio mirando un punto fijo, mirando el vacio oscuro donde se refugiaba para no rendirse, para no ceder a la tentación de morderse la lengua y acabar con todo de una buena vez. Ella se movía, como un fantasma, con la pasividad de pluma cayendo, pero se movía, caminaba de un lado para otro, miraba a las personas sin manifestar mucho y luego regresaba a su lugar de siempre. Pero hubo una excepción, un momento en el que un pequeño atisbo de emoción cruzó por su rostro, algo que la mantenía conectada con la realidad de una forma cruel y agradable a la vez, ese algo era Gaara, esa excepción su visita.

Era imposible olvidar cuando seis meses atrás la había visitado, cuando ella deambulaba por el camino del jardín del hospital, mirando las flores sin mirar nada en realidad. Las voces se le antojaban como murmullos, no más sonoros que la caída de un alfiler, y los colores y rostros de las personas en aquel lugar lleno de locos y cuerdos eran borrones sin importancia, salvo por una, la de aquel hombre de ojos claros que invariablemente la visitaba todos los días. Cuando cruzaban miradas, por unos segundos, ella parecía ver algo realmente, sus ojos sonreían con melancolía aunque su rostro siguiera impasible y aunque él no fuera capaz de sonreír, la miraba con afecto siempre.

Y esa última vez había sido tan doloroso verla, tan felizmente doloroso. Siempre se sentaba junto a ella o caminaba a su ritmo por todas partes, hablándole, leyéndole algo porque según los doctores eso la podría ayudar, y en esa ocasión le había estado leyendo el mismo poemario viejo que Hinata le leía cuando la visitaba. Verso a verso revisaba sus reacciones y sentía que el corazón se le partía al notar que ella había perdido parte de su alma y que ésa alma tan pura y hermosa seguramente volaba cerca, a veces parecía que ella, al mirar el vacio, miraba su inocente felicidad saludándola desde lejos. Y lo que había rebosado el vaso había sido la mirada de lástima que ella le dedicó a él. ¿Cómo podía compadecerse de él? Gaara detestaba ver cómo en sus gestos por mínimos que fueran manifestaba un "no estés triste", y recordaba verla levantarse, arrancar una flor y regalársela sin decir nada con su boca, pero sí con las lágrimas silenciosas que rodaban por sus mejillas mientras él observaba perplejo esa pequeña flor y, con cierto temor, la tomaba de sus manos.

Ese día decidió no verla hasta acabar con todo, ese día empezaron sus seis meses de soledad y amargura, siempre vigilado por alguien para que no "cometiera una locura" ¡¿Locura? ¡Él sólo quería justicia! ¡No era demente querer justicia!

Tanto tiempo desesperado en su alcoba, escuchando cuando todos creían que no estaba atento, todos decían estar preocupados y él lo dudaba seriamente, es decir, si estaban tan preocupados porqué no le dejaban ir.

Y finalmente, hacía una semana, su antiguo enemigo le había soltado la cadena.

-Vete – Había murmurado Sasuke en voz baja mientras le tiraba las llaves del auto.

-¿Qué… haces? – Gaara no lo había creído en un principio, tanto tiempo de vigilarlo y de no ver su dolor ¿por qué ayudarlo ahora? – ¡he dicho que te fueras! ¡Gaara, sal de aquí ahora! ¡Vete antes de que los demás regresen!... y te lo suplico, no me digas a dónde vas ni qué harás ahí…

-¿Seguro, Uchiha? ¿Cómo sé que no tramas algo? – No era como si eso fuera a detenerlo realmente. La policía no hacía nada salvo esperar una declaración de Matsuri, él en cambio no tenía temor alguno de ir a prisión con tal de cumplir con su labor.

-Lárgate y ya… por favor…

Y así había hecho. Que Dios lo cuidara de que lo hallaran antes de lograr su objetivo, o mejor dicho, que cuidara al que se pusiera en su camino. Pasó una semana entera vigilando a su presa como lo hubiera hecho un cazador, un asesino experimentado. Noche y día saboreaba la cercanía de su objetivo, la venganza con su sabor dulce, frío y amargo le rodeaba la lengua y opacaba cualquier otro sabor. No había comida o bebida que manara un aroma, que dejara una huella diferente a ese sabor a venganza, a ansiedad, todo sabía exactamente igual. Tan cerca del final y tan lejos de efectuarlo, extrañando y anhelando la sensación de calma que esa chica atolondrada le había dado, rememorando esos momentos en que disfrutó de su prohibida aventura romántica, de ese lapso que no encajaba con él y que hacía parte suya con tal intensidad que ahora daría toda su vida con tal de un simple "te quiero" salido de la boca de esa chica.

Y todo se resumía al momento en que había elegido ser juez y pecador, entrar esa noche a esa oficina con el desgraciado anciano dentro, ocupado en su papeleo, olvidándose de lo que había hecho. La entrada al lugar, el compartir miradas con el futuro cadáver, la ignorancia y arrogancia del auténtico diablo que creía estar a salvo hasta que había saltado hacia él. El forcejeo era un dulce preludio al fin de esa vida que no debió ser, porque alguien tan horrible como Orochimaru jamás debió nacer, de eso estaba seguro Gaara. El pelirrojo comenzó a comprender el placer de matar durante esos cortos instantes de lucha, sentía su sed de sangre quemarlo por dentro, cada fibra de su ser deseaba ser mancillada con sangre, con esa sangre. Perdía la razón con el forcejeo, casi podía escuchar una canción en medio del violento altercado ¿Eran ángeles o demonios los que cantaban? Fueran lo que fueran entonaban una melodía exquisita.

Y, finalmente, el momento de la verdad, lograba someter al tipo, lograba ver terror en sus ojos, lograba distinguir su reflejo en aquellos asquerosos ojos amarillos, sostenía con fuerza las manos que habían hecho tanto daño a tantas personas.

-No te mataré rápido, tenlo por seguro – Masculló con rabia y satisfacción el pelirrojo que apretaba con fuerza un trapo contra el rostro del tipo. Orochimaru reconocía el olor, era cloroformo. ¿Coincidencia, ironía o justicia poética? Eso no le importaba mucho a ninguno de los dos. El uno sólo pensaba en justicia, el otro en su propia muerte – Matarte rápido sería tan… simple, no es lo correcto – Gaara levantó el cuchillo que llevaba en la otra mano y se lo enseñó a su víctima – Es hora de que pagues.

Y lo haría, porque a los ojos de Gaara debía hacerse justicia, aunque en el proceso perdiera su propia alma. A fin de cuentas ¿qué era lo justo, qué era lo injusto? Tantos años de confesiones, de escuchar los problemas de los demás, tantos años de no entender éste aparentemente gran mundo que en realidad no es más que un miserable punto en algún lugar del universo. No más, no se preocuparía más por nada de eso, por la salvación del alma o la condena eterna. ¡El alma al diablo! (*) ¡Nada de paz en la tierra! ¡Nada de cielo o infierno! Si la vida no era justa, él no tenía razón para seguir reglas, el debía ser el justo en medio de los pecadores, aunque a fin de cuentas, ante el mundo entero, estaría gritando "Yo pecador"

El pelirrojo bajó los pantalones del tipo sin quitarle la mirada de los ojos. Quería ver el terror, asegurarse de que con cada segundo ese demonio sufriera, que su horror aumentara lentamente mientras él cobraba por cada uno de los momentos de dolor que se aglomeraban en su mente. Gaara no era alguien expresivo, se limitaba a guardar todo dentro suyo y dejarlo ahí para que nadie lo viera, pero estaba cansado, demasiado cansado.

-¿Sabes qué va a pasarte ahora? – ¿Saberlo? ¿Cómo saberlo? El chico parecía capaz de hacer cualquier cosa, tantas opciones de tortura pasaban por la mente de ambos que por poco les mareaban.

El cuchillo descendió lentamente hasta el miembro del de ojos amarillos. El terror le desdibujo el rostro cuando sintió el metal frío y afilado rozar esa piel tan delicada y sensible. Trató de forcejear, pero estaba demasiado débil y drogado como para poder hacer algo. Gaara movió el cuchillo y le propinó un corte no muy profundo en el pene mientras apretaba más el paño contra su boca para que sus gritos de dolor no salieran. El miembro, flácido y herido sangraba descontroladamente, y el rojo aumentaba cuando el pelirrojo propinaba otro corte.

Tanto dolor, tanta sangre, las lágrimas salían de los ojos del monstruo, pero la compasión no brotaba del corazón joven consumido por la ira. Mataría al tipo, pero no sin antes hacerle conocer el infierno que le había hecho vivir a esa chica. Una vez le destrozara los genitales y le metiera la cuchilla, sólo entonces sería capaz de matarlo. Acabar con la vida de esa cosa luego de la tortura que le esperaba sería el único acto de compasión que tendría con él.

-¡GAARA! – El grito que desgarró el aire lo agarró por sorpresa, pero no se detendría, no podía prestar atención a todo ese escándalo.

-No interfieran – Dijo secamente el de ojos claros en un tono que daba a entender que haría cualquier cosa con tal de cumplir con su venganza.

-¡Serás idiota, Gaara! – Naruto saltó sobre el pelirrojo y forcejeó con él para quitarle el cuchillo. ¿Por qué interferían? ¿Por qué querían detenerlo? ¿Acaso no sabían que esa era el único camino correcto?

-¡SUELTAME! – El pelirrojo movió la cuchilla ensangrentad en contra del rubio. – ¡DIJE QUE NO INTERFIRIERAN!

-Gaara… si haces esto serás igual a él – lloriqueó Hinata desde la puerta. Estaba pálida, aterrada ¿Ese era el mismo chico con el que había salido alguna vez?

-¡IRÁS A PRISIÓN, IDIOTA! – Naruto lanzó un puno al rostro de Gaara, un puño que resultó herirle pues en medio del ajetreo, el pelirrojo usó su arma para defenderse. Naruto, el joven y alocado chico, su "amigo" tenía un corte vertical en su muñeca, uno largo que se extendía desde el final de la palma de su mano hasta lo alto del antebrazo.

El rojo de vida y muerte coloreó la escena entera. Sangre de justos, sangre de pecadores, toda derramada y mezclada como una sola. No diferían en color, en la manera de llevarse consigo la vida del cuerpo que abandonaba. Hinata lloraba e improvisaba un torniquete en el brazo del rubio, que ya sentía mareos y la garganta seca. Gaara maldijo por lo bajo y se mordió el labio inferior con ira, por más que quisiera su venganza completa, debía socorrer al inocente que había herido. Tendría que acabar con la vida de Orochimaru de un solo tajo…

O eso creyó

Un disparo cortó el aire. El aroma a pólvora se mezcló con el de la sangre, la tristeza se combinó con la sorpresa y finalmente, por un orificio ennegrecido y quemad en la cabeza del malvado, la vida se le escapaba en un suspiro.

-Tenía que…– La voz del teléfono de Hinata que se comunicaba con emergencias era lo único que se escuchaba aparte de la voz del azabache que sostenía la humeante pistola – Era la única forma de que… ¡TENÍA QUE HACERLO!

Sasuke, con quien había empezado todo, terminaba todo. Su mirada estresada, los temblores de su cuerpo, los murmullos que comenzó a soltar al caer de rodillas al suelo, todo era confuso en medio de esa noche plagada de muerte y rabia. La más oscura de las noches que cualquiera de ellos recordaría.

-¿qué dices? – Sasuke hablaba solo nuevamente… No, hablaba con Itachi nuevamente. – ¿seguro? –El joven, en medio de sus alucinaciones, agarró el arma que Gaara había utilizado y comenzó a apuñalar el cadáver que tenía en frente. Una, otra y otra vez, con rabia, con frustración, bañado en lágrimas y sudor. Casi de repente, antes de que el cuerpo quedara irreconocible, Sasuke se detuvo –Sí… tienes razón… que caiga el telón – Y con un último disparo en su frente, terminaba su historia. El ruido de ambulancias y patrullas llegó tan rápido que casi parecía imposible que ese fuera el final.

Dos muertes en una noche, dos cadáveres en el cuarto con tanta sangre…

Y toda esta historia de amor y tragedia había transcurrido apenas hacía tres años.

Y todas esas memorias llegaban en pocos segundos. Tanto tiempo, tan corto y extenso… Él jamás imaginó que tras tantos años siguiera pensando en esa noche. La última imagen de sus memorias enfebrecidas de ira, la de Sasuke suicidándose justo en frente suyo, lo perseguía constantemente y no podía dejar de preguntarse porqué lo había hecho. Quizás ese pobre chico de tantos rostros, su antiguo enemigo y más leal aliado, estaba más cansado que él mismo. Ojalá Itachi no hubiera sido sólo una alucinación, así podría preguntarle porqué Sasuke hizo lo que hizo, porqué no dejó que Gaara terminara con su venganza… ¿Ese sacrificio había valido la pena?

-Gaara – Esa dulce voz interrumpía sus pensamientos nuevamente. Gaara miró a Matsuri sin decir palabra alguna, no quería decirle qué se pasaba por su cabeza entonces – al parecer alguien vino antes que nosotros. –Él asintió mientras observaba las flores ante la tumba del chico Uchiha. Habían logrado que le sepultaran junto a su hermano, así que las flores eran para ambos. Era curioso, aunque a Itachi jamás lo conocieron, casi lo sentían cerca, era como si al pensar en Sasuke automáticamente se viera el espejismo de su hermano a su lado.

-Yo le odiaba – Dijo Gaara sin dejar de mirar la tumba –… Le odié tanto que no sé si debo estar aquí

-Sabes que ese odio estaba mal infundado, nadie podía saber cuán mal estaba él – Cuando Gaara levantó la mirada se dio cuenta de que ella observaba fijamente la inscripción en la lápida, "que caiga el telón, está farsa terminó". Nadie supo jamás porqué Sasuke había dicho eso antes de dejar éste mundo, pero lo había dicho y se había convertido en su epitafio – Sigo preguntándome porqué hizo todo eso

-Quería hacer lo correcto, de eso estoy seguro – La simple mención del hecho traía consigo imágenes rápidas de aquel entonces. Matsuri se estremecía al recordar el miedo y desesperación que sintió, la paranoia constante aun sabiéndose segura en el hospital… en ocasiones tenía pesadillas, eran menos que antes, pero pesadillas al fin de cuentas… quizás lo mejor era que ella jamás supiera la verdad completa, ya había sufrido demasiado. Las razones de Sasuke para hacer lo que hizo eran un misterio, pero él había matado al tipo, no Gaara, no valía la pena decirle a Matsuri quién había sido el primero en atacar.

-¿Sabes algo, Gaara? En retrospectiva, no quisiera cambiar nada – Era fácil creerle cuando aún con los ojos llorosos sonreía tan ampliamente mirando el cielo – si eso no hubiera ocurrido no estaríamos hoy aquí. Naruto dejó eso de ser sacerdote y ahora está con quien ama, Hinata ya no está sola gracias a eso, Sasuke obtuvo el descanso que tanto necesitaba, ese tipo ya no atormenta a nadie y… – Y la verdad le daba demasiada pena decirlo, además seguro Gaara se reiría de ella.

-Y Tú y yo estamos juntos ahora – Completó él mientras se tragaba la vergüenza. Seguía siendo extraño no llevar el collarín, pero mandar esa carta a Roma con su renuncia fue lo mejor. Ya nadie le prohibía estar con ella, ya no era guía espiritual de nadie, tampoco sentía merecerlo.

Esas memorias malditas, esa vida de doble faz, todo era se veía lejano especialmente cuando el recuerdo más tangible era esa tumba, porque ni la iglesia mancillada existía ahora. Como si aún en espíritu Sasuke hubiese tenido cuentas pendientes con éste mundo, esa noche el sistema de sonido de la iglesia hizo cortocircuito y todo el lugar fue tragado por el fuego. Altas llamas llevándose todo, limpiando toda mancha de pecado que hubieran dejado, desde el supuesto pecado carnal hasta los auténticos yerros de sangre, todo se había ido.

Esa le pareció a todos una señal de que era el final, el auténtico final, y de que era hora de seguir sus corazones y andar por la extraña senda que, ya fuera Dios o el destino, les había puesto en frente. Ni él, ni Sasuke, ni Naruto, menos Orochimaru merecían llevar esos collarines. Los cuatro no estaban hechos para esa vida, sus almas estaban manchadas de mentiras, odios, deseos y sueños pasionales. Tantas heridas causadas por la rabia y la hipocresía, por culpas que se transferían y por cobardías y valentías poco racionales. Sí, eran chantajistas, mentirosos, lujuriosos, agresivos, eran los santos pecadores, los que lanzaban la piedra y escondían la mano. Sasuke, con su muerte había camuflado el crimen de Gaara así como Gaara había escondido sus crímenes antes. Ya no eran sacerdotes, ya no eran devotas ayudando en la iglesia, eran sólo simples e impuros pecadores…

Y a fin de cuentas ¿Qué no somos eso todos? ¿Qué no somos dignos de poner el mentón en alto y decir…

YO PECADOR

-FIN-

(*) Al decir "el alma al diablo" quise agregar una referencia chiquita a otro fict de mi autoría, "Crónicas De Una Obsesión". Esa frase resulta ser el título de un libro que publica Sai en esa historia.

Ahora sí, pasemos a la nota final…

Wow, el final…

Quiero agradecerles a todos los que tuvieron la paciencia de seguir el fict hasta el final, desde los que lo leyeron el primer día que se publicó hasta los que apenas ahora se dan cuenta de que existe, a todos ¡MUCHAS GRACIAS!, sin ustedes esto jamás hubiera llegado tan lejos, fueron ustedes los que me convencieron de que esto, que inició como un regalo/trato con Midori-neechan se convirtiera en una historia de 11 capítulos, fue su paciencia conmigo la que logró todo esto ^^U

Espero que el final les gustara, yo sinceramente estoy bastante feliz con el fict y aún me cuesta creer que terminó… se siente raro… bueno, hasta la próxima será! Y como siempre, espero que comenten y me digan sus opiniones finales de la historia, si les gustó o no el final, si alguien por ahí todavía quiere insultarme por la demora, bienvenido sea (que me lo merezco XD), espero sus reviews! ^o^