un poco más...
III
El primer día de clases
--Bueno a levantase el par de ¡flojas! –gritó Lily para despertarnos.
--¡Shhhh!, Déjame dormir un poco más –contestó con la voz adormilada Mari, mientras yo, ya entraba al baño para ducharme y quitarme el sueño. Alice ya estaba lista y miraba divertida a la pelirroja.
--Nada de eso Mari te levantas o te levanto yo –amenazó Lily con autoridad.
--Está bien… ¡Uf! Que mandona eres –dijo Mari mientras se levantaba a duras penas.
No alcancé a escuchar qué le contestaba Lily, pues el ruido de la ducha no me dejó.
"Este será una día duro" pensé mientras me jabonaba.
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Una vez abajo y desayunado, me encontré con los chicos (James, Sirius, Remus y Peter)
--¡Hola, chicos! –saludé entusiasmada, ya que extrañaba mucho a James.
--¡Hola, May! –contestó James mientras chocábamos las manos y hacíamos nuestro saludo, los demás quedaron un poco desconcertados por la forma de saludar –pues siendo una chica, prefería mil veces los pantalones y volar en escoba a usar vestidos y jugar con muñecas)
--¿Qué fue eso? –preguntó Sirius que aun no salía del asombro.
--Un saludo –contestó Lily con su peculiar voz de sabihonda.
--¿Un saludo? –volvió a preguntar Sirius.
--Si, un saludo, es muy común entre los muggles –contestó nuevamente Lily.
--Ah…. –dijo Sirius --¡genial! Quiero aprenderlo, ¿me lo enseñarían? –nos preguntó.
Yo miré a James, ya que ese era nuestro saludo y de nadie más, él notó que me rehusaba a enseñárselo y en un susurró me regañó.
--No seas caprichosa, Maylin.
Con una mueca disconforme asentí. Sirius al ver que aceptaba se abalanzo sobre mí y me tomó en brazos dando pequeños saltitos de alegría.
--¡Wooo!… esto es fantástico –gritó emocionado.
--Sirius, bájame, me avergüenzas –pedí, ya que todos en el comedor nos miraban como bichos raros.
--Lo siento, no fue mi intención –susurró mientras me bajaba.
--No te preocupes –dije para que no se sintiera mal y tratando que mi falda volviera a su lugar.
--¿Cuándo me lo van a enseñar? –preguntó ansioso y con su típica sonrisa picarona.
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Cuando era joven, muchas veces me pregunté cómo me había llegado a enamorar de Sirius y no era la única que se hacia esta pregunta, pero ahora que estoy rememorando todo puedo contestar a esa pregunta sin miramientos: A pesar de las miles de diferencias que teníamos y de las muchas peleas que tuvimos, sin el otro no podíamos vivir.
Ahora, que Sirius está lejos de mí, de mi vida y de nuestro hijo, la única persona que me mantiene viva es Rigel, mi pequeño Black… Nadie puede imaginar cuanto extraño a Sirius, ni siquiera mi mejor amigo lo puede imaginar. Me hace tanta falta que en los últimos diez años no he dejado de soñar con él y no ha pasado un sólo día en el que no ruegue que pronto esta tortura termine….
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--Que tal después de pociones, es la última clase del día -propuso James, mientras se sentaba y tomaba una tostada con mermelada.
--¡Me parece genial! –contestó Sirius, animado.
Luego de comer, arrasar en el caso de James y Sirius, el desayuno llegó a su final para dar inicio a la primera clase, esta era Cuidado de las criaturas mágicas, así que salimos al patio, donde el viento nos azotó con su brisa suave de otoño. Caminamos juntos hasta llegar donde estaban nuestros compañeros alrededor del profesor que saludaba a todos con sonrisas amables y, de vez en cuando soltaba una que otra carcajada de felicidad, haciendo que su barriga se moviera como gelatina.
--Mira la barriga del profesor, es enorme ¡y como se mueve! –comentó Mari divertida por el movimiento del estomago del profesor que se estaba presentado en esos momentos. Alice soltó una risita ahogada
--¡Shhhh! –nos silenció Lily.
Cerca de nosotras se encontraban los chicos que, también, reían de la barriga del profesor.
--Buenos días, niños. Mi nombre es Theo Murray y seré su profesor de cuidado de las criaturas mágicas –se presentó y mientras lo hacia miraba a cada uno de los presente a los ojos para aprenderse las caras de estos.
Después de que Murray pasara la lista comenzó con la clase, que fue muy tediosa, ya que las criaturas mágicas que presentó ese día no eran muy llamativas para los que siempre habíamos vivido en el mundo magico. En cambio, Lily miraba con admiración y tomaba nota, aunque si soy sincera, sólo dos alumnos de la clase eran los que estaban tomando apuntes y estos eran Lupin y Lilian, el resto hablaban en susurros y reían de la barriga del profesor. Yo en ese momento me encontraba hablando con Mari y Alice de cosas sin importancia. James y Sirius tiraban bolitas de papel a los que se encontraban en la primera fila prestando atención, o tratando de hacerlo, ya que las molestas bolitas no los dejaban.
Ese día fue aburrido, aunque cabe destacar que la clase de Defensa contra las artes oscuras fue lo mejor que haya visto… Después de esta tuvimos pociones, que fue realmente aburrida. Lo peor de la clase de pociones fue compartirla con los Slytherin
Cuando las clases, por fin, terminaron nuestro grupo se dirigió a la sala común para descansar y sólo recién a la hora de la cena fuimos capaces de bajar.
Una vez que estábamos sentados, Sirius con una sonrisa exclamó:
--¡Enséñenmelo!
--Pensé que se le iba a olvidar –susurré para que sólo Lily, Mari y Alice me escucharan. Ellas rieron.
--Oye de que se ríen –preguntó Sirius encaprichado y con el seño fruncido.
--De nada, Sirius –contesté con mi mejor tono inocente.
--Ya te creo –dijo menos entusiasmado y con suspicacia.
--Bueno, ven, May –me pidió James poniéndose de pie.
--Está bien –dije con pesadez y me puse frente a él.
--Primero tienes que estirar la mano de esta forma –comenzó explicando James mientras estiraba la mano y yo le seguía –luego le das la vuelta de esta forma –prosiguió, después de unos 20 minutos, en donde repetimos el saludo unas 100 veces para que quedara en la cabeza del chico, este dijo:
--Ya lo capte, ahora déjame hacerlo yo.
Sacó a James y se puso frente a mí para demostrar, con éxito, que ya se lo había aprendido.
--Bueno veo que ya lo sabes –dije feliz de poder descansar un momento.
--Si, esto es genial… -dijo mirándome a los ojos. No sé que me pasó en ese momento, pero ver esos ojos tan sinceros fijos de esa forma en mí me hizo estremecer, y más cuando dijo con tono pausado y tierno. –nunca pensé en llegar a tener amigos como ustedes –dijo mientras le dedicaba una mirada a todo los que estaban ahí para, nuevamente, detenerse en mi, de nuevo dejé pasar, como si nada, ese temblor.
Nunca en mi vida alguien me había mirado de esa forma, siempre pasaba demasiado desapercibida para que alguien se fijara, o me mirara con tal intensidad. Menos. Siempre pensé que mis únicos amigos iban a ser mi padre y James, y escuchar esas palabras, me hicieron ver que no estaba sola y que todo podía ser, incluso, lo imposible.
A mi espalda, sentí la sonrisa de James dibujándose, él también estaba feliz, y no era para menos, siempre le gustó ayudar a los demás y saborear ese momento, era increíble.
Después de una semana todo lo relacionado al colegio se volvió rutina, una tediosa e insufrible rutina. Las bromas creadas por Remus y hechas por James, Peter y Sirius empezaron a aumentar considerablemente en los Slytherin, a lo que le habían cogido un cariño medio maquiavélico, pero era divertido ver todos los desastres que hacían los chicos, aunque a Lilian le habían empezado a molestar… por mi parte me daba lo mismo, con tal de que no me las hicieran a mi, o las chicas estaba todo bien. Así pasaron los meses hasta que llegó la navidad a Hogwarts, era hermoso ver las colinas, el bosque prohibido y el mismo castillo nevado. Un día nos encontrábamos Lilian, Mari, Alice y yo en unas bancas bajo un roble, que ya no tenía ni una sola hoja. Estábamos leyendo cuando…
"¡Enemigo a la vista!" Se escuchó un grito, no nos percatamos de quiénes eran, hasta que, casi una tonelada de nieve, cayó sobre muestras cabezas. Quedamos completamente empapadas, con el entrecejo fruncido, nos giramos y a unos metros unas risas llamaron nuestra atención, estas carcajadas eran muy conocidas.
--¡JAMES! –Grité a todo pulmón --¡ahora si que te mato! –mientras lo seguía por todo el patio, los demás reían de nuestros juegos infantiles, aunque Lily nos miraba un poco mal, pero yo sabía que sólo era porque le gustaba mostrarse más madura frete al resto. Después de unas horas jugando en los terrenos del castillo decidimos ir a la sala común en busca de calor, ya que el frió de la húmedas ropas nos calaba los huesos.
--¡Ashu! –estornudó ruidosamente Lily mientras se sonaba la nariz. –Todo eto e cupa de utede si hubiedan tidado nieve no etadiamos azi –dijo mirando a los chicos que en eso momentos se encontraban con sus mejore caritas de angelitos.
--No e nozta cudpa, Lily ez que la nieve les quele musho –respondió con una gran sonrisa James.
--Idiota –masculló Lily con lo dientes apretados.
El resto de los chicos sonreían divertidos. Claro está, que nadie que juegue con nieve, durante un rato prolongado, se salva de una gripe, y nosotros no fuimos la excepción en el caso, pero no nos molestaba estábamos demasiado felices. Fue en esos días de frió invierno, a escasos días de la navidad, que James comenzaron con sus riñas, pero nada grabe… aún.
Continuará...
