más...


I

No tengo a nadie

Ese verano fue uno de esos en los que no puedes estar más de dos minutos al sol, ya que este daba con fuerza y te podía causar más de una complicación.

Ese día, James y yo nos encontrábamos en la casa de este. Faltaban dos semanas para volver a clases y sólo nos habíamos mandado cartas con las chicas y James por su lado con los demás. Nos encontrábamos en la piscina jugando y riendo.

--James…. no me…. tires… agua… en la… boca –intentaba decir mientras James me lanzaba agua con las manos y se reía a carcajadas

--¡Chicos! –gritó la madre de James.

--¡¿Qué?! –gritó James de forma perezosa, pues no quería salir de la piscina.

--Quizás la comida está lista. Es mejor que vayamos. –dije al ver que James iba a resistirse.

--Si, tienes razón. Además, muero de hambre.

Salimos de la piscina, nos secamos con las toallas y nos pusimos algo de ropa, y sandalias para entrar a la casa. Una vez dentro vimos al padre y al abuelo de James sentados en la mesa.

--Hola, May –me saludó con cariño el abuelo de James.

--Hola, abuelo –saludé mientras corría para abrazarlo efusivamente. Adoraba a ese hombre como a mi propio abuelo.

--Pero mira que grande estás –dijo con ternura. Sonreí avergonzada.

--Siéntense chicos –ordenó la madre de James –les traigo sus platos de inmediato.

--¡Ok, ma! –contestó James. él se sentó a la derecha de donde se sentaría su madre y yo a su lado, la mesa era redonda y era la que se encontraba en el hall de la casa, comimos con animo, ya que habíamos estado gastando energías desde la mañana, cuando terminaron todos en la mesa, el teléfono de la casa Potter sonó con insistencia.

--¡Uf! ¿Quién será? –preguntó Dora mientras caminaba hacia el teléfono, desapareciendo de la vista de todos.

--Que rico que hoy no tengan que trabajar, papá –comentó James con una enorme sonrisa. –lo único malo es que la madre de May no haya tenido libre.

--Si, es cierto, hijo –condescendió el señor Potter

--Pero para la próxima será –dije con alegría, ya que sabía muy bien que mi madre y los padres de James saldrían de vacaciones el lunes entrante y que estaría una semana conmigo e iríamos a la playa con los Potter a pasar la ultima semana antes de entrar al colegio, así que estaba feliz y por la sonrisa del abuelo, la abuela, el señor Potter y James también lo estaban.

--¿Cariño, qué te sucede? –preguntó el señor Potter cuando vio entrar a Dora, esta venía pálida y con lágrimas a punto de brotar de sus ojos, nos miró a todos y se acercó a mi. Se arrodillo frente a mí y me abrazó con desesperación.

--Cariño, nosotros siempre vamos a estar para ti pase lo que pase, esta también es tu familia…–dijo con lágrimas recorriendo por sus mejillas. No entendía lo que sucedía, y tampoco los demás.

--¿Qué pasa, Dora? –inquirió la abuela Alicia. Dora miró a su suegra y con sólo mirarla de esa forma la abuela Alicia supo lo que pasaba, pero nunca pensó que seria tan grabe.

--Dora es mejor que nos expliques –exigió el señor Charlus. Dora seguía mirándome de la misma forma, y no le respondió a su marido.

--Linda lo que te voy a decir es algo muy importante y quiero que respires profundamente. –me pidió. Yo asentí con la cabeza.

--Cariño, tu madre –dijo tratando de no desmoronarse en esos momentos; tomó aire y siguió –a tu madre la atacaron, y ella… ella está muerta, linda.

Cuando terminó de darme la noticia, las últimas palabras resonaban en mi cabeza una y otra vez y cada vez con más insistencia.

"Está muerta, muerta, muerta, muerta"

Cerré los ojos pensando que todo era una pesadilla, y que cuando los abriera despertaría en los brazos de mi madre, pero cuando los volví abrir aún se encontraba frente a mi la madre de James mirándome con temor. Quedé ida por unos minutos, minutos en los que los Potter se miraban entre si sin saber que hacer. La abuela Alicia lloraba en silencio, mientras el abuelo la abrazaba, el señor Potter fue por agua para su mujer y James, él simplemente me miraba sin saber que hacer, cuando volví, lo único que pude hacer fue dar un largo suspiro. James se acercó y me abrazó. Cerré nuevamente los ojos; aún no lo asociaba, así que no sentía dolor alguno, no sentía nada, por primera vez no sentía, absolutamente, nada.

Pasó un día desde la noticia de la muerte de mi madre y aún no asociaba la situación. Nos encontrábamos en el cementerio en la misma tumba de mi padre, el ángel que se encontraba en el frete del mausoleo se veía triste. La gente, en su mayoría aurores y amigos de mis padres, se encontraban ahí, dándole el último adiós, a la mujer que fue mi madre, aún tengo grabadas las palabras que dio Dora ese día:

--El día de ayer un ángel nos dejó. El día de ayer las lágrimas brotaron de las almas desconsoladas que pedían a gritos que todo fuera una pesadilla, pero hoy ya no hay vuelta, todo es realidad. Sé que te has encontrado con el hombre que siempre amaste, el que te dejó hace unos años ahora está contigo nuevamente. Sé que el destino es un hilo donde todos caminamos y que algún día este se romperá... –Dora miró con la frente en alto al ángel de la tumba. En ese momento se me hizo que se dirigía a él. La voz pausada de Dora continuó –Amanda,

Siempre recordaré a la que fue mi mejor amiga desde la infancia, con la que crecí, con la que con los años se volvió mi hermana. Tu partida fue repentina y no fue por que lo hayas querido, alguien te arrebató la vida y nos robó tus sonrisas. Mira, amiga, hoy el cielo está gris y las nubes lo cubren, es un día de verano donde el sol tendría que brillar con intensidad, pero vez… hasta él sabe de tu pérdida. El tiempo pasará con rapidez, pero ten en claro que tu recuerdo permanecerá en los corazones de todos los que te quieren, tus amigos, tus compañeros de trabajo y tu familia. Porque, a pesar de estar sola con tu hija, siempre supiste que mi familia era la tuya…

Oí como a mí alrededor los sollozos y las lágrimas se propagaban, pero mi pena seguía atorada en mi pecho.

No lograba comprender como, con sólo once años, la vida me había golpeado, por segunda, con esa intensidad. En mi inocencia no alcazaba a ver con claridad y mucho menos podía dejar fluir lo que en mi interior se arremolinaba.

--El día de ayer un ángel se ha marchado y aquí dejo una gotita de luz. –Las palabras de Dora seguían fluyendo como una arroyo, uno que me balanceaba de un lado a otro –Sabes quién es esa gotita, Amanda, esa gotita es tu hija, en ella encontraremos a Rehael y a ti, porque como decías ella es tu boca y los ojos de él…Vuelas lejos de aquí, ángel, busca tu nuevo hogar, pero ten en claro que siempre estarán abiertas las puertas de este corazón, esperando tu regreso o el día en donde yo tome tu mismo camino.

Cuando terminó de hablar la mayoría de los presente lloraba, mientras que yo miraba sin expresión el ataúd de roble. Tenía un clavel en mi mano derecha y, cuando la madre de James acabó, lo deje sobre el ataúd sin decir nada. Una suave melodía se escuchó de fondo, esta era la canción preferida de mi madre "I'm your angel" con esta canción comenzaron a meter el ataúd al mausoleo, después de dejarlo dentro lo cerraron, y el ángel miraba esta vez al cielo, creo que nadie se dio cuenta de él. Mi madre siempre me decía que aquel ángel era mi padre, y ese día pude ver que así era.

El verano finalizó y ya era primero de septiembre, la sonrisa había desaparecido de mi rostro dejando una repentina madurez, mis ojos eran inexpresivos. Cuando llegamos a la estación de trenes, nos pasamos por el pilar que nos daría lugar a la plataforma 9 y ¾.

Ese año comenzaba y para mi sería lo más parecido a un calvario. Millones de dudas se avecinaban y las respuestas no las acompañaban. Ese día, ahí a sólo veinte minutos para que el tren partiera, mi vida dio un giro de 360 grados, y yo no estaba preparada aún para saber más de mi vida y mucho menos de mi pasado y futuro.

continuará...