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II
Pesadilla
Vimos el gran tren escarlata de Hogwarts. La plataforma estaba llena y alborotada de estudiantes y padres que esperaban ansiosos, la partida del tren. Los abrazos y los deseos de buena suerte abundaban en el aire. Las madres, que por primera vez se separaban tanto tiempo de sus hijos, derramaban lágrimas por dejar a sus pequeños ir en esta travesía, en cambio, las madres de los de último año miraban con orgullo a sus hijos. Yo, por otro lado veía como los padres de James se despedían de él. El abuelo, con voz estricta, le aconsejaba a James que no hiciera tantas travesuras, y cuando Dora se giraba, le guiñaba un ojo de forma juguetona y le susurraba que hiciera todas la que pudiera. Yo los miraba alejada, aunque no me encontraba apartada de ellos, pero mi cabeza se encontraba en otro lugar, las voces y las risas las sentías lejanas, como en otro mundo paralelo en el que sólo quería ser invisible. Estaba tan ensimismada en mi mundo que no me daba cuenta de nada, hasta que de repente sentí unos abrazos que se aferraron a mí, cuando traté de ver quién era la o el dueño de estos me encontré con una melena pelirroja. Cuando Lily me soltó me dedicó una sonrisa sincera y nada más fue necesario para que yo supiera que contaba con ella. Le devolví la sonrisa de la misma forma y con la misma sinceridad, esa fue una de las pocas veces que sonreí en ese año.
La madre de James nos avisó que debíamos subir al tren ya, sino lo perderíamos. James salió disparado para juntarse con los chicos mientras que Lily y yo nos fuimos pausadamente. Ninguna hablaba; yo porque no tenía nada que decir y Lily para no incomodarme. Una vez arriba buscamos un compartimiento desocupado y encontramos uno en donde estaba Mari escribiendo y Alice leyendo una revista.
--¡Mari! –gritó Lily mientras la abrazaba efusivamente y le besaba las dos mejillas. Ésta respondió el saludo y luego, se soltaron. Mari me dedicó una mirada un tanto incomoda, pero también me abrazó con cariño y, al igual que la pelirroja, no comentó nada, sólo me abrazó por unos minutos, luego me soltó y me sonrió.
Alice me miraba con curiosidad, buscando en mí alguna evidencia que le dijera que no me iba a romper en pedazos. Le sonreí infundiéndole confianza. Se acercó hasta quedar frente a mí, las otras dos chicas nos miraron con atención.
--Las extrañe tanto, casi me fugo de casa para ir a buscarles –dijo antes de abrazarme con dulzura. Luego de abrazos reconfortantes y miradas de aliento las cuatros nos sentamos. Mari, Lily y Alice comenzaron a contarme todo lo que habían hecho en las vacaciones. Yo las oía desde lejos, ya que de nuevo estaba absuelta en mi mundo, en donde me estaba volviendo prisionera. Ni siquiera sentí cuando pasó la mujer del carrito vendiendo los dulces, y menos sentí, como las horas trascurrieron hasta que llegamos al colegio. Seguí a las chicas que iban a mi lado conversando sin parar, en un intento de hacerme reaccionar. Llegamos al gran comedor, nos sentamos y comenzaron las elecciones. Dumblendore dio el discurso de inicio de año, pero su voz me parecía un susurro, se me hacia tan suave su voz que, de vez en cuando, cerraba los ojos. Cuando terminó nos invitó a comer. A lo lejos, escuché las carcajadas de James, Sirius, Remus y de Peter. Revolvía mi comida sin probar bocado, la cena acabó y por insistencia de las chicas, tomé un pastelito para llevar a la habitación por si me llegaba ha dar hambre, aunque sabía que eso no iba a suceder. No recuerdo muy bien cómo terminé en mi cama y con el pijama, lo único que necesitaba en ese momento era estar con James, pues sentía miedo de cerrar los ojos y dormir, ya que sabía que las pesadillas de la última semanas me abrazarían al instante. Extrañaba mucho a mis padres, sobre todo, cuando mi madre me contaba esos cursis cuentos de hadas que tanto odiaba; extraña como me obligaba a ir a clases de piano y canto en los veranos para sacar mi "talento". Extrañaba cuando mi padre me llevaba al parque y jugaba conmigo, y como al llegar a casa todos sucios, mamá nos regañaba y nos dejaba a los dos sin postre. En ese momento, al recordar y anhelar con desesperación mi pasado, sentía como la herida en mi pecho se abría y me quemaba la garganta. Hasta ahora, ya adulta, el dolor sigue ahí pulsando, pero lo peor de esos años y de este dolor, era el no poder llorar aumentaba las heridas.
En la primera noche en Hogwarts, comencé a cuestionarme si quería lo suficiente a mis padres, pues era ilógico que sintiendo ese dolor ensordecedor no pudiese llorar. Luego de removerme en mi cama unas horas, y ya cansada, intenté dormir un poco; cerré los ojos y dejé mi mente en blanco hasta que caí rendía a los brazos de Morfeo, pero de nuevo, como cada noche desde la muerte de mi madre, volví a tener pesadillas. Esta vez me encontraba en un pasillo oscuro y al final se veía una puerta que por las rendijas dejaba ver luz, corrí para llegar a la puerta, pero esta se alejaba con cada paso que daba, aun así y con mucho esfuerzo, la alcance. La abrí y en ella estaban mis padres esperándome con los brazos extendidos y sonriéndome con dulzura, pero de repente, un grito ensordecedor me hizo cerrar los ojos tapándome los odios por el dolor que producía este. Cuando los volví abrir no estaba ni mi madre ni mi padre, comencé a llamarlos, pero nada. No estaban. Comencé a angustiarme y a llorar. Me dejé caer al suelo con los ojos cerrado y cuando los volví a abrir me encantaba en una casa deteriorada por el paso de los años. Se sentían carcajadas en la habitación más alejada y estas no eran las de mis padres, sino unas muy distintas. Eran terroríficas y sarcásticas. Caminé hasta la habitación y una vez fuera de la puerta me atreví abrirla. Dentro me encontré con un grupo de hombres que hacían un circulo alrededor de un objeto, en ese momento sentí el mismo grito del inicio, pero esta vez no tenía tanta intensidad. La sangre se me heló al darme cuenta que, lo que yo creía un objeto, era una mujer hecha un ovillo en el suelo. Volvió a gritar y esta vez reconocí a la dueña de esa voz. Era mi madre. Corrí a auxiliarla, pero quedé paralizada cuando vi la imagen de esa mujer, que efectivamente, era mi madre. Estaba bañada en sangre, con la ropa rasgada y desnuda de la cintura para abajo. Un hombre se arreglaba el cinturón. Llevaba una túnica negra y una mascara plateada, pero estaba segura que sonreía cuando dijo:
--No estuvo mal, la maldita puta –esta vez soltó una carcajada, una que me hizo eco en la cabeza
Desperté sudando frió y con la respiración agitada. Nunca, desde que había comenzado a tener esta espantosa pesadilla, había llegado hasta esta parte, sólo alcanzaba a llegar hasta donde me quedaba sola en la casa, pues James o Dora me despertaban antes de que este siguiera avanzando, pero esta vez nada lo detuvo y vi, con mis propios ojos, que mi madre después de ser cruelmente torturada por esos malditos había sido violada por uno de ellos, mientras que lo otros veían la escena y se reían. Fue lo más horroroso que había visto hasta ese momento en mi vida y no pude evitar que el corazón se me contrajera del dolor y el horror, lo peor de todo era las imágenes estaban grabadas en mi cabeza.
La madre de James, nunca me dijo lo que realmente había sucedió con mi madre, sólo me dijo que había muerto a manos de seguidores de magia oscura en una misión.
No Pondia seguir durmiendo, pues cada vez que cerraba los ojos las imágenes volvían a latir en mis parpados. Me levanté y miré el reloj de mi mesita de noche y vi que eran las seis treinta de la mañana. Entré en el baño para darme una ducha que me ayudara a despejar un poco la cabeza. Cuando salí, ya lista, vi a Lily tratando de despertar a Mari que dormía como un troll borracho, sonreí por la escena y fui a ayudar a la pelirroja con la tarea olímpica de despertar a la rubia. Alice sonreía desde su cama. Una vez despiertas y arregladas, nos fuimos a desayunar. En el gran comedor ya estaban James y los chicos que nos hicieron señas para desayunar con ellos.
--Hola –saludó con entusiasmo James, parecía que algo bueno le había pasado, más adelante me enteraría.
Las cuatro contestamos a coro el saludo mientras tomábamos asiento en la mesa.
--Buenos días, chicas –saludó con amabilidad Remus, con esa caballerosidad que siempre sacaba a relucir.
--Buenos días, Remus –saludó Mari con una sonrisa. El chico se sonrojó un poco.
--Buenos para ti, Remus lo que es yo estoy muerta de sueño –comentó Lily apoyando su cabeza en una de sus manos, cerrando los ojos. Eso de despertar a Mari era una ardua tarea.
--Hola, Remus –saludé con tono pasivo. Él me sonrió. Cuando miré al lado de Remus di con la cabeza de Sirius que estaba con la frente pegada a la mesa y roncaba ruidosamente.
--¿Qué le pasa a Sirius? –pregunté con curiosidad.
--Tiene sueño y aprovecha de dormir en cada rato libre –me contestó Remus, sonriendo. No supe que decir, aunque debo admitir que era divertida la imagen de Black.
--Bueno es mejor que ya nos vayamos moviendo porque nos quedan cinco minutos para llegara a…. –dijo Lily mirando el horario --….a historia de la magia --terminó de decir mientras se ponía de pie, los demás la seguimos con muy poco entusiasmo. Lo bueno de esa clase era que se podía dormir.
Sirius iba arrastrando los pies y estaba recargado en Remus, y este lo miraba con el seño fruncido y una mueca exasperada. James sonreía de oreja a oreja y Peter, bueno el realmente estaba en las nubes. Mari y Alice le tiraban bolitas de papel a Sirius para molestarlo, y Lily y yo comentábamos lo "entretenida" que iba a ser esa clase. A Lily le gustaba, así que estaba animada, pero en cambio yo, estaba ya, aburrida.
continuará...
