VI
Taller de arte
Después de un rato de juego y risas decidimos salir a dar una vuelta a los jardines.
Cuando llegamos al vestíbulo, abrimos las puertas para salir y el frió nos abrazo con fuerza.
La imagen de las hojas esparcidas por todos lados y como danzaban cuando el viento se hacia más fuerte, me maravilló.
Caminábamos por la orilla del lago con las chicas mientras charlábamos, cuando a lo lejos vimos a una pareja. La muchacha era rubia y el moreno, y estaban en una escena muy romántica. Cuando pasamos junto a ellos el muchacho se giró a ver de quiénes eran las risas que interrumpían su cita y mis ojos chocaron con los de James, éste al vernos abrió tantos los ojos que pensé que se le saldrían de la impresión. No lo niego, me quería reír, pero estaba tan enojada con él que preferí decirles a las chicas que nos marcháramos de ahí. Ellas me miraron fastidias, pues querían ir a sentarse bajo el sauce que estaba junto a las banca donde James estaba con su cita. Pero al ver que me iba de vuelta, me siguieron resignadas.
Una vez que estuvimos lo suficientemente lejos de la rubia y de James, no lo soporté más y rompí a reír. Las chicas me miraron extrañadas, pero cuando les expliqué mi comportamiento, acompañaron mis carcajadas. Luego de reírnos como locas unos minutos decidimos ir a sentarnos cerca del lago a charlar un rato, cuando llegábamos a la orilla nos encontramos con un grupo de Ravenclaw. Habían chicos y chicas cantando al son de la hermosa guitarra de Kale, apenas lo vi los colores se me subieron a la cara, agradecí a Merlín que hiciera tanto frió que provocaran que mis mejillas estuvieran ya sonrojadas.
Busqué su mirada mientras nos sentábamos con las chicas y no me rendí hasta que di con sus ojos. Me sonrió como siempre y con su mano me llamó. Las chicas al ver mi sonrisa, se miraron entre si y sonrieron con complicidad al ver que Kale me miraba. Negué con la cabeza a la petición de Kale, ya que me moría de vergüenza, pero él insistió, se levantó de su lugar en círculo y se sentó junto a mí, rodeándome con su brazo los hombros.
-¿Por qué no van con nosotros, chicas? –nos propuso. Lily, Mari y Alice, ni tontas ni perezosas, aceptaron de inmediato. Era definitivo: les encantaba hacerme sentir incomoda.
-¿Te vas a quedar sola, May? –preguntó Kale mirándome y extendiéndome su mano. Ya rendida opte por ir con todos; me senté junto a Kale y a mi lado Mari, y a su lado Lily y, junto a la pelirroja, Alice.
-Chicos –llamó Kale apuntándome –ella es mi amiga May y ellas –dijo esta vez apuntado a mis amigas –son Mari, Lily y Alice amigas de May.
Los del grupo nos saludaron y se presentaron respectivamente, luego de la presentación una chica morena del grupo le preguntó a Kale:
-¿Ella es la chica que toca el piano y que canta?
Kale la miró con una sonrisa y respondió:
-Te pedí que no le contaras a nadie, Carriel.
-Y no lo e hecho, sólo te pregunto sin rodeos.
-Si, tienes razón, y sí, ella es la chica que te comente el otro día.
Mis amigas me miraban con una ceja alzada y Lily fue la que se atrevió a preguntar:
-¿Desde cuándo cantas?
-Desde los cuatro años –respondí completamente colorada y asesinando a Kale con la mirada por ser un soplón.
-Lo siento, pero un talento como el tuyo no se puede guardar.
-Lo prometiste. –le recriminé.
-Lo sé, pero es que Carriel es mi mejor amiga y le cuento todo, ¿me perdonas? –dijo asiendo pucheritos. Di vuelta los ojos y mascullé.
-Olvídalo.
-Así me gusta. Qué tal si seguimos con lo que estábamos haciendo –les preguntó a los del grupo; todos asintieron menos nosotras cuatro. Kale empezó a tocar y Carriel comenzó a cantar, luego la siguieron tres chicas más y después se les unieron los cuatro chicos. Cantaban muy bien, pero las voces eran demasiado profundas y frías, les hacia falta una voz suave que le diera matiz; miré a mí alrededor hasta que mis ojos chocaron con Kale. Sus dedos danzaban a través de las cuerdas de la guitarra, sus ojos estaban cerrados, su cabello le caía graciosamente sobre la frente y sus ojos; suspiré. Su cuerpo se movía suavemente al ritmo y sus labios susurraban la canción que cantaba el resto, no sé cuánto tiempo pasó hasta que mis ojos, que miraban embelezados a Kale, chocaron con los de éste que miraban divertidos la escena - Merlín este chico si que sabía como ponerme los pelos de punta con solo una mirada o una sonrisa-, le devolví la sonrisa y luego me giré mirando a Carriel.
-Cantas bellísimo –la halagué casi en un susurro, ya que la voz no me respondía aun. Ella sonrió y luego de una mirada fugaza a Kale, sus ojos nuevamente se posaron en mí. Con una sonrisa dulce me habló:
-Me gustaría escucharte a ti.
La miré sorprendía, ya que apenas era capaz de cantar frente a mis padres, como para que ahora le cantara a una completa desconocida.
-Lo siento, pero no canto en público –repuse frunciendo el seño.
-Que mal entonces. –Comentó con tono desinteresado la morena y luego, agregó –Estás dejando de mentiroso a un amigo.
-Opino lo mismo que Carriel, lo siento, May, pero pongo en duda la palabra de Kale –siguió la rubia que estaba sentada junto a Carriel.
Intenté ver a los ojos a Kale, pero no él me evadió mirando un punto inexistente. Me sentí mal, giré mi cara para buscar ayuda en mis amigas, pero con lo único que me encontré fue que las tres chicas me miraban exigiendo que no dejar mal a Kale.
-Vamos, tú puedes –me susurró Mari que era la que se encontraba sentada junto a mi. Observé de reojo al resto y luego de unos segundos volví a pose mis ojos en Carriel.
-Ok –acepté después de batirme en una lucha de miradas con Carriel.
-Así me gusta –dijo con tono triunfante.
-¿Qué quieres cantar, May? –me preguntó con voz suave Kale.
-Estar junto a ti. –conteste con la voz temblorosa.
Las notas comenzaron a sonar en la guitarra de Kale, cerré los ojos para sentir que estaba sola y no rodeada de más de 10 personas que me miraban con atención; comencé a cantar con voz suave, sin saber por que había elegido esa canción.
-Quisiera tenerte una vez más,Podría abrazarte otra vez,solo sentirte,Te fuiste de aquí…
La letra salía de mis labios sin esfuerzo, como si estuviera cantándole al recuerdo, a uno que latía con dolor entre mis costillas. Con cada estrofa que entonaba mi voz tomaba más fuerza y se llenaba cada vez más de tristeza. Las lágrimas amenazaron por salir, pero no las dejé. A mi lado sentí a Mari moverse incomoda, como si fuera una intrusa en mi canción. Cuando terminé no fui capaz de abrir de inmediato los ojos, pues temía que las lágrimas resbalaran delatándome. Al abrir los ojos una gota me traicionó, pero rápidamente la quité con la manga de mi suéter. Vi a cada uno de los presente con expresión neutral, me giré hacia mis amigas y la escena no era muy distinta, Lily me miraba con los ojos muy abiertos, Mari con la boca abierta y Alice con una sonrisilla.
-Bien –dijo Kale cortando a todos – ¿Qué os pareció? ¿Tengo razón? –terminó de hablar con una sonrisa de triunfal.
-Es lo más lindo que haya escuchado –comentó en un hilo de voz una de las chicas del grupo.
-La letra es preciosa y como la cantaste pareciera que fueran una sola… ¡wooo! he quedado realmente impresionado –opinó un chico rubio.
Kale me miraba con una sonrisa tranquila, en cambio yo estaba totalmente desconcertada, era idead mía o todos los presentes les había gustado la canción.
-Bueno, bueno, silencio –pidió la voz de Carriel callando todos los murmullos. –Kale, tienes razón, la chica canta bien, así que estás autorizado para que se una. –expuso la morena dirigiéndose a su mejor amigo. Kale que no quitaba sus ojos de mí sonrió.
-¿Qué te párese? ¿Te unirás a nosotros? –me preguntó con voz ansiosa y entusiasta.
-Yo… pero… yo ¿Dónde? ¿Qué? –traté de hablar, pero todavía estaba muy enajenada.
-Mira, te explico –habló nuevamente Carriel llamando mi atención –nosotros –dijo apuntando al grupo –formamos una asociación de artistas. Hay desde danza, hasta pintura. Kale me había dicho que tenía una amiga que cantaba y tocaba muy bien, así que has pasado la prueba –terminó de explicarme.
-¡Les has gustado a todos, May! –exclamó Alice más emociona que yo.
-Yo… yo…pero yo…etka –traté de hablar nuevamente, pero no podía.
-¿Te unes? –preguntó con seriedad Carriel.
-Se une. –Contestó Lily por mí y al ver la cara de Carriel agregó –Está emocionada, tanto que no es capaz de hablar.
-Entonces luego te mando los horarios. –dijo Carriel levantándose para irse, pero la voz de Lily la detuvo.
-¿Qué debo hacer para entrar a danza?
La morena se giró y miró a los ojos a Lily
-Tienes que dar las pruebas. –contestó con suavidad.
-¿Dónde y cuándo las puedo dar? –volvió a preguntar Lily.
-Te espero el miércoles a eso de las 6 ¿te párese? –musitó con una sonrisa de felicidad, ya que su grupo cada vez era más grande. Iba a seguir caminando, pero se dio la vuelta nuevamente y mirando a las otras dos chicas (Mari y Alice) preguntó: -¿Hacen algo, chicas?
-Pues a mi me gusta escribir –contestó un poco dudosa Mari.
-Yo se tocar el piano y el violín –respondió con seguridad y su típica voz Alice.
-Entonces, Mari tráeme algo de tu trabajo el día en que la pelirroja presente su corografía –Le dijo a la rubia y luego dirigiéndose a Alice, agregó. - y tú el viernes a las tres de la tarde me muestras lo que tengas.
Las dos chicas asintieron y después se dedicaron miradas furtivas. Yo, por otro lado seguía absorta, pero no de vergüenza, o por el hecho de haber entrado al grupo de arte, sino que acababa de caer en cuenta que la canción que había cantado era la que mi madre la había dedicado a mi padre en su funeral. La herida en mi pecho ardió y las ganas de llorar me ahogaron la garganta… Tenía que salir de ahí para estar sola. Me levanté sin interrumpir el abrazo de Mari y Alice, y la conversación de Lily con Kale sobre el taller. No se percataron de mi fuga, hasta que me vieron atravesar la puerta del castillo. Las chicas se levantaron con prisa y un aturdido Kale las siguió. Dentro del colegio las chicas perdieron mis pasos.
Lo que yo y las chicas no sabíamos era que James y Sirius, en su locura por saber cuánto me gustaba Kale, nos habían seguido y habían visto todo, desde como yo cantaba, hasta cuando había salido huyendo sin avisarle a nadie. Absolutamente todo había pasado por sus ojos, incluso mis lágrimas cuando me marchaba.
Continuará...
