VIII

Eres nuestro amigo

El sábado llegó y como siempre la pelirroja se levantó de las primeras seguidas de una, aún más, cantarina Alice.

-Me desesperan –refunfuñé enojada, pues odiaba que en un día sábado me despertaran antes del medio día.

-Son las 11:55, May, no seas perezosa –dijo Alice mirando el reloj de su mesita de noche.

-Pero es sábado –lloriqueé de forma caprichosa.

-Nada de peros. –dijo Lily saliendo del baño –arriba, ¡arriba! –gritó enérgicamente.

-Lily cómprate una isla y vete a gritar allá –bramó Mari desde su cama y se volvió a tapar con las mantas.

-No me digas eso –dijo haciendo pucheros Lily. Mari rodó los ojos. –Yo que te quiero tanto –agregó luego de unos segundos. El chantaje emocional era una de las cosas que mejor se le daban a Lily aparte de historia de la magia y pociones.

-Está bien, tú ganas me levanto, pero no hagas más eso –se resignó Mari; se levantó para ir al baño, pero yo fui más rápida y se lo gané.

Desde el otro lado de la puerta sentí como Mary aporreaba la puerta gritando que era su turno.

-Mentira, desperté primero que tú –respondí y largue la ducha ignorando los gritos de protesta de la rubia.

La situación en la habitación de los chicos no era muy diferente. Remus, que era el que siempre se levantaba temprano se encontraba despertando a los perezosos de Jemes, Peter y Sirius, pero después de muchos intentos y cubos de agua fría, los cuatro estaban ya vestidos.

-No entiendo para que nos levantamos temprano, si es sábado. – comentó refunfuñado Sirius.

-Ya son la una, Sirius, no es temprano. –le regañó Remus.

-Pero yo necesito dormir mis 12 horas para seguir siendo tan perfecto. –lloriqueó nuevamente.

James soltó a reír ante el comentario de Sirius.

-No me molestes. –masculló entre dientes Sirius.

Una vez listos caminaron hasta las orillas del lago, ya que hace mucho ya que no se serbia el desayuno. Se sentaron bajo un roble que los cubrió del poco sol que había.

No sabían si ese era el momento de hablar, pero James y Sirius tenían claro que no podían dejar pasar más tiempo.

-Remus, recuerdas que queríamos hablar contigo. –comenzó James. Remus lo miró un poco perdido hasta que recordó que el día anterior los chicos le habían comentado algo, asintió con la cabeza, y James y Sirius se miraron. Era la hora.

-Veras. –titubeó Sirius un poco aturdido, pero una mirada de James bastó para que tuviera más confianza. –nosotros ya sabemos de tu problema o como le dice James tu pequeño problema peludo.

Remus los miraba desconcertado, no entendía nada y rogaba que todo fuera una horrible pesadilla; pestañeó unas cuantas veces tratando de despertar, pero nada, ahí estaba él y sus amigos hablándole sobre su licantropía. Un nudo se le atoró en la boca del estomago y el pecho se le comprimió.

-Yo… -trató de hablar, pero le era imposible. Lo que creía perfecto, lo que lo hacia feliz ya no existía y volvió a sentir como esa maldita enfermedad le arrebataba todo de nuevo; tomó aire para poder hablar. –chicos, yo comprendo que ustedes ya no quieran ser mis amigos. –alcanzó a decir antes de sentir que sus propias palabras eran como puñales que le traspasaban el corazón. James, Sirius y Peter lo miraban sin entender, lo que menos querían era que su amistad se perdiera por una estupidez así, incluso todo lo contrario, querían ayudar a Remus en cada luna llena, y para eso ya tenían un plan.

Estaban los cuatros en silencio, Remus porque no podía hablar y los demás por que aún estaba desconcertado por las palabras de Remus.

-Soy peligroso para ustedes. –dijo después de un incomodo silencio Remus. –es por eso que es mejor que se alejen de mí, les puedo hacer al…

Pero Sirius no lo dejó terminar.

-Eres imbécil o ¿Qué? –dijo hastiado de las palabrerías de Remus.

Remus tartamudeó un par de palabras, pero nuevamente fue interrumpido, ésta vez por James.

-Te lo decimos porque nos importa una mierda que seas Licántropo, no porque nos queramos separar de ti. –James estaba colorado de rabia.

-Incluso ideamos un plan –siguió Peter a los dos chicos.

Remus los miraba con la boca abierta; no entendía lo que los chicos le querían decir con esas palabras, pues supuestamente todo el mundo les tenía repudio a los licántropos.

-No se los voy a permitir –espetó enojado Remus. –soy peligroso para ustedes.

-Una mierda, te dijimos que no nos importaba, Remus, entiende eres nuestro amigo y te queremos, te vamos a poyar quieras o no. Ésta es una decisión que ya tomamos y tú no decides por nosotros. –bramó tajante James.

-Escúchame muy bien, pedazo de idiota. –dijo encolerizado Sirius –tú eres una de las mejores personas que conozco, no le harías daño a nadie a menos que no pudieras controlar tus acciones y creo que aun así no lo harías, entiende somos tus amigos y sobre tu pequeño problema peludo, pues ya nos la arreglaremos con eso, pero para que tú sepas llevamos semanas averiguando sobre esto y solo eres peligroso doce veces en el año, y como tú bien sabes el año tiene 365 días, así que no nos vengas con eso de que eres peligroso. –terminó con la respiración entrecortada. Remus los miraba sorprendido y su corazón latía a mil, nunca en su vida sintió tanto cariño profesado hacia él.

-Así que puedes ir sacándote eso de la cabeza. –agregó con tono pasivo Peter.

-Si no quieres ser nuestro amigo, búscate una excusa mejor. –vociferó enfadado James, cruzándose de brazos. Remos los miró con una sonrisa.

-Gracias, chicos. –dijo en un susurro Remus soltando unas cuantas lágrimas de emoción. Los otros tres se acercaron y lo abrazaron.

La tarde de esos cuatro fue de lo más divertida, no tenía idea cómo fue que enfrentaron a Remus para hablar del "pequeño problema peludo" de éste, pero cuando lo vi en el pensadero de James, juro que lloré. Cada vez que veo las cosas que hicieron por sus amigos me sorprendo más, y sus actos me confirman que sus corazones no daban más de nobleza, lamentablemente el corazón de uno de estos chicos fue corroído por el deseo de poder.

Continuará...


Espero que les haya gustado.

esperaré con ganas sus RR.

besos!

adiós