IX

La primera clase de arte, mentira y la extraña energía.

Ese día a la hora del almuerzo no vimos por ningún lado a los chicos, pero eso sólome importaba a mí, ya que las chicas estaban enfrascadas mirando los horarios de las clases de danza, poesía, y música, así que ni cuenta se dieron de la ausencia. Cuando terminamos de comer nos levantamos. Esa tarde eran las primeras clases y los nervios me comían las entrañas. Llegamos a eso de las cuatro y treinta a la sala donde las impartían. En el interior de la sala había cinco puertas, cada una con el nombre de la clase, Alice y yo entramos a la de música y las chicas a la de ellas.

Nos sentamos al final de la sala, en el interior había unas diez personas, y nosotras éramos las únicas de Gryffindor. En el frente se encontraban Carriel parada anotando algo en una pizarra y Kale sentado en una mesa afinando su guitarra, yo por mi lado miraba embelesada a Kale sin darme cuenta que Carriel ya estaba hablándole a la clase.

-Por favor, las nuevas que se presenten. –pidió Carriel.

Alice se levantó y comenzó a presentarse.

-Hola. –saludó con su típica voz cantarina. –mi nombre Alice Daniels y toco el Piano y el violín. –terminó de decir haciendo que todas las miradas se clavaran en mi, y yo estaba en Urano sentada con Kale comiendo helado de chocolate y nueces, así que ni cuenta me di cuando era mi turno de presentarme hasta que mi pies sufrió un pisotón monumental.

-¡¿Qué te ocurre? –exclamé con voz aguda al ver que mi agresora era Alice que me miraba con una sonrisa encantadora, me apuntó con el dedo al resto de la clase que me miraba expectante. Yo sin saber que hacer volví a mirar a Alice.

-Tienes que presentarte. –susurró. Yo me levanté y me presenté.

-Hola. –saludé y recibí un hola general. – me llamo Maylin Perazzy, toco el piano y canto. – cuando termine me senté rápidamente, estaba totalmente colorada cuando sentí la mirada penetrante de Kale sobre mí.

-Bueno ahora que todos nos conocemos –dijo Carriel después de que toda la clase se presentara –comencemos a separa los grupos, todos los que canten por favor se sientan a mi mano derecha –dijo apuntando el lado correspondiente a su mano derecha. –y los que tocan algún instrumento al lado izquierdo. –terminó de explicar. Yo levante mi mano para preguntar algo.

-¿Si, May? -me preguntó Carriel al ver mi mano alzada.

-¿Y los que hacen las dos cosas? –pregunté con interés.

-Eres la única que hace eso. –me contestó. Yo me puse aún más colorada que la vez anterior.

-No te preocupes. –dijo Kale en un susurro desde atrás. –recuerda que tenemos clases particulares. Fue ahí que caí en algo: si Kale era el profesor de instrumental eso quiere decir que sabía tocar de todo, eso me enfureció y me confundió, entonces ¿Por qué me dijo que le enseñara a tocar el piano si él ya sabía como hacerlo?... Esperé a que terminara la clase para hable con él sobre eso.

La clase fue divertida, Carriel no me obligó a cantar sola en ningún momento como pensé que lo haría, incluso me enseño a tener más confianza. Cuando la clase finalizó me quedé rezagada para hablar con Kale. Carriel fue la última en salir y vi como Kale la miraba hasta que ella se perdía por la puerta, eso me destrozó por completo, no entendí por qué, pero me dolió.

-¿Por qué me pediste que te enseñara piano, si ya sabes? –inquirí con voz hermética, pero no por lo molesta que estaba con él por haberme mentido, si no por cómo miró a Carriel. Se sorprendió un poco al escuchar el tono de mi voz, me observó fijamente y luego colocando su mejor sonrisa me dijo:

-No fue mi intención mentirte. –se disculpó ampliando su sonrisa, se acercó a mí colocando una de sus manos en mí mejilla.

Era mi idea o me estaba coqueteando, eso me enfureció, retiré con brusquedad su mano de mi mejilla.

-No te creas conmigo, Radal. –mascullé con los dientes apretados. – no soy como las huecas que te siguen.

Fijó sus ojos en mí y su sonrisa se borró de inmediato, en su cara apareció una mueca de nerviosismo, trató de hablar, pero tartamudeó, lo volvió a intentar y ésta vez sí lo logró.

-Lo sé, por eso invente todo esto de las clases. –dijo casi en un susurro y con la mirada perdida en el suelo. El corazón se me encogió, pero sabía que no era momento de ablandarme.

-No necesitas eso para acercarte a mí. –respondí con brusquedad haciendo que él me mirar a los ojos.

-Yo… yo, lo siento… -se disculpó cabizbajo.

-¿Por qué? –volví a preguntar.

-No lo sé, desde que te vi supe que tenía que acercarme a ti. –respondió desesperado.

-Lo sé, yo también lo sentí. –dije suavemente. Él me miró a los ojos y su sonrisa volvió a parecer eso hizo que un escalofrió recorriera mi espalda, se acercó y me abrazo.

-Sabes, no sé qué es, pero siento que tengo que estar contigo. –me dijo en el oído mientras que yo sentía que las piernas me temblaban. –eres una gran amiga. –fueron esas palabras las que cortaron todo el romanticismo que se había creado en mi cabeza y la esperanza de mi corazón se borró de sopetón al escuchar la palabra "amiga", me separé despacio de él y sacando fuerza de no sé dónde le sonreí, y para tratar de quitar tensión o por masoquista pregunte.

-¿Estas enamorado de ella? –pregunté dándole la espalda, ya que no soportaría que él dijera que si.

-¿De quién? –me preguntó sin entender.

-De Carriel –respondí, no sé qué cara habrá puesto, pero por su respuesta me la imagine.

-Me gusta. –contestó en un susurro. Traté de asimilar la información, pero aun así sentí un balde agua fría empapándome, me giré poniendo mi mejor sonrisa y agradecí que hubiera poca luz en la sala.

-Es una buena chica. –fue lo único que se me ocurrió decir en ese momento.

-Lo sé. –contestó él. –es mejor que salgamos de aquí. –sugirió luego.

Salimos juntos de la sala en un silencio un tanto incomodo, pero que ninguno quería romper, no por el momento. Caminamos hasta llegar a las escaleras que daban a la sala común de Gryffindor, nos miramos hasta que yo sonreí, pero el peso que aplastaba mi pecho se esfumó cuando me di cuenta que si él estaba bien yo estaría bien también. Kale me devolvió la sonrisa y me abrazó; nos reímos con más fuerza aún abrazados, sentía su calor, ese que me hacia sentir especial. No nos dimos cuentas que no estábamos solos en el pasillo.

-¡Suéltala! –escuché que gritaron, por instinto me apegue más a Kale y él también se aferró a mí. –te dije la soltaras. –volvieron a repetir, pero no hicimos caso y seguimos abrazados, fue ahí que los vi. Eran Remus, Peter, Sirius y James y el que gritaba era este último.

-Te dijeron que la soltaras. –bramó Sirius, éste y Remus estaban con el seño fruncido. Me separé un poco de Kale, pero él seguía abrazado a mi cintura desde atrás pues me había puesto como escudo para protegerlo; me cruce de brazos y comencé a dar golpes con mi pies en el suelo mostrando que me estaba enfureciendo. Pero esto paso desapercibido por los dos engendros frente a mi (James y Sirius ya que Remus y Peter se mantenía un poco al margen.). James comenzó a acercarse a nosotros junto a Sirius, cuando estuvo a poca distancia me tomó del brazo arrastrándome hasta ellos.

-Suéltame. –le exigí a James que me miraba sin entender mi actitud.

-No te vuelvas a acercar a ella, ¿entendiste? –amenazó Sirius. Kale lo miró con una ceja alzada sin amedrentarse por la amenaza.

-Y qué si no lo hago. –desafió Kale a Sirius, este se giró, pero antes de que nadie reaccionaran se encontraba sobre Kale golpeándolo, me solté de James como pude y traté de separarlos, pero no pude ni moverlos, busqué ayuda de los chicos, pero estos miraban divertidos la escena, me enfurecí y di un grito de frustración.

No sé cómo paso, pero una luz cegadora iluminó todo el pasillo y una fuerza desconocida apartó a Sirius de Kale. Cuando vi el cuerpo libre de Kale me lancé a ayudarlo, una vez los dos estuvimos de pie le lancé una mirada acecina a Sirius.

-No vuelvas a meterte con lo que es mió. –espeté a Sirius, él me dedicó una mirada retadora, pero no le di importancia, me giré hacia James. –no me hables más, ¡escuchaste! –miré a Remus y a Peter con odio y salí de ahí con Kale de mi mano.

-¡Guau! ¿Qué fue eso? -preguntó entre emocionado y desconcertado Kale, yo me detuve y lo observé alzando una ceja después de unos segundo los dos largamos a reír.

-No tengo idea –contesté entre risa – pero fue divertido.

-Si, las caras de esos, –se reía Kale. Yo lo miraba embobada y él pareció notarlo me tomó la mejilla y dijo. – ¿y eso de que no se metan con lo tuyo? –me preguntó mirándome fijamente.

En un dos por tres yo estaba totalmente colorada, pero mi cerebro funciono rápidamente y contestó.

-Eres "Mi" amigo.

Los ojos morados de Kale se ensombrecieron, y corrió la vista mirando un punto inexistente, se hizo un silencio bastante incomodo que preferí romper

-Es mejor que volvamos a nuestras salas comunes.

-Si, tienes razón. –respondió y se giró para verme de nuevo a los ojos se acercó a mí y me besó en la mejilla, luego de eso se fue. Estuve parada ahí unos quince minutos más tratando de poner mi cabeza en orden y buscando respuesta a las dudas que se colaron en mí, decidí olvidar todo e irme a la sala común.

Los días pasaron vertiginosamente y las clases de "arte", como las llamaba Carriel, fueron formando parte de nuestras vidas. Con Kale sólo hablábamos lo necesario, no entendía por qué nos habíamos distanciado tanto, lo extrañaba, pero él no daba señales de sentir algo parecido siempre estaba sonriendo en cambio yo estaba deprimida y recordar la pelea con los chicos sólo empeoraba las cosas. Además, nuevas dudas se anidaban en mi cabeza, todavía no entendía mi reacción y esa energía que había aparecido ese día de la discusión. Sentía que el mundo estaba en mi contra y para cerrar, las peleas de James y Lily aumentaban de grado siendo cada vez más violentas y más hirientes.

Ni cuenta me di cuando sólo faltaba una semana para que terminar el año.

Caminaba por unos de los pasillos cuando choqué con Kale.

-Me parece conocida esta escena –comentó él con una sonrisa.

Reclamé con el entre seño fruncido antes de decir.

–Creo que tienes razón al decir que el destino esta empecinado en unirnos.

-Si, así es. –contestó él. –sabes no hemos tenidos nuestras "clases" –agregó luego haciendo énfasis en la última palabra.

-Si, tienes razón y el año ya se acaba –dije con dramatismo.

-Ésta noche en la sala de siempre y a la hora de siempre. –me invitó Kale y luego se despidió de mi lanzándome un beso desde la distancia. Sonreí embobada.

Negué con la cabeza cuando lo vi desaparecer en la esquina y sonriendo me marché en sentido contrario. Apenas llegué al cuarto les comenté a las chicas lo de mi clase de esa noche, o como ella lo llamaban la "cita" de aquella noche.

Continuará...


Espero que les haya gustado.

esperaré con ganas sus RR.

besos!

adiós