X

De regreso a casa

-Tienes que ir muy guapa. –dijo Mari buscando entre su baúl ropa.

-Si. –la siguió Alice y también se puso de cabeza en su baúl.

Media hora más tarde sobre mi cama había distintas prendas que combinaban con otras y así sucesivamente. Las miré, pero ninguna me gustó.

-Son muy chillonas. –me quejé, al ver la camiseta amarilla que me pasaba Mari, este era su color favorito, pero no el mío y se lo hice saber. –no me pondré eso.

-Entonces esta. Mira que lindo. –dijo Lily, mostrándome un vestido hasta la rodilla verde manzana.

-¡Estás loca! –exclamé asustada, ya que lo encontraba muy... Verde.

-¿Y esta? –probó Alice, mostrándome una falda de jeans.

-No. –contesté. –haber chicas, yo ya sé lo que me pondré. –les dije y ellas me miraron con las cejas alzadas.

-Ya ¿y qué es? –preguntó Mari recelosa.

Me adentré en mi baúl en busca de lo que yo creía indicado vestir, cuando terminé mi búsqueda me escabullí al baño y diez minutos más tarde salí vistiendo un capri escocés en rojo y negro, una musculosa negra ajustada, aunque no tenía mucho que mostrar.

-Bueno… será. –se resignó Alice encogiéndose de hombros.

Mari chaqueó la lengua y me dio la espalda.

Sonreí triunfante; me acerqué al espejo y me delineé los ojos, y salí de la habitación a eso de las nueve diez. En la sala común aun quedaban algunos chicos de sexto y séptimos acaramelados entre los sillones. Ni se percataron de mi presencia, eso era un punto a mi favor; corrí hasta llegar a la sala donde me reuniría con Kale. Por la emoción casi arranqué la puerta al abrirla, Kale ya estaba ahí; me adentré en silencio tratando de que él no me oyera, pero era tarde ya había oído mi respiración agitada y contenida.

-Llegas cinco minutos tardes. –dijo con voz suave.

-Lo siento -me disculpé con la voz entrecortada.

-No te preocupes. –dijo, luego me sonrió de esa forma que me encantaba.

Me senté frente a él sonriendo bobamente.

-¿Qué haremos hoy? –pregunté interesa e impaciente.

-Hoy, tú, me tocaras la guitarra. –dijo entregándome su hermosa guitarra.

Yo la recibí encantada entre mis brazos. Sin mirarlo a los ojos pregunté que quería escuchar.

-Lo que quieras. –contestó, luego de unos segundos de silencio.

Sin mirarlo aún comencé a deslizar mis dedos por las cuerdas y estas emitieron una hermosa melodía. Luego de unos minutos tocando, me detuve.

-¿Qué tal estuve? –pregunté una vez que la melodía cesó.

-Muy bien. –me respondió él.

Volvimos a quedar en silencio.

-¿Arreglaste las cosas con Potter? –preguntó unos minutos después.

-No –negué un poco triste. Él lo notó y me abrazó. Maldita costumbre, acaso no se daba cuenta que mi cuerpo se transformaba en gelatina.

-No te preocupes en el verano trata de hablar con él. Ya verás que todo se arregla. -me alentó con una sonrisa dulce.

Sentía mi corazón latir a mil por hora. Había algo que cambió en nuestra relación, pero no lograba ver qué era y tampoco tenía cabeza en ese momento de buscar respuestas, lo único que me importa era que estaba con él y mi mundo era perfecto dentro de esa sala abandonada. Las horas pasaron entre risas y secretos, nos contamos millones de anécdotas, nos confiamos mil cosas y nos juramos otras tantas. Fue una noche maravillosa. Cerca de las dos de la madrugada el sueño nos venció y nos dormimos juntos, abrazados y con una sonrisa en los labios.

-May no llegó anoche. –comentó Mari a Lily al ver que mi cama estaba hecha.

-Serán ya novios. –dijo Alice.

-Eso espero. –admitió Lily

Las tres bajaron cotilleado de mi relación con Kale a la sala común sin darse cuenta que un par de orejas entrometidas escuchaban con rabia aquella noticia.

-Ese maldito hijo de puta –masculló James entre dientes.

-Parece que no aprende. –le siguió Sirius rojo de rabia.

-No sé que tanto les importa lo que haga o deje de hacer Maylin. Ella les dejo más que claro que no se metieran en su vida. –comentó Remus tras su libro de pociones.

-Sí, pero es mi hermanita. –se defendió ofendido James.

-Si, es la hermanita de mi mejor amigo. –contestó en su defensa Sirius.

-Déjenla tranquila, si no quieren que ella se enoje como la última vez. –les advirtió Remus.

-Uuuh que miedo. –dijo Peter, socarronamente.

Los cuatro bajaron a desayunar pisándoles los talones a las chicas que iban animadamente conversando.

-Mi mamá quiere ir a ver a mi abuela a Francia, así que ahí pasaré mis vacaciones. –contó Mari.

-Yo me voy a Egipto. –dijo Alice. –mi papá dijo que el rió Nilo es genial.

-Yo me voy a la casa de campo de unos tíos. –dijo Lily, mientras leía.

-¿Nos escribiremos en las vacaciones? –preguntó con pucheros Alice.

Mari contestó con una sonrisa, afirmando así la idea.

-¡Sipi! –condescendió Lily, con una sonrisa mientras abrazaba del hombro a Alice. – ¿me contaras cuantos chicos guapos has conocido en tus vacaciones? –agregó después y las otras dos sonrieron.

-Yo te mandare hasta fotos. –dijo Mari, mientras se agarraba la barriga de tanto reírse.

-¿Y se puede decir quién las tomaría en cuenta con lo feas que son? –dijo una voz desagradable.

-Nadie te llamo Watson. –contestó Mari reconociendo a la dueña de aquella voz, se giró para quedar frente a la morena.

-No desperdicies tu tiempo con esto, Dayan –llamó Jade Cluny a su amiga.

-Si, Dayan, es mejor que te vayas a echar un kilo de maquillaje. –dijo, socarronamente Lily.

-Tú, no te metas, Evans. –espetó Lorrein. Lily miró con odio a la rubia antes de hablar.

-No me digas que hacer, barbie. –contestó de forma hostil Lily.

-Gracias, no sabía que era tan perfecta como una barbie. –repuso Lorrein, complacida.

-Si eres igual que una Barbie, eres falsa y sin neuronas. –dijo Alice haciendo que Lily y Mari se rieran.

Las huecas miraron con profundo odio a las tres chicas que se destornillaban de la risa, pero la voz, fría y calculadora, de la arpía Pilar Fultons, las silencio.

-Cuidado con lo que dicen, feitas. –dijo en un tono demasiado dulce. Esto alertó a las chicas que sabían que esas cuatros eran de temer. –o puede que les pase algo. –agregó después con la misma voz fría, pero cuando iba a seguir hablando sintió algo clavándose en su nuca que reconoció de inmediato como una varita, se giró quedando frente a mí.

-Tú y tu grupito de huecas son las que se tienen que ir con cuidado, Fultons, no vaya hacer que seas tú y las huequitas las que sufran algo. –amenacé. En los labios de Pilar se dibujó una sonrisa desafiante.

-Me gustaría verlo. – me enfrentó sacando su varita y alejándose unos paso.

Reaccione y le mandé un hechizo, ella lo esquivó y me lanzó otro que apenas pude desviar. Estuvimos unos minutos en un duelo bastante parejo. Pero unos de mis hechizos, le dio de lleno en el pecho mandándola unos metros a volar, hasta chocar con la fría pared. Me acerqué a ella y apuntándola con la varita dispuesta a seguir con la lucha, pero unos brazos me tomaron de la cintura y me separaron de Pilar que se levantaba con ayuda de sus amigas.

-Suéltame, que la mato. – le dije a mi opresor, al que aún no reconocía.

-¡Cálmate! –dijo él zarandeándome. –basta, ya le demostraste que eres mejor, ¡déjalo ya! -gritó al ver que yo seguía forcejeando para seguir con la pelea. Respiré entrecortadamente, hasta que di con los ojos morados de Kale que me pedían que me calmara, me abrazó dejando a todos aturdidos. – ¿estás tranquila?

Afirmé y respirando hondamente dije que entráramos al gran comedor, las chicas y Kale me siguieron bajo la mirada llena de odio de Pilar y su grupo de descerebradas.

Los días que quedaban pasaron rápidamente, cuando fui capaz de asimilar que un año más había acabado, y que el verano se venía muy pesado en la casa Potter y más si James y yo no nos hablábamos.

-Mándame alguna carta. –grité a Lily que desaparecía por el pilar de la plataforma.

Sólo quedábamos Alice, Mari y yo, pero pronto se fueron con sus respectivos padres. Estuve parada mirando aquel pilar unos minutos cuando sentí la presencia de alguien.

-Kale. –dije en un susurro.

-El mismo. –contestó aquella presencia.

Me giré para ver por última vez aquellos hermosos ojos morados.

Le susurré cuanto lo iba a extrañar en un abrazo.

-Yo también. –admitió él y correspondió el abrazo. Estuvimos así unos segundos, hasta que la voz de una mujer llamo a Kale.

-¡Kale, hijo!

Una mujer muy bella, y con esa misma irrealidad que tenía Kale, se acercó a nosotros.

Kale le saludó cuando estuvo a nuestra altura.

-Buenas tardes. –saludé colorada.

-Oh, disculpa mi nombre es Asaliah Radal. –se presentó mientras me tendía la mano.

-Mucho gusto señora Radal, mi nombre es…. –pero no pude continuar, ya que la mujer me dijo.

-Maylin Perazzy

La miré asombrada, pues no estaba enterada que la madre de Kale supiera mi nombre. Asaliah me miraba ensimismada y con una sonrisa un tanto soñadora.

-Mamá. –la llamó Kale. Ella salió de su ensimismamiento.

-Perdona. –se disculpó. –a veces me pierdo en el tiempo.

-¿Vamos mamá? –sugirió Kale y su madre acepto.

-Un placer conocerte. –dijo Asaliah. –adiós. –se despidió besándome la mejilla.

-Adiós, May. –se despidió Kale, también besando mi mejilla.

-Adiós. –susurré. Tocándome el lugar donde me había besado y los vi partir del andén. La voz de Dora me bajó de mi nube rosa.

-¡Pero mira que grande estás! –exclamó, mientras me abrazaba y me besaba en toda la cara. –te extrañe tanto, flaquita. –me dijo después. – ¿y James? –preguntó al ver que su hijo no estaba en ningún lado.

-¿Los abuelos están? –pregunté yo evadiendo el tema.

-Claro, linda, están en la casa, ¿pero dónde rayos está James?

Desde el extremo norte de la plataforma, James gritó a todo pulmón "mamá". Dora se giró para encontrase con su hijo y le dedicó una mirada hostil.

-¿Dónde estabas, jovencito? –preguntó mientras caminaba hacia el pilar donde se salía del andén.

-Con los chicos. –respondió James y salió corriendo para abrazar a su padre que nos esperaba al otro lado de la plataforma.

Entre labios, Dora susurró "hombres" al ver a su hijo pasar de ella como cada vez que le quería regañar.

-Hola, linda. –me saludó Charlus y me acaricio la cabeza. –vamos que los abuelos nos esperan. –agregó.

El primer mes de vacaciones paso rápidamente. James y yo seguimos sin hablar y nos evitábamos a toda costa. Los padres y abuelos de James comenzaron a sospechar que algo raro sucedía, ya que ni siquiera jugábamos juntos en la piscina.

-May, al living, ahora. –me pidió Dora desde la puerta de mi habitación.

Bajé sin ganas hasta el living ahí ya estaban Charlus, Alicia, Antonio y James sentados en los sillones, esto me dio mala espina y más al ver la cara de pocos amigos que llevaba James. Dora llegó a los pocos segundos.

-Toma asiento, cariño. –dijo Alicia indicándome un sillón cerca del de James, con pereza me ubiqué en el sin mirar a James.

-¿Reunión? –pregunté sonando indiferente.

-Si cariño, reunión. –contestó con paciencia Charlus.

-¿De qué? –escudriñé con fingida curiosidad.

-Sobre ustedes. –respondió Dora apuntándonos a James y a mí.

-¿Y se puede saber qué hicimos para merecer esto? –inquirí de forma huraña.

-No sé, eso mismo me gustaría saber a mí. –dijo Dora cambiando su semblante a uno más rudo.

-No sé que quieres saber mamá. –habló por primera vez James.

Incluso se me había olvidado como sonaba su voz.

-No me exasperen. –gruñó Dora tomándose la frente.

-Lo que tu madre y nosotros queremos saber es ¿Qué ocurre entre ustedes dos? –fue al grano Charlus mirando severamente a James.

-Él tiene la culpa. –contesté apuntando a James.

-¡Oye! –Se quejó él –no es mi culpa querer defenderte del asalta cunas.

Le piqué haciéndole morisquetas cuando no me veía y cuando se giraba para verme le ignoraba.

Protestó al ver que no le daba ni la hora.

-¡Se callan los dos! –nos regañó Dora al ver que yo iba a contestarle. –ahora mismo me dicen eso del asalta cuna. –nos exigió.

-Pero si dijiste que nos calláramos. –dijo James con voz de inocente.

-James, no te pases. –advirtió Charlus.

-Ok, ok, les cuento la historia, en el colegio hay un estúpido de tercero de Ravenclaw –le dediqué una mirada acecina por haber llamado de esa forma a Kale, pero él me ignoro olímpicamente – que está tras May y yo le advertí que no se acercara a ella, pero él siguió y no la deja tranquila, y ahora se hicieron novios –contó James y tanto los abuelos como los padres de James escuchaban con la boca abierta la historia en cambio yo estaba más roja que un tomate. Cuando James terminó de explicar todo, omitiendo varias cosas que lo dejaban mal, los cuatro adultos me miraron sin expresión alguna. No supe que decir seguía tan roja como antes.

-¿Es verdad eso de que tienes novio, linda? –preguntó suavemente Dora

-No es mi novio, es mi amigo. –dije marcando la última palabra. –y James miente, él no le advirtió lo amenazo y mando a Sirius a golpearle.

Al escuchar esto los cuatro adultos se giraron hacia James acusadoramente, pero él se defendió.

-Te estaba manoseando.

Ahora era mi turno de que me miraran y esto me ponía más nerviosa… muy, pero muy nerviosa.

-No me estaba manoseando solo me abrazaba. -Reclamé ofendida. – ¡tú eres un inmaduro que piensa que porque estoy con un chico va a ser mi novio, ¡pues no! tú también eras mi amigo y no por eso eres mi novio! –grité harta. Todos concordaron conmigo en que tenía razón y más cuando les dije que Kale pertenecía al grupo de arte al que yo asistía y que también era amigo de mis amigas.

-Bien, James, lo siento hijo, pero Maylin tiene toda la razón, te pasaste tres pueblos con ella, aparte nunca te dio motivos para que actuaras de esa forma. –le recriminó Dora cuando yo había terminado mi monologo.

-Pero… pero yo la protejo. –se defendió James.

-Y te entiendo, pero tampoco es para que te pases, yo no me interpuse entre tú y esas huecas que te adulan. -respondí molesta.

-Ok, acepto tienes razón, prometo comportarme, pero a la primera que te haga algo, es chico muerto. –puntualizó James golpeando con un puño el brazo del sofá.

Después de esa "reunión" volvimos a ser amigos, aunque ya no era lo mismo, había cosas que por vergüenza no nos contaríamos, pero eso no se interpondría entre nosotros. Esa misma semana recibí carta de las chicas y Kale, por su lado James también recibió de Sirius.

James estaba a solas en su cuarto y estaba muy impaciente porque ese día Sirius le mandaría una carta contándole algo interesante, pero algo le decía que esa carta traía malas noticias y eso lo inquietaba. Se apoyó en el marco de la ventana un poco deprimido y parecía que el día le acompañaba; el cielo estaba nublado y el aire estaba frió como si un grupo de dementores rondaran los jardines de la casa. A eso de las cinco diez, la lechuza gris de Sirius golpeó la ventana, James le abrió para que entrara. Sin mucho preámbulo le sacó la carta a la lechuza mientras le acariciaba la cabeza. Se apresuró a romper el sello para leer la carta de Sirius.

James:

¿Cómo estás amigo?, espero que bien y no como yo que he tenido días mucho mejores. Pensé que a estas alturas estaría en la casa de mi tío Alphard, pero mis padres me prohibieron verlo, eso me enfureció mucho y me encerré en mi dormitorio, con el paso de los días se me quitó el enojo y salí a jugar un rato con mi hermano que estaba aburrido de jugar con los elfos, a él se le ocurrió la gran idea de jugar a los malos y Aurors, y a mí me pareció que la idea era genial; le dije que yo era el malo y él el bueno, pero al muy menso se le ocurrió tirase desde la casa del árbol y se golpeo bien feo… conclusión: al que culparon del accidente fue a mí. Mi madre me mando tres crucitus por la falta y me tiene encerrado en mi habitación sin comer, no sabes como extraño Hogwarts, quiero que estas horribles vacaciones terminen pronto, para estar con ustedes en el colegio no sabes como detesto a la familia que me toco.

Anoche sentí que abajo celebraban no sé qué cosa, pero lo que sí sé es que celebraban por ese imbécil que se cree superior a todos, el maldito intento de nazi, pero no me sorprendería que todos estos (mi familia) estuvieran del lado de ese loco.

Bueno, James es mejor que te mande pronto esto antes que mi madre se dé cuenta que te estoy escribiendo, te cuidas y saludos a la loca esa de Maylin.

Atte.

Sirius O. Black.

Cuando terminó de leer se dio cuenta que estaba exagerando todo, era verdad que Sirius estaba mal, pero por último aún estaba con vida y conservaba su criterio en perfecto estado. Se propuso escribirle un poco a Remus para ver como andaban sus vacaciones en España.

Remus:

¡Hola! Espero se note que es un saludo efusivo… ¿Cómo estás amigo?... ojala que bien, yo estoy genial ya arreglé todo con la loca esa que quiero como a una hermana, mi padres nos citaron en una reunión (si a eso le llamas reunión, querido amigo) en donde hablamos, y nos gritamos las cosas, pero todo terminó bien y tan amigos como siempre. Acabo de recibir carta de Sirius y la está pasando bastante mal en su casa… la loca de su mamá le mando tres cruciatas por que el hermano se las dio de lechuza y se echó a volar del árbol…. ¿Cómo lo estás pasando en España? ¿Cómo son las chicas de allá? ¿Les has hablado de mi a alguna chica?, más te vale que si, ¿cómo estás de tu pequeño problema peludo?... (Colapse con las preguntas), más te vale que me mandes todas las respuestas pronto y muchas fotos de chicas en poca ropa. Bueno me voy querido lobito te cuidas.

Adiós.

Atte.

El más sexy de todos. James Potter.

Cuando terminó de revisar la carta por tercera vez, tomó a Tónica, su lechuza, y mandó la carta a Remus.

Continuará...